El próximo 17 de mayo, las personas que viven en Andalucía están llamadas a las urnas para elegir a nuestros representantes en el Parlamento autonómico. Inspirados en la Doctrina Social de la Iglesia, recordamos la importancia de ejercer el voto y vivir cada día nuestro compromiso con responsabilidad. Se trata de un derecho y, al mismo tiempo, de un deber moral que contribuye a la construcción de la sociedad en la que vivimos. Como católicos, no podemos permanecer al margen en la tarea de edificar un mundo más justo y humano.
Valoramos y respetamos a quienes asumen el compromiso político con honestidad y coherencia, desde el diálogo, la cooperación y una auténtica vocación de servicio. Como recuerdan los últimos Papas, la política es “la forma más elevada de caridad” cuando está verdaderamente al servicio del bien común.
Pedimos a los políticos que no se instrumentalicen aspectos de la vida religiosa con fines partidistas o ideológicos y a los políticos católicos que no se inhiban de su identidad en la responsabilidad pública. Se hace necesario, también, superar la polarización en favor de la convivencia y la cooperación, así como promover el respeto a la verdad.
Nos dirigimos a los fieles de nuestras diócesis y a cuantos deseen escucharnos, con respeto, pero también con la convicción de nuestro deber de contribuir al bien común. Y lo hacemos conscientes de que la fe no es una ideología y no se identifica plenamente con ningún proyecto político concreto. Por eso, consideramos que es preciso discernir entre las distintas alternativas con fidelidad a la comunión eclesial y a los principios morales que la sustentan.
Estos principios implican la defensa de la dignidad de toda persona; el respeto a la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural; el reconocimiento y apoyo a la familia, fundada en la unión estable entre un hombre y una mujer, y abierta a la vida; el derecho a la vivienda; el respeto al derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones morales y religiosas, así como a la libertad religiosa, los valores espirituales y la objeción de conciencia; la atención preferente a los más vulnerables — jóvenes, ancianos, desempleados, personas con empleo precario y enfermos—; la ayuda al drogodependiente, favoreciendo su rehabilitación y poniendo todos los medios para la erradicación de las drogas; el cuidado de la creación; la promoción del bien común y la justicia social; y especialmente, dado el contexto actual y salvando el derecho de los Estados a regular sus flujos migratorios, la acogida al inmigrante, como exigencia del respeto a la dignidad de toda persona humana y sus derechos.
Pedimos al Señor y a la Virgen Santísima que estas elecciones nos ayuden a construir una sociedad más justa, desde el respeto a todos, la cooperación y el trabajo por el bien común. Y apelamos, tanto a creyentes como a no creyentes, a votar con responsabilidad y coherencia. Es nuestro derecho y nuestro deber.
4 de mayo de 2026
+ José María Gil Tamayo, Arzobispo de Granada
+ José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla
+ Antonio Gómez Cantero, Obispo de Almería
+ José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez
+ Jesús Fernández González, Obispo de Córdoba
+ Francisco Jesús Orozco Mengíbar, Obispo de Guadix
+ Santiago Gómez Sierra, Obispo de Huelva
+ Sebastián Chico Martínez, Obispo de Jaén
+ José Antonio Satué Huerto, Obispo de Málaga
+ Ramón Valdivia Jiménez, Administrador Apostólico de Cádiz y Ceuta
+ Teodoro León Muñoz, Obispo Auxiliar de Sevilla

