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Las comunidades de Jódar celebran el tercer encuentro de conversión pastoral

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El pasado viernes, día 16 de diciembre, las comunidades cristianas de Jódar nos reunimos para celebrar nuestro tercer encuentro dentro del itinerario de conversión pastoral.

A pesar de que la tarde estaba un tanto desapacible, un nutrido grupo de fieles de ambas comunidades nos dimos cita, como costumbre, en la ermita del Santo Cristo a las 18:00h.

En esta ocasión, la oración comenzó con una divertida dinámica con bloques de madera en la que, después de elegir entre varios modelos propuestos, los allí congregados tuvimos que intentar reproducir el modelo elegido lo más fielmente posible. Tras un afanoso empeño, conseguimos que se nos quedase una construcción parecida a la del modelo, aunque con nuestro propio estilo.

Terminada la dinámica inicial, el Señor se hizo presente en el Santísimo y comenzó la adoración propiamente dicha. En esta ocasión, la oración nos ayudó a reflexionar sobre la actitud de Nehemías, que luchó por hacer posible su visión, y sobre los deseos que movilizan nuestro corazón.

Una vez concluida la oración, nos trasladamos al salón parroquial para ver el vídeo de este encuentro y degustar, seguidamente, una rica merienda en un ambiente distendido e informal.

Tocó el momento de hacer los grupos que, en esta ocasión, se distribuyeron a partir de un detalle que la parroquia tuvo con cada uno de los asistentes. Recibimos un pequeño Belén de imán y una felicitación navideña. El color de la bolsita que contenía este detalle marcó el grupo en el que se encontraba cada uno.

Finalmente, nos distribuimos en las distintas salas y comenzamos el diálogo a partir de las preguntas de los cuestionarios. Como suele ocurrir, fue un momento muy enriquecedor, en el que nos sentimos muy cómodos los unos con los otros y volvimos a valorar este tipo de encuentros de trabajo sinodal.

Nos despedimos llenos de alegría y nos emplazamos para el siguiente encuentro que será, Dios mediante, ya en el próximo año.

Responsables parroquiales de Jódar

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La Iglesia en Sevilla se suma al Día del Catequista Nativo y del IEME

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La Iglesia en Sevilla se suma al Día del Catequista Nativo y del IEME

El 6 de enero, en la Fiesta de la Epifanía del Señor, la Iglesia Universal se suma a la Campaña del Catequista nativo, una jornada pontificia organizada por el IEME (Instituto Español de Misiones Extranjeras), que este año lleva por lema ‘Sinodalidad: participación y corresponsabilidad’.

Este va en la línea de la reflexión eclesial que el papa Francisco ha propuesto a todos los bautizados: “Sinodalidad, como dimensión constitutiva de la vida de la Iglesia; participación, como nuevo impulso misionero que involucra a todo el Pueblo de Dios; y corresponsabilidad, como nuevo redescubrimiento de la eclesiología del Pueblo de Dios”.

Con esta jornada, la Iglesia pide sostener y apoyar con la oración y la colaboración económica a los catequistas y predicadores de la Palabra en aquellas Iglesias jóvenes o donde no puede haber una presencia permanente del clero.

Así, el IEME forma a estas personas como responsables de sus comunidades mediante talleres y cursos, y una vez capacitados, los delegados de la Palabra dirigen la liturgia dominical, preparan las lecturas y hacen un breve comentario sobre las mismas. Toman la comunión si disponen de ella y se organiza la pastoral durante la semana (visita a los enfermos, catequesis de niños y jóvenes y otras tareas de la comunidad). “Ellos son los mejores evangelizadores, los más cualificados mensajeros para dar a conocer y hacer creíble en su cultura que la enseñanza de Jesús de Nazaret será la que nos conduzca al verdadero desarrollo, a la genuina liberación y al auténtico progreso”, explican desde el Instituto Español de Misiones Extranjeras.

Con motivo de esta jornada, se ha elaborado un folleto con materiales litúrgicos para la celebración de la Eucaristía, junto con unas anotaciones sobre la homilía que puede pronunciarse y una oración que puede descargar a continuación:

Sobre el IEME

El Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME) es un órgano que facilita a los sacerdotes diocesanos españoles servir como misioneros en los lugares más difíciles de evangelizar: “Las aldeas más lejanas de la selva de África, a los rincones más escondidos de los grandes suburbios de América Latina y el corazón de las ajetreadas ciudades de Asia”. Todo ello “en equipos donde se da la comunión, el discernimiento, la ayuda mutua, en orden a vivir fielmente la propia vocación misionera”. Desde el año 1919 medio millar de sacerdotes han llevado a cabo esta misión.

Encuentro de la Infancia Misionera

Alrededor de quinientos niños participarán en el encuentro que organiza cada año la Delegación de Misiones en la Parroquia San Antonio María Claret en torno a la Jornada de la Infancia Misionera, que este año lleva por lema: “Uno para todos y todos para Él”. El encuentro se celebrará en la Archidiócesis de Sevilla el 14 de enero, “en un clima de oración compartida y testimonios”.

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Encuentro de ‘Un amor que no termina’

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Encuentro de ‘Un amor que no termina’

La Parroquia San Juan Pablo II acoge un nuevo encuentro del Proyecto ‘Un amor que no termina’ de la Delegación diocesana de Familia y Vida. Se trata de una iniciativa dirigida especialmente a personas separadas o divorciadas, no vueltas a casar ni convivientes con nuevas parejas.

Es encuentro, que tendrá lugar el sábado, 7 de enero, a las ocho y media de la tarde en la parroquia de Montequinto, consistirá en un tiempo de adoración al Santísimo y de oración dirigida por miembros del proyecto.

La Pastoral Familiar organizará también un retiro para personas separadas y divorciadas el sábado 4 de marzo, desde las diez de la mañana hasta las seis de la tarde.

Más información en p.familiar@archisevilla.org 

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Las religiosas Obreras del Corazón de Jesús, con una comunidad en Guadix, comienzan el año con nueva superiora general

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Las religiosas Obreras del Corazón de Jesús, con una comunidad en Guadix, comienzan el año con nueva superiora general

Las religiosas Obreras del Corazón de Jesús tienen nueva superiora general. Elegida el 2 de enero, la nueva superiora general lo será por un periodo de 6 años. Esta congregación está presente en la diócesis de Guadix con una comunidad en la ciudad accitana, donde atienden el Albergue de Transeúntes y colaboran en la pastoral de la parroquia de Fátima, en la del sagrario y en la Catedral.

La elección tuvo lugar en el X Capítulo General de la Congregación Obreras del Corazón de Jesús, que comenzó en Villanueva de Córdoba el día 26 de diciembre y se ha prolongado hasta los primeros días de enero de 2023. Han sido días de reflexión, de oración y de compartir con la presencia de hermanas venidas de los diferentes países donde están presentes.
El 2 de enero, se celebró la Eucaristía votiva del Espíritu Santo, presidida por Monseñor Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, que presidió también la asamblea para la elección de la superiora general. En dicha asamblea salió elegida la Hna. Mª Teresa Núñez Villanueva, de 62 años de edad y de nacionalidad paraguaya. La Hna. Mª Teresa ha estado implicada en tareas de formación y pastoral parroquial durante los últimos años y acompañará la vida de la Congregación por seis años.
La Congregación de Obreras del Corazón de Jesús nació en 1940, en Córdoba, para atender y evangelizar a las personas con menos recursos. Su fundadora fue María Jesús Herruzo Martos, junto con el padre Castro, jesuita. Su carisma es trabajar en las parroquias, colaborar en misiones populares, en catequesis de niños y adultos, visitar enfermos… Y esto es lo que hacen en la diócesis de Guadix.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Santa Ángela de Foligno

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Santa Ángela de Foligno

Santa Ángela de FolignoMurió el 4 de enero de 1309 en Foligno, Italia, donde había nacido en 1248. Iglesia

Es una de las místicas más famosas que ha tenido la Iglesia Católica (se llama mística a la persona que se dedica a la vida de contemplación y de comunicación con Dios).

En los primeros años de su vida fue una pecadora: orgullosa, vanidosa, poco piadosa y dedicada a la vida mundana. Se casó muy joven y tuvo varios hijos. Poseía riquezas, castillos, lujos, joyas y fincas, pero nada de esto la hacía feliz.

En 1283, cuando ella tenía 35 años de edad, mueren sucesivamente su madre, su esposo y sus hijos. En medio de la inmensa pena, Angela va al templo y oye predicar a un franciscano, el Padre Arnoldo, y durante el sermón se da cuenta de lo equivocadamente que ha vivido. Hace una confesión general de toda su vida. Se hace terciaria franciscana. Va en peregrinación a Asís, y San Francisco en una visión le dice que es necesario hacer dos cosas muy importantes: vender todo lo que tiene, darlo a los pobres, y… dedicarse a meditar en la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo.

Así lo hace. Lo vende todo, menos un castillo o palacio que estima muchísimo. Hasta que en una visión oye decir a Cristo crucificado: «¿Y por amor a tu Redentor no serás capaz de sacrificar también tu palacio preferido?». Lo vende también y todo el dinero recogido lo distribuye entre los pobres. Vende todas sus joyas y lujos, reparte el dinero entre los más necesitados, y se dedica a la vida de contemplación y meditación en la Vida, Pasión y Muerte del Señor.

Ha sido llamada la Mística de la Pasión de Cristo. Y fue tan grande el amor que adquirió hacia la Pasión y Muerte del Señor, que le bastaba mirar una imagen de Jesús doliente u oír hablar de su Santísima Pasión para que se enrojeciera su rostro y quedara como en éxtasis. En visiones se la puede comparar a Santa Teresa y a Santa Catalina.

Al Padre Arnoldo le dictó su Autobiografía. En ella dice lo siguiente: «Yo, Angela de Foligno, tuve que atravesar muchas etapas en el camino de la penitencia o conversión. La primera fue convencerme de lo grave y dañoso que es el pecado. La segunda el sentir arrepentimiento y vergüenza de haber ofendido al buen Dios. La tercera hacer confesión de todos mis pecados. La cuarta convencerme de la gran misericordia que Dios tiene para con el pecador que quiere ser perdonado. La quinta el ir adquiriendo un gran amor y estimación por todo lo que Cristo sufrió por nosotros. La sexta adquirir un amor por Jesús Eucaristía. La séptima aprender a orar, especialmente recitar con amor y atención el Padrenuestro. La octava tratar de vivir en continua y afectuosa comunicación con Dios».

En la Santa Misa veía muchas veces a Jesucristo en la Santa Hostia.

A su alrededor se reunía frecuentemente un selecto grupo de hombres y mujeres, terciarios franciscanos, a los cuales fue bendiciendo uno por uno como una madre cariñosa, la tarde del 4 de enero de 1309, y luego santamente y en gran paz, su alma voló a la eternidad.

Sobre su sepulcro se han obrado innumerables milagros.

Fuente: ewtn.com

http://www.santopedia.com/santos/santa-angela-de-foligno

La entrada Santa Ángela de Foligno apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

Hady Coulibaly (Baltasar): «es muy importante buscar a Dios, como los magos»

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Ha venido de una tierra muy lejana, cruzando numerosos países, y ha tenido la muerte pisándole los talones en varias ocasiones. Hady Coulibaly, que encarnará a Baltasar en la cabalgata de Reyes de Málaga tiene mucho en común con los magos de Oriente.

Nacido en Malí hace 29 años, partió de su tierra a los 18 huyendo de la guerra y el hambre. En 2013 llegó a Marruecos y, como tantos otros, consiguió llegar a nuestro país saltando la valla fronteriza de Melilla, ciudad que forma parte de nuestra Diócesis. Desde allí, fue trasladado a Málaga donde encontró un hogar gracias a la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Con la ayuda de esta institución, hoy estudia, trabaja y está plenamente integrado. 

De religión musulmana, se siente muy honrado de encarnar a este personaje de la tradición cristiana: «es un gran honor para mí. Los musulmanes no conocen en su mayoría la historia de los magos de oriente, pero me han explicado que ellos eran buscadores de Dios y yo, como creyente, creo que es muy importante buscar a Dios. Si más gente creyera en Dios las cosas irían mucho mejor, no habría tantas guerras. Dios no quiere las guerras» –afirma con rotundidad–.

La tradición de los tres reyes magos, que representan los distintos pueblos y culturas del mundo es, para Coulibaly, un mensaje también muy poderoso: «nos hablan de unidad entre las naciones, de paz, de convivencia. Dios está con todos, los blancos, los negros…».

El Evangelio de Mateo dice que los Reyes «se llenaron de inmensa alegría al ver la estrella», una sensación muy parecida a la que embargó a Hady cuando le pidieron participar en la cabalgata: «a mí me gustan mucho los niños, así que cuando me lo dijeron contesté que sí encantado, porque todo lo que sea dar alegría a los niños me parece estupendo. Vamos a hacer todo lo posible para que se un día inolvidable para ellos, se lo van a pasar muy bien».

Su particular petición a los magos: «que haya paz en el mundo, que haya comida y medicamentos para todos, que paren las guerras y que no hagamos diferencias por ser de una cultura o de otra, que podamos vivir juntos, en igualdad». Y un consejo para los niños: «que se porten bien y que escuchen a sus padres».

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El Sr. Obispo visita a residentes y sacerdotes del Buen Samaritano

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Los sacerdotes mayores, trabajadores, familiares y todos los residentes del Buena Samaritano han recibido la visita del Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, quien ha presidido la Eucaristía y les ha felicitado la Navidad.

«El Sr. Obispo ha visitado hoy a los residentes del Buen Samaritano y ha celebrado un encuentro con los sacerdotes mayores y con todos los residentes, trabajadores, voluntarios y la gran familia que componemos el Buen Samaritano», explica Patricio Fuentes, director de dicho centro de Cáritas Diocesana.

D. Jesús ha presidido la Eucaristía, en la fiesta de san Manuel González, y en la homilía «nos ha animado a encontarnos con Jesús, nos ha felicitado la Navidad y el nuevo año y nos ha invitado a que, como los discípulos del Evangelio de hoy, animemos a otros también a encontrarse con Jesús», afirma Patricio, quien añade que «ha sido un encuentro muy emotivo y todos lo hemos disfrutado muchísimo».

 

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Málaga celebra la fiesta de su obispo San Manuel González García

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Como cada 4 de enero, los malagueños celebran la fiesta de quien fuera su obispo de 1920 a 1935, San Manuel González García. El conocido como «obispo de los sagrarios abandonados» dejó su impronta en el edificio del Seminario Diocesano, una auténtica catequesis sobre la espiritualidad sacerdotal y eucarística.

Fundador, en Málaga, de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret (Nazarenas), que acaban de celebrar el Jubileo por el centenario de su fundación, su obra perdura hoy en 15 casas distribuidas por toda España, así como en otros países del mundo como Italia, Perú, Venezuela, México, Argentina, Ecuador, Portugal y Cuba.

La comunidad de Nazarenas de Málaga celebrará hoy la fiesta de San Manuel González con una Eucaristía en el Santuario de Santa María de la Victoria a las 19.30 horas. En esta parroquia se encuentra la imagen del prelado que se bendijo con motivo de su año jubilar, así como la reliquia que se depositó allí para ser venerada. Tras la celebración, una de las Marías de los Sagrarios (obra fundada también por él) va a recibir la ofrenda (asumir solemnemente sus compromisos).

El oratorio de la librería de las Nazarenas (Centro Litúrgico Nazaret, en Calle Dos Aceras), estará abierto desde hoy, día en que comienza el rezo de su novena para que los fieles puedan presentar allí sus peticiones. El horario de apertura es de 10 a 13.45 y de 16.30 a 20.00 horas. 

Por su parte, la parroquia de San Manuel González y Virgen de la Peña, en Mijas Costa, tiene previsto celebrar hoy la fiesta de su titular. A las 18.30 horas, tendrán el rezo del Rosario y, a las 19.00 horas, la Eucaristía. La reliquia del santo que posee la parroquia estará expuesta a lo largo de toda la tarde.

Finalmente, desde la cuenta de Instagram SpesNostra, que gestionan el seminarista Cristian Carrasco y el sacerdote Juan Manuel Caracuel han dedicado hoy un post a la figura de este ilustre santo malagueño.

Biografía de San Manuel González en este enlace.

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La Catedral accitana acogerá, el sábado 7 de enero, el funeral de la diócesis de Guadix por el papa emérito Benedicto XVI

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La Catedral accitana acogerá, el sábado 7 de enero, el funeral de la diócesis de Guadix por el papa emérito Benedicto XVI

 

La diócesis de Guadix celebrará un funeral por el eterno descanso del papa emérito Benedicto XVI, fallecido el 31 de diciembre pasado. Será en la catedral accitana, el sábado 7 de enero, a las 12 de la mañana. Será presidido por el obispo de la diócesis, D. Francisco Jesús Orozco.

Al funeral están invitados todos los sacerdotes y miembros de la vida consagrada y, sobre todo, los cristianos de toda la diócesis.
Mons. Orozco anima a todos los diocesanos a participar en este funeral, unidos a toda la Iglesia que, en estos días, celebra Misas por Benedicto XVI.
La exequias del papa emérito serán el jueves, por la mañana, en el Vaticano. En la diócesis de Guadix se ha escogido el sábado para celebra la Misa funeral, porque es el día que queda entre dos grandes celebraciones de la Iglesia en los últimos días de la Navidad: la fiesta de la Epifanía y la celebración del Domingo en el que se celebra el Bautismo del Señor.
Sin duda, la celebración del sábado 7 de enero, a las 12 de la mañana, será una oración sentida por el papa emérito fallecido, pero también una expresión de eclesialidad, rezando con toda la Iglesia por el que fue sucesor de Pedro de 2005 a 2013.
 
Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix
 

 

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“El magisterio de Benedicto XVI desborda su propio ministerio como Sucesor de Pedro”

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En la Misa exequial celebrada en la S.I Catedral de Granada, presidida por ambos arzobispos.

Homilía de D Javier Martínez, arzobispo de Granada, en la misa exequial por Benedicto XVI celebrada en la Archidiócesis, en la S.I Catedral, el 3 de enero de 2023.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa amada de Nuestro Señor Jesucristo, pueblo santo de Dios;
muy querido hermano José María, que has querido que en esta Eucaristía predicase yo a este pueblo al que tanto amo (si se me quiebra la voz, paciencia. No es más que una expresión de la intensidad que tiene el momento que el Señor nos da a vivir, que es precioso);
queridos sacerdotes concelebrantes;
religiosas, religiosos, fieles laicos;
todos los que formamos esta realidad bellísima –me habéis oído decir muchas veces: la más bella que hay en la tierra, pese a todos nuestros pecados, mezquindades y miserias: la Iglesia, Esposa y Cuerpo de Jesucristo-:

Lo primero que quiero decir es que no estamos haciendo un homenaje del tipo que se podría hacer en el mundo secular a una figura grande. No estamos haciendo un acto en memoria de un gran maestro, de una gran persona e incluso de una persona llena de virtudes como, ciertamente, podemos decir que es Benedicto XVI (que será para siempre Benedicto XVI). No. Estamos celebrando una Eucaristía. Y la Eucaristía si significa algo, significa que Cristo está vivo, y que en Cristo vivo, vivimos todos aquellos que formamos el Cuerpo de Cristo. Cuando teníamos los catecismos pequeños, el Cuerpo de Cristo tenía la Iglesia militante, la Iglesia purgante, la Iglesia triunfante… Pero la Iglesia no la rompe la muerte. Me dolía a mi estos días el oír en algunos medios “hemos perdido a un Papa magnífico”, “hemos perdido a un gran intelectual”. No hemos perdido nada. Los cristianos no perdemos nunca nada, ni a nadie. Y Benedicto XVI, al revés: podrá interceder, acompañar, guiar a la Iglesia mil veces mejor, junto al Señor, que la unión que podía tener aquí en la tierra. Y sabemos que esa unión ha sido grande. En los últimos años. Seguramente, estos años de oración y de lectura. Decía él que qué iba a hacer ahora cuando se retire. Y decía: “leer y rezar”. Y al final, que ya no podía leer, sólo rezar y ofrecer. La fecundidad de estos años puede, a los ojos de Dios, ser más grande que todas sus obras; que todo su magisterio. Y mira que ese magisterio es grande, hermoso, inmenso, y es verdad que permanece para nosotros, pero permanece él.

Porque, repito, y ésta es una verdad que todos los cristianos deberíamos recordar muchas veces, porque no vale sólo para Benedicto XVI: la muerte no rompe los lazos que unen a los miembros del Cuerpo de Cristo. La muerte no rompe los miembros del Cuerpo de Cristo. Y por lo tanto, en esa unión de la que participamos, por nuestro bautismo y desde nuestro bautismo, estamos todos y no nos falta nadie. Y ciertamente, no nos va a faltar la intercesión, la ayuda de Benedicto XVI. Eso no quiere decir que acudamos a sus obras en busca de enseñanza. “Permaneced –decía la Primera Lectura en el Evangelio- en la enseñanza que vuestros guías os han transmitido”. Claro que sí. Tenemos enseñanza para nuestra vida, para muchas décadas. Es verdad que es un maestro. Cuando oigo decir que es un gran intelectual, a veces pienso que decimos eso cuando queremos poner una etiqueta y ya no nos tenemos que preocupar de él, es decir, ya no tenemos ninguna necesidad de leer sus obras, porque es un gran intelectual. Pasa eso con muchas personas. Le ha pasado también a Juan Pablo II. Era un hombre con una gran formación filosófica. De hecho, lo hacemos con los santos. Bernanos, una de las figuras a quien Benedicto XVI tenía devoción, y a través de De Lubac, decía que hacemos con los santos lo que unos soldados italianos en la guerra civil hacían en la trinchera, y es que el capitán les decía “ánimo, adelante, al ataque”; y ellos se ponían a aplaudir al capitán y ninguno se movía de la trinchera. Decía: “A los santos, en lugar de seguirlos, los aplaudimos”. Pero, aplaudir a los santos, como declarar que Benedicto XVI es un gran intelectual, es una excusa para no leerlo, es una excusa para no seguirles. No se trata de aplaudir a los santos. Se trata de seguirlos, pobremente. Cada uno desde nuestra pobreza. Yo conozco la mía. Y sé de la santidad de muchas personas en el Pueblo santo de Dios, que nunca saldrá en la prensa, que nunca será canonizada, oficialmente, y que, sin embargo, forman el Pueblo santo de Dios, el Cuerpo de Cristo, aquellos a través de los cuales uno toca a Cristo en su humanidad. O como dice el Papa Francisco, “el santo de la puerta de al lado”.

Mis queridos hermanos, es verdad que tenemos un magisterio inmenso. Voy a señalar unos poquitos puntos. Porque el magisterio de Benedicto XVI desborda su propio ministerio como Sucesor de Pedro. Él escribió la última Encíclica de Juan Pablo II, “Ecclesia de Eucharistia”. Rebosa por todas partes la enseñanza y el estilo de Joseph Ratzinger, todavía, en aquel 2003, cuando Juan Pablo II ya no estaba prácticamente en condiciones de escribir propiamente una encíclica. Y su última encíclica “La luz de la fe”, el Papa Francisco la ha firmado porque quería que esa encíclica saliera. Ya no la podía firmar Benedicto XVI, porque había renunciado a su ministerio. Pero el mismo Papa Francisco dice “esta encíclica yo no he hecho más que poner mi firma a un texto que tenía preparado prácticamente Benedicto XVI”. Por lo tanto, su magisterio desborda, por delante y por atrás.

“Ecclesia de Eucharistia”. Recuperar el sentido de la Eucaristía es recuperar la fe en Jesucristo como centro y corazón del credo cristiano. “La fe cristiana no es –decía él en su primera encíclica- una serie de creencias, no es una serie de principios morales. Es el encuentro con una Persona viva: Jesucristo, que vive hoy, que está vivo hoy, y con el cual nos encontramos y tiene el poder de transformar nuestra vida”. Tiene el poder de cambiarnos de ser meras criaturas, que pasan por este mundo y desaparecen, a ser hijos de Dios, herederos del Reino de Cristo, hijos de Nuestro Padre, hermanos de Jesucristo, de una pléyade de santos. Y uno puede sentir orgullo, muy diferente del orgullo que es pecado, el orgullo de ser hijo de la Iglesia. Orgullo de ser parte de este Pueblo, de ser parte de este Cuerpo, que es el Cuerpo de Cristo, la única esperanza del mundo. Descubrir la inmensidad de Dios, poner delante de nuestro ojos la inmensidad de Dios ha sido una de las tareas del Papa Benedicto; ayudarnos a que renunciemos a ideas recortadas de Dios, como si Dios fuera un ser que nos imaginamos fuera de la Creación, fuera del cosmos, fuera del mundo. Dios es más grande, siempre más grande.

Y Dios es el Sumo Bien, la Suma Verdad. Pero también la Suma Belleza. Y el Papa Benedicto ha insistido en esa dimensión de Dios que hemos perdido muchas veces los cristianos. Es curioso que cuando él renuncia al pontificado y se retira al monasterio, no le habían trasladado todavía su biblioteca y él era muy cuidadoso con su biblioteca, sabía muy bien dónde estaban los libros que él quería leer y sus preferidos, y él era muy ordenado en eso; y sólo se llevó un libro. Curiosamente, el libro que se llevó fue “La estética teológica”, de Von Balthasar, uno de sus maestros. Él ha sido el que ha insistido en el camino de la belleza como camino para Dios. Porque Dios es la Suma Belleza. Y haber perdido –eso era lo que decía Von Balthasar- “la tercera parte de Dios”… no se puede hablar de “partes de Dios”, pero si Dios es el Sumo Bien, la Suma Verdad y la Suma Belleza, prescindir de la belleza en la vida cristiana…, pero no sólo la belleza del arte, es la belleza de la vida humana tal como el Señor nos la da a vivir, es la belleza de las relaciones humanas cuando están construidas sobre Jesucristo. Es la belleza como algo que participa siempre de Dios. Haber perdido eso es haber perdido una de las potencias grandes que tiene el Evangelio de atraer el corazón del hombre, y por lo tanto, de evangelizar. Porque el hombre está hecho para la belleza; el corazón humano está hecho para la belleza. Y Dios es la Suma Belleza. Habernos recordado eso, recordarnos eso, tenemos necesidad de ello. Nuestra liturgia, nuestros cantos, nuestras relaciones humanas. Si son relaciones de comunión; si son relaciones en Cristo, serán relaciones bellas, serán relaciones de hermanos, pero de hermanos que se aman verdaderamente; de hermanos que buscan juntos encontrarse de un modo pleno en Dios.

Otro punto firme y grande del magisterio de Benedicto XVI: Dios no le quita nada al hombre. El Dios verdadero no es un adversario del hombre. De ahí la pobreza del ateísmo, que es muy difícil vivir en el ateísmo. La pobreza de quien piensa que Dios es una imagen recortada de Dios; de que Dios no tiene nada que ver con la vida humana, no tiene nada que decir en la vida humana. Eso no sólo empobrece a Dios. Empobrece al hombre. Nos empobrece a nosotros. Nos empequeñece a nosotros. Porque al acercarnos a Dios, Dios quiere nuestra grandeza. “Engrandece mi alma al Señor –decía la Virgen-, porque se ha fijado en la humildad, en la pequeñez de su esclava”. Cuando nos acercamos a Cristo, crecemos. Cuando nos alejamos de Cristo, cuando nos alejamos de Dios, nos volvemos más pequeños, más mezquinos, nuestra vida se empequeñece, la vida se hace insoportable, la esperanza se acaba. La esperanza se acaba. Y el amor se vuelve mezquino, calculador, torpe, hecho de intereses más que de verdadera gratuidad, como es el amor de Dios. Lo dijo en su primera homilía. No se me olvidará aquella primera homilía de inauguración de su ministerio, cuando él dijo, gritando casi (a pesar de que su voz y la humildad de su carácter y de su temperamento no era dada a los gritos, como lo era aquella potencia que tenía Juan Pablo II al principio de su ministerio): “Jesucristo no nos quita nada”. Darnos a Cristo es la posibilidad de ser plenamente humanos, de alcanzar la plenitud de nuestra humanidad. Nos da a nosotros mismos. Nos permite recuperarnos a nosotros mismos. Nos permite ser plenamente nosotros mismos.

No quiero dejar de señalar que sus cuatro encíclicas (dos de ellas dedicadas al amor) están destinadas a la novedad de la vida en Cristo. Es decir, cuando uno se encuentra con Cristo, ¿qué es lo que sucede en nuestra vida? Pues, sucede en nuestra vida que crece nuestra humanidad, crece nuestra razón, crece nuestra capacidad, no porque sepamos más cosas acerca del átomo, o acerca del ADN, o acerca de cosas de este mundo; pero crece nuestra inteligencia del mundo, de la vida, de nosotros mismos, de nuestro destino, de nuestra realidad. La fe no está en contraposición con la razón, sino todo lo contrario. La razón se desarrolla en plenitud cuando se abre al Misterio infinito de Dios, del Dios que es Amor. Crece nuestra humanidad en libertad. Porque Dios es el Sumo Bien. Y la plena libertad no consiste, como se nos vende en esta cultura del vacío, en hacer lo que a uno le dé la gana. La verdadera libertad es poder adherirse libremente al bien que reconocemos. Y el Bien Sumo es Dios. Por lo tanto, junto a Dios, somos más libres. Nuestra libertad resplandece. Ya quisiéramos tener algo de la libertad de los mártires, de la libertad de tantos santos que han gastado su vida atendiendo a los más necesitados o a los más pobres. Miles y miles de santos, públicos y no públicos, que han dado su vida en un gesto de amor. Ese amor es la verdadera libertad, es el cumplimiento de nuestra libertad humana, la plenitud de nuestra libertad, el poder darnos. Sólo quien es libre puede darse. Quien no es libre, no dispone de sí mismo para darse. Y al revés, será absorbido, será devorado por alguno de los ídolos de este mundo: el poder, el dinero, la lujuria. Pero los ídolos nos devoran. Sólo Dios, sólo Jesucristo nos hace libres. Por lo tanto, crecemos acercándonos a Dios. En Jesucristo, crecemos en libertad. Y crecemos en amor. Qué difícil es. Pensamos que el amor es un sentimiento, que es una cosa banal. Eso es el amor superficial. Llamamos amor a muchas cosas que no son amor. Dios es Amor. Y acercarse a Dios es acercarse a un amor sin límites. Y abrirse a Dios, abrirse a Jesucristo, es abrirse a un amor sin límites. Y la experiencia de ese amor es la que está destinada a transformar el mundo. Sólo el amor transforma el mundo. Sólo un amor que se parezca al de Dios. Y que, porque se parece al de Dios, corresponde profundamente al anhelo de nuestro corazón. Porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. No por nuestra inteligencia, sólo ni principalmente, sino porque somos capaces de amar, capaces de darnos. Y cuando acogemos el amor de Dios, esa capacidad florece y se desarrolla y se multiplica, y alcanza una plenitud y una alegría que no es capaz de vender este mundo, que no es capaz de darnos este mundo, porque este mundo no es capaz de producir una alegría verdadera. Y de esa alegría y de ese amor nace la esperanza.

Quisiera recordar esa encíclica, tal vez más olvidada que la de “Dios es Amor” o “El amor en la verdad”, de Benedicto XVI: “Salvados en la esperanza”. Estamos ya salvados, en una esperanza que no defrauda. La esperanza del consumo, la esperanza de los bienes de este mundo, la esperanza incluso del amor de este mundo si está cerrado en sí mismo, defrauda siempre, porque le pedimos a los seres humanos o a las cosas de este mundo algo que no nos puede dar más que Dios, que es un amor gratuito y sin límites. Pero la esperanza no defrauda cuando uno ha experimentado… el Santo Padre Benedicto citaba una frase de Péguy, que era otro de sus humildes maestros, que “para tener esperanza, es necesario haber sido objeto de una gran Gracia”, es necesario haber experimentado una gran Gracia. Y la gran Gracia de haber conocido a Jesucristo hace posible la esperanza. Y la esperanza es el bien más escaso de este mundo. Es lo único que no podemos comprar para regalar en Reyes. No. La esperanza es un don de Dios. La esperanza es una forma de la vida divina. El Hijo está lleno de esperanza. ¿Y sabéis por qué espera? Porque nos ama. Él conoce el amor infinito del Padre y conoce nuestra necesidad. Y nos ama y nos amará sin límites. Y por eso, su esperanza no decae jamás. Y la esperanza que participa de la esperanza de Cristo no decae jamás.

Que el Señor nos conceda en este mundo tan escaso de esperanza, tan lleno de falsificaciones de la esperanza, tan lleno de sucedáneos de la esperanza, nos conceda esa esperanza de 24 quilates que no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones. A ese Amor encomendamos la figura de Benedicto XVI. A ese Amor encomendamos al Papa Francisco. Y a ese Amor nos encomendamos nosotros. Y os aseguro que la esperanza no defrauda. No defrauda jamás, porque es de Dios. Y es una participación –la esperanza teologal- en la vida misma de Dios, que espera para nosotros lo mejor, justo porque nos ama.

Damos gracias por el Papa Benedicto. Pedimos que el Señor lo haya acogido entre los santos. Vosotros sabéis que la Congregación de los Santos no hace santos; lo que hace es declarar lo que el pueblo cristiano vive. Y es clarísimo que el pueblo cristiano, sólo con lo que hemos visto estos días, reconoce la santidad grande, la humildad, reconoce el magisterio, reconoce la grandeza del Papa Benedicto, como reconoció la de Juan Pablo II. Yo ya he oído decir muchas veces estos días lo de “santo súbito”. No sé si será súbito, porque la Iglesia no quiere (y menos con los Papas) ahorrarse nada del trabajo que supone un proceso de beatificación. Pero, yo estoy convencido de que es santo. Y espero, muy pronto, de que le podamos, oficialmente, dar culto y pedir su intercesión. Y por la Iglesia, que, en este momento, tan turbulento del mundo necesita la luz de Dios, necesita la guía de nuestros pastores, necesitamos la guía de nuestros pastores. Que no nos faltarán, porque Dios da a la Iglesia siempre lo que más conviene. Pero no dejemos de pedir, por nuestro Papa y por nuestra Iglesia, y por este mundo por el que Jesucristo ha derramado Su Sangre y ha dado Su vida.

Que así sea mis queridos hermanos.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

3 de enero de 2023
S. I Catedral de Granada

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