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“Acudimos a Ti, Señora”

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Homilía de D. Javier Martínez, arzobispo de Granada, en la Eucaristía del 25 de septiembre de 2022, celebrada en la Basílica de las Angustias, ante la Sagrada Imagen de la Patrona de Granada.

“Los que recuerden esta hazaña de Dios nunca perderán la confianza que Tú inspiras”. Lo hemos escuchado en el elogio que hace a Judith, el autor del libro de Judith, y porque había eliminado al enemigo que amenazaba con la destrucción del pueblo de Israel. Señor, Tú eres el único Salvador, Redentor, la única esperanza que se nos ha dado bajo el Cielo para que podamos ser salvos. Tú, que te uniste a nuestra condición humana en tu Encarnación y quisiste compartir esa condición humana hasta la muerte, y una de las muertes más horribles que la humanidad ha imaginado. Todas las muertes son malas, todas las muertes son horribles. Pero en este mundo marcado por el sello del pecado las hay más horribles que otra. Y el Señor quiso escoger una de las más horribles que ha inventado la humanidad, para que ninguno de nosotros pudiera sentirse solo en los momentos de angustia, en los momentos de ansiedad, de dificultad, de temor, de pánico. Sea cual sea nuestra situación, podemos decir “el Señor me entiende”. No sólo me entiende, sino que el Señor está conmigo, compartiendo conmigo mi dolor, mis dolores, mis angustias y eso es la unión de Dios, del Hijo de Dios con la condición humana. Sucedió en el seno de una mujer, María, elegida por Él para ser Su madre, porque si no, no hubiera sido un hombre verdaderamente. Y que compartió su camino no siempre entendiendo todo lo que sucedía, pero siempre fiel y acompañando a Su hijo que no entendía. Nos lo recuerda el episodio cuando a los 12 años se queda en el templo y les dice a María y a José: “¿Pero no sabíais que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre?”. Las cosas de su Padre son las nuestras.

Las cosas de Dios son nuestras cosas, porque Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Dios no tiene intereses propios, porque Dios es Amor. No sólo tiene sentimientos de amor, y no sólo los tiene algunas veces, sino que Dios es Amor y nos ha creado a nosotros y nos ha regalado nuestra vida humana precisamente para que podamos participar de ese amor, vivir de esa comunión que Dios es, introducirnos en Su vida divina, transformarnos en ese amor sin límites que es el amor de Dios y por muchos millones de hombres que seamos. Veréis, no se va a agotar el amor de Dios, porque el amor de Dios es infinito. Qué alegría me da cada vez que los astrónomos descubren que hay millones de galaxias que no habíamos conocido hasta hoy. Y cada galaxia es como algo casi ya inabarcable para nosotros. Nosotros formamos parte de una y la vemos lejísimo de la Vía Láctea. Hay millones de galaxias como aquella en la que nosotros pertenecemos, porque nos permite asomarnos tímidamente a la infinitud del amor de Dios. Por lo tanto, el amor de Dios no se agota. El amor de Dios no hay nada que lo empequeñece. Pero Dios ha querido compartir nuestra condición humana, compartirla hasta la muerte y compartirla de un modo que una mujer pudiese ser el comienzo de la humanidad nueva.

Él quiso nacer de una mujer. Si no, no hubiera sido hombre de verdad. Y esa mujer le acompañó y le acompañó hasta la muerte, y vivió su pasión y pudo experimentar el dolor que una madre puede experimentar cuando pierde a un hijo. Pero imaginaros a un hijo que lo pierde ajusticiado y objeto de burla para todos a las afueras de la ciudad, para que todo el que pasara por las puertas pudiera verlo y sentir el ridículo, la burla, el desprecio de que era objeto el Hijo de Dios y el Señor se entregó a esa muerte por nosotros, y la Virgen le acompañó en ese dolor y en esa muerte por nosotros.

Qué significativo es cuando en el Evangelio que acabamos de leer, Jesús le dice a su Madre: “Madre, ahí tienes a tu hijo”. El hijo es Juan, el único de los discípulos que se había quedado allí junto con la madre de Jesús y aquel otro grupo de mujeres que le habían acompañado y que le querían y que estaban junto a la cruz y no se dejaron atemorizar por las persecuciones y por los insultos y los desprecios de que era objeto Jesús y la condena de que habían sido objeto Jesús; el único de los discípulos, Juan, y el Señor se lo entrega a la Virgen como Hijo, y en ese Hijo estamos representados todos. Por eso, desde que se consuma la unión de Cristo Jesús con la naturaleza humana que se culmina en esa unión en la cruz, en la muerte de Jesús, María es nuestra Madre, la Madre de todos, de quienes creemos y también de los que no creen, aunque no lo sepan. También ellos están en Su corazón. Ningún hombre queda fuera de ese corazón que está tan unido al de Cristo, que el de Cristo ha empezado a latir justamente en su seno, como cualquier hijo, en cualquier madre. Sólo que Jesús no era cualquier hijo, era al mismo tiempo el Hijo de Dios.

Señor, acudimos a Ti en busca de esa vida plena que anhelamos en nuestro corazón, pero que nosotros no somos capaces de darnos a nosotros mismos. Pero acudimos a tu Madre igual que a Ti. Sencillamente, porque en ella vemos esa plenitud de la humanidad realizada también a través de la Pasión, pero bendecida. Quién podría creerse cuando no habías nacido todavía “dichosa te proclamarán todas las generaciones. Los que recuerden esta hazaña de Dios jamás perderán la confianza que tú inspiras”, le decía el autor del libro de Judith a Judith. Quienes comprendan, quienes se acerquen a esta hazaña de Dios, que es habernos amado sin límites, haberse entregado a nosotros hasta la misma muerte para que nosotros podamos vivir, hacerte pobre de la divinidad, para que nosotros podamos ser ricos como hijos de Dios. Nadie. No hay hazaña igual en la historia. Por eso, Tu nacimiento y Tu vida, Señor, es el centro de la historia humana. El centro de la creación es el centro del cosmos y de la historia, decía San Juan Pablo II. Pues a Ti acudimos, Señor. A Ti acudimos, Señora, hoy, con el peso de todas nuestras fatigas, las fatigas de la vida, las fatigas de la edad, las fatigas de la enfermedad, las fatigas de nuestros seres queridos desaparecidos. En estos años en que no hemos podido estar junto a Ti de la misma manera que nos gusta estar, que nos gusta que Tú nos acompañes. Acudimos a Ti, Señora, y sabemos que no te cansan esas fatigas nuestras, que en el dolor y en el triunfo que acompaña a la muerte de tu Hijo están también recogidos todos nuestros dolores, todas nuestras penas, nuestras fatigas, nuestras ansiedades, nuestras angustias. Y no sólo recogidos, sino transfigurados, transformados. Por eso, le hemos pedido a la Virgen que podamos asociarnos a la Pasión de Cristo. A la Pasión de Cristo estamos asociados todos, porque no hay vida humana en la que no aparezca el dolor, en la que no aparezca nuestra condición mortal, en la que no aparezca la enfermedad o la traición o la mentira de los hombres. No hay vida humana, sólo que si estamos junto a Ti; si vivimos como Tú esa pasión que Tú has vivido al lado de tu hijo. Si comprendemos como Tú que nuestros dolores están presentes tu Hijo, que son parte de su propia pasión y de sus propios dolores, entonces la pasión y el dolor y la angustia se transfiguran, no porque desaparezcan, pero dejan de ser destructivos y no dejamos de sufrir. No dejamos, pero ese sufrimiento es compatible con una alegría muy profunda de saber que nunca tendrá el dolor y la muerte ni el mal la última palabra sobre nuestras vidas. Porque ha habido alguien más fuerte que el dolor y que la muerte, porque hay alguien más grande, más poderoso y más fuerte que el mal. Y ese alguien es Dios que se ha entregado a nosotros en su Hijo Jesucristo.

¿Cómo no vamos a celebrarte? No estás vestida como una madre que tiene a su hijo muerto en sus rodillas. Estás vestida como una reina, y todos nosotros, en la medida en que nos unimos o sencillamente acogemos el amor de tu Hijo y tu amor en nuestras vidas, somos reyes, somos reinas en nuestra propia vida, a pesar de la muerte, a pesar del mal, a pesar de todo, porque tu amor es más grande. También lo decía Juan Pablo II en una ocasión donde estaba un grupo interrumpiendo una celebración en una de sus celebraciones en América. Y él se agarró al micrófono. No hacía más que decir (estuvo casi tres cuartos de hora diciéndolo): “Pero el amor es más fuerte, pero el amor es más grande. Pero el amor es más fuerte”.

Nosotros sabemos, Señora, y por eso te celebramos en este día de una manera distinta, más grande y porque tenemos ansiedad de que nos acompañes. Tenemos necesidad de sentir tu compañía y la sentimos y la agradecemos al mismo tiempo que nos damos cuenta que el amor es más fuerte y eso nos sostiene en la esperanza y hace que la vida tenga sentido. Si no hubiera ese amor más fuerte que se ha revelado en tu Hijo, nada tendría sentido. No tendría sentido nacer, no tendría sentido crecer, estudiar, trabajar, enamorarse no tendría sentido nada. En realidad, gracias al amor infinito de Dios que se nos da en Cristo, todo tiene sentido. También el sufrimiento. Y también descubrimos que el sufrimiento no es lo último ni lo será, porque nunca tu amor se dejará vencer por el mal del mundo.

En esta confianza, en este Día de las Angustias, después de tres años sin poder celebrarlo, proclamamos nuestra fe en la fe de la Iglesia Católica, gozosos de poder proclamarla juntos en Cristo Jesús, Señor nuestro.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

25 de septiembre de 2022
Basílica de Nuestra Señora de las Angustias (Granada)

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Procesión de la Virgen de las Angustias y toma de posesión del arzobispo coadjutor, en Iglesia Noticia

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Procesión de la Virgen de las Angustias y toma de posesión del arzobispo coadjutor, en Iglesia Noticia

Podcast del informativo diocesano, Iglesia Noticia, escuchado en COPE Granada y Motril este domingo 25 de septiembre a las 09:45.

En este nuevo programa informamos sobre la procesión de la Virgen de las Angustias, esperada después de un tiempo largo sin poder llevarse a cabo. Damos los detalles de la Misa de toma de posesión del nuevo arzobispo coadjutor de la diócesis, D. José María Gil Tamayo, al que están invitados todos los fieles.

Les contamos el nombramiento de “regidor perpetuo” que ha recibido el Cristo de la Cofradía Nuestro Padre Jesús Nazareno en Almuñécar y los detalles de una chocolatada solidaria en el hotel Victoria.

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Apertura del curso pastoral 2022-2023 en nuestra Diócesis

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La Vicaría de acción pastoral y evangelizadora de nuestra Diócesis nos invita a todos, en nombre de nuestro Obispo, a la Eucaristía de apertura del curso pastoral que tendrá lugar el próximo lunes 3 de octubre a las 7,30 de la tarde en la S. y A. I. Catedral de Almería, para que todos los laicos, miembros de Consejos parroquiales, movimientos y asociaciones, junto con las religiosas y sacerdotes podamos iniciar juntos este nuevo curso pastoral, invocando al Espíritu Santo.

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Arranca el nuevo Consejo Pastoral Diocesano

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Nuestro Obispo D. Antonio ha convocado a todos los diocesanos a elegir los miembros del Consejo pastoral diocesano que será constituido el próximo lunes 24 de octubre.

Para ello, según sus Estatutos renovados en la Solemnidad de Pentecostés, los laicos de cada arciprestazgo, movimientos y asociaciones de apostolado seglar, miembros de asociaciones públicas y privadas de fieles, así como los sacerdotes y miembros de Vida Consagrada elijan a sus representantes en este Consejo que ayuda y asesora al Obispo diocesano en el estudio y la valoración de la realidad pastoral de la diócesis y propone propuestas prácticas para elaborar las programaciones pastorales diocesanas, al tiempo que es un instrumento de comunión y de sinodalidad en la Iglesia diocesana, para caminar juntos en la tarea compartida de anunciar a Cristo hoy en nuestra tierra.

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Visita Pastoral a la Parroquia de San Juan Bautista (Antequera)

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Homilía de Mons. Jesús Catalá durante la Visita Pastoral a la Parroquia de San Juan Bautista en Antequera.

VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA DE SAN JUAN BAUTISTA

(Antequera, 25 septiembre 2022)

Lecturas: Am 6, 1.4-7; Sal 145; 1 Tm 6, 11-16; Lc 16, 19-31.

(Domingo Ordinario XXVI – C)

1.- La riqueza y el desprecio del pobre

La primera lectura y el evangelio critican un modo de vivir, que muestra la aberración del egoísmo ciego, del que disfruta de los bienes sin tener en cuenta a los que pasan necesidad. Su mente y corazón se embotan con los placeres de la gula y de la sensualidad; y, al final, labran la perdición.

Estos tales «se acuestan en lechos de marfil, se arrellanan en sus divanes, comen corderos del rebaño y terneros del establo» (Am 6, 4); «beben el vino en elegantes copas, se ungen con el mejor de los aceites» (Am 6, 6).

Pero esta gente tal vez no se conmueve por la situación de los más necesitados. Esta crítica no va dirigida solo a los ricos, sino a todos, aunque no tengan mucha riqueza. El texto se refiere al modo de vivir.

Cuando trabaja en el Vaticano tuve el gozo de encontrar en varias ocasiones a Madre Teresa de Calcuta, hoy santa; ella hablaba siempre de atender a los más pobres de entre los pobres. Siempre habrá en el mundo gente que no tenga las necesidades básicas cubiertas; y nuestro amor debe llegar a ellos. Hace años propuse que un porcentaje (10%) de nuestras caritas parroquiales debe ir a los más pobres del mundo, a través de caritas nacional e internacional. La Santa Sede conoce mejor que nadie las necesidades de los más pobres del mundo.

A los voluntarios de las “caritas parroquiales” les digo que solemos atender las necesidades de “pobres ricos” de nuestra sociedad, comparados con los verdaderamente pobres de otros lugares; y mientras haya un pobre que no tenga nada, es preciso atenderlo.

Debemos examinarnos ante el Señor sobre cómo vivimos y compartimos.

2.- Vivir como “hombres de Dios”

El apóstol Pablo recomienda a sus fieles el estilo propio del creyente, en contraste con la vida del pagano: «Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas. Busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre» (1 Tm 6, 11).

Estamos llamados a vivir como “hombres de Dios” en una sociedad pagana, alejada de la fe, que rechaza la transcendencia. San Pablo nos invita a realizar el combate de la fe: «Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna» (1 Tm 6, 12). El Señor nos pide que lo hagamos presente.

En la vida diaria el Señor nos llama a ser testigos del evangelio, a proclamar el anuncio de la salvación y la alegría de tener como Padre a Dios, como Hermano a Jesucristo y como Madre a la Santísima Virgen, siendo buenos templos del Espíritu Santo.

3.- Adorar solo a Dios

San Pablo exhorta a guardar «el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo» (1 Tm 6, 14).

El mandamiento principal es amar solo a Dios. «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto» (Mt 4, 10), respondió Jesús al diablo en las tentaciones en el desierto. Hemos de adorar solo al Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo; al Dios que Cristo nos ha revelado.

Este mandato es incompatible con la idolatría del placer, del tener y del poder. El mandamiento nuevo, que Jesús dejó a sus discípulos, es el amor mutuo, incompatible con todo acto egoísta.

El mandamiento principal es amar a Dios y al prójimo, y no se puede separar.

4.- La parábola del rico y del pobre  

La parábola evangélica del rico y del pobre Lázaro nos enseña en primer lugar el contraste de vida entre ellos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día» (Lc 16, 19). Y a su lado: «un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico» (Lc 16, 20-21).

El rico era ajeno al sufrimiento de los demás; y al pobre mendigo nadie daba nada. Cuando ambos mueren, el que tenía bienestar va al infierno; y el pobre es llevado al seno de Abrahán con los justos (cf. Lc 16, 22). El Señor «derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes» (Lc 1, 52). ¿Qué preferimos nosotros?

Una enseñanza que podemos sacar es que no hay sufrimiento inútil, ni prueba que Dios no valore. El pobre sufriente, sentado a la puerta del rico, fue llevado a gozar de la felicidad. La ternura de Dios hacia los que han sido abandonados y despreciados, se manifiesta llevándolos a la bienaventuranza eterna.

5.- Testigos de la verdad

El rico pide a Abrahán que envíe a Lázaro para advertir a sus hermanos y evitar que vayan al lugar del tormento (cf. Lc 16, 28).

El rico del evangelio pensaba que, si un muerto advertía a los hermanos del rico de existencia de la otra vida, se convertirían (cf. Lc 16, 30). Abrahán le responde: «Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen» (Lc 16, 29).

Ante la insistencia del rico, Abrahán dice: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto» (Lc 16, 31).

Nuestros coetáneos pueden escuchar nuestro testimonio para convertirse; los cristianos somos “hombres de Dios” y profetas que hablan en nombre de Dios; y podemos ayudar a otros a que descubran la maravilla de la fe.

Queridos fieles, somos los testigos que anuncian hoy a nuestros paisanos la verdad revelada. Nuestra misión es anunciar la buena nueva, advirtiendo a nuestros contemporáneos que existe otra vida más allá de la muerte temporal; porque muchos viven como si Dios y la vida eterna no existieran.

Pero la vida eterna ha entrado ya en la historia por medio de Jesucristo. Aprendamos de esta parábola cuál es el destino final del ser humano, llamado a compartir con Dios la felicidad eterna.

6.- La Visita pastoral

La Visita pastoral pretende que la comunidad cristiana de san Juan Bautista se renueve; exige la revisión de cómo vivimos la fe, cómo la celebramos, cómo nos formamos y cómo damos testimonio en nuestra sociedad.

Después de la Eucaristía tendremos un encuentro dialogar sobre estos temas.

Hoy celebra la Iglesia la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado con el lema: “Construir el futuro con los migrantes y los refugiados”. Se nos invita a construir una sociedad nueva, contando con el que viene de fuera de nuestras fronteras. Si alguien de nosotros va a otros lugares, también deseamos que cuenten con él para construir una sociedad mejor.

San Juan Bautista, titular de esta parroquia, fue testigo de la presencia del Salvador, anunciando que Jesús era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y dio su vida por dar testimonio de la verdad. Nosotros podemos entregar cada día nuestra vida por defender la verdad. Le pedimos su intercesión.

Pedimos también a la Virgen María su protección para ser testigos valientes de la buena Nueva, anunciando la verdad de la vida eterna. Amén.

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Septiembre nos trae la ordenación de Jesús Molina como diácono

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«Querido Jesús, confía en el Señor porque Él confía en ti y te da la gracia para servirle»

La Iglesia en Cádiz cuenta desde hace unas horas, con un nuevo diácono: Jesús Francisco Molina Fernández.

La Catedral ha acogido esta mañana la ordenación diaconal que ha estado presidida por el obispo diocesano y concelebrada por el obispo de Guantánamo (Cuba). El recién ordenado estuvo acompañado por una amplia representación del clero diocesano, del Cabildo Catedral, diáconos permanentes de la diócesis, así como sus compañeros seminaristas, familiares y amigos que quisieron estar a su lado en este importante momento de su vida como cristiano.

La solemne ceremonia ha comenzado con la procesión al altar en la que el candidato ya se mostraba visiblemente emocionado. Durante la homilía Mons. Rafael Zornoza se ha dirigido a él «Hoy es un día grande para el Seminario, celebrando esta ordenación. Querido Jesús hoy estás aquí, disponible y preparado para recibir el sacramento del orden y para hacer con el diaconado la consagración definitiva de tu vida al Señor, que te ha llamado, en este ambiente de discípulos del Señor. Con sencillez y con el amor de tu familia que siempre te acompaña en la fraternidad de tus compañeros que son ya tus amigos y han de ser durante toda tu vida, hermanos en el presbiterio».

Al ordenando le ha subrayado la importancia de una consolidada vida de oración  «la experiencia de la vocación es la de haber sido encontrado por Dios, alcanzado por el que nos escoge entre muchos, seduciendo nuestro corazón. Acrecienta día a día el Espíritu de oración, en intimidad como corresponde a tu vocación y para interceder siempre por el pueblo de Dios. Así harás del Espíritu Santo, tu cómplice para desempeñar el ministerio fortalecido con sus dones».

«Solo quien conoce el amor de Dios, y lo vive, puede comprender las promesas que hoy vas a hacer, y el compromiso que asumes en los llamados consejos evangélicos, porque la virtud de la obediencia, la entrega del corazón, el desprendimiento de los bienes… son las opciones de la existencia terrena de Jesús, que revela el misterio de su ser».

El prelado le recordaba al ordenado que su misión es hacer visible dentro de la Iglesia y entre sus hermanos, la figura de Cristo. Que deberá hacerlo sobre todo a través de la palabra, la predicación , la eucaristía y la caridad, dejando que Dios actúe. También que por la importancia de su condición bautismal, reciben con todos los bautizados, aquello que han de dar como ministros.

Mons. Zornoza también se ha referido a la sacramentalidad del ministerio que Dios le ha concedido «esta palabra, sacramentalidad, significa referencia especial a otro, un yo troquelado por el yo del Señor hasta decir vivo yo, pero no soy yo. Es Cristo quien vive en mí. Ser sacramento significa yo doy lo que yo mismo no puedo dar, hago lo que no precede de mi, soy portador de lo que otro me ha confiado, y esto exige un vaciamiento del propio yo, para que Cristo crezca. Tienes que ser misionero, un hombre de Dios».

Lo importante, en definitiva es «morir así mismo para dejar a cristo resucitado, vivir en nosotros, que es nuestra verdadera fuerza».

Al final de su homilía el obispo diocesano dirigiéndose a él «vive pues con alma limpia el misterio de la fe, y proclama su amor con palabras y obras. El hombre nuevo que nace de las aguas del bautismo y se alimenta de la eucaristía, se convierte por la gracia recibida en un cooperador en la obra de Cristo. Imita pues en tu vida el ejemplo de Cristo, vivir tu vida a partir de la Palabra de Dios y configurarte con al eucaristía y por eso el centro y culmen del ministerio que recibes. El amor compasivo que el Señor te pide practicar, es también ejercicio de la fe, por tanto, que sea para ti un privilegio atender y ayudar al Cristo sufriente y en los enfermos y pobres. Comprobarás la fuerza evangelizadora de la caridad».

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“Tenemos necesidad de Dios”

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Homilía del arzobispo de Granada, D. Javier Martínez, en la toma de posesión del nuevo párroco en la parroquia de la Encarnación en Santa Fe, el 24 de septiembre de 2022.

Querido Francisco, queridos Jorge e Israel;

Hace apenas quince días, al mismo tiempo que celebraba sus bodas de plata como párroco de esta parroquia de la Encarnación, D. Eduardo, (veinticinco años son muchos en la vida de una persona, es un cuarto de siglo; sin embargo, en la vida de la Iglesia es poco. Las personas pasamos y es normal). Somos conscientes, desde que tenemos uso de razón, de que nuestra condición humana es una condición mortal aquí abajo, y quienes conocemos a Jesucristo sabemos que la muerte no es lo último sobre nosotros, sino que la muerte nos abre el camino hacia la vida eterna, hacia los brazos misericordiosos y abiertos del Señor.

Hoy inaugura D. Francisco su ministerio como párroco, y Jorge e Israel le van a ayudar en ese ministerio. Los tres, estoy seguro, van a dar un testimonio muy bonito de comunión, y esa comunión -que el Señor nos pide a todos, pero pide particularmente a Jesús, a sus apóstoles- es algo que Dios bendice siempre, es algo que cuando lo pedimos, Dios nos lo concede siempre, porque es el modo de vida de Dios. Nosotros creemos en un Dios que es comunión de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En la humanidad echamos de menos la comunión porque vamos a nuestros intereses y, cuando vamos a nuestros intereses nos alejamos unos de otros, nos separamos unos de otros, nos dividimos enseguida, entramos en conflicto unos con otros. A veces entramos en verdaderas guerras unos con otros y no voy a hacer referencia a la guerra que todos tenemos en mente, porque es la más sonada, la más trágica en estos momentos, pero no es la única que hay en el mundo. La mayor parte de las guerras y de los conflictos, hasta en los matrimonios y hasta en las familias, nacen de la avaricia, del amor al dinero.

El domingo pasado, en una parábola que normalmente no se entiende con facilidad, hablaba del “dinero de iniquidad” y, en realidad, la traducción es muy literal porque la Iglesia no toca nada del texto original griego de los Evangelios, pero lo que eso viene a equivaler en nuestro español de uso sería “el maldito dinero”. Decía, “utilizad el maldito dinero de tal modo que podáis tener amigos cuando llegue la hora de que os reciban en las moradas eternas”. En el Evangelio de hoy no dice si Lázaro era bueno o malo, tampoco dice si el hombre rico que banqueteaba era bueno o malo, pero vivía sometido al “maldito dinero”. Y el maldito dinero al cual damos todos culto en el mundo en el que vivimos -hasta tal punto que se dice que un país va bien si el PIB crece-… yo sé que estamos en un momento muy delicado económicamente, pero también sé que la causa principal de ese momento es que cuando el dinero se pone por encima de todo eso, el mundo se desestabiliza, los países entran en conflicto. Si la gente se mata, si los hermanos se separan por ocho olivos y las familias se rompen por ocho olivos, decidme a mí cuando lo que entra en juego son miles de kilovatios o millones de toneladas de petróleo, de gas o de agua. Algunas de las últimas guerras que hemos vivido, eso no lo dicen normalmente los medios, pero eran guerras por el agua, porque el agua está empezando a escasear. El agua potable, el agua de beber que Dios nos ha dado está empezando a escasear en muchas zonas del mundo. Quiera Dios que la sequía que estamos nosotros mismos padeciendo no sea una sequía duradera ni larga. Tenemos que pedirle a Dios la lluvia. Hay que pedírsela, porque no somos los dueños del mundo. Nos hemos creído los dueños del mundo, hemos utilizado el mundo como un modo de sacar dinero, de explotar. Se habla de explotar, de explotar la tierra. Explotar la tierra es una forma de abuso. Siempre que se explota a alguien es una forma de abuso y si se explotan cosas que Dios ha hecho para todos, también estamos abusando de algo que no nos pertenece, que Dios nos ha dado para que lo administremos con bondad y con misericordia.

En esta humanidad atomizada y dividida sobre todo por el amor al dinero, la Iglesia tiene que ser la señal, el sacramento, de una humanidad nueva, que no es una humanidad heroica. Si es que todos anhelamos ser amados. Si es que todos estamos hechos para el amor. Si es que todos quisiéramos ser tratados como hermanos y no como desconocidos, no como extraños, no como extranjeros en ningún lugar de la tierra. Nuestro corazón está hecho para la fraternidad, está hecho para el cariño, está hecho para la bondad, para la ayuda mutua, aunque no lo sepamos construir una y otra vez, nos dividimos, nos separamos los unos y ahí es donde entra el Señor, y cuando está el Señor presente, surge.

Francisco me quería contar una historia bonita de su parroquia en La Chana, que es una historia que es como un milagro. Yo creo que cualquier sacerdote podemos contar historias semejantes, quizás iguales. La situación es muy parecida a como cuando empezó el cristianismo, por eso los Papas hablan a veces de “nueva evangelización”. Cuando empezó el cristianismo, en aquel Imperio romano tan grande, pues la gente estaba muy perdida y los ricos vivían también muy bien. Eso pasaba hasta en Israel y era una nación chiquitita, y el mundo estaba lleno de pobres. Nuestro mundo precisamente en la medida en que facilita una economía orientada exclusivamente a que aumente la riqueza dentro del país, la riqueza de una región o la riqueza de un pueblo, nos deshumaniza. Se llena de familias que no llegan a fin de mes, se llena de familias necesitadas, se llena de personas que no tienen lo necesario para vivir mientras nos gastamos un montón de cosas que son innecesarias. Se nos invita constantemente a consumir. Se dice que vivimos, con mucha razón a veces, en una sociedad de consumo, pero los que somos consumidos somos nosotros, es nuestra humanidad la que se consume cuando sólo vivimos para el consumo.

Me diréis, ¿y esto que tiene que ver con los curas que vienen? Jesucristo vino a inaugurar esa humanidad posible, que es una humanidad de hermanos. No vino a ser un convento pequeño donde estemos alrededor de una mesa camilla y nos sintamos muy a gusto. Vino a cambiar nuestra desesperanza en afecto, en amor de hermanos, en comunión. Vino a hacer posible una comunión entre hombres y mujeres. San Pablo decía: “Ya no hay esclavo ni libre, ya no hay judío ni gentil, ya no hay griego o bárbaro, ya no hay hombre ni mujer, porque todos somos uno en Cristo Jesús”. Con eso reconocía algo que no se reconocía para nada en el mundo antiguo, desde la dignidad de la mujer hasta la dignidad del esclavo. Uno de los primeros papas fue un esclavo, con lo cual los cristianos no hicieron manifestaciones, pero al elegir como sucesor de Pedro a un esclavo, rompía los esquemas de aquel mundo, mostrando que la caridad es lo más importante y una caridad concreta, adecuada no a lo que yo pienso que brilla, sino a las necesidades de aquel que se cruza en el camino de mi vecino, de mi hermano, de mi prójimo.

Un pueblo como Santa Fe -donde yo sé que muchos viviesen en Granada, o trabajáis en Granada y pasáis el día en Granada-, tiene unas dimensiones donde esa humanidad puede ser perfectamente bella, visible, donde no haya nadie que pase necesidad. ¿Por qué? Porque no lo consentimos los demás. Porque no le vamos a dejar solo a nadie; porque no vamos a permitir que nadie tenga que envejecer y morir solo, por ejemplo. Cosa que pasa todos los días en todas las grandes ciudades del mundo. Parroquia significa, en su origen, “Cristo junto a las casas”. Entonces, vuestra misión, que es anunciar el Evangelio, es perdonar y acoger con misericordia a todos los que vengan a vosotros. Es alimentarles con el Cuerpo y la Sangre de Cristo de forma que Cristo pueda vivir en el corazón y en la vida de los actos de las personas. Junto a las casas. Aquí podéis hacerlo, podéis vivirlo.

Mañana empieza un tiempo precioso en un momento en que tenemos necesidad de Dios. Todos nos damos cuenta de que tenemos necesidad de Dios; que nos hemos creído que éramos superhombres. Viendo los incendios de las últimas semanas, uno se da cuenta de que hay personas que han perdido casi todo lo que tenían. Yo celebré la Eucaristía y las personas cantaban en la Eucaristía y demostraban en su fe en que, efectivamente, no somos los dueños de nuestra vida, le pedían al Señor fortaleza y esperanza para hacer frente a la situación. Nos unimos también a ellos, porque no hemos tenido incendios aquí, tuvimos terremotos en su momento, pero siempre, siempre hay algo que nos hace caer en la cuenta de que tenemos necesidad del Señor. Sean enfermedades, tentaciones, dificultades que tenemos en la vida de un tipo de otro, más las morales: más la falta de cariño que la falta de medios, de dinero. Es más pobre el que no tiene cariño. Muchos de vosotros, por la edad de algunos, seguro que visteis Falcon Crest, una de las primeras series de la televisión. Aquella gente tenía de todo, pero yo no he visto en mi vida a gente más infeliz. Tenían todo, sólo les faltaba lo más necesario en la vida, que es un poco de afecto y un poco de amor unos por otros.

Vuestra presencia aquí es presencia del amor de Cristo; amor de Cristo concreto a todas las personas, sin hacer ningún tipo de discriminación, y especialmente a los más necesitados y a los más pobres.

Que el Señor os bendiga en esa misión.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

24 de septiembre de 2022
Santa Fe (Granada)

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COPE: La Virgen de la Merced patrona de la pastoral penitenciaria

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Un loco enamorado de Cristo y su Iglesia, que se ha dejado moldear por el Señor: Guillermo Parra, diácono en Guadix

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Un loco enamorado de Cristo y su Iglesia, que se ha dejado moldear por el Señor: Guillermo Parra, diácono en Guadix

Guillermo Pablo nació con la Transición, justo un año antes de la aprobación de la Constitución. En los últimos años ha ejercido de profesor de religión en Castril y La Puebla de don Fadrique, mientras concluía sus estudios en el Seminario de Guadix. Un profesor más, como el millar de docentes que imparten esta asignatura en Andalucía. Guillermo conoce a sus alumnos y se preocupa por sus progresos y sus conocimientos. Está pendiente de ellos. Si se manchan la ropa o escriben con dificultad, apoyándose distraídos sobre un montón de cuadernos y libros, que son la pesadilla de los padres. Lo hace con tanto amor que apenas se nota la corrección. Tiene a su cargo a 35 alumnos en Castril, y 60, en La Puebla. “Les he visto crecer y madurar”, nos dice con orgullo. El día 2 de julio será ordenado diácono en la Catedral de Guadix. “Mi felicidad es entregarme al Señor y servir a la Iglesia lo mejor que pueda”, nos dice entre clase y clase.

Entre los bastidores de los conventos

Su vocación, esa llamada poderosa del Señor, comenzó a manifestarse, siendo muy pequeño, en el Colegio de los padres escolapios de Granada. “Mi familia era muy practicante, de misa diaria. Ahí empezó todo”, nos asegura. Nos habla con admiración de su abuela Agustina, que bordaba mantillas y trabajaba para los conventos. “El Señor empezó a tocar así mi corazón, sirviéndose de mi abuela. Mi vocación empezó entre los bastidores de los conventos de clausura”. No todo fue fácil. Su vida es como un carrusel, donde el Señor le fue modelando y preparando poco a poco para esa entrega total y generosa al orden sacerdotal. En la adolescencia quiso entrar en el seminario, pero no era “todavía” el momento. Se quedó huérfano de padre. Era además hijo único. Gerardo Martínez, el rector del seminario de Granada, le tranquilizó. “Si tienes una verdadera vocación, el Señor te irá mostrando el cómo, el cuándo y hasta el dónde”. Guillermo aprueba unas oposiciones a pedagogo. Un giro en su vida, que le llevará, primero a Madrid y después a Guadalajara. Allí el Señor volverá a encontrarse en su camino.

La espiritualidad del Císter

Guillermo empezó a visitar los grandes conventos de La Alcarria. Un día se topó con el monasterio de la Santa Cruz, en Casarrubios del Monte. Allí conoció a una joven postulanta, de Motril. Así descubrió la espiritualidad del Císter, un poderoso movimiento espiritual que inspiró esas catedrales ingrávidas del gótico, que parecen tocar el Cielo. El Señor volvía a llamarle otra vez. Le pedía una renuncia total, para dejarse llenar de esa luz divina. Como esas catedrales que se elevan sobre la Tierra. “En una peregrinación a Guadalupe, el pulso que estaba echando al Señor lo perdí”. Guillermo cerró así 9 años de su vida en la enseñanza. El Señor tenía otros planes, que poco a poco fue descubriendo.

Me tacharon de loco

“En Toledo – nos dice- presenté mi renuncia a una plaza fija en la Educación. Allí me tacharon de loco”. Guillermo lo recuerda todavía, pese al tiempo transcurrido, seis años, los mismos que ha dedicado al seminario y a dar clases de religión. “Es el primer caso- le dijeron en la Delegación- que nos ocurre, que una persona deje una plaza fija para ser sacerdote”. La respuesta de Guillermo fue inmediata al incrédulo funcionario que le atendía.” El Señor da ciento por uno. Mi felicidad es entregarme por completo a Él”. ¿Se imaginan la sorpresa y hasta la admiración de todos los que escucharon esta contestación? Guillermo volvió a Granada. Empezaba de cero. Se puso de rodillas ante la patrona, la Virgen de las Angustias. Se confesó después ante el primer confesionario libre, sin saber que detrás de la reja estaba el sacerdote, que siendo casi un niño intuyó su vocación. Era Gerardo Martínez, que le reconoció en seguida. El círculo se cerraba. “Don Gerardo ha sido un padre para mí”, nos dice con satisfacción y hasta orgullo, pues ha sido su director espiritual en el seminario. En Granada conoció también a don Ginés, el obispo accitano, que facilitó su entrada en el seminario de San Torcuato de Guadix.

La Escuela de Monaguillos de Huéscar.

Cuatro años en el seminario, y dos, de trabajo pastoral. En el sexto año le mandaron a Huéscar, donde impulsó una escuela de monaguillos. Una revolución espiritual, que ha arrastrado a los jóvenes y también a sus progenitores. “Hay padres que rezan ya con sus hijos por la noche, o que, tras la Misa, dan gracias al Señor. Hasta hay un monaguillo que, tras la misa dominical, recorre todas las capillas de Santa María la Mayor de Huéscar, mientras su padre espera en el banco. Su petición es siempre la misma, que sus padres, abuelos y hasta sus amigos no dejen de acudir a la Santa Misa”. Hay 28 alumnos en esa Escuela de Monaguillos, de todas las edades. Empiezan por lo general después de la primera Comunión. La continuidad está asegurada pues hay un pequeño grupo de formadores, en la que están implicadas también las Misioneras de Cristo Sacerdote. Y por si esto no fuera suficiente, hay un retiro de oración al mes, que empezó con 20 personas y ahora reúne a 200, adorando al Señor. “Todos, chicos y grandes, se sienten atraídos por el Amor de Dios, y dejan así que Cristo sea el centro de sus vidas” “Hoy, más que nunca, nos dice, debemos dar testimonio de aquello que creemos, aunque te señalen” “El primer seminario, la primera Iglesia, es la familia, donde el niño empieza a caminar y a encontrarse con Cristo”, nos dice con énfasis. A los jóvenes les pide que no tengan miedo. “Que tengan -afirma- sus parabólicas abiertas al mundo, pero también a la llamada del Señor, que siempre toca su corazón”.

Cáritas, más presente que nunca

Guillermo sigue abierto a esas sorpresas de Dios. Al servicio de su obispo, don Francisco. Con fidelidad al carisma diaconal, que, en la primitiva iglesia, atendía a los más pobres y en especial a las viudas. En tiempos de Jesús eran abandonadas. Morían muchas de inanición. Nos piden a los hombres y mujeres de Cáritas que seamos fieles, como los diáconos, a esa vocación de servicio a los más desfavorecidos, a los descartados, que dice el Papa. “Caritas está más presente que nunca. Vosotros estáis más presentes. La gente os necesita. Necesita de ese ayuda, de ese amor que desplegáis, como Cristo hacía con los más pobres. Rezo por vosotros para que nunca os rindáis. Que vuestro” si “generoso -nos pide- sea también el sí generoso de los jóvenes para que puedan involucrarse en Cáritas”. Y con estas últimas palabras le dejamos a este loco, enamorado de Cristo y su Iglesia.

José Gabriel Concepción

Voluntario de Cáritas Baza

Artículo Publicado en Caritas Interparroquial de Baza

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Construir el futuro con los migrantes y los refugiados

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De nuevo celebramos la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado. El papa Francisco nos habla en su mensaje de construir el futuro con ellos, y nos urge a renovar el compromiso para la construcción de un futuro más acorde con la voluntad de Dios, de un mundo donde todos podamos vivir dignamente en paz y donde habite la justicia, donde nadie quede excluido. El proyecto ha de incluir a todos, y ha de situar en el centro a los habitantes de las periferias existenciales. Entre ellos hay muchos migrantes y refugiados, muchos desplazados y víctimas de la trata, y también con ellos Dios quiere edificar su Reino.

Construir el futuro con los migrantes y los refugiados significa además reconocer y valorar lo que cada uno de ellos puede aportar al proceso de edificación. Ahora bien, para llegar a ese reconocimiento y valoración hay que superar los prejuicios que nos llevan a considerarlos como extranjeros, como extraños, como una amenaza para nuestro futuro. Al contrario, los hemos de considerar como una parte del conjunto, una parte del pueblo de Dios, del futuro a construir, porque son prójimos nuestros. Más aún, tal como nos enseña la parábola del Buen Samaritano, hemos de cambiar el planteamiento y no tratar de descubrir quién de entre los demás es o no mi prójimo. Soy yo quien ha de convertirse en prójimo, de forma que el otro cuente para mí tanto como yo mismo. Jesús da un vuelco total a la antigua perspectiva ya que es el samaritano el que se convierte a sí mismo en prójimo y nos enseña a ser prójimo y nos muestra que la clave para serlo está dentro de uno mismo. Hemos de llegar a ser personas que aman a los demás, que se preocupan por ellos, que se conmueven ante el sufrimiento ajeno, que tienen un corazón abierto. No se trata de descubrir quién es mi prójimo sino de comportarme como prójimo de los demás.

En efecto, el prójimo no son sólo los otros, que pueden merecer o no consideración y ayuda. Prójimo soy yo respecto a los otros, en relación a todos los seres humanos sin distinción de ningún tipo. Porque no se trata del objeto de nuestra ayuda, sino del sujeto que ha de auxiliar. Desde esta óptica, soy yo quien debo convertirme en prójimo de todos, incluso de los enemigos. Ser prójimo significa cumplir el mandamiento del amor haciéndose prójimo de los demás, sobre todo de los más heridos del camino. En consecuencia, es preciso subrayar que aquí aparece una universalidad en el amor que se fundamenta en el hecho de que yo soy hermano de todo aquel que me encuentro, de todo aquel que necesita mi ayuda.

La parábola del Buen Samaritano ha de ser el criterio de comportamiento, y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado que se encuentra en el camino, sea quien sea, sin importar de dónde venga. Mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y al que yo pueda ayudar. Se universaliza el concepto de prójimo, pero permaneciendo concreto. Aunque se extienda a todos los hombres, el amor al prójimo no se diluye en una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico en el tiempo y en el espacio, en el momento presente y en el lugar en que habito. Este es el criterio de comportamiento y la medida que nos propone Jesús: la universalidad del amor que se dirige a todo hermano necesitado, quienquiera que sea.

Hemos de ser prójimos de los migrantes y los refugiados. Su presencia constituye un enorme reto, pero también una oportunidad de crecimiento humano, cultural y espiritual. Con ellos estamos llamados a construir el Reino de Dios, un Reino de justicia, de fraternidad y de paz.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla 

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