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La Diócesis de Málaga se viste de nuevo de fiesta para acoger este sábado la ordenación sacerdotal de cinco jóvenes dispuestos a «servir a la Iglesia con todas sus capacidades y la gracia del Señor», como explica el rector Juan Manuel Ortiz Palomo. El Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, preside la celebración en la Catedral el sábado 25, a las 11.00 horas.
Aaron Benzaquen Vera, Santiago Bremermann Medina, Juan Manuel Caracuel Merchán, Rafael López Sánchez y Eduardo Muñoz Centeno son los cinco nuevos sacerdotes para la Iglesia de Málaga.
Es la primera ordenación sacerdotal que Juan Manuel Ortiz Palomo vive como rector del Seminario Diocesano, lo que significa para él «una alegría y una responsabilidad. El trabajo del Seminario sigue dando frutos una vez más y eso se visibiliza para la comunidad diocesana cuando, con gozo, celebramos una ordenación. Por eso, ver que este grupo de seminaristas completa su formación y se pone a disposición de la Iglesia de Málaga supone una gran alegría. A la vez, es una responsabilidad para seguir adelante con esta tarea, para que sean muchos y buenos los seminaristas que como sacerdotes se puedan poner al servicio de la Iglesia, ayudando en su discernimiento y preparándoles para el reto que supone ser pastores buenos y misioneros en estos tiempos».
La ordenación de cinco nuevos sacerdotes supone una muy buena noticia para la Iglesia de Málaga en la que la media de sacerdotes ordenados los últimos cinco años es de dos. De estos cinco nuevos presbíteros el rector destaca que «siendo muy distintos, por su carácter, por su proveniencia y por su manera de ser, han sabido crecer en comunión en el camino del Seminario. Y ahora están dispuestos a servir a la Iglesia con todas sus capacidades y con la gracia del Señor. Os invito a rezar para que así sea».
El más joven de la diócesis
Eduardo es, desde este sábado, el nuevo sacerdote más joven de la diócesis. A sus 25 años recién cumplidos se muestra muy ilusionado con empezar la tarea como pastor: «Llego a este momento con gran alegría y lleno de gozo en el Señor, dispuesto a hacer la voluntad del Padre, ofreciéndole mi vida para llevar la presencia de Jesús al mundo. Es preciso pensar que me uno a una fraternidad y que tengo por delante toda una vida de entrega al servicio del pueblo de Dios».
Tras estos años de formación, llegan al sacerdocio con una clara acción de gracias a Dios: «Quiero darte las gracias, Señor, por haberte fijado en este pobre pecador para llevar tu Palabra por el mundo, para seguir anunciando la alegría del Evangelio y mostrar cuán grande es el amor que Dios nos tiene», afirma Rafael, y Aaron añade: «Delante de Dios no somos desconocidos ni somos números: somos rostros, nombres, corazones… conocidos por el Señor uno a uno. Mi acción de gracias es un poco así, habiendo pasado por dificultades y alegrías en estos seis años, me quedo y rezo por tantos rostros, corazones y nombres que me han ayudado en el camino. Tantos pueblos, realidades, lugares de pastoral que me han empujado a seguir diciéndole “Sí” a la llamada del Señor. ¿Cómo podré pagarle al Señor tanto bien como me ha hecho?».
Con la ordenación, estos cinco pastores reciben también sus primeros destinos: «Sueño con mis parroquias desde hace mucho tiempo», afirma Juan Manuel, «pero, en estos momentos previos a mi llegada, le pido al Señor la humildad suficiente para dejarme hacer por los feligreses. Desde ya, vaya donde el Señor me envíe, quisiera decirles que tengan paciencia con este curilla que les envían, que voy con los oídos y el corazón abiertos para aprender, pero también con las manos llenas para darme. Llevo muchos años soñando con ese primer amor pastoral». Santiago, por su parte, se ha marcado tres objetivos: «En primer lugar, conocer a la comunidad o comunidades donde me envíen; ser cercano, cariñoso y preocupado por el pueblo y su realidad lo considero esencial. En segundo lugar, y no menos importante, poder celebrar los sacramentos junto a ellos. Sobre todo el sacramento de la Eucaristía, donde Cristo se hace presente por cada uno de nosotros; y, en tercer lugar, espero que con mi vida, dentro de mi pequeñez, pueda reflejar un poco el rostro amoroso de Jesús».
Primeras misas
El domingo 26 de junio, a las 19.00 horas, tiene lugar la primera Misa de Santiago Bremermann en la parroquia de la Inmaculada Concepción de Alameda; el viernes 1 de julio, a las 20.00 horas, la de Juan Manuel Caracuel en la parroquia de la Encarnación de Marbella; el sábado 2 de julio, a las 12.00 horas, la de Eduardo Muñoz en la parroquia de Santa Ana de Manilva; el domingo 3 de julio, a las 20.00 horas, la de Aaron Benzaquen en la parroquia de San Miguel de Málaga; y el viernes 8 de julio, a las 19.30 horas, la de Rafael López en la parroquia de San José de Torre Cardela (Granada).

Como cada año, la Casa del Sagrado Corazón, el Cottolengo de Málaga, celebra el 24 de junio la fiesta de su titular, el Sagrado Corazón de Jesús, una nueva oportunidad de dar gracias a Dios por este hogar donde el amor de Dios por sus preferidos, por sus hijos más necesitados, sigue siendo una hermosa y esperanzadora realidad.
El Cottolengo de Málaga, como explica el director de la Casa del Sagrado Corazón, Patricio Fuentes, es: «donde entran los últimos, los que no pueden ir a ningún otro sitio. Recientemente están llegando bastantes personas con dependencia y discapacidad porque las listas de espera son de años en los casos urgentes. Por lo que cuando no hay opciones y les han cerrado todas las puertas, las de la Casa del Sagrado Corazón siempre están abiertas. Y es aquí donde vemos cómo las personas reaparecen y vuelven a sonreír al sentirse queridas y que son importantes para alguien, mientras llega su recurso o su plaza, que les corresponde como derecho de todos los ciudadanos. Por ello, el Cottolengo de Málaga es absolutamente necesario y necesita la ayuda de todos más que nunca, ya que, al vivir exclusivamente de la providencia, la pandemia ha tenido un impacto económico muy importante».
Apúntate a la nube
Aunque la providencia siempre llega, poco antes de que comenzara la pandemia, pusieron en marcha una campaña para aumentar el número de donantes que pudieran aportar diez euros al mes. Y como cuenta la subdirectora de la Casa, Susana Lozano, «hace poco una señora se acercó y me dijo que se había “apuntado a la nube”. Con el trajín de la Casa no era capaz de descubrir a que se refería, pero le dije que: “me parecía muy bien que se hubiera apuntado a la nube”. Cuál no sería mi sorpresa al llegar al despacho y ver colgado uno de los carteles de la campaña que diseñó para nosotros gratuitamente el estudio creativo La Madre de los Beatles, en el que se leía: “Dona una nube al día para el Cottolengo de Málaga” en el que se juega con este tipo de café tan malagueño, y quería decir que puedes ayudar mucho por menos de lo que cuesta un café al día. En ese momento, no pude evitar sonreír, al darme cuenta de que la nube a la que se había apuntado la señora era a donar 10 euros al mes al Cottolengo de Málaga».
Hay varias maneras de participar o inscribirse llamando al teléfono 633 75 97 50 o 952 31 74 43, rellenando este formulario o entrando en la página web: casadelsagradocorazon.es, descargando el cupón y haciéndolo llegar al Cottolengo de Málaga o solicitando dicho formulario en la propia Casa. También se puede colaborar a través de de BIZUM con el código 01788.

Cada vez que recitamos el Credo, todos nos inclinamos al pronunciar unas determinadas palabras. Así nos lo recuerda el Misal en su número 137: “El Símbolo lo canta o lo recita el sacerdote juntamente con el pueblo, estando todos de pie. A las palabras: Y por obra del Espíritu Santo se encarnó…, etc., o que fue concebido…, etc., todos se inclinan profundamente”.

Cada vez que recitamos el Credo, todos nos inclinamos al pronunciar unas determinadas palabras. Así nos lo recuerda el Misal en su número 137: “El Símbolo lo canta o lo recita el sacerdote juntamente con el pueblo, estando todos de pie. A las palabras: Y por obra del Espíritu Santo se encarnó…, etc., o que fue concebido…, etc., todos se inclinan profundamente”.

La Casa de Espiritualidad Madre Petra del Valle de Abdalajís ofrece una tanda de ejercicios espirituales, para religiosos, religiosas y seglares en el mes de julio.
Estarán dirigidos por el P. José Antonio Segovia, dominico, y tendrá lugar del 15 al 23 de julio.
Las Madres de Desamparados y San José de la Montaña, que son quienes dirigen esta casa, afiman que «el verano es una época propicia para los ejercicios espirituales, pues estos nos ayudan a profundizar nuestra relación con Dios y a conocernos a nosotros mismos. Abrir nuestro corazón al Señor nos ayudará a profundizar en nuestras vidas buscando hacer la voluntad de Dio».
Para más información e inscripciones en dichos ejercicios, pueden ponerse en contacto con Madre Dolores llamando al teléfono 619 83 50 19.
Madre Petra
La beata Petra de San José nació el 6 de diciembre de 1845, en el Valle de Abdalajís (Málaga). En el bautismo recibió el nombre de Ana Josefa. Fue la más pequeña de cinco hermanos. Sus padres, José Pérez Reina y María Florido González, la educaron en un ambiente familiar verdaderamente cristiano.
A través de sus escritos, de los testimonios de quienes la conocieron y de la obra que nos dejó, se llega a la conclusión de que poseía una fuerte y magnética personalidad: inteligente, de agudo ingenio, segura de sí, tenaz, afectiva y emotiva, pero equilibrada, muy sensible al dolor ajeno, alegre, sencilla, de simpatía arrolladora, con un claro y coherente proyecto de vida… Cualidades que, luego, se verían dinamizadas y transformadas por el Espíritu de Dios, al que siempre se mantuvo abierta.
Al llegar a la adolescencia, como cualquier joven de su edad, Ana Josefa se enamoró de un apuesto joven del pueblo, José Mir, al que amó mucho y con el que rompió, cuando Cristo, de manera muy singular, se cruzó en su vida. A partir de entonces no tuvo otro deseo que consagrarse totalmente a Él.
Con la firmeza y tenacidad que siempre la caracterizaron, al ver que el camino hacia la Vida Religiosa le estaba vedado, de momento, por la oposición de su padre, decidió vivir su entrega al Señor en su mismo pueblo, dedicándose a la oración y al cuidado de los más necesitados, especialmente de los ancianos abandonados. Su entrega al Señor y su espíritu de servicio los compartió, primeramente, con una joven muy piadosa y caritativa, Josefita Muñoz Castillo, y, más tarde, con Frasquita e Isabel Bravo Muñoz y con Rafaela Conejo Muñoz. Con ellas extendió su acción caritativa hasta el vecino pueblo de Álora.
Una vez muerto su padre, en 1877, la senda hacia la Vida Religiosa queda despejada. Una frase suya, de esta época, condensa muy bien lo que fue, para siempre, la consigna de su vida: Señor, Vos sobre todas las cosas . Por consejo de su confesor, ingresa en la naciente Congregación de las Mercedarias de la Caridad , en 1878. Unos meses más tarde, convencida de que el Señor no la quiere allí, sale de las Mercedarias. Guiada por su confianza en el Señor y por su profundo sentido de fidelidad a la Iglesia , presenta su situación al Obispo de Málaga, D. Manuel Gómez Salazar, que, con palabra profética, pone fin a su incertidumbre y le señala un camino que ella, en su humildad y sencillez, jamás se había planteado: Fundadora de una nueva Familia Religiosa en la Iglesia , las Madres de Desamparados.
Las compañeras del Valle que la habían seguido al entrar en la Congregación de las Mercedarias —Frasquita, Isabel y Rafaela— la siguen, igualmente ahora, al salir de la misma; ya que comprenden, lo mismo que ella, que el Señor no las llama por ese camino. Las tres, como Madre Petra, serán Madres de Desamparados, formarán parte de la primitiva Comunidad Fundacional y llevarán, respectivamente, los nombres de Madre Magdalena de San José, Madre Natividad de San José y Madre Trinidad de San José.
Madre Petra comienza su itinerario de Madre de Desamparados con la emisión de sus Votos temporales, en la Iglesia de San Juan Bautista de Vélez-Málaga, el 2 de febrero de 1881. Su consagración definitiva al Señor tuvo lugar en la Casa de Ronda (Málaga), en el marco incomparable de su bella Iglesia, el 15 de octubre de 1892. Una oración-ofrenda, compuesta por ella misma, en este día, pone de manifiesto la verdad y radicalidad de su entrega: Señor, disponed de mí, a toda vuestra voluntad, a toda vuestra libertad…y como dueño absoluto y legítimo de todo mi ser. Haced que todo lo que haga sea acepto a vuestros purísimos ojos; de otro modo no quiero vivir.
La andadura vocacional de Madre Petra no fue, precisamente, un camino de rosas. Quiso seguir a Cristo con la máxima fidelidad, por lo que la cruz del Señor se le hizo presente de muchos modos. Asusta contemplar las muchas dificultades, persecuciones, calumnias, soledad y, finalmente, enfermedad, que marcaron su vida, ya desde los comienzos. También asombra el comprobar su actitud de confianza ilimitada en el Señor, en medio de las adversidades, así como la exquisita caridad y elegancia de espíritu con que respondió siempre a los que la calumniaron y la hicieron sufrir.
La vida de Madre Petra se caracteriza también por constituir un prodigioso equilibrio entre la contemplación y la acción apostólica. Su amor apasionado a Cristo la lleva a buscarlo, tanto en la soledad y el silencio como en el rostro de los ancianos y niños desamparados.
Agotada por su entrega sin límites, por las persecuciones sufridas y por una grave enfermedad, murió a los 60 años, cuando aún se podría haber esperado mucho de ella. Ocurrió en Barcelona, el 16 de agosto de 1906.
La fama de santidad de Madre Petra y los muchos favores atribuidos a su intercesión, dan lugar a que se abra en Barcelona, en 1932, el Proceso Diocesano de Beatificación y Canonización. El 14 de junio de 1971 el Papa Pablo VI aprueba sus virtudes heroicas y la declara Venerable. Y, en fecha reciente, el 16 de octubre de 1994, fue beatificada en Roma por Su Santidad Juan Pablo II.

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

La solemnidad del Corpus Christi se ha celebrado en Córdoba con una eucaristía en la Santa Iglesia Catedral, presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, y la procesión del Santísimo por las calles del casco histórico de la ciudad. La Custodia de Arfe ha salido al Patio de los Naranjos, pero finalmente no ha podido procesionar portando al Santísimo porque “ha sufrido una avería mecánica relacionada con las baterías que lo impulsan, quedando bloqueado en el interior del Patio de los Naranjos. No ha sido posible subsanar el fallo y ha tenido que continuar la procesión con el Santísimo portado por el obispo de la Diócesis, monseñor Demetrio Fernández”, informa el Cabildo Catedral.
El Obispo comenzó la celebración recordando que la fiesta del Corpus Christi, del Cuerpo y la Sangre del Señor, se celebra en cada eucaristía pero que una vez al año, como prolongación de Jueves Santo, la celebramos solemnemente llevando a Jesús por las calles bendiciendo a toda nuestra ciudad.
En su homilía el prelado ha resaltado que la fiesta del Corpus nos pone “delante de los ojos la grandeza de este sacramento, en que Cristo es nuestra comida”. La eucaristía ha suscitado “las mejores expresiones de fe, de caridad, literarias, de devoción popular” ha añadido. Ha continuado monseñor Demetrio Fernández incidiendo que “somos herederos de una historia larga en torno a este sacramento y que es una fiesta grande en honor de Jesucristo Sacramentado”.
Hoy celebramos el día de Cáritas, el día de la caridad fraterna, ha recordado el Obispo. Participar en la eucaristía “nos lleva al amor de unos y otros, nos envía a buscar a los pobres y necesitados en todas sus expresiones porque Dios tiene especial predilección por ellos”. El amor fraterno de unos y otros es el que nos lleva a “despojarnos de lo nuestro y ponerlo a los pies de los Apóstoles para que se reparta entre los más necesitados de la comunidad” ha apuntado. Una comunidad en la que no circule la caridad no sería una comunidad cristiana, no sería la comunidad que Jesucristo ha instituido. La caridad es esencial dentro de la vida cristiana en torno a la eucaristía, ha destacado el Pastor de la Diócesis.
Monseñor Demetrio Fernández ha terminado su alocución alentando de que la eucaristía “nos invita a la caridad de la convivencia que debe llevar a los cristianos a transformar el mundo”. La comunidad cristiana diocesana, alentada por Cáritas o por otras instituciones eclesiales, “sale continuamente al paso de las necesidades de los pobres, basta con escuchar a los que acuden a Cáritas para ver la labor de la entidad, y hace presente el amor cristiano con las personas necesitadas”.
La caridad cristiana tiene que circular entre nosotros si no la eucaristía que celebramos “es estéril y este día del Corpus Christi debemos tomar conciencia de lo que es participar en la eucaristía para llevar el amor a los más pobres de nuestra sociedad” ha concluido.
Al regreso del cortejo procesional a la Santa Iglesia Catedral, que ha estado compuesto por representantes de Hermandades de Gloria, Penitencia y Sacramentales de la ciudad, órdenes religiosas, sacerdotes, seminaristas, niños de primera comunión y un gran número de cordobeses, monseñor Demetrio Fernández ha impartido la bendición a los fieles y ha concluido una celebración única y especial del Corpus Christi. El Obispo ha resaltado que “las circunstancias técnicas que han impedido que la Custodia de Arfe pueda servir de trono para el Rey del Universo, se han suplido centrándonos en lo fundamental, Jesucristo no nos ha faltado, hemos ido acompañándole y nos ha ido bendiciendo”.



























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Solemnidad del Corpus Christi. C. 2022
La solemnidad del Corpus Christi es una fiesta muy especial para todos los cristianos, porque es la exaltación del Cuerpo y de la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, que desde tiempo inmemorial celebra la Iglesia Católica. Los cristianos atestiguamos nuestra gratitud y adoración a tan inefable regalo de la presencia real de Nuestro Señor en la Eucaristía y por los méritos de la muerte, pasión y resurrección de Nuestro Señor. En ese día se echan las campanas al vuelo, porque es Jesucristo Sacramentado quien pasea por nuestras calles y barrios, quien se acerca a nuestros hogares, se acerca a nuestras inquietudes, esperanzas y sufrimientos, porque son muchos cristianos los que en la procesión del Corpus elevarán oraciones por todas las necesidades. Nuestras ciudades y pueblos de la Diócesis dan testimonio de esta solemne tradición.
¡Es a Dios mismo, al Señor del cielo y de la tierra, al que ven nuestros ojos, bajo las sagradas especies del pan y el vino! Si sabes que Dios te quiere y te ofrece tantas oportunidades para la santidad y la salvación, sabrás también que se lo ofrece al hermano, al prójimo, y ello te lleva a ser respetuoso con el otro. Dios nos ha concedido esta capacidad de reconocer, promover y ayudar a los hermanos, esto está grabado en la naturaleza misma del ser humano, ¡qué bien nos ha hecho el Señor! ¡Cuánto hemos de trabajar para no romper el proyecto divino! Es más, lo que identifica y causa la admiración de todos, no es otra cosa, que el amor. En los Hechos de los Apóstoles se nos describe la vida de las primeras comunidades y expresamente se dice que todo lo tenían en común (Hch 2,41-47), que vendían sus posesiones y el producto de la venta lo ponían a los pies de los Apóstoles, que los destinaban a socorrer las necesidades de los débiles. En estos momentos de la Iglesia naciente, la gente se sorprendía del clima fraterno en el que vivían los hermanos en la fe: «Con un solo corazón y una sola alma».
El amor y la caridad que debemos vivir tiene un estilo samaritano, es la respuesta más lógica de un corazón que conoce a Dios. El amor verdadero a Dios nos exige atender a los menesterosos que nos vamos encontrando por la vida. La caridad pide respuestas prácticas en el momento y a la hora que se exigen, como nos dice el Papa Francisco. Esto mismo hacen todos los voluntarios de Cáritas, de Jesús Abandonado… ¡Cuántas gracias doy al Señor por tantos voluntarios que entregan su tiempo! Y los tenemos cerca, no son superhéroes de cine, sino que son tus compañeros de trabajo, tus vecinos, las amas de casa…, que tienen un gran corazón y una sensibilidad especial para salir al encuentro del otro. El santo Cura de Ars, en un sermón sobre la limosna, decía: «La caridad no se practica solo con el dinero. Podéis visitar a un enfermo, hacerle un rato de compañía, prestarle algún servicio, arreglarle la cama, prepararle los remedios, consolarle en sus penas, leerle algún libro apropiado…». La caridad es el fundamento de todas las virtudes.
Responded a la llamada de la caridad siempre, que el que comienza a compadecerse de la miseria del otro, empieza a abandonar el pecado. Os ruego que consideréis cómo podéis colaborar con la obra que lleva adelante Cáritas para ayudar a los más desfavorecidos.
+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena