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Mons. Saiz agradeció en la Misa Crismal a todos los sacerdotes que sirven a la Iglesia con alma, vida y corazón

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Mons. Saiz agradeció en la Misa Crismal a todos los sacerdotes que sirven a la Iglesia con alma, vida y corazón

La Catedral de Sevilla acogió la mañana de este Martes Santo la Misa Crismal, presidida por monseñor José Ángel Saiz, arzobispo de Sevilla y concelebrada por monseñor Juan José Asenjo, arzobispo emérito y sacerdotes del clero sevillano.

“Hoy celebramos la fiesta de nuestro sacerdocio y recordamos también la unción que recibimos en la ordenación. Esta unción significa el poder del Espíritu Santo, que el sacerdote recibe para celebrar la Eucaristía, para absolver de los pecados, para transmitir la fe y consolar a los afligidos, para edificar a la Iglesia como comunidad de fe y amor, como comunión que vive y anuncia la buena nueva del amor de Dios”, reflexionó mons. Saiz en su homilía.

La Misa Crismal es una celebración llena de significado y contenido, en la que el pastor de la Iglesia en Sevilla agradeció a los presbíteros y diáconos su respuesta a la llamada de Dios y su trabajo en toda la Archidiócesis, en las parroquias y en los diferentes ámbitos pastorales, en tantas actividades “en las que ponéis alma, vida y corazón acompañando pastoralmente las personas y las comunidades”.

Un agradecimiento grande y sincero – añadió  mons. Saiz Meneses – consciente de que en los últimos cursos las circunstancias han sido particularmente difíciles, y de que aún no hemos llegado a una normalidad pastoral plena.

Bendición del santo crisma

Durante la ceremonia, el arzobispo hispalense bendijo los aceites que se utilizarán para la unción, símbolo de la efusión del Espíritu Santo: el santo crisma, el óleo de los catecúmenos y el óleo de los enfermos, es decir, el óleo que servirá para ungir a los catecúmenos en el bautismo, los bautizados que reciban la confirmación, los enfermos en su dolor, y finalmente, los candidatos al sacerdocio. “Esta acción salvadora se lleva a cabo a lo largo del espacio y del tiempo a través de la Iglesia, que administra los sacramentos, signos de gracia y salvación”.

Institución de la Eucaristía

El Jueves Santo la Iglesia recuerda la institución de la Eucaristía. “Para celebrar el sacrificio eucarístico hemos sido ungidos en el sacramento del orden. Como dispensadores de la Eucaristía nos convertimos en servidores de Jesucristo y de todo el pueblo de Dios. Hoy lo recordamos especialmente con una profunda actitud de acción de gracias al Señor, que nos hace partícipes de su plenitud”, expresó don José Ángel.

Durante la celebración eucarística, los sacerdotes renovaron “las promesas sacerdotales conscientes de la grandeza del don de Dios y conscientes, asimismo, de nuestra pobreza e indignidad”. Por ello, “al renovarlas, pedimos la gracia de la fidelidad, la gracia de la perseverancia, la gracia de estrenar cada día nuestro sacerdocio con ilusión renovada. Al renovarlas, pedimos también a Dios que el don de la vocación sacerdotal sea acogido generosamente por el corazón de todos los jóvenes que Cristo hoy sigue llamando para que dejándolo todo, le sigan para estar con Él y para ser enviados a predicar la Buena Nueva del Reino”.

Amor a la Iglesia

Monseñor Saiz manifestó que el Jueves Santo es el día del nacimiento del sacerdocio y también es el día de la institución de la Eucaristía. “Renovamos en nuestros corazones la ordenación sacerdotal, reavivamos la gracia del sacramento. Renovamos las promesas de conformarnos cada día más y mejor al Señor Jesús, de renunciar a nosotros mismos, de amar a la Iglesia y de cumplir los deberes sagrados”.

Los sacerdotes del clero renuevan los compromisos de ser fieles dispensadores de los misterios de Dios, de predicar la Palabra imitando a Cristo, de dar la vida en servicio de los hermanos. “Junto con el Señor, que nuestra vida sea llevar la Buena Nueva a los desvalidos, proclamar a los cautivos la libertad, devolver a los ciegos la luz, proclamar el año de gracia del Señor. Con actitud de servicio, como el Señor, que no vino a ser servido, sino a servir”.

Comunión espiritual 

El cardenal arzobispo emérito de Sevilla, Carlos Amigo envió una misiva, leída al término de la Eucaristía por el secretario general y canciller de la diócesis, Isacio Siguero, donde ha manifestado que sus circunstancias actuales de salud le imposibilitaron asistir físicamente a la celebración eucarística, sin embargo, estaba en comunión espiritual con todos sus hermanos del presbiterio, “verdaderos trabajadores de la viña del Señor que tanto ejemplo de empeño os ha dado”.

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Los presbíteros diocesanos renuevan sus promesas sacerdotales en la primera Misa Crismal de Don Sebastián como Obispo

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Como cada Martes Santo, esta mañana se celebraba, en la Catedral de Jaén, la Misa Crismal, la primera que preside Don Sebastián Chico Martínez como Obispo.  En ella han participado alrededor de 130 presbíteros, llegados de todos los puntos de la geografía diocesana, que han renovado, un año más, sus promesas sacerdotales.

Han concelebrado, junto al Obispo, el emérito de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro; el Vicario General y Deán de las Catedrales, Don Francisco Juan Martínez Rojas; y otros miembros del Cabildo Catedral. También, ha estado presente Monseñor D. Fernando Chica Arellano, Observador permanente Santa Sede en la FAO, el FIDA y el PDA.

Asimismo, han participado los diáconos permanentes de la Diócesis y multitud de fieles y religiosas.

Fieles y seminaristas han sido los encargados de las Lecturas y el diácono permanente Andrés Borrego de proclamar el Evangelio.

Homilía
El Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, ha comenzado su homilía subrayando que los óleos que se van a bendecir y el Crisma que se iba a consagrar «son signos de la comunicación misteriosa e incesante del Espíritu con la que Jesucristo consuela a los enfermos, santifica a los catecúmenos y a los cristianos, y nos consagra a los sacerdotes para que seamos signos vivientes de su presencia santificadora en medio de su pueblo».

Asimismo, dirigiéndose a los presbíteros, el Obispo les  ha recordado que «por la consagración sacerdotal, de forma íntima y misteriosa, somos la presencia visible de su actual presencia invisible en el corazón de todos los hombres de buena voluntad, como cabeza de la Iglesia, como fuente secreta de vida nueva, como principio de una nueva humanidad. Por lo tanto, la prioridad de nuestro ministerio, sobre todo, es hacer presente a Dios».

En este sentido, el Prelado les ha querido dar gracias, en nombre del Señor y de nuestra Iglesia de Jaén, por su entrega y fidelidad, su trabajo de cada día y su buena voluntad. A la vez que ha dado gracias por el fruto de la ordenación sacerdotal de Antonio José Blanca, que el pasado mes de junio, se incorporaba a nuestro presbiterio diocesano. Así, los ha animado a «vivir sinceramente nuestra fidelidad al don recibido y nuestra fraternidad sacramental; a poner vuestra vida totalmente al servicio de Dios y de nuestro pueblo, sin reservarnos nada, con la madurez que requiere nuestro ministerio y sin olvidar el frescor del amor primero». Y los ha incitado a caminar con fortaleza, alegría y esperanza. «El Señor sigue realizando hoy también su obra de renovación y de redención, y cuenta con nosotros, ungidos con la fuerza de su Espíritu».

Además, el Pastor diocesano ha querido tener presentes en esta celebración a los sacerdotes recientemente fallecidos y los mayores que no han podido participar.

Posteriormente, se ha dirigido a los seminaristas para recordarles que son la esperanza de  nuestro presbiterio y de nuestra Iglesia de Jaén. «Os animo a hacer este camino de preparación al Ministerio sacerdotal con paso firme y decidido, sin que os falte la ilusión y el agradecimiento a la llamada que habéis recibido y la respuesta que estáis dando, ante el Misterio tan enorme y hermoso que Dios quiere poner en vuestras manos para el servicio de su pueblo». Y ha querido manifestar el dolor que siente al saber que «el aceite que va a ser consagrado, no será  utilizado en su plenitud, consagrando unas manos nuevas para el ofrecimiento del sacrificio de Cristo», ya que este en los próximos años no van a recibir el orden sacerdotal ninguno de los seminaristas que se preparan para ello.

Del mismo modo, Don Sebastián también ha querido dirigirse a los laicos y religiosos, a los que ha pedido su oración constante, su comprensión y su afecto. «El calor de vuestra cercanía y de vuestra oración nos ayudará a que seamos “santos sacerdotes», ha apuntado. Para continuar pidiendo perdón «por nuestras deficiencias, por los momentos en los que no reconocéis en nosotros el “corazón del buen pastor”».

Finalmente,  bajo la intercesión de la Virgen María, Ntra. Sra. de la Cabeza, nuestro patrón San Eufrasio, y de tantos mártires y santos que han abonado nuestras tierras con sus vidas,  ha querido pedir al Señor «que se haga presente poderosamente en nuestras vidas, y que nos llene de todos los bienes de su Espíritu, haciéndonos verdaderos instrumentos eficaces de su Reino».

Renovación de las promesas y  bendición de los santos óleos
Tras la homilía, el clero diocesano ha renovado sus promesas sacerdotales ante el Obispo de Jaén.

Después, se ha llevado a cabo el rito de la bendición de los santos óleos y la consagración del santo crisma, que servirá a lo largo de todo el año para ungir a los enfermos y a los que recibirán los Sacramentos del Bautismo, la Confirmación o el Orden Sacerdotal.

Los seminaristas y los diáconos permanentes han presentado ante el Prelado las tres ánforas de aceite. Primero el óleo de los enfermos y, después, el de los catecúmenos, han sido bendecidos. La última ánfora ha sido la del óleo para el Santo Crisma. El Obispo ha insuflado sobre él su aliento, como parte del rito, para finalizar con la oración de la consagración. Posteriormente, los tres recipientes se han situado delante del altar, donde han permanecido durante toda la celebración.

Tras la bendición final, Don Sebastián se ha mostrado muy emocionado, ya que se trata de su primera Misa Crismal como Obispo. Y la celebración culminaba con una cerrada ovación del clero diocesano, a su nuevo Prelado.

Ya en la Sacristía, Monseñor Chico Martínez ha querido desear a sus presbíteros un feliz y santo día, animándolos a vivir, especialmente hoy, la fraternidad. Del mismo modo, los ha alentado a vivir con intensidad esta Semana Santa.

Este año los 50 litros de aceite de oliva virgen extra han sido donados desde Cofradía del Santísimo Cristo de la Salud, patrón de Villargordo, y se han repartido entre todos los Arciprestazgos de la Diócesis.

Galería fotográfica: «Misa Crismal 2022»

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Homilía del Obispo de Jaén en la Misa Crismal 2022

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Es costumbre, en este día, reunirnos todo el presbiterio junto al obispo, a los diáconos permanentes, religiosos y un buen grupo de fieles, en la Catedral para la celebración de la Misa Crismal. Aunque la estemos celebrando anticipadamente, la Iglesia la sitúa en el Jueves Santo, día de la institución del Sacramento de la Eucaristía y, en íntima relación, del Sacramento del Orden sacerdotal.

Los óleos que bendecimos y el crisma que consagraremos son signos de la comunicación misteriosa e incesante del Espíritu, con la que Jesucristo, consuela a los enfermos, santifica a los catecúmenos y a los cristianos, y nos consagra a los sacerdotes para que seamos signos vivientes de su presencia santificadora en medio de su pueblo.

El Señor vivió su vida humana en íntima comunión filial con el Padre del Cielo, una comunión hecha de amor, alabanza y obediencia. Esta comunión de amor quedó consumada en el momento supremo de su muerte en la Cruz. Desde entonces, su amor filial es la máxima expresión de la Alianza de Gracia ofrecida por el Padre en Cristo a la humanidad entera. Todo hombre, al ser pensado por Dios y llamado a la vida, está insertado en esta relación de amor y de gracia que viene del Padre, renace en el Hijo y permanece en la plenitud del Espíritu Santo.

Por el bautismo nos incorporamos de manera más íntima en esta relación de amor y de vida. Pues, somos injertados en Cristo y por Él y en Él recibimos el amor del Padre, su Espíritu; por Él y en Él podemos amar a Dios como Padre, con la reverencia y la confianza del mismo Jesús; por Él y en Él vivimos en el mundo como hijos, puesto nuestro corazón en las cosas eternas, libres para la alabanza y para la fraternidad, libres para hacer obras de justicia y de misericordia, siendo testigos y constructores de la nueva humanidad de Dios inaugurada por la encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad, Sumo Sacerdote, Víctima y Altar, que ha unido plenamente el cielo con la tierra.

Nosotros, sacerdotes y obispos, llamados, consagrados y unidos a Cristo, compartiendo sus sentimientos y su misión, somos signos e instrumentos de su amor, extensión viviente del sacerdocio de Jesús en todos los tiempos y en todos los lugares de la tierra.

Por ello, la vocación que hemos recibido nos apremia a vivir totalmente arraigados en Jesús, de manera que sus sentimientos sean nuestros sentimientos, sus palabras sean nuestras palabras, y sus obras de perdón y misericordia sean el ejemplo y la referencia permanente de nuestras buenas obras. Somos de alguna manera continuación y manifestación de la presencia invisible de Jesús, Sacerdote y Mesías, en este mundo visible. No somos sucesores de un fundador. Por la consagración sacerdotal, de forma íntima y misteriosa, somos la presencia visible de su actual presencia invisible en el corazón de todos los hombres de buena voluntad, como cabeza de la Iglesia, como fuente secreta de vida nueva, como principio de una nueva humanidad.

Por lo tanto, la prioridad de nuestro ministerio, sobre todo, es hacer presente a Dios. No a un Dios cualquiera, sino al Dios que habló en el Sinaí, al Dios cuyo rostro reconocemos en el amor llevado hasta el extremo (Cfr. Jn 13,1) en Jesucristo crucificado y resucitado.

Jesús nos ha llamado para compartir su misión y hacernos sus amigos. ¡Qué gran honor! Demos gracias al Señor por este gran regalo siempre inmerecido.

Queridos sacerdotes, en esta celebración solemne quiero agradeceros, en nombre del Señor y de todo el pueblo de Dios, de nuestra Iglesia de Jaén, vuestra entrega y fidelidad, vuestro trabajo de cada día y vuestra buena voluntad tantas veces manifestada. Demos gracias por el fruto de la ordenación sacerdotal de Antonio José Blanca, que el pasado mes de junio se incorporaba a nuestro presbiterio.

Tengamos un recuerdo especial por nuestros hermanos recientemente fallecidos: D. Pablo Luis Armero, D. Antonio Cobo, D. Miguel Funes, D. Bernardo Velasco, D. Juan Antero Hurtado, D. Lorenzo Pérez y D. Miguel Reyes. Y, también, por los ancianos y enfermos que no han podido venir hoy aquí a pesar de sus deseos, y por los que padecen cualquier tribulación o crisis.

Os animo a vivir sinceramente nuestra fidelidad al don recibido y nuestra  fraternidad sacramental; a poner vuestra vida totalmente al servicio de Dios y de nuestro pueblo, sin reservarnos nada – pues somos “todo del Señor” – , con la madurez que requiere nuestro ministerio y sin olvidar el frescor del “amor primero”.

Nuestras comunidades, las nuevas generaciones, las personas que forman nuestra sociedad jiennense, las que viven la dureza del día a día, en la familia, en el trabajo, en la angustia de no vivir una vida digna, y que muchos de ellos, jóvenes y adultos, se pueden encontrar en la desesperanza y solos, necesitan de nosotros, del “signo eficaz” de nuestro ministerio que siempre es joven, esperanzador y generoso.

Queridos seminaristas, sois la esperanza de nuestro presbiterio y de nuestra Iglesia de Jaén. Os animo a hacer este camino de preparación al Ministerio sacerdotal, con paso firme y decidido, sin que os falte la ilusión y el agradecimiento a la llamada que habéis recibido y la respuesta que estáis dando, ante el Misterio tan enorme y hermoso que Dios quiere poner en vuestras manos para el servicio de Su pueblo.

Comparto, con todos vosotros, el dolor que siento, que es también el dolor de nuestro pueblo, de saber que este año, el aceite que va a ser consagrado, no será  utilizado en su plenitud, consagrando unas manos nuevas para el ofrecimiento del sacrificio de Cristo. Durante varios años vamos a vivir esta “sequedad”, pero la misma nos debe llamar a todos a la responsabilidad que tenemos para hacer vibrar el corazón de aquellos jóvenes que, estoy convencido, el Señor está llamando y que necesitan de nuestra oración y de nuestro hermoso testimonio, para alcanzar la fortaleza necesaria para responder a la voluntad de Dios.

A pesar de las dificultades, con las que nos encontramos, y de las grandes exigencias de nuestro sacerdocio, hoy queremos y volvemos a renovar ante el pueblo de Dios nuestros compromisos y deseos de ser los “fieles servidores” del Señor para el bien de nuestros hermanos, Su pueblo.

Delante de vosotros, queridos fieles, manifestamos nuestra voluntad sincera de fidelidad y de servicio. Queremos vivir con integridad y total entrega nuestro ministerio, queremos vivir intensamente unidos a Jesucristo para ser auténticos  anunciadores y dispensadores de los bienes de la salvación.

“Señor, hoy, en la pobre barca de nuestra vida, nos vuelves a decir: remar mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca. Y nosotros, temerosos ante la responsabilidad de la misión encomendada, te decimos: en tu palabra echaré las redes. (Cfr. Lc 5, 3 – 5) ¡Gracias por tu confianza! ¡Gracias por el amor con el que has ungido todo nuestro ser!”  Y ante los avatares de la vida Él nos sigue diciendo: No tengáis miedo, yo estoy con vosotros hasta el fin de los tiempos (Cfr. Mt 28, 10.20).

Queridos sacerdotes, caminemos con fortaleza, alegría y esperanza. El Señor sigue realizando hoy también su obra de renovación y de redención, y cuenta con nosotros, ungidos con la fuerza de su Espíritu, como contó con la confianza y la fuerza de los Apóstoles, con el vigor y la eficacia de los primeros cristianos. Por ello, vivamos con seriedad nuestra vida espiritual y nuestro deseo de ser cada día más santos, respondiendo fielmente a su voluntad.

El Señor y la Iglesia necesitan sacerdotes identificados con la palabra de Jesús, impregnados y enardecidos por su mismo Espíritu, enriquecidos por los sacramentos que celebran, por la oración asidua y la comunión de vida, y, llenos del don de la Caridad Pastoral, dedicados con entusiasmo y generosidad al ejercicio del ministerio apostólico. En definitiva, necesitan de nosotros que seamos “buenos pastores”, “hombres de Dios”.

Queridos hijos, laicos y religiosos que nos acompañáis esta mañana, que estáis cerca de vuestros pastores, en vosotros está presente el pueblo de Dios que camina en la Iglesia del Santo Reino, ¡rogad por nosotros!, ayudadnos con vuestra oración constante, con vuestra comprensión y afecto. No somos más que nadie. Hemos sido sacados de entre vosotros para que, ungidos y unidos a Cristo, compartiendo su misión, sed devueltos a vosotros para serviros y ayudaros, y, caminando juntos, alcanzar la salvación. Salvación que podemos degustar en nuestro día a día, respondiendo al amor y a la voluntad de Dios, pero que deseamos conseguir en plenitud cuando lleguemos a la casa del Padre.

Somos débiles y pecadores, como cualquiera de vosotros, pero con la responsabilidad de una misión que nos sobrepasa y nos sobrecoge. El calor de vuestra cercanía y de vuestra oración nos ayudará a que seamos “santos sacerdotes”.  

Os pedimos perdón por nuestras deficiencias, por los momentos en los que no reconocéis en nosotros el “corazón del buen pastor”, ser “un hombre de Dios”, por nuestra falta de trato, de ternura, de humildad y de misericordia, por nuestros personalismos y divisiones que nos alejan de un estar “cerca de vosotros y cerca del resto de nuestros hermanos sacerdotes” y no caminar unidos. Y, también, os pedimos perdón por cualquier tipo de infidelidad que hayamos podido cometer al amor de Dios y a la misión encomendada. Y, como obispo, aunque lleve poco tiempo entre vosotros, os pido perdón si no he estado a la altura de lo que Dios me está pidiendo.

Sois nuestro gozo y nuestra corona, sois la herencia que el Señor nos ha dejado. Que Él os premie todo el bien con el que enriquecéis nuestra pobre vida y con el que nos ayudáis, muchos de vosotros colaborando intensamente en nuestro apostolado. ¡Gracias!

Queridos sacerdotes, queridos hijos, sostenidos y animados por la intercesión de la Virgen María, Madre de los Apóstoles, Ntra. Sra. de la Cabeza, de San Eufrasio nuestro Patrón, y de tantos mártires y santos que han abonado nuestras tierras con sus vidas, le pedimos al Señor que se haga presente poderosamente en nuestras vidas, y que nos llene de todos los bienes de su Espíritu, haciéndonos verdaderos instrumentos eficaces de su Reino.

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

 

 

 

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La Diócesis celebra la Misa Crismal

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El primer templo de la Diócesis ha acogido esta mañana la celebración de la Misa Crismal presidida por Monseñor José Rico Pavés.

En la jornada de hoy la Santa Iglesia Catedral ha acogido la celebración de la Misa Crismal presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, en esta celebración se ha consagrado el Santo Crisma y los restantes óleos o aceites utilizados para los distintos Sacramentos, acto que tiene como peculiaridad e importancia que solo puede realizarlo un Obispo. Asimismo, en esta Eucaristía se vive un momento muy especial para toda la Iglesia Asidonense, en concreto para el pueblo sacerdotal ya que renuevan sus promesas como presbíteros.

En la homilía Monseñor José Rico Pavés ha recordado como Cristo no actúa sólo sino con el Padre y ungido con el Espíritu Santo, así Cristo también nos pide seguir su camino con la vocación a la que Él nos llamado. Asimismo, debemos tener presente que Cristo es nuestro primer y principal pilar.

Por otro lado, el prelado ha mencionado la importancia de esta celebración para todo el pueblo de Dios pero especialmente para los sacerdotes que deben ser como diría el Santo Cura de Ars, amor del corazón de Cristo. Otra de las partes importantes de esta celebración a la que ha hecho mención Mons. Rico Pavés es la consagración del Santo Crisma y los óleos o aceites utilizados para los Sacramentos que muestran la gran entrega a la que el sacerdote esta llamado con los fieles a los que se les ha encomendado.

En la misma idea, el prelado ha pedido a las personas consagradas y seglares la importancia de rezar por todo el pueblo sacerdotal, asimismo, los propios presbíteros que sean pastores de los fieles que son la imagen de Cristo a los que deben acompañar.

Tras esta Misa Crismal recordamos las siguientes celebraciones que darán comienzo el Triduo Pascual, presidido por Monseñor Rico Pavés, iniciándose el Jueves Santo con la cena del Señor a las 17:30hrs, el Viernes Santo la Pasión del Señor a las 13hrs, el Sábado Santo la Vigilia Pascual a las 23hrs y por último el Domingo de Resurrección a las 11hrs.

Por último, Monseñor José Rico Pavés ha hecho público que tras el Domingo de Resurrección se podrá empezar a visitar los templos jubilares para conseguir la Indulgencia Plenaria con motivo del Año Jubilar concedido por la Santa Sede. – Aquí tienen información sobre este tema – https://wp.diocesisdejerez.org/2022/03/31/ano-jubilar-con-motivo-del-sagrado-corazon-de-jesus-toda-la-informacion-sobre-las-distintas-actividades-y-templos-jubilares/

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Monseñor Saiz dispensa el ayuno y la abstinencia del Viernes Santo

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Monseñor Saiz dispensa el ayuno y la abstinencia del Viernes Santo

Como cada año en el que las cofradías salen a la calle el Arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, ha dispensado el precepto del ayuno y la abstinencia tradicionales el Viernes Santo.

Se trata de una dispensa que, según reza el decreto, se concede “siendo consciente de la dificultad que en el modo de celebrar la Semana Santa en nuestra tierra implica para muchos fieles, teniendo en cuenta las circunstancias que concurren, la práctica de años pasados y la de otras Diócesis de nuestro entorno”.

Si bien, monseñor Saiz ha exhortado a los sevillanos a que mantengan, “si les es posible sin grave incomodidad”, el precepto tradicional de esta fecha y, si no les fuera posible, les invita a realizar “alguna obra de caridad con los pobres o cualquier otra obra de misericordia”. No en vano, esta piadosa práctica se viene conservando en la Iglesia Católica desde hace siglos en recuerdo de la Pasión y Muerte de Jesucristo y “como penitencia por nuestros pecados, que nos ayuda a una auténtica conversión del corazón”.

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LA CRUZ ARBOL ÚNICO EN NOBLEZA, por Miguel J. de la Santa Cruz Esteban

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La historia cambió un viernes. Por eso desde entonces se llama así, Viernes Santo. Aquel día era víspera del 14 del Nisán, la luna de Pesaj que es la cuarta luna llena del año, la Pascua de los judíos, ley perpetua para el pueblo hebreo para recordar la salida de la esclavitud y el paso del Mar Rojo. La Pascua coincidía aquel año con un sábado y por eso el día 14 sería más solemne.

Al atardecer del jueves había el Señor celebrado anticipadamente esa Pascua, en la que para perpetuar su pasión salvadora instituyó la Eucaristía y detenido cuando la oración de la noche se hacía más desgarradora. Pasó horas interminables aquella noche en las mazmorras del palacio de Caifás, temprano fue llevado ante el sanedrín que tenía tomada la decisión y que necesitaba eliminarlo cuanto antes y enseguida arrancaron de Poncio Pilato con un argumento falso, y sin juicio ninguno la determinación de crucificarlo como a los peores, como los que más que había que humillar, con los que quieren quitarle la honra negándole hasta la sepultura, y en el patio de la Torre Antonia azotado y herido lamentablemente Jesús abrazó la cruz

En muchas de nuestras casas siguen estando las imágenes del niño Jesús midiendo su cuerpecito con la cruz, otras veces dejándose caer sobre ella para medirla en su tamaño incluso una lámina con la sagrada familia en el taller de José haciendo Jesús una cruz aprendiendo el oficio de carpintero. ¡Qué ironía dirán algunos!

Y al tomar la cruz, aquel árbol empezó a reverdecer porque lo que hasta entonces había sido un patíbulo de soledad y de abandono, ahora tenían un Dios que se colocaba detrás y delante del reo. Desde que Jesús tomó su cruz todas las cruces tienen compañía y ya no hay crucificado solo, todas tienen a Dios con ellos y Dios se hace presente en todas sus cruces.

No solo la cruz es solidaridad de Dios y perdón de Dios. La Cruz desde que Jesús estuvo en ella es árbol de la vida, aquí no hay engaño como en el árbol del paraíso. Aquí no hay más que entrega y amor, y el amor ha hecho que todas las cruces, el odio y la venganza quedan vencidos por aquel que en ellas clamó perdón.

Prometiendo el cielo, entregando como madre de los hombres a su Madre que desde entonces esta nuestra, como suya, y pidiendo al padre que recogiera su espíritu.

Y entregado hasta el extremo, se ha convertido en camino de vida y fuente en la que se bebe el agua que quita la sed, en escuela en la que se aprende a vivir, en la que se sueña con la vida eterna, en la que se puede estar.

Miguel José de la Santa Cruz Esteban Jerez

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“Danos tu Espíritu Santo, para vivir de esta belleza que lo “hace todo nuevo”

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“Danos tu Espíritu Santo, para vivir de esta belleza que lo “hace todo nuevo”

Alocución del Vicario General, D. Francisco Javier Espigares Flores, en la estación de penitencia de la Hermandad Sacramental del Santísimo Cristo de San Agustín, Jesús Nazareno de las Penas, Nuestra Madre y Señora de la Consolación y Santo Ángel Custodio, el Lunes Santo, 11 de abril de 2022.

“Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará”.

Santísimo Cristo de San Agustín, tu rostro manifiesta la belleza de un amor entregado hasta el extremo. Si como dijo Dostoievski “la belleza nos salvará”, aquí está la belleza en estado puro. En medio del sinsentido de tantas cosas, guerras y divisiones… la belleza de tu amor irrumpe conquistando los corazones, para que vuelvan a latir más fuerte. Tu amor saca amor.

Santísimo Cristo de San Agustín, tu tránsito pascual ha vencido al mundo y es un manantial de vida eterna.

Danos tu Espíritu Santo, para vivir de esta belleza que lo “hace todo nuevo”.

Francisco Javier Espigares Flores
Vicario General de la Archidiócesis de Granada

Lunes Santo, 11 de abril de 2022

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“Con la ofrenda de Tu vida has pagado la deuda de Adán”

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“Con la ofrenda de Tu vida has pagado la deuda de Adán”

Alocución del Vicario General, D. Francisco Javier Espigares Flores, en la estación de penitencia de Nuestro Padre Jesús del Rescate, el Lunes Santo, 11 de abril de 2022.

Nuestro Padre, Jesús del Rescate, gracias por tu redención, por tu perdón, por tu dolor ofrecido por la salvación del mundo. Nosotros nos erigimos en salvadores de los demás, pero ni siquiera logramos salvarnos a nosotros mismos. Sólo Tú eres nuestro Salvador, el Redentor del mundo.

“Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. Con la ofrenda de Tu vida has pagado la deuda de Adán, devolviéndonos una inocencia de niños, una conciencia de salvados por pura gracia y misericordia. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados? Gracias a ti, la trampa se rompió y escapamos de la muerte.

Nuestro Padre, Jesús del Rescate, no nos abandones en mano de nuestro enemigo, para que podamos darTe gracias siempre y adorarTe en espíritu y verdad.

Francisco Javier Espigares Flores
Vicario General de la Archidiócesis de Granada

Lunes Santo, 11 de abril de 2022

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“Alumbra en tus dolores de parto el nacimiento de hombres y mujeres nuevos”

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“Alumbra en tus dolores de parto el nacimiento de hombres y mujeres nuevos”

Alocución del Vicario General, D. Francisco Javier Espigares Flores, en la estación de penitencia de la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, el Lunes Santo, 11 de abril de 2022.

Nuestra Señora de los Dolores, tú permaneciste junto a la cruz de tu Hijo y una espada atravesó tu alma. Alma de madre ensanchada en el Calvario para recibir como hijos a todos los discípulos de tu hijo, a toda la humanidad entera.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios.

Alumbra en tus dolores de parto el nacimiento de hombres y mujeres nuevos que vivan en este mundo al modo de Dios, que canten el cántico nuevo de los tres jóvenes, que aun en medio del horno de Babilonia, glorifiquen a Dios con todas las criaturas del cielo y de la tierra. Amén.

Francisco Javier Espigares Flores
Vicario General de la Archidiócesis de Granada

Lunes Santo, 11 de abril de 2022

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“La respuesta del Padre eres Tú, Cristo”

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“La respuesta del Padre eres Tú, Cristo”

Alocución del Vicario General, D. Francisco Javier Espigares Flores, en la estación de penitencia de la Hermandad de caridad del Santísimo Cristo del Trabajo y Nuestra Señora de la Luz, el Lunes Santo, 11 de abril de 2022.

Cristo del trabajo y Santísima María de la luz, estamos aún saliendo de esta dolorosa pandemia del coronavirus e inmersos en los horrores de la guerra en Ucrania, y en tantas otras situaciones de violencia. Experimentamos miedo e inseguridad. Y pareciera que el cielo callara ante tanto dolor. Pero el salmista dice: “El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es la defensa de mi vida. ¿Quién me hará temblar?”. El cielo no calla. La respuesta del Padre eres Tú, Cristo, su Palabra, el Cordero inocente que quitas el pecado del mundo. Estás con nosotros cargando con nuestros pecados y sufrimientos, y revelando así al Padre, la luz del cielo.

Cristo del trabajo y Santísima María de la luz, que no zozobre nuestra fe ni se paralice nuestra caridad, ni perdamos la esperanza.

Tú, el Cordero que has vencido y reinas con el Padre, por los siglos de los siglos. Amén

Francisco Javier Espigares Flores
Vicario General de la Archidiócesis de Granada

Lunes Santo, 11 de abril de 2022

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