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Distintas parroquias de la diócesis se unen en oración por los cristianos perseguidos

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La delegación diocesana de Ayuda a la Iglesia Necesitada ha convocado, aprovechando el inicio de la Cuaresma, un Vía Crucis por los cristianos perseguidos y necesitados. Así, desde Ayuda a la Iglesia Necesitada aseguran que «siempre es momento propicio para rezar por los cristianos necesitados y perseguidos a causa de su fe, pero en la Cuaresma los recordamos muy especialmente. Ellos llevan sobre sus hombros la cruz de Cristo, son azotados por las injusticias y la discriminación, insultados por su condición de cristianos y, a veces, entregan la vida por Cristo. Y con alegría viven este sufrimiento porque saben que está asociado a la Redención, a la Cruz de Cristo. En estos días en que recordamos la Pasión de Cristo por nuestra Salvación, recemos por ellos, para que Dios les haga fuertes en la fe, y facilite en sus corazones el perdón por sus perseguidores».

De esta manera, distintas parroquias y hermandades y cofradías de nuestra diócesis se han sumado a esta iniciativa, ofreciendo un Vía Crucis por los cristianos que sufren pobreza y persecución, y que tendrá lugar durante las próximas semanas, hasta finales del mes de marzo.

Las fechas son las siguientes:

24 de febrero: 19.30 horas. Parroquia Asunción de Nuestra Señora (Cádiz)

3 de marzo: 18.00 horas. Parroquia San José Artesano (San Fernando) / 18.15 horas. Parroquia Nuestra Señora de la Oliva (San Fernando) / 20.30 horas. Parroquia San Agustín (Cádiz)

10 de marzo: 19.30 horas. Parroquia San Servando y San Germán (Cádiz)

11 de marzo: 19.45 horas. Parroquia San Francisco Javier (Cádiz)

17 de marzo: 19.15 horas. Convento Santo Domingo (Cádiz) / 20.00 horas. Iglesia Conversión de San Pablo-Archicofradía Ecce Homo (Cádiz)

24 de marzo: 20.00 horas. Parroquia San Antonio (Cádiz)

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50 años de Comunidad en la Parroquia de Nuestra Señora de Araceli

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Coincidiendo con esta efeméride se bendijo una placa que recuerda al primer párroco y fundador de la misma, Manuel Moreno Valero

La parroquia de Nuestra Señora de Araceli, ubicada en la zona de Ciudad Jardín de Córdoba, celebró el domingo, 19 de febrero, 50 años de Comunidad con una misa presidida por el Vicario de la Ciudad, Jesús Daniel Alonso, acompañado por el sacerdote de la parroquia, José Martínez Jordano.

En su homilía, el Vicario de la Ciudad recordó que “no se puede vivir la fe si no es en comunidad”, al tiempo que expuso que “vivimos en unos tiempos en los que hay que ir contracorriente”, pero “unidos, en comunidad, porque el Señor llama a vivir así”.

En la celebración, estuvo presente el coro de La Rambla y se entregaron distinciones a personas destacadas en la historia de este templo. De manera especial, tras la eucaristía se bendijo una placa conmemorativa en recuerdo al primer párroco y fundador de la misma, Manuel Moreno Valero, que estuvo más de 40 años.



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Comienza un Tiempo Jubilar para la parroquia Santa Mª Madre de la Iglesia

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La concesión de este tiempo es por el 50 aniversario de la erección canónica de la parroquia

La Penitenciaría Apostólica, el pasado día 9 de febrero concedió la Indulgencia plenaria que solicitó el Obispado de Córdoba para conmemorar el 50º aniversario de la erección canónica de la Parroquia de Santa María Madre de la Iglesia, de Córdoba. El Tiempo Jubilar comenzó el día 19 de febrero y concluirá el 29 de mayo del año 2023.

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, fue el encargado de inaugurar este tiempo de gracia en el que podrán lucrar la Indulgencia plenaria los fieles cristianos que estén verdaderamente arrepentidos del pecado cometido, cumplan debidamente las condiciones acostumbradas (Confesión sacramental, participación en la Eucaristía y comulgar, y orar por las intenciones del Santo Padre), y participen en los actos que se organicen con ocasión del Jubileo.

Según se dispone en el decreto emitido por el Obispo, los actos serán visitar durante este tiempo de gracia individual o colectivamente el templo parroquial de Santa María Madre de la Iglesia, con la intención de lucrar la Indulgencia, y allí participar devotamente en los ritos jubilares o, al menos, dedicar un tiempo razonable a la meditación, concluyendo con el Padre Nuestro, el Credo y una oración al Señor y una oración a Nuestra Señora la Virgen María.

Asimismo, las personas mayores, los enfermos y los que, estando legítimamente impedidos por causa grave, no pueden salir de sus hogares, podrán lucrar la Indulgencia plenaria, haciendo las oraciones preceptivas ante alguna imagen del Señor y de su Bendita Madre, si se unen espiritualmente a las celebraciones Jubilares, siguiendo su retransmisión a través de la radio, televisión o internet, haciendo un acto de aborrecimiento del pecado y tienen la intención de cumplir, lo antes posible, las tres condiciones establecidas, además de ofrecer sus oraciones y padecimientos a Dios misericordioso por la conversión de los pecadores y la extensión del Reino de Cristo por toda la Tierra.

La celebración de este tiempo jubilar es una ocasión de gracia para todos los fieles de la Parroquia y para todos los que en ese tiempo se unan a ellos. “Con esta ocasión, quiero recordar a todos que «la doctrina y la práctica de las indulgencias en la Iglesia están estrechamente ligadas a los efectos del sacramento de la Penitencia. La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal de los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por la mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos. La indulgencia es parcial o plenaria según libre de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente. Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos a manera de sufragio”, ha indicado el Obispo. Además, ha añadido que la celebración gozosa de este Jubileo “permitirá dar gracias a Dios, pero también nos obliga a responder a los retos del presente, promoviendo durante este tiempo iniciativas especiales de catequesis y evangelización con niños, jóvenes y adultos, y de tipo caritativo y social con los más necesitados”.


























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Ascesis cuaresmal, un camino sinodal

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Ascesis cuaresmal, un camino sinodal

Queridos hermanos y hermanas:

Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas concuerdan al relatar el episodio de la Transfiguración de Jesús. En este acontecimiento vemos la respuesta que el Señor dio a sus discípulos cuando estos manifestaron incomprensión hacia Él. De hecho, poco tiempo antes se había producido un auténtico enfrentamiento entre el Maestro y Simón Pedro, quien, tras profesar su fe en Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios, rechazó su anuncio de la pasión y de la cruz. Jesús lo reprendió enérgicamente: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (Mt 16,23). Y «seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17,1).

El evangelio de la Transfiguración se proclama cada año en el segundo domingo de Cuaresma. En efecto, en este tiempo litúrgico el Señor nos toma consigo y nos lleva a un lugar apartado. Aun cuando nuestros compromisos diarios nos obliguen a permanecer allí donde nos encontramos habitualmente, viviendo una cotidianidad a menudo repetitiva y a veces aburrida, en Cuaresma se nos invita a “subir a un monte elevado” junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular de ascesis.

La ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz. Era precisamente lo que necesitaban Pedro y los demás discípulos. Para profundizar nuestro conocimiento del Maestro, para comprender y acoger plenamente el misterio de la salvación divina, realizada en el don total de sí por amor, debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades. Es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña. Estos requisitos también son importantes para el camino sinodal que, como Iglesia, nos hemos comprometido a realizar. Nos hará bien reflexionar sobre esta relación que existe entre la ascesis cuaresmal y la experiencia sinodal.

En el “retiro” en el monte Tabor, Jesús llevó consigo a tres discípulos, elegidos para ser testigos de un acontecimiento único. Quiso que esa experiencia de gracia no fuera solitaria, sino compartida, como lo es, al fin y al cabo, toda nuestra vida de fe. A Jesús hemos de seguirlo juntos. Y juntos, como Iglesia peregrina en el tiempo, vivimos el año litúrgico y, en él, la Cuaresma, caminando con los que el Señor ha puesto a nuestro lado como compañeros de viaje. Análogamente al ascenso de Jesús y sus discípulos al monte Tabor, podemos afirmar que nuestro camino cuaresmal es “sinodal”, porque lo hacemos juntos por la misma senda, discípulos del único Maestro. Sabemos, de hecho, que Él mismo es el Camino y, por eso, tanto en el itinerario litúrgico como en el del Sínodo, la Iglesia no hace sino entrar cada vez más plena y profundamente en el misterio de Cristo Salvador.

Y llegamos al momento culminante. Dice el Evangelio que Jesús «se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz» (Mt 17,2). Aquí está la “cumbre”, la meta del camino. Al final de la subida, mientras estaban en lo alto del monte con Jesús, a los tres discípulos se les concedió la gracia de verle en su gloria, resplandeciente de luz sobrenatural. Una luz que no procedía del exterior, sino que se irradiaba de Él mismo. La belleza divina de esta visión fue incomparablemente mayor que cualquier esfuerzo que los discípulos hubieran podido hacer para subir al Tabor. Como en cualquier excursión exigente de montaña, a medida que se asciende es necesario mantener la mirada fija en el sendero; pero el maravilloso panorama que se revela al final, sorprende y hace que valga la pena. También el proceso sinodal parece a menudo un camino arduo, lo que a veces nos puede desalentar. Pero lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino.

La experiencia de los discípulos en el monte Tabor se enriqueció aún más cuando, junto a Jesús transfigurado, aparecieron Moisés y Elías, que personifican respectivamente la Ley y los Profetas (cf. Mt 17,3). La novedad de Cristo es el cumplimiento de la antigua Alianza y de las promesas; es inseparable de la historia de Dios con su pueblo y revela su sentido profundo. De manera similar, el camino sinodal está arraigado en la tradición de la Iglesia y, al mismo tiempo, abierto a la novedad. La tradición es fuente de inspiración para buscar nuevos caminos, evitando las tentaciones opuestas del inmovilismo y de la experimentación improvisada.

El camino ascético cuaresmal, al igual que el sinodal, tiene como meta una transfiguración personal y eclesial. Una transformación que, en ambos casos, halla su modelo en la de Jesús y se realiza mediante la gracia de su misterio pascual. Para que esta transfiguración pueda realizarse en nosotros este año, quisiera proponer dos “caminos” a seguir para ascender junto a Jesús y llegar con Él a la meta.

El primero se refiere al imperativo que Dios Padre dirigió a los discípulos en el Tabor, mientras contemplaban a Jesús transfigurado. La voz que se oyó desde la nube dijo: «Escúchenlo» (Mt 17,5). Por tanto, la primera indicación es muy clara: escuchar a Jesús. La Cuaresma es un tiempo de gracia en la medida en que escuchamos a Aquel que nos habla. ¿Y cómo nos habla? Ante todo, en la Palabra de Dios, que la Iglesia nos ofrece en la liturgia. No dejemos que caiga en saco roto. Si no podemos participar siempre en la Misa, meditemos las lecturas bíblicas de cada día, incluso con la ayuda de internet. Además de hablarnos en las Escrituras, el Señor lo hace a través de nuestros hermanos y hermanas, especialmente en los rostros y en las historias de quienes necesitan ayuda. Pero quisiera añadir también otro aspecto, muy importante en el proceso sinodal: el escuchar a Cristo pasa también por la escucha a nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia; esa escucha recíproca que en algunas fases es el objetivo principal, y que, de todos modos, siempre es indispensable en el método y en el estilo de una Iglesia sinodal.

Al escuchar la voz del Padre, «los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo» (Mt 17,6-8). He aquí la segunda indicación para esta Cuaresma: no refugiarse en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, de experiencias sugestivas, por miedo a afrontar la realidad con sus fatigas cotidianas, sus dificultades y sus contradicciones. La luz que Jesús muestra a los discípulos es un adelanto de la gloria pascual y hacia ella debemos ir, siguiéndolo “a Él solo”. La Cuaresma está orientada a la Pascua. El “retiro” no es un fin en sí mismo, sino que nos prepara para vivir la pasión y la cruz con fe, esperanza y amor, para llegar a la resurrección. De igual modo, el camino sinodal no debe hacernos creer en la ilusión de que hemos llegado cuando Dios nos concede la gracia de algunas experiencias fuertes de comunión. También allí el Señor nos repite: «Levántense, no tengan miedo». Bajemos a la llanura y que la gracia que hemos experimentado nos sostenga para ser artesanos de la sinodalidad en la vida ordinaria de nuestras comunidades.

Queridos hermanos y hermanas, que el Espíritu Santo nos anime durante esta Cuaresma en nuestra escalada con Jesús, para que experimentemos su resplandor divino y así, fortalecidos en la fe, prosigamos juntos el camino con Él, gloria de su pueblo y luz de las naciones.

Roma, San Juan de Letrán, 25 de enero de 2023, Fiesta de la Conversión de san Pablo

Francisco

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El Obispo recuerda a Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación

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El pastor de la Diócesis alabó la figura de este “enamorado de Dios, que su mirada estaba siempre en Jesús”

La parroquia de la Aurora de Córdoba acogió el lunes, 22 de febrero, la santa misa por el décimo octavo aniversario del fallecimiento de Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación.

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, presidió la eucaristía acompañado por los miembros de Comunión y Liberación y ensalzó la figura de este Siervo de Dios que vivió hasta el final como mendigo de la vida, como “Cristo, mendigo del corazón del hombre, y el corazón del hombre, mendigo de Cristo», afirmaba Giussani.

De esta forma, los miembros del movimiento de Comunión y Liberación han querido recordar un año más a este enamorado de Dios, un hombre que como lo describió Ratzinger, “vivió el encuentro con Cristo siguiendo a Cristo”.

Hermandad de la O

Asimismo, en la jornada, el pastor de la Diócesis estuvo junto a los miembros de la Hermandad de la O que tienen su sede en la parroquia de la Aurora.

 

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El Santo Sepulcro vivirá un Año Jubilar a partir del 22 de febrero

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El Obispo abrirá este Jubileo en el aniversario de las primeras reglas de la hermandad que rindió culto a su titular

La Santa Sede ha otorgado a la hermandad del Santo Sepulcro de Córdoba la concesión del Año jubilar con motivo del 450 Aniversario de sus primeras reglas conocidas.

Desde sus orígenes en el último tercio del siglo XVI hasta la exclaustración de 1835, la cofradía del Santo Sepulcro se encuentra ligada a los carmelitas de la antigua observancia. Los carmelitas calzados manifiestan un vivo interés en la fundación de hermandades y en el fomento de devociones populares, ya que suponen la incorporación de miles de personas a la actividad de la iglesia conventual y una importante fuente de recursos. Así, durante la estancia del convento del Carmen en la ermita de la Vera Cruz se produce el nacimiento de la cofradía penitencial del Santo Sepulcro. Las primitivas reglas son aprobadas el 5 de marzo de 1573, aunque la cofradía ya se encontraba erigida con anterioridad.

Por esta amplia historia, la Santa Sede ha otorgado este Año Jubilar como reconocimiento a su trabajo y a su compromiso con la Iglesia y con la sociedad. Será un tiempo de gracia y de bendición, así como una llamada a seguir siendo un ejemplo de fe y caridad para todos los fieles de la diócesis.

Apertura de la Puerta Santa

El inicio de este año jubilar comenzará el 22 de febrero, Miércoles de Ceniza, a las 20:00 con el rito de apertura de la Puerta Santa de la parroquia de El Salvador y Santo Domingo de Silos presidido por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández González, y se clausurará el 18 de febrero de 2024.

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Martes, 21 de febrero

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Dossier de prensa diario elaborado por la Delegación diocesana de Medios de Comunicación Social de la diócesis de Córdoba

20230221 Dossier de prensa

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Visita de los misioneros del Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME) al Seminario

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Desde la tarde del 14 de febrero a la mañana del 15, nos visitaron dos misioneros del Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME).

Nos acompañaron en la celebración de la Eucaristía durante los dos días. Paso seguido, nos dieron sus respectivos testimonios en misiones de Japón y de Botsuana. Nos animaron a cultivar un espíritu misionero haya donde nos encontremos, para llevar a Cristo a todos los rincones.

Comunidad del Seminario

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Ejercicios Espirituales organizados por el Centro local de Jaén de la Asociación de Salesianos Cooperadores

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Los pasados días 11 y 12 de febrero tuvieron lugar en Jaén, en la Casa de la Iglesia de Jaén, como cada año, los Ejercicios Espirituales organizados por el Centro Local de Jaén, de la Asociación de Salesianos Cooperadores.

En esta ocasión los Ejercicios, bajo el título “El seguimiento de Jesús”, fueron animados y dirigidos por José Ramón Alcalá-Zamora y Pérez, Salesiano Cooperador.

Estos Ejercicios siempre están abiertos a la participación de aquellas personas que deseen vivir una experiencia de retiro y reflexión en torno a la palabra de Dios y a la motivación que el ponente quiere darle a cada uno de los momentos o charlas. En esta ocasión compartimos la experiencia 23 personas, la mayoría Salesianas y Salesianos Cooperadores del Centro Local de Jaén,  aunque también hubo participantes de la Parroquia de San Juan Bosco y de la Merced.

Los Ejercicios Espirituales se iniciaron en la mañana del sábado día 11, con un momento inicial de acogida y entrega del material, tras el cual se realizó una breve oración inicial para poner en manos de Dios la experiencia que cada una de las personas iba a vivir esos dos días y los siguientes.

El ponente, realizó la presentación inicial de los Ejercicios, que según sus palabras de la “carta a los caminantes” que envió previamente a los participantes, “pretendía compartir lo que surgía de su corazón, brotaba de sus palabras y defendía con sus manos y sus actos”. Y que a José Ramón desde hace tiempo le preocupaba y ocupaba “el seguimiento de Jesús de Nazaret y en base a ello iba a centrar las reflexiones que se iban a trabajar” en los Ejercicios Espirituales. También hubo un momento para la presentación de cada una de las personas “caminantes” que iban a participar en los Ejercicios.

La primera charla de la mañana, denominada “Días de oscuridad” donde el ponente planteó las situaciones de crisis, de la perdida colectiva de la esperanza, de la irrupción de la nostalgia, de los desvíos del verdadero seguimiento de Jesús en la Iglesia, de la desconexión del presente, de olvidar nuestra dimensión espiritual y transcendente. Planteó que acciones contra el inmovilismo podemos abordar: cercanía y movimiento, desinstalación y ser nómadas, y por supuesto el seguimiento de libertad que nos da el mismo Jesús, que se define como el camino a seguir (Jn 14,6). Finalizó la charla con la audición de la canción “Noche” de Hakuna Group Music, que dio paso al momento de meditación personal para identificar las causas de las oscuridades que nos rodean tanto exteriores como interiores y los obstáculos que nos encontramos en el caminar de cada día.

La segunda charla de la mañana, se planteaba “La llamada de Jesús”, donde se resaltó que la primera de las palabras que Jesús utiliza para llamar a quien quiera seguirle es “Sígueme”. Esa llamada compromete a la persona a todo su mundo que le rodea: la familia, el trabajo, los bienes. Es una llamada que desconcierta y resulta hasta provocativa, aunque se realiza desde la libertad absoluta. La audición recomendada para motivar a la reflexión personal fue: “Dejé casa, tierra y heredad” de Brotes de Olivo. Y las cuestiones planteadas fueron: ¿Qué oscuridades tenemos en nuestra vida? ¿Qué situaciones nos alejan del seguimiento de Jesús?¿Qué impedimentos nos limitan al seguimiento activo de Jesús de Nazaret?. Se nos invitaba igualmente a realizar un dibujo de nuestra historia personal del seguimiento y presencia de Dios a lo largo de nuestras vidas.

Tras el almuerzo y un rato de descanso, se realizó la tercera charla  denominada “Los disfraces del miedo”, donde el ponente expuso lo que el miedo provoca en las personas, en las convicciones ideológicas, en la propia Iglesia. En este último caso, el hacer presente el mensaje de Jesús en la sociedad en la que vivimos entra en conflicto con el sistema establecido y es ahí donde aparece el miedo a testimoniar con la palabra y los hechos el seguimiento de Jesús, para exigir defender los derechos de las personas, sobre todo de las más vulnerables y desfavorecidos de esta tierra, evitando así refugiarse en prácticas que camuflen el verdadero cristianismo profético y comprometido. Pero también expuso que el mismo Jesús nos enseña a vencer ese miedo y salir victorioso del mismo con el relato de la tempestad calmada en el lago de Genesaret (Mt 8, 23-27), cargado de simbolismo, donde expone lo que va a ser la vida de una persona cristiana, pero ese miedo a “las tempestades” que nos encontramos es vencido con el seguimiento de Jesús y con la propia fe.

Acabado el tiempo de reflexión personal, entorno a preguntas de momentos vividos de miedo personales, en la Iglesia en la Familia Salesiana o lo que se ha callado por miedo, se realizó un momento de trabajo en grupo donde cada participante pudo expresar y compartir aquellos aspectos que había reflexionado hasta el momento.

Continuaron los Ejercicios con la celebración de la reconciliación, tras la cual los participantes compartimos la cena.

Para finalizar la primera jornada de los Ejercicios, se realizó la actividad del “Vía Crisis”, donde a través de las distintas estaciones y a la luz de la palabra del Evangelio, contrastamos y actualizamos las mismas con situaciones que nuestro mundo vive y experimenta en la actualidad: hambre, migración de menores no acompañados, violencia de menores en su entorno familiar, la violencia de género,  migrantes muertos en el mar, explotación sexual de las mujeres, el desigual reparto de bienes, la entrega y amor de las madres…

La jornada del domingo 12 comenzó, tras el desayuno, con una breve oración que dio paso a la cuarta y última charla de los Ejercicios: “Yo soy la luz”, palabras que el mismo Jesús pronunció (Jn 8,12) en el templo y durante la fiesta de los tabernáculos, donde se encendían grandes luces en el mismo. Por tanto, las personas que siguen a Jesús de Nazaret están llamadas a salir de las tinieblas y ser luz en este mundo y nuestra realidad cotidiana. Hay que huir de la tristeza, resignación para abrazar la alegría y felicidad que aporta el seguimiento de Jesús (Mt 5,12), también el Proyecto de Vida Apostólica de la Asociación de Salesianos Cooperadores se incide en este asunto, ya que el estilo de relación que no plantea es practicar la amabilidad, desde la apertura, cordialidad y alegría. El seguimiento de Jesús implica estar abierto a la disponibilidad permanente, estar al servicio incondicional de las personas desde la opción personal y entregando el tiempo a los demás. También comporta una actitud especial de austeridad, generosidad y responsabilidad ética respecto a los bienes que disponemos. Hacer el seguimiento desde la opción por las personas más pobres y desfavorecidas, implicándose en asociaciones o entidades que trabajan por la justicia social y la solidaridad, conociendo y acompañando a personas que tiene situaciones complicadas, promoviendo programas de transformación social,  “perdiendo el sueño” alguna que otra vez, y acudiendo a las fuentes que orientan la vida de una persona cristiana y salesiana: Jesús de Nazares y San Juan Bosco).

Y, por último, se resaltó que el seguimiento de Jesús no puede hacerse desde la individualidad, sino que solo tiene sentido desde una dimensión comunitaria, desde la comunidad de sus seguidores, viviendo junto a otras personas el mismo proyecto evangélico: El proyecto del seguimiento de Jesús.

Se realizó tras la charla una puesta en común de las conclusiones de los Ejercicios Espirituales, la evaluación de los mismos y una foto de grupo, danto paso a la celebración de la eucaristía, donde pusimos en manos de Dios todo lo vivido durante la dos jornadas y el fruto de las reflexiones de los Ejercicios Espirituales con intención de revisarlas y revivirlas durante toda la cuaresma.

Y tras la celebración de la eucaristía nos despedimos hasta el próximo año que volveremos a organizar unos nuevos Ejercicios Espirituales.

Salesianos Cooperadores Jaén

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Orientale Lumen: Acercamiento a las Iglesias católicas orientales (II)

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Orientale Lumen: Acercamiento a las Iglesias católicas orientales (II)

Si la Iglesia es “una” ¿por qué a propósito de las Iglesias orientales se habla en plural? ¿Qué es la Iglesia “latina”? ¿Cuál es el significado del término “católico” aplicado a la Iglesia? ¿Son contradictorios y excluyentes los calificativos “católico” y “ortodoxo”? Estos son algunos interrogantes que pueden surgir a un católico de rito latino al enfrentarse por primera vez al complejo mundo de las Iglesias católicas orientales, interrogantes a los que es necesario responder desde el principio para poder adentrarse en él y adquirir una comprensión clara del mismo. Eso es, precisamente, lo que se propone el artículo de hoy.

En el artículo anterior se hizo una presentación sucinta de la realidad de las Iglesias católicas orientales y se motivó, con palabras de Juan Pablo II, la necesidad de que los católicos de tradición latina, cuando menos, conozcan las distintas Iglesias de Oriente en general, y, entre ellas, especialmente las católicas. Hoy toca clarificar algunas ideas y conceptos al respecto.

Existe una doble idea errónea muy extendida, compartida por la gran mayoría de católicos de rito latino.

La primera consiste en identificar, y por consiguiente en reducir, la Iglesia católica con la Iglesia latina (que es la única que, de hecho, suelen conocer). Sin embargo, la Iglesia católica es una realidad más “amplia” que la Iglesia latina; está constituida en su mayor parte, efectivamente, por esta, pero también, precisamente, por las Iglesias católicas orientales. Dicho de forma breve: todo fiel de rito latino es católico, pero no todo católico es de rito latino.

La segunda idea errónea es creer que todas las Iglesias orientales son “ortodoxas”. Ciertamente, las Iglesias de Oriente, que en los primeros siglos del cristianismo conformaban una comunión en la unidad de la fe con las de Occidente, fueron separándose progresivamente, por distintos factores (doctrinales, culturales y políticos), de esa comunión y conformando lo que, a partir del gran Cisma de Oriente (1054), se conocerá, en general, como las “Iglesias ortodoxas”. Sin embargo, con el paso del tiempo, y gracias en gran parte a la actividad de misioneros pertenecientes a varias órdenes religiosas católicas, grupos de fieles de las distintas Iglesias ortodoxas, en algunos casos encabezados por sus propios sacerdotes y obispos, aceptaron la obediencia a Roma (es decir, al Papa) y volvieron a establecer la comunión con la Iglesia latina (que, entonces sí, era la única que constituía la Iglesia “católica”), pero manteniendo la propia idiosincrasia (liturgia, lengua, tradiciones…). Es así como se originan las Iglesias católicas orientales.

Pero ¿qué significan los adjetivos “católico” y “ortodoxo” aplicados a la Iglesia?

El significado originario del término “católico” es “universal”; ese es, efectivamente, el sentido cuando en el Credo, que es anterior a la ruptura de la comunión entre las Iglesias, profesamos creo en la Iglesia católica. Solo mucho más tarde “católico” asumirá un sentido “confesional”, como denominación distintiva de la única Iglesia verdadera frente a las Iglesias ortodoxas y a las comunidades eclesiales surgidas de la Reforma protestante (siglo XVI).

El término “ortodoxo”, por su parte, significa primariamente “de fe recta” (es decir, que se ajusta a la tradición de fe apostólica), y en este sentido también la Iglesia católica se considera a sí misma como ortodoxa; pero, como en el caso del adjetivo “católico”, a partir del mencionado Cisma de Oriente, se usará fundamentalmente para denominar al conjunto de Iglesias orientales con una connotación de diferenciación e incluso confrontación con la Iglesia católica.

Para comentarios, dudas o sugerencias pueden escribir a: miguelangelsanchez@sanisidoro.net

Miguel Ángel Sánchez, pbto.

Lcdo. en Ciencias Eclesiásticas Orientales
Profesor de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla

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