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Homilía del Obispo en el Domingo de Ramos

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Iniciamos hoy, Domingo de Ramos, la que llamamos Semana Santa. La semana más hermosa y grande de todo el año litúrgico. El tiempo más intenso y central de nuestra fe, de nuestra vida religiosa.

Es de nuevo “el paso del Señor” por nuestra historia, por nuestra vida. Lo que exige, por nuestra parte una actitud de escucha y acogida. Tengamos abierto nuestro corazón, Dios nos va a hablar y quiere derramarnos su amor.

Recordamos hoy la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. La ciudad de Jerusalén es unas veces símbolo de la salvación celeste. Otras veces es símbolo del mundo entero. Hoy Jerusalén es el mundo… Hoy Jerusalén es tu casa… y Él entra, aclamado y victorioso. Esta Jerusalén es signo de lo que debería ser la tierra, el mundo entero.

Hoy nosotros queremos recordar y repetir el recibimiento de Jesús. Seamos ese pueblo sencillo que sale a recibirle con los ramos de nuestro corazón agradecido y el manto de nuestra vida que desea cumplir su Palabra; seamos el pueblo de buena voluntad que ve en Jesús al enviado de Dios, fuente de verdad y de vida, verdadero Salvador de la humanidad, esperanza y centro de nuestra propia vida. Procuremos que este recibimiento sea sincero, y lleno de consecuencias, que son los frutos que esperamos en esta Pascua.

Con este recibimiento iniciamos la celebración de la Semana Santa. Desde ahora tenemos que vivirla intensamente. Hagamos un acto expreso de fe en Él: “Creo Jesús que eres nuestro salvador, creo que eres el camino y el apoyo y la esperanza de mi vida. Confío en ti, me entrego a ti, quiero que tomes posesión de mi vida, de mi corazón”.

Las lecturas que acabamos de escuchar son el pórtico que nos introducen a los acontecimientos de estos próximos días. Como siempre nos ayudan a entender mejor la profundidad del misterio que vamos a vivir.

Isaías nos habla del Siervo de Yaveh que se ofrece así mismo, inocente por los pecadores para salvar a todos. Y San Pablo, haciendo eco de las palabras de Isaías, nos da la verdadera perspectiva desde la cual hay que entender el relato de la Pasión de Cristo: “Dios creador, nos ama de tal manera, que envió a su Hijo Eterno para que se hiciera uno de nosotros y así redimiera y salvara nuestra vida desde dentro de nuestro propio mundo”.

Este es el misterio que nunca acabaremos de comprender: Dios creador no nos dejó abandonados a nuestra suerte, o a nuestra desgracia. Quiso estar a nuestro lado, compartir nuestra vida, para restaurarla, para dignificarla, para salvarla.

Y en este amor llegó hasta hacerse como un hombre cualquiera, sometido a las angustias de la muerte, a la ceguera y la crueldad de los hombres.

Hemos escuchado en el Evangelio el relato de la Pasión de Jesús tal como nos la cuenta San Lucas. Estos relatos de la Pasión son probablemente los textos más antiguos de los Evangelios. Las primeras lecturas que corrieron entre los cristianos y que se leían en las asambleas cristianas, en los inicios del cristianismo. La Muerte y la Resurrección de Jesús son los acontecimientos centrales de nuestra redención, la substancia misma de todas las Eucaristías y de toda nuestra vida.

Os invito a repasar la lectura de la Pasión que hemos escuchado en casa, con sosiego, con amor, con gratitud. Para esta lectura os sugiero unos puntos de vista:

La Pasión y la Muerte de Cristo son una entrega y una donación de Dios a cada uno de nosotros. Dios nos lo envía para que nos salve viviendo y muriendo con nosotros. Detrás de la silueta terrible de la Cruz está el gran amor y la gran compasión de Dios.

Al otro lado estamos nosotros, los hombres. En torno a Cristo aparecen todas las flaquezas humanas: la cobardía y el arrepentimiento de Pedro; la traición y la dureza de Judas; la frivolidad de Pilatos y Herodes; la hipocresía de los dirigentes judíos; la ceguera del pueblo; la humildad y la piedad del buen ladrón. Preguntémonos: ¿Cómo queremos asistir nosotros a la Pasión del Señor? ¿Qué papel tomo en esta tremenda obra?

Y, por último, en el centro de este torbellino, está Jesús que vive su propio destino, cumpliendo la voluntad de Dios, perdonando a quienes le rechazan y torturan, inaugurando la vida nueva de la verdad, de la libertad, del perdón y de la esperanza:

Jesús entrega la vida libremente, nos la deja, en su cuerpo y en su sangre, como un don, como un tesoro para nosotros, que está siempre a nuestro alcance en el sacramento de la Eucaristía.

Ante la muerte aparece, como nunca, su entera y sencilla humanidad. La muerte le da horror. Se siente solo, incomprendido, abandonado. Sólo la cercanía y el amor del Padre del Cielo le da fortaleza: Hágase tu voluntad y no la mía.

Acerquémonos con reverencia, con amor y devoción, a la Pasión del Señor, al Triduo Santo, que iniciaremos con la Eucaristía vespertina del Jueves Santo, y hagamos nuestros sus sentimientos y sus palabras de salvación.

Vivamos la Misa Crismal, el próximo martes, junto a nuestros pastores, las celebraciones del Jueves y Viernes Santo, la Gran Vigilia Pascual y la Misa de Pascua, momentos imprescindibles de la vida del cristiano. Es la oportunidad para renovar nuestra fe, recordar y revivir los acontecimientos culminantes de la vida de Jesús, entrar en ellos, hacerlos parte y fundamento de nuestra vida, de nuestras convicciones morales, de nuestras actitudes de fondo ante la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, la alegría y el dolor. Ser cristiano significa vivir revestido, empapado todos los días del año de la Muerte y de la Resurrección de Jesús.

De este amor de Jesús, tiene que alimentarse cada día nuestra fe, nuestra fidelidad, nuestra fortaleza para crecer en una vida nueva que sea capaz de renovar el mundo con la fuerza y el Espíritu de Jesús.

Pidamos a la Santísima Virgen María, primera discípula de Jesús y testigo fiel de su Pasión, que nos ayude a vivir estos días santos con recogimiento, piedad y devoción para que sean fuente de renovación de nuestra vida espiritual, como de hijos de Dios y testigos de su amor.

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Monseñor Chico Martínez inaugura la Semana Santa en Jaén con la Eucaristía del Domingo de Ramos

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El Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, presidía en la mañana de ayer la celebración de este Domingo de Ramos. Comenzaba a las 10 horas en el Sagrario de la S. I. Catedral de Jaén, con la lectura del Evangelio. Tras la bendición de las palmas y ramos de olivo, se iniciaba la procesión de las palmas por la lonja hasta el templo catedralicio.

En torno a las 10:15 horas daba comienzo la Santa Misa, presidida por Don Sebastián y concelebrada por el Obispo emérito, Don Amadeo Rodríguez Magro; varios miembros del Cabildo Catedral; y el Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz. Además, la celebración ha contado con la participación de los seminaristas.

Homilía

Tras las lecturas, a cargo de miembros de la Cofradía de la Buena Muerte, y el Evangelio de la Pasión, según San Lucas, Don Sebastián comenzaba su predicación recordando que “iniciamos hoy, Domingo de Ramos, la que llamamos Semana Santa. La semana más hermosa y grande de todo el año litúrgico. El tiempo más intenso y central de nuestra fe, de nuestra vida religiosa”.

Además, el Pastor diocesano quiso invitar a los fieles a “repasar la lectura de la Pasión que hemos escuchado en casa, con sosiego, con amor, con gratitud”. Y los ha animado a vivir “la Misa Crismal, el próximo martes, junto a nuestros pastores; las celebraciones del Jueves y Viernes Santo; la Gran Vigilia Pascual; y la Misa de Pascua, momentos imprescindibles de la vida del cristiano. Es la oportunidad para renovar nuestra fe, recordar y revivir los acontecimientos culminantes de la vida de Jesús, entrar en ellos, hacerlos parte y fundamento de nuestra vida”.

En este sentido Don Sebastián subrayó que ser cristiano significa “vivir revestido, empapado todos los días del año de la Muerte y de la Resurrección de Jesús”. Y quiso culminar pidiendo a la Santísima Virgen María, “primera discípula de Jesús y testigo fiel de su Pasión, que nos ayude a vivir estos días santos con recogimiento, piedad y devoción, para que sean fuente de renovación de nuestra vida espiritual, como de hijos de Dios y testigos de su amor”.

Durante la oración de los fieles el Obispo quiso dar gracias a Dios por los 56 años de ministerio sacerdotal del Canónigo Don Juan García Carrillo. Del mismo modo quiso pedir por la vida entregada y la gran generosidad de este presbítero, así como por las vocaciones sacerdotales, para que el Señor mande abundantes obreros a su mies.

Con esta celebración se inauguraba la Semana Santa de este año 2022 en la capital jiennense. Una Semana Santa muy esperada por los fieles, tras dos años de pandemia, y la primera de Don Sebastián como Obispo de la Diócesis del Santo Reino.

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Homilía del Obispo en el Domingo de Ramos

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#HazMemoria| La gloria de Dios recorre las calles

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#HazMemoria| La gloria de Dios recorre las calles

La Semana Santa, el Camino de Santiago, el Rocío, Loyola, El Pilar, Ávila, Montserrat, Montilla, los santuarios marianos, las ermitas… miles de lugares se convierten en un punto de llegada para los cristianos que, movidos por la fe, acuden a renovar sus promesas, a reencontrarse con sus historias y su tradición, a compartir una esperanza, a sanar el corazón.

El pueblo cristiano ha encarnado la fe de la Iglesia en su realidad cotidiana, en su entorno concreto, junto a las otras tradiciones que ya vivía. Vive una religiosidad popular que une lo trascendente y lo inmediato, lo cercano y el más allá. Lo hace para establecer y hacer visible una especial relación con Dios, con la Virgen María, con los santos. Busca mover la voluntad de Dios, pedir su protección, su ayuda, su compasión. La mirada a María y a los santos pretende sobre todo su intercesión ante necesidades del mundo o ante las pequeñas dificultades personales del día a día. En otras ocasiones, es el agradecimiento por los bienes recibidos lo que origina una peregrinación, una marcha, un encuentro.

En cada una de esas expresiones de la religiosidad popular la gloria de Dios, el hombre vivo, recorre las calles, acompaña a las imágenes de los santos como pueblo de Dios, eleva sus oraciones y súplicas, se compromete con los necesitados, se propone cambiar de vida. Son en el fondo una nueva posibilidad del encuentro con Dios que cambia la vida.

El Papa Francisco señala en Evangelii Gaudium la idea de que los pueblos en los que el Evangelio ha permeado la cultura se hacen protagonistas de la evangelización, del modo de llevarla a cabo y transmiten la fe de manera siempre nueva. En cada lugar, el Pueblo de Dios traduce en su propia vida y experiencia lo que ha recibido de Dios a través de la Iglesia y lo hace según sus rasgos característicos. Al mismo tiempo, cuando comunica su fe la enriquece con nuevas expresiones que permiten también una nueva evangelización del mismo pueblo y de su entorno. “Aquí toma importancia la piedad popular, verdadera expresión de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios. Se trata de una realidad en permanente desarrollo, donde el Espíritu Santo es el agente principal” (EG 69).

La religiosidad popular, dirá Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi hace visible una “sed de Dios que solamente los pobres y los sencillos pueden conocer” (EN 68).  De hecho, a través de esta piedad, el pueblo sencillo es capaz de asomarse a la profundidad de Dios como su paternidad, su cuidado amoroso de todas las criaturas, la providencia que cuida de los hombres, su presencia constante, la maternidad de María. Al incorporar estos rasgos a su vida, el pueblo desarrolla un profundo sentido de la cruz en su vida cotidiana, la aceptación de los demás, la paciencia, la devoción.

El pueblo fiel que se enriquece en estos encuentros populares con el Dios vivo, tiene en ellos no sólo un punto de llegada que satisface un ansia de eternidad, sino un punto de partida para una misión de anuncio, de proclamación sencilla del Evangelio en la vida diaria. Esos puntos de llegada son también un punto de salida. Desde ellos, con la fe reforzada al ser compartida se proyecta una salida misionera. Quienes van de peregrinación vuelven con el propósito de compartir esa fe, esa experiencia, y hacerla viva en la vida de los demás. La religiosidad popular expresa la evangelización de un pueblo al mismo tiempo que evangeliza al pueblo.

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Colecta para Tierra Santa, Carta del Arzobispo de Sevilla

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Colecta para Tierra Santa, Carta del Arzobispo de Sevilla

Colecta por los Santos Lugares 2022

El próximo 15 de abril, Viernes Santo, día en que conmemoramos la muerte en cruz de Nuestro Señor Jesucristo que derramó su sangre en el Gólgota por la salvación de todos los hombres, los cristianos de todo el mundo estamos llamados a colaborar con nuestros hermanos cristianos que viven en Tierra Santa a través de la Colecta en favor de los Santos Lugares en los que se desarrollaron los acontecimientos de nuestra redención, es decir, donde Jesús nació, predicó el Evangelio, murió y resucitó.

En efecto, la tierra en la que vivió Jesucristo y nos reveló el amor de Dios corre el peligro de quedarse sin cristianos que hagan presente a Jesucristo, su Evangelio y su Iglesia, y que colaboren con los Padres Franciscanos en la custodia de los Santos Lugares. A las heridas que no cicatrizan causadas por la falta de paz y el problema de la emigración de los más jóvenes han venido a sumarse los devastadores efectos socio-económicos derivados de la pandemia del covid-19, que aún estamos padeciendo.

Esta colecta es fundamental para la Custodia Franciscana de Tierra Santa. Con ella se cubre el 75% del presupuesto anual que se destina a la salvaguarda de los restos arqueológicos, a conservar los santuarios y templos y a la labor pastoral, social y asistencial que los Franciscanos desarrollan. Y a lo más esencial, mantener vivas las huellas del paso de Dios por este mundo, “vivificar” cada piedra, cada rincón y cada iglesia levantada en su nombre, pues se trata de hacer que estos lugares hablen al corazón de todos los peregrinos que la visitan.

De este modo, este año nuevamente estamos llamados a rezar por la paz en aquella tierra bendita y a auxiliarla económicamente con la colecta del próximo Viernes Santo, porque sólo con nuestra ayuda la Tierra Santa seguirá siendo hogar de los cristianos. Hemos de apoyar todas las iniciativas que se están tomando en Tierra Santa por parte de la Santa Sede y de la Custodia Franciscana para contribuir a la creación de condiciones socio-económicas que ayuden los cristianos a permanecer en su país.

Entre otras actividades la Custodia de Tierra Santa cuida los lugares evangélicos en 55 santuarios, algunos de ellos bajo la autoridad de cristianos ortodoxos, musulmanes o hebreos. Ejerce la pastoral en 24 parroquias y 79 iglesias. Dirige la actividad educativa en 15 escuelas, 3 centros de Formación Profesional, y cada año da 525 becas de estudio para estudiantes universitarios. Sostiene la actividad social con más de 630 viviendas para familias necesitadas, 5 hospitales para enfermos y niños huérfanos, 6 casas para acogida de peregrinos y otros 1.100 puestos de trabajo en diversas actividades. En Siria ha reconstruido 1.300 casas para familias con necesidad.

Frente a la pobreza y la pandemia, se nos invita a la solidaridad y la esperanza, a escuchar el grito que brota desde Tierra Santa, a orar por todas sus necesidades y a contribuir con nuestra ayuda económica para remediar un poco las necesidades de nuestros hermanos, de la Iglesia Madre de Jerusalén, como la llamaban los primeros cristianos. El año pasado nuestra Archidiócesis aportó 54.893,40 euros. Hay que felicitarse por la generosidad de todos.

La colecta por Tierra Santa establecida por el Papa Martín V en el año 1421 y confirmada por los todos los Romanos Pontífices posteriores, tiene lugar cada Viernes Santo mientras adoramos la Santa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Os invito, os pido a todos los sacerdotes, a los religiosos con cura de almas y a los responsables de iglesias abiertas al culto público a realizarla con todo interés, pues tiene el carácter de imperada y pontificia. Invitad a los fieles a ser generosos por amor a la Tierra del Señor, por amor al Señor en definitiva y a aquellos hermanos nuestros de los que hemos recibido tantos y tan grandes bienes espirituales.

Las cuentas bancarias de la Administración Diocesana donde podéis ingresar las colectas, indicando el concepto de Tierra Santa, son las siguientes: BANCO SANTANDER ES57 0049 1861 1824 1023 4849 / LA CAIXA ES94 2100 7262 9822 0016 8424.

Con mi gratitud por vuestra atención, os envío mi cordial afecto y mi bendición.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

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EL ESPEJO | Entrevista a los pregoneros de la Semana Santa 2022

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EL ESPEJO | Entrevista a los pregoneros de la Semana Santa 2022

‘El Espejo de la Iglesia’, dirigido por Adrián Ríos, dedica todo el programa a entrevistar a los pregoneros Julio Cuesta (ciudad de Sevilla) y Federico Martinez-James (pregonero universitario).

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UNA SEMANA DIFERENTE PARA TODOS, Por D. Antonio Mata Cañizares

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¡Cuánto oiremos decir que tenemos Semana Santa! Me gusta esa apreciación que sale sobre todo del sentir de nuestros Cofrades. Es verdad que ha habido una dieta impuesta de procesiones y de expresiones de sentimiento religioso y de fe que se suceden estos días. Esta Semana Santa tiene vocación de ser especial. Cierto, por las circunstancias vividas y por las actuales. ¿Cómo vamos a mirar a los Crucificados o a los misterios de Pasión sin tener en nuestra retina y en el corazón las sangrantes imágenes que continuamente vemos y nos interpelan de la guerra de Ucrania, o cómo podremos contemplar a las Dolorosas lejos del corazón de tantas madres que han perdido a sus hijos o que no saben nada de ellos? La Semana Santa tiene que ser un golpe a la indiferencia y una honda interpelación a la fraternidad.

Contemplaremos las Imágenes que el arte y la fe ponen ante la mirada creyente, y podremos contemplar la Pasión como se nos describe en los Evangelios. En los días que preceden al Triduo Pascual me llama cada vez más la atención la pasión del corazón de Jesús, creo que fueron los azotes más duros que los que cruzaban su espalda porque las heridas del corazón duelen mucho. Las negaciones de Pedro y su consiguiente conversión ante una mirada silenciosa, para nada condenatoria, la de Jesús, supone una cascada de interrogantes que ponen al descubierto muletillas de mediocridad, superficialidades, cobardías o falta de compromiso. La noche del Jueves Santo, espejo de humanidad y de fe que camina en la noche oscura: que pase este cáliz, pero que no sea mi voluntad sino la tuya, con la invitación a velad y orad, sacudida de humildad ante perfecciones conseguidas. Jesús orando, gritando al Padre y confiando, abrazado a la Cruz, con caídas y levantadas.

Por unas u otras razones, es una semana diferente para todos, puede hacernos capaces de hacernos sacar lo mejor que llevamos dentro, que empieza por reconocer con sinceridad lo peor que arrastramos, y queremos ni siquiera que asome. Quitarse el manto para lavar los pies de sus amigos es la herencia recibida del Hermano Señor y la actitud vital para vivir con sentido. Podríamos estrenar todas estas escenas evangélicas, aunque sean conocidas y harían unas semana diferente para todos. Ahí está la diferencia: nuestra vida entregada por amor, ofrecida a todos, magnánima en el servicio y humilde en la Caridad. Esta es la Pascua, la Vida compartida del Hermano Resucitado.

Antonio de Mata Cañizares.

Vicario Judicial

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Homilía de mons. Saiz Meneses el Domingo de Ramos (10-04-2022)

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Homilía de mons. Saiz Meneses el Domingo de Ramos

Catedral de Sevilla, 10 de abril  de 2022

Hemos llegado a la Semana Santa del año 2022, tan esperada, tan deseada, tan preparada. Celebramos los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Somos conscientes de que no se trata de hacer memoria de unos acontecimientos históricos simplemente, sino de actualizar los misterios de la vida de Cristo con toda su fuerza redentora, capaz de transformar nuestra vida, aquí y ahora.

En cada celebración tenemos presente el Misterio Pascual en su totalidad, pero subrayamos especialmente los hechos que conmemoramos en cada oficio concreto. Lo más importante es que en cada celebración, en cada procesión, en cada estación, en cada práctica de piedad, contemplemos el amor de Dios hacia la humanidad y el amor hacia cada persona hasta dar la vida por su salvación. Esto es lo esencial. Nos encontramos en un año muy especial para nosotros, porque podemos celebrar la Semana Santa después de dos años muy difíciles en no pocos aspectos. Como estamos es la tierra de María Santísima, os propongo que vivamos estos días santos, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, de la mano de María.

Contemplamos hoy la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén en la que es aclamado como como Mesías, como enviado de Dios, como Aquel en quien se cumplen las expectativas, las promesas del pueblo de Israel, el que inaugura el tiempo de salvación para su pueblo y para el mundo, el que instaura el reino de Dios. Había una gran afluencia de gente en Jerusalén con motivo de la celebración de la Pascua, que había atraído hasta la ciudad, centro y símbolo de Israel, peregrinos de toda Palestina y de más lejos; por otra parte, la hostilidad de los dirigentes judíos iba en aumento, y estaban decididos a todo, incluso a acabar con la vida de Jesús.

Él, que se había alejado de la multitud cuando quería proclamarlo rey después de la multiplicación de los panes y los peces, en esta ocasión no se opone a la aclamación pública, al contrario, él mismo dispone el encuentro con la multitud que le vitorea, que le aclama, que le otorga el título de hijo de David, de enviado de Dios para cumplir el destino de ese pueblo elegido. Ramas de palmeras y olivos se agitaban para dar un aspecto festivo a aquella hora. Una manifestación externa, espontánea, pero que revelaba algo interior que hacía presagiar una realidad nueva. El mismo Jesús lo dejó entender y no frenó aquel estallido de entusiasmo popular.

Pero ahora fijemos nuestra atención en este acontecimiento: Jesús es reconocido y aclamado como Mesías, el Cristo, por su pueblo, y esto especialmente por las voces de los niños y jóvenes. El acontecimiento se actualiza hoy en la celebración litúrgica. Nosotros, hemos de perpetuar en nuestro tiempo, en nuestro ambiente, este momento de gloria del Señor Jesús, renovar el acto de fe en su persona y en su misión. Lo reconocemos como Maestro de la humanidad, lo proclamamos Profeta de los destinos del mundo, lo declaramos Rey divino en quien se centra el destino de todo hombre, y en torno a quien se compone el plan de salvación de la historia. Jesús es la Verdad de la existencia humana, más aún, es la Vida misma, el principio de nuestra salvación, presente y futura.

Os invito a aclamar a Jesús, el Cristo, el Señor de la humanidad, el Salvador del mundo. No tengamos miedo de que él sea el Señor de nuestra vida; porque no nos priva de ninguna de las cosas buenas y positivas de la vida, al contrario; porque no limita nuestra libertad, ni nos impone cargas insoportables y absurdas, ni carga sobre nuestros hombros cruces imposibles; porque no apaga en nosotros la llama del amor, ni limita en modo alguno el desarrollo de nuestras potencialidades.

Aclamamos a Cristo hoy, en pleno siglo XXI, porque es nuestro Salvador, nuestro liberador, el maestro que lleva a plenitud nuestra humanidad; nuestro maestro de la existencia más verdadera más solidaria, más plena y feliz. No caigamos en la tentación del conformismo, de la rutina, de la superficialidad. No nos dejemos llevar por la cultura dominante, por lo políticamente correcto, por las modas propias de una sociedad materialista y consumista, por la falta de sentido y trascendencia.  Poniendo a Cristo en el centro de la vida llegamos a la verdadera libertad, somos conscientes del por qué de las cosas, de por qué y por quién vivir.

Queridos hermanos que participáis en esta celebración: Dispongámonos a vivir con intensidad estos días santos; vivamos el encuentro con Cristo, el único capaz de realizar las esperanzas de la humanidad. Su entrada como rey de paz en la ciudad santa no era con la finalidad de reinar según el modo en que reinan los reyes y señores de la tierra. Llega a Jerusalén para sufrir la pasión y la muerte, para reinar desde la cruz, dando su vida por la salvación de todos. Es la culminación del proceso de humillación del Hijo de Dios, que, se hace hombre por nosotros y por nuestra salvación, y nos abre el camino que lleva a participar de la vida de Dios.

Nosotros hoy, aquí, aclamando a Cristo Salvador, hemos traído también ramas de palmeras y de olivos, hemos anunciado la paz, su paz para la humanidad de nuestro tiempo, esa paz que el mundo busca y no encuentra, que no sabe mantener; esa paz que sólo Jesucristo puede dar. Él, que es el Príncipe de la paz, conceda la paz y la estabilidad a la tierra, haga cesar la violencia en Ucrania, donde se está derramando tanta sangre, y en todos los lugares golpeados por la guerra y la violencia; que nos dé la gracia y la fuerza para construir un mundo nuevo, una tierra nueva en que reine la justicia, la verdad, la paz social y el bien común.

Comienza la Semana Santa. Que el Señor nos ayude a abrir de par en par las puertas del corazón, las puertas de la ciudad, las puertas del mundo, entero, para que él, el Dios vivo, pueda llegar por su Hijo a renovar nuestra vida y nuestro tiempo. María Santísima nos guíe en el camino. Así sea

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

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Testimonio: “Aprender a orar para aprender a vivir” taller de Oración y Vida en Villargordo Jaén

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Cenando con unos amigos, nos dijeron a mi marido y a mí que comenzaba en Villargordo un taller de Oración y Vida del Padre Ignacio Larrañaga. Enseguida noté una fuerza dentro de mí, era el Señor que me invitaba a participar.

Siendo yo adolescente, asistí al taller y en este momento se inició mi camino de oración. Recordaba solo pequeños detalles, sin embargo, no olvidé nunca como descubrí a un Dios cercano que me amaba tal y como soy, y que apostaba por mí. El Señor me sedujo y me dejé seducir.

Esta experiencia que en este momento reviví, me empujó muy ilusionada a decir que sí a esta nueva invitación y a arrastrar a mi marido, que no dudó en acompañarme en esta decisión, me había escuchado varias veces como el Padre Ignacio me inició en mi vida de oración. Mi marido no se creé aún como pudo decir sí sin pensarlo…, aunque sin duda ahora sabe el por qué.

No es fácil expresar con palabras que ha significado el taller para mí. Me siento atrapada por el Señor. Necesito de Él, dejar que me hable a solas en silencio y entrar en lo más íntimo de su corazón cada día en la Sagrada media hora.

Sesión tras sesión, a través de nuestro guía y las palabras del Padre Ignacio, con la fuerza y la pasión que ambos me transmitían, hacían emocionarme, cuestionarme, zarandear mi alma hasta dar forma a aquello que experimentaba encontrando la paz y la serenidad interior.

Cada modalidad de oración un descubrimiento. La oración de elevación, la de contemplación, la oración de acogida, meditar los salmos en el espíritu de Jesús y María, me hacen sentir la Presencia Viva de un Padre que me ama. Experimentar su Amor provoca en mí destellos de entrega y servicio a los demás, siendo mi vida una prolongación de todo lo que hace sentir Él dentro de mí.

Y junto a cada modalidad, una vivencia. ¡No puede ser más perfecto! Primero el espíritu del Señor me envolvía con su gracia inundando mi alma y después me lanzaba a actuar, a hablar, a pensar…, cómo Él mismo lo hacía. “Hágase”, “Padre yo también te amo”, “Padre, también yo los amo”, “Creo, pero aumenta mi fe”, “Qué haría Jesús en mi lugar” …, vendrán conmigo para siempre, serán un punto y seguido en mi vida de fe, porque estoy experimentando en pequeños detalles como Él me va transformando.

He tenido el gran privilegio de vivir esta inolvidable experiencia junto a mi marido, ¡Tengo un tallerista en casa! Esto me llena de gozo y de satisfacción. ¡Me siento tan amada por el Señor!

Nosotros pertenecemos a un Movimiento de matrimonios cristianos, Equipos de Nuestra Señora, cuyo carisma es la espiritualidad conyugal: buscar juntos a Dios para alcanzar la santidad. La práctica de la oración personal y la oración conyugal son dos puntos fuertes. Imaginaros que riqueza cuando los dos compartimos nuestra fe y nos ayudamos el uno al otro a ser imagen y semejanza de Dios reflejado en Jesús Resucitado. Donde no llego yo, llega él, y el yo y el tú se convierte en nosotros. Dos almas unidas bajo la mirada del Padre: “Somos uno, somos tres”.

Y qué puedo decir de la comunidad de talleristas. Hemos formado una gran familia, mis hermanos en Cristo. Juntos hemos vivido momentos muy intensos. Hemos compartido lo más preciado y profundo de nuestro ser. Se han formado entre nosotros lazos tan fuertes que nos mantendrán unidos para siempre, y aunque esté lejos y no nos veamos, en cada sagrada media hora estarán presentes. Cada miércoles será un día especial que siempre recordaré junto a cada uno de ellos. Momentos inolvidables vividos, recuerdos imborrables.

Han pasado varias semanas desde que finalizó el taller. Quería contaros mi experiencia, pero sin precipitarme a hacerlo lo primeros días tras la clausura. Necesitaba meditar, saborear cada momento vivido, echar de menos cada encuentro con nuestro “guía” Alfonso y los demás talleristas, y darme cuenta que en verdad ha cambiado mi vida.

Y cuando mi oración desfallezca, siempre tendré la oportunidad de volver al taller, y será, sin duda, un nuevo impulso para seguir caminando por senderos que me conducen hasta el Señor.

“Y te buscaré deseándote, te desearé buscándote. Amándote te encontraré. Encontrándote te amaré. Tu Rostro veré”.

 

 

                                                                                                  Chon Andrés Blanco
Tallerista

                                                                                       

 

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Mons. Saiz el Domingo de Ramos: “Lo más importante en cada celebración es que contemplemos el amor de Dios”

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Mons. Saiz el Domingo de Ramos: “Lo más importante en cada celebración es que contemplemos el amor de Dios”

El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses presidió la Eucaristía del Domingo de Ramos en la Seo hispalense, por primera vez, desde su toma de posesión el pasado mes de junio.

Durante su homilía, monseñor Saiz Meneses reflexionó sobre la importancia dela vivencia de cada celebración litúrgica para la vida del cristiano. “Lo más importante es que en cada celebración, en cada procesión, en cada estación, en cada práctica de piedad, contemplemos el amor de Dios hacia la humanidad y el amor hacia cada persona hasta dar la vida por su salvación. Esto es lo esencial”.

Sin duda, una Semana Santa “tan esperada, tan deseada, tan preparada… donde celebramos los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Somos conscientes de que no se trata de hacer memoria de unos acontecimientos históricos simplemente, sino de actualizar los misterios de la vida de Cristo con toda su fuerza redentora, capaz de transformar nuestra vida, aquí y ahora”, añadió

Mons. Saiz Meneses ha expresado que nos encontramos en un año muy especial, porque podemos celebrar la Semana Santa después de dos años muy difíciles en no pocos aspectos.

Propuso que, “como estamos es la tierra de María Santísima, vivamos estos días santos, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, de la mano de María”.

La Eucaristía comenzó a las diez de la mañana,  previamente tuvo lugar el Oficio de Lecturas, el rezo de Laudes y la procesión de Palmas. La celebración ha sido retransmitida por el canal de Youtube de la Catedral de Sevilla.

Maestro de la Humanidad

Sobre los textos bíblicos correspondientes al Domingo de Ramos, mons. Saiz invitó a fijar la atención en la entrada de Jesús a Jerusalén: “Jesús es reconocido y aclamado como Mesías, el Cristo, por su pueblo, y esto especialmente por las voces de los niños y jóvenes. El acontecimiento se actualiza hoy en la celebración litúrgica. Nosotros, hemos de perpetuar en nuestro tiempo, en nuestro ambiente, este momento de gloria del Señor Jesús, renovar el acto de fe en su persona y en su misión. Lo reconocemos como Maestro de la humanidad, lo proclamamos Profeta de los destinos del mundo, lo declaramos Rey divino en quien se centra el destino de todo hombre, y en torno a quien se compone el plan de salvación de la historia. Jesús es la Verdad de la existencia humana, más aún, es la Vida misma, el principio de nuestra salvación, presente y futura”, ha manifestado.

Aclamar a Cristo

El arzobispo de Sevilla ha manifestado que al igual que el pueblo de Israel, también nosotros, en pleno siglo XXI, “aclamamos a Cristo porque es nuestro Salvador, nuestro liberador, el maestro que lleva a plenitud nuestra humanidad; nuestro maestro de la existencia más verdadera más solidaria, más plena y feliz”.

Advirtió que “no caigamos en la tentación del conformismo, de la rutina, de la superficialidad. No nos dejemos llevar por la cultura dominante, por lo políticamente correcto, por las modas propias de una sociedad materialista y consumista, por la falta de sentido y trascendencia”.

Don José Ángel expresó que “poniendo a Cristo en el centro de la vida llegamos a la verdadera libertad, somos conscientes del por qué de las cosas, de por qué y por quién vivir”.

Por tanto, finalizó su homilía, “que el Señor nos ayude a abrir de par en par las puertas del corazón, las puertas de la ciudad, las puertas del mundo, entero, para que él, el Dios vivo, pueda llegar por su Hijo a renovar nuestra vida y nuestro tiempo”.

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Sencillez y cercanía del obispo en la visita pastoral a San Miguel de Guadix

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Sencillez y cercanía del obispo en la visita pastoral a San Miguel de Guadix

Durante los días 7 y 8 de abril, el obispo don Francisco Jesús Orozco, ha realizado la visita pastoral a la parroquia de san Miguel de Guadix. Han sido dos días muy intensos, en los que el prelado ha tomado el pulso a la vida parroquial y a la realidad social de esta porción del pueblo de Dios.

Ha visitado los colegios de la zona, las tres comunidades religiosas que están en la demarcación parroquial, ha visitado enfermos, comercios, se ha encontrado con catequistas, niños y jóvenes de catequesis, con los padres, hermandades y cofradías, ministros extraordinarios de la comunión, adoradores del Santísimo, ITV matrimonial, Consejo de Pastoral Parroquial, Consejo de Economía, Cáritas parroquial, etc.
La visita ha estado marcada por la sencillez, cercanía y cordialidad del obispo.
Especialmente emotiva fue la visita que realizó a los padres del joven Samuel, que falleció hace un mes. Este era un encuentro muy querido por don Francisco, que rezó con los padres y tuvo palabras de aliento y consuelo desde la fe en la vida eterna y la resurrección de los muertos. Les dijo que Dios los ama, que los cuida y que ellos serán padres de Samuel para siempre, lo mismo que Samuel será su hijo por toda la eternidad. Que Samuel, a sus 15 años se había adelantado en su partida a la casa del Padre, donde un día, también sus padres se encontrarían con él, y ya, para siempre.
A todos nos ha animado a permanecer fieles a la fe, edificando juntos la Iglesia de Cristo, en comunión efectiva y afectiva, propia de los que invocan a Dios como Padre.
El día 8, con la misa estacional, concluyó la visita pastoral, podemos decir que confirmados en la fe, renovados en la esperanza y animados en la caridad.
Las fotos nos dan una idea de estos días de gracia que hemos vivido y que agradecemos a nuestro querido padre y pastor don Francisco Jesús.

Antonio Fajardo
Párroco de San Miguel

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