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Hoy es Miércoles de Ceniza: comienza la Cuaresma

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Hoy es Miércoles de Ceniza: comienza la Cuaresma

Comienza la Cuaresma, tiempo de cambio, de conversión y, sobre todo, de preparación para vivir plenamente el Misterio Pascual, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Y comienza la Cuaresma con la imposición de la ceniza, que se realizará en todas las parroquias este primer día del camino cuaresmal.

En la diócesis de Guadix, todas las parroquias celebrarán, a lo largo del día, la imposición de la ceniza, en el contexto de la celebración de la Eucaristía. Eucaristía y ceniza van muy unidas en Cuaresma, porque la segunda nos invita a celebrar mejor, y con más intensidad en estos días, la primera.

En la Catedral accitana, la Misa del Miércoles de Ceniza será a als 10 de la mañana. Presidida por el obispo, impondrá la ceniza a los fieles que asistan. Será el momento de comenzar el itinerario cuaresmal, los cuarenta días que nos preparan para la Semana Santa, en la que volveremos a celebrar cómo Dios nos salva.

La Cuaresma es un camino de sinodalidad, nos recuerda el papa Francisco en su Mensaje para la Cuaresma de este año. Una sinodalidad que es escucha, nos dice Francisco: escucha de Dios, a través de su Palabra, de los hermanos y de la Iglesia. Y una sinodalidad que es camino, en el que no vale conformarse con los pequeños logros, ni refugiarse en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, sino que ha de ser un caminar de manera permanente, hacia la Pascua.

Comienza la Cuaresma, ¡aprovechémosla!

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Mensaje de Cuaresma del arzobispo de Sevilla (2023)

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Mensaje de Cuaresma del arzobispo de Sevilla (2023)

El arzobispo de Sevilla nos anima a vivir esta nueva Cuaresma a fondo, con fuerza, consciente de que necesitamos dejarnos convertir por el Señor, para recibir todo el fruto que el Señor nos quiere conceder.

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«El carnaval ha terminado, comienza la hora de la verdad»

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La Iglesia inicia hoy la Cuaresma, el tiempo litúrgico de preparación para la Pascua.

«Convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso». La Palabra de Dios invita a los cristianos a una constante conversión, una acción que se intensifica en el tiempo de Cuaresma que la Iglesia inicia hoy, Miércoles de Ceniza.

Como es tradición, esta mañana, a las 6:30 horas, tenía lugar el rezo del Vía Crucis alrededor de la Catedral de Murcia y después la celebración de la Eucaristía, presidida por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes.

«Dios nos pide fidelidad, transparencia y coherencia», así ha iniciado la homilía el obispo, recordando que la Cuaresma es un tiempo de encuentro con el Señor: «No es repetir ritos, es la hora de la atención, de desnudarnos totalmente delante de Dios. El carnaval ha terminado, comienza la hora de la verdad». Mons. Lorca ha invitado a los presentes a preguntarse cómo están respondiendo ante los retos de cada día, cómo viven su fe. También les ha animado a escuchar atentamente la Palabra a través de la cual Dios se comunica con su pueblo: «Es momento de ponernos con humildad delante de Dios, a la escucha. Porque Dios está cerca, nunca se aparta de nosotros. Ahora es tiempo de renovar el encuentro con Él, con la ayuda de la oración». Tiempo de encuentro con Dios y con los hermanos que más lo necesitan, «porque también es tiempo de caridad».

La Iglesia hace en Cuaresma una invitación especial a la conversión y a creer en el Evangelio. La ceniza que se impone en este día es «signo de conversión, de fidelidad».

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Mensaje del papa Francisco para la Cuaresma de 2023

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Mensaje del papa Francisco para la Cuaresma de 2023

Ascesis cuaresmal, un camino sinodal

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2023

Queridos hermanos y hermanas:

Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas concuerdan al relatar el episodio de la Transfiguración de Jesús. En este acontecimiento vemos la respuesta que el Señor dio a sus discípulos cuando estos manifestaron incomprensión hacia Él. De hecho, poco tiempo antes se había producido un auténtico enfrentamiento entre el Maestro y Simón Pedro, quien, tras profesar su fe en Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios, rechazó su anuncio de la pasión y de la cruz. Jesús lo reprendió enérgicamente: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (Mt 16,23). Y «seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17,1).

El evangelio de la Transfiguración se proclama cada año en el segundo domingo de Cuaresma. En efecto, en este tiempo litúrgico el Señor nos toma consigo y nos lleva a un lugar apartado. Aun cuando nuestros compromisos diarios nos obliguen a permanecer allí donde nos encontramos habitualmente, viviendo una cotidianidad a menudo repetitiva y a veces aburrida, en Cuaresma se nos invita a “subir a un monte elevado” junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular de ascesis.

La ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz. Era precisamente lo que necesitaban Pedro y los demás discípulos. Para profundizar nuestro conocimiento del Maestro, para comprender y acoger plenamente el misterio de la salvación divina, realizada en el don total de sí por amor, debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades. Es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña. Estos requisitos también son importantes para el camino sinodal que, como Iglesia, nos hemos comprometido a realizar. Nos hará bien reflexionar sobre esta relación que existe entre la ascesis cuaresmal y la experiencia sinodal.  

En el “retiro” en el monte Tabor, Jesús llevó consigo a tres discípulos, elegidos para ser testigos de un acontecimiento único. Quiso que esa experiencia de gracia no fuera solitaria, sino compartida, como lo es, al fin y al cabo, toda nuestra vida de fe. A Jesús hemos de seguirlo juntos. Y juntos, como Iglesia peregrina en el tiempo, vivimos el año litúrgico y, en él, la Cuaresma, caminando con los que el Señor ha puesto a nuestro lado como compañeros de viaje. Análogamente al ascenso de Jesús y sus discípulos al monte Tabor, podemos afirmar que nuestro camino cuaresmal es “sinodal”, porque lo hacemos juntos por la misma senda, discípulos del único Maestro. Sabemos, de hecho, que Él mismo es el Camino y, por eso, tanto en el itinerario litúrgico como en el del Sínodo, la Iglesia no hace sino entrar cada vez más plena y profundamente en el misterio de Cristo Salvador.

Y llegamos al momento culminante. Dice el Evangelio que Jesús «se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz» (Mt 17,2). Aquí está la “cumbre”, la meta del camino. Al final de la subida, mientras estaban en lo alto del monte con Jesús, a los tres discípulos se les concedió la gracia de verle en su gloria, resplandeciente de luz sobrenatural. Una luz que no procedía del exterior, sino que se irradiaba de Él mismo. La belleza divina de esta visión fue incomparablemente mayor que cualquier esfuerzo que los discípulos hubieran podido hacer para subir al Tabor. Como en cualquier excursión exigente de montaña, a medida que se asciende es necesario mantener la mirada fija en el sendero; pero el maravilloso panorama que se revela al final, sorprende y hace que valga la pena. También el proceso sinodal parece a menudo un camino arduo, lo que a veces nos puede desalentar. Pero lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino.

La experiencia de los discípulos en el monte Tabor se enriqueció aún más cuando, junto a Jesús transfigurado, aparecieron Moisés y Elías, que personifican respectivamente la Ley y los Profetas (cf. Mt 17,3). La novedad de Cristo es el cumplimiento de la antigua Alianza y de las promesas; es inseparable de la historia de Dios con su pueblo y revela su sentido profundo. De manera similar, el camino sinodal está arraigado en la tradición de la Iglesia y, al mismo tiempo, abierto a la novedad. La tradición es fuente de inspiración para buscar nuevos caminos, evitando las tentaciones opuestas del inmovilismo y de la experimentación improvisada.

El camino ascético cuaresmal, al igual que el sinodal, tiene como meta una transfiguración personal y eclesial. Una transformación que, en ambos casos, halla su modelo en la de Jesús y se realiza mediante la gracia de su misterio pascual. Para que esta transfiguración pueda realizarse en nosotros este año, quisiera proponer dos “caminos” a seguir para ascender junto a Jesús y llegar con Él a la meta.

El primero se refiere al imperativo que Dios Padre dirigió a los discípulos en el Tabor, mientras contemplaban a Jesús transfigurado. La voz que se oyó desde la nube dijo: «Escúchenlo» (Mt 17,5). Por tanto, la primera indicación es muy clara: escuchar a Jesús. La Cuaresma es un tiempo de gracia en la medida en que escuchamos a Aquel que nos habla. ¿Y cómo nos habla? Ante todo, en la Palabra de Dios, que la Iglesia nos ofrece en la liturgia. No dejemos que caiga en saco roto. Si no podemos participar siempre en la Misa, meditemos las lecturas bíblicas de cada día, incluso con la ayuda de internet. Además de hablarnos en las Escrituras, el Señor lo hace a través de nuestros hermanos y hermanas, especialmente en los rostros y en las historias de quienes necesitan ayuda. Pero quisiera añadir también otro aspecto, muy importante en el proceso sinodal: el escuchar a Cristo pasa también por la escucha a nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia; esa escucha recíproca que en algunas fases es el objetivo principal, y que, de todos modos, siempre es indispensable en el método y en el estilo de una Iglesia sinodal.

Al escuchar la voz del Padre, «los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo» (Mt 17,6-8). He aquí la segunda indicación para esta Cuaresma: no refugiarse en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, de experiencias sugestivas, por miedo a afrontar la realidad con sus fatigas cotidianas, sus dificultades y sus contradicciones. La luz que Jesús muestra a los discípulos es un adelanto de la gloria pascual y hacia ella debemos ir, siguiéndolo “a Él solo”. La Cuaresma está orientada a la Pascua. El “retiro” no es un fin en sí mismo, sino que nos prepara para vivir la pasión y la cruz con fe, esperanza y amor, para llegar a la resurrección. De igual modo, el camino sinodal no debe hacernos creer en la ilusión de que hemos llegado cuando Dios nos concede la gracia de algunas experiencias fuertes de comunión. También allí el Señor nos repite: «Levántense, no tengan miedo». Bajemos a la llanura y que la gracia que hemos experimentado nos sostenga para ser artesanos de la sinodalidad en la vida ordinaria de nuestras comunidades.

Queridos hermanos y hermanas, que el Espíritu Santo nos anime durante esta Cuaresma en nuestra escalada con Jesús, para que experimentemos su resplandor divino y así, fortalecidos en la fe, prosigamos juntos el camino con Él, gloria de su pueblo y luz de las naciones.

Roma, San Juan de Letrán, 25 de enero de 2023, Fiesta de la Conversión de san Pablo

Francisco

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Carta Pastoral de Cuaresma «Volvamos a Dios»

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«Rasgad los corazones, no las vestiduras;

convertíos al Señor Dios vuestro,

porque es compasivo y misericordioso».

Joel 2,13

Queridos fieles diocesanos:

La Cuaresma, que comienza el miércoles de Ceniza, nos pone en marcha hacia un camino que nos conduce a la gran fiesta de los cristianos: la Pascua de Resurrección. Recorremos estos cuarenta días como un retiro ininterrumpido de toda la comunidad cristiana, junto con Jesucristo, en el desierto. Son días de conversión personal y comunitaria que pasan por la oración, el ayuno y la limosna, por la renuncia y la humildad. El rito de la imposición de la ceniza nos introducirá en este espíritu cuaresmal. «Es esencialmente un gesto de humildad, que significa: reconozco lo que soy, una criatura frágil, hecha de tierra y destinada a la tierra, pero hecha también a imagen de Dios y destinada a él. Polvo, sí, pero amado, plasmado por su amor, animado por su soplo vital, capaz de reconocer su voz y de responderle; libre y, por esto, capaz también de desobedecerle, cediendo a la tentación del orgullo y de la autosuficiencia» (Benedicto XVI, 17 de febrero de 2010).

Tiempo para volver

En este tiempo litúrgico se nos concede la gracia de contemplar, ante nuestros ojos, el camino para regresar al Padre, para volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12); dejar el pecado y llegar a la luz del Señor Resucitado, que se nos concede por medio de su perdón. Como nos dice el Papa Francisco: «La Cuaresma es un viaje que implica toda nuestra vida, todo lo que somos. Es tiempo de verificar las sendas que estamos recorriendo, para volver a encontrar el camino de regreso a casa, para redescubrir el vínculo fundamental con Dios, del que depende todo. La Cuaresma es discernir hacia donde está orientado el corazón. Este es el centro de la Cuaresma: hacia dónde está orientado mi corazón» (Miércoles de Ceniza, 17 de febrero de 2021). Ello conlleva entrar en nosotros mismos; escuchar en lo profundo la Palabra del Señor; y descubrir hacia dónde estamos caminando: qué valores nos dirigen la vida; cuál es la orientación de nuestro vivir: qué ansía y busca nuestro corazón… y, con todo ello, acogernos a su misericordia y compasión.

El hombre, frecuentemente anda errante, fuera de camino, por sendas perdidas. Pero llega un momento en que se vuelve con todo su ser a Dios que lo llama y desanda sus sendas extraviadas, descubriendo la verdadera alegría. La conocida parábola del Hijo pródigo, describe así esta vuelta. El hijo menor emancipado «se marchó a un país lejano y allí despilfarró de mala manera toda su fortuna». Caído en extrema miseria, recapacitó y se dijo: «me pondré en camino y volveré a la casa de mi padre» (Lc 15,11-33). El cuadro de miseria y de abandono en que se ve postrado el hijo pródigo de la parábola es la imagen real de tantos hombres, de tantos cristianos, que han creído poseerlo todo y disfrutarlo todo, lejos de la casa paterna. Lo más grave no consiste solo en caer en una situación de miseria moral y de pecado. Lo más grave es conformarse y acostumbrarse a esas situaciones injustas que nos esclavizan. Volver al hogar de Dios, el Padre, después de haber vagado por tierras lejanas y extrañas a la intemperie, eso es la conversión.

Tiempo para la acción

Este año, en nuestra Diócesis de Jaén estamos trabajando un itinerario para la conversión pastoral. Éste nos exige a todos ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las comunidades parroquiales, de los organismos diocesanos, y transformarlo todo —costumbres, estilos, horarios, lenguaje, espacios, prioridades— para que la Iglesia de Jaén esté más al servicio de la evangelización que de autopreservarse a sí misma (EG 27; 33).

Pero, para llegar a una conversión pastoral tenemos que tener la experiencia de una conversión personal. La conversión está en la base de la vida cristiana y en el centro del mensaje de Jesús, porque representa la apertura de la mente y del corazón del hombre para acoger la gracia divina de la salvación y de la santificación. No obstante, esta apertura de la mente y del corazón es, a su vez, un don de Dios. El hombre por sí solo no puede procurársela ni realizarla, sino que debe responder, dócilmente, a la acción estimulante del Espíritu Santo que transforma los corazones. Por eso, es necesario que pidamos esta gracia con humildad: «Conviértenos a ti, Señor, y nos convertiremos» (Lam 5,21); «conviértenos, Dios, Salvador nuestro» (Sal 84,5).

Este volver a Dios se traduce en actitudes nuevas y vitales de arrepentimiento, de deseos de reparación, de cambio de criterios y de conducta, siempre bajo la moción interna del Espíritu. En cierto sentido, la conversión es dejarnos ayudar por Dios, porque Él quiere contar con nosotros para redimirnos y transformarnos.

Transformarnos para transformar. La conversión es también condición previa para dar paso en nuestro interior a la alegría verdadera, es decir, la alegría que es gozo profundo, pero que se manifiesta también hacia fuera en el optimismo, en el buen humor, en la capacidad de acoger a los demás, y en la disponibilidad para ayudar a los necesitados y para compartir nuestros bienes. Solo, si estamos verdaderamente vueltos a Dios, convertidos a Él, oiremos con más claridad el clamor de los pobres y de los oprimidos. Nuestro pueblo tiene necesidad de que se le ayude a salir de la atonía, de la nostalgia inoperante y de la falta de esperanza.

Podemos preguntarnos, como San Ignacio de Loyola en el libro de sus Ejercicios Espirituales, cuando propone la contemplación de la cruz: «Cristo ha muerto en la cruz por mí. Yo ¿que he hecho por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? y ¿Qué estoy dispuesto hacer por Cristo?». Y ¿esta Cuaresma?

Que nuestra Madre, la Virgen María, nos acompañe en este itinerario hacia un nuevo y renovado encuentro con su Hijo en la alegría Pascual.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

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La pintura mural de la Asunción de La Guardia luce con esplendor tras su restauración

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El pasado domingo, 19 de febrero,  el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, presidió la Eucaristía en el templo parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de la Guardia de Jaén. El motivo que congregó a la comunidad cristiana y a su Obispo fue la inauguración de la pintura mural de la Asunción de la Virgen María a los cielos, fresco que preside el altar mayor.

Antes de comenzar la Santa Misa se vivieron uno de los momentos más significativos, cuando, mientras fuera repicaban las campanas, dentro del Templo se descubrió la pintura mural de La Asunción que recupera todo su esplendor.

En la celebración, en la que participó gran parte de la comunidad parroquial de La Guardia, así como el alcalde y otras autoridades civiles, estuvo concelebrada por el párroco, D. Juan Pedro Moya; el hijo del pueblo, D. Antonio José Morillo y el secretario particular de Don Sebastián, D. Francisco Javier Cova.

Homilía

En su homilía, el Obispo resaltó que: “Hoy es un gran día para esta parroquia de la Guardia. Inauguramos la restauración de una obra de arte que se encontraba en muy mal estado y que es una joya para vuestro hermoso pueblo. Es motivo de agradecimiento por la colaboración de todos los que han aportado, de una manera u otra, para ver finalizado este proyecto”.

 De igual manera, Don Sebastián hizo referencia a las tantas generaciones que habían vivido su fe entre los muros de este Templo, para después dar la enhorabuena por esta intervención, que será un legado para generaciones venideras: “Enhorabuena por esta restauración, pero este acto de inauguración es un deseo de que nuestra vida y nuestro corazón sean un retablo para nuestra Madre, la Virgen María, donde la acojamos y nos dejemos para que nos proteja, nos guarde y nos lleve de la mano hasta el encuentro definitivo con su Hijo, Jesucristo, el Señor”.

Para finalizar su exhortación, quiso encomendar a la Asunción de la Virgen a todo el pueblo de La Guardia: “Queridos hermanos, felicidades por esta magnífica restauración donde contemplamos a la Virgen María, Ntra. Sra. de la Asunción. A Ella le pido que proteja a todo vuestro pueblo, a vuestras familias, a vuestros ancianos, a los más necesitados, especialmente a los enfermos. Que Ella nos ayude a ser verdaderos y auténticos discípulos misioneros de su Hijo, nuestro Señor”.

La pintura data de 1939, cuando, después de la Guerra Civil, el joven Manuel Serrano Cuesta, pintor prodigio de Esacañuela, pintó el mural de Nuestra Señora de la Asunción en el lugar que antes ocupaba un retablo. El paso del tiempo con sus humedades, desgastes y repintes han hecho que la obra se encontrase en muy mal estado de conservación. La Parroquia con el Ayuntamiento, en convenio de colaboración por amabas instituciones, han hecho posible la restauración de la pintura mural. Con esta restauración de la Asunción de la Virgen María a los cielos, “hemos hecho un bien a la historia de nuestro pueblo y de nuestra parroquia, hemos hecho un serio compromiso de mantener el legado cultural y patrimonial que nos fue encomendado. Pero esto va mucho más allá de una restauración patrimonial y culturar, pues se ha intervenido en un bien que es espiritual. La ventana que ha quedado abierta en el altar, pue así lo evoca la pintura, rompe la robustez de los muros para ver la inmensidad de un cielo nuevo y una tierra nueva, en la que María se convierte, para el pueblo de la Guardia, en camino de esperanza, en sostén de la fe e impulso en la caridad. Por eso, los hijos de este pueblo, no contemplan solo la belleza de una obra restaurada, sino que contemplan la grandeza de la vocación a la que somos llamados”, explicó el párroco, D. Juan Pedro Moya Haro en el acción de gracias de la celebración eucarística.

“Como párroco de esta localidad”- afirmó- “doy gracias por la presencia alentadora, en la celebración, de nuestro Obispo, Don Sebastián Chico. Doy las gracias al Ayuntamiento de la Guardia, con su alcalde Juan Morillo al frente, por financiar la restauración de la pintura; a los restauradores, José Luis Navío, Olga, Carmen, Ana y Pilar y gracias, con mayúsculas, al pueblo de la Guardia por su trabajo, dedicación, generosidad y entrega por su parroquia y por la labor evangelizadora que, en el nombre del Señor, desarrolla”.

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Venta benéfica de “holy cards” a beneficio del Proyecto Fraternitas

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Venta benéfica de “holy cards” a beneficio del Proyecto Fraternitas

Hoy, 22 de febrero, Miércoles de Ceniza, tendrá lugar un gesto solidario por parte de una empresa sevillana a beneficio de la acción social del Consejo de Hermandades: el Proyecto Fraternitas.

Holy Cards”, el coleccionable de la Semana Santa de Sevilla, va a estar toda la jornada vendiendo sus populares sobres en el vestíbulo de la estación de metro de Puerta Jerez, cuya recaudación se destinará a este proyecto social del Consejo de Hermandades que se desarrolla durante todo el año en el Polígono Sur y en otros barrios desfavorecidos de Sevilla como El Vacie o Los Pajaritos.

Concretamente, de once de la mañana a ocho de la tarde, los sevillanos y visitantes que así lo deseen podrán adquirir en este enclave los sobres del coleccionable cofrade, al tiempo que tendrán la oportunidad de colaborar con esta causa solidaria de las hermandades de la ciudad.

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ENTREVISTA | Cuaresma: transición, camino, cambio a una vida plena

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ENTREVISTA | Cuaresma: transición, camino, cambio a una vida plena

Hoy, Miércoles de Ceniza, iniciamos el tiempo litúrgico de Cuaresma. Un período de casi seis semanas en el que nos preparamos para la Pascua. La Cuaresma concluirá en la hora nona del Jueves Santo, justo antes de la Misa de la Cena del Señor, al comienzo del Triduo Sacro. Vigilia, ayuno, oración, limosna, el color morado, la ceniza… Son muchos los ritos asociados a este tiempo litúrgico, con una raíz en las Escrituras, que han llegado a nuestros días con particularidades asociadas a cada contexto histórico y territorial. Las explica Joaquín de la Peña, miembro de la Delegación diocesana de Liturgia.

¿Qué significa Cuaresma?

La palabra Cuaresma tiene relación con los cuarenta días, el período en el que se le pide a los fieles la conversión del pecado a una vida nueva. Cuarenta es una cifra muy bíblica, y lo vemos en los cuarenta días de ayuno del Señor en el desierto o en los cuarenta años del éxodo del pueblo de Israel. Esta cifra está muy relacionada con la aridez, la sequedad, el sufrimiento del tránsito por el desierto.

Y este tránsito pasa por tres ejes: limosna, oración y ayuno.

Efectivamente. Son, por así decirlo, las tres herramientas que la Iglesia nos pone para alcanzar la clave de la Cuaresma, que es la conversión, ese pasar de una vida incompleta a la vida que nos llegará el Domingo de Pascua con Cristo resucitado.

¿Qué simboliza la ceniza que recibimos al inicio de la Cuaresma?

Tiene una raíz antropológica importantísima. Casi todos los pueblos del arco mediterráneo utilizaban la ceniza para representar dolor, arrepentimiento y tristeza. Para el pueblo hebreo era muy importante la ceniza. Recordemos cómo Jesús a los fariseos les echa en cara que cuando ayunan o hacen oración se envuelven en ceniza. Es algo muy metido en esta cultura mediterránea. La Iglesia después lo adaptó como símbolo de penitencia, de transformación. La raíz es aquello que ha tenido vida, que ha sido consumido por las llamas, y nos quedan estos restos.

¿Y cómo se han obtenido las cenizas?

Debería salir de la combustión de las palmas del Domingo de Ramos del año anterior. Hoy día se utilizan también los ramos de olivo bendecido.

¿De dónde viene la vigilia?

Viene de las Escrituras. El Señor se va al desierto a orar, y para orar ayuna. Una vigilia que, en los primeros tiempos, en los siglos tercero y cuarto, era importante. Incluso había más signos externos, como vestirse con un sayal, con tela de saco. Esa vigilia se ha ido atemperando a lo largo de los siglos, y ahora prácticamente la reducimos a la abstinencia.

Vemos que, para los fieles de rito latino, las normas sobre abstinencia eran obligatorias entre los 18 y 58 años ¿Sigue siendo así?

Sigue siendo así. Pero ya sabemos que en nuestra Archidiócesis es tradición que en Semana Santa el arzobispo dispense de esta abstinencia y ayuno, coincidiendo con las estaciones de penitencia.

Otro signo de este tiempo es el color morado de los ropajes de los sacerdotes ¿Por qué este color?

Esto tiene también una raíz histórica. Era el color de los emperadores romanos, porque la tinta con la que se impregnaba el lienzo blanco era muy costosa, y solo se lo podían permitir los reyes. Pero para la Iglesia tiene un sentido más: cuando aparece este color en la liturgia de la Iglesia siempre estamos hablando de transición, de camino, de cambio. Aparece en el Adviento como espera al Dios que se nos va a hacer hombre en el seno de la Virgen María; o en las exequias, porque simboliza el tránsito de una vida incompleta sin Jesucristo a una vida ya completa en la Resurrección del Señor. Y aparece en la Cuaresma ¿Por qué? Porque simboliza el paso de una vida incompleta a la vida que vamos a vivir el Domingo de Pascua.

También es tradición reservar unas fechas para cubrir las imágenes

Sí, se cubren el Jueves Santo para que amanezcan cubiertos los altares el Viernes Santo. Simboliza la ausencia del Señor. Tal y como rezamos en el Credo, descendió a los infiernos. Esto incluía también a la cruz, y recordemos que no solo se tapaban los altares, se hacía también con las cruces que procesionaban esos días en las estaciones de penitencia.

Yendo más allá, no hace demasiado se recomendaba estos días no bañarse en un río, no vestir de rojo o… ¡No cortarse el pelo!

Respondía a la inculturación de la liturgia. Alrededor de la Cuaresma, y en una región tan rica como nuestra Andalucía, vemos muchas inculturaciones alrededor de fiestas grandes. Además de esos detalles, pensemos en la gastronomía relacionada con la Cuaresma. En algunos lugares existe además la costumbre de tener una figura femenina –una señora mayor- con seis piernas, a la que cada domingo se le quitaba una. Lo vemos en Puente Genil.

 

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Cáritas ha acompañado a 5.378 refugiados en España desde el inicio de la guerra en Ucrania

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Cáritas ha acompañado a 5.378 refugiados en España desde el inicio de la guerra en Ucrania

  • La organización católica ha recaudado veinte millones de euros en el último año, de los cuales cinco ya han sido asignados a distintos proyectos para atender la emergencia humanitaria en ese país

La guerra en Ucrania está teniendo efectos devastadores dentro y fuera del país. Tras un año de conflicto, más de ocho millones de personas se han visto obligadas a abandonar Ucrania, mientras que otros siete millones son desplazados internos. La invasión rusa está contribuyendo además a una crisis económica y humanitaria mundial sin precedentes en nuestra historia reciente. La dramática escalada de la inseguridad alimentaria y el aumento vertiginoso de los precios de productos esenciales están afectando sobre todo a poblaciones de crisis olvidadas, como las del Cuerno de África y el Sahel.

Ante el enorme sufrimiento global causado por este conflicto bélico, Cáritas Española se suma al constante llamamiento de paz impulsado por el papa Francisco y Cáritas Internationalis desde el inicio de la guerra.

Con el objetivo de responder a una de las peores emergencias humanitarias y la mayor crisis actual de desplazados en el mundo, Cáritas Española ha logrado movilizar en los últimos doces meses más de cinco millones de euros. Estos fondos han sido canalizados a través de los mecanismos de solicitud de ayuda de las Cáritas nacionales afectadas por la guerra y coordinados por el comité de emergencia de Cáritas Internationalis.

“Gracias por caminar junto a nosotros”

“El apoyo de Cáritas Española está siendo fundamental para atender la emergencia. Con su ayuda estamos consiguiendo responder a las necesidades básicas de muchas personas, que han tenido que dejar sus hogares. Un tercio de la población permanece desplazada. Por eso, es tan importante poder ofrecerles una comida caliente o un lugar para que puedan dormir durante su huida. Queremos daros las gracias de corazón por caminar junto a nosotros y por acompañarnos”, asegura Tetiana Stawnychy, presidenta de Cáritas Ucrania en un vídeo mensaje enviado a Cáritas Española, al cumplirse el primer aniversario de la ocupación militar rusa.

Desde el comienzo del conflicto, las dos Cáritas que operan en el país -Cáritas Ucrania y Caritas Spes-Ucrania- han proporcionado ayuda humanitaria de emergencia a más de seis millones de personas. La mayoría de las ayudas prestadas están relacionadas con la distribución de alimentos y enseres domésticos (53,91 %), agua y saneamiento (22,32 %), alojamiento (9,25 %), protección (5,47 %), atención sociosanitaria y apoyo psicosocial (2,8 %), dinero en efectivo (1,56 %) y otros servicios (4,68 %).

Sin embargo, tras un año de contienda, se estima que más de 18 millones de personas siguen necesitando ayuda humanitaria de emergencia en Ucrania. “Este conflicto se ha prolongado durante demasiado tiempo. Cáritas está trabajando para ‘Restaurar el hogar, restaurar la esperanza’ para millones de personas que sufren como resultado de esta guerra. Necesitamos una paz inmediata, que permita por fin a los ucranianos empezar a reconstruir sus vidas y su país”, apunta Carmen Gómez de Barreda, responsable de la campaña ‘Cáritas con Ucrania’.

Respuesta en España

El trabajo en red ha permitido durante este último año atender a las personas tanto en origen y en tránsito como en su destino final. En España, la acción de la Confederación de Cáritas para acoger y acompañar a las personas y familias procedentes de Ucrania también ha sido una parte sustancial de esta respuesta a la emergencia. Hasta diciembre del año pasado, la red de Cáritas diocesanas había atendido a 5.378 personas ucranianas y otras 10.274 habían recibido ayuda de manera indirecta.

Entre las ayudas que se prestaron, la mayoría estuvieron relacionadas con alimentación y ropa. En total se realizaron 13.549 acciones para facilitar el acceso a estas necesidades básicas, ya sea a través de entrega directa o de tarjetas monedero. También se realizaron 891 gestiones para facilitar el acceso a un alojamiento a través del pago del alquiler de la vivienda, acogida en una residencia de la parroquia o acceso a casas de acogida. El tercer campo de acción fue el del empleo con 2.824 actuaciones relacionadas con la orientación, formación para el empleo, el diseño de un plan de inserción laboral o talleres de formación prelaboral.

“El sistema de protección internacional ha asumido el grueso de las demandas de las personas y familias procedentes de Ucrania. Su funcionamiento para proporcionar alojamiento ha sido ágil y eficaz. De manera subsidiaria, las Cáritas diocesanas han invertido más de 800.000 euros para llevar a cabo acciones de asistencia y acogida a estas personas y familias”, explica Hilde Daems, coordinadora del equipo de Inclusión Social de Cáritas Española.

Una sociedad solidaria

Doce meses después de su puesta en marcha, la campaña de captación de fondos de Cáritas Española en favor de Ucrania ha conseguido recaudar más de veinte millones de euros, de los cuales 8,3 han sido aportados por las Cáritas diocesanas.

“Desde el inicio de la crisis, la sociedad española ha confiado en la red de Cáritas para apoyar a las personas víctimas de la guerra. Agradecemos una vez más la enorme solidaridad de donantes, instituciones y empresas. En toda la Confederación somos muy conscientes de la gran responsabilidad que supone estar a la altura de la confianza que la sociedad deposita en Cáritas”, señala María Ángeles García, coordinadora del equipo de Donantes y Relación con las Empresas de Cáritas Española.

Cáritas Española está presente en Ucrania desde el año 2010 a través de diversos proyectos de acción social. “Cáritas estaba en Ucrania antes, está ahora y seguirá allí cuando se acabe el conflicto y la atención mediática. Los fondos que estamos consiguiendo recaudar se invertirán en esa carrera de fondo que corre Cáritas porque la reconstrucción del país requerirá mucho tiempo y esfuerzo”, añade Gómez de Barreda.

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