El Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, presidía esta mañana, en la Catedral de Jaén, la Eucaristía en la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios.
La Santa Misa, en este día de Año Nuevo, en el que también se celebra la Jornada Mundial de la Paz, ha comenzado a las 11:30 horas y ha esta concelebrada por algunos miembros del Cabildo Catedralicio, entre ellos, D. Juan García Carrillo y D. Juan Francisco Ortiz, a la sazón, Rector del Seminario. También, el canónigo y Delegado de Liturgia, D. Antonio Lara.
Las lecturas y la oración de los fieles fueron participadas por los ministros extraordinarios de la Comunión de la Catedral. Los seminaristas tanzanos que se preparan en la Diócesis como futuros sacerdotes han acolitado la celebración.
Homilía
Don Sebastián ha querido comenzar su homilía felicitando el nuevo año a los presentes en su homilía quiso subrayar que se celebraban varias efemérides en ese día, como la octava de Navidad, la circuncisión y la imposición del nombre de Jesús, la maternidad divina de María, la Jornada Mundial por la Paz y el comienzo del año civil. Sin embargo, el Obispo insistió en que, sin duda, la maternidad divina de María era la celebración más relevante de este día. En este sentido explicó que la participación de María en el misterio de la Redención viene motivada por la fe y la aceptación de la voluntad de Dios: “En esta festividad la Iglesia nos invita a considerar a la Virgen María como Madre de Dios, como trono permanente de Jesús. Pero, también, como custodia espiritual desde la cual se nos ofrece constantemente a Jesucristo como Modelo y Salvador nuestro. La gran obra del amor de Dios, la culminación de la creación y la acción salvadora de Dios, con la intervención de las tres Personas de la Trinidad, entra dentro de la vida humana, a través de una mujer, para vincularnos a Él, para abrirnos el camino hacia Él, rompiendo las fronteras, los muros, que se habían generado a partir del pecado, egoísta y soberbio, de nuestros primeros padres. Y para ello, la colaboración de María. La máxima colaboración de la creatura humana en la recreación del mundo no fue la ciencia, ni la técnica, sino la fe, obediencia, confianza de una joven nazarena”.
Del mismo modo, el Pastor diocesano ha explicado la maternidad espiritual de María como Madre de la Iglesia: “Tengamos también presente en este día, su maternidad espiritual sobre la Iglesia, cuerpo de Cristo, y sobre toda la humanidad, la nueva Eva, de dónde brota su protección maternal e intercesora ante Dios por todos nosotros. Hoy damos gracias a Dios por el regalo de esta hermosa creatura, que a través de Ella entregó a los hombres los bienes de la salvación eterna… pues por medio de Ella hemos recibido al autor de la vida. E igualmente, le damos gracias por que nos la ha regalado como Madre de todos los creyentes y de toda la humanidad”.
Don Sebastián concluía su predicación pidiendo la intercesión y bendición de la Madre de Dios y de los hombres, la Virgen María: “Que Ella bendiga ahora y siempre nuestras vidas, que bendiga a nuestras familias, a vuestros hijos, a nuestros ancianos, a los enfermos y moribundos; que bendiga especialmente a aquellos cuya vida está salpicada por alguna situación de dolor o desesperación: una enfermedad, la pérdida de un ser querido, la pobreza, la distancia con su familia, la soledad…; que bendiga todas las instituciones culturales, sociales y políticas de nuestro hermoso país, España, y de nuestro mundo; que bendiga a nuestra Diócesis Jienense, y así con su amor de Madre, con el consuelo de su amor, nos ayude a caminar por cada uno de los días de este Nuevo Año con la fortaleza de la fe, de la esperanza y de la caridad, por caminos de justicia y de paz, con el gozo y la esperanza de los hijos de Dios”.
Antes de la bendición apostólica, el Obispo ha vuelto a desear un próspero año a los fieles que participaban en la Eucaristía, así como a sus familias, a la vez que ha implorado a Dios por la tan necesitada lluvia, para que riegue los campos de olivos y surta de agua a los pantanos.
La Santa Misa de este 1 de enero ha culminado venerando la imagen del Niño Jesús.
Al iniciar el año nuevo, tiempo de gracia que el Señor nos da a cada uno de nosotros, quisiera dirigirme al Pueblo de Dios, a las naciones, a los Jefes de Estado y de Gobierno, a los Representantes de las distintas religiones y de la sociedad civil, y a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo para expresarles mis mejores deseos de paz.
1. El progreso de la ciencia y de la tecnología como camino hacia la paz
La Sagrada Escritura atestigua que Dios ha dado a los hombres su Espíritu para que tengan «habilidad, talento y experiencia en la ejecución de toda clase de trabajos» (Ex 35,31). La inteligencia es expresión de la dignidad que nos ha dado el Creador al hacernos a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26) y nos ha hecho capaces de responder a su amor a través de la libertad y del conocimiento. La ciencia y la tecnología manifiestan de modo particular esta cualidad fundamentalmente relacional de la inteligencia humana, ambas son producto extraordinario de su potencial creativo.
En la Constitución pastoral Gaudium et spes, el Concilio Vaticano II ha insistido en esta verdad, declarando que «siempre se ha esforzado el hombre con su trabajo y con su ingenio en perfeccionar su vida». [1] Cuando los seres humanos, «con ayuda de los recursos técnicos», se esfuerzan para que la tierra «llegue a ser morada digna de toda la familia humana», [2] actúan según el designio de Dios y cooperan con su voluntad de llevar a cumplimiento la creación y difundir la paz entre los pueblos. Asimismo, el progreso de la ciencia y de la técnica, en la medida en que contribuye a un mejor orden de la sociedad humana y a acrecentar la libertad y la comunión fraterna, lleva al perfeccionamiento del hombre y a la transformación del mundo.
Nos alegramos justamente y agradecemos las extraordinarias conquistas de la ciencia y de la tecnología, gracias a las cuales se ha podido poner remedio a innumerables males que afectaban a la vida humana y causaban grandes sufrimientos. Al mismo tiempo, los progresos técnico-científicos, haciendo posible el ejercicio de un control sobre la realidad, nunca visto hasta ahora, están poniendo en las manos del hombre una vasta gama de posibilidades, algunas de las cuales representan un riesgo para la supervivencia humana y un peligro para la casa común. [3]
Los notables progresos de las nuevas tecnologías de la información, especialmente en la esfera digital, presentan, por tanto, entusiasmantes oportunidades y graves riesgos, con serias implicaciones para la búsqueda de la justicia y de la armonía entre los pueblos. Por consiguiente, es necesario plantearse algunas preguntas urgentes. ¿Cuáles serán las consecuencias, a medio y a largo plazo, de las nuevas tecnologías digitales? ¿Y qué impacto tendrán sobre la vida de los individuos y de la sociedad, sobre la estabilidad internacional y sobre la paz?
2. El futuro de la inteligencia artificial entre promesas y riesgos
Los progresos de la informática y el desarrollo de las tecnologías digitales en los últimos decenios ya han comenzado a producir profundas transformaciones en la sociedad global y en sus dinámicas. Los nuevos instrumentos digitales están cambiando el rostro de las comunicaciones, de la administración pública, de la instrucción, del consumo, de las interacciones personales y de otros innumerables aspectos de la vida cotidiana.
Además, las tecnologías que usan un gran número de algoritmos pueden extraer, de los rastros digitales dejados en internet, datos que permiten controlar los hábitos mentales y relacionales de las personas con fines comerciales o políticos, frecuentemente sin que ellos lo sepan, limitándoles el ejercicio consciente de la libertad de elección. De hecho, en un espacio como la web, caracterizado por una sobrecarga de información, se puede estructurar el flujo de datos según criterios de selección no siempre percibidos por el usuario.
Debemos recordar que la investigación científica y las innovaciones tecnológicas no están desencarnadas de la realidad ni son «neutrales», [4] sino que están sujetas a las influencias culturales. En cuanto actividades plenamente humanas, las direcciones que toman reflejan decisiones condicionadas por los valores personales, sociales y culturales de cada época. Lo mismo se diga de los resultados que consiguen. Estas, precisamente en cuanto fruto de planteamientos específicamente humanos hacia el mundo circunstante, tienen siempre una dimensión ética, estrictamente ligada a las decisiones de quien proyecta la experimentación y enfoca la producción hacia objetivos particulares.
Esto vale también para las formas de inteligencia artificial, para la cual, hasta hoy, no existe una definición unívoca en el mundo de la ciencia y de la tecnología. El término mismo, que ha entrado ya en el lenguaje común, abraza una variedad de ciencias, teorías y técnicas dirigidas a hacer que las máquinas reproduzcan o imiten, en su funcionamiento, las capacidades cognitivas de los seres humanos. Hablar en plural de “formas de inteligencia” puede ayudar a subrayar sobre todo la brecha infranqueable que existe entre estos sistemas y la persona humana, por más sorprendentes y potentes que sean. Estos son, a fin de cuentas, “fragmentarios”, en el sentido de que sólo pueden imitar o reproducir algunas funciones de la inteligencia humana. El uso del plural pone en evidencia además que estos dispositivos, muy distintos entre sí, se deben considerar siempre como “sistemas socio-técnicos”. En efecto, su impacto, independientemente de la tecnología de base, no sólo depende del proyecto, sino también de los objetivos y de los intereses del que los posee y del que los desarrolla, así como de las situaciones en las que se usan.
La inteligencia artificial, por tanto, debe ser entendida como una galaxia de realidades distintas y no podemos presumir a priori que su desarrollo aporte una contribución benéfica al futuro de la humanidad y a la paz entre los pueblos. Tal resultado positivo sólo será posible si somos capaces de actuar de forma responsable y de respetar los valores humanos fundamentales como «la inclusión, la transparencia, la seguridad, la equidad, la privacidad y la responsabilidad». [5]
No basta ni siquiera suponer, de parte de quien proyecta algoritmos y tecnologías digitales, un compromiso de actuar de forma ética y responsable. Es preciso reforzar o, si es necesario, instituir organismos encargados de examinar las cuestiones éticas emergentes y de tutelar los derechos de los que utilizan formas de inteligencia artificial o reciben su influencia. [6]
La inmensa expansión de la tecnología, por consiguiente, debe ser acompañada, para su desarrollo, por una adecuada formación en la responsabilidad. La libertad y la convivencia pacífica están amenazadas cuando los seres humanos ceden a la tentación del egoísmo, del interés personal, del afán de lucro y de la sed de poder. Tenemos por ello el deber de ensanchar la mirada y de orientar la búsqueda técnico-científica hacia la consecución de la paz y del bien común, al servicio del desarrollo integral del hombre y de la comunidad. [7]
La dignidad intrínseca de cada persona y la fraternidad que nos vincula como miembros de una única familia humana, deben estar en la base del desarrollo de las nuevas tecnologías y servir como criterios indiscutibles para valorarlas antes de su uso, de modo que el progreso digital pueda realizarse en el respeto de la justicia y contribuir a la causa de la paz. Los desarrollos tecnológicos que no llevan a una mejora de la calidad de vida de toda la humanidad, sino que, por el contrario, agravan las desigualdades y los confictos, no podrán ser considerados un verdadero progreso. [8]
La inteligencia artificial será cada vez más importante. Los desafíos que plantea no son sólo técnicos, sino también antropológicos, educativos, sociales y políticos. Promete, por ejemplo, un ahorro de esfuerzos, una producción más eficiente, transportes más ágiles y mercados más dinámicos, además de una revolución en los procesos de recopilación, organización y verificación de los datos. Es necesario ser conscientes de las rápidas transformaciones que están ocurriendo y gestionarlas de modo que se puedan salvaguardar los derechos humanos fundamentales, respetando las instituciones y las leyes que promueven el desarrollo humano integral. La inteligencia artificial debería estar al servicio de un mejor potencial humano y de nuestras más altas aspiraciones, no en competencia con ellos.
3. La tecnología del futuro: máquinas que aprenden solas
En sus múltiples formas la inteligencia artificial, basada en técnicas de aprendizaje automático (machine learning), aunque se encuentre todavía en una fase pionera, ya está introduciendo cambios notables en el tejido de las sociedades, ejercitando una profunda influencia en las culturas, en los comportamientos sociales y en la construcción de la paz.
Desarrollos como el machine learning o como el aprendizaje profundo (deep learning) plantean cuestiones que trascienden los ámbitos de la tecnología y de la ingeniería y tienen que ver con una comprensión estrictamente conectada con el significado de la vida humana, los procesos básicos del conocimiento y la capacidad de la mente de alcanzar la verdad.
La habilidad de algunos dispositivos para producir textos sintáctica y semánticamente coherentes, por ejemplo, no es garantía de confiabilidad. Se dice que pueden “alucinar”, es decir, generar afirmaciones que a primera vista parecen plausibles, pero que en realidad son infundadas o delatan prejuicios. Esto crea un serio problema cuando la inteligencia artificial se emplea en campañas de desinformación que difunden noticias falsas y llevan a una creciente desconfianza hacia los medios de comunicación. La confidencialidad, la posesión de datos y la propiedad intelectual son otros ámbitos en los que las tecnologías en cuestión plantean graves riesgos, a los que se añaden ulteriores consecuencias negativas unidas a su uso impropio, como la discriminación, la interferencia en los procesos electorales, la implantación de una sociedad que vigila y controla a las personas, la exclusión digital y la intensificación de un individualismo cada vez más desvinculado de la colectividad. Todos estos factores corren el riesgo de alimentar los conflictos y de obstaculizar la paz.
4. El sentido del límite en el paradigma tecnocrático
Nuestro mundo es demasiado vasto, variado y complejo para poder ser completamente conocido y clasificado. La mente humana nunca podrá agotar su riqueza, ni siquiera con la ayuda de los algoritmos más avanzados. Estos, de hecho, no ofrecen previsiones garantizadas del futuro, sino sólo aproximaciones estadísticas. No todo puede ser pronosticado, no todo puede ser calculado; al final «la realidad es superior a la idea» [9] y, por más prodigiosa que pueda ser nuestra capacidad de cálculo, habrá siempre un residuo inaccesible que escapa a cualquier intento de cuantificación.
Además, la gran cantidad de datos analizados por las inteligencias artificiales no es de por sí garantía de imparcialidad. Cuando los algoritmos extrapolan informaciones, siempre corren el riesgo de distorsionarlas, reproduciendo las injusticias y los prejuicios de los ambientes en los que se originan. Cuanto más veloces y complejos se vuelven, más difícil es comprender porqué han generado un determinado resultado.
Las máquinas inteligentes pueden efectuar las tareas que se les asignan cada vez con mayor eficiencia, pero el fin y el significado de sus operaciones continuarán siendo determinadas o habilitadas por seres humanos que tienen un propio universo de valores. El riesgo es que los criterios que están en la base de ciertas decisiones se vuelvan menos transparentes, que la responsabilidad decisional se oculte y que los productores puedan eludir la obligación de actuar por el bien de la comunidad. En cierto sentido, esto es favorecido por el sistema tecnocrático, que alía la economía con la tecnología y privilegia el criterio de la eficiencia, tendiendo a ignorar todo aquello que no está vinculado con sus intereses inmediatos. [10]
Esto debe hacernos reflexionar sobre el “sentido del límite”, un aspecto a menudo descuidado en la mentalidad actual, tecnocrática y eficientista, y sin embargo decisivo para el desarrollo personal y social. El ser humano, en efecto, mortal por definición, pensando en sobrepasar todo límite gracias a la técnica, corre el riesgo, en la obsesión de querer controlarlo todo, de perder el control de sí mismo, y en la búsqueda de una libertad absoluta, de caer en la espiral de una dictadura tecnológica. Reconocer y aceptar el propio límite de criatura es para el hombre condición indispensable para conseguir o, mejor, para acoger la plenitud como un don. En cambio, en el contexto ideológico de un paradigma tecnocrático, animado por una prometeica presunción de autosuficiencia, las desigualdades podrían crecer de forma desmesurada, y el conocimiento y la riqueza acumularse en las manos de unos pocos, con graves riesgos para las sociedades democráticas y la coexistencia pacífica. [11]
5. Temas candentes para la ética
En el futuro, la fiabilidad de quien pide un préstamo, la idoneidad de un individuo para un trabajo, la posibilidad de reincidencia de un condenado o el derecho a recibir asilo político o asistencia social podrían ser determinados por sistemas de inteligencia artificial. La falta de niveles diversificados de mediación que estos sistemas introducen está particularmente expuesta a formas de prejuicio y discriminación. Los errores sistémicos pueden multiplicarse fácilmente, produciendo no sólo injusticias en casos concretos sino también, por efecto dominó, auténticas formas de desigualdad social.
Además, con frecuencia las formas de inteligencia artificial parecen capaces de influenciar las decisiones de los individuos por medio de opciones predeterminadas asociadas a estímulos y persuasiones, o mediante sistemas de regulación de las elecciones personales basados en la organización de la información. Estas formas de manipulación o de control social requieren una atención y una supervisión precisas, e implican una clara responsabilidad legal por parte de los productores, de quienes las usan y de las autoridades gubernamentales.
La dependencia de procesos automáticos que clasifican a los individuos, por ejemplo, por medio del uso generalizado de la vigilancia o la adopción de sistemas de crédito social, también podría tener repercusiones profundas en el entramado social, estableciendo categorizaciones impropias entre los ciudadanos. Y estos procesos artificiales de clasificación podrían llevar incluso a conflictos de poder, no sólo en lo que respecta a destinatarios virtuales, sino a personas de carne y hueso. El respeto fundamental por la dignidad humana postula rechazar que la singularidad de la persona sea identificada con un conjunto de datos. No debemos permitir que los algoritmos determinen el modo en el que entendemos los derechos humanos, que dejen a un lado los valores esenciales de la compasión, la misericordia y el perdón o que eliminen la posibilidad de que un individuo cambie y deje atrás el pasado.
En este contexto, no podemos dejar de considerar el impacto de las nuevas tecnologías en el ámbito laboral. Trabajos que en un tiempo eran competencia exclusiva de la mano de obra humana son rápidamente absorbidos por las aplicaciones industriales de la inteligencia artificial. También en este caso se corre el riesgo sustancial de un beneficio desproporcionado para unos pocos a costa del empobrecimiento de muchos. El respeto de la dignidad de los trabajadores y la importancia de la ocupación para el bienestar económico de las personas, las familias y las sociedades, la seguridad de los empleos y la equidad de los salarios deberían constituir una gran prioridad para la comunidad internacional, a medida que estas formas de tecnología se van introduciendo cada vez más en los lugares de trabajo.
6. ¿Transformaremos las espadas en arados?
En estos días, mirando el mundo que nos rodea, no podemos eludir las graves cuestiones éticas vinculadas al sector de los armamentos. La posibilidad de conducir operaciones militares por medio de sistemas de control remoto ha llevado a una percepción menor de la devastación que estos han causado y de la responsabilidad en su uso, contribuyendo a un acercamiento aún más frío y distante a la inmensa tragedia de la guerra. La búsqueda de las tecnologías emergentes en el sector de los denominados “sistemas de armas autónomos letales”, incluido el uso bélico de la inteligencia artificial, es un gran motivo de preocupación ética. Los sistemas de armas autónomos no podrán ser nunca sujetos moralmente responsables. La exclusiva capacidad humana de juicio moral y de decisión ética es más que un complejo conjunto de algoritmos, y dicha capacidad no puede reducirse a la programación de una máquina que, aun siendo “inteligente”, no deja de ser siempre una máquina. Por este motivo, es imperioso garantizar una supervisión humana adecuada, significativa y coherente de los sistemas de armas.
Tampoco podemos ignorar la posibilidad de que armas sofisticadas terminen en las manos equivocadas facilitando, por ejemplo, ataques terroristas o acciones dirigidas a desestabilizar instituciones de gobierno legítimas. En resumen, realmente lo último que el mundo necesita es que las nuevas tecnologías contribuyan al injusto desarrollo del mercado y del comercio de las armas, promoviendo la locura de la guerra. Si lo hace así, no sólo la inteligencia, sino el mismo corazón del hombre correrá el riesgo de volverse cada vez más “artificial”. Las aplicaciones técnicas más avanzadas no deben usarse para facilitar la resolución violenta de los conflictos, sino para pavimentar los caminos de la paz.
En una óptica más positiva, si la inteligencia artificial fuese utilizada para promover el desarrollo humano integral, podría introducir importantes innovaciones en la agricultura, la educación y la cultura, un mejoramiento del nivel de vida de enteras naciones y pueblos, el crecimiento de la fraternidad humana y de la amistad social. En definitiva, el modo en que la usamos para incluir a los últimos, es decir, a los hermanos y las hermanas más débiles y necesitados, es la medida que revela nuestra humanidad.
Una mirada humana y el deseo de un futuro mejor para nuestro mundo llevan a la necesidad de un diálogo interdisciplinar destinado a un desarrollo ético de los algoritmos — la algorética—, en el que los valores orienten los itinerarios de las nuevas tecnologías. [12]Las cuestiones éticas deberían ser tenidas en cuenta desde el inicio de la investigación, así como en las fases de experimentación, planificación, distribución y comercialización. Este es el enfoque de la ética de la planificación, en el que las instituciones educativas y los responsables del proceso decisional tienen un rol esencial que desempeñar.
7. Desafíos para la educación
El desarrollo de una tecnología que respete y esté al servicio de la dignidad humana tiene claras implicaciones para las instituciones educativas y para el mundo de la cultura. Al multiplicar las posibilidades de comunicación, las tecnologías digitales nos han permitido nuevas formas de encuentro. Sin embargo, continúa siendo necesaria una reflexión permanente sobre el tipo de relaciones al que nos está llevando. Los jóvenes están creciendo en ambientes culturales impregnados de la tecnología y esto no puede dejar de cuestionar los métodos de enseñanza y formación.
La educación en el uso de formas de inteligencia artificial debería centrarse sobre todo en promover el pensamiento crítico. Es necesario que los usuarios de todas las edades, pero sobre todo los jóvenes, desarrollen una capacidad de discernimiento en el uso de datos y de contenidos obtenidos en la web o producidos por sistemas de inteligencia artificial. Las escuelas, las universidades y las sociedades científicas están llamadas a ayudar a los estudiantes y a los profesionales a hacer propios los aspectos sociales y éticos del desarrollo y el uso de la tecnología.
La formación en el uso de nuevos instrumentos de comunicación debería considerar no sólo la desinformación, las falsas noticias, sino también el inquietante aumento de «miedos ancestrales que […] han sabido esconderse y potenciarse detrás de nuevas tecnologías». [13]Lamentablemente, una vez más nos encontramos teniendo que combatir “la tentación de hacer una cultura de muros, de levantar muros para impedir el encuentro con otras culturas, con otra gente” [14]y el desarrollo de una coexistencia pacífica y fraterna.
8. Desafíos para el desarrollo del derecho internacional
El alcance global de la inteligencia artificial hace evidente que, junto a la responsabilidad de los estados soberanos de disciplinar internamente su uso, las organizaciones internacionales pueden desempeñar un rol decisivo en la consecución de acuerdos multilaterales y en la coordinación de su aplicación y actuación. [15]A este propósito, exhorto a la comunidad de las naciones a trabajar unida para adoptar un tratado internacional vinculante, que regule el desarrollo y el uso de la inteligencia artificial en sus múltiples formas. Naturalmente, el objetivo de la reglamentación no debería ser sólo la prevención de las malas prácticas, sino también alentar las mejores prácticas, estimulando planteamientos nuevos y creativos y facilitando iniciativas personales y colectivas. [16]
En definitiva, en la búsqueda de modelos normativos que puedan proporcionar una guía ética a quienes desarrollan tecnologías digitales, es indispensable identificar los valores humanos que deberían estar en la base del compromiso de las sociedades para formular, adoptar y aplicar los marcos legislativos necesarios. El trabajo de redacción de las orientaciones éticas para la producción de formas de inteligencia artificial no puede prescindir de la consideración de cuestiones más profundas, relacionadas con el significado de la existencia humana, la tutela de los derechos humanos fundamentales y la búsqueda de la justicia y de la paz. Este proceso de discernimiento ético y jurídico puede revelarse como una valiosa ocasión para una reflexión compartida sobre el rol que la tecnología debería tener en nuestra vida personal y comunitaria y sobre cómo su uso podría contribuir a la creación de un mundo más justo y humano. Por este motivo, en los debates sobre la reglamentación de la inteligencia artificial, se debería tener en cuenta la voz de todas las partes interesadas, incluidos los pobres, los marginados y otros más que a menudo quedan sin ser escuchados en los procesos decisionales globales.
* * * * *
Espero que esta reflexión anime a hacer que los progresos en el desarrollo de formas de inteligencia artificial contribuyan, en última instancia, a la causa de la fraternidad humana y de la paz. No es responsabilidad de unos pocos, sino de toda la familia humana. La paz, en efecto, es el fruto de relaciones que reconocen y acogen al otro en su dignidad inalienable, y de cooperación y esfuerzo en la búsqueda del desarrollo integral de todas las personas y de todos los pueblos.
Mi oración al comienzo del nuevo año es que el rápido desarrollo de formas de inteligencia artificial no aumente las ya numerosas desigualdades e injusticias presentes en el mundo, sino que ayude a poner fin a las guerras y los conflictos, y a aliviar tantas formas de sufrimiento que afectan a la familia humana. Que los fieles cristianos, los creyentes de distintas religiones y los hombres y mujeres de buena voluntad puedan colaborar en armonía para aprovechar las oportunidades y afrontar los desafíos que plantea la revolución digital, y dejar a las generaciones futuras un mundo más solidario, justo y pacífico.
Vaticano, 8 de diciembre de 2023
FRANCISCO
[1] N. 33.
[2] Ibíd., n. 57.
[3] Cf. Carta enc. Laudato si’(24 mayo 2015), 104.
La víspera del día de la Sagrada Familia se celebró en nuestra catedral una misa en la que un buen grupo de matrimonios renovaron sus promesas matrimoniales con motivo de sus bodas de oro, plata y primer año de casados. Organizado por la Delegación diocesana de pastoral familiar muchas familias cristianas se unieron en oración en torno a la celebración del V centenario del primer templo diocesano.
Que la familia de Nazaret interceda por todas las familias de nuestra diócesis para que seamos verdadero reflejo del Amor del Padre.
Aceptación de la petición y admisión para recibir la Admissio ad ordines de los siguientes seminaristas, del Seminario Mayor Diocesano San Fulgencio:
– D. Alejandro Mayol Sánchez
– D. Jesús Marín Nortes
– D. Arturo García Sánchez
– D. Juan Morales Celdrán
– D. Jesús López Huéscar
– D. Jesús Martínez Castaño
– D. Juan Pedro Sánchez Vidal
B) NORMATIVAS
21 de diciembre de 2023
Aprobación de la reforma integral de las normas sobre el funcionamiento de los cementerios de titularidad eclesiástica en la Diócesis de Cartagena, aprobadas por el antecesor Excmo. y Rvdmo. Monseñor Manuel Ureña Pastor, que servirán de guía para la redacción e interpretación de los concretos estatutos y reglamentos de inferior orden, pudiendo recoger en ellos las particularidades propias de cada comunidad y el respeto a su tradición, siempre bajo el amparo de la Diócesis de Cartagena, quedando derogadas las normas que lo contradigan, concediéndose a los distintos cementerios eclesiásticos de esta Diócesis, un plazo prudencial de dos años para la adaptación de sus estatutos.
El domingo 31 de diciembre se celebró en la catedral, como en el resto de parroquias, la fiesta de la Sagrada Familia. La Misa estuvo presidida por el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, y en el transcurso de la misma bendijo a un grupo de matrimonios que cumplen sus bodas de oro y de plata matrimoniales y a otros que quisieron recibir la bendición. Todos ellos renovaron públicamente su compromiso matrimonial.
La celebración estuvo preparada por los delegados de Familia y Vida, Jesús Galera e Inmaculada Triguero, quienes entregaron a los matrimonios que celebraban sus bodas de oro y de plata un icono con la imagen de la Sagrada Familia.
En la homilía el obispo habló de la familia y del don que supone para el mundo. Cuando uno ama y se siente amado en la familia, vino a decir el obispo, puede experimentar el amor de Dios. Habló de cómo la familia humana es reflejo de esa otra gran familia que es la Trinidad, que nos llama vivir en el amor, porque Dios es amor. También habló de cómo la Sagrada Familia nos ayuda a afrontar las dificultades con las que se encuentran hoy nuestras familias. Tampoco lo tuvieron fácil María, José y Jesús. Si ponemos a Dios en el centro, dijo Mons. Orozco, y vivimos virtudes como el sacrificio por el otro, la gratuidad, la humildad, el saber perdonarse,… todas esas dificultades se pueden afrontar.
Y refiriéndose a los matrimonios que iban a recibir la bendición en sus bodas de oro y plata matrimoniales, recordó la importancia del testimonio de la familia cristiana en el mundo: “estos matrimonios que hoy van a ser bendecidos y que celebran sus bodas de plata y oro matrimoniales nos dicen que el amor es posible después de 25 y de 50 años”.
Finalmente, el obispo reconoció que hoy “no es una aventura fácil vivir la autenticidad de lo que somos como familia”. Y, recordando el lema de esta jornada – “La familia es portadora de la Buena Noticia”-, les dijo a los padres y madres: “no renunciéis nunca a ser los primeros transmisores de la fe a vuestros hijos”.
Terminó la celebración con la Oración por la Familia, el beso del Niño y el deseo de un buen año 2024 para todos.
En la mañana del sábado 30 de diciembre, el obispo Don Francisco Jesús Orozco visitó el Hogar “San José”, de Baza, de las Religiosas Hermanitas de los Ancianos Desamparados. El momento más importante de la visita fue, sin duda, la celebración de la Eucaristía en la capilla d ela Residencia, acompañado del párroco y capellán; Emilio J. Fernández, y del rector del Seminario San Torcuato, José Antonio Varón.
Durante la celebración eucarística y durante su visita, el obispo ha felicitado la Navidad a las religiosas, a los ancianos residentes y al personal que los atiende.
Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en la octava de la Navidad del Señor y en el día de su Circuncisión. Los Padres del Concilio de Éfeso la aclamaron como Theotocos, porque en ella la Palabra se hizo carne y acampó entre los hombres el Hijo de Dios, príncipe de la paz, cuyo nombre está por encima de todo otro nombre.
El tiempo de Navidad nos lleva hasta la fiesta del bautismo del Señor, que celebraremos el domingo 7 de enero. Este tiempo de alegría y esperanza por la Nacimiento del Señor se celebra en todos los rincones de la diócesis. ¿Cómo lo viven en un monasterio de clausura?
Belén Jiménez es la superiora del Monasterio de San José de las Carmelitas Descalzas, en Málaga capital y explica que «la Navidad no aparece de golpe en el Monasterio, la hemos ido preparando cuidadosamente durante todo el tiempo de Adviento: en la oración, en la celebración de la Eucaristía y de la liturgia de las horas, en la lectura “despaciosa” de la Palabra, en el cuidado de los hermanos que nos pueden necesitar, y también la hemos preparado decorando la casa, poniendo un Nacimiento en este rincón, un Niño Jesús en aquel otro… En nuestra comunidad hay una hermana a la que eso de ambientar el convento se le da especialmente bien. Y para Navidad se esmera. Los dos belenes más importantes son el de la iglesia y el de la sala donde nos reunimos a diario. Son sencillos, con figuras de distinto tamaño, muy “caseros”».
El tiempo de Navidad comenzó en el monasterio en la tarde del 24 de diciembre «con el rezo de las Primeras Vísperas. Después de cantar el himno, bendijimos el pesebre de la iglesia y colocamos al Niño Jesús y, con mucha emoción, continuamos la liturgia. Seguimos con la procesión “pidiendo posada” que, desde la celda de la priora, va recorriendo los distintos belenes de la casa. La Misa de Nochebuena es el centro de nuestra celebración. Los cantos, el beso a la imagen del Niño, la felicitación de las personas que nos acompañan, el recuerdo de los que este año faltan… y, sobre todo, la comunión de ese mismo Jesús, que sigue viniendo cada día y se nos entrega en el pan consagrado», explica Sor Belén.
Y llegados al momento de la cena de Nochebuena, habrá quien piense que las religiosas no preparan nada especial, pero no es así. La superiora relata que «la cena de Nochebuena es una cena de verdad, con dos platos, postre, dulces y una copita para brindar. Y después subimos a la sala de recreación y delante del Belén nos quedamos cantando villancicos hasta… que el sueño nos puede», pues es día de fiesta grande.
«La liturgia de este tiempo es muy rica, tanto las oraciones como las lecturas propias ayudan a vivir una singular experiencia interior», añade la superiora, «son los textos que van marcando nuestra vivencia de estos días. Porque la Navidad no termina con la comida del 25, es un tiempo que se extiende hasta el día del Bautismo del Señor, para que vayamos degustando la riqueza del Misterio de la Encarnación, transmitida por la tradición viva que se nutre de la fe de tantos siglos de creyentes».
El tiempo de Navidad nos lleva hasta la fiesta del bautismo del Señor, que celebraremos el domingo 7 de enero. Este tiempo de alegría y esperanza por la Nacimiento del Señor se celebra en todos los rincones de la diócesis. ¿Cómo lo viven en un monasterio de clausura?
Belén Jiménez es la superiora del Monasterio de San José de las Carmelitas Descalzas, en Málaga capital y explica que «la Navidad no aparece de golpe en el Monasterio, la hemos ido preparando cuidadosamente durante todo el tiempo de Adviento: en la oración, en la celebración de la Eucaristía y de la liturgia de las horas, en la lectura “despaciosa” de la Palabra, en el cuidado de los hermanos que nos pueden necesitar, y también la hemos preparado decorando la casa, poniendo un Nacimiento en este rincón, un Niño Jesús en aquel otro… En nuestra comunidad hay una hermana a la que eso de ambientar el convento se le da especialmente bien. Y para Navidad se esmera. Los dos belenes más importantes son el de la iglesia y el de la sala donde nos reunimos a diario. Son sencillos, con figuras de distinto tamaño, muy “caseros”».
El tiempo de Navidad comenzó en el monasterio en la tarde del 24 de diciembre «con el rezo de las Primeras Vísperas. Después de cantar el himno, bendijimos el pesebre de la iglesia y colocamos al Niño Jesús y, con mucha emoción, continuamos la liturgia. Seguimos con la procesión “pidiendo posada” que, desde la celda de la priora, va recorriendo los distintos belenes de la casa. La Misa de Nochebuena es el centro de nuestra celebración. Los cantos, el beso a la imagen del Niño, la felicitación de las personas que nos acompañan, el recuerdo de los que este año faltan… y, sobre todo, la comunión de ese mismo Jesús, que sigue viniendo cada día y se nos entrega en el pan consagrado», explica Sor Belén.
Y llegados al momento de la cena de Nochebuena, habrá quien piense que las religiosas no preparan nada especial, pero no es así. La superiora relata que «la cena de Nochebuena es una cena de verdad, con dos platos, postre, dulces y una copita para brindar. Y después subimos a la sala de recreación y delante del Belén nos quedamos cantando villancicos hasta… que el sueño nos puede», pues es día de fiesta grande.
«La liturgia de este tiempo es muy rica, tanto las oraciones como las lecturas propias ayudan a vivir una singular experiencia interior», añade la superiora, «son los textos que van marcando nuestra vivencia de estos días. Porque la Navidad no termina con la comida del 25, es un tiempo que se extiende hasta el día del Bautismo del Señor, para que vayamos degustando la riqueza del Misterio de la Encarnación, transmitida por la tradición viva que se nutre de la fe de tantos siglos de creyentes».
La Iglesia celebra hoy, 31 de diciembre, la Jornada de la Sagrada Familia, bajo el lema «Familia, portadora de la Buena Noticia».
Así, esta mañana, a las 11.30 horas, la S. I. Catedral de Jaén acogía la Eucaristía presidida por nuestro Obispo, Don Sebastián Chico Martínez. Asimismo, durante la celebración eucarística, se ha llevado a cabo el rito de envío del sacerdote diocesano y Canónigo de la Catedral, D. Emilio Samaniego Guzmán, como misionero.
Han concelebrado, también, el Deán de la Catedral, D. Francisco Juan Martínez Rojas; el Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA, Monseñor D. Fernando Chica Arellano; el Consiliario de la Delegación de Familia y Vida, D. Juan Francisco Ortiz; el Delegado de la Pastoral Penitenciaria, D. Domingo Pérez; el Delegado de Liturgia, D. Antonio Lara; el Ecónomo y vice ecónomo del Cabildo, D. Rogelio Garrido y D. Juan Herrera, respectivamente; el canónigo D. Juan García Carrillo y el secretario particular del Obispo, D. Francisco Javier Cova. También, han querido estar presentes los miembros del equipo de la Delegación diocesana, miembros de otros grupos diocesanos y un importante número de familias, que no han querido perderse esta gran fiesta; así como familiares y amigos de D. Emilio Samaniego.
Las lecturas y la oración de los fieles han estado participadas por los sobrinos de D. Emilio Samaniego.
Tras la segunda lectura D. Emilio Samaniego era presentado ante el Obispo con estas palabras: «Nuestra Iglesia de Jaén, en cumplimiento del mandato del Señor, envía a anunciar el Evangelio y acompaña con sus oraciones al presbítero Emilio Samaniego Guzmán, para que ejerza su ministerio en la Iglesia que peregrina, en Ecuador».
A continuación, el Obispo incensaba el Evangeliario y lo entregaba al enviado, que ha sido el encargado de proclamarlo.
El acompañamiento musical ha corrido a cargo de los miembros del “Face to God”.
Homilía
Monseñor Chico Martínez ha comenzado su predicación saludando a todas las familias.
Don Sebastián, además, haciendo alusión al lema de la Jornada, recordaba la esencia de la familia de Nazaret. “Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, nació y vivió en el seno de una familia humana, real y concreta, con María, su madre, y con José, el esposo de María. Ellos le criaron y educaron con inmenso amor. Por medio de ellos estaba emparentado con otras familias y otras muchas personas”.
Y en este sentido el Pastor diocesano añadió, “Queridos hermanos, la familia es la comunidad más original, profunda y universal de la humanidad. Es crucial para la aparición de cada ser humano. Las familias constituyen el ámbito más adecuado en el que cada persona llega a ser genuinamente humana, puede desarrollarse y donde la mayor parte de la humanidad alcanza la plenitud del amor”.
De igual modo, el Prelado del Santo Reino ha aseverado, “Uno de los objetivos más importantes que tenemos como cristianos es defender la familia verdadera, fundada en el amor fiel y generoso de un matrimonio estable y santo, defender la familia como refugio y garantía de la humanidad del hombre, amenazada por la cultura del individualismo, del egoísmo y de la confusión con otro tipo de relaciones. Hoy damos gracias a Dios por habernos dado la gracia inmensa de nacer y crecer en una familia cristiana, que muchas veces significa tanto como haber podido llegar a nacer y vivir”. Don Sebastián ha aprovechado la Jornada de la Sagrada Familia para pedir por todas las familias de nuestra Diócesis y por las vocaciones dentro del Seno familiar. “A la vez que damos gracias a Dios por el don y la bendición de nuestras familias, pidamos a Dios para que todos, laicos, familias, sacerdotes, equipos prematrimoniales, religiosos y religiosas, movimientos y asociaciones familiaristas, seamos auténticos testigos misioneros que anunciemos el verdadero evangelio de la familia y creemos vínculos, estructuras, redes de pastoral familiar en nuestra Diócesis de Jaén para que apoyados los unos en los otros encontremos la fuerza y el aliento para vivir verdaderamente a imagen de la familia de Nazaret y ser verdaderos anunciadores de la buena noticia”.
Antes de concluir la homilía, el Obispo ha agradecido el gesto de comunión con la Iglesia universal de D. Emilio Samaniego, a la vez que lo ha animado en la nueva tarea que emprende como misionero, recordándole que cuenta con la oración de la Diócesis para el desempeño de su misión en Ecuador: “Recuerda que no vas como maestro, sino como servidor, en el nombre del Señor Jesús, y desde ahí a compartir la vida, tu fe, tu ministerio sacerdotal. Y recuerda que las tres cualidades que debes reunir como misionero es la pasión por Jesucristo, estar enamorado de Él y el deseo de anunciarlo hasta el último rincón. Ofrece lo mejor de ti mismo, pues así hallarás el gozo de Cristo. Disfruta de la alegría que surge de la misión de evangelizar, la que se da y se recibe, y no te canses en esta tarea. Disfruta de tu ser sacerdotes, cuídalo y protégelo. Muestra a tiempo y a destiempo tu fe, la que te mantiene en pie y te empuja a salir de la comodidad de tu tierra, con tus obras, tu presencia y, sobre todo, con la cercanía y la alegría que te caracteriza”.
Asimismo, durante la celebración ha habido varios momentos especialmente emotivos, como la renovación que han hecho los miembros de la familia del compromiso como familia cristiana o la bendición del Obispo sobre los esposos.
Además, han rezado, todos juntos, la oración por la familia.
Rito de envío
Antes de la bendición final, D. Emilio Samaniego se ha postrado ante el Obispo de rodillas para recibir la bendición de envío. Posteriormente, se ha bendecido, también la cruz que le ha presentado, que finalmente le ha entregado diciendo: “Recibe este signo del amor de Cristo y de nuestra fe; predica a Cristo, y éste crucificado, fuerza de Dios y sabiduría de Dios”.
De esta manera,D. Emilio ha quedado enviado a la misión en el Vicariato Apostólico de Esmeraldas (Ecuador), lugar donde había sido enviado con anterioridad, el 4 de julio 2008, y donde permaneció hasta 3 agosto del 2010.
Por su parte, D. Emilio Samaniego ha querido manifestar públicamente su agradecimiento por la tarea que la Iglesia de Jaén le encomienda, y a la que acude con entusiasmo por seguir anunciando la Buena Noticia del Señor. Se ha encomendado a la Virgen de la Capilla, patrona de Jaén, y ha pedido a todos los presentes que recen por los frutos de su misión.
La celebración culminaba con la bendición apostólica del Obispo y con el Niño Jesús en brazos ha salido hasta la plaza de Santa María para que los jiennenses veneraran al Mesías, mientras, en tono de júbilo se han cantado villancicos.