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Merienda solidaria en el día de San José

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En la tarde del día de San José,  un gran grupo de feligreses de  la parroquia «Nuestra Señora de Gracia», de Villardompardo, celebramos, como viene siendo tradición, «la merienda solidaria»  y pudimos disfrutar de un bonito momento de convivencia entre todos.

   A los asistentes se les entregó una estampa de la imagen que tenemos en la parroquia de San José.

El párroco, D. Juan Ángel Delgado, inició un momento de plegaria y juntos rezamos la oración a San José  del Papa Francisco, que estaba impresa en el dorso:

«Salve custodio del redentor y esposo de la Virgen María.

 A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza ,contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida. Concédenos gracia,  misericordia y valentía y defiéndenos de todo mal. Amén».

 A las personas que han colaborado, pero por diferentes circunstancias no han podido acompañarnos, les hemos llevado la merienda a sus casas y los hemos tenido también presentes en nuestra oración.

  Desde el Consejo Pastoral y el Consejo de economía damos las gracias y no os podéis imaginar lo importante que son estos muchos pequeños esfuerzos llenos de cariño.

Loly Gay
Comunidad parroquial de Ntra. Sra. de Gracia de Villardompardo
Fotos: Nieves Susi Mozas

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Cúllar prepara la Semana Santa con un concierto

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Cúllar prepara la Semana Santa con un concierto

La Semana Santa se acerca y los actos que la preparan se suceden en los pueblos y las parroquias de la diócesis de Guadix. Así ha ocurrido en Cúllar, donde se celebró un concierto con música de Semana Santa, en la iglesia parroquial. Las marchas estuvieron interpretadas por la banda de música de Cúllar y la iglesia se llenó, en una tarde espléndida, con mucho sabor a Cuaresma y a Semana Santa, que, además, celebraba el triduo al Nazareno.

El concierto fue el sábado 18 de marzo, víspera de San José. Cúllar es una localidad donde hay mucha afición a la música y la muestra estuvo, sin duda, en este concierto y en cómo lo disfrutaron los cullarenses.

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Conciertos solidarios en Linares y Úbeda a beneficio de las misiones diocesanas

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Los conciertos solidarios «Lirica de Cine » y » Música Antigua del Barroco » conquistan el Hospital de Santiago de Úbeda y el Hospital de los Marqueses de Linares. Toda la venta de entradas y generosos donativos de particulares han sido destinados a las misiones de Ecuador y Madagascar. En ambos espacios se han unido la cultura, la música, la solidaridad y el amor por los que más lo necesitan.

Han sido grandes espectáculos donde todos los asistentes pudimos soñar y emocionar y recordar  lo bella  que es la música sobre todo el fin. Ambas noches fueron mágicas gracias a Nieves Romero y un gran elenco de artistas acompañados en todo momento y de forma generosa al piano por Mikhail Studyonov.

Todas las butacas de ambos  conciertos ocupadas, una gran noticia a nivel económico, los donativos por las entradas van destinados íntegramente a la misión diocesana de Esmeraldas (Ecuador) y la de Tsiroanomandidy (Madagascar). 

Agradecer a las gestiones realizadas por el arciprestazgo de Úbeda en estrecha colaboración con la Delegación de misiones de nuestra Diócesis de Jaén. También al Ayuntamiento de Úbeda y Linares y varias entidades y empresas como Fundación Oleicola Jaén y Burgos Salaberry, entre otros.

Jesús Sánchez
Úbeda

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El Centro Asistencial San Juan de Dios inicia los actos por su centenario

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Bajo el lema ‘100 años contigo’, el Centro Asistencial San Juan de Dios de la Orden Hospitalaria dedicado a la atención a la salud mental y la discapacidad ha dado el pistoletazo de salida a la programación de actos con los que celebrará su centenario en Málaga a lo largo de 2023.

Al acto de apertura asistió el Sr. Obispo, que presidió la Eucaristía previa, junto a numerosos representantes institucionales; el Superior General de San Juan de Dios a nivel internacional, el Hermano Jesús Etayo, venido desde Roma; el Superior Provincial de la Orden en España, el hermano Amador Fernández; hermanos; trabajadores y voluntarios. El hermano Jesús Etayo subrayó que “la salud mental sigue siendo una de las necesidades más importantes de la sociedad actual y una prioridad real, del mismo modo que ya lo era hace 100 años. Por eso, la Orden de San Juan de Dios continuará apostando por la atención en este ámbito en Málaga, poniendo los medios a su alcance para continuar en esta labor”. El Superior General ha agradecido a la familia hospitalaria y a la sociedad malagueña la implicación que siempre han tenido con los más vulnerables, y ha expresado que “Es nuestro deseo que este Centro, como cada centro de la Orden en tan diversos territorios de todo el mundo, continúe realizando su misión por mucho tiempo”. 

El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, quiso acompañar a San Juan de Dios en este acto institucional, al que también acudieron el delegado territorial de Salud y Consumo, Carlos Bautista; la delegada territorial de Inclusión Social, Ruth Sarabia; y la vicepresidenta segunda de la Diputación de Málaga, Natacha Rivas. 

En este acto, el alcalde de la ciudad quiso, “en nombre de la ciudad, daros las gracias a la Orden”, aludiendo a toda la familia hospitalaria: hermanos, profesionales, voluntarios y familiares de pacientes, concluyendo con “mi felicitación a San Juan de Dios por la calidad de vuestra asistencia y por vuestra historia”. Por su parte, el delegado de Salud puso en valor “el trabajo que hacéis en San Juan de Dios, que es extraordinario. Hace 100 años ya estabais vosotros, antes de que se estructuraran los pilares sociales básicos, por tanto muchas felicidades por dejar esta estela de experiencia con los más necesitados y los más vulnerables”. Por su parte, la delegada de Inclusión Social resaltó que “una institución como la vuestra, con vuestro modelo centrado en la persona y con un abordaje integral de las problemáticas que a vuestra puerta llegan, ayuda a muchas personas a que su vida dé un cambio, a afrontar aquello que no sabían cómo afrontar”. La vicepresidenta de la Diputación quiso subrayar “que son muchas las personas y familias que habéis atendido en este centro a lo largo de un siglo. Y después de todo ese tiempo, la labor que aquí hacéis sigue siendo imprescindible e insustituible. Porque la salud mental es una cuestión de primer orden que debemos atender entre todos”.

Uno de los momentos más emotivos del acto llegó de la mano de un paciente de la Unidad de Salud mental desde hace 8 años, que tuvo unas palabras de agradecimiento para los profesionales que abanderan el valor de la Hospitalidad en este centro de San Juan de Dios, “por cómo se implican y por cómo nos tratan. He pasado por muchos sitios, pero es en este centro en el que me encuentro más estable”, ha explicado. Tras las intervenciones, los hermanos Jesús Etayo y Amador Fernández descubrieron la placa conmemorativa del centenario en la fachada del emblemático edificio de Nadales, lugar donde la Orden comenzó su labor asistencial en 1923.

En esta jornada, San Juan de Dios inauguró también una exposición fotográfica en el invernadero de los jardines del centro; un enclave privilegiado del que disfrutan usuarios y pacientes del centro y que en estos días acogerá esta exposición que revela imágenes de los primeros años del centro, un incipiente ‘Sanatorio San José’ que nació en el mes de marzo de 1923 para dar respuesta a la falta de atención psiquiátrica que existía en aquella época.

100 años atendiendo la Salud mental de muchos andaluces

La llegada de la Orden Hospitalaria a Málaga ocurrió mucho antes de la compra de los terrenos en los que actualmente se alza el Centro Asistencial San Juan de Dios. En el siglo XVII, apenas un siglo después de su origen en la vecina provincia de Granada, la Orden se establece en Málaga para atender a los enfermos en el Hospital Real de la Caridad hasta 1836. Sin embargo, tras la desamortización de Mendizábal, San Juan de Dios y, por tanto, su actividad sanitaria, social y sociosanitaria, desaparecen de la ciudad. 

Es en la década de 1920 cuando los hermanos adquieren los terrenos de la finca actual para instalarse de nuevo en Málaga y poder atender así una necesidad que requería de un abordaje integral en aquellos años: la salud mental. El modelo de atención de San Juan de Dios, centrado en la persona, en su dignidad y su contexto, unido al entorno natural en el que se encontraban, al confort de las instalaciones y a los tratamientos médicos de vanguardia situaron al Centro como una casa de reposo y curación de primer orden, habida cuenta de la experiencia adquirida por San Juan de Dios en el mundo de la psiquiatría contemporánea, al llevar ya años trabajando en los centros San Juan de Dios de Sant Boi de Llobregat (Barcelona) y Ciempozuelos (Madrid).

A lo largo de estos 100 años, conceptos tan importantes y obvios hoy en día como el de ‘hospital abierto’, ‘integración’ social y laboral de las personas con problemas de salud mental, o ‘desestigmatización’ de estos pacientes y usuarios por el hecho de padecer una enfermedad mental, son los que han regido la asistencia sanitaria y sociosanitaria de este centro de San Juan de Dios, situándolo como un hospital especializado referente en la psiquiatría moderna. Entre las unidades de Salud Mental y la atención residencial en discapacidad intelectual y psicogeriatría, actualmente el centro dispone de 300 plazas.

San Juan de Dios, una institución asentada en la ciudad de Málaga y su provincia

Además de este histórico centro para la institución en la ciudad, San Juan de Dios también dispone del Centro de Acogida en el casco urbano de Málaga, abierto desde 1991 para ofrecer una atención integral a personas sin hogar. Se trata de un dispositivo residencial al que llegan personas sin hogar derivadas por la Oficina de Apoyo a Personas sin Hogar «Puerta Única» del Ayuntamiento de Málaga y por las Entidades Miembros de la Red Local de Personas sin Hogar. Allí, los residentes reciben atención psico-social continuada y orientación, residencia con pensión completa y servicio de higiene, lavandería, vestuario y peluquería.

Desde el año 2015, la Orden lleva a cabo su labor asistencial con mayores en la Residencia San Juan de Dios de Antequera, donde ofrece atención residencial y los apoyos terapéuticos adecuados a personas en edad avanzada.

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«Al perder a mi marido, estar embarazada fue una bendición para mí»

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Ana Medina Pérez es malagueña, tiene 52 años y estudió Auxiliar de Enfermería, aunque no ejerce de ello. Es madre de cuatro hijos: dos chicos y dos chicas, “por repartir un poco la cosa”, bromea. En su último embarazo, se quedó viuda y hoy es voluntaria de Red Madre para acompañar a mujeres que se plantean el aborto y apoyarlas para que puedan seguir adelante con su embarazo.

Por más que intentemos imaginarlo, hasta que una mujer no está embarazada no descubre el sentimiento de la maternidad, ¿Cómo recuerdas aquellos primeros momentos?

Aunque yo he cuidado a mis cinco hermanos, especialmente a los cuatro pequeños, pensaba que no se podía querer a alguien tanto. Pero cuando te quedas embarazada por primera vez, algo en ti cambia. Es maravilloso cómo algo tan pequeño dentro de ti puede hacerte aflorar tantos sentimientos.

¿Te sentiste madre desde el primer momento que supiste que estabas embarazada?

Incluso desde antes. Antes de saber que estaba embarazada de mi primera hija, algo dentro de mí me lo decía, aunque fue una sorpresa, no lo puedo negar. Desde el primer momento la amé como nunca antes había amado. Una cosa tan pequeña y frágil se me había regalado para que yo fuera su madre. Te cambia la vida pero para bien, la Vida, en mayúsculas.

¿Cuáles fueron los momentos más importantes de tus embarazos?

Todos mis embarazos han sido peculiares, pero siempre una alegría. Han venido en el momento oportuno para mí. Aunque en esta sociedad parece que nunca es el momento adecuado para estar embarazada. Después de tener a mi primera hija, nunca nos planteamos tener o no tener más, lo que Dios quisiera. De hecho, le dije a mi esposo: “confía, Dios te dará los hijos cuando tu corazón lo desee”. No sé por qué le dije eso, pero lo hice. Después de casi tres años, él ya pensaba que no tendríamos más porque no me quedaba embarazada. Cuando le dije que lo estaba de nuevo, no se lo creía y se sonrió, por eso mi segundo hijo se llama Isaac, “sonrisa de Dios”.

¿Y después?

Tres años después de él, vino también otro embarazo, pero algo pasó. En la primera revisión su corazón no latía, y al saberlo, sentí que el mío tampoco. Me quedé sin palabras. Me recomendaron ir al hospital para hacerme un legrado, pero yo me esperé. Algo dentro de mí decía que mi hijo estaba vivo. Y así fue. Nació mi tercera hija, la más grande y gordita de todos. Luego tuve dos abortos, y es de las experiencias más tristes de mi vida. Uno de ellos, de casi cinco meses y medio. Tuve que parirlo. Un hijo muerto. Ninguna madre está preparada para eso.

Y luego vino el cuarto…

Sí. No nació en unas circunstancias muy favorables, porque cuando estaba embarazada de casi cinco meses, tras muchos problemas médicos, hemorragias e ingresos, mi marido tuvo un accidente de tráfico y murió. Recuerdo el día del entierro. En el cementerio, todo el mundo miraba mi barriga y pensaba en mis otros tres hijos, de nueve, seis y tres años. Me miraban como diciendo “pobrecita”. Pero yo no sentí pena de mí misma. No entré en el lamento ni un segundo. Estar embarazada, en ese momento, fue lo mejor para mí, una bendición. Los que no tienen fe verían algo horrible, yo veía algo bueno para mi vida. Mi pequeño José, dentro de mí, me necesitaba más que nunca, así que nada de tristeza. Después vendrían años duros, pero en ningún momento fue triste para mí estar embarazada en el momento en que murió mi esposo. Lo más importante de mi vida, lo mejor que me ha pasado, es ser madre de mis cuatro hijos. Eso me llevó a ser voluntaria de Red Madre, asociación dedicada a acompañar a mujeres que, por diversas circunstancias se plantean abortar y apoyarlas para que puedan seguir adelante con su embarazo. Desde allí me dedico a acompañar a otras mujeres y decirles que nunca es un mal momento para estar embarazada. Con mi propia vida, puedo decirlo a boca llena.

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«Llamados a encontrarnos. Ser humanos en un tiempo inhumano», nuevo libro de Francisco Castro

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo.

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«Contigo por la vida, siempre»

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Mensaje de los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida para la Jornada por la Vida, el sábado 25 de marzo, solemnidad de la Anunciación del Señor.

Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida “invitan a acompañar la vida humana, la vida de cada persona, en todas las fases de su existencia, desde su concepción hasta su muerte natural, aumentando los cuidados cuando la vida es más vulnerable”. Y enumeran las vidas “que deben ser acompañadas”.

En primer lugar, señalan “al inicio de la vida”. Los obispos afirman que “plantear que eliminar una vida humana pueda ser solución para algún problema es una grave equivocación, como ocurre en el caso de un embrión o un feto en el seno de su madre”. Por eso, “las leyes que promueven y amplían el supuesto «derecho al aborto» son absolutamente injustas porque “legalizan la muerte de personas inocentes e indefensas”.

Los prelados reclaman “una serena reflexión” que “vaya a las raíces del problema y busque alternativas reales para que las madres que afrontan, muchas veces en soledad, un embarazo no deseado no tengan que recurrir al aborto”.

También piden acompañamiento para los refugiados e inmigrantes “que llegan a nuestras fronteras, la mayoría de las veces en condiciones tan trágicas”. Recuerdan las palabras del papa Francisco en Fratelli tutti: “Nunca se dirá que no son humanos, pero, en la práctica, con las decisiones y el modo de tratarlos, se expresa que se los considera menos valiosos, menos importantes, menos humanos. Es inaceptable que los cristianos compartan esta mentalidad y estas actitudes, haciendo prevalecer, a veces, ciertas preferencias políticas por encima de hondas convicciones de la propia fe: la inalienable dignidad de cada persona humana más allá de su origen, color o religión, y la ley suprema del amor fraterno”.

En la enfermedad mental pues ante el “alarmante” aumento de suicidios, especialmente entre los más jóvenes, es “un tema que merece ser considerado con hondura”. Los obispos ofrecen la colaboración de la Iglesia para afrontar el tema y manifiestan su deseo de “estar cerca de los familiares y amigos de las personas que se han suicidado, acogiendo y acompañando con respeto su dolor”.

En la ancianidad porque “en una sociedad del descarte y la desvinculación, los mayores siempre tienen mucho que perder” y es necesario “un planteamiento en el que las personas mayores sean protagonistas” y “crear cauces para escuchar su voz y para darles espacio en la vida de la Iglesia y de la sociedad”.

Y al final de la vida, cuando la vida humana “en muchas ocasiones vuelve a ser frágil” y “la gran tentación consiste en buscar falsas vías, que pretenden eliminar el sufrimiento, cuando lo que están haciendo es acabar con la vida de la persona”. Por eso, una vez más, “manifestamos nuestro rechazo a la ley que regula la eutanasia y pedimos la aprobación de una ley integral de cuidados paliativos, dotada de los recursos necesarios, para acompañar de manera verdaderamente humana a las personas en la fase final de su vida”.

Los obispos continúan su mensaje aportando algunas propuestas de acción porque “el análisis realista de la situación” en lugar de “llevarnos al pesimismo” debe “comprometernos en la transformación de este mundo al cual Dios ama tanto”.

En primer lugar, “conscientes de la magnitud del desafío, debemos promover la oración por la defensa de la vida humana”. En segundo lugar, proponen el testimonio personal. Cada fiel cristiano está llamado a dar “testimonio del amor verdadero con palabras y con obras”. En tercer lugar, exhortan a los laicos a comprometerse y acompañar a las personas que deben ser, especialmente, acompañadas.

Los prelados terminan su mensaje pidiendo a “María Santísima, Madre de la Vida, que infunda en nosotros un amor concreto y creativo para instaurar la cultura de la vida, acompañando y acogiendo a cada persona”.

Mensaje íntegro aquí

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«El 11 de agosto de 2011 se paró su corazón y aún hoy se sigue encogiendo el mío»

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El 25 de marzo, fiesta de la Encarnación del Señor, se celebra la Jornada por la Vida. Con este motivo, bajo el lema «Minuto 1», publicamos diversos testimonios de madres que han vivido diferentes situaciones vitales. Raquel Cueto explica lo que sintió ante la pérdida de un bebé en camino.

Por más que intentemos imaginarlo, hasta que una mujer no está embarazada no descubre el sentimiento de la maternidad, ¿cómo recuerdas esos primeros momentos?

Recuerdo esos primeros momentos con una gran felicidad. Es verdad que cada embarazo es un mundo y con cada uno de ellos te encuentras en un momento vital diferente, tú misma eres diferente. No viví igual el primer embarazo que el quinto. Pero sí hay algo que unificaría a todos ellos y es la palabra FELIZ. Una felicidad que no se puede describir porque no se parece a nada y, además, lleva añadida muchas connotaciones, entre ellas los miedos y preocupaciones; sin embargo no restan ni un ápice a la felicidad. Es una maravillosa sensación que no puedo igualar a nada. Sentir que algo tan pequeño crece dentro de ti, que te acompaña todo el día, que es parte de ti… es increíble. No puedo decir que el camino sea del todo fácil porque estaría mintiendo. Los temores a que no vaya bien, el sentido de responsabilidad, y mil y un otros sentimientos también están contigo. ¡Cuántas veces habré levantado a mi marido en mitad de la noche para decirle que el bebé se movía menos o que no lo notaba! En fin, menos mal que las hormonas vuelven a su ser. Pero, pese a todo, me siento una verdadera privilegiada por ese regalo, el regalo preciado de la vida. 

¿Te sentiste madre desde el primer momento que supiste que estabas embarazada?

Creo que la palabra o el sentimiento de madre va mucho más allá del saber que estás embarazada. De hecho, creo que al principio ni se me pasó por la mente. Lo que sí puedo decir es que he amado a mis hijos desde el primer momento de saber que estaba embarazada, desde el instante en que vi esas dos rayitas y que ese enamoramiento primero no pasa, pase lo que pase. La felicidad de llevar a otra vida en mi interior, conmigo, acompañándome y dejándome acompañarla en el inicio de su vida es tan maravilloso que, al menos yo, em ese primer momento, no fui consciente de que iba a ser madre. Creo que la palabra madre engloba muchísimos aspectos que no son exclusivos del embarazo y, por otro lado, el hecho de estar embarazada no te convierte en madre y al revés, sin estar embarazada puedes ser madre. La maternidad es una carrera de fondo donde intervienen muchos factores. Yo he aprendido y sigo aprendiendo a ser madre todos y cada uno de los días. Mis hijos me enseñan a ser cada día mejor madre y persona, me hacen ponerme delante de mis debilidades y miserias para querer ser mejor y darles la mejor versión de mí misma y, sobre todo, me enseñan que su amor es incondicional e incluso en mis momentos de poca paciencia, de no atenderles como necesitan, yo soy su mejor madre. 

Pero no todos los embarazos llegan a término y son muchas las madres que han vivido la pérdida de un hijo antes de su alumbramiento. Ese fue también tu caso, ¿no es así?

Ese es otro sentimiento que no he podido olvidar. Recuerdo el momento exacto, recuerdo lo que estaba haciendo, y el tiempo que pasó desde el inicio del sangrado hasta el desenlace. Lo recuerdo de una manera muy vívida. Ese vacío tiene un huequito en mi corazón y ahí va a estar siempre. Fue como todos, un hijo muy deseado, y recuerdo que empecé a sangrar a la novena semana, cuando nos preparábamos para acompañar a casi 100 personas al campamento de la pastoral juvenil de nuestra parroquia. Las casi dos semanas siguientes fueron un encontrarme con el Señor todos los días y todos los minutos y ponerme en sus manos, sabiendo que era lo único que podía hacer. El 11 de agosto de 2011 se paró su corazón y aún hoy, cuando van a hacer 12 años, se me sigue encogiendo el corazón y se me saltan las lágrimas al revivirlo. Lo viví con mucho sufrimiento a pesar de estar muy acompañada, y con mucha lucha interior por no entender lo que estaba pasando y el por qué. 

Eres madre de cuatro hijos, médico de profesión, conoces el inicio de la vida por tu formación y por tu experiencia, ¿qué fue lo que más te ayudó a superar esa pérdida?

He de reconocer que me costó superarlo y volver a ser yo de manera plena. Me faltaba algo, tenía un vacío en mi corazón que no entendía y durante un tiempo me sentía culpable, a pesar de que mi mente científica y mi yo espiritual me decían que no. Pero frente a eso se cuelan en tu corazón los miedos y reproches que intentan convencerte de que todos los demás están equivocados. Sólo desde la oración, sólo desde el encuentro personal con el Padre en el que te sientes Hija querida y amada es como logré dejarme consolar, dejar entrar la esperanza del reencuentro, la paz de que no todo acaba con la muerte y poder continuar. Mi marido, mis hijos, amigos, comunidad, familia… todos estaban ahí, pero es un camino que tuve que recorrer sola, en esa soledad acompañada que tenemos cuando dejas entrar a Dios en tu historia. 

En esta Jornada por la Vida que nos ofrece la Iglesia, ante el debate y las nuevas leyes sobre aborto y vida en nuestra sociedad, y desde tu experiencia, ¿qué reflexión te surge?

Que la vida es un regalo maravilloso del que no somos dueños. Que todas las decisiones tienen trascendencia y que, en estos términos, te diría que puedo llegar a entender situaciones de sufrimiento que puedan llenarte el corazón de sentimientos que te convenzan de que no hay más opciones pero que, a pesar de que no lo hayas tocado aún, que no lo hayas olido, que no hayas sentido su fragilidad en tus brazos, la pérdida es brutal y te acompañará el resto de tu vida independientemente de tus creencias religiosas. Es algo interno, inexplicable que, en algún momento de la vida, antes o después, tocará a tu puerta y no se irá. Creo que las leyes deben protegernos a todos, a los no nacidos, pero también a nosotras. Creo que hay defender la dignidad de la vida de cada persona, desde su origen hasta el final de la vida. La historia nos enseña que cada vez que el ser humano se ha cuestionado la dignidad o el valor de ciertas vidas humanas, por distintos motivos, se ha equivocado. Y creo que este tipo de leyes no te cuentan lo que viene después: el sufrimiento por una pérdida, ni las consecuencias para tu vida. 

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Lo nuestro es vivir

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Dios nos ha elegido para vivir. Nos ha llamado a vivir. Nos ha puesto sobre la faz de la tierra para vivir. Desde el minuto uno. Cuando fuimos engendrados.

Vivir con la conciencia de que hemos sido engendrados para existir es un desafío grande. Máxime en una sociedad en la que se promueve y amplía una legislación que no protege la vida, sino que la descarta amparándose en un argumentario que justifica el ejercicio de la libertad, sin contemplar el respeto por ella desde el primer momento de su concepción hasta la muerte natural.

La dignidad de la vida humana, que estamos llamados a proteger, custodiar y salvar, es incuestionable, por tanto, debemos centrarnos en la vida y dejar vivir. ¿El motivo?  Desde el primer momento de la concepción hay un ser humano vivo, desde la fe hijo o hija de Dios; por tanto, nadie debería arrogarse el derecho a segar la vida humana.

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Rosario Aguilar: «En Cáritas Cómpeta tenemos claro nuestro compromiso social y político»

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NoticiaLa Caridad tiene Voz

Rosario Aguilar, Cáritas Cómpeta

Publicado: 20/03/2023: 39

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Tu Cáritas Más Cercana

Rosario Aguilar, miembro de la Cáritas parroquial de Cómpeta, explica cómo, desde hace más de 30 años, se implican con los más necesitados, teniendo claros su compromiso social y político. Aquí pueden escuchar el podcast.

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