Inicio Blog Página 3976

«Vayamos a proclamar con alegría que Cristo no está muerto, ha resucitado»

0

El obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, presidía la Vigilia Pascual en la Noche Santa de este 16 de abril acompañado por numerosos fieles que llenaron la Catedral. La celebración estuvo concelebrada por el ha presidido la Santa Misa de Resurrección del Señor, concelebrada por el vicario episcopal para la administración de los bienes diocesanos y relaciones institucionales, Jaime J. Cano, el vicario episcopal de Huelva-Ciudad, Joaquín S. Sierra, el rector del seminario, Isaac Moreno, entre otros sacerdotes, y el diácono Manuel Díaz. Auxiliaron en el altar los seminaristas y con el canto el Coro de la Santa Iglesia Catedral.

La Vigilia Pascual se iniciaba con la liturgia de la luz, a las puertas de la Catedral, con la bendición del fuego y la bendición del cirio, bellamente embellecido y encendido del fuego nuevo para simbolizar la nube luminosa del Éxodo y el Cuerpo Glorioso de Cristo. En este cirio que en esta noche es el mismo Cristo, grabado el año 2022 entre el alfa y la omega, pues Cristo, que atraviesa todo el tiempo desde el principio hasta a su fin, vivo en nuestro presente para llenarlo de luz. Así fue experimentado en la procesión de entrada cuando la Luz de Cristo del Cirio Pascual inundó la oscuridad del templo, disipando las tinieblas del corazón y el espíritu, y abriéndonos al gran acontecimiento de la historia proclamado en el pregón pascual.

A continuación, fueron proclamadas las nueve lecturas que recorren la historia de la salvación, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo: la Creación, pasando por el sacrificio de Abrahán, el paso del Mar Rojo, la nueva Jerusalén, la salvación gratuita y universal, la fuente de la sabiduría, el corazón y el espíritu nuevos, el Bautismo como sacramento pascual donde se nos comunica la salvación obrada por Dios en Cristo y el Evangelio con el relato pascual, precedido del canto solemne del aleluya, por primera vez desde el inicio de la Cuaresma, que resonó con una especial belleza en las voces del Coro de la Catedral.

En su homilía, Mons. Santiago Gómez Sierra invitó a entrar, en esta noche de vigilia, «en la experiencia de los discípulos de Jesús y de las mujeres que lo seguían. Efectivamente, para eso estamos aquí: para entrar en el misterio que Dios ha realizado esta noche santa». De este modo se adentró en la experiencia de los discípulos de Jesús y las santas mujeres que pasaron desde el «dolor afectivo y moral, de remordimiento, de miedo» a «la admiración» ante lo que vieron sus ojos que no podía ser obra humana. «He aquí el primer signo del Acontecimiento: la gran piedra ya había sido removida, y la tumba estaba abierta. Y dos hombres celestes les dicen: No está aquí, ha resucitado».

«El sepulcro vacío –continuaba el Obispo– ha sido el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección: para las mujeres y para Pedro. Sin embargo, los discípulos lo tomaron por un delirio y no las creyeron (Cfr. Lc 24,11). Los evangelios, lejos de mostrarnos una comunidad arrobada por una exaltación mística, nos presentan una comunidad abatida, asustada, escéptica ante cualquier futuro que tuviera que ver con Jesús. Así, la fe de la primera comunidad cristiana se funda en el testimonio de hombres concretos, que eran conocidos y vivían entre ellos, y de mujeres, primeras mensajeras de la Resurrección de Cristo para los propios Apóstoles, con lo que se reconoce significativamente el lugar de la mujer en la comunidad cristiana».

A partir de esa experiencia de los primeros testigos de la Resurrección, D. Santiago explicó que «entrar en la Pascua nos exige no tener miedo de la realidad, no cerrarse en sí mismos, no huir ante lo que no entendemos, no eliminar las preguntas cuyas respuestas no están a nuestro alcance», y recordó la frase de San Juan Pablo II al comienzo de su pontificado: No tengáis miedo. Abrid las puertas a Cristo. «Como las mujeres que recibieron el anuncio de la resurrección, vayamos a proclamar con alegría que Cristo no está muerto, ha resucitado, ya no muere más, vive para siempre; aunque nos tengan por locos».

Contemplando la narración de la historia de la salvación en la liturgia de la Palabra, explicó que «la resurrección de Cristo es el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento y del mismo Jesús durante su vida terrenal» y animó, por tanto, a volver sobre las Escrituras «para entender y vivir la Pascua y el mundo nuevo que Dios abre en la Resurrección de Jesucristo». Acontecimiento que nos afecta por el bautismo, por lo que «no somos sólo admiradores de un acontecimiento extraordinario, sino que el sacramento del bautismo sumerge al hombre en la realidad que significa: en la muerte y resurrección de Cristo». De este modo, concluyeron sus palabras para dar paso a la tercera parte de la Vigilia Pascual, la liturgia bautismal.

Este tercer momento se iniciaba con las letanías de los santos, que daba paso a la bendición del agua, un bellísimo resumen de la teología bautismal, y la renovación de las promesas bautismales, centro de nuestra vida cristiana. Finalmente, la celebración culminó con la liturgia Eucarística, elemento central de esta Vigilia y máxima expresión del Misterio Pascual, pues en ella se renueva la Muerte y Resurrección de Jesucristo.

La entrada «Vayamos a proclamar con alegría que Cristo no está muerto, ha resucitado» se publicó primero en Diócesis de Huelva.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Peregrinación Europa de Jóvenes y la Campaña de la Renta en Iglesia Noticia

0

Peregrinación Europa de Jóvenes y la Campaña de la Renta en Iglesia Noticia

En este nuevo programa del “Iglesia Noticia” les hablamos de la Peregrinación Europea de Jóvenes a Santiago de Compostela que tendrá lugar del 30 de julio al 8 de agosto. Una iniciativa promovida por la CEE en preparación a la Jornada Mundial de la Juventud Lisboa 2023.

Asimismo les hablamos de la campaña anual de la Renta que ya está en marcha y en la que los contribuyentes tienen la oportunidad de colaborar con la misión y labor de la Iglesia Católica y los fines sociales marcando la casilla de la X.También les anunciamos el concierto homenaje al nacimiento de Isabel La Católica que será el próximo 22 de abril en la Capilla Real, así como del Encuentro Nacional de voluntarios de Scholas y de la I Jornada de sociedad y espiritualidad.

Escuchar programa

Ver este artículo en la web de la diócesis

“Él había de resucitar de entre los muertos”

0

“Él había de resucitar de entre los muertos”

Evangelio de hoy, domingo 17 de abril. Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor.

– Hch 10, 34a. 37-43.
– Sal 117.
– Col 3, 1-4.
– Secuencia. Ofrezcan los cristianos.

– Jn 20, 1-9.

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

Ver este artículo en la web de la diócesis

La Iglesia Asidonense celebra el Triduo Pascual

0

La Santa Iglesia Catedral ha acogido el Triduo Sacro presidido por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez.

Jueves Santo Misa Cena del Señor

Celebración completa de la Cena del Señor

El Jueves Santo comenzaba en la Santa Iglesia Catedral el Triduo Sacro con la celebración de la Cena Señor presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. Tras las celebraciones del Domingo de Ramos con la Misa de palmas y la Misa Crismal con la consagración del Santo Crisma y los distintos óleos y aceites que serán utilizados en los Sacramentos, se iniciaban los Santos Oficios que por primera vez presidía el pastor diocesano tras tomar posesión el pasado 31 de julio del pasado año.

Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez recordaba en su predicación la importancia de vivir este Triduo Sacro como una oportunidad nueva de renovar con Cristo nuestra vida. Asimismo, utilizar este encuentro para acercarnos aún más a la eternidad y así llenar nuestro corazón del amor de Cristo el cual es necesario para nuestra vida, ya que sin él estaremos desorientados en nuestra vida.

Por otro lado, el prelado recordaba la importancia de la liturgia de estos días, al igual que todo lo que vivimos en la calle con las Hermandades y Cofradías que nos indican que estamos viviendo un momento especial que desembocará en el tiempo litúrgico de la Pascua. Igualmente, el pastor diocesano nos recordaba en las distintas lecturas de la Sagrada Escritura como nos va indicando y anticipando al momento culmen de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

En otro orden de ideas, Monseñor Rico Pavés subraya una palabra “conmemoración o memorial”, haciendo referencia a lo que vivimos cada día en la Eucaristía donde Cristo se hace presente con su cuerpo y sangre haciéndonos partícipe de la entrega más grande de todos los tiempos. Asimismo, nop debemos olvidar ese amor extremo de Cristo que se postra ante los apóstoles y les lava los pies como signo de servicio a los demás.

Por último, la reserva de la Eucaristía fue llevada hasta el sagrario situado en el templo catedralicio donde todos los fieles allí presentes adoraron junto al Sr. Obispo.

Viernes Santo Celebración de la Pasión del Señor

Celebración completa de la Pasión del Señor

Tras el primer día del Triduo Sacro con la celebración de la Misa de la Cena del Señor, llegaba el segundo día con la celebración de la Pasión del Señor, presidida por Monseñor José Rico Pavés, en la que el símbolo de la cruz y su adoración era la protagonista.

Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, el prelado recordó en su homilía la importancia de mirar con los ojos de Cristo estas celebraciones para así poder vivirla intensamente, esto quiere decir poner todos los sentidos en este momento que estamos viviendo y sentirlo desde lo más profundo.

“Dios mío, por qué me has abandonado” con estas palabras Monseñor Rico Pavés nos recuerda como Cristo se abandona al Padre porque se sabe sostenido por su amor. Este hecho nos hace darnos cuenta de que debemos abandonarnos a la voluntad del Padre y experimentaremos su ternura.

En otro orden de ideas, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez subraya que debemos aprender amando y dejarnos curar las heridas por el amor de Cristo. Igualmente, subraya la importancia de calmar nuestra sed en el costado abierto de Cristo, donde siempre estaremos saciados si ponemos nuestra vida en Él.

“Derramar amor hacia todos”, con estas palabras el prelado nos recuerda que estamos hechos para amar y ese acto ensancha nuestro corazón haciendo que podamos acercarnos a la eternidad. Asimismo, sobre todo debemos amar a nuestros enemigos y acordarnos de aquellos que no aman.

Por último, el día de la adoración de la cruz el prelado nos recuerda que en la debilidad Dios es capaz de sacar frutos y llenarnos de su fuerza.

Sábado Santo Vigilia Pascual

Celebración completa de la Vigilia Pascual

Tras la Pasión del Señor vivíamos en el primer templo de la Diócesis la Vigilia Pascual, la celebración de la Resurrección de Cristo. Comenzábamos en la entrada de la Santa Iglesia Catedral, para una vez encendido el Cirio Pascual, todos los presentes junto al Sr. Obispo de Asidonia-Jerez, Monseñor José Rico Pavés, que presidía la Vigilia, entraban en el templo madre de la Diócesis para seguir con la liturgia de la celebración.

“De manos de la Iglesia hemos sido introducidos en un encuentro nuevo con Cristo que cambia definitivamente la vida”, con estas palabras Monseñor José Rico Pavés nos recuerda el inmenso amor que el Señor nos tiene al entregar su vida por todos nosotros. Asimismo, el prelado ha mencionado que el encuentro con Cristo es dejarnos guiar por su luz para que en esta vida no estemos desorientados.

Por otro lado, el Sr. Obispo Asidonia-Jerez, ha mencionado que el don de la fe es mirar este mundo con los ojos de Cristo. Asimismo, ha recordado que en la segunda parte de la Vigilia la liturgia nos hace ver como la palabra nos anuncia lo que hoy celebramos, y en Cristo el Padre nos ha dicho todo, por ello debemos acogerlo a Él.

En otro orden de ideas, Mons. Rico Pavés ha mencionado la renovación bautismal que nos marca el inicio de una nueva vida, el nacimiento de algo nuevo. Por ello, debemos vivir cada momento de la liturgia como novedad, porque si no es así y en cambio lo vivimos como rutinario es señal de que nuestro corazón se está estrechando.

“Misterio de amor por el cual Cristo nos concede participar en su hora en el momento de la cruz”, con estas palabras ha recordado el prelado la importancia de la Eucaristía ya que así cuidaremos nuestro trato con Cristo, ya que siempre que participamos de ella ensanchamos nuestro corazón. Asimismo, la Santa Misa es puerta de comunión con la Santísima Trinidad, por ello para ser comunión el pueblo de Dios debe participar con Él de Sacramento del Altar.

Ver este artículo en la web de la diócesis

UNA VIDA NUEVA ES POSIBLE

0

Mirad, hace casi dos mil años que la Luz de una vida nueva ha salido a borbotones de la oscuridad de una tumba. Cuando ya no esperábamos más que el vacío y la nada, todas las cosas se han empapado de esta luz: el cielo, la tierra y las fosas abisales más profundas. ¿Pero nosotros vemos esta luz?

Hermanos, esta luz que es vida nueva se nos regaló ya el día de nuestro bautismo, el día en que “por el bautismo fuimos sepultados con Cristo en su muerte, para que lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos, por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva.” Rm 6,4

En Pascua celebramos la resurrección de Cristo como algo que nos ha transformado, que nos ha cambiado la vida y nos la sigue cambiando. Ahora, en esta Noche Santa, seis adultos han pedido a la Iglesia el Bautismo: Jessica, Jaime, Miguel, William, Miguel y José Antonio.  En el bautismo cada persona es insertado en una compañía de amigos que no lo abandonará nunca, ni en la vida ni en la muerte, porque esta compañía de amigos es la familia de Dios, que lleva en sí la promesa de eternidad. Esta compañía de amigos, esta familia de Dios, en la que ahora son insertados, les acompañará siempre, incluso en los días de sufrimiento, en las noches oscuras de la vida; les brindará consuelo, fortaleza y luz.

Ahora, en esta Noche Santa, seis adultos han pedido a la Iglesia el Bautismo: Jessica, Jaime, Miguel, William, Miguel y José Antonio.  En el bautismo cada persona es insertado en una compañía de amigos que no lo abandonará nunca

Esta compañía, esta familia, le dará palabras de vida eterna, palabras de luz que responden a los grandes desafíos de la vida y dan una indicación exacta sobre el camino que conviene tomar. Esta compañía brinda a estos catecúmenos el consuelo, la fortaleza, el amor de Dios incluso en el umbral de la muerte, en el valle oscuro de la muerte. Les dará amistad, les dará vida. Y esta compañía, siempre fiable, no desaparecerá nunca. Ninguno de nosotros sabe lo que sucederá en el mundo, en Europa, en los próximos cincuenta, sesenta o setenta años. Pero de una cosa estamos seguros: la familia de Dios siempre estará presente y los que pertenecen a esta familia nunca estarán solos, tendrán siempre la amistad segura de Aquel que es la vida, porque creemos en Cristo resucitado que nos cuidará y estará con nosotros hasta el fin del mundo.

Mirad, escuchad, como ellos y cada uno de nosotros hemos recibido el don de esta vida nueva y la facultad de acogerla, así como la gracia suficiente para vivirla. Eso sí, por qué no nos preguntamos: ¿Realmente queremos vivir como hijos de la luz? Es sorprendente, pero nuestra fe se cimienta en ese cambio radical que nos introduce hasta los tuétanos en la vida divina. Pues Cristo ha cambiado hasta la naturaleza de la propia muerte. No miréis la vida con mezquindad, no busquéis metas raquíticas, nos os conforméis con ir tirando, no os amarguéis por las cosas perecederas… Dios ha transformado nuestras tragedias, a veces cómicas, en una victoria total. Por favor, estáis bautizados, ¡sonreíd y alzad la cabeza! Cristo no ha dado este paso, esta Pascua, para que sigamos como paganos poniendo la esperanza en las limitaciones y las fronteras de nuestra propia debilidad. No viváis como humillados sin futuro, vivid como Hijos de Dios. ¿O es que pensáis que hay algo más grande que este amor derramado?

No miréis la vida con mezquindad, no busquéis metas raquíticas, nos os conforméis con ir tirando, no os amarguéis por las cosas perecederas… Dios ha transformado nuestras tragedias, a veces cómicas, en una victoria total.

Cada vez más los creyentes nos negamos a nosotros mismos como Pedro, calentándose en la pequeña hoguera del patio del palacio del gobernador; cada vez que los católicos nos mostramos como los discípulos en el cenáculo con las puertas cerradas por miedo a los de fuera… y al qué dirán… nosotros mismos nos ponemos los límites y perdemos el sentido de nuestras vidas, preocupados por el día a día, tan raquítico como el siguiente, y poco a poco se va apagando la llama pascual de nuestras vidas –la misma que cada año portamos en nuestras manos y renovamos en la vigilia pascual– para que como muertos vivientes alcancemos una meta desprovista de significación, y lo que es peor, falta de vida. Sin Cristo, nos estrellamos al hueco vacio del sepulcro.

Creemos que ocultando y olvidando la muerte nuestra vida será más agradable, pero siempre será más absurda porque la muerte es inevitable. Estemos atentos, porque, aunque estemos bautizados, podemos vivir de vacío como si Cristo no hubiera muerto y resucitado por nuestra salvación. Y, si no, ¿dónde está nuestra alegría pascual? ¿Dónde nuestro gozo de criaturas salvadas? ¿Dónde nuestro gusto por las cosas eternas, imperecederas? ¿Dónde se trasparenta en nuestras actitudes cotidianas la plenitud de la VIDA, con mayúsculas?

En esta noche santa, hermanos, vamos a pedirle al Señor del fuego y de la luz, que brille siempre en el mundo el fuego del amor servicial y generoso. Encendamos en el corazón de todas las personas del mundo la luz y la llama de este cirio pascual, la Luz de Cristo, para que arda e ilumine la vida de todas las personas de buena voluntad.

¿Y si no, para qué estamos bautizados?

 + Antonio, vuestro obispo

PASCUA 2022

Ver este artículo en la web de la diócesis

¡Alegría y paz hermanos, que el Señor resucitó!

0

Mensaje del Obispo Nivariense para la Pascua de Resurrección 2022

 

«Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva»
[1ª Carta de San Pedro 1,3]

 

¡Feliz Pascua de Resurrección! La certeza de que Cristo, resucitado de entre los muertos, vive y camina con nosotros, nos llena de paz y alegría.

«El anuncio de la Pascua es este: Cristo está vivo, Cristo acompaña mi vida, Cristo está junto a mí; Cristo llama a la puerta de mi corazón para que lo deje entrar, Cristo está vivo. En estos días pascuales, nos hará bien repetir esto: el Señor vive» (Papa Francisco. Domingo de Resurrección ‘2021).

Sí. ¡Felicidades! ¡Alegría y paz hermanos, que el señor resucitó! Verdaderamente ha resucitado el Señor y eso tiene repercusión en nuestra vida. Cristo ha resucitado de entre los muertos, ha vencido la muerte, que ya no tiene dominio sobre Él. Esta victoria no sólo beneficia a Cristo, sino a todos nosotros, pues —como proclamamos en la liturgia de la Iglesia— “en Él, nuestra muerte ha sido vencida y en su resurrección hemos resucitado todos”, o también: “muriendo, destruyó nuestra muerte y resucitando nos dio nueva vida”.

Justamente, porque Cristo ha resucitado y vive para siempre, sus palabras tienen permanente actualidad y valen para nosotros como si fueran pronunciadas hoy por primera vez. Él es el mismo ayer, hoy y siempre; por eso, es contemporáneo nuestro y podemos tener una relación personal, de tú a tú, con Él. Cuando, por la fe, esa relación se da, el milagro de la resurrección acontece en nuestra propia vida. Por su poder nos convertimos en hijos de Dios y, también, con la fuerza que Él nos da, progresivamente, vamos viviendo como Él vivió.

Por eso, con palabras de San Pedro, podemos decir: «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva» (1Pe. 1,3). Al celebrar la Pascua todos estamos invitados a brindar por la vida y la esperanza. Por el poder de Cristo Resucitado podemos ser mejores personas y más felices. Nada ni nadie está definitivamente perdido para el Señor.

Por muy difícil y oscura que sea nuestra realidad, por muy lamentable que sea la situación a la que hemos llegado, todos podemos renacer para dar los frutos de esa vida nueva que Jesús conquistó para Él y para todos nosotros cuando resucitó. Cada día se pueden cumplir en nosotros aquellas palabras del Salmo 117,23: “Es el Señor quien lo ha hecho, es un milagro patente”.

Todos conocemos personas cuya vida es una verdadera “aparición del Señor Resucitado”, es decir, personas que de tal modo “viven en Cristo” y “Cristo vive en ellas”, que el amor, la bondad, la lucha por la paz y justicia… resplandecen en su vida. Como dice un himno de la liturgia:

«Quien diga que Dios ha muerto
que salga a la luz y vea
si el mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto.
Ya no es su sitio el desierto
ni en la montaña se esconde;
decid, si preguntan dónde,
que Dios está -sin mortaja-
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde».

San Pablo nos dice que, “quien está en cristo es una criatura nueva” (2Cor. 5,17) y eso se ha de notar en la vida. El lema de la Semana Santa de este año, “queremos ver a Jesús”, fueron las palabras de unos griegos al apóstol Felipe. Esas palabras que siguen resonando hoy -explícita o, implícitamente- en muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo que también nos dicen a los seguidores de Jesucristo: “queremos ver a Jesús”.

Así, nos lo decía San Juan Pablo II, al comienzo del siglo XXI: “Los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no sólo «hablar» de Cristo, sino en cierto modo hacérselo «ver». ¿Y no es quizá cometido de la Iglesia reflejar la luz de Cristo en cada época de la historia y hacer resplandecer también su rostro ante las generaciones del nuevo milenio?” (NMI 16).

Quienes nos dejamos tocar por el poder de la resurrección de Cristo, podemos ser “personas nuevas” y reflejarlo en nuestra vida viviendo como vivió Él. Así nos los dice San Juan en su primera carta: “Quien dice que permanece en él, debe vivir como vivió él” (1Juan 2,6). Por eso, quien tiene una nueva vida en Cristo, se le ha de notar es que es creyente y testigo de la fe, alegre y entusiasta, discípulo misionero. En su vida se muestra como una persona dinámica y creativa, compasiva y misericordiosa, renovada y renovadora, libre y liberadora, solidaria y generosa.

Como nos dice una canción litúrgica, gracias al poder de la Resurrección de Cristo en nosotros, los cristianos estamos llamados a ser: “Hombres nuevos, creadores de la historia, constructores de nueva humanidad… Hombres nuevos, luchando en esperanza, caminantes, sedientos de verdad… Hombres nuevos, amando sin fronteras, por encima de razas y lugar. Hombres nuevos, al lado de los pobres, compartiendo con ellos techo y pan”.

Cualquiera de nosotros, si queremos ser así, podemos serlo, porque Cristo ha resucitado para darnos a todos nueva vida. Nadie queda excluido de su amor y del poder de su resurrección. Por eso podemos decir y les digo a todos, ciertamente “este el día que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo” (Salmo 117,24). Es lo que les deseo de todo corazón. ¡Feliz pascua de Resurrección!

 

† Bernardo Álvarez Afonso

          Obispo Nivariense

– MENSAJE EN PDF

– AUDIO:

Ver este artículo en la web de la diócesis

“¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”

0

“¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”

Evangelio del sábado 16 de abril. Evangelio de hoy, Vigilia Pascual en la Noche Santa.

– 1.ª Gén 1, 1 — 2, 2.
– Sal 103.
– 2.ª Gén 22, 1-18. E
– Sal 15.
– 3.ª Éx 14, 15 — 15, 1a.
– Salmo: Éx 15, 1-18.
– 4.ª Is 54, 5-14.
– Sal 29.
– 5.ª Is 55, 1-11..
– Salmo: Is 12, 2-6.
– 6.ª Bar 3, 9-15. 32 — 4, 4.
– Sal 18.
– 7.ª Ez 36, 16-17a. 18-28.
– Sal 41.
– Rom 6, 3-11.
– Sal 117.
– Lc 24, 1-12.

El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas quedaron despavoridas y con las caras mirando al suelo y ellos les dijeron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea, cuando dijo que el Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar”. Y recordaron sus palabras. Habiendo vuelto del sepulcro, anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás. Eran María la Magdalena, Juana y María, la de Santiago. También las demás, que estaban con ellas, contaban esto mismo a los apóstoles. Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. Pedro, sin embargo, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, ve solo los lienzos. Y se volvió a su casa, admirándose de lo sucedido.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Pésame a la Virgen, en Baza y en Guadix

0

Pésame a la Virgen, en Baza y en Guadix

Durante la mañana del Sábado Santo la ciudad de Baza ha tenido la oportunidad de pasar por la Iglesia de la Piedad y rezar ante la Virgen , contemplándola en el misterio de su soledad. Es lo que se conoce como el “pésame a la Virgen”, en un día en el que la Igelsia recuerda que Jesús está en el sepulcro, muerto, en espera del gran día de la resurrección.

El obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, ha visitado la imagen de la Soledad que hay en la iglesia de la Piedad y ha participado en ese pésame a la Virgen. Acompañado del arcipreste de Baza, Emilio Fernández, y de otros sacerdotes y feligreses de la cuidad, Mons. Orozco ha rezado ante la imagen, ha ofrecido su oración por todos los sufrimientos y soledades del mundo y ha animado a vivir la alegría y la esperanza de la resurrección. Es lo que la Iglesia celebrará a partir de esta noche, en la Vigilia Pascual, y sobre todo mañana, Domingo de Resurrección.
Ya por la tarde, también en el Sábado Santo, Mons. Orozco visitará la imagen de la Soledad que hay en la parroquia de San Miguel, en Guadix, también para participar en el “pésame a la Virgen”.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de Mcs. Guadix

 

Ver este artículo en la web de la diócesis

“En Cristo encontramos la verdad de quién es el ser humano, que no puede vivir ignorando el sufrimiento, el dolor y el mal”: Mons. Orozco en los Oficios del Viernes Santo

0

“En Cristo encontramos la verdad de quién es el ser humano, que no puede vivir ignorando el sufrimiento, el dolor y el mal”: Mons. Orozco en los Oficios del Viernes Santo

 

La Iglesia se prepara para vivir la gran celebración de la Resurrección del Señor. Será en la noche del sábado al domingo, cuando las parroquias vivan una de las liturgias más sugerentes y expresivas delo que es la fe y lo que supone creer en Cristo. Sobre todo, será una liturgia, la de la Vigilia Pascual que invita a la alegría, porque Cristo ha resucitado, que anima a sentirse miembro de una Iglesia que anuncia la resurrección y que celebra el triunfo de Jesús sobre la muerte y el amor sobre el mal.

Con la Vigilia Pascual y la Misa de Resurrección del domingo culmina una semana que ha sido muy intensa, las más intensa del todo el año. Así se ha vivido en las parroquias y así se ha vivido, también, en la catedral de Guadix, donde las celebraciones han estado presididas por el obispo accitano, D. Francisco Jesús Orozco.

Desde el Domingo de Ramos, D. Francisco Jesús ha ido desvelando y actualizando en sus homilías el sentido de cada uno de los días grandes de la Semana Santa. Así lo hizo el Jueves Santo y ayer, Viernes Santo, en el que habló del significado de la cruz para los hombres de hoy. Decía Mons. Orozco que ““el verdadero drama de nuestra sociedad, y de nuestra cultura, y de nuestra convivencia, y de nuestro corazón es que hemos prostituido la cruz de Cristo. Hemos hecho de la cruz de Cristo, de su amor y de su muerte, una leyenda para disfrutar unos días con una semana de vacaciones en la que todo importa menos ponernos de rodillas y agradecer este gran amor que Dios nos ha tenido´.

`Por eso, esta liturgia, queridos hermanos, nos invita a venerar la cruz, a ser creyentes, a vivir desde la fe, a reconocer que solamente Cristo tiene palabras de vida eterna, que Él es la verdadera medida de la verdadera identidad de la verdad de Dios, que nos ama y nos perdona´.

`Y, a la vez, en Él encontramos la verdad de quién es el ser humano, que no puede vivir ignorando el sufrimiento, el dolor y el mal; que tiene que dar sentido a las noches de su vida y a la última de las noches, la muerte; y que ,mirando la cruz, que es signo de identidad cristiana, tiene que saber gritar a todo el mundo, con su propia vida, sus propias, obras y sus propias palabras, que se puede ser feliz a pesar del dolor, porque alguien con mayúscula, Dios, Cristo Jesús, haciéndose uno de nosotros, ha entrado dentro de nuestra noche y destruyéndola nos ha dicho que nuestra cruz y nuestra muerte, en la suya, ha sido redimidas”.

La Vigilia Pascual, en la catedral, será a las 11 de la noche y la Misa del Domingo de Resurrección será a las 12 de la mañana. Las dos serán retransmitidas por el canal de YouTube de la catedral.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de Mcs. Guadix

 

Ver este artículo en la web de la diócesis

Homilía en la Misa Crismal

0

Es costumbre, en este día, reunirnos todo el presbiterio junto al obispo, a los diáconos permanentes, religiosos y un buen grupo de fieles, en la Catedral para la celebración de la Misa Crismal. Aunque la estemos celebrando anticipadamente, la Iglesia la sitúa en el Jueves Santo, día de la institución del Sacramento de la Eucaristía y, en íntima relación, del Sacramento del Orden sacerdotal.

Los óleos que bendecimos y el crisma que consagraremos son signos de la comunicación misteriosa e incesante del Espíritu, con la que Jesucristo, consuela a los enfermos, santifica a los catecúmenos y a los cristianos, y nos consagra a los sacerdotes para que seamos signos vivientes de su presencia santificadora en medio de su pueblo.

El Señor vivió su vida humana en íntima comunión filial con el Padre del Cielo, una comunión hecha de amor, alabanza y obediencia. Esta comunión de amor quedó consumada en el momento supremo de su muerte en la Cruz. Desde entonces, su amor filial es la máxima expresión de la Alianza de Gracia ofrecida por el Padre en Cristo a la humanidad entera. Todo hombre, al ser pensado por Dios y llamado a la vida, está insertado en esta relación de amor y de gracia que viene del Padre, renace en el Hijo y permanece en la plenitud del Espíritu Santo.

Por el bautismo nos incorporamos de manera más íntima en esta relación de amor y de vida. Pues, somos injertados en Cristo y por Él y en Él recibimos el amor del Padre, su Espíritu; por Él y en Él podemos amar a Dios como Padre, con la reverencia y la confianza del mismo Jesús; por Él y en Él vivimos en el mundo como hijos, puesto nuestro corazón en las cosas eternas, libres para la alabanza y para la fraternidad, libres para hacer obras de justicia y de misericordia, siendo testigos y constructores de la nueva humanidad de Dios inaugurada por la encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad, Sumo Sacerdote, Víctima y Altar, que ha unido plenamente el cielo con la tierra.

Nosotros, sacerdotes y obispos, llamados, consagrados y unidos a Cristo, compartiendo sus sentimientos y su misión, somos signos e instrumentos de su amor, extensión viviente del sacerdocio de Jesús en todos los tiempos y en todos los lugares de la tierra.

Por ello, la vocación que hemos recibido nos apremia a vivir totalmente arraigados en Jesús, de manera que sus sentimientos sean nuestros sentimientos, sus palabras sean nuestras palabras, y sus obras de perdón y misericordia sean el ejemplo y la referencia permanente de nuestras buenas obras. Somos de alguna manera continuación y manifestación de la presencia invisible de Jesús, Sacerdote y Mesías, en este mundo visible. No somos sucesores de un fundador. Por la consagración sacerdotal, de forma íntima y misteriosa, somos la presencia visible de su actual presencia invisible en el corazón de todos los hombres de buena voluntad, como cabeza de la Iglesia, como fuente secreta de vida nueva, como principio de una nueva humanidad.

Por lo tanto, la prioridad de nuestro ministerio, sobre todo, es hacer presente a Dios. No a un Dios cualquiera, sino al Dios que habló en el Sinaí, al Dios cuyo rostro reconocemos en el amor llevado hasta el extremo (Cfr. Jn 13,1) en Jesucristo crucificado y resucitado.

Jesús nos ha llamado para compartir su misión y hacernos sus amigos. ¡Qué gran honor! Demos gracias al Señor por este gran regalo siempre inmerecido.

Queridos sacerdotes, en esta celebración solemne quiero agradeceros, en nombre del Señor y de todo el pueblo de Dios, de nuestra Iglesia de Jaén, vuestra entrega y fidelidad, vuestro trabajo de cada día y vuestra buena voluntad tantas veces manifestada. Demos gracias por el fruto de la ordenación sacerdotal de Antonio José Blanca, que el pasado mes de junio se incorporaba a nuestro presbiterio.

Tengamos un recuerdo especial por nuestros hermanos recientemente fallecidos: D. Pablo Luis Armero, D. Antonio Cobo, D. Miguel Funes, D. Bernardo Velasco, D. Juan Antero Hurtado, D. Lorenzo Pérez y D. Miguel Reyes. Y, también, por los ancianos y enfermos que no han podido venir hoy aquí a pesar de sus deseos, y por los que padecen cualquier tribulación o crisis.

Os animo a vivir sinceramente nuestra fidelidad al don recibido y nuestra  fraternidad sacramental; a poner vuestra vida totalmente al servicio de Dios y de nuestro pueblo, sin reservarnos nada – pues somos “todo del Señor” – , con la madurez que requiere nuestro ministerio y sin olvidar el frescor del “amor primero”.

Nuestras comunidades, las nuevas generaciones, las personas que forman nuestra sociedad jiennense, las que viven la dureza del día a día, en la familia, en el trabajo, en la angustia de no vivir una vida digna, y que muchos de ellos, jóvenes y adultos, se pueden encontrar en la desesperanza y solos, necesitan de nosotros, del “signo eficaz” de nuestro ministerio que siempre es joven, esperanzador y generoso.

Queridos seminaristas, sois la esperanza de nuestro presbiterio y de nuestra Iglesia de Jaén. Os animo a hacer este camino de preparación al Ministerio sacerdotal, con paso firme y decidido, sin que os falte la ilusión y el agradecimiento a la llamada que habéis recibido y la respuesta que estáis dando, ante el Misterio tan enorme y hermoso que Dios quiere poner en vuestras manos para el servicio de Su pueblo.

Comparto, con todos vosotros, el dolor que siento, que es también el dolor de nuestro pueblo, de saber que este año, el aceite que va a ser consagrado, no será  utilizado en su plenitud, consagrando unas manos nuevas para el ofrecimiento del sacrificio de Cristo. Durante varios años vamos a vivir esta “sequedad”, pero la misma nos debe llamar a todos a la responsabilidad que tenemos para hacer vibrar el corazón de aquellos jóvenes que, estoy convencido, el Señor está llamando y que necesitan de nuestra oración y de nuestro hermoso testimonio, para alcanzar la fortaleza necesaria para responder a la voluntad de Dios.

A pesar de las dificultades, con las que nos encontramos, y de las grandes exigencias de nuestro sacerdocio, hoy queremos y volvemos a renovar ante el pueblo de Dios nuestros compromisos y deseos de ser los “fieles servidores” del Señor para el bien de nuestros hermanos, Su pueblo.

Delante de vosotros, queridos fieles, manifestamos nuestra voluntad sincera de fidelidad y de servicio. Queremos vivir con integridad y total entrega nuestro ministerio, queremos vivir intensamente unidos a Jesucristo para ser auténticos  anunciadores y dispensadores de los bienes de la salvación.

“Señor, hoy, en la pobre barca de nuestra vida, nos vuelves a decir: remar mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca. Y nosotros, temerosos ante la responsabilidad de la misión encomendada, te decimos: en tu palabra echaré las redes. (Cfr. Lc 5, 3 – 5) ¡Gracias por tu confianza! ¡Gracias por el amor con el que has ungido todo nuestro ser!”  Y ante los avatares de la vida Él nos sigue diciendo: No tengáis miedo, yo estoy con vosotros hasta el fin de los tiempos (Cfr. Mt 28, 10.20).

Queridos sacerdotes, caminemos con fortaleza, alegría y esperanza. El Señor sigue realizando hoy también su obra de renovación y de redención, y cuenta con nosotros, ungidos con la fuerza de su Espíritu, como contó con la confianza y la fuerza de los Apóstoles, con el vigor y la eficacia de los primeros cristianos. Por ello, vivamos con seriedad nuestra vida espiritual y nuestro deseo de ser cada día más santos, respondiendo fielmente a su voluntad.

El Señor y la Iglesia necesitan sacerdotes identificados con la palabra de Jesús, impregnados y enardecidos por su mismo Espíritu, enriquecidos por los sacramentos que celebran, por la oración asidua y la comunión de vida, y, llenos del don de la Caridad Pastoral, dedicados con entusiasmo y generosidad al ejercicio del ministerio apostólico. En definitiva, necesitan de nosotros que seamos “buenos pastores”, “hombres de Dios”.

Queridos hijos, laicos y religiosos que nos acompañáis esta mañana, que estáis cerca de vuestros pastores, en vosotros está presente el pueblo de Dios que camina en la Iglesia del Santo Reino, ¡rogad por nosotros!, ayudadnos con vuestra oración constante, con vuestra comprensión y afecto. No somos más que nadie. Hemos sido sacados de entre vosotros para que, ungidos y unidos a Cristo, compartiendo su misión, sed devueltos a vosotros para serviros y ayudaros, y, caminando juntos, alcanzar la salvación. Salvación que podemos degustar en nuestro día a día, respondiendo al amor y a la voluntad de Dios, pero que deseamos conseguir en plenitud cuando lleguemos a la casa del Padre.

Somos débiles y pecadores, como cualquiera de vosotros, pero con la responsabilidad de una misión que nos sobrepasa y nos sobrecoge. El calor de vuestra cercanía y de vuestra oración nos ayudará a que seamos “santos sacerdotes”.  

Os pedimos perdón por nuestras deficiencias, por los momentos en los que no reconocéis en nosotros el “corazón del buen pastor”, ser “un hombre de Dios”, por nuestra falta de trato, de ternura, de humildad y de misericordia, por nuestros personalismos y divisiones que nos alejan de un estar “cerca de vosotros y cerca del resto de nuestros hermanos sacerdotes” y no caminar unidos. Y, también, os pedimos perdón por cualquier tipo de infidelidad que hayamos podido cometer al amor de Dios y a la misión encomendada. Y, como obispo, aunque lleve poco tiempo entre vosotros, os pido perdón si no he estado a la altura de lo que Dios me está pidiendo.

Sois nuestro gozo y nuestra corona, sois la herencia que el Señor nos ha dejado. Que Él os premie todo el bien con el que enriquecéis nuestra pobre vida y con el que nos ayudáis, muchos de vosotros colaborando intensamente en nuestro apostolado. ¡Gracias!

Queridos sacerdotes, queridos hijos, sostenidos y animados por la intercesión de la Virgen María, Madre de los Apóstoles, Ntra. Sra. de la Cabeza, de San Eufrasio nuestro Patrón, y de tantos mártires y santos que han abonado nuestras tierras con sus vidas, le pedimos al Señor que se haga presente poderosamente en nuestras vidas, y que nos llene de todos los bienes de su Espíritu, haciéndonos verdaderos instrumentos eficaces de su Reino.

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

 

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.