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Sábado Santo en espera de la Vigilia Pascual

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En la Vigilia pascual se conmemora la noche santa en la que el Señor resucitó. Durante la misma la Iglesia espera  la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la Iniciación Cristiana. Por eso se considera “la madre de todas las santas vigilias”. El Obispo Álvarez la preside a las 22 horas en la Catedral.

Mientras el Sábado Santo es una jornada de esperanza junto a María.  Todas las parroquias de la diócesis, mientras, se preparan para la Gran Noche de la Vigilia Pascual. Desde la puesta del sol, con la llegada de la noche, para la Iglesia ya será el Gran Domingo, el día de la Resurrección del Señor.

¿Cuál es el significado del carácter nocturno de la Vigilia pascual?

La Vigilia pascual nocturna durante la cual los hebreos esperaron el tránsito del Señor, que debía liberarlos de la esclavitud del Faraón, fue desde entonces celebrada cada año por ellos como un “memorial”; esta Vigilia era figura de la Pascua auténtica de Cristo, de la noche de la verdadera liberación.

Desde su comienzo, la Iglesia ha celebrado con una solemne Vigilia nocturna la Pascua anual. Precisamente la Resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza, y por medio del Bautismo y de la Confirmación somos insertados en el misterio pascual de Cristo, morimos con Él, somos sepultados con Él, y resucitamos con Él, para reinar con Él para siempre. Esta Vigilia es también la espera de la segunda venida del Señor.

Es la noche de la verdadera liberación, en la cual “rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo”.

La Vigilia pascual se desarrolla en cuatro partes: el lucernario y el pregón pascual forman la primera parte de la Vigilia. En la segunda parte la santa Iglesia contempla a través de la liturgia de la Palabra, las maravillas que Dios ha hecho en favor de su pueblo desde los comienzos. En la tercera parte, tiene lugar la liturgia bautismal o, si no hay bautizos, la renovación de las promesas del bautismo. Finalmente, la comunidad es invitada a la mesa, preparada por el Señor para su pueblo, memorial de su Muerte y Resurrección, en espera de su nueva venida (cuarta parte).

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La Cruz del Señor, centro de las miradas de los jiennenses en este Viernes Santo

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El Viernes Santo ha comenzado, en la Catedral, con el rezo solemne de Laudes. Ya por la tarde, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, ha presidido la celebración de los Santos Oficios de este Viernes Santo, en la Catedral de Jaén. Una ceremonia solemne, pero con el templo en penumbra, y marcada por la sobriedad en la ornamentación del presbiterio y la mesa de altar desnuda ante la muerte del Crucificado.

Don Sebastián ha estado acompañado por miembros del Cabildo catedralicio y por los seminaristas. Al llegar al presbiterio, el  Prelado y dos canónigos se han postrado ante el altar. Los demás concelebrantes, seminaristas y pueblo fiel se han arrodillado.

Las lecturas han sido participadas por miembros de la Cofradía de la Buena Muerte y el salmo por el seminarista José Extremera.

Después, el relato de la pasión y muerte de Cristo ha sido cantado por el canónigo D. Emilio Samaniego y los seminaristas Jesús Alonso y Daniel Cano.

Homilía
El Obispo ha realizado su predicación sentado y sin mitra. Ha comenzado recordando que «el cristianismo no nace ni se apoya en una idea o en un mensaje, sino en un acontecimiento: en lo que le sucedió a Jesús, y muy especialmente en su muerte y resurrección».

Asimismo, Don Sebastián ha subrayado que nosotros «miramos la Cruz desde la alegría de la resurrección, comprendiéndolo ya todo y sabiendo que aquel había sido el camino querido por Dios para su siervo Jesús». Para añadir: «Hoy no es un día de muchas palabras. Hemos escuchado sobrecogidos el relato de la pasión y muerte del Señor. Estamos conmovidos, asombrados de este misterio de inmenso amor que es el misterio de Dios».  

Del mismo modo ha recordado que «Jesús levantado en la Cruz es la gran manifestación del amor y del perdón de Dios, es nuestra victoria sobre el poder del mal y la seducción de todos los pecados, es la esperanza de la salvación y de la paz para todos los que lo invocan con fe y con amor». En este sentido ha insistido en que «este día está centrado en la Cruz del Señor. Es el centro de nuestras miradas. Y en cierto modo, de la humanidad entera, porque allí murió por la salvación de todos y asumió en sí mismo todo el dolor de la humanidad a lo largo de los siglos. La Cruz se ha convertido en fuerza de Dios, sabiduría de Dios, victoria de Dios».

El Prelado jiennense, además, ha apelado a la adoración y gratitud de los cristianos, de manera particular, en este Viernes Santo: «Que nuestra actitud, la actitud de todo nuestro ser, especialmente en este día, sea la de “adoración” y la de una enorme “gratitud”, pues es muy grande el precio que Él ha pagado”».

Adoración de la Cruz
Uno de los momentos de más recogimiento ha sido la adoración a la Cruz. Desde el coro, el Rector del Seminario y Canónigo, D. Juan Francisco Ortiz, junto a dos seminaristas han llevado hasta el presbiterio la Cruz para ser venerada. Se trata del Cristo de la Misericordia, una talla de Gutierre Gierero del siglo XVI.

Mientras se acercaban al presbiterio, han pronunciado tres veces, “Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavado la salvación del mundo”. Posteriormente, el Obispo se ha descalzado y se ha postrado ante la Cruz para adorarla. Más tarde presbíteros, seminaristas y pueblo fiel han pasado delante de la cruz para venerarla o bien tocándola y santiguándose a continuación; con una genuflexión; o con una inclinación profunda. Después se ha dado la Comunión de la reserva de ayer.

Bendición secular
Al concluir la celebración litúrgica se ha llevado a cabo una de las tradiciones particulares de la Iglesia de Jaén. El Obispo ha subido hasta los balcones de la Catedral para bendecir a los jiennenses y los campos con el Santo Rostro, desde los cuatro puntos cardinales.

Mañana la Catedral acogerá la Solmene Vigilia Pascual a las 22.30 horas, presidida también, por Monseñor Chico Martínez.

Galería fotográfica: «Viernes Santo»

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El Obispo de Huelva asegura que «la libertad de expresión no puede ofender la fe de los católicos que expresan en su amor y devoción a la Santísima Virgen del Rocío»

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El Obispo de Huelva asegura que «la libertad de expresión no puede ofender la fe de los católicos que expresan en su amor y devoción a la Santísima Virgen del Rocío»

El pasado martes 4 de abril, Martes Santo, en el programa ‘Està passant’ de TV3 apareció una actriz ataviada como la Virgen del Rocío con un muñeco de bebé en brazos simulando al niño Jesús.

El obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez, asegura al respecto que la libertad de expresión “no puede ofender las creencias religiosas, tampoco de los católicos rocieros. El derecho a la libertad de pensamiento y expresión, reconocido en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, no puede implicar el derecho de ofender el sentimiento religioso de los creyentes. Principio que vale obviamente para cualquier religión.”

“La convivencia humana -continúa exponiendo- exige un clima de mutuo respeto para favorecer la paz entre nosotros. La crítica y la burla de los católicos demuestran una falta de sensibilidad humana y puede dar lugar a provocaciones indeseables.”

Por último, el obispo de la diócesis onubense sentencia asegurando que “no es ese el camino para trabajar por curar las heridas que puedan existir en nuestra convivencia.

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“Orientemos nuestra mirada y nuestro corazón hacia el Crucificado en este Viernes Santo”

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“Orientemos nuestra mirada y nuestro corazón hacia el Crucificado en este Viernes Santo”

“Esta expresión que encontramos en el relato de la pasión según san Juan, la volvemos a descubrir en el último libro del N.T. Apocalipsis: “Mirad: viene entre las nubes. Todo ojo lo verá, también los que lo traspasaron” (Ap 1,7ª). Es la invitación a contemplar al que murió en la cruz, que es el mismo que vendrá como juez del mundo al final de la historia.”

De esta manera comenzaba Mons. Santiago Gómez la homilía de la Misa de celebración de la Pasión y muerte del Señor en la Santa Iglesia Catedral. El obispo de Huelva continuaba asegurando que la litúrgica de este Viernes Santo “nos invita a mirar al Crucificado. La Cruz velada se va a descubrir a los ojos de la asamblea de los fieles, con esta llamada: Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo.”

“Uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua”

“El Evangelio -ha continuado explicando- subraya la solemnidad de este hecho y el testimonio del que lo cuenta, haciendo como un juramento. ¿Cómo entender el significado de este hecho? Los Padres de la Iglesia lo han relacionado con el relato de la creación de Eva a partir de la costilla de Adán: “Entonces el Señor Dios hizo caer un letargo sobre Adán, que se durmió; le sacó una costilla … Y el Señor Dios formó, de la costilla que había sacado de Adán, una mujer, y se la presentó a Adán. Adán dijo: “Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! (Gén 2,21-23). La relación entre el varón y la mujer por la cual son uno del otro y uno para el otro, este modo del hombre y de la mujer se recrea en el Calvario.”

El Crucificado con el costado abierto nos revela la humanidad auténtica

Resaltaba Mons. Santiago Gómez Sierra que “Cristo muerto, abierto su costado por la lanza, nos revela la verdadera forma de ser hombre, saliendo de sí hacia el Padre y hacia los hombres. No ha querido vivir solamente para sí mismo, no ha puesto la conservación de su vida por encima de todo lo demás; sino que su vida ha sido hacer la voluntad del Padre: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió” (Jn 4,34); y darnos a nosotros vida en abundancia: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10ª).”

“Jesús es el hombre verdadero, el que nos muestra la verdadera humanidad, aquel hacia el cual tiene que encaminarse la condición humana de todos nosotros a fin de llegar a su propia autenticidad. Llegar a ser cristiano es llegar a ser hombre. El costado abierto del Crucificado es el punto de partida de la verdadera condición humana: mirarán a al que traspasaron”, ha subrayado.

Miremos la Cruz y seamos testigos de Cristo Crucificado

Finalmente, D. Santiago ha invitado a orar ante la Cruz de Jesús. “Orientemos nuestra mirada y nuestro corazón hacia el Crucificado en este Viernes Santo.

“Seamos testigos de esta forma de vivir, y así mostremos su rostro a un mundo que evita la mirada de Dios, que ve la Cruz como un signo inútil y, a veces, la elimina de los espacios públicos. Este es nuestro servicio para con todas las personas, porque todos nos encaminamos al juicio del Crucificado, hacia la hora en que nadie podrá sustraerse a su mirada”, finalizó.

Concluida la homilía, se ha llevado a cabo la oración universal que en el día de hoy ha tenido un formato muy solemne y en la que se ha pedido por la Iglesia y la unidad de sus miembros, por la conversión y evangelización de los no cristianos, los gobernantes de las naciones y los atribulados, subrayando de esta manera que el fruto del sacrificio del Señor es universal. 

A continuación, se ha adorado la Cruz como signo del triunfo de la donación y del amor supremo de Jesús. Para ello, un grupo de hermanos de la conocida como Hermandad de los Judíos, cuya sede canónica es la parroquia de Ntra. Sra. de La Merced, han portado en hombros la sagrada imagen del Cristo de Jerusalén y Buen Viaje al canto del diánoco: “Mirad el Árbol de la Cruz donde estuvo clavado la Salvación del mundo, ¡venid a adorarlo!”.

Puesto a los pies del presbiterio, los fieles se han ido acercando con un gesto de adoración y depositando su donativo en la bandeja a sus pies cuya colecta va dirigida, en esta tarde de Viernes Santo, para la Custodia de los Santos Lugares.

El altar, totalmente desnudo en este Viernes Santo, se ha vestido sencillamente con el mantel blanco para la comunión, trasladado el Santísimo desde el majestuoso monumento en el que se había hecho la reserva a la conclusión del santo oficio del Jueves Santo.

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Así se ha vivido la Celebración de la Pasión del Señor

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Tras el comienzo del Triduo Pascual con la Misa de la Cena del Señor, la Santa Iglesia Catedral ha acogido hoy Viernes Santo a las 13hrs la Celebración de la Pasión del Señor, presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. Tras esta celebración, mañana Sábado Santo culminaremos el Triduo Santo con la celebración de la Vigilia Pascual a las 23hrs.

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Viernes Santo, en la Muerte del Señor. Ciclo A. 7 de abril de 2023

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Viernes Santo, en la Muerte del Señor. Ciclo A. 7 de abril de 2023

La muerte de Jesús está llena de contradicciones y nadie esperaba tiempo atrás un final así. Su forma de vida y su mensaje cada vez fue menos entendido y más provocador para unos poderes que se unen en su contra.

Los evangelios relatan un suceso que se fue contando con matices diferentes para las distintas comunidades cristianas primitivas, pero que tiene una base común y anterior que es fruto del testimonio de quienes lo vivieron de manera presencial.
Jesús termina su vida de la peor de las maneras y de la menos sospechada para alguien en quien el pueblo confiaba y consideraba el Mesías esperado.
Su rostro es el de un Dios que por amor a la humanidad lo ha dado todo y cuyo Hijo se ha convertido en el Siervo anunciado por los profetas.

DESARROLLO
Desde que nacemos, los humanos estamos predestinados a morir. La forma de morir es lo que será diferente. Solo Dios es considerado inmortal para todos los creyentes de las principales religiones. Por consiguiente, que un hombre muera, aunque sea en plena juventud y de manera injusta, es aceptable. Pero un hombre que se ha podido considerar el Mesías, y más aún, el Hijo de Dios, si muere, y encima lo hace en una cruz, con todo el mensaje de derrota y fracaso que transmite un final así, es un fraude. Por eso la muerte de Jesús no se entendió, y tanto él como su mensaje y sus promesas se quedaron a la altura de una gran mentira.
No cabe duda que Jesús termina siendo un personaje controvertido e incomprendido y que todo ello le hace quedarse solo, abandonado de todos y con muchos frentes de enemistad abiertos, los cuales, al unirse, lo derrotan para silenciarlo de manera definitiva.
Los evangelios aseguran su arresto y ejecución, y, aunque cada uno de ellos lo expresa con detalles e informaciones que los hace diferenciarse entre ellos, hay evidencias de una base o información más primitiva y común aportada por quienes fueron testigos visuales de lo acaecido.
Esta muerte histórica se nos cuenta después del desenlace de la resurrección y con una reflexión teológica que posteriormente hace la Iglesia naciente, dándole un sentido nuevo y desde la fe a aquél que murió sacrificado por el perdón de los pecados y por la salvación de la humanidad, y que el Padre lo ha devuelto a la vida, y una vida nueva.
En su momento nadie esperaba un final así. El nazareno ha sufrido lo insoportable. Ha sentido el dolor físico de un cuerpo que se ha ido rompiendo poco a poco y tortura tras tortura. Ha sentido la traición, el abandono, el desprecio y la soledad existencial que tanto duele y que nos deja tan vulnerables. Y hasta ha experimentado el silencio de un Dios que no lo ha defendido ni lo ha salvado de las garras del odio, la persecución y la muerte.
Aún así, esta estampa del crucificado, ha enamorado y llevado a la fe a quien todo lo sucedido se lo ha explicado desde el amor de alguien que, por amor inefable y hecho obediencia, ha sido fiel hasta las últimas y peores consecuencias: perdiéndolo todo y dándolo todo.

Emilio José Fernández, sacerdote

http://elpozodedios.blogspot.com/ 

 

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«Del Pesebre a la Cruz», Carta Pastoral del obispo de Guadix para la colecta por los Santos Lugares en el Viernes Santo

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3 de abril de 2023

 

Los Lugares Santos son el origen de la fe cristiana: allí nació, vivió, murió, resucitó y subió al cielo Nuestro Señor Jesucristo. Y, cada «Viernes Santo sentimos resonar la historia de la Pasión del Señor. Entre los signos que acompañan a a la muerte de Jesús, se narra que «La cortina del templo se rasgó de arriba abajo en dos partes, la tierra tembló y se hendieron las rocas» (Mt 27,51-52). Justo cuando la humanidad se estaba recuperando lentamente de las consecuencias de la pandemia tuvimos que asistir, hace todavía pocas semanas, a las graves perturbaciones provocadas por el terrible terremoto» del pasado 6 de febrero que ha afectado a los cristianos en Turquía, Siria y también en Jerusalén, como expresa Mons. Claudio Gugerotti, prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales. Asimismo, este explica que la Colecta para Tierra Santa «nace del deseo de los Pontífices de mantener un fuerte vínculo entre todos los cristianos del mundo y los Santos Lugares. Es la principal fuente de sustento de la vida que se desarrolla en torno a los Santos Lugares y el instrumento que la Iglesia se ha dado para estar al lado de las comunidades eclesiales de Oriente Medio».

 

Los Franciscanos, además, en este año 2023 y el próximo 2024, quieren celebrar con el lema «Del Pesebre a la Cruz» la vinculación de San Francisco de Asís con el nacimiento de Jesús en Belén y su muerte en el Calvario de Jerusalén: Encarnación, Nacimiento y Pasión que San Francisco vivió intensamente y que revivimos cuando visitamos las piedras de la memoria de Nuestro Señor Jesucristo que son el «Quinto Evangelio». Con la llamada

«Colecta por Tierra Santa» que hacemos dentro de la liturgia del Viernes Santo al Custodia Franciscana puede salvaguardar los Santos Lugares y fomentar la presencia cristiana, piedras vivas de Tierra Santa, a través de numerosas actividades de solidaridad, como el mantenimiento de estructuras pastorales, educativas, sanitarias y sociales. En concreto, gracias a esta Colecta reciben ayuda Jerusalén, Palestina, Israel, Jordania, Chipre, Siria, Líbano, Egipto, Etiopía, Eritrea, Turquía, Irán e Iraq. Y, este año, también se destinará a ayudar a esos cristianos de esos países de Tierra Santa que han sufrido las consecuencias del terremoto.

 

Para reflejar mejor la aportación de toda la Diócesis, dado que esta colecta Pontificia es imperada, las colectas deben ingresarse, como suele hacerse habitualmente indicando la parroquia o institución y localidad, en la cuenta de colectas del Obispado, desde donde se remitirá lo recaudado inmediatamente a sus destinatarios

 

Con ocasión de esta celebración, animo a todos a rezar por los hermanos cristianos que todavía hoy viven en esa Tierra Santa, marcada lamentablemente por sufrimientos y conflictos, para que Dios les conceda la fortaleza en la fe, la esperanza en las dificultades y la paz.

 

Recibid mi afecto y mi bendición. ¡Feliz Pascua!

 

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar, Obispo de Guadix

 

Cientos de jiennenses han participado, este Jueves Santo, en la Cena del Señor

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Jueves Santo, día del amor fraterno, que reluce más que el sol, e inicio del Triduo Pascual, celebración principal de los cristianos. Durante tres días, el Obispo presidirá las celebraciones en la Catedral en las que rememorará, junto al pueblo fiel, el misterio de la redención.

El Obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez, que por la mañana presidía en la Prisión Provincial el lavatorio de los pies, participaba, por la tarde en la Cena del Señor en la Catedral jiennense.

Una celebración que daba comienzo a las 7 de la tarde con la llegada hasta la Puerta del Perdón del Prelado. Los seminaristas, que participan como comunidad en el Triduo Pascual, ofrecían para besar el Lignum Crucis al Prelado jiennense antes de adentrarse en el Templo.

Las lecturas han estado participadas por miembros de la Cofradía de la Buena Muerte y el salmo cantado por uno de los seminaristas. El Evangelio fue proclamado por el Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz.

El acompañamiento musical corrió a cargo del grupo litúrgico musical, EscuchArte.

En la homilía

El Prelado jiennense ha comenzado su predicación explicando las lecturas proclamadas. En este sentido ha abundado en la idea del gran don de la Eucaristía: “de la cena del Señor en la noche que iba a ser entregado. Él es ese cordero inocente con cuya sangre teníamos que ser liberados del poder del maligno y de la carga de nuestros pecados. Su cuerpo clavado en la cruz y su sangre derramada son el signo y el sello de la alianza definitiva de Dios con nosotros”. A lo que ha añadido, “Con su mansedumbre, su fortaleza, su fidelidad inquebrantable, Jesús mantiene la comunión con el Padre, desde la debilidad de nuestra carne, a pesar de todas las tentaciones y todos los sufrimientos. Desde aquel momento, su alma y su cuerpo, unidos irrevocablemente al Padre celestial, se convierten en pan de vida y en cáliz de salvación para todos los que se acerquen a Él. “Esto es mi cuerpo entregado por vosotros”. “Este es el cáliz de la eterna alianza en mi sangre”.

Del mismo modo, ha querido profundizar en el significado de este día del amor fraterno, el que llevó a Cristo a entregar la vida por sus amigos: “El amor santo y verdadero, el amor fiel y generoso, ese amor que viene de Dios y nos acerca a Él, es un amor humilde, un amor servicial, sacrificado, un amor que cura todo resentimiento, un amor que nos limpia de las falsas ambiciones, un amor que nos mueve a servir y a ayudar a nuestros hermanos, aunque sea a costa de nosotros mismos”.

 Para finalizar su homilía y antes del lavatorio de los pies, Don Sebastián animó a los fieles a ser hombres y mujeres eucarísticos y de paz. “La Eucaristía, la comunión eucarística, la presencia sacramental de Cristo en el Sagrario, son fuentes continuas de esta humanidad nueva, santificada por el amor de Dios, vencedora del pecado, testigo elocuente de la presencia de Dios en el mundo y del valor supremo de su amor como fuente de vida y garantía de nuestra paz. Seamos una Iglesia eucarística para ser una Iglesia santa, una Iglesia convincente, seamos una Iglesia eucarística para ser capaces de vencer el odio y de transformar el mundo de las rivalidades y los egoísmos en un mundo de respeto, de justicia y de paz”.

Lavatorio de los pies

Un gesto de servicio; un gesto de amor y de entrega a los hermanos y a la Iglesia, el que cada Jueves Santo hace el Obispo rememorando ese primer lavatorio de los pies de Jesús a sus discípulos. Recordando el Evangelio de Juan, que se había proclamado, Don Sebastián, despojado de sus atributos de obispo: la mitra, el pectoral, la casulla y el anillo, se ha ceñido una toalla a la cintura y con una jofaina ha lavado, besado y secado los pies de un grupo de doce personas. Entre ellos, seminaristas, sacerdotes y pueblo fiel que participaban en los oficios.

Monumento

Al concluir la Eucaristía, se realizó la reserva del Santísimo. Los seminaristas abrían la procesión con la cruz y los ciriales. A continuación, los concelebrantes, con velas que abrían paso al Cordero Eucarístico. El Obispo, con la reserva eucarística, bajo palio cerraba el cortejo. Desde el Altar Mayor del templo Catedral, se dirigieron, acompañados por un numeroso grupo de fieles, hasta la Cripta del Sagrario, allí estaba instalado el Monumento. Tras proceder a la reserva del Santísimo, el Obispo se arrodilló ante Él, y se hicieron unos minutos de silencio y adoración, que concluyeron con el cántico Tantum Ergo.

De nuevo, en procesión, el Pastor del Santo Reino, junto con el resto de los canónigos, seminaristas y concelebrantes regresaron a la Catedral, concluyendo así la Cena del Señor del Jueves Santo.

La Cripta permanecerá abierta para que sea lugar de oración y acompañamiento al Señor que se entrega por la humanidad.

Este Viernes Santo, en el que se celebrará el oficio de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, dará comienzo a las cinco de la tarde en la Catedral. Al concluir, tendrá lugar la secular costumbre de la bendición con el Santo Rostro desde los balcones de la Catedral a toda la ciudad, sus gentes y sus campos.

Galería fotográfica: «Jueves Santo 2023»

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VIERNES SANTO: “La cruz no está de moda”, por Javier Torres

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El Viernes Santo es una de las fechas más importantes del calendario litúrgico cristiano, se conmemora la Pasión y Muerte de Jesucristo en la cruz. Es un día de silencio y reflexión, que invita a la oración, y en el que no se celebra la Eucaristía. En su lugar, se proclama la Pasión del Señor y se hace la Adoración de la Cruz. También en muchas comunidades en este día se recorre el Vía Crucis, que es el camino que Jesús hizo portando su propia cruz hasta el lugar donde fue crucificado (Gólgota – Monte Calvario).

Año tras año los cristianos vamos a nuestras Iglesias, escuchamos con mucha atención la proclamación de la Pasión, este año litúrgico será según San Juan, y es posible que lo hagamos con actitud pasiva, contemplándolo como un acontecimiento histórico que le pasó a un tal Jesús, pero que nada tiene que ver con nuestras vidas. Por el contrario, también podemos encontrar personas que realicen una escucha activa, y esta lectura de la Pasión les interpele con cada uno de sus versículos, viendo un paralelismo entre el camino de Jesús a la cruz y el que tenemos que asumir los seres humanos en el día a día.

En reiteradas ocasiones, el Papa Francisco nos ha hecho reflexionar sobre el sentido y la importancia de la cruz: “La cruz no está nunca de moda”, “un cristiano sin cruz se vuelve mundano y estéril”, “no hay cruz en la vida humana que Jesús no comparta con nosotros”, “no reduzcamos la Cruz a un objeto de devoción, mucho menos a un símbolo político, a un signo de importancia religiosa y social”, “la cruz de Jesús es la cátedra silenciosa de Dios”. Me pregunto ¿Cómo llevamos nuestras pequeñas o grandes cruces? ¿Es al estilo de Jesús?

Con gran devoción realizaremos también la Adoración de la Cruz, recordando la muerte y el sacrificio de Jesús, ojalá esto nos ayude a contemplar la cruz de tantas personas que a día de hoy siguen sufriendo por diferentes motivos en nuestra sociedad: enfermedad, falta de hogar, soledad, desempleo, violencia de género, guerras, etc. Por otro lado, la adoración sitúa a Dios en el centro de nuestro de corazón, dando un sentido nuevo a la vida, haciéndonos pequeños y dejando que Dios nos transforme siendo el auténtico protagonista.

Silencio y reflexión que invita a la oración, en este Viernes Santo de forma especial, con la Oración de los Fieles también conocida como Oración Universal, en la que se tienen presentes todas las necesidades de la Iglesia, asuntos públicos y sociales, personas que sufren y a la comunidad parroquial. Los cristianos somos conscientes que la oración fortalece nuestra fe, hablar a Dios de nuestra vida contándole nuestras alegrías, preocupaciones e inquietudes, nos acercará a Él.

En este camino de acompañar a Jesús hacia la cruz, os animo a intensificar la oración personal y comunitaria, tanto a nivel individual como en nuestras Asociaciones, Movimientos, Hermandades y Cofradías. Seamos testigos del Señor en los ambientes que nos movemos, miremos a la Cruz con la esperanza de la Resurrección que vence a la muerte y el pecado, buscando el sentido de pertenencia a nuestra comunidad parroquial, y desde los diferentes carismas caminemos juntos hacia la Evangelización.

Javier Torres

Delegado Episcopal para el Apostolado Seglar

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El Misterio de la cruz

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Homilía del arzobispo de Granada, D. José María Gil Tamayo, en la celebración del Viernes Santo, el 7 de abril de 2023, en la Catedral.

Queridos hermanos y hermanas, y cuantos nos seguís a través de la Cadena Cope:

En esta primera parte de esta celebración de la Pasión del Señor en este Viernes Santo de 2023, al igual que en todas las iglesias del mundo; y nosotros en Granada después de tener ese acto tan emotivo, tan cargado de fervor, y al mismo tiempo, heredado de la fe de nuestros mayores y actualizado de la petición ante al Cristo de los Favores en el Campo del Príncipe ante el Cristo de piedra crucificado; hemos presentado nuestras ofrendas de nuestro corazón, pero también hemos pedido tantas cosas.

Lo haremos también en esta liturgia del Viernes Santo. Esa oración universal, que después iremos desgranando tantas y tantas necesidades del mundo. Como si Cristo en la cruz tuviese más propicio a escuchar nuestras súplicas, porque, efectivamente, como nos dice el texto que hemos escuchado de la Carta a los Hebreos, “no tenemos a un Sumo Sacerdote que no se compadezca de nuestras debilidades, sino que probado en todo, igual a nosotros, excepto en el pecado, nos entiende, nos acoge”. Ha tomado nuestra humanidad. Se ha dejado coser en una cruz por amor nuestro. Y es lo que ya nos ha anticipado el canto cuarto del Siervo de Yahvé del Libro de Isaías que hemos escuchado como Primera Lectura en esta liturgia de la Palabra. Nos ha dado como el boceto, nos ha dicho, casi literalmente, cómo sería la Pasión del Mesías. Y ese siervo de Yahvé, Jesús, y así se muestra ante el Sumo Sacerdote.

La Pasión según San Juan que hemos escuchado ha puesto ante nuestros ojos la realidad del Misterio Salvador de Cristo. Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, el Hijo del hombre del que habla el profeta Daniel, que vendrá glorioso sobre las nubes del Cielo, al final de los tiempos, para juzgar a nuestro mundo; es este Siervo de Yahvé, sufriente, que carga con los pecados de todos; con esa Redención vicaria que ejerce sobre la humanidad: “Sus heridas nos han curado”. Él cargó con nuestros crímenes, desfigurado no parecía hombre, pero Él es el Hijo del hombre. Es el Hijo de Dios. Es el Dios encarnado. Y si no supieron reconocerlo, a nosotros se nos pide, cristianos en el siglo XXI, que al escuchar el relato de la Pasión, nosotros sepamos descubrir, como el centurión, como las santas mujeres, como María, como Juan Evangelista, que ese que pende de la cruz es el Redentor del mundo.

Nosotros también, como Dimas, le vamos a decir como el Buen ladrón: “Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino”. Nosotros también, queridos hermanos, vamos a decir y vamos a confesar, como el centurión: “Verdaderamente este hombre es el Hijo de Dios”. Cuando los demás personajes de la Pasión: uno se lava las manos, otro lo entrega, todos lo abandonan, otros se mofan, otros lo ponen a prueba, Jesús, y Pilatos pregunta por la verdad. Y tiene ante sí a la Verdad misma, aquel que había dicho: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Aquél que nos ha dicho que la verdad nos hace libres, está maniatado ante un gobernador cualquiera de una provincia romana, que ha pasado a la historia precisamente y “juzgó” al Redentor del mundo.

Queridos hermanos, la Pasión no puede pasarnos desapercibida. Jesús nos ha dicho: “Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz de cada día y sígame”. La cruz, desde el Misterio Redentor de Cristo, no es un instrumento de ignominia, no es un instrumento de castigo, es la señal de victoria. Por eso, queridos hermanos, vamos a adorar la cruz de Cristo. Humanamente, no tiene sentido. Es un contrasentido. ¿Un instrumento de ejecución vamos a adorar? Sí. Cuando éramos pequeños en el catecismo se nos preguntaba: “¿cuál es la señal del cristiano?”. Y decíamos: “La señal del cristiano es la Santa Cruz”. Y se nos preguntaba también: “¿Por qué la señal del cristiano es la Santa Cruz?”. Porque en ella murió Cristo para redimir a los hombres. Ahí está precisamente la razón de esta adoración. La cruz se ha convertido en la señal de la victoria, en la identificación de nuestra identidad, y la llevamos sobre nuestro pecho, la ponemos en nuestra casa, corona nuestras iglesias, ponemos en nuestras tumbas. La cruz se ha convertido para nosotros en la salvación. Y como dice el viejo adagio latino: “Por la cruz, a la luz”.

Queridos hermanos, vamos a tomarnos en serio esto de la cruz. Esto de la cruz que humanamente no se entiende, como no se entiende la lógica de Dios, que, siendo hombre, se hace uno de nosotros. Que nos dice en el Evangelio que los últimos serán los primeros; que bienaventurados son los pobres, los limpios de corazón, los que lloran, los que sufren la injusticia; que nos dice que bienaventurados son los pacíficos, cuando las reglas de nuestro mundo son precisamente otras, y así nos va. Donde triunfa aparentemente la violencia, donde el poder es ambicionado, donde los enfrentamientos están a flor de piel y las rencillas. Pero, la lógica de Cristo es la lógica de la cruz y es el distintivo de los cristianos.

Queridos hermanos, que no sea algo decorativo sólo. Que la cruz, aunque moleste a algunos, aunque se esconda, forma parte de la realidad humana en el misterio del dolor, en el misterio del sufrimiento, en el misterio de la enfermedad, en el misterio de quienes están excluidos y de la pobreza. Tomemos la cruz de cada día, esa cruz que está en tu enfermedad, esa cruz que está en tu dolor, esa cruz que está en la incomprensión, esa cruz que está en tantos y tantos escenarios del mundo en estos momentos donde el odio arrasa, donde la violencia campea, donde las guerras son alimentadas con las ventas de armamento para lucrarse unos pocos, donde los más débiles ven pisoteados sus derechos, donde se produce ese éxodo permanente de los desheredados de la tierra buscando mejores condiciones de vida en los países ricos y se levantan muros, donde nuestro Mar Mediterráneo se ha convertido en un sepulcro.

Queridos hermanos, el Misterio del Viernes Santo se prolonga en el sufrimiento humano. El Cristo, que nuestra Virgen de las Angustias tiene en sus brazos, es un Cristo de humanidad también; es un Cristo del sufrimiento de nuestro pueblo, de los enfermos, de los abandonados, de quienes sufren. Esa larga hilera de humanidad.

Queridos hermanos, el Misterio del Viernes Santo nos tiene que llevar en comunión, de la comunión con el Cuerpo de Cristo, también a vivir esa comunión, tocando –como nos dice el Papa Francisco- el cuerpo de Cristo en quienes sufren.

Queridos hermanos, tomemos la cruz y veremos cómo la cruz no nos producirá rabia. Veremos cómo la cruz nos santifica. Veremos cómo la cruz no nos desentiende de nuestras tareas. Veremos cómo la cruz nos ayuda a afrontar las dificultades y a crear tras nosotros un mundo mejor. Tomemos la cruz de cada día. Pero eso exige antes, como Jesús mismo, que nos amó hasta el extremo, que nos ha dicho que nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos, y esos somos nosotros, la humanidad; veréis cómo la cruz nos santifica y nos llena de la alegría pascual, porque sólo llega a la victoria quien ha pasado por la cruz. “Si alguno quiere venir en pos de Mí niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y me siga”.

Queridos hermanos, pidámosLe ayuda a Santa María, que es el gran regalo que hemos recibido de Cristo. “Mujer” la llama Jesús en el Evangelio de Juan. Al igual que en las Bodas de Canaá, cuando aquellos esposos necesitan la ayuda e intercesión de la Madre de Dios. Mujer, porque es la nueva Eva, que está junto al nuevo Adán, y con su obediencia desata el nudo de la desobediencia de Eva. “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Y esos somos nosotros. “Hijo, ahí tienes a tu madre”. Y el evangelista nos dice que la recibió como algo propio.

Que Santa María es algo nuestro. Y es algo tan nuestro que forma parte de nuestra identidad. No nos entendemos como cristianos en Granada sin María, sin Nuestra Señora de las Angustias. No se entiende el cristianismo sin María, que en Ella hizo grandes cosas el Todopoderoso porque miró su humillación, a Ella, la que Dios le pide permiso para encarnarse entre nosotros.

Queridos hermanos, el Misterio de la cruz es un libro abierto. Procuremos aprender de la escuela de Cristo. Procuremos tomarnos en serio a quien pende de la cruz y nos anuncia que al tercer día resucitará.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

7 de abril de 2023
Catedral de Granada

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