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Cuaresma, tiempo para renovar la caridad (Catedral-Málaga)

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Homilía de Mons. Catalá pronunciada en la Misa celebrada en la Catedral de Málaga el Miércoles de Ceniza de 2023

MIÉRCOLES DE CENIZA

(Catedral, 22 febrero 2023) 

Lecturas: Jl 2, 12-18; Sal 50, 3-6.12-14.17; 2 Co 5, 20 − 6, 2; Mt 6, 1-6.16-18.

Cuaresma, tiempo para renovar la caridad.

1.- La Cuaresma, que hoy iniciamos, es el tiempo litúrgico especial que nos prepara para la celebración de la Pascua. Es tiempo de conversión, para abandonar lo que nos aparta de Dios y dirigir nuestro corazón hacia el amor divino. Por eso le hemos pedido al Señor: «Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme» (Sal 50, 12). Solo Dios puede renovar nuestro corazón, perdonar nuestro pecado y apiadarse de nuestra miseria. Solo Él puede acercarse a nosotros para darnos su aliento de vida; por eso le pedimos: «No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu» (Sal 50, 13).

El Salmo proclamado nos ha invitado a pedir perdón a Dios de nuestros pecados: «Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado» (Sal 50, 3-4). Ciertamente hemos de reconocer que hemos pecado y que lo tenemos presente (cf. Sal 50, 5).

La Cuaresma es también tiempo para dedicarnos a una mayor escucha y meditación de la Palabra de Dios, que ilumina nuestra vida.

2.- La Iglesia nos invita a vivir el sentido mistérico de la Cuaresma. El signo de los “cuarenta días” cuaresmales está en relación con el misterio del “éxodo” del pueblo de Israel, que anduvo por el desierto durante cuarenta años hasta entrar en la tierra prometida (cf. Am 2, 10; Hch 7, 36).

A los cristianos se nos exhorta a vivir el camino cuaresmal como itinerario hacia la Pascua, para celebrar con gozo la salvación que Cristo nos ha traído con su pasión y muerte, y nos ha concedido con su resurrección.

Se trata de un “itinerario bautismal”, que está en estrecha relación con los sacramentos de la iniciación cristiana. El bautizado se sumerge en el misterio pascual de Cristo, en su muerte y resurrección, quedando injertado en Él como el sarmiento a la vid (cf. Jn 15, 1-6); porque separados de Cristo no podemos nada. Tenemos que estar injertados en Él para alimentarnos de su vida.

3.- La cuaresma es tiempo especial para la práctica de la caridad. Ésta es don de Dios, que da sentido a nuestra vida. “Lo que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 Re 17, 7-16); y con los panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente (cf. Mc 6, 30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez” (Papa Francisco, Mensaje para la Cuaresma de 2021. Roma, 11.11. 2020).

La caridad sintoniza con el hermano: se alegra cuando el otro está alegre y sufre cuando el otro está necesitado y angustiado; cuando está enfermo, sin hogar, despreciado. La caridad nos hace salir de nosotros mismos y suscita la cooperación y la comunión.

“La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos” (Fratelli tutti, 183).

4.- El Señor, queridos hermanos, nos invita a vivir una cuaresma de caridad, para cuidar a quienes sufren, están abandonados, angustiados, exiliados, menospreciados. Nuestra caridad puede renovar la fe y la confianza del otro y hacer que vuelva a sentirse amado por Dios como a un hijo.

Dice el Papa: «Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrados en la sociedad» (Fratelli tutti, 187). A esto estamos invitados.

La Cuaresma es un camino de oración, de conversión, de penitencia y una llamada a compartir nuestros bienes con los más necesitados. La fe en Cristo nos da esperanza y nos anima a vivir su amor, compartiéndolo con los demás.

5.- La Iglesia nos ofrece el rito litúrgico de la imposición de la Ceniza, que haremos a continuación, por el que reconocemos nuestra fragilidad y nuestra condición de pecadores. Todos necesitamos ser curados y redimidos por la misericordia de Dios; nadie está exento de pecado. Todos somos frágiles y todos necesitamos el amor y el perdón de Dios.

Lejos de ser un gesto puramente exterior, la recepción de la ceniza en nuestras cabezas es signo de la actitud de un corazón penitente, llamado a recorrer el itinerario cuaresmal como camino de conversión, de renovación y de acercamiento a Dios, que nos llama como el Padre misericordioso que espera con amor a su hijo perdido, que se alejó de casa (cf. Lc 15, 20).

Pedimos a Santa María, Madre de Cristo redentor, que nos acompañe en este camino cuaresmal, que hoy empezamos, y cuide de nosotros con su presencia materna, ayudándonos a ser generosos ante las necesidades de nuestros hermanos. Amén.

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Los laicos, invitados a un día de retiro de Cuaresma

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La Vicaría para el Laicado convoca, un año más, a un día de retiro «en este tiempo de gracia que es la Cuaresma, como preparación intensa para vivir la Pascua del Señor», afirma el vicario para el Laicado, Manuel Ángel Santiago.

«Tiempo para intensificar la oración desde la meditación de la Palabra, el espíritu de austeridad y ayuno, como expresión de querer tener un corazón más libre y más lleno de amor a Dios en los hermanos», añade el vicario, por ello, «en este clima cuaresmal y desde hace unos años, la Iglesia de Málaga invita, desde la Vicaria para el laicado, a tener un encuentro de oración (retiro)».

Este año tendrá lugar el sábado 4 de marzo, en el templo del Sagrado Corazón de Jesús, Plaza de San Ignacio, comenzando con el rezo de laudes, a las 10.30 horas; después tendrá lugar la charla-meditación, a cargo del diácono permanente Miguel Ángel Sánchez Doblas y la exposición del Santísimo, para terminar sobre las 13.30 con la bendición del Sr. Obispo, D. Jesús Catalá. 

Desde la Vicaría invitan a participar «a los laicos de nuestras parroquias, miembros de las distintas Delegaciones, Asociaciones, Movimientos…etc. Pido al Señor que os bendiga y a la Virgen, Santa María de la Victoria, nos conceda el gozo de caminar juntos como pueblo de Dios en Málaga», concluye el vicario Manuel Ángel. 

 

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Papa Francisco: «En Cuaresma se nos invita a ‘subir a un monte elevado’ junto con Jesús»

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El papa Francisco invita a «escalar con Jesús» en este tiempo de Cuaresma, para experimentar su resplandor divino y salir fortalecidos en la fe para seguirle, como recoge en su mensaje para este tiempo litúrgico que lleva a la Pascua.

«Que el Espíritu Santo nos anime durante esta Cuaresma en nuestra escalada con Jesús, para que experimentemos su resplandor divino y así, fortalecidos en la fe, prosigamos juntos el camino con Él»

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO 
PARA LA CUARESMA 2023

Ascesis cuaresmal, un camino sinodal

Queridos hermanos y hermanas:

Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas concuerdan al relatar el episodio de la Transfiguración de Jesús. En este acontecimiento vemos la respuesta que el Señor dio a sus discípulos cuando estos manifestaron incomprensión hacia Él. De hecho, poco tiempo antes se había producido un auténtico enfrentamiento entre el Maestro y Simón Pedro, quien, tras profesar su fe en Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios, rechazó su anuncio de la pasión y de la cruz. Jesús lo reprendió enérgicamente: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (Mt 16,23). Y «seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17,1).

El evangelio de la Transfiguración se proclama cada año en el segundo domingo de Cuaresma. En efecto, en este tiempo litúrgico el Señor nos toma consigo y nos lleva a un lugar apartado. Aun cuando nuestros compromisos diarios nos obliguen a permanecer allí donde nos encontramos habitualmente, viviendo una cotidianidad a menudo repetitiva y a veces aburrida, en Cuaresma se nos invita a “subir a un monte elevado” junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular de ascesis.

La ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz. Era precisamente lo que necesitaban Pedro y los demás discípulos. Para profundizar nuestro conocimiento del Maestro, para comprender y acoger plenamente el misterio de la salvación divina, realizada en el don total de sí por amor, debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades. Es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña. Estos requisitos también son importantes para el camino sinodal que, como Iglesia, nos hemos comprometido a realizar. Nos hará bien reflexionar sobre esta relación que existe entre la ascesis cuaresmal y la experiencia sinodal.  

En el “retiro” en el monte Tabor, Jesús llevó consigo a tres discípulos, elegidos para ser testigos de un acontecimiento único. Quiso que esa experiencia de gracia no fuera solitaria, sino compartida, como lo es, al fin y al cabo, toda nuestra vida de fe. A Jesús hemos de seguirlo juntos. Y juntos, como Iglesia peregrina en el tiempo, vivimos el año litúrgico y, en él, la Cuaresma, caminando con los que el Señor ha puesto a nuestro lado como compañeros de viaje. Análogamente al ascenso de Jesús y sus discípulos al monte Tabor, podemos afirmar que nuestro camino cuaresmal es “sinodal”, porque lo hacemos juntos por la misma senda, discípulos del único Maestro. Sabemos, de hecho, que Él mismo es el Camino y, por eso, tanto en el itinerario litúrgico como en el del Sínodo, la Iglesia no hace sino entrar cada vez más plena y profundamente en el misterio de Cristo Salvador.

Y llegamos al momento culminante. Dice el Evangelio que Jesús «se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz» (Mt 17,2). Aquí está la “cumbre”, la meta del camino. Al final de la subida, mientras estaban en lo alto del monte con Jesús, a los tres discípulos se les concedió la gracia de verle en su gloria, resplandeciente de luz sobrenatural. Una luz que no procedía del exterior, sino que se irradiaba de Él mismo. La belleza divina de esta visión fue incomparablemente mayor que cualquier esfuerzo que los discípulos hubieran podido hacer para subir al Tabor. Como en cualquier excursión exigente de montaña, a medida que se asciende es necesario mantener la mirada fija en el sendero; pero el maravilloso panorama que se revela al final, sorprende y hace que valga la pena. También el proceso sinodal parece a menudo un camino arduo, lo que a veces nos puede desalentar. Pero lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino.

La experiencia de los discípulos en el monte Tabor se enriqueció aún más cuando, junto a Jesús transfigurado, aparecieron Moisés y Elías, que personifican respectivamente la Ley y los Profetas (cf. Mt 17,3). La novedad de Cristo es el cumplimiento de la antigua Alianza y de las promesas; es inseparable de la historia de Dios con su pueblo y revela su sentido profundo. De manera similar, el camino sinodal está arraigado en la tradición de la Iglesia y, al mismo tiempo, abierto a la novedad. La tradición es fuente de inspiración para buscar nuevos caminos, evitando las tentaciones opuestas del inmovilismo y de la experimentación improvisada.

El camino ascético cuaresmal, al igual que el sinodal, tiene como meta una transfiguración personal y eclesial. Una transformación que, en ambos casos, halla su modelo en la de Jesús y se realiza mediante la gracia de su misterio pascual. Para que esta transfiguración pueda realizarse en nosotros este año, quisiera proponer dos “caminos” a seguir para ascender junto a Jesús y llegar con Él a la meta.

El primero se refiere al imperativo que Dios Padre dirigió a los discípulos en el Tabor, mientras contemplaban a Jesús transfigurado. La voz que se oyó desde la nube dijo: «Escúchenlo» (Mt 17,5). Por tanto, la primera indicación es muy clara: escuchar a Jesús. La Cuaresma es un tiempo de gracia en la medida en que escuchamos a Aquel que nos habla. ¿Y cómo nos habla? Ante todo, en la Palabra de Dios, que la Iglesia nos ofrece en la liturgia. No dejemos que caiga en saco roto. Si no podemos participar siempre en la Misa, meditemos las lecturas bíblicas de cada día, incluso con la ayuda de internet. Además de hablarnos en las Escrituras, el Señor lo hace a través de nuestros hermanos y hermanas, especialmente en los rostros y en las historias de quienes necesitan ayuda. Pero quisiera añadir también otro aspecto, muy importante en el proceso sinodal: el escuchar a Cristo pasa también por la escucha a nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia; esa escucha recíproca que en algunas fases es el objetivo principal, y que, de todos modos, siempre es indispensable en el método y en el estilo de una Iglesia sinodal.

Al escuchar la voz del Padre, «los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo» (Mt 17,6-8). He aquí la segunda indicación para esta Cuaresma: no refugiarse en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, de experiencias sugestivas, por miedo a afrontar la realidad con sus fatigas cotidianas, sus dificultades y sus contradicciones. La luz que Jesús muestra a los discípulos es un adelanto de la gloria pascual y hacia ella debemos ir, siguiéndolo “a Él solo”. La Cuaresma está orientada a la Pascua. El “retiro” no es un fin en sí mismo, sino que nos prepara para vivir la pasión y la cruz con fe, esperanza y amor, para llegar a la resurrección. De igual modo, el camino sinodal no debe hacernos creer en la ilusión de que hemos llegado cuando Dios nos concede la gracia de algunas experiencias fuertes de comunión. También allí el Señor nos repite: «Levántense, no tengan miedo». Bajemos a la llanura y que la gracia que hemos experimentado nos sostenga para ser artesanos de la sinodalidad en la vida ordinaria de nuestras comunidades.

Queridos hermanos y hermanas, que el Espíritu Santo nos anime durante esta Cuaresma en nuestra escalada con Jesús, para que experimentemos su resplandor divino y así, fortalecidos en la fe, prosigamos juntos el camino con Él, gloria de su pueblo y luz de las naciones.

Roma, San Juan de Letrán, 25 de enero de 2023, Fiesta de la Conversión de san Pablo

Francisco

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Reivindicación de la alegría

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Acaba de celebrarse el carnaval. A propósito de ello, reproducimos una carta de nuestro arzobispo D. José María, que escribió hace unos años, en la que recuerda que “los cristianos han de reivindicar la alegría como patrimonio de los verdaderos creyentes”.

Amigos lectores:

Soy consciente de que puede parecer poco oportuno traer esta semana un título como el que encabeza esta carta cuando a todos los niveles el patio público no está para mucha fiesta: crispación a flor de piel, lanzamiento de proclamas y reproches mutuos, separatismos marcando agenda, tópicos y etiquetados gerracivilistas redivivos, populismos efervescentes al uso y licuaciones políticas, mientras: el país fragmentado ideológica y económicamente, los políticos ya de campaña en continuos enfrentamientos verbales con los correspondientes «trincherismos» mediáticos al uso, por no citar otros calvarios más domésticos que afligen más directamente a los ciudadanos… Todo lo contrario de un espacio común para solucionar, con la imprescindible concordia y buen entendimiento, los problemas que a todos nos afectan e interesan. ¡Ojalá caigamos en la cuenta!

Pero la eclosión del Carnaval en estas fechas en nuestros pueblos y ciudades, con toda la trepidación y ruido que suele acompañarlo propicia un paréntesis festivo que ha de llevar consigo también para muchos una necesaria reflexión sobre la mesura y el obligado respeto a los otros y a uno mismo, también en lo que se refiere a los sentimientos religiosos, del que, ciertamente, no puede dispensar a los ciudadanos responsables el anonimato del disfraz ni la mayor y tradicional tolerancia o licencia de estos días.

Para los cristianos esta reflexión ha de incluir además la superación, por contradictoria y falsa, de la tópica consideración de que las realidades espirituales son aburridas cuando no rodeadas -como las viejas cartas de luto- de una mezcla de seriedad y tristeza, que las inhabilita para toda tarea apostólica, tan urgente hoy en la vida personal, familiar y pública, para devolver a nuestros conciudadanos la esperanza humana y sobrenatural, de la que tan necesitados estamos también para una verdadera construcción y cohesión social.

Por elemental coherencia, los cristianos han de reivindicar la alegría como patrimonio de los verdaderos creyentes, a los que la vivencia de fe no puede privarles del buen humor y mucho menos del gozo de las realidades humanas nobles, entre las que el Papa san Pablo VI citaba «la alegría ensalzadora de la existencia y de la vida; la alegría del amor honesto y santificado; la alegría tranquilizadora de la naturaleza y del silencio; la alegría a veces austera del trabajo esmerado; la alegría y satisfacción del deber cumplido; la alegría transparente de la pureza, del servicio, del saber compartir; la alegría exigente del sacrificio» (Gaudete in domino, n.12).

Toda una gozosa letanía de facetas de la vida humana que el creyente podrá purificarlas, completarlas y sublimarlas con la fe en la resurrección de Cristo, a la que somos llamados como suprema felicidad, pero nunca puede excluirlas de su itinerario terreno si quiere ser verdaderamente cristiano.

El Papa Francisco ha hecho de la alegría la divisa de su pontificado: la incluye en todos sus documentos magisteriales, empezando por la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, verdadera hoja de ruta para la Iglesia actual, como él mismo señala: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría …» ( 1 ).

El mismo Santo Padre en carta a mi predecesor, nuestro querido D. Jesús García Burillo, con motivo de la inauguración del Año Jubilar del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús, le insistía en el pensamiento de la Santa de que la alegría -«andar alegres sirviendo» (Camino 18,5)- es inseparable de la santidad: «La verdadera santidad es alegría, porque «un santo triste es un triste santo» … En santa Teresa contemplamos al Dios que, siendo «soberana Majestad, eterna Sabiduría» (Poesía 2), se revela cercano y compañero, que tiene sus delicias en conversar con los hombres: Dios se alegra con nosotros. Y, de sentir su amor, le nacía a la Santa una alegría contagiosa que no podía disimular y que transmitía a su alrededor. Esta alegría es un camino que hay que andar toda la vida. No es instantánea, superficial, bullanguera. Hay que procurarla «ya a los principios» (Vida 13, 1 ). Expresa el gozo interior del alma, es humilde y «modesta» (cf. Fundaciones 12, 1 ). No se alcanza por el atajo fácil que evita la renuncia, el sufrimiento o la cruz, sino que se encuentra padeciendo trabajos y dolores (cf. Vida 6,2; 30,8), mirando al Crucificado y buscando al Resucitado (cf. Camino 26,4). De ahí que la alegría de santa Teresa no sea egoísta ni autorreferencial. Como la del cielo, consiste en «alegrarse que se alegren todos» (Camino 30,5), poniéndose al servicio de los demás con amor desinteresado» (Mensaje al obispo de Ávila. 15-X-2014).

Qué bien nos viene a todos recordar de manos del Papa esta impronta teresiana de la alegría y qué bien lo supo entender aquella pequeña que, ante sorpresa de sus padres, le pedía a Dios: »¡Señor, que los malos sean buenos y que los buenos sean alegres!». Toda una oración para el Carnaval y, sobre todo, para la Cuaresma que estamos a punto de empezar.

Con mi saludo fraterno, recibid mi bendición

+ José María Gil Tamayo
Obispo de Ávila
3 de marzo de 2019

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La Catedral acogerá este miércoles la Misa con Imposición de Cenizas presidida por el obispo

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La Catedral acogerá este miércoles la Misa con Imposición de Cenizas presidida por el obispo

En la Santa Iglesia Catedral, tanto a las 9.00 horas como a las 19.00 horas, la Santa Misa estará presidida por el obispo, Mons. Santiago Gómez.

Con la llegada del Miércoles de Ceniza da comienzo una nueva Cuaresma, el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo especial de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las «armas de la penitencia cristiana», como son la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6,1-6.16-18).

Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal.

En su mensaje de Cuaresma de este año, el Papa Francisco invita a la reflexión en base a los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas pues estos concuerdan al relatar el episodio de la Transfiguración de Jesús. Dice el Evangelio que Jesús «se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz» (Mt 17,2).

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma de 2023

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Publicado el documento sobre la fase continental del Sínodo

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«Nuevos frutos para un Pueblo de Dios en salida» es el título del documento que se pretende difundir por las parroquias y grupos de fieles

La Delegación diocesana de Apostolado Seglar ha difundido a las parroquias, grupos, movimientos y asociaciones de la Diócesis el documento «Nuevos frutos para un Pueblo de Dios en salida», sobre el que, una vez finalizadas las reflexiones y aportaciones diocesanas a la fase continental del Sínodo, se sigue trabajando en la Iglesia de España, en clave de los cuatro itinerarios del Congreso de Laicos «Pueblo de Dios en salida».

En este curso y el que viene, la reflexión gira en torno al tema del Primer Anuncio, de ahí que el documento se centre en reflexiones que servirán de ayuda para los sacerdotes y fieles.

Adjuntamos el documento íntegro.

Nuevos frutos para un Pueblo de Dios en camino

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Madres Mónica, madres unidas en oración por sus hijos

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La parroquia del Carmen de Puerta Nueva y la de Santa Teresa de Córdoba acogen esta iniciativa

La oración de Santa Mónica logró la conversión de su hijo San Agustín y ganó así para la Iglesia a uno de sus mayores santos y una de las personalidades más influyentes de su bimilenaria historia. Hoy las madres siguen rezando incansablemente por sus hijos, y algunas lo hacen de forma coordinada a través de la iniciativa denominada “Madres Mónica”. Se trata de grupos de madres que se unen en la parroquia para rezar por los hijos y la familia. “Un grupo parroquial de oración e intercesión por tu familia y las familias de todos. Uno reza por todos y todos rezan por uno”, describen las personas que ya forman parte de estos grupos de oración.

En Córdoba, se están sumando diversas parroquias a la iniciativa. La parroquia de Ntra. Sra. del Carmen de Puerta Nueva celebra todos los miércoles, a las 12:30 horas, este encuentro de oración.

La última en sumarse a la iniciativa ha sido la parroquia de Santa Teresa de Córdoba.

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La Pastoral de Migraciones recopila datos para una guía de recursos destinada a migrantes y refugiados

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La Pastoral de Migraciones recopila datos para una guía de recursos destinada a migrantes y refugiados

La Vicaría de Pastoral Social, a través de la Delegación de Migraciones promueve la recolección de datos de todas las entidades que en la Archidiócesis de Sevilla trabajen con migrantes, con la finalidad de actualizar, en colaboración con todas las diócesis de España, la guía de recursos para personas migradas y refugiadas.

“El objetivo es tener una herramienta al servicio del trabajo en red, las mesas de coordinación o migraciones de cada diócesis, los corredores de hospitalidad, y, sobre todo, de las personas migrantes cuando traslademos los datos recogidos a la app RefAid”, ha explicado Salvador Diánez, vicario de Pastoral Social y delegado diocesano de Migraciones.

RefAid – Refugee Aid App

RefAid  es una aplicación para migrantes y refugiados, y para voluntarios y organizaciones que los ayudan. Muestra la ubicación y los tipos de ayuda disponibles en un mapa, con información sobre los días y horarios de apertura. Toda la ayuda que se muestra en la aplicación proviene de organizaciones de ayuda oficiales confiables. La ayuda se clasifica por tipo, incluyendo: Legal, administración e información, comida, refugio, agua, ayudas particulares para padres e hijos, niños no acompañados, mujeres y hombres; salud; educación; y aseos y duchas.

“Es importante que aparezcan actualizados todos los recursos pastorales  y asistenciales, así como los lugares de capellanías lingüísticas, proyectos pastorales específicos o interculturales, espacios de escucha, entre otros”. Diánez agradeció el interés “por aceptar este servicio y cuidar esta herramienta que estamos construyendo juntos para ofrecer una guía útil a las personas, para reflejar cómo y dónde la Iglesia acoge, protege, promueve e integra”.

Los datos completos deben enviarse al correo migraciones@archisevilla.org antes del 5 de marzo. Para más información comunicarse a través del móvil 687698670.

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“Tengan la satisfacción de que ha muerto en misión de servicio”

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El Obispo transmitió estas palabras al piloto fallecido en Chile Luis Sevillano Moreno

El pasado domingo, 19 de febrero, se hizo un responso en el aeropuerto de Córdoba por Luis Sevillano Moreno, piloto fallecido el pasado 31 de diciembre en Chile durante un acto de servicio en la extinción de un incendio.

En el acto, organizado por el Club de Veteranos paracaidistas activos de Córdoba, estuvieron presentes familiares del piloto sevillano, veteranos paracaidistas, amigos de Luis y del club de veteranos y miembros del Hogar de Nazaret.

En el responso, el padre Manuel Jiménez, HN, trasmitió a la familia de Luis Sevillano unas palabras del Obispo, monseñor Demetrio Fernández: «Rezo por él y por toda la familia. Tengan la satisfacción que ha muerto en misión de servicio, en un servicio que había elegido y le ha costado la vida. Dios le premiará». Después recordó a los presentes el agradecimiento que debemos a Luis y a tantas personas que velan por nuestra seguridad y la de nuestros parajes naturales.

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Ejercicios Espirituales de los sacerdotes en la Yedra

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La Casa diocesana de Espiritualidad “San Juan de Ávila” en la Yedra, después de un tiempo breve de rehabilitación y reforma, acogió una nueva tanda de ejercicios para sacerdotes, entre los días 5 al 10 de febrero.

Unos 23 sacerdotes, entre ellos nuestro Obispo Don Sebastián, hemos podido compartir estas jornadas de gracia y oportunidad que en medio del curso pastoral ha sido un verdadero aliento, no solo para cuidar nuestro ministerio sacerdotal, sino también para escuchar la Llamada de nuestro Señor, que siempre invita a sus pastores a pararse, estar con el Señor, escuchar su voz y retomar la Misión fortalecidos y enviados por el Espíritu Santo.

Los ejercicios espirituales han estado dirigidos, en esta ocasión, por D. Damián Picornell Gallar, sacerdote diocesano de Albacete, párroco de San Roque de Almansa y director del Instituto Teológico diocesano de Albacete, quien aceptó de forma repentina la invitación por parte de la Delegación del Clero a ofrecer esta tanda que estaba prevista ser dirigida por el Obispo de Zamora, D. Fernando Valera Sánchez, y que por circunstancias de salud no ha podido venir. Agradecemos de corazón la generosidad y el compromiso de D. Damián por haber aceptado estar con nosotros.

Después de estos días de oración, fraternidad y renovación damos gracias a Dios que nos llama a dar gratis lo que de Él mismo un día recibimos gratis, nuestras vidas y ministerio en el servicio al Pueblo de Dios. Así también le pedimos a la Virgen María, Madre de los Sacerdotes que siga cuidando de todo el presbiterio, especialmente de aquellos hermanos que más lo necesitan. Unidos, como Iglesia Diocesana, seguimos caminando.

Pepe Navarrete
Sacerdote diocesano

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