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Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2023

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Ascesis cuaresmal, un camino sinodal

Queridos hermanos y hermanas:

Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas concuerdan al relatar el episodio de la Transfiguración de Jesús. En este acontecimiento vemos la respuesta que el Señor dio a sus discípulos cuando estos manifestaron incomprensión hacia Él. De hecho, poco tiempo antes se había producido un auténtico enfrentamiento entre el Maestro y Simón Pedro, quien, tras profesar su fe en Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios, rechazó su anuncio de la pasión y de la cruz. Jesús lo reprendió enérgicamente: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (Mt 16,23). Y «seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17,1).

El evangelio de la Transfiguración se proclama cada año en el segundo domingo de Cuaresma. En efecto, en este tiempo litúrgico el Señor nos toma consigo y nos lleva a un lugar apartado. Aun cuando nuestros compromisos diarios nos obliguen a permanecer allí donde nos encontramos habitualmente, viviendo una cotidianidad a menudo repetitiva y a veces aburrida, en Cuaresma se nos invita a “subir a un monte elevado” junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular de ascesis.

La ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz. Era precisamente lo que necesitaban Pedro y los demás discípulos. Para profundizar nuestro conocimiento del Maestro, para comprender y acoger plenamente el misterio de la salvación divina, realizada en el don total de sí por amor, debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades. Es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña. Estos requisitos también son importantes para el camino sinodal que, como Iglesia, nos hemos comprometido a realizar. Nos hará bien reflexionar sobre esta relación que existe entre la ascesis cuaresmal y la experiencia sinodal.

En el “retiro” en el monte Tabor, Jesús llevó consigo a tres discípulos, elegidos para ser testigos de un acontecimiento único. Quiso que esa experiencia de gracia no fuera solitaria, sino compartida, como lo es, al fin y al cabo, toda nuestra vida de fe. A Jesús hemos de seguirlo juntos. Y juntos, como Iglesia peregrina en el tiempo, vivimos el año litúrgico y, en él, la Cuaresma, caminando con los que el Señor ha puesto a nuestro lado como compañeros de viaje. Análogamente al ascenso de Jesús y sus discípulos al monte Tabor, podemos afirmar que nuestro camino cuaresmal es “sinodal”, porque lo hacemos juntos por la misma senda, discípulos del único Maestro. Sabemos, de hecho, que Él mismo es el Camino y, por eso, tanto en el itinerario litúrgico como en el del Sínodo, la Iglesia no hace sino entrar cada vez más plena y profundamente en el misterio de Cristo Salvador.

Y llegamos al momento culminante. Dice el Evangelio que Jesús «se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz» (Mt 17,2). Aquí está la “cumbre”, la meta del camino. Al final de la subida, mientras estaban en lo alto del monte con Jesús, a los tres discípulos se les concedió la gracia de verle en su gloria, resplandeciente de luz sobrenatural. Una luz que no procedía del exterior, sino que se irradiaba de Él mismo. La belleza divina de esta visión fue incomparablemente mayor que cualquier esfuerzo que los discípulos hubieran podido hacer para subir al Tabor. Como en cualquier excursión exigente de montaña, a medida que se asciende es necesario mantener la mirada fija en el sendero; pero el maravilloso panorama que se revela al final, sorprende y hace que valga la pena. También el proceso sinodal parece a menudo un camino arduo, lo que a veces nos puede desalentar. Pero lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino.

La experiencia de los discípulos en el monte Tabor se enriqueció aún más cuando, junto a Jesús transfigurado, aparecieron Moisés y Elías, que personifican respectivamente la Ley y los Profetas (cf. Mt 17,3). La novedad de Cristo es el cumplimiento de la antigua Alianza y de las promesas; es inseparable de la historia de Dios con su pueblo y revela su sentido profundo. De manera similar, el camino sinodal está arraigado en la tradición de la Iglesia y, al mismo tiempo, abierto a la novedad. La tradición es fuente de inspiración para buscar nuevos caminos, evitando las tentaciones opuestas del inmovilismo y de la experimentación improvisada.

El camino ascético cuaresmal, al igual que el sinodal, tiene como meta una transfiguración personal y eclesial. Una transformación que, en ambos casos, halla su modelo en la de Jesús y se realiza mediante la gracia de su misterio pascual. Para que esta transfiguración pueda realizarse en nosotros este año, quisiera proponer dos “caminos” a seguir para ascender junto a Jesús y llegar con Él a la meta.

El primero se refiere al imperativo que Dios Padre dirigió a los discípulos en el Tabor, mientras contemplaban a Jesús transfigurado. La voz que se oyó desde la nube dijo: «Escúchenlo» (Mt 17,5). Por tanto, la primera indicación es muy clara: escuchar a Jesús. La Cuaresma es un tiempo de gracia en la medida en que escuchamos a Aquel que nos habla. ¿Y cómo nos habla? Ante todo, en la Palabra de Dios, que la Iglesia nos ofrece en la liturgia. No dejemos que caiga en saco roto. Si no podemos participar siempre en la Misa, meditemos las lecturas bíblicas de cada día, incluso con la ayuda de internet. Además de hablarnos en las Escrituras, el Señor lo hace a través de nuestros hermanos y hermanas, especialmente en los rostros y en las historias de quienes necesitan ayuda. Pero quisiera añadir también otro aspecto, muy importante en el proceso sinodal: el escuchar a Cristo pasa también por la escucha a nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia; esa escucha recíproca que en algunas fases es el objetivo principal, y que, de todos modos, siempre es indispensable en el método y en el estilo de una Iglesia sinodal.

Al escuchar la voz del Padre, «los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo» (Mt 17,6-8). He aquí la segunda indicación para esta Cuaresma: no refugiarse en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, de experiencias sugestivas, por miedo a afrontar la realidad con sus fatigas cotidianas, sus dificultades y sus contradicciones. La luz que Jesús muestra a los discípulos es un adelanto de la gloria pascual y hacia ella debemos ir, siguiéndolo “a Él solo”. La Cuaresma está orientada a la Pascua. El “retiro” no es un fin en sí mismo, sino que nos prepara para vivir la pasión y la cruz con fe, esperanza y amor, para llegar a la resurrección. De igual modo, el camino sinodal no debe hacernos creer en la ilusión de que hemos llegado cuando Dios nos concede la gracia de algunas experiencias fuertes de comunión. También allí el Señor nos repite: «Levántense, no tengan miedo». Bajemos a la llanura y que la gracia que hemos experimentado nos sostenga para ser artesanos de la sinodalidad en la vida ordinaria de nuestras comunidades.

Queridos hermanos y hermanas, que el Espíritu Santo nos anime durante esta Cuaresma en nuestra escalada con Jesús, para que experimentemos su resplandor divino y así, fortalecidos en la fe, prosigamos juntos el camino con Él, gloria de su pueblo y luz de las naciones.

Roma, San Juan de Letrán, 25 de enero de 2023, Fiesta de la Conversión de san Pablo.

Francisco

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El Año Jubilar de Alharilla ya tiene logotipo

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El logotipo conmemorativo del Año Jubilar Extraordinario con motivo del 775 Aniversario de la Aparición de la Santísima Virgen de Alharilla, ha sido diseñado y realizado por Virginia Gascón Moreno.

Virginia Gascón Moreno (Porcuna, 1992) es ilustradora y diseñadora gráfica graduada en la Escuela de Arte Mateo Inurria de Córdoba. En la actualidad está realizando un curso de Diseño de Experiencia del Usuario, certificado por Google.

Trabaja como diseñadora gráfica en Genially (Córdoba), una herramienta web para crear contenidos digitales e interactivos a nivel global. Dentro de Genially ha realizado trabajos para clientes como Telefónica y Sanitas. Como freelance a maquetado el libro “Interpretación consecutiva: Metodología, autoevaluación y práctica en preparación de intérpretes” (Editorial Sindiéresis) de Rafaél Porlán Moreno. También realizó el cartel de San Benito, Patrón de Porcuna del pasado año 2022, y ha realizado trabajos y diseños para entidades privadas y particulares, así como reconocimientos a lo largo de su carrera artística.

El logotipo conmemorativo de este Año Jubilar, representa los elementos clave de esa fecha como la silueta de la Virgen, la cruz del Humilladero -lugar donde se apareció-, las ramas de almendro -aquellas que florecieron en el momento que la Virgen se hizo presente en la aldea- y un pequeño monograma con los números 775. Respecto al color, él dorado simboliza la divinidad y riqueza espiritual, y el azul a la Virgen María, transmisora de calma y de paz. Por lo tanto, se presenta de una forma sencilla, clara y fácilmente reconocible para que sea accesible a todos los devotos de la Virgen de Alharilla.

Real Cofradía Matriz de Nuestra Señora de Alharilla, Patrona de Porcuna

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El vídeo viral del obispo de Córdoba

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El sacramento de reconciliación, administrado a un anciana en su reciente visita a Picota, genera centenares de comentarios y es compartido por casi dos mil personas

«Yo quisiera que Dios me conceda ese privilegio cuando mi hora de partir este cerca «es uno de los comentarios extraídos de los muchos que estas imágenes han generado entre los usuarios de la red social Youtube, que a su vez ha concitado el interés de otras personas, generando un interesante debate sobre la naturaleza del sacramento de reconciliación y la cercanía y servicio de los sacerdotes y obispos en los últimos momentos de vida. 

Para algunas personas, este vídeo ha supuesto retroceder para cuestionarse cómo nos preparamos ante la muerte. Así, un usuario explica que «yo siento que me faltó hacer esto con mi mamá, quizás por pensar sólo en que estuviera bien y se volviera a levantar. Ahora pido a Dios Misericordia por su alma»,  mientras abundan mensajes de agradecimiento al obispo de Córdoba y a todos los sacerdotes que administran cada día el sacramento de reconciliación. «Gracias Dios por el Sacramento de la Reconciliación y por todos los sacerdotes que lo conceden en tu nombre», es solo un ejemplo de los muchos escritos con este sentido.

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Constituida la Comisión Histórica para la Causa del Hno. Bonifacio

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La Comisión está formada por Jesús Daniel Alonso Porras, José María Muñoz Urbano y Francisco Benavides Vázquez

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha procedido en la mañana del viernes, 17 de febrero, al nombramiento y constitución de la Comisión Histórica que recogerá todos los documentos relacionados con la Causa del Hermano Bonifacio Bonillo.

La Comisión está formada por Jesús Daniel Alonso Porras, presidente de la misma; José María Muñoz Urbano y Francisco Benavides Vázquez.

Acabado su trabajo, esta Comisión presentará un informe al obispo de Córdoba o a su delegado en esta Causa que recoja el perfil humano y religioso del Siervo de Dios, junto con toda la documentación que permita contemplar el conjunto de su vida y su quehacer como limosnero de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en Córdoba.

Primer paso en la Causa de Sor Ana de la Cruz

Asimismo, el obispo de Córdoba se ha constituido en actor ex officio de la Causa sobre las virtudes y continuación de la fama de virtudes y de signos de la venerable Sor Ana de la Cruz. Se trata del primer paso en la Causa que se pretende reactivar ante el Dicasterio de la Causa de los Santos en Roma.

En el mismo acto, monseñor Demetrio Fernández nombró al sacerdote Miguel Varona como postulador de esta Causa para que intervenga ante la Diócesis y comience la fase diocesana de la misma. Junto a él, también nombró a Juan Francisco Bello Mellado como administrador ecónomo de los bienes de esta Causa.

Ana Ponce de León (1527-1601) era viuda, monja profesa clarisa en Montilla y discípula de San Juan de Ávila. Tomó el nombre de Sor Ana de la Cruz al entrar en el convento de Santa Clara.












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Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2023

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2023

Ascesis cuaresmal, un camino sinodal

 

Queridos hermanos y hermanas:

Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas concuerdan al relatar el episodio de la Transfiguración de Jesús. En este acontecimiento vemos la respuesta que el Señor dio a sus discípulos cuando estos manifestaron incomprensión hacia Él. De hecho, poco tiempo antes se había producido un auténtico enfrentamiento entre el Maestro y Simón Pedro, quien, tras profesar su fe en Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios, rechazó su anuncio de la pasión y de la cruz. Jesús lo reprendió enérgicamente: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (Mt 16,23). Y «seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17,1).

El evangelio de la Transfiguración se proclama cada año en el segundo domingo de Cuaresma. En efecto, en este tiempo litúrgico el Señor nos toma consigo y nos lleva a un lugar apartado. Aun cuando nuestros compromisos diarios nos obliguen a permanecer allí donde nos encontramos habitualmente, viviendo una cotidianidad a menudo repetitiva y a veces aburrida, en Cuaresma se nos invita a “subir a un monte elevado” junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular de ascesis.

La ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz. Era precisamente lo que necesitaban Pedro y los demás discípulos. Para profundizar nuestro conocimiento del Maestro, para comprender y acoger plenamente el misterio de la salvación divina, realizada en el don total de sí por amor, debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades. Es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña. Estos requisitos también son importantes para el camino sinodal que, como Iglesia, nos hemos comprometido a realizar. Nos hará bien reflexionar sobre esta relación que existe entre la ascesis cuaresmal y la experiencia sinodal.

En el “retiro” en el monte Tabor, Jesús llevó consigo a tres discípulos, elegidos para ser testigos de un acontecimiento único. Quiso que esa experiencia de gracia no fuera solitaria, sino compartida, como lo es, al fin y al cabo, toda nuestra vida de fe. A Jesús hemos de seguirlo juntos. Y juntos, como Iglesia peregrina en el tiempo, vivimos el año litúrgico y, en él, la Cuaresma, caminando con los que el Señor ha puesto a nuestro lado como compañeros de viaje. Análogamente al ascenso de Jesús y sus discípulos al monte Tabor, podemos afirmar que nuestro camino cuaresmal es “sinodal”, porque lo hacemos juntos por la misma senda, discípulos del único Maestro. Sabemos, de hecho, que Él mismo es el Camino y, por eso, tanto en el itinerario litúrgico como en el del Sínodo, la Iglesia no hace sino entrar cada vez más plena y profundamente en el misterio de Cristo Salvador.

Y llegamos al momento culminante. Dice el Evangelio que Jesús «se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz» (Mt 17,2). Aquí está la “cumbre”, la meta del camino. Al final de la subida, mientras estaban en lo alto del monte con Jesús, a los tres discípulos se les concedió la gracia de verle en su gloria, resplandeciente de luz sobrenatural. Una luz que no procedía del exterior, sino que se irradiaba de Él mismo. La belleza divina de esta visión fue incomparablemente mayor que cualquier esfuerzo que los discípulos hubieran podido hacer para subir al Tabor. Como en cualquier excursión exigente de montaña, a medida que se asciende es necesario mantener la mirada fija en el sendero; pero el maravilloso panorama que se revela al final, sorprende y hace que valga la pena. También el proceso sinodal parece a menudo un camino arduo, lo que a veces nos puede desalentar. Pero lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino.

La experiencia de los discípulos en el monte Tabor se enriqueció aún más cuando, junto a Jesús transfigurado, aparecieron Moisés y Elías, que personifican respectivamente la Ley y los Profetas (cf. Mt 17,3). La novedad de Cristo es el cumplimiento de la antigua Alianza y de las promesas; es inseparable de la historia de Dios con su pueblo y revela su sentido profundo. De manera similar, el camino sinodal está arraigado en la tradición de la Iglesia y, al mismo tiempo, abierto a la novedad. La tradición es fuente de inspiración para buscar nuevos caminos, evitando las tentaciones opuestas del inmovilismo y de la experimentación improvisada.

El camino ascético cuaresmal, al igual que el sinodal, tiene como meta una transfiguración personal y eclesial. Una transformación que, en ambos casos, halla su modelo en la de Jesús y se realiza mediante la gracia de su misterio pascual. Para que esta transfiguración pueda realizarse en nosotros este año, quisiera proponer dos “caminos” a seguir para ascender junto a Jesús y llegar con Él a la meta.

El primero se refiere al imperativo que Dios Padre dirigió a los discípulos en el Tabor, mientras contemplaban a Jesús transfigurado. La voz que se oyó desde la nube dijo: «Escúchenlo» (Mt 17,5). Por tanto, la primera indicación es muy clara: escuchar a Jesús. La Cuaresma es un tiempo de gracia en la medida en que escuchamos a Aquel que nos habla. ¿Y cómo nos habla? Ante todo, en la Palabra de Dios, que la Iglesia nos ofrece en la liturgia. No dejemos que caiga en saco roto. Si no podemos participar siempre en la Misa, meditemos las lecturas bíblicas de cada día, incluso con la ayuda de internet. Además de hablarnos en las Escrituras, el Señor lo hace a través de nuestros hermanos y hermanas, especialmente en los rostros y en las historias de quienes necesitan ayuda. Pero quisiera añadir también otro aspecto, muy importante en el proceso sinodal: el escuchar a Cristo pasa también por la escucha a nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia; esa escucha recíproca que en algunas fases es el objetivo principal, y que, de todos modos, siempre es indispensable en el método y en el estilo de una Iglesia sinodal.

Al escuchar la voz del Padre, «los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo» (Mt 17,6-8). He aquí la segunda indicación para esta Cuaresma: no refugiarse en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, de experiencias sugestivas, por miedo a afrontar la realidad con sus fatigas cotidianas, sus dificultades y sus contradicciones. La luz que Jesús muestra a los discípulos es un adelanto de la gloria pascual y hacia ella debemos ir, siguiéndolo “a Él solo”. La Cuaresma está orientada a la Pascua. El “retiro” no es un fin en sí mismo, sino que nos prepara para vivir la pasión y la cruz con fe, esperanza y amor, para llegar a la resurrección. De igual modo, el camino sinodal no debe hacernos creer en la ilusión de que hemos llegado cuando Dios nos concede la gracia de algunas experiencias fuertes de comunión. También allí el Señor nos repite: «Levántense, no tengan miedo». Bajemos a la llanura y que la gracia que hemos experimentado nos sostenga para ser artesanos de la sinodalidad en la vida ordinaria de nuestras comunidades.

Queridos hermanos y hermanas, que el Espíritu Santo nos anime durante esta Cuaresma en nuestra escalada con Jesús, para que experimentemos su resplandor divino y así, fortalecidos en la fe, prosigamos juntos el camino con Él, gloria de su pueblo y luz de las naciones.

Roma, San Juan de Letrán, 25 de enero de 2023, Fiesta de la Conversión de san Pablo

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Jornada de formación para los ministros extraordinarios de la Comunión

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La Casa de la Iglesia acoge, este sábado, un encuentro de formación dirigido a los nuevos ministros extraordinarios de la Comunión. Se trata de una sesión de un día de duración y preceptiva, es decir, de obligado cumplimiento, dirigida a los nuevos aspirantes y que también tendrán que realizar los ministros extraordinarios que quieran revalidar este servicio en la Iglesia.

La jornada estará impartida por el Delegado de Liturgia, D. Antonio Lara y el sacerdote y capellán hospitalario, D. Manuel Sánchez.

Cuando todos los ministros extraordinarios de la Comunión hayan recibido esta formación, el Obispo presidirá un acto en el que se bendecirá a los aspirantes, el próximo 22 de abril en la Catedral de Jaén y el 6 de mayo en la Catedral de Baeza.

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Cuaresma 2023: Apuntar a lo esencial

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Cuaresma 2023: Apuntar a lo esencial

Carta dominical del Arzobispo de Sevilla

El próximo día 22, Miércoles de Ceniza, comenzaremos una nueva Cuaresma, la del año 2023, del siglo XXI, del tercer milenio. Hoy día gozamos de unas posibilidades que nuestros padres no podían ni imaginar: realizar compras a través de la red sin tener que salir de casa, comunicarnos con personas de los cinco continentes, teletrabajar desde casa; los científicos nos hablan del metaverso y la realidad virtual, de la edición genética humana, de los viajes interplanetarios y turismo espacial, de nuevos avances en el cerebro, de formar una sociedad con robots, de trasplantes y órganos a disposición, de vivir hasta los 150 años, de impresiones 3D, de prescindir de combustibles fósiles o del sistema de propulsión de alta velocidad.

En otro orden de cosas, seguimos asistiendo impotentes a la guerra en Ucrania y a otros conflictos armados en diferentes países; guerras relegadas a un segundo plano en los grandes medios de comunicación, tal como hemos constatado en el reciente viaje del papa Francisco a la República Democrática del Congo y Sudán del Sur. El Tribunal Constitucional de nuestro país, que debería ser el garante último de los derechos fundamentales, permitirá atentar contra la vida humana del no nacido, olvidando que la vida humana es un don de Dios, y nadie puede disponer de la vida de otro ser humano, que “el hombre, desde el seno materno, pertenece a Dios que lo escruta y conoce todo, que lo forma y lo plasma con sus manos, que lo ve mientras es todavía un pequeño embrión informe y que en él entrevé el adulto de mañana, cuyos días están contados y cuya vocación está ya escrita en el «libro de la vida»” (San Juan Pablo II, Evangelium Vitae nº 61).

En este contexto, vamos a comenzar una nueva Cuaresma, como millones y millones de personas en el mundo entero, que participarán en la Eucaristía y recibirán la ceniza en sus cabezas. ¿Qué puede significar la ceniza en estos tiempos? Pues lo mismo que en todas las épocas. La ceniza nos ayuda a ser conscientes de la propia fragilidad, de la contingencia humana; nos recuerda que, a pesar de las grandezas humanas, somos débiles y necesitamos hacer un alto en el camino para reflexionar; nos orienta hacia la conclusión de que tarde o temprano nos encontraremos con el Señor en el momento de la muerte.

¿Cuál es el punto de partida de la Cuaresma? La firme convicción de que necesito cambiar muchas cosas en mi vida, y el deseo profundo de dejarme convertir, de ser convertido. No sólo en los detalles externos, que también hay que cambiar, pero sobre todo en un sentido profundo, en las raíces, en totalidad. La actitud fundamental es la esperanza, el deseo confiado de cambio. La Iglesia, Madre y Maestra, nos recomienda tres prácticas cuaresmales: oración, ayuno y limosna. La oración nos une más a Dios, nos centra en Él, nos ayuda a conocer y distinguir las cosas, a establecer un orden de prioridades, nos ayuda a descubrir que Dios es realmente el tesoro de nuestra vida.

Si llegamos a experimentar que Dios es el centro de la vida, el tesoro que nos llena y da sentido, entonces descubrimos que no necesitamos tantas cosas materiales, que son una rémora en el camino, que son perfectamente prescindibles. En eso consiste el ayuno, en prescindir de muchas cosas que en realidad no necesitamos, y que podemos compartir y entregar a los demás. Entonces, este compartir se convierte en fraternidad, en comunicación de bienes con quienes formo una familia. Oración, sacrificio y compartir son tres prácticas cuaresmales íntimamente relacionadas que hacen nuestra vida más humana y más cristiana. Hallaremos la motivación más profunda en la contemplación de Jesucristo, que ora, se sacrifica y da la vida por cada uno de nosotros.

+ José Ángel Saiz Meneses

                  Arzobispo de Sevilla             

 

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Retiro para personas separadas o divorciadas no vueltas a casar

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Retiro para personas separadas o divorciadas no vueltas a casar

La Delegación diocesana de Familia y Vida, a través del proyecto Un amor que no termina organiza un retiro para personas separadas o divorciadas no vueltas a casar ni convivientes, como parte del itinerario de crecimiento personal y espiritual: La pedagogía de Dios a lo largo de la vida.

La cita es el sábado 4 de marzo, de diez de la mañana a seis y media de la tarde en la Parroquia San Juan Pablo II, de Montequinto. (Av. Condes de Ibarra, 4)

Los interesados pueden inscribirse a través del siguiente formulario.  El retiro será impartido por Juan Goñi Iturralde, experto en liderazgo, casado y padre de cinco hijos.

Más información al correo p.familiar@archisevilla.org o a través del teléfono 670 602 357

 

 

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Jaén acude al Encuentro de ODISUR de los Delegados de Cofradías

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Jaén ha estado representada por el Delegado para la Religiosidad Popular, D. Agustín Rodríguez, en el Encuentro de Delegados de Cofradías de los Obispos del Sur que se ha celebrado esta semana en la casa salesiana de Antequera.

Unos encuentros que se retoman después de la pandemia y en el que se ha realizado una evaluación de la implantación en cada diócesis de la propuesta sobre normativa común para nuevas hermandades, procesiones extraordinarias y coronaciones canónicas.

También se han tratado distintos aspectos de la vida de las hermandades, para seguir avanzando en la comunión y la coordinación de la pastoral de esta parcela de la Iglesia.

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Ejercicios espirituales vocacionales para chicos este fin de semana

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¿Y si el Señor quiere algo más? Con este lema, los seminarios San Fulgencio y San José animan a jóvenes y a adolescentes a participar en dos tandas de ejercicios espirituales que tendrán lugar este fin de semana, dirigidos a chicos con inquietudes vocacionales.

Estos ejercicios se realizan una vez al año. A ellos acuden jóvenes que asisten al preseminario, seminaristas menores de último año y chicos de diferentes parroquias que se están planteando la vocación sacerdotal. Jesús Sánchez, rector de los seminarios San Fulgencio y San José, explica que estos ejercicios pueden «ayudar a los participantes a iniciar la última etapa de su discernimiento», así como a «afianzar las bases» para terminar este proceso vocacional y decidir su ingreso en el seminario de cara al curso que viene.

Los chicos de entre 17 y 29 años podrán participar en los ejercicios que organiza el Seminario Mayor San Fulgencio, que se desarrollarán en las instalaciones del Seminario Menor San José, en Santomera. Los impartirá el sacerdote Javier Mateos.

Para chicos de 3º de la ESO a 1º de Bachiller, el Seminario Menor organiza esta experiencia en la Casa de Ejercicios Sagrado Corazón de Guadalupe (Murcia). El sacerdote que impartirá los ejercicios será Vladimir Revutskyy.

Los dos se realizarán del 17 al 19 de febrero. Para inscribirse y obtener más información, solo hay que dirigirse a los contactos ofrecidos en el cartel de los ejercicios. También puede consultarse en la web de los seminarios.

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