El Papa Francisco ha nombrado a Mons. José María Gil Tamayo arzobispo coadjutor de la vecina achidiócesis Granada. Así lo ha comunicado la Santa Sede el sábado 16 de julio de 2022, a través de su Nunciatura en España. Mons. Gil Tamayo es actualmente obispo de Ávila.
Según indica el Código de Derecho Canónico, el obispo coadjutor toma posesión de su oficio cuando presenta las letras apostólicas de su nombramiento al obispo diocesano y al colegio de consultores. El obispo coadjutor pasa inmediatamente a ser obispo de la diócesis para la que fue nombrado cuando esta quede vacante. También determina que ha de ser nombrado vicario general por el obispo diocesano.
José María Gil Tamayo, obispo de Ávila desde diciembre de 2018 José María Gil Tamayo nació el 5 de junio de 1957 en Zalamea de la Serena (Badajoz). Recibió la ordenación sacerdotal el 7 de septiembre de 1980 y pertenece al clero de la archidiócesis de Mérida-Badajoz. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y en Ciencias de la Información por la misma Universidad de Navarra. Desarrolló su labor pastoral durante nueve años en pueblos de la archidiócesis de Mérida-Badajoz y en 1992 se hizo cargo de la dirección de la delegación de Medios de Comunicación y de la Oficina de Información de su diócesis y fue nombrado canónigo de la Catedral Metropolitana de Badajoz. Durante 13 años (1998-2011) fue director del Secretariado de la Comisión de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y dirigió el Servicio de Información de la Iglesia católica en España (SIC). En este ámbito ha sido profesor del postgrado Experto en Comunicación Social de la Universidad Pontificia de Salamanca y de la Diplomatura en Comunicación Social, promovida en las diócesis cubanas por el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales y la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. En la Curia Romana ha sido Consultor del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales (2006-2016). En 2012 fue portavoz en lengua española de la XIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrado del 7 al 28 de octubre y en febrero y marzo de 2013 fue adjunto para lengua española del Portavoz de la Santa Sede durante el periodo de renuncia de Benedicto XVI, Sede Vacante, Cónclave y elección del Papa Francisco. En la Conferencia Episcopal fue secretario general en el quinquenio 2013-2018. El 6 de noviembre de 2018 se hizo público su nombramiento como obispo de Ávila y recibió la ordenación episcopal el 15 de diciembre del mismo año. Fue miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde abril de 2019. En la actualidad es miembro de la Comisión Ejecutiva de la CEE desde marzo de 2020 y la Asamblea Plenaria de abril de 2022 lo nombró Presidente del Consejo de Estudios y Proyectos de la CEE.
El Papa Francisco ha nombrado a Mons. José María Gil Tamayo arzobispo coadjutor de Granada. Así lo ha comunicado la Santa Sede el sábado 16 de julio de 2022, a través de su Nunciatura en España. Mons. Gil Tamayo es actualmente obispo de Ávila.
Según indica el Código de Derecho Canónico, el obispo coadjutor toma posesión de su oficio cuando presenta las letras apostólicas de su nombramiento al obispo diocesano y al colegio de consultores. El obispo coadjutor pasa inmediatamente a ser obispo de la diócesis para la que fue nombrado cuando esta quede vacante. También determina que ha de ser nombrado vicario general por el obispo diocesano.
José María Gil Tamayo, obispo de Ávila desde diciembre de 2018
José María Gil Tamayo nació el 5 de junio de 1957 en Zalamea de la Serena (Badajoz). Recibió la ordenación sacerdotal el 7 de septiembre de 1980 y pertenece al clero de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y en Ciencias de la Información por la misma Universidad de Navarra.
Desarrolló su labor pastoral durante nueve años en pueblos de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz y en 1992 se hizo cargo de la dirección de la delegación de Medios de Comunicación y de la Oficina de Información de su diócesis y fue nombrado canónigo de la Catedral Metropolitana de Badajoz.
Durante 13 años (1998-2011) fue director del Secretariado de la Comisión de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y dirigió el Servicio de Información de la Iglesia católica en España (SIC). En este ámbito ha sido profesor del postgrado Experto en Comunicación Social de la Universidad Pontificia de Salamanca y de la Diplomatura en Comunicación Social, promovida en las diócesis cubanas por el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales y la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. En la Curia Romana ha sido Consultor del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales (2006-2016).
En 2012 fue portavoz en lengua española de la XIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrado del 7 al 28 de octubre y en febrero y marzo de 2013 fue adjunto para lengua española del Portavoz de la Santa Sede durante el periodo de renuncia de Benedicto XVI, Sede Vacante, Cónclave y elección del Papa Francisco.
En la Conferencia Episcopal fue secretario general en el quinquenio 2013-2018. El 6 de noviembre de 2018 se hizo público su nombramiento como obispo de Ávila y recibió la ordenación episcopal el 15 de diciembre del mismo año. Fue miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde abril de 2019.
En la actualidad es miembro de la Comisión Ejecutiva de la CEE desde marzo de 2020 y la Asamblea Plenaria de abril de 2022 lo nombró Presidente del Consejo de Estudios y Proyectos de la CEE.
Mensaje de saludo a los fieles de la Archidiócesis de Granada
Mons. José María Gil Tamayo, arzobispo coadjutor electo de la Archidiócesis de Granada.
Ávila, 16 de julio de 2022
Festividad de N. Sra. del Carmen
Queridos hermanos:
Al hacerse público mi nombramiento como Arzobispo Coadjutor de la Archidiócesis de Granada deseo expresar en primer lugar mi gratitud al Papa Francisco por la confianza que deposita en mi persona al confiarme este nuevo encargo ministerial y le reitero mi comunión y afecto fraterno como sucesor que es del Apóstol Pedro y Cabeza del Colegio Episcopal.
Así mismo deseo manifestar mi cariño y comunión a Mons. Francisco Javier Martínez Fernández, nuestro Arzobispo, al que soy enviado como hermano en la misión compartida de pastorear la querida diócesis de Granada. Agradezco su trabajo y su acogida fraterna, llena de cariño y confianza, así como su oración, que nos aúna en el servicio que hemos de prestaros como pastores vuestros.
Voy a vosotros, queridos hermanos, con ilusión y el deseo de serviros con todas mis fuerzas, sabiendo que me incorporo al peregrinar de la Iglesia particular de Granada, que es rica en historia y vitalidad cristiana, en santidad y apostolado, con un presente lleno de realidades e iniciativas pastorales, así como un futuro esperanzador. Quiero aprender de vosotros.
Soy consciente, os confieso, de mis limitaciones personales ante la grandeza de la misión que se me confía y, por ello mismo, necesito más de vuestra ayuda y oración, así como la intercesión de nuestros santos granadinos, para que, como Iglesia, caminemos juntos anunciando con alegría el Evangelio salvador de Cristo y testimoniarlo en esta hora cargada de incertidumbres, pero también de esperanza en el Señor Jesús, que nos guía y se hace presente en medio de nuestro pueblo. No deseo otra cosa que serviros y de quereros como pastor vuestro en el nombre del Señor, especialmente a los más pobres y desfavorecidos.
Os suplico y sé que cuento de manera especial con vuestra imprescindible ayuda y acogida fraterna, queridos hermanos sacerdotes, y agradezco vuestro servicio y entrega generosa a nuestra gente. Lo mismo que con la de los hombres y mujeres que forman parte de la Vida Consagra, tan presentes en nuestra diócesis. Ruego a las queridas comunidades contemplativas que pidan continuamente al Señor por este obispo que os llega desde la diócesis, para mí tan querida, de santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz y también de la reina Isabel la Católica.
Por mi parte no he hecho otra cosa desde que conocí mi nombramiento que rezar por vosotros, por cada uno de los pueblos y ciudades de la diócesis de Granada, por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada y misionera.
En este sentido me alegro de la realidad esperanzadora de nuestros seminarios y saludo con cariño a nuestros seminaristas y sus formadores, así como a cuantos se dedican al importante trabajo de la educación y cultura cristiana, a los profesores de religión y a los catequistas y voluntarios de Cáritas, Manos Unidas y demás realidades socio-caritativas que muestran el rostro samaritano de la Iglesia para con los más pobres y nuestro mejor argumentario de fe en nuestro mundo: el amor fraterno. ¡Gracias por vuestro compromiso, lo mismo que el de nuestros misioneros granadinos!
Mi saludo y mi cariño a los fieles laicos de nuestra diócesis de Granada, presentes en nuestras parroquias, hermandades y cofradías, así como en los movimientos y asociaciones apostólicas, al igual que a nuestros jóvenes cristianos, verdaderos protagonistas de la evangelización juvenil.
Queridas familias y cuantos trabajáis en la pastoral familiar, os envío con mi saludo, mi apoyo y mi cariño en la apasionante tarea de ser iglesias domésticas que anuncien el Evangelio de la Familia y de la Vida. ¡Gracias por vuestro testimonio, generosidad y fidelidad!
Saludo a las autoridades de la entera provincia de Granada y les ofrezco mi colaboración para seguir trabajando por el bien de nuestro pueblo.
Queridos hermanos: Me encomiendo a vuestras oraciones y ayuda que me da confianza y ruego a san Cecilio que nos obtenga de Jesús la pasión evangelizadora con la que él nos transmitió en los comienzos el Evangelio de Cristo.
Que Nuestra Señora de las Angustias, nuestra patrona, bajo cuyo amparo materno pongo mi ministerio episcopal entre vosotros nos auxilie y cuide, y nuestros santos y beatos granadinos intercedan por nosotros.
Con el deseo de estar pronto con vosotros recibid todo mi cariño y bendición.
+ José María Gil Tamayo
Arzobispo Coadjutor electo de Granada
Mensaje de D. Javier Martínez a la Diócesis, tras el nombramiento del arzobispo coadjutor en Granada
Mensaje de D. Javier Martínez, arzobispo de Granada, tras hacerse público el nombramiento del arzobispo coadjutor electo para la Archidiócesis con derecho a sucesión, el 16 de julio de 2022, fiesta de Nuestra Señora del Carmen.
I.- “TODO LO CONSIDERO PÉRDIDA COMPARADO CON LA EXCELENCIA DEL CONOCIMIENTO DE CRISTO JESÚS” (FLP 3,8)
El primer movimiento de mi corazón cuando he tenido noticia de que el Santo Padre me había concedido un arzobispo coadjutor con derecho a sucesión ha sido de inmensa gratitud al Papa.
Mi gratitud al Papa tiene muchas facetas y muchas modalidades. Le estoy profundamente agradecido por su ministerio y su testimonio permanente de entrega al servicio de todas las Iglesias, y especialmente de las que tal vez nosotros pensamos que menos lo merecen o que están más abandonadas o que están más lejos. Y en ese testimonio uno puede reconocer el vibrar mismo de la Encarnación del Hijo de Dios, que no tuvo como algo digno de retener el ser igual a Dios para asumir la forma de siervo y venir a estar entre nosotros y compartir nuestra humanidad en todos sus aspectos. Ese es el primer gesto con el que el Santo Padre nos enseña. La verdad es que también los Papas anteriores nos han enseñado tanto y más con sus actitudes y con sus gestos que con su misma enseñanza. Pero también le doy gracias al Papa por su enseñanza, por haber tenido el valor de, recogiendo el mensaje básico –uno de los mensajes clave del Concilio-, haber tratado de articular la relación entre sobrenatural y natural, la relación entre el cristianismo y nuestra humanidad de una manera que respondiera más a las necesidades de nuestro tiempo. Y también a las exigencias de la propia fe y de la Tradición cristiana, que nunca ha sido algo recortado y alejado de la realidad, sino un motor de cambio, una posibilidad de recuperación de una humanidad verdadera en todos los sentidos.
En ese Magisterio que continúa la enseñanza social de la Iglesia, a través de sus encíclicas y de otras decisiones, uno ve cómo el cristianismo trata de ser hecho como propuesta para todos más relevante para nuestra ida concreta, más relevante para la cultura en la que vivimos (una cultura que uno puede calificar de post-cristiana en muchos aspectos) y más relevante para la construcción de ese pueblo nuevo que es la Iglesia que nace de la Resurrección de Cristo, y que sigue vivo y seguirá vivo siempre.
A esa gratitud por lo que es el ministerio del Papa Francisco, yo uno la gratitud por todos los muchísimos signos de afecto y de delicadeza que ha querido tener conmigo a lo largo de los años de mi ministerio que han coincidido con su pontificado. Este es uno más y yo le doy las gracias por él. Se las doy de todo corazón sin ningún tipo de reserva y sin ningún tipo de fisura.
II.- “LA VERDAD OS HARÁ LIBRES” (JN 8, 32)
Tras haber expresado mi gratitud y, aunque no lo haya expresado, mi fidelidad y obediencia sin fisuras al magisterio y a las indicaciones y al ministerio del Papa Francisco, yo quiero expresar también lo que han sido estos años -19, ya- de servicio y de relación con la Iglesia de Granada.
Yo entendí la bula con la que yo venía a Granada como un desposorio. Y puedo decir que amo y he amado estos años profundamente a esta Iglesia. Y no sólo a la Iglesia, sino también a los hombres y mujeres que viven aquí, y que tal vez están alejados de la Iglesia, muchas veces por culpa nuestra. Pido perdón si alguno se ha alejado por culpa mía. Pero, mi único sentimiento es el de amor, el deseo de dar mi vida por la misión que el Señor me había confiado en Granada. Es el amor de un ser humano y, por lo tanto, es un amor torpe, con muchas deficiencias, con muchos límites, pero con un deseo de dar la vida realmente por el Señor y por Su Cuerpo que es la Iglesia, y este trocito de Iglesia precioso que Él me ha confiado. Y por este trocito de humanidad igualmente precioso, llenos de deseo de humanidad verdadera, de felicidad, de plenitud, que caracteriza al ser humano y que está muy a flor de piel en la sociedad granadina.
Dios mío, siento no haberla servido como ella se merece, tantas veces, todos los días. Y sin embargo, renuevo mi amor por ella, hasta la vida eterna.
III.- “NO HE VENIDO A SER SERVIDO, SINO A SERVIR” (MT 20, 28)
Por último, no puedo dejar de expresar mi gratitud y, además, una gratitud rebosante también, para D. José María Gil Tamayo, el arzobispo coadjutor que el Santo Padre ha querido concederme. Por su disponibilidad y por su obediencia.
Yo acabo de decir que servir a la Iglesia, amar a la Iglesia, siempre es un privilegio en cualquier circunstancia y en cualquier lugar del mundo. Yo he vivido como un privilegio el servir a la Iglesia de Granada. Yo sé que él también tendrá esta misma experiencia, a medida que se vaya acercando a vosotros. Viene con los brazos abiertos. Viene con el corazón abierto. Muy deseoso de ser un buen servidor; “servidor bueno y fiel”, como dice el Evangelio. Pero también soy consciente de que servir a una Iglesia como Ávila, aunque pueda ser como diócesis más pequeña que Granada y aunque tenga menos responsabilidades que un arzobispo metropolitano, es una diócesis tan singular, tan bella, tan rebosante de memorias de Santa Teresa y de todo lo que ha significado la Reforma católica en el comienzo de la modernidad, que es un privilegio enorme al que renunciar supone un sacrificio. Y él ha asumido este sacrificio de no llevar mas que tres años en la diócesis de Ávila para venirse a Granada, con un corazón abierto y generoso.
Yo os pido que le recibáis con ese mismo corazón abierto y generoso con el que él viene a vosotros. También os digo que, aunque lleva pocos años de obispo, su experiencia de la Iglesia es muy singular, puesto que ha sido durante años Secretario de la Conferencia Episcopal, por lo tanto es un hombre conocido; es un hombre que ha dado ya muchas muestras de su disposición a servir a la Iglesia, tal como es y tal como Dios nos la confía. Yo estoy seguro que podremos colaborar juntos de la manera que el Señor ha dispuesto como verdaderos hermanos, como una sola persona, cada uno con su riqueza y con su singularidad y con sus cualidades propias, también con nuestros defectos propios. Los míos los conocéis. Los suyos son mucho más pequeños, y por lo tanto menos fáciles de distinguir, pero juntos os serviremos mientras Dios quiera para vuestro crecimiento en Cristo, para que podáis vivir la vida nueva que Cristo nos da, la libertad de los hijos de Dios, el gozo de la fe, la esperanza y el amor que Cristo ha venido a sembrar en este mundo tan herido.
Mons. Catalá ha visitado este fin de semana Melilla, donde ha celebrado la Eucaristía con diversas comunidades parroquiales de la Ciudad Autónoma.
El sábado 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen, D. Jesús Catalá se reunió con el vicario y los sacerdotes de la zona y presidió la Misa en la parroquia de San Agustín, donde posteriormente tuvo lugar la procesión marítimo-terrestre de la patrona de los mares. Seguidamente, visitó la parroquia de Santa María Micaela (Patio del Cura) donde se está estudiando un importante proyecto de complejo parroquial en colaboración con la comunidad autónoma. A las 20.00 horas celebró la Misa con la comunidad de Santa María Micaela.
El domingo por la mañana, el prelado celebró la Eucaristía en la parroquia del Sagrado Corazón y, tras un breve encuentro con las comunidades neocatecumenales, visitó las obras de la Purísima Concepción que está en fase de estudios arqueológicos dentro de su proceso de rehabilitación. Estuvo acompañado por el vicario de la ciudad, Eduardo Resa; el delegado de Cáritas Diocesana, Antonio Collado; la delegada de Cultura de la Ciudad Autónoma, Carmen Parra, el arquitecto, José Antonio Fernández; y el arqueólogo, Antonio Oliver. Desde ahí, fueron hacia la Medalla Milagrosa para ver el estado del templo, cerrado desde Semana Santa, y estudiar las obras que hay que acometer para poder reabrirlo.
El colegio del Buen Consejo acogió la comida fraterna junto a sacerdotes y religiosos y religiosas que trabajan en la ciudad. Por la tarde, visitó el Centro Penitenciario, donde fue recibido por su director y pudo encontrarse con los reclusos y los miembros de la Pastoral Penitenciaria: capellanes y voluntarios.
La mañana del lunes visitó el Centro de Educación Infantil Santa Luisa de Marillac, de la Fundación y Victoria, y emprendió regreso a Málaga.
Mensaje de D. Javier Martínez, arzobispo de Granada, tras hacerse público el nombramiento del arzobispo coadjutor electo para la Archidiócesis con derecho a sucesión, el 16 de julio de 2022, fiesta de Nuestra Señora del Carmen.
I.- “TODO LO CONSIDERO PÉRDIDA COMPARADO CON LA EXCELENCIA DEL CONOCIMIENTO DE CRISTO JESÚS” (FLP 3,8)
El primer movimiento de mi corazón cuando he tenido noticia de que el Santo Padre me había concedido un arzobispo coadjutor con derecho a sucesión ha sido de inmensa gratitud al Papa.
Mi gratitud al Papa tiene muchas facetas y muchas modalidades. Le estoy profundamente agradecido por su ministerio y su testimonio permanente de entrega al servicio de todas las Iglesias, y especialmente de las que tal vez nosotros pensamos que menos lo merecen o que están más abandonadas o que están más lejos. Y en ese testimonio uno puede reconocer el vibrar mismo de la Encarnación del Hijo de Dios, que no tuvo como algo digno de retener el ser igual a Dios para asumir la forma de siervo y venir a estar entre nosotros y compartir nuestra humanidad en todos sus aspectos. Ese es el primer gesto con el que el Santo Padre nos enseña. La verdad es que también los Papas anteriores nos han enseñado tanto y más con sus actitudes y con sus gestos que con su misma enseñanza. Pero también le doy gracias al Papa por su enseñanza, por haber tenido el valor de, recogiendo el mensaje básico –uno de los mensajes clave del Concilio-, haber tratado de articular la relación entre sobrenatural y natural, la relación entre el cristianismo y nuestra humanidad de una manera que respondiera más a las necesidades de nuestro tiempo. Y también a las exigencias de la propia fe y de la Tradición cristiana, que nunca ha sido algo recortado y alejado de la realidad, sino un motor de cambio, una posibilidad de recuperación de una humanidad verdadera en todos los sentidos.
En ese Magisterio que continúa la enseñanza social de la Iglesia, a través de sus encíclicas y de otras decisiones, uno ve cómo el cristianismo trata de ser hecho como propuesta para todos más relevante para nuestra ida concreta, más relevante para la cultura en la que vivimos (una cultura que uno puede calificar de post-cristiana en muchos aspectos) y más relevante para la construcción de ese pueblo nuevo que es la Iglesia que nace de la Resurrección de Cristo, y que sigue vivo y seguirá vivo siempre.
A esa gratitud por lo que es el ministerio del Papa Francisco, yo uno la gratitud por todos los muchísimos signos de afecto y de delicadeza que ha querido tener conmigo a lo largo de los años de mi ministerio que han coincidido con su pontificado. Este es uno más y yo le doy las gracias por él. Se las doy de todo corazón sin ningún tipo de reserva y sin ningún tipo de fisura.
II.- “LA VERDAD OS HARÁ LIBRES” (JN 8, 32)
Tras haber expresado mi gratitud y, aunque no lo haya expresado, mi fidelidad y obediencia sin fisuras al magisterio y a las indicaciones y al ministerio del Papa Francisco, yo quiero expresar también lo que han sido estos años -19, ya- de servicio y de relación con la Iglesia de Granada.
Yo entendí la bula con la que yo venía a Granada como un desposorio. Y puedo decir que amo y he amado estos años profundamente a esta Iglesia. Y no sólo a la Iglesia, sino también a los hombres y mujeres que viven aquí, y que tal vez están alejados de la Iglesia, muchas veces por culpa nuestra. Pido perdón si alguno se ha alejado por culpa mía. Pero, mi único sentimiento es el de amor, el deseo de dar mi vida por la misión que el Señor me había confiado en Granada. Es el amor de un ser humano y, por lo tanto, es un amor torpe, con muchas deficiencias, con muchos límites, pero con un deseo de dar la vida realmente por el Señor y por Su Cuerpo que es la Iglesia, y este trocito de Iglesia precioso que Él me ha confiado. Y por este trocito de humanidad igualmente precioso, llenos de deseo de humanidad verdadera, de felicidad, de plenitud, que caracteriza al ser humano y que está muy a flor de piel en la sociedad granadina.
Dios mío, siento no haberla servido como ella se merece, tantas veces, todos los días. Y sin embargo, renuevo mi amor por ella, hasta la vida eterna.
III.- “NO HE VENIDO A SER SERVIDO, SINO A SERVIR” (MT 20, 28)
Por último, no puedo dejar de expresar mi gratitud y, además, una gratitud rebosante también, para D. José María Gil Tamayo, el arzobispo coadjutor que el Santo Padre ha querido concederme. Por su disponibilidad y por su obediencia.
Yo acabo de decir que servir a la Iglesia, amar a la Iglesia, siempre es un privilegio en cualquier circunstancia y en cualquier lugar del mundo. Yo he vivido como un privilegio el servir a la Iglesia de Granada. Yo sé que él también tendrá esta misma experiencia, a medida que se vaya acercando a vosotros. Viene con los brazos abiertos. Viene con el corazón abierto. Muy deseoso de ser un buen servidor; “servidor bueno y fiel”, como dice el Evangelio. Pero también soy consciente de que servir a una Iglesia como Ávila, aunque pueda ser como diócesis más pequeña que Granada y aunque tenga menos responsabilidades que un arzobispo metropolitano, es una diócesis tan singular, tan bella, tan rebosante de memorias de Santa Teresa y de todo lo que ha significado la Reforma católica en el comienzo de la modernidad, que es un privilegio enorme al que renunciar supone un sacrificio. Y él ha asumido este sacrificio de no llevar mas que tres años en la diócesis de Ávila para venirse a Granada, con un corazón abierto y generoso.
Yo os pido que le recibáis con ese mismo corazón abierto y generoso con el que él viene a vosotros. También os digo que, aunque lleva pocos años de obispo, su experiencia de la Iglesia es muy singular, puesto que ha sido durante años Secretario de la Conferencia Episcopal, por lo tanto es un hombre conocido; es un hombre que ha dado ya muchas muestras de su disposición a servir a la Iglesia, tal como es y tal como Dios nos la confía. Yo estoy seguro que podremos colaborar juntos de la manera que el Señor ha dispuesto como verdaderos hermanos, como una sola persona, cada uno con su riqueza y con su singularidad y con sus cualidades propias, también con nuestros defectos propios. Los míos los conocéis. Los suyos son mucho más pequeños, y por lo tanto menos fáciles de distinguir, pero juntos os serviremos mientras Dios quiera para vuestro crecimiento en Cristo, para que podáis vivir la vida nueva que Cristo nos da, la libertad de los hijos de Dios, el gozo de la fe, la esperanza y el amor que Cristo ha venido a sembrar en este mundo tan herido.
+ Javier Martínez Arzobispo de Granada 16 de julio de 2022
Mons. José María Gil Tamayo, arzobispo coadjutor electo de la Archidiócesis de Granada.
Ávila, 16 de julio de 2022 Festividad de N. Sra. del Carmen
Queridos hermanos:
Al hacerse público mi nombramiento como Arzobispo Coadjutor de la Archidiócesis de Granada deseo expresar en primer lugar mi gratitud al Papa Francisco por la confianza que deposita en mi persona al confiarme este nuevo encargo ministerial y le reitero mi comunión y afecto fraterno como sucesor que es del Apóstol Pedro y Cabeza del Colegio Episcopal. Así mismo deseo manifestar mi cariño y comunión a Mons. Francisco Javier Martínez Fernández, nuestro Arzobispo, al que soy enviado como hermano en la misión compartida de pastorear la querida diócesis de Granada. Agradezco su trabajo y su acogida fraterna, llena de cariño y confianza, así como su oración, que nos aúna en el servicio que hemos de prestaros como pastores vuestros. Voy a vosotros, queridos hermanos, con ilusión y el deseo de serviros con todas mis fuerzas, sabiendo que me incorporo al peregrinar de la Iglesia particular de Granada, que es rica en historia y vitalidad cristiana, en santidad y apostolado, con un presente lleno de realidades e iniciativas pastorales, así como un futuro esperanzador. Quiero aprender de vosotros.
Soy consciente, os confieso, de mis limitaciones personales ante la grandeza de la misión que se me confía y, por ello mismo, necesito más de vuestra ayuda y oración, así como la intercesión de nuestros santos granadinos, para que, como Iglesia, caminemos juntos anunciando con alegría el Evangelio salvador de Cristo y testimoniarlo en esta hora cargada de incertidumbres, pero también de esperanza en el Señor Jesús, que nos guía y se hace presente en medio de nuestro pueblo. No deseo otra cosa que serviros y de quereros como pastor vuestro en el nombre del Señor, especialmente a los más pobres y desfavorecidos.
Os suplico y sé que cuento de manera especial con vuestra imprescindible ayuda y acogida fraterna, queridos hermanos sacerdotes, y agradezco vuestro servicio y entrega generosa a nuestra gente. Lo mismo que con la de los hombres y mujeres que forman parte de la Vida Consagra, tan presentes en nuestra diócesis. Ruego a las queridas comunidades contemplativas que pidan continuamente al Señor por este obispo que os llega desde la diócesis, para mí tan querida, de santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz y también de la reina Isabel la Católica.
Por mi parte no he hecho otra cosa desde que conocí mi nombramiento que rezar por vosotros, por cada uno de los pueblos y ciudades de la diócesis de Granada, por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada y misionera.
En este sentido me alegro de la realidad esperanzadora de nuestros seminarios y saludo con cariño a nuestros seminaristas y sus formadores, así como a cuantos se dedican al importante trabajo de la educación y cultura cristiana, a los profesores de religión y a los catequistas y voluntarios de Cáritas, Manos Unidas y demás realidades socio-caritativas que muestran el rostro samaritano de la Iglesia para con los más pobres y nuestro mejor argumentario de fe en nuestro mundo: el amor fraterno. ¡Gracias por vuestro compromiso, lo mismo que el de nuestros misioneros granadinos!
Mi saludo y mi cariño a los fieles laicos de nuestra diócesis de Granada, presentes en nuestras parroquias, hermandades y cofradías, así como en los movimientos y asociaciones apostólicas, al igual que a nuestros jóvenes cristianos, verdaderos protagonistas de la evangelización juvenil.
Queridas familias y cuantos trabajáis en la pastoral familiar, os envío con mi saludo, mi apoyo y mi cariño en la apasionante tarea de ser iglesias domésticas que anuncien el Evangelio de la Familia y de la Vida. ¡Gracias por vuestro testimonio, generosidad y fidelidad!
Saludo a las autoridades de la entera provincia de Granada y les ofrezco mi colaboración para seguir trabajando por el bien de nuestro pueblo.
Queridos hermanos: Me encomiendo a vuestras oraciones y ayuda que me da confianza y ruego a san Cecilio que nos obtenga de Jesús la pasión evangelizadora con la que él nos transmitió en los comienzos el Evangelio de Cristo.
Que Nuestra Señora de las Angustias, nuestra patrona, bajo cuyo amparo materno pongo mi ministerio episcopal entre vosotros nos auxilie y cuide, y nuestros santos y beatos granadinos intercedan por nosotros. Con el deseo de estar pronto con vosotros recibid todo mi cariño y bendición.
+ José María Gil Tamayo Arzobispo Coadjutor electo de Granada
El Papa Francisco ha nombrado a Mons. José María Gil Tamayo arzobispo coadjutor de Granada. Así lo ha comunicado la Santa Sede hoy, sábado 16 de julio de 2022, a través de su Nunciatura en España. Mons. Gil Tamayo es actualmente obispo de Ávila.
Según indica el Código de Derecho Canónico, el obispo coadjutor toma posesión de su oficio cuando presenta las letras apostólicas de su nombramiento al obispo diocesano y al colegio de consultores. El obispo coadjutor pasa inmediatamente a ser obispo de la diócesis para la que fue nombrado cuando esta quede vacante. También determina que ha de ser nombrado vicario general por el obispo diocesano.
José María Gil Tamayo, obispo de Ávila desde diciembre de 2018
José María Gil Tamayo nació el 5 de junio de 1957 en Zalamea de la Serena (Badajoz). Recibió la ordenación sacerdotal el 7 de septiembre de 1980 y pertenece al clero de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y en Ciencias de la Información por la misma Universidad de Navarra.
Desarrolló su labor pastoral durante nueve años en pueblos de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz y en 1992 se hizo cargo de la dirección de la delegación de Medios de Comunicación y de la Oficina de Información de su diócesis y fue nombrado canónigo de la Catedral Metropolitana de Badajoz.
Durante 13 años (1998-2011) fue director del Secretariado de la Comisión de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y dirigió el Servicio de Información de la Iglesia católica en España (SIC). En este ámbito ha sido profesor del postgrado Experto en Comunicación Social de la Universidad Pontificia de Salamanca y de la Diplomatura en Comunicación Social, promovida en las diócesis cubanas por el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales y la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. En la Curia Romana ha sido Consultor del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales (2006-2016).
En 2012 fue portavoz en lengua española de la XIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrado del 7 al 28 de octubre y en febrero y marzo de 2013 fue adjunto para lengua española del Portavoz de la Santa Sede durante el periodo de renuncia de Benedicto XVI, Sede Vacante, Cónclave y elección del Papa Francisco.
En la Conferencia Episcopal fue secretario general en el quinquenio 2013-2018. El 6 de noviembre de 2018 se hizo público su nombramiento como obispo de Ávila y recibió la ordenación episcopal el 15 de diciembre del mismo año. Fue miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde abril de 2019.
En la actualidad es miembro de la Comisión Ejecutiva de la CEE desde marzo de 2020 y la Asamblea Plenaria de abril de 2022 lo nombró Presidente del Consejo de Estudios y Proyectos de la CEE.
Aunque ya desde 1332 hay constancia de presencia carmelita en nuestras tierras, con la fundación del convento masculino de Gibraleón por orden del Infante don Alfonso de la Cerda, este año se conmemora el quinto centenario de otro insigne rincón del carmelo en nuestra provincia. Se trata de la fundación, en 1522, del convento masculino en la ermita rural de la Virgen de Consolación en Trigueros, aunque la comunidad se desplazó en 1589 a su emplazamiento definitivo del que se conserva el sector conventual y la iglesia. Como nos cuenta el delegado diocesano para el Patrimonio Cultural, Manuel Jesús Carrasco Terriza, » el templo, de una sola nave, coro alto, crucero y capilla mayor, se cubre con techumbre mudéjar y con bóveda en la cabecera. Afortunadamente conserva gran parte de su patrimonio mueble, retablos, imágenes y lienzos».
Hoy, 16 de julio y festividad de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, celebramos la presencia de la devoción carmelitana que aquellos primeros monjes trajeron a nuestra tierra, una devoción universal y tan española, que un carmelita del siglo XVI decía que España era como un monasterio carmelitano, por la cantidad de cofrades que la Orden tenía y que portaban el santo escapulario.
Nuestra diócesis onubense, de norte a sur, y de esta a oeste, está también sembrada de vestigios de esta antigua devoción mariana, no sólo por la relación que tiene con el mar que baña sus costas, que también, sino por la antigua presencia carmelitana en pueblos tan distintos y distantes como Gibraleón, Escacena del Campo, Trigueros, San Juan del Puerto, Aracena, Villalba del Alcor, Paterna del Campo, Encinasola, Calañas, Cumbres Mayores, etc… En algunas de estas localidades la Virgen del Carmen es la Patrona o es venerada como tal.
Huelva, con los focos de las parroquias de Ntra. Sra. del Carmen y de la Purísima Concepción; Punta Umbría, Isla Cristina, Punta de Moral, El Rompido y La Antilla, o Mazagón, son otros lugares donde el carmelitanismo se hace presente. Y en la Sierra, destaca Galaroza. Como vemos, una devoción muy extendida.
La Virgen, siempre presente en nuestra historia, en julio, se nos hace carmelita, con el hábito marrón y la capa blanca, mostrándonos a su Hijo, para que vivamos en “obsequio de Jesucristo” en el espíritu de Elías, el profeta del Carmelo. Síntesis o símbolo de ese hábito es el escapulario, un sacramental que nos quiere introducir en la vivencia mariana de la fe cristiana fiel a nuestro bautismo, cuando nos revestimos de Cristo.
La “nubecilla sin mancha” del Carmelo prefiguró a la Inmaculada Virgen María que, también en estos meses de estío y de vacaciones, se hace presente como Madre y Hermana nuestra.
Hoy, desde todos los rincones de la diócesis sube hasta el cielo una plegaria de alabanza en la fiesta de la Madre. El “Flos Carmeli” de los carmelitas nos ayuda a expresar la belleza de María, el amparo amoroso de la Madre de Dios del Carmelo, con esta hermosa y antigua oración:
“Flor fragante del Carmelo y florida Vid sagrada, Esplendor claro del cielo, singular Virgen intacta, Madre de Misericordia y de varón preservada, que dais a los carmelitas mil privilegios y gracias, pues sois Estrella del Mar, sed norte con que logremos al Puerto eterno llegar”.
La liturgia de hoy, como la mejor forma de piropear a la Madre de Dios, nos ofrece un texto evangélico, en el que se hace como un negativo de María: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.».
En el transcurso de la Historia han surgido momentos de especial persecución religiosa. Uno de ellos sucedió en Francia, durante el transcurso de la Revolución francesa. Este 16 de julio recordamos a Aimée de Jesús (María Rosa) de Gordon y otras seis religiosas compañeras mártires, que fueron decapitadas por haberse negado a renunciar a la vida religiosa.
Sus nombres son: beatas María de Jesús (Margarita Teresa) Charansol, María Ana de San Joaquín Béguin-Royal, María Ana de San Miguel Doux, María Rosa de San Andrés Laye, Dorotea del Corazón de María y Magdalena del Santísimo Sacramento de Justamont.
El día 16 de julio de 1794 en la plaza de Orange, Francia, fueron guillotinadas siete religiosas, que aquella misma mañana habían sido juzgadas y condenadas a muerte. Los jueces estimaron que las acusaciones contra ellas habían quedado probadas. Las acusaciones por las que la República francesa consideraba que aquellas religiosas no debían seguir viviendo sino que debían ser ejecutadas eran éstas: «Todas ellas han propagado sin cesar el más peligroso fanatismo, han predicado la intolerancia y la superstición más horrible, y, refractarias a la ley, han rehusado prestar el juramento que la ley les exige…». Fueron beatificadas por SS Pío XI el 10 de mayo de 1925 en el grupo de las 32 mártires de Orange.
María Rosa de Gordon, nacida en Mondragón el 29 de septiembre de 1733, ingresó en el monasterio de las Sacramentinas de Bolléne y al profesar tomó el nombre de sor Amada (Aimée) de Jesús. Tenía en el monasterio el cargo de asistente hasta su salida del mismo. Y cuando éste fue suprimido vivía con las hermanas en comunidad en una casa alquilada y en ella continuó con su cargo, sirviendo a las hermanas como una madre, sobre todo desde que se vieron privadas de la presencia de la M. De la Fare. Ellas las animaba y consolaba, intentando ser útil en todas las cosas. Había ingresado en el monasterio en 1751 y había llevado una vida verdaderamente ejemplar.
Margarita Teresa Charansol nació en Richerenches el 28 de febrero de 1758, y al profesar en el monasterio de las Sacramentinas de Bolléne tomó el nombre de sor María de Jesús. Al llegar la persecución se quedó con las hermanas y con ellas fue arrestada, y llevada a Orange.
María Ana Béguin-Royal nació en Vals-Sainte-Marie el año 1736, y había ingresado en el monasterio de Sacramentinas de Bolléne en calidad de hermana coadjutora y tomó el nombre de sor San Joaquín. Perseveró junto a las hermanas y con ellas fue arrestada y llevada a Orange.
María Ana Doux había nacido en Bolléne el 8 de abril de 1739 y había profesado en el monasterio de las Ursulinas de su ciudad natal con el nombre de sor San Miguel en calidad de hermana conversa. Al cerrarse el monasterio se quedó con sus hermanas y corrió su misma suerte.
María Rosa Laye nació en Bolléne el 26 de septiembre de 1928 e ingresó en el monasterio de Ursulinas de su ciudad en calidad de hermana conversa y tomó el nombre de sor San Andrés. Esta hermana durante su detención no dejó de suspirar por la gracia del martirio, aunque en su humildad se tenía por indigna de ella.
Dorotea Julia había nacido en Bolléne el 27 de mayo de 1743, e ingresó en el monasterio ursulino de Pernes donde profesó con el nombre de sor Corazón de María, y en el que fue superiora. Unida a sus hermanas fue arrestada y detenida con ellas. Tenía fama de santa.
Magdalena Francisca De Justamont había nacido en Bolléne el 26 de julio de 1754 y era hermana de la religiosa beata sor María de San Enrique martirizada el 12 de julio. Había profesado los votos religiosos en el monasterio cisterciense de Santa Catalina de Avignon con el nombre de sor Magdalena del Santísimo Sacramento. Expulsada de su monasterio por la Revolución se fue a Bolléne y allí se unió a las hermanas Ursulinas, de donde primero fue expulsada y luego arrestada y llevada a Orange.
Al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús. Pero Jesús se enteró, se marchó de allí y muchos lo siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran. Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías: «Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará, hasta llevar el derecho a la victoria; en su nombre esperarán las naciones».
El Carmelo es una cadena montañosa de Israel que, partiendo de la región de Samaria, acaba por hundirse en el Mar Mediterráneo, cerca del puerto de Haifa. Esta altura tiene un encanto peculiar. Es diferente del Monte Nebo, en Jordania, del macizo del Sinaí y del Monte de los Olivos en Jerusalén.
Todas las montañas palestinas tienen sus recuerdos teofánicos (es decir de las manifestaciones de Dios), que las convierten en cumbres sagradas y místicas. Pero ninguna tan sugestiva como el Monte Carmelo. ¿Por qué San Juan de la Cruz lo tomó como el símbolo de la ascensión mística? Seguramente se le sugirió el nombre de su propia Orden Carmelitana. Pero sin duda había alguna intención más profunda que la hacía simpatizar con el misterio de la sagrada montaña del profeta Elías.
Una tradición piadosa sostiene que, desde los días de los profetas Elías y Eliseo, hubo en aquella zona hombres de oración que vivían en soledad la búsqueda de Dios. En el período de los Cruzados surgió entre los cristianos el deseo de vivir sobre aquella montaña de vida de entrega al Señor. Así surgió en el Carmelo la vida carmelita. El convento del Monte Carmelo tiene un nombre evocador: «Stella Maris» (Estrella del Mar). Es un hermoso edificio cuadrangular a 500 metros de altura sobre el nivel del Mar Mediterráno en la ciudad de Haifa.
El centro del convento lo ocupa el santuario de la Virgen del Carmen. En el altar mayor de esta hermosa iglesia en cruz griega se venera la estatua de la Virgen del Carmen, obra de un escultor italiano en 1836.
Debajo del altar se ve la gruta del profeta Elías. Según la tradición, éste era el lugar donde se refugiaba el profeta. Una estatua recuerda al celoso defensor de la religión de Yahwéh.
Nos cuentan los Padres Carmelitas que no ha sido fácil la permanencia católica sobre esta montaña. Bien es verdad que, en la época de los Cruzados, el patriarca latino de Jerusalén, San Alberto, pudo dar a los ermitaños del Monte Carmelo una regla religiosa el año 1212. Se cuenta que el carmelita San Simón Stock pasó por aquí antes de su célebre visión del escapulario carmelita.
También subió en peregrinación a esta santa montaña el rey San Luis de Francia en el año 1254 en acción de gracias por haberse salvado de un naufragio. Con la caída de la ciudad de San Juan de Acre en 1291 vino la persecusión árabe que causó el martirio de no pocos religiosos. Después de una larga interrupción de la vida monacal en la montaña que dio ocasión para la expansión del ideal carmelitano por el Occidente, regresaron los religiosos del Carmen al Monte Carmelo por el siglo XVII.
La estrella del Mar
Los marineros antes de la edad de la electrónica confiaban su rumbo a las estrellas. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.
Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar. Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar
Los Carmelitas y la Virgen del Carmen se difunden por Europa
La Virgen Inmaculada, Estrella del Mar, es la Virgen del Carmen, es decir la que desde tiempos remotos allí se le venera. Ella acompañó a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo. A los Carmelitas se les conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías. Llegaron incluso a llamárseles: «Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo». En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en honor ella, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a ella, y por ella a Cristo.
El Escapulario Carmelita
Nuestra Señora del Monte CarmeloLos signos en la vida humana y cristiana Vivimos en un mundo con cantidad de realidades tomadas como símbolo: el rayo de luz, la llama de fuego, el agua que brota… En la vida de cada día existe también gestos que expresan y simbolizan valores más profundos: como el compartir la comida (signo de amistad), el ponerse en fila para una manifestación (signo de solidariedad), el estar todos en pie (respeto).
Como hombres tenemos necesidad de signos o símbolos que nos ayuden a entender y vivir.
Como cristianos tenemos a Jesús, el gran don y al mismo tiempo signo eterno del amor del Padre. El estableció la Iglesia, ella misma como signo e instrumento de su amor. E incluso utilizó pan, vino, agua para remontarnos a realidades superiores que no vemos ni tocamos: constituyó signos capaces para dárnoslas verdaderamente, es decir los Sacramentos.
En la celebración de los Sacramentos los símbolos (agua, aceite, pan, imposición de las manos, anillos) expresan y operan una comunicación con Dios, que se hace presente a través de tales cosas concretas y cotidianas.
Además de los signos litúrgicos, existen en la Iglesia otros signos, ligados a un acontecimiento, a una tradición, a una persona.
UNO DE ESTOS ES EL ESCAPULARIO DEL CARMEN.
Origen del Escapulario
En el Medioevo muchos cristianos querían unirse a las Ordenes religiosas fundadas entonces: Franciscanos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas. Surgió un laicado asociado a ellas mediante las Confraternidades.
Las Ordenes religiosas trataron de dar a los laicos un signo de afiliación y de participación en su espíritu y apostolado. Este signo estaba constituido por una parte significativa del hábito: capa, cordón, escapulario.
Entre los Carmelitas se estableció el Escapulario, en forma reducida, como expresión de pertenencia a la Orden y de compartir su devoción mariana.
Actualmente el Escapulario de la Virgen del Carmen es un signo aprobado por la Iglesia y propuesto por la Orden Carmelitana como manifestación del amor de María por nosotros y como expresión de confianza filial por parte nuestra en Ella, cuya vida queremos imitar.
El «Escapulario» en su origen era un delantal que los monjes vestían sobre el hábito religioso durante el trabajo manual. Con el tiempo asumió el significado simbólico de querer llevar la cruz de cada día, comlos verdaderos seguidores de Jesús. En algunas Ordenes religiosas, como el Carmelo se convirtió en el signo de la decisión de vivir la vida como siervos de Cristo y de Maria.
El Escapulario simbolizó el vínculo especial de los Carmelitas a María, Madre del Señor, expresando la confianza en su materna protección y el deseo de seguir su ejemplo de donación a Cristo y a los demás. Así se ha transformado en un signo Mariano por excelencia.
Nuestra Señora del monte CarmeloEl Escapulario, signo mariano
El Escapulario ahonda sus raíces en la larga historia de la orden Carmelita, donde representa el compromiso de seguir a Cristo como María, modelo perfecto de todos los discípulos de Cristo. Este compromiso tiene su origen lógico en el bautismo que nos transforma en hijos de Dios.
La Virgen nos enseña
A vivir abiertos a Dios y a su voluntad, manifestada en los acontecimientos de la vida; A escuchar la voz (palabra) de Dios en la Biblia y en la vida, poniendo después en práctica las exigencias de esta voz; A orar fielmente sintiendo a Dios presente en todos los acontecimientos; A vivir cerca de nuestros hermanos y a ser solidarios con ellos en sus necesidades.
El Escapulario introduce en la fraternidad del Carmelo, es decir en una gran comunidad de religiosos y religiosas que, nacidos en Tierra Santa, están presentes en la Iglesia desde hace más de ocho siglos. Compromete a vivir el ideal de esta familia religiosa, que es la amistad íntima con Dios a través de la oraciòn Pone delante el ejemplo delos santos y santas del Carmelo con quienes se establece una relación familiar de hermanos y hermanas. Expresa la fe en el encuentro con Dios en la vida eterna por la intercesión de María y su protección.
En síntesis y en concreto el escapulario del Carmen NO ES Ni un objeto para una protección mágica (un amuleto) Ni una garantía automática de salvación Ni una dispensa para no vivir las exigencias de la vida cristiana, al revés! ES Un signo «fuerte» aprobado por la Iglesia desde hace varios siglos, ya que representa nuestro compromiso de seguir a Jesús como María: * abiertos a Dios y a su voluntad * guiados por la fe, por la esperanza y por el amor * cercanos al prójimo necesitado * orando constantemente y descubriendo a Dios presente en todas las circunstancias * un signo que introduce en la familia del Carmelo * un signo que alimenta la esperanza del encuentro con Dios en la vida eterna bajo la protección de María Santísima.
Normas prácticas * El Escapulario lo impone una vez para siempre, un religioso carmelita u otro sacerdote autorizado. * Puede ser sustituido por una medalla que represente por una parte la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, y por otra la de la Virgen. Esta medalla se bendice cuando se cambia. * El Escapulario es para los cristianos auténticos que viven conforme a las exigencias evangélicas, reciben los Sacramentos y profesan una especial devoción a la Santísima Virgen (expresada con el rezo cotidiano de al menos tres Ave Marías).
Imposición del escapulario: fórmulaRecibe este Escapulario, signo de una relación especial con María, la Madre de Jesús, que te comprometes a imitare. Este Escapulario te recuerde tu dignidad de cristiano, tu entrega al servicio del prójimo y a la imitación de María. Llévalo como signo de su protección y como signo de tu pertenencia a la familia del Carmelo. Estáte dispuesto a cumplir la voluntad de Dios y a comprometerte en el trabajo por la construcción de un mundo que responda al plan de fraternidad, justicia y paz de Cristo.