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“La clave de la enfermedad es convertir el sufrimiento en sacrificio por amor”

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“Quizá el amor es una ola de sorpresas…Una ola más alta que la muerte. Por eso el amor es la clave para entender todo. El amor de Dios tiene la última palabra, por ello no tengáis miedo jamás”, decía San Juan Pablo II, el mismo que el día que visitó El Rocío aclamó: “Que todo el mundo sea rociero”. Pues así, cargados de amor y de esperanza, más de un centenar de enfermos oncológicos del Hospital San Juan de Dios junto a sus familiares caminaron durante el pasado fin de semana de la mano de la Hermandad del Rocío de Lucena hasta la Blanca Paloma para depositar en sus manos todo su amor y todas sus plegarias.

Llevaban un lema: “En el camino no estás solo”. No lo estaban. Junto a ellos, el oncólogo Juan de la Haba y miembros de la Hermandad del Rocío de Lucena caminaron dejando unas huellas imborrables en el camino.

Ha sido Ella la que les ha dado la fuerza y la valentía para cumplir con tres días intensos de camino, donde han ofrecido todo su dolor y sufrimiento por amor. Es la clave para afrontar la enfermedad y la vida. El doctor Juan de la Haba así lo explicó tras estos días de vivencias junto a sus pacientes, en los que ha pasado de ser el médico de “Las Juanas”, como las pacientes se hacían llamar de manera cariñosa, a ser un peregrino más.

Pasados estos días, tanto el doctor como el resto de acompañantes tenían claro que la peregrinación ha sido una gran lección de vida, de fe y de humildad. Eso solo lo hace Ella, la Virgen a la que todos peregrinaban empapándose de la fuerza del Espíritu Santo en cada paso que daban. “Se palpaba que María y su hijo caminaban con cada uno de nosotros y la Virgen ha tejido muy bien sus hilos para que todo esto se haya podido realizar”, comentaban los peregrinos.

Juan de la Haba, como primer testigo de la iniciativa, tiene claro el valor de esta peregrinación en medio de la enfermedad.

¿Cómo surgió esta idea?

Surge a iniciativa de una persona enamorada del Rocío, Pedro Alcaide, un paciente mío que ha tenido una buena experiencia del Rocío y con toda generosidad ha querido compartirla, porque cuando uno tiene una buena experiencia trata de compartirla y ese es el punto inicial. Nos contagió esa devoción rociera a las personas que estamos a su alrededor y a partir de ahí nos lo hizo muy fácil para poder estar aquí.

El Hospital de Día de San Juan de Dios, que es donde habitualmente se administran tratamientos de quimioterapia, yo creo que es un hábitat que te permiten sensaciones y emociones muy concentradas y realmente esta idea crece en el Hospital de Día entre pacientes que están recibiendo un tratamiento y donde a veces está presente ese miedo y esa incertidumbre que produce la enfermedad. Pedro tuvo la genial idea de ofrecer esto para paliar esas situaciones y sin pensarlo, aquí estamos. Me lo contó y le dije: “Yo también quiero ir”. De esta forma, no vivimos solo la incertidumbre que tiene el paciente o las familias, sino también las personas que los atendemos y vemos desánimos, momentos duros del camino de la enfermedad.

Pedro nos ofrece hacer el camino y nos pareció un punto de inspiración de lo que es el camino de la vida y nos sumamos a la idea el equipo del Hospital sin dudarlo.

¿Qué han supuesto estos días a nivel personal y con qué momento te quedas?

Pues tengo muchos, muchos, muchos (sonríe emocionado). Si me tuviera que quedar con uno tengo un momento que creo que marca mucho lo que es el caminar. Es la imagen de Rafi agarrada a su carreta. Un ejemplo para entender en qué consiste caminar y caminar por la Raya, que yo no la conocía, un caminar muy duro, donde duelen los pies, las caderas… tiene situaciones muy incómodas desde el punto de vista físico y ella, agarrada a su carreta, empieza a sumar metros y metros siempre con una sonrisa a pesar de que seguro que le dolían los pies como a mí. Rafi empieza a sumar sonrisas para todos y además en los metros en los que tiene descanso se dedica a cantar y a animar a los demás. Me quedo con ese momento para mí como un momento muy transformador.

Caminar es duro, caminar tienes que ir agarrado a la Virgen, a tu fe y a tu devoción. Tiene momentos muy duros, y a pesar de ello, cuando nos toca descansar lo que hace es sonreír, cantar y bailar.

Y el otro momento ha sido comprobar que realmente no caminamos solos, caminamos con otros caminantes, con la Virgen y con el Señor de la mano.

No olvidaré jamás un momento muy emotivo en el que afloró la fuerza que tuvieron todos los pacientes para empujar esa carreta. Fue precioso ese momento empujando la carreta para poner el Simpecado delante de la Virgen al llegar del camino, mantener esa carreta ahí a las puertas de la Ermita, frente a Ella un buen rato… Y ese preciso momento en que esas mujeres empiezan a verse rodeadas de más personas que no quieren dejar que su esfuerzo se viera estropeado y les ayuda a sostenerse. Para mí ese momento fue verdaderamente emotivo. La fuerza que imprime la enfermedad, que te imprime saber que tu vida se puede acabar, yo creo que para los que estamos directamente en contacto con estas personas nos da un regalo maravilloso, que no se puede explicar con palabras. Tienen la fuerza de la vida, de la esperanza, de sacar a esta vida hasta el último minuto, pero además, algunos de ellos tienen la grandeza y la generosidad de renunciar a transmitir preocupación a su familia y a su entorno y lo que nos regalan es una sonrisa. Sufren en silencio para que los demás no suframos y eso es un regalo por el que estoy eternamente agradecido. Es por ello que he querido vivir esta experiencia junto a ellos.

¿Cree que ayuda la fe en el proceso de la enfermedad?

Por supuesto que sí. Cuando lo vemos desde el punto de vista de la biología, podemos ver a la persona cómo el conjunto de células que sufren un daño y que vamos a tratar con sustancias químicas con las que buscamos una respuesta que te permita que esas células sigan viviendo. Dicho así queda incompleto y sobre todo cuando eres medianamente sensible en las consultas. Somos mucho más que un conjunto de células intentando vivir y saliendo adelante. Yo creo que esas cosas no salen de manera espontánea, sino que sale de un Creador y los que nos ha tocado vivir en este mundo hemos tenido la gran suerte de que ese Creador nos ha presentado el camino a través de Jesús y Jesús nos da un camino muy claro que es la muerte por amor, la renuncia a uno mismo por algo mucho mayor. Si eso realmente lo aprendemos durante nuestro camino de la enfermedad, yo creo que nos da la clave para convertir el sufrimiento en sacrificio, porque habitualmente un sufrimiento es algo vacío, no tiene contenido ninguno, pero cuando uno lo convierte en sacrificio es mucho más bonito. Estás ofreciendo tu sufrimiento por algo mayor y eso llena a la persona.

Los enfermos que tengo que transforman su sufrimiento en sacrificio y ofrecen su dolor y su enfermedad por algo más, tienen otro brillo en los ojos y yo creo que la fe ayuda muchísimo.

Se puede tener dolor y sonreír, no sólo en la enfermedad sino en la vida. Hay peregrinos, y yo he sido testigo de ello, que en su único descanso con dolor de pies, cantaban a la Virgen.

Hay que dar a ese sufrimiento la trascendencia de que somos parte de algo mucho más bonito y eso lo hace la fe. Yo creo que eso es la clave para afrontar un proceso que nos va a tocar o nos puede tocar a cualquiera como es la enfermedad.

¿Cómo se puede tener una enfermedad y ser feliz a la vez?

Yo creo que la gente más sencilla, más modesta, más pobre de espíritu son las que lo tienen más fácil, porque entienden que lo que le está pasando a ellos es lo que le pasa a todo el mundo y no tienen sentimiento de agravio universal. Si no tienes ese componente de ira o de agravio universal, no te poner a decir ¡qué mala suerte tengo! porque entiendes que es una cosa que le puede pasar a todo el mundo, esas personas tienen el primer paso para ser feliz. Yo creo que en el momento en que tú le das un sentido a lo que haces o a lo que te está pasando, soportas la enfermedad y de ahí al paso de ofrecer tu muerte por algo superior como lo hizo Jesucristo, quien se abrió de brazos y nos llenó de amor. Eso lo hacen personas, yo lo he visto en la consulta, personas que dejan de ser ellos para que tú seas, para que entiendas lo que es la generosidad, el sufrimiento en silencio, pensar en ti. Los enfermos son gente muy agradecida y hay que sacar todo el jugo y aprender de ellos.

Hemos sido testigos del vínculo y la empatía del médico con sus pacientes y la familia en la peregrinación. ¿Cómo es posible tener esa empatía ante las situaciones adversas que viven sus pacientes?

Empatizar y ponerte en el lugar del otro, sobre todo con empatía emocional, te hace sentir bien. Por ejemplo, yo al hacer este camino lo hago sabiendo que a lo mejor el año que viene muchos no estén, pero si eso lo bajas al plano humano te genera mucho sufrimiento, pero si lo elevas un poco y entiendes que forman parte del proyecto superior del de arriba, eso ya te quita perspectiva y te da entendimiento para no ver con los ojos de la cara, sino con los del alma y el corazón. Formamos parte del plan de Dios, tenemos que admitir eso y tener la certeza de que estamos de paso. Habrá muchas personas que la enfermedad no la superen, otros que por supuesto puedan con ella, pero lo importante es separar y entender que formamos parte del plan de Dios.






















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Así fue la primera reunión de la Delegación de Iniciación Cristiana de Asidonia-Jerez

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El pasado 3 de septiembre el Obispado de Asidonia-Jerez acogió la primera reunión del Departamento de Iniciación Cristiana y Catecumenado Postbautismal.

La Casa de la Iglesia de Asidonia-Jerez acogió a comienzo del 3 de septiembre la primera reunión de la Delegación de Iniciación Cristiana, en concreto del Catecumenado Postbautismal. Esta estuvo presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, el cual motivo a todos los miembros presentes en su misión de coordinar la catequesis a nivel diocesano con el estilo de Inspiración Catecumenal y reforzar el itinerario de educación en la fe por etapas.

Otro de los datos a destacar es el nuevo Directorio para la catequesis que será el instrumento básico para la formación de los catequistas de todas las etapas del proceso catequético durante estos dos próximos cursos. Asimismo, el prelado insistió que se empleará un nuevo vocabulario para que no se identifique la catequesis con un fin exclusivo sacramental. Hay que hablar de despertar en la fe y de Iniciación cristiana para los niños que empiezan el proceso catecumenal.

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El Obispo acude a la toma de posesión de monseñor Gil Tamayo

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El nuevo arzobispo coadjutor de la archidiócesis de Granada tomó posesión el sábado, 1 de octubre en la Catedral granadina

Monseñor Demetrio Fernández acudió el pasado sábado a la toma de posesión del nuevo arzobispo coadjutor de la archidiócesis de Granada, monseñor José María Gil Tamayo. El Papa Francisco hizo público el nombramiento el pasado mes de julio tras la petición del arzobispo de Granada, monseñor Javier Martínez, para ayudarle en la labor pastoral de la Archidiócesis.

Monseñor Javier Martínez reconoció en la eucaristía de toma de posesión acoger al nuevo arzobispo coadjutor “con los brazos abiertos” y expresó su “profunda gratitud” y “el regalo grande” que es el recibimiento en el inicio del ministerio de quien compartirá misión en la Diócesis.

Por su parte, monseñor Gil Tamayo aseguró que viene “a ejercitar mi servicio episcopal en misión compartida con D. Javier, en profunda comunión con él y con el presbiterio de Granada”.

José María Gil Tamayo nació el 5 de junio de 1957 en Zalamea de la Serena (Badajoz). Recibió la ordenación sacerdotal el 7 de septiembre de 1980 y pertenece al clero de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y en Ciencias de la Información por la misma Universidad de Navarra. En 2018 fue nombrado obispo de Ávila.



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Nuevas jornadas de formación en Oratorios de Niños Pequeños

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Desde el Secretariado de Catequesis se han preparado unas nuevas jornadas para formar a los catequistas de las parroquias en los Oratorios de Niños Pequeños. Estas jornadas serán dinamizadas por el P. Gonzalo Carbó Bolta, de la congregación Cooperatores Veritatis de la Madre de Dios, y están dirigidas a catequistas, religiosos, presbíteros, padres de familia, educadores y cuantos se interesan por la iniciación de la fe en los niños.

Estas jornadas se celebrarán los días 4, 5 y 6 de noviembre, en la Parroquia san Pedro y san Pablo (Iglesia Mayor), en San Fernando. La inscripción a las jornadas con el material de éstas, tiene una aportación económica de 12 euros.

Se habilitarán algunos espacios de la parroquia para que cada uno pueda llevar su comida y pasar un buen rato de convivencia.

El horario será el siguiente:

Viernes 4 de noviembre 2022: de 16:00 a 19:00 horas. A las 19:00 horas celebración de Misa.

Sábado 5 de noviembre 2022: de 9:30 a 14:00 horas y 15:30 a 19:00 horas.

Domingo 6 de noviembre 2022: de 9:00 a 13:00 horas. Misa y después continuamos.

EL INGRESO SE DEBE HACER EN LA CUENTA DE: ES62 0182 1600 20 0201912536

Concepto: ORATORIOS + NOMBRE Y APELLIDOS

Para asistir a las jornadas hay que cumplimentar el siguiente formulario:

INSCRIPCIONES

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Equipos de Nuestra Señora se pone en marcha para transmitir la belleza del matrimonio

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Más de un centenar de personas acudieron a la misa de inicio de curso en la parroquia de Ntra. Sra. de Belén

El pasado sábado, 1 de octubre, en la parroquia Nuestra Señora de Belén, tuvo lugar el acto de apertura del curso 2022-2023 de Equipos de Nuestra Señora en Córdoba, bajo el lema «Servir a imitación de María».

El acto comenzó con una eucaristía en la que Juan José Romero, párroco de Nuestra Señora de Belén instó a los fieles a que, inspirados por el lema de este año y teniendo como modelo a María, «hagamos lo que Él nos diga».

Junto al párroco concelebraron los sacerdotes diocesanos y miembros de los Equipos, Pablo Calvo y Francisco Javier Cañete.

Tras la eucaristía, los responsables de cada Equipo hicieron las promesas del servicio que se comprometen a realizar este curso ante el altar y así llenarse de esa fuerza e ilusión para la misión encomendada.

“Oramos todos para que nuestra Madre y tras la época de pandemia que estamos atravesando, nos inspire la ilusión de transmitir la belleza de vivir el matrimonio a la luz del Evangelio poniendo a Jesús en el centro”, afirman los miembros de Equipos de Nuestra Señora.



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San Fernando acogerá el XXX Encuentro Diocesano de Oración

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Bajo el título El Espíritu Santo en la unidad de la Iglesia, la Parroquia de San José Artesano, en San Fernando, será la sede del Encuentro Diocesano de Oración. Un encuentro que tendrá lugar el próximo 22 de octubre, organizado por el Secretariado Diocesano de Oración y Espiritualidad, y que cumple ya su trigésima edición.

Estos Encuentros Diocesanos de Oración brotaron de un deseo del obispo Mons. Antonio Dorado cuando le pidió al padre Lázaro Albar ¿qué podía hacer respecto a un nuevo ardor en la Nueva Evangelización a la que nos invitaba san Juan Pablo? En aquel entonces, el P. Lázaro contaba con un pequeño grupo que llamaban «Velad y Orad», que servía para dar cursos de iniciación y de profundización a la oración. Así, el padre Lázaro Albar propuso dar el mismo curso de iniciación y profundización a la oración en las tres zonas de la diócesis: Bahía y la Janda, Campo de Gibraltar y Ceuta, y un Encuentro Diocesano de Oración para convocar a todos los grupos de oración y a los movimientos relacionados con la oración.

Los nueve primeros encuentros tuvieron lugar en el Santuario de Ntra. Sra. de la Oliva (Vejer de la Frontera), los siguientes en Campano, y en estos últimos años dos en el Seminario Diocesano de San Bartolomé y el resto en la Parroquia San José Artesano. De todo esto brotó el Secretariado Diocesano de Oración, ahora también llamado «y de Espiritualidad», porque se encargó también de las Jornadas Diocesanas de Espiritualidad, iniciadas por el P. Juan Martín Baro y la asociación privada de fieles Fraternidad Velad y Orad, que ha estado animando al Secretariado y apoyando todo lo referente a la oración y la espiritualidad en la diócesis. Se pretende que en los arciprestazgos haya un representante de oración y espiritualidad que coordine e informe de los encuentros, jornadas, retiros…, junto con un representante de los movimientos relacionados con la oración y que participen en el Secretariado.

Treinta años nos hablan de la perseverancia, de la fidelidad a la llamada de Dios, de que esto es obra de la acción del Espíritu Santo en nuestra Iglesia que nos lleva a saciar la sed que hay de Dios y a lanzarnos a la misión de la evangelización. Oración, conversión y evangelización van de la mano. Demos gracias a Dios por mantenernos en esta misión para el bien de la Iglesia y para los buscadores de Dios.

PROGRAMA DEL XXX ENCUENTRO DIOCESANO DE ORACIÓN

10:00 – 10:30h. Acogida

10:30 – 10:45h. Saludo y Exposición del Santísimo

10:45 – 11:15h. Laudes

11:15 – 12:00h. Contemplad el aire del Espíritu

12:00 – 12:15 h. Ángelus y canto a la Virgen

12:15 – 12:30 h. Descanso en silencio con el Santísimo todavía expuesto

12:30 – 14:00h.Vigilia de oración y reserva del Santísimo

14:00h. Despedida

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“La sanidad está para curar, nunca para matar”

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Monseñor Demetrio Fernández presidió la Misa Blanca en la Santa Iglesia Catedral junto a un nutrido grupo de sanitarios

Profesionales sanitarios se dieron cita el domingo, 2 de octubre, en la Santa Iglesia Catedral para celebrar la Misa Blanca. La ley de la eutanasia, aprobada en marzo, y la reciente reforma de la ley del aborto están ejerciendo mucha presión en el personal sanitario. Durante la celebración “Contigo siempre” y “40 días por la vida” reconocieron que han elegido esa profesión para “salvar vidas, no para quitarlas” y que entregan gran parte de su tiempo a sus pacientes y no merecen “esta persecución”. Pidieron en la eucaristía renovar el compromiso “con el Señor y con la defensa de la vida” así como el valor de ejercer la profesión “en liberta y verdad”.

Monseñor Demetrio Fernández presidió la santa misa organizada por las fundaciones “40 días por la vida” y “Contigo siempre”, ambas al servicio de la defensa de la vida en su concepción y en su final. A la eucaristía también acudieron miembros de Proyecto Ángel y Proyectos Raquel que también están en la Diócesis al servicio de la defensa de la vida.

El Obispo comenzaba su homilía preguntando ¿cómo podemos asistir impasiblemente a cien mil abortos cada año? abortos voluntarios que interrumpen la vida, “que matan al niño en el seno de su madre”. El prelado recordó a los asistentes que con su presencia dan “testimonio visible y reconocen que necesitan la fuerza de Dios”. Vuestra tarea es “procurar la vida”, la sanidad está para curar y si no se puede curar, para consolar, “nunca para matar”, continuó el pastor de la Diócesis.

“No nos acorchemos ante las situaciones de muerte que nos rodean” pidió monseñor Demetrio Fernández, “esta guerra sorda se lleva cada año miles de vidas” y el sistema legal y la sociedad en la que vivimos empujan hacia la muerte. Animó al personal sanitario a seguir transmitiendo luz, esperanza, alegría y gracia porque “la causa de la vida triunfará sobre la muerte”.







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La Comisión Plenaria de Hermandades y Cofradías se reúne para comenzar el curso

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En el plenario, celebrado en el Palacio Episcopal, se pidió a las hermandades y cofradías su participación en distintos proyectos y se presentó el cartel de las Jornadas Diocesanas 2022, que se celebrarán el 20 de noviembre en Jumilla.

La Comisión Plenaria de Hermandades y Cofradías, el órgano representativo de estas asociaciones públicas de fieles de la Diócesis de Cartagena, tuvo lugar el sábado 1 de octubre en el Palacio Episcopal. En ella se reunieron los miembros de la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías, los representantes de cabildos y juntas centrales de estas asociaciones y los presidentes de las hermandades y cofradías que no cuentan con junta central, para intercambiar propuestas y presentar el nuevo curso.

El delegado, Silvestre del Amor, comenzó la reunión con una invitación a que las hermandades y cofradías fomenten este mes de octubre el rezo del Santo Rosario, «una de las armas más poderosas que tenemos en nuestras manos», ligada además a la religiosidad popular.

A continuación, pasó a presentar al equipo de la delegación, que ha sido renovado en los últimos meses en varias de sus áreas. Como parte de esta renovación, se mostró además el nuevo logotipo de la organización, que recoge en sus símbolos a los tres tipos de cofradías de la Diócesis –pasionarias, de gloria y sacramentales–; y se presentó la nueva página web, así como los recursos digitales que pone a disposición de estas asociaciones de fieles.

También se expusieron los planteamientos para el nuevo curso en las otras áreas: Juventud, Formación, y Caridad y Comunicación de Bienes, entre otras. En ellas, se les ha pedido a las cofradías y hermandades su colaboración en diferentes proyectos y se les ha invitado, por ejemplo, a trasladar sus demandas formativas para organizar cursos que den respuesta a sus inquietudes. Se les ha animado, además, a contactar con los coordinadores de las distintas áreas para cualquier cuestión o propuesta, a través de los correos electrónicos disponibles en la web de la delegación.

Una vez tratadas las cuestiones de cada área, el presidente de la Junta Central de Hermandades y Cofradías de la Semana Santa de Jumilla, Antonio Ramos, presentó el cartel de las Jornadas Diocesanas del próximo 20 de noviembre, que tendrán su sede en Jumilla. El presidente detalló el programa de actividades previsto, animó a difundir el vídeo promocional preparado para la ocasión e invitó a participar en este encuentro, para «crear todos juntos ese ambiente cofrade, que nos vayamos conociendo y nos ayudemos entre todos en temas de juventud, de caridad… Que sea una convivencia donde nos empapemos de ideas que hagan crecer a cada una de nuestras hermandades y cofradías».

El plenario concluyó con el turno de ruegos y preguntas, donde los presidentes recién llegados a su cargo se presentaron a los demás y trasladaron su ilusión y buena disposición.

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“Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazones”

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Homilía en Eucaristía en la apertura de curso de los Centros de Estudios Superiores de la Archidiócesis, el 3 de octubre, en el monasterio de La Cartuja.

Siempre esta Eucaristía está marcada por un gozo singular. Yo pienso en que, allá por el año 2005, prácticamente comenzábamos de cero. De cero el Seminario; de cero el Instituto de Teología; de cero el Instituto de Filosofía. Y es un gozo poder encontrarse con vosotros este primer día en que comenzamos un nuevo curso.

Todos conocéis ya a D. José María, puesto que la inmensa mayoría de vosotros estabais el sábado en la celebración de su toma de posesión. En esta primera celebración del comienzo de curso y, luego, en el acto académico que sigue, es obvio que estamos los dos juntos. Tan pronto hasta pasen estos días podremos estar uno u otro, según convenga al bien de la Iglesia, sobre todo, y luego según las posibilidades de cada uno.

Pero yo recuerdo de mis primeros años de sacerdote, que trabajábamos un grupito de sacerdotes -éramos seis o siete- con jóvenes. Nos habían encomendado comenzar la Acción Católica de jóvenes en la diócesis de Madrid en aquel momento. Yo todavía era diácono cuando empezamos aquella misión, y un comentario que hacían los jóvenes con mucha frecuencia era “parecéis una cooperativa de curas, porque hacéis un retiro, viene uno y luego otro”. Por supuesto que no teníamos ni el temperamento, ni una forma de ser ni de hablar parecidas, “pero, en el fondo, todos decís lo mismo. No hacéis más que anunciar a Jesucristo, anunciar a Jesucristo. Dale que te pego con Jesucristo y, entonces, da lo mismo el que venga”. A mí aquello me daba mucha alegría y me hizo comprobar que Dios bendice siempre la comunión. Porque, efectivamente, de ahí nació en primer lugar la Acción Católica de Jóvenes de Madrid, que hoy está muy extendida, y aquellos comienzos, sin embargo, fueron tan humildes y tan modestos como como fue la del Centro de Estudios de aquí. Y luego nació el movimiento de Comunión y Liberación. Y si bien al principio hubo alguna tensión en esa especie de fragmentación, sin embargo, luego la comunión es plena y el Señor sigue bendiciendo los campamentos que empezamos, que ahora se han multiplicado por cuatro y que siguen existiendo. De eso hace ya casi cincuenta años.

Entonces, veréis a D. José María o me veréis a mí, y nuestra única misión es tratar de acercaros a Jesucristo, cada uno como sabemos, y de la mejor manera posible. Y yo espero que seamos para vosotros un testimonio de esa unidad preciosa que –repito- no consiste en que tengamos la misma manera de pensar en todas las cosas, o que tengamos los mismos gustos -aunque algunos los tenemos-, o el mismo temperamento o la misma historia, sino en que los dos podáis reconocer el amor del Señor por vosotros. Eso lo da el Espíritu del Señor, que invocamos de manera especial en esta Eucaristía.

A mí me ha llamado durante mucho tiempo la atención la frase “nadie puede decir Jesús es el Señor si no es en el Espíritu Santo”. La frase “Jesús es el Señor” era el primer símbolo de los cristianos, el primer modo que tenían los cristianos de reconocerse unos a otros como cristianos. Y vosotros diréis: “Pues, la verdad es que nosotros decimos ‘Señor’ constantemente y llamamos a Jesús ‘el Señor‘ y no tenemos conciencia de que eso sea algo especial”. Sin embargo, poder mostrarlo, no en los actos formales y oficiales, donde probablemente ya estamos entrenados para hacerlo, sino poder mostrar en la vida cotidiana que Jesús es verdaderamente el Señor de nuestras vidas, eso solo, sólo se hace en el Espíritu Santo. Recuerdad aquella frase de “ya comáis, ya bebáis, ya durmáis, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús”. Pues, si hasta decirte “Señor” es un don del Espíritu Santo. Cuando lo decimos de una manera que sea significativa, realmente para nuestro modo de vivir. Cuánto más que el Señor sea el que informa verdaderamente, porque el Espíritu Santo no hace más que identificarnos con Cristo y hacer que nuestras vidas se parezcan a Cristo, hacer que nuestras vidas sean portadoras de Cristo, sin constituir ningún obstáculo en nuestra forma de ser, a nuestro temperamento, a los límites de nuestra historia, porque todas son limitadas, porque somos criaturas, pero que muestren el camino hacia el Señor, que muestren al Señor y eso se lo pedimos al Señor. Que sea el Señor quien está en nosotros y quien se hace presente en nosotros a la vida de los hombres en este mundo.

Nuestro mundo es un mundo muy roto. Yo creo que no se nos oculta a nadie la ruptura, la cantidad de rupturas, y no sólo en la familia, también en la familia, pero en el mundo laboral, en el “mundo, mundo”, o en la “gente, gente”, como dice uno de los locutores de COPE. La “gente, gente” vive muy malamente, y no sólo por los problemas de llegar a fin de mes y de la pandemia, sino por falta de amor. Por falta de amor, por mucho desamor, por mucho individualismo, por una atomización cada vez mayor de la sociedad. Cuesta mucho encontrar amigos verdaderos.

Si nuestra misión es llevar al Señor a la “gente, gente”. Eso es lo que el Papa Francisco habla cuando habla de “Iglesia en salida”. No se trata de cuidar pequeños conventículos de personas mayores que quedan en nuestras parroquias. Se trata de acercarnos a los que están lejos. Se trata de poder mostrar afecto y amor a los que están lejos, a los que no piensan para nada como nosotros, a los que piensan incluso de ciertos modos que la Iglesia no aceptaría o no toleraría, o no podría acoger dentro de sí, pero que no son objeto del amor infinito del Señor, que ha derramado Su sangre por todos los hombres, por toda la humanidad. Y como decía también Juan Pablo II: la humanidad no es una abstracción. La humanidad es cada hombre y cada mujer, cada persona. Entonces, nosotros queremos ser Iglesia en salida, para llevarles a Jesucristo, que sólo podremos llevar si lo tenemos nosotros, y para eso tenemos que invocar constantemente al Espíritu Santo. “Ven, Señor Jesús”. Ven a mi vida y ven a la vida de estas personas, de estos amigos, de estos que no quieren ser amigos míos, pero que yo sí deseo ser amigo suyo, sí deseo poder quererlos, sí deseo poder estar cerca de ellos, aunque ellos no quisieran estar cerca de mí, y sí que puedo orar por ellos y desear que en el Cielo estemos todos, que no nos falte nadie.

Sólo os digo que ese volcarse, esa conciencia de que somos Iglesia en salida no se contrapone a la búsqueda del Señor. De hecho, en una encíclica ya olvidada, y sin embargo preciosa, como muchas de las encíclicas de Juan Pablo II, que era sobre el Espíritu Santo, se llama “Domingo Vivificante”, decía que cuanto más la vida de la Iglesia esté centrada en el hombre concreto, en la humanidad concreta y en sus necesidades, más necesidad tiene de ser teocéntrica. Por lo tanto, no tiene eso por qué ir en detrimento de vuestros estudios de teología o de filosofía, fundamentalmente de teología. Pero la filosofía es imprescindible para que la teología no sea una forma más o menos disfrazada de pietismo que Benedicto XVI decía que no es la Tradición cristiana. De hecho, en los primeros siglos, con frecuencia el cristianismo no se presentaba como una religión, sino como una filosofía, como una respuesta a las preguntas del hombre, una forma de sabiduría, de amor a la sabiduría que se hacía plena en el Verbo. De hecho, san Justino, cuando llega a Roma, lo que pone es una escuela de filosofía para enseñar el cristianismo. Pero vivimos en una tradición que ha separado esas cosas tanto que parece que la una se contrapone a la otra. Mal. La tarea de nuestro tiempo es superar esa fractura y tratar de descubrir lo que hay de teológico en toda propuesta filosófica, hasta en las ateas. Son teologías ateas, aunque se llamen filosofías, y lo que hay de filosófico en cualquier afirmación, “Jesús es el Señor”, y en el momento en que empiezas a preguntar ¿el Señor, de qué?, ¿el Señor, cómo?, ¿hasta cuando?, ¿cómo ejerce su señorío? Pues, esas preguntas no basta responderlas con cantitos más o menos emotivos y más o menos sensibleros. Tiene uno que tener las respuestas grabadas en el corazón y en los huesos.

Esa es la tarea de vuestro estudio. No os creáis. Lo digo para que no os paséis la semana preparando la reunión de catequesis del fin de semana, sino que la semana estudiéis y luego, en la catequesis del fin de semana o en la reunión de fin de semana, con los jóvenes en las parroquias que estáis, les transmitís algo de lo que tenéis dentro, espontáneamente, sin temor y siempre para bien. Y dedicáis a organizar eso el tiempo que sea imprescindible para organizarlo, porque alguna organización tiene que tener. Y si hacéis, si estáis haciendo alguno de esos métodos de catequesis para jóvenes que se difunden hoy, pues hay que tenerlo preparado. Pero no dediquéis la semana a preparar la catequesis, que no es vuestra tarea. Me decía a mí alguien, ya fallecido, creo que ha sido un gran cristiano y que tenía mucha relación con Granada, decía que “los curas tienen que ganarse la comida y la cena, igual que cualquier trabajador. Cuando yo hablo a seminarios, yo que tenéis que trabajar las ocho horas que trabaja todo el mundo y, si no, no merecéis cenar o no merecéis comer”.

Ven, Espíritu Santo, llena nuestros corazones, llena nuestras vidas para que estemos llenos de Ti. Realmente, para que hagamos el trabajo que Tú quieres que hagamos. Se lo preguntaron los judíos al Señor una vez: “¿Cuál es el trabajo que Dios quiere?”. Y dijo, pues “que conozcáis a Dios, al único Dios verdadero y a Su enviado, Jesucristo”. Ese es el trabajo que Dios quiere: la fe en Jesucristo. Y ahondar en esa fe, ahondar en el amor a los hombres es ahondar en nuestra misión, no porque nos preparamos para ser curas, sino como cristianos. Estáis ahí religiosas, laicos. Todos estamos llamados a vivir como si no estuviéramos en el mundo. San Pablo llega a decir: “El que llora como si no llorase, el que se casa como si no se casase, el que tiene riquezas, como si no las tuviera, porque la figura de este mundo pasa. Sólo el Señor es el mismo ayer, hoy y siempre”. Sólo el Señor es la esperanza para nosotros, la esperanza del mundo.

Danos tu espíritu, Señor, para que podamos vivir así y comunicar esa realidad de que sólo Tú colmas el corazón y sólo Tú eres la esperanza de los hombres. Allá donde estemos. Dios lo quiera.

No he mencionado a María, que nos preside su imagen, como en todos los sitios en Granada. Y María es la que cumple todo lo que proponemos como vida cristiana. Su corazón, centrado en Cristo y Su corazón abierto a acoger, bajo Su protección, bajo Su manto, como hijos suyos, a todos los hombres que Jesucristo le ha dado como hijos.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

3 de octubre de 2022
Monasterio de la Cartuja (Granada)

Fechas de los encuentros de «El Reloj de la Familia»

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El Reloj de la Familia es un taller práctico para parejas o matrimonios, y también familias monoparentales. El objetivo es impulsar que cada familia tenga un proyecto. La experiencia está dividida en 8 tiempos que revisa cuestiones fundamentales de la familia como son la disponibilidad, la gratitud, el proyecto, la libertad, las decisiones, la sabiduría del fracaso, el perdón y la celebración.

El Reloj de la Familia es una iniciativa de la comunidad de vida cristiana, CVX, la cual se planteó qué podía hacer ante la crisis actual que había en las familias. La primera experiencia se realizó en Madrid en el año 2012, bajo la profesionalidad de Fernando Vidal.

A las Islas Canarias llegó en el año 2016. Este año la comunidad CVX nos ofrece de nuevo la oportunidad de participar a todos los que quieran.

Serán 4 sábados con horario de 10:00 a 14:00 horas cada uno de ellos. Las fechas son las siguientes: 15 y 29 de octubre; 12 de noviembre y 3 de diciembre.

En esta ocasión, el lugar elegido para desarrollar los encuentros será el centro parroquial de La Concepción, en La Laguna.

Para inscribirse o tener más información, se puede mandar un whatsapp al 638 585 231 o un correo electrónico a relojdelafamiliatenerife@gmail.com

Ver este artículo en la web de la diócesis

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