El próximo domingo, 15 de enero, tendrá lugar el acto de apertura de la puerta santa de la parroquia de Santa María de las Nieves, en Olivares, con motivo del inicio del año jubilar concedido por la Santa Sede con motivo del 400 aniversario de la erección del templo parroquial por el papa Urbano VIII.
El acto comenzará a las doce del mediodía, y será presidido por el arzobispo, monseñor Saiz Meneses. La celebración contará además con la participación del Coro de Nuestra Señora del Álamo de Olivares, el Coro Santa María de Coria del Río, y el organista de la parroquia. Las puertas de acceso serán las de la Calle Roelas y la del Trascoro, desde una hora antes. Quienes no puedan asistir podrán seguir la celebración a través de la retransmisión que llevará a cabo TRECE.
Tras la Misa, habrá un ágape de confraternidad parroquial en la nave de la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío.
¿Por dónde empezamos? Si hablamos de su magisterio, Benedicto XVI deja tras de sí un legado único tanto por la riqueza de temas, como por la sencillez profunda de sus exposiciones. Baste recordar la primera de sus encíclicas, Deus caritas est, o cualquiera de sus catequesis habituales en la plaza de San Pedro. Pero sus actos de gobierno pastoral no lo han sido menos por su significación y hondo calado. Repasarlos todos, un imposible. Quizás, para muchos, el más relevante sea el de su renuncia, aunque yo, personalmente, me quedaría con el primero: Aquel 24 de abril, cuando en la misa de imposición del palio y entrega del anillo del pescador, que daba inicio a su ministerio, renunció a presentar un programa de gobierno, porque «Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea Él quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia». De este Papa, siempre discípulo enamorado de Cristo, es del que me gustaría hablar.
Con un “Señor te amo” en los labios, Benedicto XVI se despedía de este mundo el pasado 31 de diciembre, aunque más bien parece el saludo a un Dios-amigo con el que se encuentra. Algo así como las primeras palabras de un encuentro en lo eterno que aun cayeron de nuestro lado y se pudieron oír. Ellas nos dejan la mejor síntesis de su pensamiento y desvelan el secreto de su persona: un corazón apasionado por Jesucristo. Sencillamente, digámoslo así, no es posible interpretar la inmensa obra teológica de Benedicto XVI-Joseph Ratzinger, ni entender su vida, sin este primado amoroso de Dios en él, que regía su razón, sus sentimientos y sus actos. Aquel “Nada anteponer al amor de Cristo”, que recoge la Regla de San Benito, bien podría considerarse la pauta de su existencia o el lema apócrifo de este humilde trabajador del Señor.
Fascinado por Dios, como él mismo se recuerda desde la infancia, Benedicto XVI forma parte de los grandes testigos del siglo XX, pero no como lo piensa la biografía. Desde su infancia-adolescencia, atravesada por la guerra, aquel muchacho más bien débil hizo de Dios su condición irrenunciable. Por Él permaneció en pie ante las amenazas del comandante nazi y no le importaron sus humillaciones. Ya como profesor, prefirió ser postergado antes que claudicar ante las corrientes marxistas y secularistas del 68. En Dios se mantuvo, de pie, hasta el final, soportando un acoso mediático-ideológico difícilmente explicable. Así, década a década, Benedicto XVI ha caminado a lo largo del siglo XX hasta el XXI como testigo de Dios en la historia, dejando al descubierto lo caduco y frágil de ciertas posiciones “que parecían inamovibles” frente a Jesucristo, fuente de verdad y vida permanente en su cuerpo que es la Iglesia.
Como esos cuadros poderosos que proyectan luz desde su interior, el magisterio de Benedicto XVI cautiva y fascina porque trasluce la hermosa verdad del misterio divino que lo atraviesa. En su palabra, cálida y sencilla, Dios asoma permanentemente, toca los corazones y eleva el alma. El secreto está en su vida verdadera, hecha en Dios y vivida de su mano. Al punto que, cuando Benedicto XVI habla de Dios, no presenta una idea sublime o un universal abstracto, sino que nos sitúa ante un alguien: Jesucristo, un Dios persona, concreto y cercano, con el cual podemos establecer una relación, porque nos escucha, acoge y entiende, pero sobre todo porque nos ama profundamente. De su mano, la existencia se ilumina y la vida se torna hermosa porque el hombre descubre que no es un accidente en la naturaleza, sino fruto de un acto de amor que ahora, al encontrase con su Creador, se comprende a sí mismo y reconoce la razón de su existir. La razón y la fe, como el resto de cualidades humanas, ya no entran en oposición porque se iluminan entre sí al mismo fin: el encuentro con Dios. Y los otros se descubren como hermanos al amparo de un mismo Padre Dios, rompiendo cualquier tipo de enemistad y conduciendo la humanidad a la fraternidad. A un Dios así solo se le puede responder “Señor, te amo”, como exclamó Benedicto XVI antes de salir de este mundo.
Este es el Dios-amor al que Benedicto XVI consagró su vida y que rezuma en todos sus escritos, primero como teólogo y luego como pontífice. El secreto para entender su obra y su persona, como digo, no es ningún tipo de arcano reservado a mentes selectas; reside en su corazón, un corazón enamorado de Dios. “De la abundancia del corazón, habla la boca” (Lc 6,45).
Miguel Ángel Núñez, pbro, párroco de San Nicolás y Santa Mª la Blanca
Nos hemos reunido, movidos por la fe, para celebrar esta Eucaristía pidiendo a Jesucristo, el Pastor eterno que, en toda circunstancia, conduce con los dones de su Espíritu a la Iglesia, que acoja en las moradas eternas el alma de Su Santidad Benedicto XVI, que dejó este mundo hace unos días tras una larga y fecunda vida.
No es este el momento de hacer una meticulosa biografía del Papa emérito, ni de presentar un panegírico de la altura científica o del rigor de sus investigaciones, glosando acontecimientos e iniciativas de quien ha sido uno de los grandes pontífices de nuestros tiempos. Ya se encargarán de esto los estudiosos e historiadores para descubrir al mundo, con ecuanimidad y esmero, la originalidad de sus reflexiones teológicas, la riqueza de su magisterio, sus profundas intuiciones bíblicas y la luminosidad con que supo desentrañar el maravilloso tesoro que se encuentra escondido en el Corazón de Dios, explicando su contenido de forma sencilla y a la par elocuente.
El tiempo logrará que brille su figura con todo su fulgor, sus meritorias aportaciones dogmáticas, cuya valía intelectual vuelven imperecederas las enseñanzas de Joseph Ratzinger, poniendo de relieve la erudición y competencia del que fuera durante lustros insigne profesor y maestro de enteras generaciones de agentes de pastoral.
Acabamos de escuchar, en el Evangelio (Mc 1, 14-20), el comienzo del ministerio de Jesús en Galilea. Atrás ha quedado la vida oculta, el encuentro con Juan, su bautismo, el desierto. “Ha llegado la hora” y la inicia llamando a la conversión y a acoger la buena noticia que trae, que es Él mismo. Y para este proyecto, el plan sublime de la salvación del hombre, cuenta también con el hombre y “llama” a aquellos que tendrán que continuar, en su momento, su obra salvadora.
La salvación viene de Dios. La Iglesia la inició Jesús. Sus enseñanzas, su memoria, su vida nos llegan por la enseñanza de los Apóstoles y de sus sucesores. Jesús encomendó a sus Apóstoles y a sus sucesores la transmisión y el mantenimiento de su doctrina. «Id y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles todo lo que yo os he mandado» (Mt 28, 19-20).
Este es un mandato que los Apóstoles reciben en conjunto, como grupo, y que ellos y sus sucesores deben cumplir conjuntamente. La unidad entre ellos es garantía de acierto y autenticidad.
A la vez, Jesús concede a Pedro custodiar el depósito de la fe, y el cuidado y la misión de esta unidad indispensable entre los Apóstoles: «Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia… A ti te daré las llaves del Reino» (Mt 16, 18). «Yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos» (Lc 22, 32).
Pedro es siempre el primero de los Apóstoles. La tradición de la Iglesia, con obras y palabras, ha concretado esta voluntad de Jesucristo en el reconocimiento de Pedro y de sus sucesores, los Obispos de Roma, como signos e instrumentos de la unidad de la Iglesia: unidad entre los Obispos, sucesores de los Apóstoles; signo e instrumento de la unidad de la fe y de la vida espiritual y moral de todos los cristianos.
El Papa Benedicto XIV entregó toda su vida por Cristo y para Cristo, y desde Él a toda la humanidad, sirviendo de una manera especial a la unidad y a la catolicidad de la Iglesia.
Buscador infatigable de la verdad, la encontró en Aquel a quien sus contemporáneos llamaron “Rabí”. Percibió que arraigando la existencia en Jesús no se carece de nada. Y, aunque era consciente de su fragilidad e insuficiencia, aceptó dócilmente y amparado en la oración de los hermanos ser el Sucesor del discípulo al que el Señor le cambió el nombre de Simón con el de “Cefas”, que significa “roca”, para edificar sobre él su Iglesia (cfr. Jn 1,35-42).
Al tenerlo presente en nuestra plegaria con veneración, lo primero que hacemos es dar gracias a Dios por la inmensidad de su labor apostólica, por el testimonio de su abnegación, por tantos sacrificios como llevó a cabo en el silencio del amor para beneficio y provecho espiritual de muchos.
Evocando su excelente figura, podemos extraer, en este clima de recogimiento y fervor cristiano, unas lecciones extraordinarias. Deseo compartirlas con todos vosotros porque sin duda nos pueden ayudar para vivir nuestro compromiso cristiano con mayor hondura, pues de eso se trata.
La razón de su generosidad y entrega no fue otra que la Persona de Jesús de Nazaret, a quien él amó con un corazón indiviso, a quien siguió sin tibieza alguna, anunciando con audacia y fidelidad su Evangelio. Así lo corroboró apenas elegido Obispo de Roma, cuando se dirigió a la multitud que lo aclamaba desde la plaza de san Pedro, afirmando que él se entendía como “un simple y humilde trabajador de la viña del Señor” (Primeras palabras de Su Santidad Benedicto XVI. Balcón central de la Basílica Vaticana. 19 de abril de 2005).
Hoy queremos traer a colación esta actitud evangélica de sobriedad, desprendimiento, humildad y mesura del Papa emérito, hombre bueno y dotado de grandes talentos. Él, sin embargo, nunca hizo alarde de ellos. Al contrario, avanzó por el camino de la vida no desde un protagonismo malsano, sino desde la humildad que solo aspira a ir tras las huellas de Cristo, que busca en todo su gloria, que acata sin lamentos sus mandatos y acoge gozosamente sus designios, aunque no obstante a menudo esto no sea fácil. Por eso, al comienzo de su pontificado, glosó de esta manera sus intenciones: “Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia” (Benedicto XVI, Homilía en el solemne inicio del ministerio petrino del Obispo de Roma. 24 de abril de 2005).
Permitir que Cristo reine en nuestros corazones, otorgarle el primado de nuestra existencia, de nuestro tiempo, de nuestro quehacer es la gran enseñanza que nos ha dejado el Papa emérito con su vida y sus innumerables escritos y reflexiones. Poner a Jesús en el centro de nuestras opciones personales y comunitarias, dejar que su luz ilumine nuestras almas y su gracia guíe nuestros pasos, hacer de su Palabra nuestro alimento para que nuestras manos no desfallezcan en el servicio a los hermanos ni nuestros pasos se desvíen de la recta senda, me atrevería a decir que ha sido el gran legado que Benedicto XVI ha regalado al mundo como don precioso.
Hoy, Joseph Ratzinger sigue diciendo a todos, con mansedumbre y convicción, que “quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera” (Benedicto XVI, Homilía en el solemne inicio del ministerio petrino del Obispo de Roma. 24 de abril de 2005).
Ojalá estas palabras del Papa emérito permanezcan en el alma de cuantos están llamados a regir los destinos de nuestros pueblos. Ojalá aviven el entusiasmo de los hogares cristianos. Ojalá sean el aliento de cuantos han entregado su vida a nobles causas. Ojalá sirvan de acicate para cuantos se encuentran cansados y fatigados. Ojalá levanten el ánimo de los que pasan pruebas diversas, de los que se sienten olvidados, de quienes están tentados por el pesimismo o la desesperación.
Hoy, a todos, Benedicto XVI, el pastor de mirada serena, nos repite sin vacilar que Dios es el amor que jamás defrauda, Aquel que nunca pasa de moda, el sentido que inunda la vida de plenitud sin ocaso. Pues cuando no es Dios la brújula que orienta la vida del hombre, nuestros caprichos emergen como ídolos ante los que nos arrodillamos. Cuando Dios no descuella en nuestras vidas, otras son las pasiones que nos avasallan. Si Dios no alumbra nuestro camino, otros son los resplandores que nos ciegan. Si el Evangelio no es la melodía de nuestra existencia, efímeros son los cantos que la embaucan y fascinan, crueles las tendencias que la arrollan y ofuscan.
Hoy, el Papa emérito nos recuerda que Dios es el amigo del hombre, Aquel que le otorga su auténtica dignidad y que ensancha su corazón. Y cuando esto no es así, cuando insensatamente expulsamos a Dios de nuestra mente y de nuestros juicios, acabamos arruinando nuestra humanidad. Si Dios no traza los planes de nuestra vida, caducos y triviales son los proyectos que hacemos. No lo olvidemos: los intentos y estrategias que llevan al hombre a apartarse de Dios, en vez de hacerlo más libre, en realidad lo atenazan reduciéndolo a pura mezquindad. Lo convierten en un tirano para sus semejantes y le impiden colaborar para la construcción de un mundo más fraterno y más solidario.
Benedicto XVI, con el testimonio de su constante trabajo evangelizador, de su presencia delicada, con la exquisitez de sus ademanes, a todos cuantos estamos hoy aquí congregados pidiendo a Dios que lo admita entre sus santos y elegidos, nos recuerda que no hay más dicha ni más felicidad que seguir a Cristo con radicalidad. Lo repetía a menudo, poniendo sus penetrantes ojos en las nuevas generaciones, a las que siempre reservó un afecto especial. Lo sabemos bien cuantos participamos en la inolvidable Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Madrid, en aquel caluroso verano del 2011. Quisiera repetir aquí lo que entonces el Papa nos dijo, con el fin de que llegue a todos los jóvenes de nuestra Diócesis, rogándoles que se dejen interpelar por sus clarividentes razonamientos: “Sí, queridos amigos, Dios nos ama. Ésta es la gran verdad de nuestra vida y que da sentido a todo lo demás… Si permanecéis en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraréis, aun en medio de contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría. La fe no se opone a vuestros ideales más altos, al contrario, los exalta y perfecciona. Queridos jóvenes, no os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo… Queridos amigos, que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra” (Benedicto XVI, Homilía en la vigilia de oración con jóvenes. Aeropuerto de Cuatro Vientos. 20 de agosto de 2011).
Amadísimos hermanos, el Papa Emérito Benedicto XVI terminó sus días diciendo con absoluta confianza: “Jesús, te amo”. Ofrecemos esta Santa Misa con la intención de que el Divino Redentor haya acogido ese último suspiro de Benedicto XVI, su servidor bueno y fiel, y con misericordia entrañable le otorgue la corona de gloria que no se marchita, por intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Reina de los Apóstoles.
En estos días se está escribiendo mucho sobre la figura de Benedicto XVI, un papa de una gran inteligencia, formación, humildad… Y que pasará a la historia como un gran teólogo. Con estas breves líneas pretendo hacer un resumen, desde mi opinión, a lo que ha aportado a la Doctrina Social de la Iglesia.
Si leemos las publicaciones de los distintos papas, veremos que citan a sus antecesores e incluso a ellos mismos. Esto es lógico porque el Magisterio de la Iglesia lo que hace es continuar la labor de sus predecesores e interpretar la realidad a la luz del Evangelio y de la Tradición, por eso no nos debe sorprender que las citas de unos papas a otros se repitan en estos documentos.
La Doctrina Social de la Iglesia le debe mucho a Benedicto XVI. Su encíclica Caritas inVeritate (CV), publicada a los cuatro años de su nombramiento, muestra la preocupación por el desarrollo en una sociedad en vías de globalización que se debe llevar a cabo por medio de la justicia y teniendo en cuenta el bien común. Inicia la encíclica diciendo que “la caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”.
Preocupaba mucho al papa Benedicto, recibiendo esta inquietud mostrada por S Pablo VI en Populorum Progressio, el desarrollo de las personas y de los pueblos para decir que la Iglesia cuando anuncia, celebra y actúa en la caridad, tiende a promover el desarrollo integral del hombre que supone la libertad responsable de la persona y los pueblos. Ninguna estructura puede garantizar dicho desarrollo desde fuera, por encima de la responsabilidad del hombre y sin tener en cuenta a la verdad. Como preocupación a este desarrollo desigual que se está produciendo en el mundo, el Papa mostraba su dolor por el hambre que azota al mundo y habla del derecho a la alimentación y al agua. Respecto a la inseguridad alimentaria en la encíclica CV dice que la agricultura en los países pobres debe plantearse con una visión a largo plazo e invirtiendo en infraestructuras rurales, sistemas de riego, organización de los mercados, innovación respetuosas con el medio ambiente… Atentas a las poblaciones desfavorecidas e implicando a las comunidades locales. Puntos estos que serán desarrollados en la encíclica Laudato Sí del papa Francisco.
Como he dicho al principio, no me puedo extender en hablar de Caritas in Veritate, pero sí en un aspecto de la encíclica sobre el que hablaba también el papa Benedicto XVI en otras publicaciones: la preocupación por el medio ambiente.
El papa retoma de la tradición y sobre todo de San Juan Pablo II “la cuestión ecológica” y habla de ella en muchos momentos, especialmente en Caritas in Veritate y en los mensajes para la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero. En esta encíclica se habla, por primera vez, de la responsabilidad de cuidar la naturaleza pensando en las generaciones futuras: “El tema del desarrollo está también muy unido hoy a los deberes que nacen de la relación del hombre con elambiente natural. Este es un don de Dios para todos, y su uso representa para nosotros una responsabilidad para con los pobres, las generaciones futuras y toda la humanidad”.
En el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del año 2007 usó la expresión “ecología de la paz” y expuso que la destrucción del medio ambiente, su uso impropio o egoísta y el acaparamiento de los recursos de la tierra, generan fricciones, conflictos y guerras, precisamente porque son fruto de un concepto inhumano de desarrollo. En él habla de la naturaleza como la “casa común”, concepto que tomará el papa Francisco para subtitular la encíclica Laudato Sí (el cuidado de la casa común).
Pero donde más desarrolla este cuidado del medio ambiente es en el mensaje de la Jornada Mundial de la Paz del año 2010 titulado Si quieres promover la paz, protege la creación citando a su predecesor, San Juan Pablo II literalmente: “En nuestros días aumenta cada vez más la convicción de que la paz mundial está amenazada, también […] por la falta del debido respeto a la naturaleza», añadiendo que la conciencia ecológica «no debe ser obstaculizada, sino más bien favorecida, de manera que se desarrolle y madure encontrando una adecuada expresión en programas e iniciativas concretas” y se cita a sí mismo en CV cuando dice que es necesario revisar el modelo de desarrollo reflexionando además sobre el sentido de la economía y su modalidad.
También son múltiples las veces que el Papa ha abogado por poner fin a la carrera armamentística y ha insistido en la necesidad de que se produzca un desarme nuclear.
Otros temas tratados por Benedicto XVI durante su pontificado han sido el hambre en el mundo, con mensajes anuales al director general de la FAO. Los migrantes y refugiados también han sido motivo de mensajes papales, especialmente los menores, jóvenes y mujeres por lo que de desarraigo y soledad pueden sentir y sobre todo por el peligro que pueden correr al caer en redes de explotación incluidas la sexual.
Como vemos, Benedicto XVI nos ha dejado un amplio legado en cuestiones sociales.
Isabel Cuenca, secretaria general de Justicia y Paz España
Con el título “El ejercicio del ministerio pastoral, fuente de la espiritualidad sacerdotal” el obispo de Guadix, Mons. Orozco Mengíbar iluminó a los sacerdotes y diáconos permanentes de la diócesis de Almería. Fue el pasado lunes, 9 de enero, cuando estaban convocados todos los presbíteros, a las 11 de la mañana, en la casa de espiritualidad “Reina y Señora” de Aguadulce. Siguiendo con el programa de formación permanente del clero organizado por la vicaría de pastoral, el prelado accitano desarrolló el magisterio de los papas recientes sobre la espiritualidad sacerdotal.
“No podemos vivir de espiritualismos desencarnados, porque hay siempre dos peligros: un espiritualismo sin carne o un hombre sin Dios ni espiritualidad. Nuestra espiritualidad no puede ser una burbuja que esconda nuestros traumas y miedos personales”, afirmó D. Francisco Jesús Orozco en su intervención. “La crisis vocacional que nos afecta a todas las diócesis puede deberse a la falta de un fervor apostólico que contagie. Por eso nuestras parroquias tienen que ser lugares donde se viva intensamente la fe y vida apostólica”, añadió. La soberbia de los sacerdotes puede ser el gran drama de hoy: “todos debemos de crecer en la conciencia de estar permanentemente abiertos a ser evangelizados”. Después de un tiempo de preguntas por parte de los presentes, se pasó al comedor de la casa de espiritualidad para compartir una sencilla comida fraternal.
Recogemos aquí algunas de las imágenes de la celebración de bodas de oro y plata matrimoniales, que se celebró en la Catedral al finalizar la Navidad. No era el día de la Sagrada Familia, que fue el 30 de diciembre, pero se quiso recordar y celebrar, así, a la familia de Nazaret. También había matrimonios que no celebraban ni los 25 ni los 50 años de casados, pero que quisieron renovar su matrimonio. Nada menos que 18 matrimonios renovaron su compromiso matrimonial y celebraron sus bodas de plata y oro matrimoniales en la Catedral de Guadix, el domingo 8 de enero. Fue una celebración muy emotiva, en la que se celebraba la fiesta del Bautismo del Señor, como en toda la Iglesia, pero en la que también se tuvo muy presente a la Sagrada Familia de Nazaret. Presidió la celebración el obispo accitano, D. Francisco Jesús Orozco.
El Obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá, presidió el domingo 8 de enero la Misa de clausura del centenario de las Doctrinas Rurales, obra del beato Tiburcio Arnaiz.
Durante su homilía, el prelado señaló que «cuando se cumplen cien años de una institución se suele agradecer a sus miembros que hayan sostenido la obra. En el presente caso deberíamos decir: “Gracias al Espíritu Santo, que nos ha permitido permanecer fieles al carisma; a pesar de nuestras debilidades y pecados”».
En su predicación, el obispo dio «gracias a Dios por vuestro carisma que el Espíritu regaló a su Iglesia y que se ha mantenido durante cien años (…) Ese carisma que Dios le concedió ha sido transmitido a vosotras, queridas hermanas. Buscad siempre amarlo y servirlo animando a otros a buscar los intereses de Cristo».
En la Misa, el obispo de Málaga recordó las enseñanzas de los dos fundadores de las Misioneras de las Doctrinas Rurales: el beato Arnaíz y María Isabel González del Valle. Del primero, recordo que «su deseo era conocer a Jesucristo y unirse en comunión con Él, asociándose a sus padecimientos, «con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos»; y de la segunda citó su frase: «»Vivamos nada más que para Él, para sufrir y hacer redención con Él, para decir a todos el Padre que tenemos»», exhortando a las Misioneras presentes a continuar con esa misión: «habéis empezado ya el segundo Centenario. ¡Que el Señor os permita mantener esta hermosa tarea en la Iglesia!».
Me despiertan las noticias de la mañana con tres mujeres asesinadas en manos de unos hombres demoníacos. No puedo expresarlo de otra manera. En Roquetas de Mar, una mujer de 44 años asesinada por un hombre de 30, comentan que después de hacer el amor, (¡cómo pervertimos el lenguaje!). Este bombardeo a la memoria y al sentido común, dicen muy poco a favor del espíritu humanitario del que estamos tan orgullosos y que tanto proclamamos, aunque tantas veces se queden en palabras bonitas cargadas de buenos sentimientos.
No son las leyes, ni debemos culpar a los legisladores, las responsables de estas masacres. Estoy seguro que estos energúmenos desconocen o les da lo mismo cualquier tipo de ley, por que caminan por sendas de egoísmo, depravación y una impositiva animalidad de manada que les hace creerse dueños incluso de la vida de sus semejantes. Los cerebros de estos seres inhumanos funcionan sin empatía y por lo tanto desconocen la ternura. Todo es posesión. Mantienen aún el paleocerebro de los reptiles. La especie, que nos definimos como el culmen de la creación, somos el único animal que comemos sin necesidad, tenemos sexo sin estar en celo, y matamos sin tener que defender nuestro territorio de caza para subsistir.
Todos, de alguna manera, somos responsables de tanta violencia. Analicemos si no nuestras vidas, nuestra educación, nuestras relaciones familiares, de amistad, de compañerismo, la vivencia de los valores éticos y morales, que generación tras generación se han ido forjando por el bien de la coexistencia plural y pacífica. Examinemos nuestra fe, aquello en lo que tú crees y que forma parte del andamiaje que te sustenta y da sentido a tu vida: valores como la escucha, el diálogo, la ternura, la entrega, la gratuidad, el control de mí mismo, la disciplina, la amistad, el perdón… y si eres creyente en Jesús, el Amor, incluso a los enemigos.
No somos culpables de tanta atrocidad, pero sí responsables.
La fiesta de los Reyes Magos trajo consigo un concierto en el centro penitenciario para internos, funcionarios y voluntarios
El Secretariado diocesano de Pastoral Penitenciaria ha trabajado estos días para que los internos de la prisión vivan el verdadero sentido de la Navidad y han organizado diversos actos que comenzaron con la visita del Obispo al centro penitenciario la tarde de Nochebuena. Un día en el que cada año el pastor acude a la cárcel para celebrar la misa junto a los internos.
El último acto tuvo lugar los días previos a la fiesta de los Reyes Magos organizado por la Pastoral Penitencia y la Hermandad de la Merced de Córdoba. Se celebró un concierto de villancicos y flamenco al que asistieron casi 300 internos, funcionarios y voluntarios, además de una representación del ayuntamiento y de la Hermandad.
El plazo de inscripción estará abierto desde el lunes, 9 de enero, para todos los matrimonios que deseen vivir una experiencia de amor
Proyecto Amor Conyugal ha puesto en marcha un nuevo retiro para matrimonios en Córdoba del 10 al 12 de febrero, en la casa de espiritualidad San Antonio.
El objetivo del retiro es adentrarse juntos en la verdad del matrimonio según las catequesis de la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II y experimentar la Alegría del Amor, según el Papa Francisco explica en la Enciclica Amoris Laetitia.
Podrán asistir todos los esposos unidos por el Sacramento del Matrimonio que quieran vivir una experiencia de amor juntos, que quieran conocer, fortalecer y reavivar su Sacramento del Matrimonio.
“Este retiro lleva haciéndose varios años en la diócesis de Córdoba en colaboración con la Delegación de Familia y Vida y son ya numerosos los testimonios de matrimonios para los que ha supuesto un antes y un después en su familia, pues el reavivar el amor entre los padres tiene una respuesta muy positiva en sus hijos”, aseguran los organizadores.