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El valor de la palabra

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Ahora que en política de pactos post electorales hay quien se retracta de lo que dijo, algo que, por cierto, no es nuevo en la reciente historia de España, deseo escribir sobre la palabra. Sí, pretendo escribir sobre la palabra que se pronuncia como representación necesaria; no de las manchas sobre el papel o la pantalla que reúne la visión y la ordena; ni de los fonemas que el oído interpreta siempre en trance de venderse al mejor postor.

Pretendo reflexionar sobre la palabra como imprescindible vehículo para entendernos. Máxime en estos tiempos, donde es fácil perder la cabeza, sobre todo, si se tienen dos. Recordemos que es importante tener la cabeza y la palabra ajustada.

Las palabras pueden ser sinceras o utilizarse como cortina de humo. Las palabras pueden ser verdaderas o manipularse para conseguir oscuros intereses. Porque las palabras nos traicionan o nos dicen la verdad; o todo a la vez. Las palabras ayudan y dejan tiritando. Las palabras sacuden y envuelven; invaden y sorprenden; revuelcan y enseñan. Las palabras se pronuncian y pueden llegar a quedar escritas en el corazón. Quizá por eso las palabras dejan en evidencia y torturan; nos enfrentan y nos descansan. Las palabras rematan y embarran. Nos descubren. Las palabras pueden ayudar y pueden también destruir. Pueden enseñar y distraer a la vez. Pueden ser creíbles o no. Y he ahí, el valor último de la palabra, porque ésta, como afirmaba Ortega y Gasset, es sacramento de difícil administración. Las palabras pueden llegar a ser tantas como acordemos. Pero solo hay una palabra, la palabra con mayúscula que libera y pone las cosas en su sitio. Esa palabra es la Palabra de Dios. Y, por ende, la palabra dada que hunde raíces en el corazón y la autenticidad.

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La Diócesis de Huelva cuenta con dos nuevos graduados en Derecho Canónico

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La Diócesis de Huelva cuenta con dos nuevos graduados en Derecho Canónico

El pasado jueves 22 de junio, en la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso en Madrid, José Ángel Romero (párroco de Cortegana) y Carlos Javier Rodríguez (párroco de la Concepción de la capital) celebraron la graduación de unos estudios que arrancaron hace tres años por indicación del obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez.

Con la asistencia a las clases en Córdoba, donde se encuentra la sede de la Universidad, y realizando los exámenes en la capital de España, ambos se encuentran preparando actualmente sus respectivas tesinas para presentarlas en el próximo mes de septiembre. En el caso de José Ángel Romero versará sobre la catequesis en el Derecho Canónico y en el caso de Carlos Javier Rodríguez irá dedicada a la prueba pericial en los supuestos del canon 1095 sobre la nulidad matrimonial.

A continuación, en el mes de octubre, realizarán -también en Madrid- los exámenes de Universo Codice que les permite formar parte del Tribunal Eclesiástico de la Diócesis de Huelva.

José Ángel Romero y Carlos Javier Rodríguez junto a Juan Manuel Cabezas, decano de la Facultad.

Les seguirán Rubén Sánchez (párroco de La Antilla) y Diego Pérez (párroco de Encinasola) pues terminarán sus estudios el curso próximo.

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La hermandad de la Sentencia cruza el puente y abre la ‘Puerta Verde’

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La colaboración de la Hermandad en los campamentos permite abrir una puerta de esperanza a los jóvenes del Polígono Guadalquivir

Miembros de la Junta directiva de la Hermandad del Lunes Santo han mostrado su apoyo incondicional al proyecto ‘Puerta Verde’ de la parroquia de Santa Luisa de Marillac, para que sea posible la celebración de unos campamentos urbanos durante todo el verano en el polígono Guadalquivir.

El motivo que ha llevado a la Hermandad a colaborar con estos campamentos no es otro que ayudar a los jóvenes del Polígono Guadalquivir y colaborar con la labor que está realizando su párroco, Miguel David Pozo, “una labor encomiable”, como ha definido Rafael Salamanca, Hermano Mayor de la Hermandad de la Sentencia.

La Hermandad de la Sentencia lleva tres años colaborando en los campamentos con la intención de que “estos jóvenes del Polígono Guadalquivir puedan adquirir una llave que abra la puerta de la esperanza a esos niños”, subraya Rafael Salamanca. Además, intenta durante todo el año mantener una relación estrecha. “Este año, en Cuaresma, llevamos a cabo un taller que lo llamamos ‘Rizando corazones’, en el que nuestros hermanos junto a las personas del barrio realizamos un taller de rizado de palmas; de esta manera, queremos seguir teniendo contacto con este barrio”, asegura.

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Renovación del convenio de colaboración entre Cáritas y el Ayuntamiento de San Fernando

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Ambas entidades seguirán colaborando para atender a las personas en situación de sin hogar en San Fernando

El Ayuntamiento de San Fernando y Cáritas Diocesana de Cádiz, a través de su alcaldesa y su director diocesano, Patricia Cavada y Vicente Pablo Ortells Polo, respectivamente, han renovado su colaboración en materia de personas sin hogar a través de la firma de un convenio de colaboración por la que el Ayuntamiento confinanciará el servicio de Atención Social que Cáritas Diocesana de Cádiz realiza en la localidad isleña.

El Servicio de Atención Social ofrece atención especializada a personas en situación de sin hogar una atención individualizada a aquellas personas que se encuentran sin hogar y necesitan información, orientación, asesoramiento o algún tipo de gestión relacionada con su situación. El objetivo de este proyecto es motivar un cambio en la persona para su alcanzar su normalización social y una recuperación que mejore su calidad de vida. Este servicio está coordinado con el resto de entidades sociales que trabajan ayudando a personas sin hogar en el marco de la Bahía de Cádiz. Asimismo, Cáritas atiende a aquellas personas que están de paso en la ciudad y requieran de este servicio, así como aquellas otras que se encuentren alojadas en el Hogar Federico Ozanam con la que también existe relación establecida.

En el año 2022 Cáritas atendió en San Fernando, a través de este dispositivo, a 204 personas (171 hombres y 33 mujeres) que tienen el denominador común de la falta de alojamiento, la incapacidad económica para acceder a él y la falta de apoyo familiar o social para resolver su situación de vivir en la calle.

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“Venid a mí”, nos dice Jesús

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El evangelio de este domingo es una de esas páginas bellas del Evangelio, una página
que no se cansa uno de meditarla y volver a meditarla.
Aparece Jesús con mirada misericordiosa, comprensivo con cada uno de nosotros,
consciente de nuestras fatigas y dolores. Él conoce nuestro corazón y sabe de nuestras
preocupaciones y esperanzas. En esta página evangélica nos abre de par en par su
corazón y nos invita a entrar en su descanso. Pero sólo pueden entrar en este secreto los
sencillos y los humildes, no los soberbios y los sabios de este mundo. Para conocer a
Jesús, para entrar en su más profunda intimidad, hay que hacerse pequeño, porque sólo
accederemos a ello por el camino de la humildad.
Jesús se encuentra en oración, abriéndonos su intimidad con el Padre en actitud de
acción de gracias. Jesús se sabe hijo de Dios. Jesús es Dios y sabe que lo es y nos
comunica a nosotros su más profunda identidad divina en un diálogo con el Padre que
nos llena de gozo. Todo me lo ha dado mi Padre, y el conocimiento del Padre nos viene
por medio del Hijo. He ahí la dimensión más profunda del corazón de Cristo. Él se sabe
hijo, disfruta siéndolo y quiere comunicarnos a nosotros ese gozo profundo en el que él
vive continuamente. En otro lugar nos dirá: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti,
único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo” (Jn 17,3).
“Venid a mí”, nos dice. Se trata de una invitación suave, pero nítida. El centro de la fe
cristiana no es una idea, ni una moral. El centro de la vida cristiana es una persona, el
centro de la vida cristiana es Jesucristo, que nos hace cambiar de vida y nos transforma
nuestra mente. No se llega a ser cristiano por una decisión ética, sino por el atractivo y
la fascinación de una persona que entra en nuestra vida y nos invita a seguirle. Hasta
que no se produce ese encuentro personal con Jesucristo no tenemos un cristiano
propiamente. Y la vida en la tierra está hecha para crecer en esa relación, que culmina
en el abrazo eterno cara a cara. Por eso, la invitación de Jesús no es un imperativo
externo, sino un atractivo interior.
Jesús no ha venido para cargarnos, sino para aliviarnos. El peso y la dureza de la vida
no provienen de nuestra relación con Dios. Todo lo contrario, sólo acercándonos
encontraremos alivio y descanso. Lo que nos agobia y nos fatiga es el tirón de un
corazón que está disperso y desgarrado. Nuestro corazón está prendido en tantos
enredos materiales, afectivos, incluso espirituales. Solo Jesús puede desenredarnos, si
nos centramos en él, si vamos a él.
Nos invita a tomar su yugo, a ser sus “cón-yuges”. Entrar en su yugo es entrar en su
humildad, en el misterio de su redención, es compartir su misma vida hasta la cruz.
Cuando en una yunta de bueyes o de caballos tiran los dos del carro, el trabajo se
reparte, es más llevadero. En el caso de Jesús, él lleva la iniciativa y el mayor empuje.
Entrar en su yugo es compartir en actitud subordinada ese impulso, para llevar adelante
el peso de nuestra vida. Qué sería de nosotros sin ese impulso vital de Cristo, que es el
Espíritu Santo.
“Manso y humilde”. Qué autorretrato. La mansedumbre es la moderación de las
energías, que en relación con nosotros se traduce en ternura. Jesús no nos empuja a la

fuerza, nos invita con suavidad, con mansedumbre, con ternura. No impone su ritmo, no
violenta nunca. Porque a esa mansedumbre se une la humildad, por eso su yugo es
llevadero y su carga ligera.
Que el verano y las vacaciones nos ayuden a entrar en esta invitación de Cristo, a
disfrutar de los secretos de su corazón, a crecer en mansedumbre y humildad. Nuestra
vida será más feliz si nos acercamos a él, si entramos en esa intimidad en la que nos
revela que él es el hijo y ha venido para hacernos sus hermanos.
Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

María, Estrella de la evangelización

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María, Estrella de la evangelización

María, Estrella de la evangelización. La fuerza evangelizadora de la piedad popular

Carta pastoral de los Obispos del Sur de España al cumplirse

el 30º aniversario del viaje apostólico de San Juan Pablo II a Sevilla y Huelva

Queridos todos: el pasado 14 de junio, los Obispos del Sur de España hemos publicado la Carta pastoral “María, Estrella de la Evangelización. La fuerza evangelizadora de la Piedad popular”. En este documento, que todos debemos conocer, leer y profundizar, ofrecemos indicaciones que guían y purifican la Piedad popular, al tiempo que muestran su fuerza evangelizadora; recordamos y actualizamos la identidad católica de las Hermandades. Junto a los tres fines clásicos de las Hermandades (formación, culto y acción caritativa) los Obispos presentamos un cuarto fin: el servicio a la nueva evangelización.

Coincidiendo con los días en los que se cumple el treinta aniversario del cuarto viaje apostólico de San Juan Pablo II a España, realizado del 12 al 17 de junio de 1993, los Obispos del Sur de España, con este documento, queremos recordar algunas de las enseñanzas que el Santo Padre nos dejó, que son estímulo para el tiempo presente y que manifiestan la fuerza evangelizadora que tiene la piedad popular. En aquel viaje apostólico, el Papa San Juan Pablo II visitó Sevilla para clausurar el XLV Congreso Eucarístico Internacional, y Huelva, donde visitó el Santuario de Nuestra Señora de la Cinta y el Monasterio de la Rábida y, como romero, peregrinó al santuario de Nuestra Señora del Rocío.

En esos lugares marianos, San Juan Pablo II llamó a María Santísima “Estrella de la Evangelización” y reclamó una nueva evangelización, frente al secularismo y la descristianización que iban creciendo en la sociedad. Pasados treinta años, los Obispos constatamos que esos fenómenos de secularismo y descristianización afectan también gravemente a realidades y expresiones vinculadas a la Piedad popular. Por ello, con esta Carta pastoral, queremos de nuevo volver la mirada al hermoso patrimonio eclesial de la Piedad popular a fin de ofrecer orientaciones que ayuden a mostrar su fuerza evangelizadora y favorezcan su purificación, siempre necesaria”.

Comienza la Carta pastoral presentando cómo se integra la Piedad popular en la vida del cristiano, que cree, celebra, se compromete y ora desde la fe en Jesucristo y en comunión con la Iglesia.

La Piedad popular, cuando es genuina, tiene como fuente la fe, vivida con autenticidad y coherencia: carece de sentido profesar con los labios el Credo y vivir de manera contraría a la fe y moral de la Iglesia.

Los Obispos también señalamos la importancia de la Liturgia, como la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia. Así, se debe dar preeminencia a la participación en la Misa dominical, al sacramento de la Penitencia, a la oración litúrgica y al año litúrgico sobre cualquier manifestación devocional. Igualmente, es importante, que las prácticas devocionales no alteren las celebraciones litúrgicas.

Recordamos en esta Carta que el compromiso nacido de la caridad es constitutivo de la vida cristiana y que la promoción de la justicia, la preocupación por los más necesitados o la defensa de la dignidad humana no son tareas opcionales para el seguidor de Jesucristo. Así, una vida de fe que no se traduzca en obras concretas de caridad no es auténtica. La Piedad popular se presenta como escuela de compromiso cristiano.

También la oración es constitutiva del cristiano y, por tanto, lo ha de ser en la Piedad popular, que nace de la oración y conduce a ella. Así, las Hermandades están llamadas a ser talleres de santidad.

 

En la segunda parte de la Carta pastoral, recordamos cómo en la última visita ad limina de los Obispos españoles, celebrada en enero de 2022, durante el encuentro con los Obispos de Andalucía, Extremadura, Murcia e Islas Canarias, el Papa Francisco nos pidió expresamente estar cerca de las Hermandades y Cofradías, reconociendo su aportación importantísima a la Piedad popular. Atendiendo a esa llamada, en el documento recorremos los rasgos de la identidad católica de las Hermandades y su contribución específica a la evangelización.

Tanto San Juan Pablo II como Benedicto XVI han hablado de la importancia de la Piedad popular y de las Hermandades en la tarea de la nueva evangelización. El Papa Francisco, además, ha invitado a las Hermandades a celebrar el Jubileo de 2025, dejándose animar por el Espíritu Santo. Para ello, deben recorrer el camino de la “evangelicidad”, es decir, caminar tras las huellas de Cristo, en la escucha cotidiana de la Palabra de Dios; de la “eclesialidad”, entendida como caminar juntos, recuperando su sinodalidad y proponiendo proyectos comunitarios de formación, discernimiento y deliberación en contacto vivo con la Iglesia local, los obispos y las diócesis; y de la “misionariedad”, o sea, caminar anunciando el Evangelio, testimoniando la fe y cuidando especialmente a quienes padecen las nuevas pobrezas de nuestro tiempo.

Sobre la identidad católica de las Hermanases, los Obispos recuerdan cómo, aunque nacieron en el siglo XI, hoy siguen manteniendo sus mismos fines, que son formación, culto y acción caritativa. Sin embargo, la llamada de los últimos Papas a impulsar una nueva etapa evangelizadora hace ver la necesidad de añadir un cuarto fin: la participación activa en la misión evangelizadora de la Iglesia.

 

Y sobre la tarea evangelizadora de las Hermandades, recordamos que, si la Iglesia existe para evangelizar, las Hermandades que sean auténticamente eclesiales existirán también para evangelizar. La primera preocupación de una Junta de gobierno no ha de ser tanto el cuidado del patrimonio material cuanto llevar el Evangelio a todos sus miembros.

Así, las Hermandades pueden contribuir decisivamente a la tarea evangelizadora si contribuyen a la transmisión de la fe, se comprometen en la práctica de las obras de misericordia y son portadoras de esperanza para nuestro mundo.

 

En la transmisión de la fe, la Hermandades están llamadas a ser escuelas de vida cristiana. Parroquias, movimientos y colegios pueden encontrar en las Hermandades, cuando cuidan su identidad eclesial, un entorno complementario de fe, donde desarrollar de manera completa los itinerarios de iniciación cristiana. Es recomendable que, junto a las vocalías de infancia y juventud, en las Juntas de gobierno de las Hermandades exista también una vocalía de iniciación cristiana, que, de acuerdo con las directrices diocesanas y de la propia parroquia, ofrezca los recursos para que niños, jóvenes y adultos puedan completar su iniciación cristiana, catequética y sacramentalmente. Se entiende así, que solo pueden formar parte de una junta de gobierno quienes hayan completado su iniciación, habiendo recibido los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía, junto con el hábito de la Confesión sacramental. Otra tarea que las Hermandades pueden aportar en la misión evangelizadora es ser refugios de misericordia, donde se ofrece el consuelo de la misericordia divina a tantas personas heridas, pero también, como recuerda el Papa Francisco, saliendo al encuentro de las heridas de nuestros contemporáneos y haciendo de la Iglesia un “hospital de campaña”.

Finalmente, las Hermandades contribuirán a la evangelización si son portadoras de esperanza. Las Hermandades, a través de la devoción a sus Titulares, están llamadas a dar testimonio de Cristo Resucitado mediante el acompañamiento en el duelo y las prácticas de la Piedad popular que ayudan a mantener encendida la llama de la esperanza.

También las Hermandades evangelizan por el camino de la belleza, con la veneración de las imágenes -sabiendo que no se veneran por ellas mismas, sino por lo que representan- y las procesiones, que han de cuidarse para que sean auténticas manifestaciones de fe.

Con mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

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«Me di cuenta de qué llenaba mi corazón, hay más alegría en dar que en recibir»

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Felipe Ferreres González será ordenado sacerdote este sábado a las 11:00 horas, en la Catedral de Murcia.

Felipe, de 38 años, nació en Murcia; aunque la mayor parte de su familia es de Cieza. Desde niño, creció en un entorno creyente y practicante. Recuerda ir con sus padres y su hermana todos los domingos a Misa; hizo la Primera Comunión y se preparó en la Parroquia San Lorenzo de Murcia para el sacramento de la Confirmación, que recibió en el año 2000. Fue entonces cuando su párroco le propuso ir a la Jornada Mundial de la Juventud que tendría lugar ese verano en Roma. «Era la primera vez que iba a un encuentro de este tipo; disfruté muchísimo», cuenta Felipe.

En ese viaje hizo buenos amigos, que conservó cuando empezó a estudiar la carrera de Derecho. Varios eran seminaristas y, de vez en cuando, lo invitaban al seminario para que los acompañara en alguna de las celebraciones. En 2003, acudió a la admisión a las Sagradas Órdenes de uno de ellos. «Cuando estuve allí surgió esa voz interior: “Felipe, ¿por qué no ser tú sacerdote?”».

Se lo comentó a un jesuita que era su confesor habitual; aunque, como él lo remitió a un sacerdote que no conocía, Felipe decidió acudir a su párroco. A los meses, llegó incluso a entrevistarse con el rector del Seminario San Fulgencio. «Pero había voces a mi alrededor que me decían que debía terminar la carrera de Derecho; o que todo podía ser invención mía». Por eso Felipe decidió seguir estudiando y, finalmente, optó por prepararse una oposición. «Estuve seis años preparándola, y en aquellas diez horas de estudio diarias, la llama de la vocación siempre estuvo ahí; para mí fue un tiempo clave para descubrir el amor de Dios».

Se instaló en Cieza con su abuela para estudiar; y desde allí acudía a las reuniones de jóvenes del Centro Loyola de Murcia, donde había empezado a involucrarse ya en su etapa universitaria. En 2011, llegó la fecha del examen de oposición. Aunque superó el primer ejercicio, quedó a décimas de aprobar el segundo. La siguiente convocatoria vino dos años después, esta vez con 40 plazas en lugar de 400. No logró aprobar la primera parte. Con todo, decidió continuar opositando, aunque ocurrió algo inesperado. En la misma semana, su hermana anunció que se marchaba a vivir a Inglaterra; un amigo de adolescencia dio la noticia de que se iba a casar, y otro compañero se marchó una temporada como médico a Bolivia. «Esa semana fue para mí un shock bestial; yo estaba enredado con los libros y me dije: “Estoy aquí seis años, encerrado, con esta llama que tengo aquí dentro, ¡y no sé qué hacer!”». Desconcertado, se tomó unos días para ir a un campo de trabajo en Loyola (Guipúzcoa) con la intención de desconectar y retomarlo todo a su regreso. Sin embargo, allí, durante las oraciones, decidió dejar la oposición. Valoró entrar en el seminario, pero no inmediatamente. «No quería que fuera una válvula de escape por el fracaso de la oposición; y, después de estar seis años encerrado, veía necesario enfrentarme al mundo».

Apoyado en la Misa diaria, comenzó a trabajar en un despacho de abogados, mientras seguía involucrándose en el Centro Loyola y también en Proyecto Hombre. «Tuve tiempo para salir mucho de fiesta y de viaje, y pasármelo bien; pero con el paso del tiempo me iba dando cuenta de lo que llenaba mi corazón». Para discernir qué hacer, el sacerdote que lo acompañaba le recomendó ir guardando las experiencias que fuera viviendo, para ver qué le sugerían. Y las experiencias llegaron: ayudar en el despacho de abogados en el caso de unos clientes narcotraficantes, mientras él era voluntario en Proyecto Hombre; ser catequista de Confirmación; voluntariados con congregaciones religiosas; las altas terapéuticas de quienes, en Proyecto Hombre, lograban reincorporarse a su vida normal… «Uno puede creer que la capilla va por un lado y el mundo por otro, pero te encuentras con que Dios se encarna en el aquí y el ahora, en todas las circunstancias del día a día; al final buscas a Dios en todas las cosas y te das cuenta de que hay más alegría en dar que en recibir». Y todos esos encuentros e instantes vividos le ayudaron a, finalmente, entrar convencido en el preseminario.

«Han sido años preciosos», recuerda, con especial cariño las actividades de pastoral realizadas como seminarista con las Misioneras de la Caridad, con reclusos, con personas con discapacidad… y con el Seminario Menor San José, donde ha servido como formador también en sus meses de diaconado. Una llamada que se forjó durante casi 15 años y que, finalmente, le ha conducido a su ordenación sacerdotal, que tendrá lugar este sábado en la Catedral de Murcia, a las 11:00 horas. «Estoy con ganas de servir al Pueblo de Dios allí donde se me mande, con jóvenes, con niños, con mayores; para reír cuando haya que reír, consolar cuando haya que consolar y, sobre todo, poder llevar a los demás el amor de Dios y ser testigo de las cosas que el Señor sigue haciendo en su historia de salvación».

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Nuestra Diócesis participa en el XXVII curso DSI

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Nuestra Diócesis de Jaén participó en las Jornadas de la Conferencia Episcopal Española, organizadas por el Secretariado de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y promoción humana, que se celebraron en Fundación Pablo VI de Madrid, los días 3 y 4 de julio.

Nuestra Diócesis estuvo representada por el Vicario de Caridad y Acción Social y delegado de Cáritas Diocesana de Jaén, Rvdo. Juan Raya Marín y el responsable diocesano para la Difusión de la Doctrina Social de la Iglesia, Rvdo. Domingo Pérez.  Hemos participado unas 50 personas de distintas diócesis españolas y movimientos y algunos seminaristas. Las demás diócesis andaluzas no participaron.

Ha sido muy interesante las siete conferencias y una mesa redonda se desarrollaron en distintos aspectos sobre “Los escenarios de la cultura del encuentro en España a la luz de la encíclica Fratelli Tutti”.

Los distintos profesores nos han ayudado bastante y nos han abierto nuevos horizontes para un tema tan importante en los momentos en los que vivimos sobre el encuentro para escucharnos y dialogar con una sociedad tan plural en la que convivimos.

Los cristianos imitando a Jesús de Nazaret tenemos las claves para desarrollar y vivir la cultura del encuentro con todas las personas desde nuestros valores evangélicos.

Estas jornadas tendrán continuidad en la XLIV Semana Social que desarrollaremos el próximo curso sobre “El diálogo, camino para la Iglesia”.

DSI Jaén

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Comienzan los cultos en honor a la Virgen del Carmen

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Mañana, viernes 7 de julio, arrancan los distintos actos y cultos en honor a la Virgen del Carmen.  En concreto, la novena este año será predicada por el carmelita destinado en la comunidad de San Fernando y Cádiz, P. David Alarcón.

La novena comenzará cada tarde, entre el 7 y el 15, a las 19.00 horas con la exposición del Santísimo, tras la que se rezará el rosario, se realizará el ejercicio novenario, y se bendecirá y reservará el Santísimo, para dar paso a la misa que comenzará a las 20.00 horas.

El último día de cultos, que coincide con la función principal de la Archicofradía, presidirá la celebración el obispo diocesano, Mons. Rafael Zornoza. Así, la procesión del día 16 en Cádiz, tendrá lugar a las 20.00 horas con el siguiente itinerario: Alameda, Buenos Aires, Calderón de la Barca, Plaza de Mina, Antonio López, Isabel La Católica, Cristo de la Vera-Cruz, Plaza de San Francisco, Rosario, Beato Diego, Valverde, Cánovas del Castillo, San José, Ancha, San Antonio, Veedor, Bendición de Dios y Alameda. (Recogida a las 0.00 horas).

PROGRAMACIÓN

Del 7 al 15. Novena a la Stma. Virgen. 19.00 horas exposición del Santísimo, rezo del Santo Rosario, ejercicio de la Novena, bendición y reserva del Santísimo y Eucaristía (a las 20.00 horas).
                     Convivencia en la Casa de Hermandad. Tras la misa
Día 9. Rosario de la aurora. 8.00 horas  (Con el siguiente itinerario: Alameda, Calderón de la Barca, Plaza de Mina, General Menacho, Alameda, Fermín  Salvochea, Manuel Rancés, Argüelles, Estación en el Convento de Madres Carmelitas, Argüelles y  Balaustrada de Alameda).
Día 13. Imposición de escapulario a los nuevos hermanos. En la novena
Día 15. Solemne Función Principal de la Archicofradía. 20.00 horas (Presidida por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo, D. Rafael Zornoza)
Día 16. Felicitación a la Stma. Virgen. 0.00 horas
        (A cargo de D. Manuel Alejandro Amador Moya)
         Apertura de la iglesia. 10.00 horas
         Función solemne. 12.30 horas
         Solemne procesión de alabanzas. 20.00 horas
        (con el siguiente recorrido: Alameda, Buenos Aires, Calderón de la Barca, Plaza de Mina, Antonio López, Isabel La Católica, Plaza del Cristo de la Vera‐Cruz, Plaza de San Francisco, Rosario, Beato Diego, Valverde, Cánovas del Castillo, San José, Ancha, Plaza de San Antonio, Veedor, Bendición de Dios y Alameda)
Del 7 al 14. Plazo de expedición de papeletas de sitio. Tras la misa
Días 20 y 21. Solemne besamano a la Virgen. De 11 a 14 y de 18 a 21 horas
Día 22. Función por el XVI aniversario de la coronación. 20.00 horas
Día 29. Sabatina de Acción de Gracias. 19.15 horas

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“Encuentro comunidades con más jóvenes, con más grupos y con más ganas”

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Los primeros misioneros ya están en Picota. Una decena de misioneros cordobeses trabajan allí desde hace algunos días. Partían de las parroquias de la Esperanza y San Miguel de Córdoba, de Jauja, Fuente Palmera, Pozoblanco o enviados por la Delegación Diocesana de Misiones para  conocer la labor que llevan a cabo los sacerdotes cordobeses Nicolás Rivero y Antonio Reyes, y colaborar con ellos en la tarea incansable de cuidar, acompañar y mostrar la belleza de la fe a través de una pastoral que tiene como centro la parroquia Virgen del Perpetuo Socorro de Picota

El grupo de misioneros va acompañado de los sacerdotes Leopoldo Rivero y Miguel Ramírez. Leopoldo vive un reencuentro atravesado por el hecho de tener que consolar a la familia por la muerte de un niño de doce años al que bautizó durante su servicio de cuatro años en Picota.

¿Qué representa para un sacerdote volver al lugar donde ya prestó servicio como misionero?

Leopoldo: Una bendición porque revives la misión los cuatro años que estuve aquí, igual que todos los que pasamos, dejas parte de tu corazón y representa el ver más a flor de piel el don que Dios nos da de la vocación. En mi caso sacerdotal, de cómo compartirla y vivirla con lo más sencillos y en tierras donde hay tanta sed de Dios y donde uno vive de ello en cada momento, con mucha intensidad.

Sin duda usted habrá reconocido lugares, personas que también a usted lo habrán reconocido, pero ¿ha comprobado algún cambio reseñable en las comunidades, entre los animadores, las familias? 

Sí, he visto de todo, con el tiempo va avanzando todo, hay más capillas construidas, la pastoral está cada vez con más gente participando y ves como Dios va bendiciendo la labor que se está haciendo. Los padres que hay, Antonio Reyes y mi hermano Nicolás Rivero, siguen la labor que se ha ido realizando todos estos años. En las comunidades te vas encontrando comunidades con más jóvenes, con más grupos y con más ganas. Llevamos una semana sin parar, yendo de un pueblo a otro y damos gracias a Dios porque están deseando de tener a Dios cerca. Lo más importante que nos toca a nosotros es esa unión entre pobreza y Dios, porque como dice Jesús “más alegría hay en darse que en recibir”. Veo ese avance que se está realizando y que aún queda mucho que hacer, pero vemos la mano de Dios en todas las acciones y en todas las comunidades.

Vemos mucha alegría en redes sociales cuando nos muestran esas imágenes de comunidades que salen al encuentro de los cordobeses y de los sacerdotes que han viajado hasta allí ¿cómo reciben a un “padresito” en este lugar de la selva amazónica?

Con todo el cariño porque ellos ven a Dios en los sacerdote. Constantemente estamos siendo ministros de Cristo a flor de piel y ellos te reciben como al mismo Cristo. Llevamos días participando en las comunidades más cercanas a Picota y vamos a subir también a comunidades de altura, donde el recibimiento es mucho mayor y la verdad es que me quedo desbordado del cariño, del cómo se vuelcan y la alegría de compartir la fe. Eso es lo que a uno le llena de gozo porque te reciben dándose ellos mismos y la verdad que uno se siente desbordado porque los “padrecitos” pasamos, pero Dios permanece y ellos se alegran con todo el corazón.

¿Cómo ha encontrado a su hermano?

Lo he encontrado muy bien, no paran ni él ni Antonio. Están todas las horas contadas, moviéndose, coordinando, acudiendo allí donde le llaman. Como dicen aquí la agenda está “a full”, completa, y ellos alegres de entregarse a estas tierras y a estas gentes, puestos en manos de Dios desde primera hora.






 

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