Dos jóvenes en situación de calle se han unido a este equipo de voluntarios de la parroquia de Santa Luisa de Marillac
De los tornos de diez conventos de la capital a la primera evaluación de la jornada. Así ha transcurrido un fin de semana repleto de puertas que se han abierto en el campamento de Puerta Verde, donde el viernes, 7 de julio, algunos monitores llevaron aceite a las monjas de clausura y pedían oraciones por esta edición de Puerta Verde.
También, el pasado fin de semana sirvió para llevar a cabo las últimas jornadas de formación de los monitores que acompañarán este año a los jóvenes de la Puerta Verde que contó con la fiesta con las familias el domingo por la noche, en la que estuvo presente Cintia Bustos, Concejal de Juventud del Ayuntamiento de Córdoba. Una jornada festiva que concluyó, ya de madrugada, con la evaluación por parte de los monitores.
Dos jóvenes en situación de calle se han unido a este equipo que en este primer turno cuenta con jóvenes de Córdoba, Sevilla, Madrid y países como México, Venezuela, Colombia y Nicaragua.
Esta semana será una semana dedicada al «sí» que contará con una noche en el Camping Los Villares y una Vigilia de Adoración, abierta a quien desee participar, dirigida por el Obispo, monseñor Demetrio Fernández, el jueves 13, a las 22:00 horas.
Además, hoy lunes, se unirá una escuela de verano organizada por Kamira, la Federación Nacional de Asociaciones de Mujeres Gitanas, con un grupo de 30 niños que en la segunda parte de la jornada de los campamentos participarán en los juegos de agua.
El 10 de julio de 1923 fallecía en Granada el sacerdote D. Andrés Manjón, fundador de las Escuelas Ave María, dedicada a la formación de los niños más necesitados y marginados, especialmente del barrio del Sacromonte.
Su implicación en esta caridad de educar a los niños en una época en la que era un lujo reducido sólo a las familias pudientes, dio origen a una obra educativa que hoy continua a través de la Fundación Patronato Escuelas Ave María, que mantienen, un siglo después de su fallecimiento, su legado, su método pedagógico relacionando aprendizaje y juegos, y su espiritualidad.
Este 2023 es el año del centenario de su fallecimiento, y desde que comenzara el curso pasado se están llevando a cabo distintas actividades para mostrar ese legado que ha dejado D. Andrés Manjón y su persona, que, desde su vocación sacerdotal, estuvo cerca de los más pequeños y sus familias más necesitadas. Un centenario que promueve el Patronato de las Escuelas Ave María, en Granada, donde se encuentra la Casa madre.
EN LA ABADÍA DEL SACROMONTE
Andrés Manjón también fue canónigo de la Abadía del Sacromonte. Por ello, este lugar de la Iglesia en Granada conmemora hoy lunes, 10 de julio, el centenario de su fallecimiento.
A las 19 horas, tendrá lugar una visita guiada gratuita a la Abadía, guiada por su abad D. Antonio Fernández Siles. Para participar en la visita guiada, no es necesaria reserva de plaza, pero sí se ruega puntualidad. Después, a las 20:30 horas, se celebrará una misa funeral por D. Andrés, en la iglesia de la Abadía. A ambas convocatorias están invitadas todas las personas que deseen asistir.
En la Eucaristía celebrada el pasado mes de mayo, presidida por la Imagen de Ntra. Sra. del Rosario.
Recientemente, el pasado mes de mayo, la Casa madre de las Escuelas Ave María acogía la Eucaristía en memoria de D. Andrés Manjón, presidida por la Sagrada Imagen de la Virgen del Rosario, cuya Archicofradía también asistió. D. Andrés expresó su profunda devoción a la Virgen del Rosario en sus continuas visitas a la iglesia de Santo Domingo. A Ella encomendó la obra de las Escuelas Ave María. Con esa Eucaristía, que ofició el arzobispo Mons. José María Gil Tamayo, de alguna manera la Virgen del Rosario devolvía sus visitas al templo de Santo Domingo hace más de un siglo.
Darío Reina y Pilar Gálvez se han formado este fin de semana en el curso de agentes de Pastoral Familiar y Vida
Los Delegados de Familia y Vida, Darío Reina y Pilar Gálvez, han participado este fin de semana en el Encuentro nacional de delegados organizado por la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal en Guadarrama, Madrid. En el curso impartido ha participado monseñor José Mazuelos, obispo de Canarias y presidente de dicha subcomisión.
Al curso de formación de agentes de Pastoral Familiar y Vida sobre el documento«Itinerarios catecumenales para la vida matrimonial» del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, con la presencia de Gabriella Gambino, Subsecretaria de este Dicasterio, han asistido los delegados de Familia y Vida de todas las diócesis españolas. Darío Reina y Pilar Gálvez han subrayado que “se nos propone poner en marcha un ‘nuevo catecumenado’ en la preparación al matrimonio sobre la base de estas orientaciones pastorales que nos propone el Papa Francisco”.
Es una realidad que cada día son más los fracasos matrimoniales y que la actual preparación de los novios, los cursillos prematrimoniales, son del todo insuficientes. En estos nuevos itinerarios de preparación al matrimonio que nos propone el Papa, se pretende propiciar en los novios un verdadero encuentro con Cristo y enfocar la preparación, no para el día de la boda, sino para una vida de matrimonio. Para ello, se hace necesario un mayor tiempo de preparación, que se prolongará en los primeros años de matrimonio, y un acompañamiento más personalizado de los novios y jóvenes esposos.
Todas las diócesis han acogido con ilusión este reto, y comienza ahora un periodo en el que ir concretando la implantación de esta nueva preparación hacia el matrimonio. “Las familias cristianas tenemos un gran reto por delante, el saber acompañar a nuestros jóvenes en el camino de su noviazgo para que puedan asentar su matrimonio sobre la roca firme que es Jesucristo y descubran la belleza de la vocación a la que han sido llamados” han apuntado Darío y Pilar.
Del 2 al 8 de julio pasados, un grupo de siete personas, varios técnicos de Cáritas diocesana de Jaén, junto con su director y, yo mismo, el delegado de Migraciones, visitamos Ceuta y el norte de Marruecos para conocer la realidad migratoria de la frontera sur de Europa. A este grupo se añadió una integrante de Cáritas española a partir del día 6 como apoyo institucional a esta iniciativa.
Este viaje se enmarca en el objetivo de Cáritas de Jaén de impulsar el área de cooperación fraterna en nuestra diócesis. Para ello un grupo motor venimos trabajando ya desde hace un tiempo en esta dimensión universal de la caridad, que quiere llevar a nuestra Iglesia a mirar más allá de nuestra propia geografía.
Uno de los ámbitos elegidos es el de la movilidad humana, por ello se decidió, en coordinación con los servicios generales de Cáritas española, y aprovechando la vinculación desde hace años de la Delegación de Migraciones con la Asociación Elín en Ceuta, tener la experiencia de participar en la actividades de dicha asociación, así como conocer la realidad de Cáritas Ceuta y Cáritas Tánger, encontrándonos con algunos miembros de sus equipos y con otros grupos vinculados a la Iglesia que trabajan con el colectivo migrante en ese contexto.
Para poder entender mejor el alcance de esta experiencia, hay que explicar brevemente en qué consiste la labor de la Asociación Elín en Ceuta. La asociación nace de la presencia, desde 1.998, de una comunidad de Carmelitas de Vedruna, en su labor de acompañamiento a las personas migradas y refugiadas. El nombre de “Elín”, tiene origen bíblico, proviene del libro del Éxodo (Ex 15, 27), y denomina a un “oasis” que el pueblo de Israel encontró tras ser liberado de Egipto en el camino del desierto, donde pudo recobrar fuerzas y continuar hacia la tierra prometida. Así se pretende con los chicos que pasan por la asociación. Sus objetivos prioritarios son la acogida solidaria, la sensibilización y la lucha por la justicia, en ese contexto. El medio privilegiado para caminar hacia esos fines es la creación de espacios de encuentro donde poder reconocernos en igualdad y en una misma dignidad personas muy diversas, llegadas de distintos lugares y países. Clases de español, dinámicas de grupo, actividades culturales y deportivas, así como iniciativas de sensibilización y denuncia, como el Círculo de silencio o la organización anual de la Marcha del Tarajal, son algunos ejemplos, del modo de ser de esta asociación.
Durante la semana que pasamos alojados en Centro de San Antonio, perteneciente a la Iglesia de Ceuta y gestionado por la Delegación de Migraciones de Cádiz-Ceuta, donde también se llevan a cabo las actividades de la Asociación Elín, pudimos compartir con un amplio grupo de chicos del CETI (Centro de Estancia Temporal de inmigrantes) de diversas nacionalidades, sobre todo de Sudán, pero también de Guinea, Senegal, Mali, Chad, e incluso de Yemen o Siria. Fueron momentos de descubrir el valor de estas personas, su riqueza cultural, su valentía, su sonrisa, y también sus sueños y expectativas, a la par que ofrecer también lo que somos, nuestras ilusiones y nuestros deseos, por un mundo mejor, desde nuestra propia mirada. Fue un dar y recibir desbordante.
Durante las mañanas, gracias a un intenso programa de formación desde la práctica planteado por la Asociación Elín, pudimos adentrarnos en la realidad política y social de esta ciudad fronteriza recorriendo sus calles, quedarnos en silencio y desolados contemplando la valla y su significado, o descubrir nuevas realidades migratorias, en el encuentro con otras asociaciones de la ciudad.
También tuvimos oportunidad, durante una jornada, de conocer lo que pasa al otro lado de la valla, en el país de Marruecos, de la mano de miembros de Cáritas- Tánger, que nos acompañó desde la frontera hasta la casa de los hermanos Javerianos, en la ciudad cercana de Castillejos. Muy interesante su labor de inculturación con el pueblo marroquí y, a la vez, su atención a la realidad de las personas en tránsito en el país: subsaharianos, mujeres, niños de la calle… A su vez, tuvimos oportunidad de conocer cómo se está organizando Cáritas de Tánger, en comunión con el resto de la Iglesia en esa diócesis de Marruecos. Concluimos este día, ya de vuelta en Ceuta, entrevistándonos con la Cáritas de la ciudad, que nos explicó los proyectos que tiene de atención a las personas más vulnerables.
Creo no equivocarme si afirmo que, para todos los miembros de este grupo motor de cooperación fraterna de Cáritas en Jaén, este viaje ha supuesto un antes y un después en lo que a experiencia y a conocimiento sobre la realidad migratoria se refiere, que nos impulsa hacia un nuevo modo de entender y actuar en ella. Hemos vuelto muy “tocad@s” e ilusionad@s por este vínculo que se ha establecido entre la frontera sur y nuestra diócesis, que nos hace atisbar nuevos caminos de colaboración.
Quiero agradecer personalmente a Cáritas, tanto de Jaén, como a nivel nacional, por brindarme la ocasión de compartir esta experiencia con un equipo de personas excepcional. También a la Asociación Elín, a la que tanto le debo, y al resto de instituciones con la que nos hemos encontrado en este viaje. Estoy seguro de que esta iniciativa, en la que siento que Dios está presente, seguirá dando mucho fruto.
Mons. José Cobo, arzobispo de Madrid, Mons. Francois-Xavier Bustillo, obispo de Ajaccio y Ángel Fernández, rector mayor de los Salesianos
El Papa Francisco anunció el domingo, 9 de julio, al concluir el rezo del Ángelus, la celebración de un Consistorio para la creación de nuevos cardenales el próximo 30 de septiembre. De los veintiún nuevos cardenales, tres son españoles. Monseñor José Cobo Cano, arzobispo de Madrid, monseñor Francois-Xavier Bustillo O.F.M. Conv. Obispo de Ajaccio, Córcega, y Ángel Fernández Artime, rector mayor de los Salesianos, son los tres obispos españoles que hará cardenales el Santo Padre el próximo septiembre.
José Cobo Cano nació el 20 de septiembre de 1965 en Sabiote, Jaén. El 1988 entró en el Seminario Conciliar de la Inmaculada y San Dámaso de Madrid y fue ordenado el 23 de abril de 1994. El 29 de diciembre de 2017 fue nombrado obispo auxiliar de Madrid y recibió la ordenación episcopal el 17 de febrero de 2018. El 12 de junio de 2023 ha sido nombrado arzobispo de Madrid.
Ángel Fernández Artime nació en Gozón-Luanco, Asturias, el 21 de agosto de 1960. A los dieciocho años emitió la primera profesión salesiana y a los seis años realizó la profesión perpetua. Fue ordenado sacerdote a los veintiséis años en León. El 24 de marzo de 2014 fue elegido por el Capítulo general rector mayor de la Congregación Salesiana.
Francois-Xavier Bustillo nació en Pamplona el 23 de noviembre de 1968. A los diecisiete años se unió a los Frailes Menores Conventuales en Padua, Italia. El 20 de septiembre de 1992 realizó la profesión solemne y el 10 de septiembre de 1994 fue ordenado sacerdote. El 11 de mayo de 2021 el Papa lo nombró obispo de Ajaccio.
“Iglesia Noticia”, el informativo diocesano que realiza el Secretariado de Medios de Comunicación Social del Arzobispado para COPE Granada y COPE Motril, dedicó su espacio al tiempo de vacaciones. Para ello, recuperamos unas palabras del arzobispo D. José María Gil Tamayo y su invitación para vivir este tiempo estival sin dejar de lado a Dios y la vida espiritual. También conocemos la intención de oración de la Conferencia Episcopal Española y el Papa Francisco, que dedica a la vida eucarística.
Estudio COPE Granada.
“Iglesia Noticia” se emite los domingos, a las 9:45 horas, en COPE Granada y COEP Motril.
“En nuestros días emerge cada vez más la dimensión experiencial (mística si se quiere) de lo cristiano que hemos llamado cristianía. Ya no es lo jurídico lo importante (cristiandad), ni lo doctrinal lo decisivo (cristianismo), sino la relación vivida con el misterio de Cristo”[1]. Sin un conocimiento que parta de la experiencia, hablar sobre Dios es pura palabrería, puro vacío.
Pero ¿qué entendemos por experiencia? Cuando hablamos de experiencia nos referimos a esos fragmentos conscientemente vividos. No se trata de las noticias que nos han dado o los conceptos e ideas que se nos han transmitido, sino de ese conocimiento que se nos da por medio del contacto inmediato con la realidad. La experiencia puede revestir muchas formas, una de ellas es la experiencia de Dios.
Para poder comprender, o al menos intuir, esa realidad interiormente vivida a la que nos referimos cuando hablamos de experiencia de Dios vamos a pensar en algunas experiencias, más o menos comunes, que tienen una con naturalidad con la experiencia de Dios. Siguiendo la senda fenomenológica nos encontramos con experiencias que pueden denominarse como experiencias de la trascendencia. Nos referimos a esos episodios que sobrepasan la experiencia ordinaria. Suelen ser episodios breves en los que nos sentimos desbordados por la aparición de una realidad que amplifica nuestra ordinaria capacidad de percepción: experiencias en la naturaleza, experiencias propiciadas por una obra de arte (una pintura, un poema, una obra arquitectónica, una melodía determinada….), experiencias ante una profunda relación interpersonal o ante una situación límite. El mundo aparece transfigurado, no encontramos palabras adecuadas solo se puede hablar de intensidad, de densidad o de luz Qué decir también de esas experiencias que Jaspers denominaba “cifras de la trascendencia”[2]. Experiencias radicales que remueven lo más profundo del alma. La experiencia del fracaso en algo que considerábamos esencial para nuestra vida, un proyecto, una relación, etc. La experiencia del dolor que nos enfrenta a nuestra propia finitud. La experiencia de la soledad, el vacío, el estar de más. Sobre todo, la experiencia ante la muerte de un ser querido. Se trata de experiencias que conmueven, que hacen aflorar a la consciencia la insatisfacción y la contingencia de nuestra vida, experiencias que hacen que nuestro propio ser se convierta en un enigma.
Las experiencias de las que hemos hablado permiten establecer un puente con las experiencias propiamente religiosas. Éstas pueden ser el preámbulo de las experiencias religiosas pero no se pueden identificar sin más con ellas. Lo que diferencia propiamente unas de otras es el contenido. Los fenomenólogos de la religión se refieren a la experiencia religiosa en términos de encuentro. La experiencia la suscita algo “prius” y “supra”, algo anterior y superior, algo personal que nos toca, nos penetra, nos envuelve. Se trata de la experiencia de ese Misterio (de Dios) del que no podemos disponer ni dominar. El Misterio no es un objeto, es una presencia[3]. La trascendencia (lo divino) en la inmanencia (lo humano). No se trata de algo que experimentemos como procediendo de mis sentidos, de mi entendimiento o de mi voluntad. Es algo que estando en lo más profundo de nuestro ser y en el hondón de lo real nos sobrecoge. No hablamos del ser que está a este lado de la cortina sino de la fuente y el sentido del ser. Inmersos en la actividades de la vida (lo urgente) no lo captamos pues perdemos la capacidad de escuchar y experimentar la propia Vida (lo importante).
Esta experiencia religiosa no se da al margen de la fe sino que esta intrínsecamente unida a ella. La fe es esa capacidad de apertura a algo más que no nos viene dado por los sentidos o la inteligencia, no se trata de una mera creencia que se nos ha transmitido por medio de una tradición a la que pertenecemos. Al igual que el ojo de los sentidos nos permite abrirnos a las cosas que nos rodean y el ojo de la razón nos permite penetrar en ellas, el ojo de la fe nos abre a un más allá, a una trascendencia en la que todo se funda y se sostiene. Esa experiencia puede presentarse como un sentimiento intenso de presencia, tal como lo describe Eloy Sánchez Rosillo en su poema la luz: “Y de pronto se destapa una luz poderosísima en tu interior y dejas de ser el hombre que eres en ese momento”. Pero Dios también se hace palpable, audible y visible en la vida ordinaria cuando nuestra propia historia es vivida a la luz de la fe sencilla y profunda que nace del encuentro con Alguien que nos ama y al que amamos sin conocer ni comprender del todo. Ese Alguien que nos hace sentir aquello que cantara el poeta: “cuando todo era nada apareciste Tú y ya nada era nada” (Ángel Darío Carrero).
Juan Jesús Cañete Olmedo Sacerdote diocesano y Profesor de Filosofía
[1] R. Panikkar, Iconos del Misterio, la experiencia de Dios, Península, Barcelona, 1998, p 88.
[2] K. Jaspers, Cifras de la trascendencia, Alianza, Madrid 1993.
[3] J. Martín Velasco, Introducción a la fenomenología de la religión, Trotta, Madrid 2013
La Delegación de Migraciones de la Diócesis de Málaga ha vuelto a celebrar este acto público de silencio, oración y reflexión sobre la situación que viven las personas forzadas a migrar. La cita en la capital fue a las 20.00 horas del miércoles 12 de julio, y de forma extraordinaria, se celebró en la Plaza de la Marina.
Siete son los años que lleva esta iniciativa celebrándose en la Diócesis de Málaga. De la capital se ha extendido a la provincia y hoy día son numerosos los puntos en los que católicos y no católicos se unen para protestar silenciosamente ante el sufrimiento de las personas forzadas a migrar.
En el círculo del silencio del mes de julio, se despidió un curso que termina, en palabras de los convocantes, con «uno de los peores meses, en cuanto a datos se refiere, de la última década. En junio, 720 personas han muerto y desaparecido en esta fosa común contemporánea. Mientras llorábamos estas muertes, hemos recordado el primer aniversario de la tragedia en la frontera hispano-marroquí en Melilla. Un escándalo dónde todavía no se han asumido responsabilidades políticas», afirmaron en la introducción del acto. «La ruta de Canarias también ha sido escenario de nuevas víctimas mortales un año y medio después del cambio de posición en el contencioso del Sáhara Occidental. Está desvelando oscurantismo en los últimos acuerdos entre España y Marruecos concernientes a la cesión en la responsabilidad del rescate en alta mar. Asistimos atónitos cuando los medios de comunicación dedicaron más tiempo y análisis al rescate del sumergible Titán que a la tragedia del carguero Adriana con 81 fallecidos y 500 desaparecidos. Doble rasero de nuestra sociedad occidental que da más importancia a los magnates que a los pobres de la tierra. Por último, queremos seguir recordándonos que el trabajo en red entre organizaciones sociales y eclesiales sigue siendo más necesario que nunca en estos tiempos donde algunos discursos políticos deshumanizan a migrantes y refugiados. El círculo de silencio quiere seguir siendo fiel a su vocación de punto de encuentro y de concienciación de esta realidad humana».
El acto de la capital concluyó con la lectura de este manifiesto:
«Llevamos más de 7 años concentrándonos en Málaga, todos los meses, para expresar nuestra solidaridad con migrantes y refugiados, para despertar conciencias en la sociedad y para denunciar las vulneraciones de derechos a causa de las políticas de muerte. En este Círculo del silencio, como parte de la sociedad civil, y de cara a las próximas elecciones, queremos expresar lo siguiente:
-No queremos que se instrumentalice a las personas migrantes y refugiadas en beneficio de intereses partidistas. Exigimos corregir el discurso político que nos ofrecen en materia de migración, en el que se criminaliza a los migrantes o se les presenta como enemigos de otros colectivos vulnerables, como los ancianos, pensionistas, trabajadores precarios o desempleados. ¿Quiénes cuidan de nuestros mayores? ¿Quiénes se quedan fuera de las ayudas y prestaciones por carecer de permiso de residencia? ¿Quiénes trabajan sin derechos laborales ni garantías sociales por carecer de permiso de trabajo? ¿Quiénes han cubierto esos puestos de trabajo esenciales que nadie quiere? Un discurso político que manipula y utiliza a las personas o que enfrenta a las personas entre ellas, no solo es ilegítimo, sino una irresponsabilidad, porque fomenta los miedos, los bulos y los discursos de odio.
– La gestión de los flujos migratorios no sólo es una cuestión de seguridad, sino de humanidad, de derechos y de libertad. En ningún caso el control de las fronteras puede estar por encima de la persona, ni de los derechos humanos. Un Estado, si pretende ser democrático y de Derecho, no puede ignorar que los derechos humanos son universales, de todos, sin distinción, por el mero hecho de ser personas, no son meras concesiones ni privilegios del mal llamado “primer mundo”.
– Toda persona tiene derecho a migrar y a no migrar. Centrémonos en las causas y las condiciones de los flujos migratorios y luchemos para que la decisión de migrar sea de verdad una opción libre y segura. A todos los partidos políticos les pedimos:
1. Políticas y leyes que garanticen vías legales y seguras para los flujos migratorios, para que las personas no se vean obligadas a arriesgar sus vidas ni a exponerse a las mafias.
2. Humanización de los protocolos de salvamento marítimo, priorizando la vida de las personas.
3. Un verdadero compromiso con la acogida, protección, promoción e integración de los migrantes y refugiados, garantizando los procedimientos de asilo y poniendo en el centro su valor como personas y no su utilidad como mano de obra.»
CÍRCULOS DEL SILENCIO
Los Círculos de Silencio están inspirados en la “no violencia” y comienzan en Francia por iniciativa de un sacerdote franciscano francés, Alain J. Richard, para promover la solidaridad con los inmigrantes y que apela a la conciencia de quienes hacen las leyes, de quienes las aplican y de aquellos en cuyo nombre son hechas. «Si no cambiamos nuestras conciencias, no podremos cambiar el mundo. Ésa es la premisa sobre la que gira este encuentro en el que pueden participar creyentes y no creyentes. En él se invita a todos los asistentes a reflexionar u orar durante media hora, en silencio, sobre el drama que están viviendo los emigrantes y refugiados», afirma Ramón Muñoz, miembro del equipo de la Delegación Diocesana de Migraciones. El objetivo no es promover acciones concretas, sino, como explica Muñoz, que cada persona «a raíz de esta reflexión, se sienta interpelada y urgida a actuar en su propio ambiente acogiendo a estas personas, dándole voz, porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. No podemos caer nosotros mismos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo, como nos recordaba el papa Francisco en la bula de convocación del Jubileo de la Misericordia. Nuestra denuncia y nuestra presión pueden hacer cambiar la política de nuestros gobiernos». Y añade: «con este gesto queremos hacer realidad la recomendación que nos hacía el Papa a las diócesis, de que la celebración de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado no se redujera sólo a un hecho puntual. Por eso ponemos en marcha el “Círculo de Silencio” con vocación de perdurabilidad, hasta que los derechos de estos hermanos nuestros sean respetados».
La Delegación de Migraciones de la Diócesis de Málaga vuelve a convocar un acto público de silencio, oración y reflexión sobre la situación que viven las personas forzadas a migrar. La cita en la capital es a las 20.00 horas este miércoles 12 de julio, y de forma extraordinaria, se celebra en la Plaza de la Marina.
Los Círculos de Silencio están inspirados en la “no violencia” y comienzan en Francia por iniciativa de un sacerdote franciscano francés, Alain J. Richard, para promover la solidaridad con los inmigrantes y que apela a la conciencia de quienes hacen las leyes, de quienes las aplican y de aquellos en cuyo nombre son hechas. «Si no cambiamos nuestras conciencias, no podremos cambiar el mundo. Ésa es la premisa sobre la que gira este encuentro en el que pueden participar creyentes y no creyentes. En él se invita a todos los asistentes a reflexionar u orar durante media hora, en silencio, sobre el drama que están viviendo los emigrantes y refugiados», afirma Ramón Muñoz, miembro del equipo de la Delegación Diocesana de Migraciones. El objetivo no es promover acciones concretas, sino, como explica Muñoz, que cada persona «a raíz de esta reflexión, se sienta interpelada y urgida a actuar en su propio ambiente acogiendo a estas personas, dándole voz, porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. No podemos caer nosotros mismos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo, como nos recordaba el papa Francisco en la bula de convocación del Jubileo de la Misericordia. Nuestra denuncia y nuestra presión pueden hacer cambiar la política de nuestros gobiernos». Y añade: «con este gesto queremos hacer realidad la recomendación que nos hacía el Papa a las diócesis, de que la celebración de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado no se redujera sólo a un hecho puntual. Por eso ponemos en marcha el “Círculo de Silencio” con vocación de perdurabilidad, hasta que los derechos de estos hermanos nuestros sean respetados».