Como cada mes de noviembre, la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada en Cádiz se unirá para rezar por los benefactores que hayan fallecido en el último año, en acción de gracias por sus vidas y por el bien que han hecho a la Iglesia que sufre. Rezarán también por los familiares difuntos de benefactores, por todas aquellas personas que mueren en soledad y nadie reza por ellas, y por los que están entregando su vida por ser cristianos.
Este año el lugar de la diócesis elegido para celebrar esta Misa es la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Cádiz, el día 10 de Noviembre, a las 19:00 horas.
Este domingo celebramos el día de la Iglesia Diocesana. Una Jornada en la que se nos invita a tomar conciencia de que no se puede ser cristiano de modo aislado. Los cristianos vivimos nuestra fe en el seno de la Iglesia, más concretamente, en una Iglesia particular, y en el marco de una parroquia concreta. Toda la Iglesia late en el corazón de cada diócesis, Iglesia local que peregrina al encuentro de Dios y de todos los santos en la Jerusalén del cielo. Hacemos juntos una peregrinación cuya meta es el Reino de Dios, que el mismo Cristo nos ha prometido, y la esperanza que compartimos nos anima en este camino. Y mientras aguardamos vivir la plenitud de la Iglesia celestial, experimentamos que el Pueblo de Dios, en su riqueza de sus carismas, está presente en nuestra Archidiócesis.
La misión de la Iglesia está en continuidad con la misión de Cristo de proclamar e instaurar el Reino de Dios, y se realiza mediante las tres funciones de Cristo, que Él transmite a la Iglesia: su profetismo, su sacerdocio y su realeza. Predicación de la Palabra, celebración de los misterios y servicio a la comunidad. Nuestras parroquias, con sus carismas y grupos, son la expresión de la comunión de la Iglesia; en ellas convergen y se armonizan realidades eclesiales que manifiestan la riqueza de carismas del Cuerpo de Cristo y sirven a su unidad, hasta el punto de que están llamadas a ser “casa y escuela de comunión”. La unidad de la Iglesia se pone de manifiesto en la celebración de los Sacramentos, en donde la gracia de Dios hace que los muchos miembros sean un solo cuerpo, como el pan amasado con muchos granos, que es uno solo. La Iglesia celebra cada día los sacramentos y muestra de este modo que Cristo no ha abandonado a su Pueblo, sino que, al contrario, está junto a sus hijos acompañando cada circunstancia de su vida y enriqueciéndolos con su presencia.
La Iglesia es el signo vivo de la evangelización para nuestros pueblos y barrios, a través de la realidad concreta de cada parroquia. En el ministerio de la Palabra, las distintas delegaciones diocesanas y la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla prestan un auxilio inestimable. El apostolado concreto al que cada cristiano es llamado el día de su bautismo se expresa en la misión de nuestra Iglesia diocesana. Las catequesis y las iniciativas dirigidas a la formación pretenden ser un anuncio renovado de la alegría de la fe, ofreciendo a todos la fecundidad misionera del anuncio del amor de Dios manifestado en Cristo muerto y resucitado. Por último, la Iglesia hace presente el amor de Dios en medio de las personas concretas. Por medio de las Cáritas parroquiales, de la Cáritas Diocesana y otras muchas iniciativas solidarias, se atiende el cuidado de los más pobres de cada comunidad y, por la comunión de bienes, de aquellos que pertenecen a las parroquias más necesitadas e incluso a los que están lejos de nosotros.
El Día de la Iglesia Diocesana es una ocasión propicia para dar gracias a Dios por todos los dones que nos ha concedido, y para dar gracias a todas las personas que colaboran para que la Iglesia sea una familia viva, apasionada por Jesucristo y entregada a los demás. Gracias por vuestro tiempo, por vuestros talentos puestos al servicio de los hermanos, gracias por vuestra oración y por vuestro apoyo económico. Os animo a seguir creciendo en el sentido y el amor a la Iglesia, a seguir siendo generosos, conscientes de que el Señor nunca se deja ganar en generosidad. ¡Gracias por tanto!
El proyecto educativo de Alcorce integra todos los aspectos de la persona
La Asociación Familiar Alcorce ha comenzado el nuevo curso con una conferencia de Juan Priego González de Canales, Licenciado en Ciencias Biológicas y Farmacia Industrial y Galénicas, sobre «Cómo ayudar a nuestros hijos ante las nuevas adicciones».
Alcorce es una Asociación Familiar orientada a chicos entre 10 y 18 años, que ofrece actividades durante las tardes, los fines de semana y en periodos no lectivos. El proyecto educativo de Alcorce integra todos los aspectos de la persona.
El día 3 de noviembre se presentó en nuestra Diócesis el proyecto Amor Conyugal
El Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, recibió, junto con los Delegados de Familia y Vida a los fundadores de este método de pastoral: José Luis Gadea y Magüi Gálvez y a un matrimonio de la diócesis, María José y Antonio.
Se trata de un método suscitado por la Santísima Virgen María que tiene sus comienzos en Málaga, en el año 2002, de la mano de José Luis y Magüi. Este matrimonio pasó de estar a punto de separarse a iniciar este proyecto que ya se ha implantado en multitud de diócesis de España
José Luis ha explicado que Amor Conyugal es un proyecto misionero de María para recuperar la belleza del matrimonio tal como Dios lo pensó. Todo ello desde la antropología cristiana, desde el significado de la persona humana, del matrimonio y de la familia en el plan de Dios.
El proyecto Amor Conyugal, según sus propios responsables, “no es un movimiento: es un método que no te exige salir de tu propia parroquia, asociación o comunidad”. Este itinerario para matrimonios está basado “en el profundo tesoro de las catequesis de san Juan Pablo II”.
Asimismo, ofrece acompañamiento personalizado para matrimonios en crisis, y organiza retiros, que según los fundadores “han supuesto un antes y un después en la vida de muchos matrimonios”. Los tres pilares de proyecto Amor Conyugal son: Formación, Oración y Amor (Vida).
Jose Luis y Magüi expusieron el proyecto y María José y Antonio comentaron su experiencia de retiro que han vivido en Córdoba, que les ha supuesto un antes y un después en su matrimonio. Por su parte, el Obispo jiennense ha acogido el proyecto para nuestra diócesis.
Los interesados pueden ponerse en contacto en el número de María José: 649 79 86 76
Para más información se puede visitar la página web: proyectoamorconyugal.es
En la campaña del Día de la Iglesia Diocesana de este año se nos recalca lo importante que es para el desarrollo de la Iglesia que haya personas que dediquen su tiempo y sus cualidades, además de, por su puesto, su oración y su apoyo económico. Por poner uno de los muchos ejemplos que tenemos en nuestra diócesis de personas que dedican su tiempo y sus cualidades de manera desinteresada, en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Algeciras existe un grupo de voluntarios que atiende a los migrantes que llegan a nuestra tierra en busca de ayuda. Es el caso de Patricia Cuenca, profesora de Lengua en un instituto y que enseña español a los migrantes de la parroquia.
Todo surgió un día en el que Patricia acudía a misa a la parroquia y tras la eucaristía pidieron voluntarios para atender a los migrantes que necesitaban aprender español. Ella no se lo pensó y esa misma semana se presentó como voluntaria. Desde entonces, Patricia lleva un año enseñando nuestro idioma a los migrantes de la parroquia una vez a la semana por las tardes, junto a otra compañera que las imparte en horario de mañana.
Las clases se imparten en grupos reducidos de unas doce personas de distintas nacionalidades y niveles. Las clases se adaptan a las necesidades de cada uno de ellos, con la finalidad de que puedan comunicarse mejor y desenvolverse en nuestra sociedad.
Patricia reconoce que «el voluntariado es algo que engancha». «Es una satisfacción a nivel personal, donde puedes aportar tu grano de arena y cumples con los valores cristianos». Por otro lado, Patricia asegura lo agradecidas que son las personas migrantes. «Ellos aprenden y te lo agradecen infinitamente. Lo poco que puedan aprender o sacar de cada clase ellos te lo agradecen. Si los ves por la calle se paran contigo, te presentan a sus familias, les explican quién eres… y eso te llena de orgullo y de felicidad porque realmente ves que estás haciendo algo que es útil».
A veces nos quejamos de no tener tiempo en nuestras vidas para atender otros asuntos. Patricia es una muestra de que siendo mujer trabajadora y con hijos, se puede sacar tiempo para colaborar con la Iglesia. Además de atender a los migrantes, Patricia también es catequista de niños pequeños en la parroquia. «Muchas veces es cuestión de plantearnos cuáles son nuestras prioridades. A veces priorizamos nuestra comodidad y no nos fijamos en las necesidades que otras personas puedan tener. Es cuestión de organizarse y de buscar ese hueco, que luego se convierte en una prioridad, porque haces algo que te gusta y no te cuesta. Al final ese ratito que dedicas a la parroquia te aporta más que otras cosas».
Obviamente, una de las cualidades de Patricia es se le da muy bien la enseñanza de los idiomas y por eso esta ofreciendo ese servicio a la Iglesia, pero puede haber otras personas que tengan otras cualidades que también puedan ofrecer, por ejemplo una persona que sea muy «manitas» y pueda ayudar a reparar algo en la parroquia. En este sentido, Patricia Cuenca anima a todos aquellos que se estén planteando colaborar que lo hagan y que lo hagan cuanto antes mejor. «Que vayan ya y ofrezcan su ayuda. Muchas parroquias, a lo mejor, no se atreven a pedir más para no ser pesados, porque pueda parecer que están todo el día pidiendo, y realmente hay mucha gente que podría ofrecer su ayuda y no lo hace porque o no lo sabe, o se cree que no puede ayudar en nada, y nuestras parroquias necesitan miles de manos que puedan aportar».
Patricia Cuenca no es un caso aislado, es uno de los muchos ejemplos que existen en nuestra diócesis de personas que logran una parroquia viva, apasionada por Jesucristo y entregada a los demás. Un ejemplo de las muchas formas que hay de colaborar con tu parroquia: con tu oración, con tu tiempo, con tus cualidades y con tu apoyo económico. Por eso, Patricia GRACIAS POR TANTO.
La Iglesia de Jaén organiza, un año más, la Semana de los Pobres, en el marco de la celebración de la VI Jornada Mundial de los Pobres, convocada por el Papa Francisco para el domingo 13 de noviembre, con el lema “Jesucristo se hizo pobre por ustedes”. Una exposición, charlas, mesas redondas y una oración, entre otros actos, conforman el programa diseñado por la Vicaría de Caridad de la Diócesis de Jaén, que se desarrollará entre los días 7 y 13 de noviembre próximos. En la organización de las actividades han participado Cáritas Diocesana de Jaén, Manos Unidas Jaén, la Delegación de Pastoral Penitenciaria, la Delegación de Migraciones, la Delegación de Pastoral Gitana, la Delegación de Pastoral de la Salud y el Servicio para la Difusión de la Doctrina Social de la Iglesia. Colaboran con la iniciativa la Diputación Provincial de Jaén, la Delegación de Juventud de la Diócesis de Jaén, el Ayuntamiento de Alcalá la Real y las parroquias de San Pedro Poveda y de Cristo Rey de Jaén capital.
El vicario de Caridad de la Diócesis de Jaén, Juan Raya, ha explicado que el propósito de esta nueva edición de la Semana de los Pobres es “recordar que la preocupación por los pobres, por los más débiles, es uno de los núcleos fundamentales del Evangelio”. En la misma línea, ha destacado que también se busca “mostrar la acción social de toda nuestra Iglesia de Jaén, que tiene muchas caras”. “Una preocupación muy importante que se manifiesta en pequeñas pinceladas a través de las actividades que se han programado para esta edición”, ha añadido Raya. Asimismo, ha invitado a participar en los actos, que ayudarán “a vivir la dimensión social de nuestra fe”.
Las actividades de la Semana de los Pobres en la Diócesis de Jaén comenzarán el lunes 7, a las 13:00 horas, con la inauguración de la exposición de Manos Unidas con el título “Nuestra indiferencia los condena al olvido”. Estará ubicada en la primera planta del palacio de la Diputación Provincial de Jaén, en torno al patio. Podrá visitarse hasta el domingo 13, de lunes a viernes, en horario de 9:00 a 14:00 horas, y sábado y domingo, de 10:00 a 14:00 horas.
El martes 8, a las 20:00 horas, el salón de actos de la parroquia de Cristo Rey acogerá la mesa redonda con el título “La importancia de la dimensión social de la fe”, organizada por el Servicio para la Difusión de la Doctrina Social de la Iglesia. Intervendrán su responsable, el sacerdote Domingo Antonio Pérez; el anterior director de Cáritas Diocesana de Jaén, Rafael López-Sidro, y Rafael Claramunt, integrante del Servicio para la Difusión de la DSI. Por su parte, el miércoles 9 será el turno de los jóvenes, con una oración, a las 21:00 horas, en la Cripta de la Catedral de Jaén, organizada por la Delegación de Juventud de la Diócesis de Jaén.
La parroquia de San Pedro Poveda de la capital acogerá, el jueves 10, a las 19:30 horas, el acto “Enciende la llama”, organizado por Manos Unidas y dirigido de manera especial a niños y adolescentes. A esa misma hora, en Alcalá la Real, se ha programado una mesa redonda con el título “La inmigración. Retos y oportunidades para la Iglesia”, en el Aula Magna de Capuchinos. Organizada por la Delegación de Migraciones, intervendrán su delegado, Jesús Castro; Juan Alonso Cózar, fundador de «Proyecto Rajab» y voluntario en «Casa de la luz»; Liliana Coronado, artista y voluntaria en colectivos pro derechos humanos de las personas migradas, y Magdalena Lara, coordinadora diocesana de Trata de personas.
El viernes 11, a partir de las 20:00 horas, habrá una charla online a cargo de la responsable de Cooperación Fraterna de Cáritas Diocesana de Jaén, Sonia Quirós, con el título “Dimensión Universal de la Caridad. Mi Cáritas abierta mundo”. Para concluir la Semana de los Pobres, el domingo, a las 17:00 horas, en la Casa de la Iglesia de Jaén, tendrá lugar un retiro-meditación dirigido a profesionales sanitarios cristianos (Prosac), a cargo de María Fernández, autora del libro “Un viaje sin equipaje”. Ese mismo día, que se celebra la VI Jornada Mundial de los Pobres, desde la Vicaría de Caridad de la Diócesis de Jaén se invita a que las eucaristías de las parroquias estén dedicadas a esta jornada. Para ello, se han remitido materiales diseñados al efecto por la Conferencia Episcopal Española y Cáritas Española.
En la Palabra de Dios se nos dice que el Señor nos ha regalado una gran esperanza, que no es otra que la salvación eterna. En esperanza caminamos siempre con la ayuda de Dios y cerca de los hermanos. Agradezcamos a Dios las múltiples oportunidades que nos da para vivir en esperanza, movidos por la fe, con la mirada puesta en Él y, especialmente, llamados a vivir la sinodalidad. ¡Cuánto hemos gozado en este tiempo de preparación para el Sínodo! Esta iniciativa del Santo Padre, el Papa Francisco, nos ha hecho mucho bien a todos, porque nos ha abierto muchos caminos para la comunión, la corresponsabilidad y la misión. Somos Iglesia y esto nos exige mantener viva la llama de la caridad, la atención a los necesitados y el cuidado y la preocupación por los alejados, porque el Evangelio nos urge, nos apremia a ser de Cristo, a ponerlo en el centro de nuestra vida y a alegrarnos en el servicio a los hermanos, a servir en la verdad y en el amor. El amor verdadero, tal como nos lo regala el Señor, nos lleva de su mano a la eternidad, por eso, ¿cómo olvidar a los hermanos más necesitados, miembros también de la familia de la Iglesia?
La invitación que os hago, con motivo del Día de la Iglesia Diocesana, no es a olvidar, sino a fortalecer, actualizar, renovar o restaurar la vida en Cristo, de Él hemos aprendido lo que significa amar de verdad, hasta dar la vida. Nuestro Señor nos ha dado ejemplo, hemos aprendido de Él el estilo, la gracia de tender la mano para ayudar, a no conformarnos con las palabras, sino ayudar con las obras. Él es la fuente de todo amor verdadero, como la vid, que fructifica con ese amor en sus discípulos, que somos los sarmientos. Pido al Señor que sepamos imitarle en la entrega, hasta la cruz.
La Iglesia muestra su esencia en la comunión, en la unidad entre todos los hermanos, a la vez que abre sus puertas e invita a entrar a todos. Nosotros, fieles cristianos, tenemos la obligación de difundir, de hacer aceptable, creíble, la verdad del amor de Cristo. Esta es la misión que se nos encomienda. En la Eucaristía es cuando más visible se hace este misterio de amor y presencia, en este sacramento tenemos muy cerca a Cristo entregado.
En este año ofrezcamos a los demás la seguridad que nos da el Señor ante las dificultades reales que están arrasando el ánimo y la vida de muchos de nuestros hermanos; con la ayuda de todos podemos levantar al caído, iluminar al que está en oscuridad, auxiliar a los necesitados, dar pan al hambriento… y mostrar el rostro de Cristo al que no lo conoce. Este es el milagro de la comunión, de la fraternidad. Mucho ánimo, ayudemos a la Iglesia, a nuestra Iglesia, en sus necesidades y ganaremos todos.
Antonio Gil señala en su artículo semanal de «Al Trasluz» la importancia del Día de la Iglesia Diocesana
El domingo, 6 de noviembre, celebramos el Día de la Iglesia diocesana, que ha de ser para nosotros “un día de fiesta”, girando este año la campaña en torno a la palabra “Gracias”: “Gracias por tanto”. Será bueno recordar cifras y datos de “una gran familia dentro de otra gran familia, la de los hijos de Dios”.
En España, la Iglesia católica se estructura en torno a 70 diócesis, 69 territoriales a las que hay que unir el Arzobispado Castrense. Según los datos de la última Memoria anual de actividades, la Iglesia cuenta con22.988 parroquias; 16.500 sacerdotes; 1.066 seminaristas; 35.500 religiosas y religiosos; 8.436 monjes y monjas de clausura; 10.600 misioneros y millones de laicos. De ellos, 408.722 forman parte de algunas de las 86 asociaciones y movimientos.
El Día de la Iglesia diocesana nos brinda una ocasión magnifica para recordar que, en frase de monseñor Segura, “la actividad celebrativa, pastoral, evangelizadora, educativa y cultural de la Iglesia es posible gracias a las 41 millones de horas al año que se entregan de manera generosa”. Colaboremos generosamente en esta hermosa campaña: “Con nuestra oración, con nuestro tiempo ofrecido a la parroquia, con nuestras cualidades personales, -una sonrisa cercana, una mano que apoya un hombro desconsolado-, con nuestro apoyo económico”. «La misión de la Iglesia se lleva con la corresponsabilidad de todos», nos dice nuestro obispo, don Demetrio.
La Iglesia prolonga en la historia la presencia y la acción de Cristo para transformar nuestros corazones y hacer un mundo nuevo. Jesucristo fundó su Iglesia sobre el fundamento de los apóstoles, y nos incorpora a ella por el bautismo, nos fortalece con la confirmación en el Espíritu Santo, nos alimenta con la Eucaristía, nos restaura con su perdón. Por medio de los sacramentos va santificando toda nuestra existencia. Y nos reúne en un solo cuerpo, donde todos los miembros son necesarios.
En este domingo, se nos invita a considerar la Iglesia diocesana, es decir, nuestra pertenencia a la Iglesia en esta diócesis concreta, la diócesis de Córdoba. Pues la Iglesia tiene esa doble dimensión: universal y particular o local. La Iglesia es una y se constituye por las Iglesias particulares. Cada Iglesia particular vive inmersa en la Iglesia universal, la única Iglesia de Cristo. Por voluntad de Cristo, al frente de su Iglesia universal ha puesto a Pedro y a sus sucesores, hoy el Papa Francisco. Y al frente de cada Iglesia particular ha puesto a un obispo en comunión con sus hermanos obispos y presididos todos por el Papa. Esta es la Iglesia una, santa, católica y apostólica. Nuestra pertenencia a la Iglesia católica tiene como seña de identidad la comunión con el Papa. Si nos apartamos de esta comunión, dejamos de ser católicos.
En este año quiere subrayarse la actitud de acción de gracias por haber sido llamados a pertenecer a la Iglesia católica en este lugar concreto, en esta diócesis concreta. Aquí recibimos todos los medios de salvación y al mismo tiempo nos convertimos en miembros activos de esta parcela de la Iglesia, que es la diócesis de Córdoba.
En la campaña del Día de la Iglesia diocesana, queremos agradecer a Dios tantas colaboraciones de todos sus miembros. Siendo de origen divino, la Iglesia la construimos entre todos. Todos tenemos en ella un lugar, como todos tenemos un lugar en el corazón de Dios. Y en su etapa peregrinante a lo largo de la historia necesita continuamente de la colaboración de todos. Esa es la sinodalidad.
Damos gracias a Dios por nuestros sacerdotes, por nuestros religiosos y religiosas, por la multitud inmensa de fieles laicos, seglares en medio del mundo. Miremos a nuestros seminarios para apoyarlos en todo, pues nos garantizan la sucesión del ministerio apostólico. La Iglesia no podría subsistir sin sacerdotes, es tarea de todos procurar que en nuestra diócesis no falten ministros de los sacramentos y de la Palabra. Los religiosos y religiosas nos recuerdan constantemente los valores del Reino, la entrega plena e incondicional al Evangelio, el amor a Jesucristo por encima de todo. Cuidemos las vocaciones a la vida consagrada. Y entre la multitud inmensa de fieles laicos, cuidemos todos los carismas y estados de vida, cuidemos especialmente la familia y preparemos a nuestros jóvenes para el sacramento del matrimonio que consagra el amor humano.
Un signo muy elocuente de la Iglesia en medio del mundo hoy es la misericordia con los pobres, los descartados, los marginados, los últimos de la sociedad. Es un signo muy propio de la presencia de Jesucristo buen samaritano, que se abaja de su cabalgadura, toma sobre sus hombros al despojado de todo, incluida su dignidad humana, y lo lleva a la posada, a la comunidad cristiana, que lo acoge y lo redime. Solo el amor es capaz de curar las heridas del corazón. La Iglesia está llamada a multiplicar estos gestos en sus comunidades, parroquias, grupos. Es el signo por excelencia hoy ante un mundo que se aleja de Dios, que no cree en el amor de Dios y que necesita más que nunca de ese amor.
Gracias por tantos. Tantas personas que viven su unión con el Señor, su acercamiento a los más necesitados y dedican su tiempo a la evangelización. Gracias por nuestros sacerdotes y seminaristas, por nuestros religiosos y religiosas, gracias por tantos seglares que construyen día a día la Iglesia santa del Señor, unidos a sus pastores. Gracias Iglesia santa de Dios en Córdoba.
Recibid mi afecto y mi bendición: + Demetrio Fernández, obispo de Córdoba
Tan pronto como se tuvo noticia en la diócesis de la invasión de Ucrania por Rusia, se produjo una verdadera explosión de generosidad. Medicinas, materiales para primeros auxilios, alimentos y ropa, especialmente para bebés y niños pequeños. Del seminario salían “trailers” y auto-buses, y los autobuses volvían llenos de mujeres ucranianas con sus hijos, que dormían en una cama y se duchaban por primera vez después de varios meses, en el viaje de vuelta. Hubo ofrecimientos de hospitalidad sin condiciones. Ayuda de familias, de hombres y mujeres de todas las clases sociales. De adultos, de jóvenes, de adolescentes. De parroquias, de colegios, de personas sueltas.
En aquellas semanas se puso de manifiesto –de muchas maneras, y con la colaboración de muchas personas e instituciones, algunas de ellas no católicas y no cristianas–, la verdadera naturaleza de la Iglesia, su ser más profundo. Era una sinodalidad –un caminar juntos–, no calculada, no programada, que sacaba a la luz lo mejor de cada uno.
Hoy bastantes de esas mujeres han regresado a Ucrania, porque en las zonas en que vivían hay una relativa paz. Otras han sabido que sus familiares han muerto. Algunas han encontrado trabajo aquí, y tratamiento para sus enfermedades o para las de sus hijos. Hemos aprendido a querer a un pueblo que no conocíamos apenas. Pero, como dijo, llorando, una mujer que volvía a Ucrania a reunirse con una hija suya, muy consciente de que iba hacia la muerte: «He sido más querida en este tiempo que en toda mi vida».