Inicio Blog Página 2292

Tenemos una Buena Noticia… ¡No la escondamos!

0

Tenemos una Buena Noticia… ¡No la escondamos!

“Potenciar y coordinar la presencia evangelizadora en los medios de comunicación y redes sociales, con un plan de evangelización en colaboración con las distintas instancias pastorales diocesanas”. Esta es la cuarta propuesta de acción dentro de la primera fase del Plan pastoral Diocesano para el período comprendido entre los años 2022 y 2027. Una propuesta que atañe directamente a una vicaría episcopal, la de Nueva Evangelización, y a una delegación diocesana, la de Medios de Comunicación. El cambio experimentado durante estas tres décadas va pareja a la evolución de un sector sujeto a procesos vertiginosos que no solo incumben el aspecto meramente técnico.

Del envío de noticias por fax a la viralización de contenidos por redes sociales; de lo analógico a lo digital; de seis cabeceras locales en prensa escrita a un nuevo panorama derivado de las sucesivas crisis y el cambio de audiencia; del monopolio de lo escrito a una multiplicidad de formatos que conforman un panorama mediático en continuo cambio… ¿Qué se mantiene inmutable a lo largo de los últimos años? La voluntad de ofrecer una información veraz y de calidad. El contenido no tiene competencia, y precisamente ahí está el reto de la Iglesia en este campo: el servicio a la verdad.

Leonardo Sánchez es el responsable actual de la Delegación Diocesana de Medios de Comunicación, una instancia de la Curia diocesana con un cometido que se deriva directamente de la razón de ser de la Iglesia en su vertiente misionera: dar a conocer la Buena Noticia del Evangelio. El padre Sánchez sucede al frente de este organismo a tres sacerdotes -el padre Isaac García, ya fallecido, Marcelino Manzano y Adrián Ríos– que han sabido dotar a la Archidiócesis de un ‘brazo mediático’ que va más allá de su vertiente como agencia de noticias diocesana. En la actualidad, la Delegación de Medios trata de salir al paso de las diversas necesidades que la relación con los agentes de la comunicación, los medios y, en última instancia, los fieles, demanda. Lejos quedan las rutinas informativas adaptadas a unos medios y unas prácticas ya superadas ampliamente. Se trata, además, de un sector para el que la pastoral diocesana guarda una propuesta misionera, formativa… Evangelizadora.

Esto último se materializa en diversas iniciativas formativas en comunicación, creando sinergias con otras instancias formativas. Entre ellas la Facultad de Teología San Isidoro, el Seminario Metropolitano o la Universidad de Sevilla.

Revista diocesana en papel y online

El potencial humano de la Delegación se completa con cuatro profesionales –Alicia Contreras, Karen Mendoza, Pablo F. Enríquez y Pilar Arincón– a los que se suman las aportaciones de un buen grupo de colaboradores que hacen posible que la voz de la Iglesia llegue a cada vez más rincones de la esfera diocesana. Mención especial para las Chicas de oro, un equipo de mujeres, veteranas y sobradamente preparadas, que todas las semanas se encargan de la distribución de parte de los nueve mil ejemplares del semanario diocesano Iglesia en Sevilla. La hojita, como se conocía a esta publicación en su primera etapa, es hoy un semanario de dieciséis páginas con una panorámica de la vida de la diócesis, sin olvidar apartados formativos, litúrgicos y culturales. Está disponible cada fin de semana en todas las parroquias, y los viernes se facilita una versión digital desde la web diocesana.

Son muchos los campos que se abarcan desde este espacio diocesano. A la elaboración de la revista diocesana se suma la administración de dos portales web (este como presencia principal de la Archidiócesis en internet; y Archisevilla Siempre Adelante, de marcado carácter pastoral y catequético), otros tantos programas propios en la emisora COPE (‘El Espejo’, los viernes a la una y media, con redifusión a las tres y media de la tarde; e ‘Iglesia Noticia Sevilla’, las mañanas de los domingos a las diez menos cuarto, tras la retransmisión de la Santa Misa), una apuesta pujante en el ámbito de las redes sociales (con perfiles en Instagram, X, Youtube y Facebook), el canal de noticias recientemente estrenado en Whatsapp, una creciente producción audiovisual, colaboraciones periódicas u ocasionales con otros medios (los casos de Radio María, el informativo regional ‘El Espejo’ de COPE y el programa ‘Testigos Hoy’ de Canal Sur TV, entre otros)… No faltan ocupaciones que sumar a la atención diaria de la actualidad diocesana y la cobertura de la ingente actividad del arzobispo y los obispos auxiliares.

La Iglesia en las redes

El sector de la comunicación se ha visto afectado por un cúmulo de transformaciones tecnológicas y competitivas asociadas a la digitalización que modulan inevitablemente su actividad. Inexorablemente, esta instancia diocesana ha adaptado sus canales informativos a un nuevo paradigma social. El perfil de la Archidiócesis de Sevilla (@Archisevilla1) es, con casi 28.000 seguidores, el que goza de mayor audiencia en este medio entre las diócesis españolas. Una fidelidad que se corresponde con un trabajo sostenido desde julio de 2012. Por su parte, la presencia diocesana en Instagram tiene una doble vía, con un perfil institucional que se suma al personal del arzobispo, @arzobisposaiz, de más reciente creación. Don José Ángel Saiz, muy activo en redes desde su llegada a Sevilla, se planteó la presencia en este medio como una faceta más de su tarea pastoral, reforzando así la dinámica diocesana en un ámbito que se antoja imprescindible.

Las cifras respaldan esta apuesta. El mes de diciembre se ha cerrado con 656 publicaciones mensuales en los diversos perfiles diocesanos, con una media de más de 21 publicaciones diarias. La primera consecuencia es obvia: Estos números, las historias que hay detrás de las estadísticas, consolidan la presencia de la diócesis en un ámbito ineludible. De hecho, no podemos hablar de los nuevos areópagos pasando por alto una realidad digital casi omnipresente en nuestras vidas.

Por un mundo “menos oscuro”

Con todo, la vertiente técnica no cierra el círculo de la aportación diocesana en el universo mediático. Hay un plus personal, cercano, que relegaría todo lo anterior a un plano secundario. Porque la Delegación Diocesana de Medios se ha consolidado hace tiempo como una instancia de referencia para todo profesional de la comunicación que tenga que enfrentar una información de corte religioso, social, cultural, en Sevilla. Y este aspecto, el trato directo con los profesionales, es una pieza imprescindible del puzzle de la comunicación a todos los niveles. Como afirmó el papa Francisco en la entrega de unas distinciones a periodistas, nuestra misión es “hacer un mundo menos oscuro”, intentar que los que viven en él “le tengan menos miedo y miren a los demás con mayor conciencia, y también con más confianza”. La hoja de ruta está trazada, no escondamos la Buena Noticia.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Cultos en honor a María Santísima de la Candelaria

0

Estimado Hermano: 

  Te detallamos los diferentes actos en Honor a María Santísima de la Candelaria, que se celebrarán D.M., en los próximos días:

XXXIV Exaltación a María Santísima de la Candelaria.

  Como cada año, hermanos, fieles y devotos se citan en la Parroquia de San Francisco y San Eulogio para escuchar la exaltación a María Santísima, que este año, D.M, será el día 26 de enero a las 21:00 h.

  Anualmente emanan de lo más profundo de cada exaltador, los sentimientos en forma de palabras hacia nuestra Titular. Ruegos, vivencias, rezos o incluso piropos para hacer público el amor a una Madre, es por ello por lo que cada año nadie queda indiferente en este día.

  Este año tomará la palabra N.H.D. Rafael López Martínez, que será presentado por N.H.D. José Manuel López Vargas.

Santo Rosario de María Santísima de la Candelaria.

  El Rosario matutino de Nuestra Amantísima Titular tendrá lugar el 28 de enero a las 9:00 horas. Transcurrirá por las siguientes calles de la feligresía: Compás de San Francisco, San Fernando, San Francisco, Plaza del Potro, Lineros, Candelaria, Tornillo, Maese Luis, Huerto de San Pedro el Real, Compás de San Francisco.

  Todos los hermanos portarán un cirio para acompañar a María Santísima de la Candelaria.

  Al finalizar el rezo del Santo Rosario tendrá lugar la celebración de la Eucaristía.

Triduo en honor de María Santísima de la Candelaria.

  Los días 31 de enero y 1 de febrero a las 20:00 horas tendrá lugar la Santa Misa de celebración de los dos primeros días de triduo.

  El día 2 de febrero, festividad de la Candelaria, a las 20:30 horas se celebrará el último día de Triduo en honor de Nuestra Titular, Solemne Misa de Fundación ocupando la sagrada cátedra Ilmo. Sr. D. Joaquín Alberto Nieva García, Deán – Presidente del Cabildo Catedral, Párroco y Consiliario de la Hermandad.

  Durante la misa, en la presentación de las ofrendas, quien lo desee podrá hacer una ofrenda floral a la Virgen.

  Tras la celebración de la Festividad de la Candelaria, los niños que lo deseen podrán pasar bajo el manto de la Virgen.

  Durante el día 2 María Santísima de la Candelaria estará expuesta en Solemne Besamanos de 11:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas.

  Accede en este enlace a la Orla de Cultos: https://wp.me/pal77H-1cG

  Para facilitar a los hermanos el seguimiento de todos los actos, se retrasmitirán en directo por nuestro canal de Facebook.

En Córdoba, 21 de enero de 2024.

La Junta de Gobierno.

La entrada Cultos en honor a María Santísima de la Candelaria apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

Mons. Saiz agradece el trabajo de los periodistas “al servicio de la sociedad y de las personas concretas”

0

Mons. Saiz agradece el trabajo de los periodistas “al servicio de la sociedad y de las personas concretas”

El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, ha enviado un mensaje de gratitud y apoyo a los periodistas en el día de su patrón, San Francisco de Sales. El prelado, que hoy presidirá a la una de la tarde la Misa dedicada a los periodistas y escritores católicos en la capilla del monasterio de la Visitación (Salesas), agradece a los profesionales de la comunicación “vuestro trabajo al servicio de la sociedad y de las personas concretas, al servicio del bien común y de la paz social, al servicio de la información y de la formación de las personas”.

Reconoce que se trata de un trabajo “que no está exento de dificultades”, y les anima a seguir trabajando, “desde la bondad y el bien, desde la justicia y la libertad, cultivando una información seria y rigurosa, fidedigna y solvente”.

El arzobispo hispalense concluye su mensaje pidiendo al Señor que “os ayude a estrenar cada día vuestra vocación periodística, con renovada ilusión, con una esperanza inagotable”.

 

Ver este artículo en la web de la diócesis

Manos Unidas de Guadix presenta la nueva campaña 2024 este sábado 27 de enero

0

Manos Unidas de Guadix presenta la nueva campaña 2024 este sábado 27 de enero

 

Será en la iglesia de la Virgen de las Angustias, a las 19´30h. Antes, a las 19´00h se saldrá en peregrinación desde el obispado, para celebrar así el Año Jubilar de la Patrona

 

Manos Unidas de Guadix presentará, el próximo sábado 27 de enero, los nuevos proyectos que va a financiar contra el hambre durante el año que comienza. Es lo que se conoce como presentación de la “campaña 2024 de Manos Unidas en la diócesis de Guadix. Será a las 7´30 de la tarde, en la iglesia de la Virgen de las Angustias, y contará con la presencia del obispo diocesano, D. Francisco Jesús Orozco. Se trata de un acto abierto a todos los que quieran asistir y conocer cómo trabaja Manos Unidas y qué va a hacer durante el año que acaba de comenzar.

La presentación de la nueva campaña realmente comenzará media hora antes, en los bajos del obispado, donde Manos Unidas tiene su sede. Desde allí, a las 7 de la tarde, van a iniciar una peregrinación hasta la iglesia de la Virgen de la Angustias, para celebrar de esta manera el Año Jubilar y ganar las indulgencias. También es una peregrinación a la que se pueden sumar todos los que quieran. De hecho, el equipo de Manos Unidas hace una invitación expresa a “a voluntarios colaboradores, catequistas, hermandades y cofradías, asociaciones y pueblo en general, a participar en la misma”.

 

Una vez en la iglesia, ante la Virgen de las Angustias, se celebrará la Eucaristía, a las 19´30h, y, después, también en el templo, ante la Patrona de Guadix, se presentará la nueva campaña, que este año lleva el lema “El efecto ser humano, la única especie capaz de cambiar el planeta”.

 

También a este acto animan, desde Manos Unidas, a sumarse: “se hace una invitación a cuantos participan de la vida de la iglesia en nuestra ciudad: grupos juveniles, Federación de Cofradías y Hermandades, asociaciones religiosas y de solidaridad, catequistas y pueblo en general, a fin de conozcan los proyectos que la Iglesia de Guadix, a través de Manos Unidas, se ha comprometido a llevar a cabo el presente año y a orar para que sus frutos solidarios sean para mayor gloria de Dios y de los hombres”.

Además, en la presentación de la nueva campaña, se hará memoria de la del año anterior, en la que se financiaron tres proyectos de formación en el tercer mundo, dirigidos a jóvenes y mujeres, que alcanzan a varios miles de personas, en Brasil, Mozambique e India. También se ayudó a financiar la construcción de ochenta sistemas de tratamiento de aguas grises y la construcción de ochenta fosas ecológicas, en el nordeste de Minas Gerais, en Brasil. Son proyectos con los que se quiere ayudar a esas comunidades a salir del círculo de la pobreza y a encarar el futuro con esperanza.

Para este 2024 ya hay varios proyectos a financiar por Manos Unidas de la diócesis de Guadix en alguna parte del mundo. El sábado 27 de enero, a las 19´30h, los podremos conocer. Estamos invitados.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

Ver este artículo en la web de la diócesis

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Día 7

0

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Día 7

Señor, enséñanos a socorrer al prójimo

“¿Cuál de estos tres hombres te parece que fue el prójimo?” (Lc 10,36)

Reflexión día 7: Miércoles, 24de enero

 

Al final de la parábola, Jesús le preguntó al maestro de la ley: ¿quién se comportó como prójimo del hombre herido? El maestro de la ley respondió «el que tuvo compasión de él». No dijo «el samaritano», y se entiende, pues la hostilidad entre samaritanos y judíos hacía difícil admitir esta respuesta. A menudo descubrimos prójimos en las personas más inesperadas, incluso aquellas cuyo nombre u orígenes nos resultan difíciles de pronunciar. En el mundo de hoy, donde la política polarizada enfrenta con frecuencia a personas de diferentes identidades religiosas, Jesús nos desafía a través de esta parábola a ver la importancia de nuestra vocación de transgredir fronteras y muros de separación.

Al igual que el maestro de la ley, tenemos el desafío de reflexionar sobre cómo vivimos nuestras vidas, no solo en términos de si hacemos el bien o no, sino si, como el sacerdote y el levita, estamos descuidando actuar con misericordia.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Comentario al Evangelio. El fruto

0

Foto de freestocks.org

Publicado: 24/01/2024: 27

El delegado de Medios de Comunicación Social, el sacerdote Rafael Pérez Pallarés, invita a profundizar en el evangelio de hoy, 24 de enero, (Mc 4, 1-20)

Jesús continuamente enseña. Muestra cuál es el proyecto de Dios para la vida de las gentes. La gente se agolpa para escucharlo. Es recomendable, como discípulos que somos del Señor, aprender también de él. Enseñar, catequizar a tiempo y destiempo. Hay quienes no han escuchado hablar de Cristo. No podemos dar nada por supuesto y más en el contexto actual. El Evangelio, aunque lleva entre nosotros muchos siglos, es desconocido para muchas personas. También para aquellas que profesan otra religión. Pero también y tristemente para quienes fueron bautizados. Es necesario hablar a nuestros contemporáneos de Jesús. Y explicarles la Palabra con un lenguaje actual. Sin artificios. Directo. Desde la misericordia. Es necesario que en nuestra vida, si pretendemos profundizar en el misterio de Dios, tengamos momentos extensos de encuentro con la Palabra para que esta germine y dé fruto.

Colabora con la información diocesana

Más artículos de: Comentario al Evangelio

Ver este artículo en la web de la diócesis

Conocemos la figura de san Ildefonso de Toledo

0

23 de enero se celebra se recuerda en la Iglesia la figura de uno de los Padres de la Iglesia, San Ildefonso de Toledo.

PINCHA AQUÍ PARA CONOCER LA BIOGRAFÍA DEL SANTO

Ildefonso, nacido en Toledo el año 608, hijo de Esteban y Lucía, nobles visigodos, parientes del Rey Atanagildo. Fue instruido primero por el Obispo toledano Eugenio III y después en la escuela de San Isidoro de Sevilla cursó la Filosofía y las Humanidades. A su vuelta, abrazó la vida monacal en el monasterio toledano Agaliense. Allí recibió las sagradas órdenes de manos de san Eladio. San Eugenio le nombró después arcediano de su iglesia. Los monjes del monasterio Agaliense, dedicado a San Cosme y San Damián, le nombraron abad. A la muerte de sus padres y con su pingüe herencia fundó un monasterio de monjas. A la muerte de su tío, San Eugenio III, fue nombrado Arzobispo de Toledo. Escribió admirablemente sobre muchos temas; entre ellos destaca el libro “De la perpetua Virginidad de la Bienaventurada Virgen María”. Según refiere, el Obispo Cixila, en premio a la defensa que hizo de la perpetua virginidad de María, mereció recibir de la Madre de Dios un don del cielo.

Entregó su alma a Dios el 23 de enero del año 667. Fue sepultado en la iglesia de santa Leocadia. En la invasión musulmana sus restos fueron trasladados a Zamora para evitar profanaciones. 

Devoto de la Virgen 

Todo sucedió en una noche de diciembre. San Ildefonso estaba junto a sus clérigos. En ese momento, decidieron ir juntos a una iglesia para cantar himnos en honor a la Virgen María. Al llegar, descubrieron que en la capilla había una luz muy deslumbrante. Todos se quedaron atemorizados y huyeron, excepto Alfonso y sus dos diáconos. 

Los tres decidieron entrar en la iglesia y acercarse hasta el altar. Y allí estaba: María. La Virgen estaba sentada en la silla del obispo y rodeada por unas vírgenes que entonaban cantos celestiales.

La Virgen María le dijo: «tu eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla la cual mi Hijo te envía de su tesorería.» Después, la Virgen le explicó que días tenía que usarla: serían los días festivos designados en su honor. Tras este suceso, el Concilio de Toledo ordenó un día de fiesta en honor a San Ildefonso: el 23 de enero.

En la actualidad, en la ciudad de las tres culturas, se conserva un hueso del dedo pulgar de la mano derecha de San Ildefonso. 

Por último, destacar la gran devoción de Monseñor José Rico Pavés con este santo, algo que se simboliza en su escudo episcopal, en concreto la flor de tres azucenas cuyo significado es el siguiente:

La flor de tres azucenasque simboliza la perfecta virginidad de María Santísima, defendida de forma eminente por san Ildefonso de Toledo, de quien se desea aprender a vivir como esclavo de la esclava del Señor: “Por eso yo soy tu esclavo, porque mi Señor es tu Hijo. Por eso eres Tú mi Señora, porque eres esclava de mi Señor. Por eso soy yo esclavo de la esclava de mi Señor… Te ruego, santa Virgen, … que yo pueda conocer a Jesús en virtud de aquel Espíritu por el que te fue dado a Ti conocer, tener y alumbrar a Jesús. Hable yo sobre Jesús cosas humildes y sublimes en aquel Espíritu en el que tú te confiesas esclava del Señor” (SAN ILDEFONSO DE TOLEDO, De perpetua virginitate Sanctce Marice, XII, 1).

Fuentes : Cadena Cope y Web de la Archidiócesis de Toledo

La entrada Conocemos la figura de san Ildefonso de Toledo se publicó primero en Diocesis de Jerez.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Homilía en la Función Principal de la Hermandad de Pasión

0

Iglesia Colegial de El Salvador

Lecturas: Jonás 3, 1-5.10; 1 Cor 7, 29-31; Mc 1, 14-20

Saludos. Archicofradía del Santísimo Sacramento y Pontificia y Real de Nazarenos de Ntro. Padre Jesús de la Pasión y Nuestra Madre y Señora de la Merced.

Jesús da comienzo a su actividad de proclamación del Evangelio y también comienza a crear un grupo de discípulos que serán llamados y enviados a continuar su misión. Con él ha llegado el Reino de Dios, en su persona se inaugura, él trae la salvación al ser humano. La condición indispensable para entrar a formar parte del Reino, para recibir la salvación de Dios es la conversión, convertirse y creer.

La conversión es un cambio radical que se produce en la persona como consecuencia del encuentro con Cristo. No consiste en esforzarse un poco más de lo habitual en la práctica de la vida cristiana, ni tampoco en realizar algunos esfuerzos con la finalidad de moderar el temperamento. No es cuestión de perder un poco menos de tiempo en la televisión o en internet, ni significa aumentar un poco la oración o los donativos a los necesitados. Eso puede quedarse al final en meros retoques en la fachada, arreglos de imagen, pero del todo insuficientes. La conversión consiste en afrontar y llevar a término con decisión la reforma total del edificio, la reforma profunda de la vida.

Hay que empezar venciendo una tentación inicial consistente en pensar que es una utopía inalcanzable, un imposible. En realidad, no es tan difícil. Se trata más de dejarse cambiar que de esforzarse por cambiar desde una actitud voluntarista. Cambiar la ruta, la meta de la vida para que el eje vertebrador sea Cristo, para que él sea el centro al que subordinamos todos los demás valores: familia, trabajo, aficiones, etc. Un cambio radical de mentalidad y de corazón. Este cambio llega porque Cristo nos fascina, nos atrae, nos enamora.

Cristo sale al encuentro de todo ser humano y se presenta como Camino, Verdad y Vida, para saciar su sed de felicidad, para llenar de sentido su existencia. Por eso hemos de propiciar el encuentro profundo con Cristo, la experiencia de fe que revolucionará la vida y la comprometerá hasta el fondo, la vivencia transformadora a partir de la cual se inicia una relación de intimidad con El y una vida radicalmente nueva. La vocación de los cuatro primeros discípulos es un ejemplo de la respuesta del hombre que se convierte a Dios.

El que llama es Dios. Toda vocación es un don de Dios y se fundamenta en la elección gratuita y precedente de parte del Padre. Y toda vocación cristiana siempre tiene lugar en la Iglesia y mediante ella. Esto se manifiesta de un modo particular en los que Cristo invita a dejarlo todo para seguirle compartiendo vida y misión. La vocación al sacerdocio ministerial comienza por un encuentro con el Señor, que llama a dejarlo todo y seguirle, que quiere que su llamamiento se prolongue en una vida de amistad con él y de misión que compromete toda la existencia. Como Simón, Andrés, Santiago y Juan.

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Nos encomendamos a nuestra Madre y Señora de la Merced.

Homilía en la celebración de la Fiesta de San Sebastián

0

Parroquia de San Sebastián de Sevilla

Lecturas: II Macabeos 7, 1. 20-23; Sal 30, 3c-4. 6.7b-8a. 16b-1727b-29; I Pe 3, 14-17; Mt 10, 28-33

Un año más celebramos nuestra Fiesta Patronal haciendo memoria de san Sebastián, mártir. Un cordial saludo al sr. Párroco, a los presbíteros concelebrantes, al diácono; al Consejo Pastoral y los responsables de los distintos ámbitos de la comunidad; a la Hermandad de la Paz. Un saludo a todos los fieles y el deseo de una feliz fiesta patronal.

En la vida de nuestro santo patrón tiene cumplimiento lo que escuchábamos en la Liturgia de la Palabra. La primera lectura, del libro de los Macabeos y el Evangelio nos invitaban a la confianza en Dios, a no tener miedo ya reconocer a Jesucristo ante los hombres, “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza”, según nos enseña san Pedro, porque nada nos podrá separar de su amor. Éstas son las actitudes del mártir, que confiesa a Cristo, que vive su compromiso de fe que vive el seguimiento del Maestro hasta dar la vida, como prueba del amor más grande.

En la vida y el martirio de san Sebastián resalta la confianza en Dios, la constancia en el cumplimiento del deber, el testimonio de Jesucristo. Es lo que también estamos llamados a hacer nosotros anunciando el Reino de Dios y proclamando su salvación, que transforma la vida personal y la historia de la humanidad. El libro de los Hechos de los Apóstoles presenta a los discípulos como los testigos de la vida, pasión, muerte y resurrección del Señor. Es lo que significa la palabra Apóstol: llamado por Jesús, testigo de su vida y misterio pascual y enviado a dar testimonio de lo que ha experimentado.

Se trata de un testimonio valiente y decidido, porque la fuerza del Evangelio no puede detenerse y la verdad siempre sale a plena luz. Testimonio sin miedo porque ni las persecuciones, ni las prisiones, ni ninguna dificultad es capaz de separarnos del amor de Dios; porque si Dios cuida de las plantas y los pájaros, más velará por sus hijos. Confianza en la providencia que da serenidad y paz interior.

Ésta es una característica esencial en la misión evangelizadora que nos ayuda a comprender la misión de la Iglesia y de cada cristiano: hablar con coraje, con libertad y sin temor, con valentía y sin ambigüedades. Esta actitud tiene una particular importancia en la actualidad porque debemos expresarnos con valor y libertad de espíritu, en una entrega generosa al servicio de la verdad y el bien, sin buscar ni el propio interés ni el prestigio personal. En esta confesión de Jesucristo, no será de extrañar que puedan darse ocasiones de persecución, que seguramente no llegarán al martirio físico, sino más bien al poder ser ridiculizados o menospreciados socialmente. Pero esta persecución será signo de autenticidad, porque avanzamos contracorriente, porque somos signos de contradicción, como el Señor.

Más concretamente, ¿qué significa este martirio, este testimonio para nosotros, en pleno siglo XXI; ¿cómo vivirlo en el momento presente? ¿Esta dimensión martirial, testimonial, cómo la podemos vivir en nuestra circunstancia concreta? Difícilmente nos encontraremos en la situación de dar vida en el sentido físico y material. Ahora bien, debemos vivir a lo largo de toda nuestra existencia la dimensión martirial cristiana a través del testimonio de vida y de la palabra.

Hoy en día, anunciar el Evangelio no es tarea fácil, porque no se trata de pronunciar un comunicado, ni de transmitir fríamente unas ideas, o el relato de unos acontecimientos que no afectan a la propia vida ni la comprometen. Anunciar el Evangelio es proclamar la salvación de Dios, que acaba transformando la vida personal y la historia de la humanidad. Una proclamación en la que el testimonio de vida tiene una importancia primordial, siendo responsabilidad de todo bautizado. Permitidme subrayar unas líneas de fuerza.

En primer lugar, en medio de una sociedad secularizada y relativista, debemos ser hombres y mujeres de profunda espiritualidad. Con una vida de oración intensa, que se alimenta fundamentalmente de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, fuente y cima de su vida cristiana y de la vida de la Iglesia. Una vida cristiana que arranca de un encuentro con Cristo que da un nuevo horizonte a la vida. En nuestra espiritualidad debe ocupar un lugar preferente María, Madre de Dios y madre nuestra. Por otra parte, también debemos seguir el ejemplo de nuestros santos patrones. Una espiritualidad vivida desde la pertenencia y el amor a la Iglesia.

En segundo lugar, ser solidarios con el sufrimiento humano. Vivir hoy nuestra dimensión martirial significa no vivir pasivamente la fe, sino proyectarla a través de una acción eficaz. La acción caritativa y social de la Iglesia no es una simple organización para subsanar las carencias de los servicios de las administraciones. Se trata de hacer presente el amor de Dios, de la experiencia del amor de Dios que produce una nueva forma de vivir como personas y como cristianos, una generosidad que nace del encuentro con Cristo, que mueve a ayudar a los demás. Este ejercicio de amor será nuestro mayor signo de credibilidad.

Por último, es de gran importancia que valoremos nuestras raíces cristianas, nuestras tradiciones, que revitalicemos estas raíces y transmitamos este tesoro de fe a las generaciones que vendrán. La historia de nuestra ciudad y de nuestra tierra va unida a la fe, la vida y el trabajo de nuestros antepasados. La identidad de Sevilla sería difícil de comprender sin estas raíces cristianas desde las que ha ido madurando nuestra civilización y nuestra cultura. Sevilla ha destacado desde siempre por su desarrollo humano, por su fuerza emprendedora, por su capacidad de integración y de acogida, por su inquietud cultural y artística. Y en la actualidad trabaja al servicio de una convivencia pacífica, de una contribución solidaria en bien de los más desfavorecidos.

Nos encontramos en un momento histórico de profundas transformaciones que afectan a nuestra vida, al ritmo de una evolución cultural continua y con la incertidumbre de una situación económica que no mejora al ritmo necesario. Vivamos ahora con intensidad este nuevo momento de gracia y salvación. Es el momento de vivir la centralidad en Cristo, la proyección solidaria hacia los más necesitados y la comunión eclesial. Como parroquia, como ciudad, valientes y generosos en la respuesta y el compromiso de cada uno. Que nos ayuden la intercesión de san Sebastián, nuestro patrón y de Santa María, Reina de los mártires. Que así sea.

 

Carta Pastoral con motivo del Año de la Eucaristía

0

“Danos siempre de ese Pan” (Jn 6, 34)

Carta Pastoral de Mons. Rafael Zornoza, Obispo de Cádiz y Ceuta

Queridos hermanos, fieles de la diócesis de Cádiz y Ceuta, sacerdotes, consagrados, laicos de todas las edades en la vida parroquial o en movimientos, asociaciones y cofradías: Os invito encarecidamente a celebrar el año que comienza, el 2024, dedicándolo a la Eucaristía. Salgamos al encuentro de Cristo Jesús en el Pan que transforma la vida, el Pan bajado del cielo, un misterio para creer, para celebrar y para vivir [1]. Jesús se hace siempre accesible como el mayor don de Dios para nosotros, que se ha hecho comida (pan) para caminar con nosotros en la senda de la vida, transformándonos. Es el verdadero Pan del cielo, “el que baja del cielo y da la vida al mundo” (Jn 6,33), el don del Padre a la humanidad hambrienta. A Él le pedimos: “Señor, danos siempre de ese Pan” (Jn 6,34).

“¡Éste es el sacramento de nuestra fe!”, decimos en Misa [2]. En efecto, es misterio de la fe y compendio de vida cristiana donde Dios se da a sí mismo y hace renacer constantemente a la iglesia, por lo que “es importante que las comunidades (…) experimenten la exigencia de un conocimiento más profundo del misterio y del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Al mismo tiempo, con el espíritu misionero que queremos fomentar, es necesario que se difunda el compromiso de anunciar esta fe eucarística para que cada hombre pueda encontrarse con Jesucristo, que nos ha revelado al Dios “cercano”, amigo de la humanidad, y testimoniarla con una elocuente vida de caridad”[3].

Recibamos, pues, este don maravilloso que nos ofrece la vida divina con obediencia fiel, celebrando y adorando al verdadero cordero pascual que realiza con nosotros la nueva y eterna alianza, diciendo: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor». Como fruto de este año, deseamos que se acreciente la vida eucarística, como dimensión espiritual esencial para madurar la fe personal y comunitaria, con todas sus consecuencias, en la unión con Dios, en la comunión fraterna, en el apostolado y la evangelización, en la vida caritativa y el compromiso social.

Quiero expresar mi gratitud a cuantos sostenéis y alentáis la participación en la Eucaristía en parroquias, conventos, colegios, comunidades, etc., en especial a los sacerdotes, que, como celebrantes en nombre de Jesucristo, hacéis posible que este Santo Sacramento llegue a todos; pero también a los adoradores del Santísimo, a los grupos de liturgia, a los catequistas de iniciación cristiana. Con vuestra entrega constante y generosidad llega a todos el Pan de Vida que nos alimenta, fortalece y consuela. Confío especialmente en vosotros, sacerdotes, personas consagradas y laicos comprometidos, para impulsar en este año una más decidida vida eucarística personal y comunitaria, acogiendo el Cuerpo de Cristo que se hace presente en el sacramento y nos hace ver desde su corazón su otro modo de presencia en los necesitados. Alimentados por él, demos los frutos de amor que espera de nosotros.

J E S Ú S ,  E L  S A L V A D O R  D E L  M U N D O

Vivimos tiempos de incertidumbres y grandes dificultades políticas, económicas y sociales que mueven aún más las turbulentas aguas del llamado cambio de época en el que nos movemos. Avanza una secularización de las costumbres que adormece la fe y arrastra a vivir como si Dios no existiera, alejándose de la vida de muchos. Después de varias crisis económicas y una gravísima pandemia experimentamos cada vez más la fragilidad de nuestras seguridades y nuestra vulnerabilidad humana. Todo ello, visto con mirada de fe, supone una llamada fuerte a la conversión – como declaró el Papa Francisco en su alocución al mundo en plena pandemia—. Para fortalecer nuestra vida cristiana como discípulos del Señor hemos de profundizar, ante todo, en el fundamento de nuestra fe, renovando el encuentro con Cristo, quien llevó a cumplimiento su misión dando la vida en la Cruz.

Con su persona y su sacrificio, presente en el memorial eucarístico, Jesús nos conduce al Padre, y nos introduce en una especial unión con Él. De este modo, en las especies consagradas podemos contemplar el amor de Dios que viene a salvarnos y que nos acerca al corazón de la Trinidad. La Eucaristía es el alma de la Iglesia. Cristo en la Eucaristía nos hace sentir su presencia y compañía. Jesús se ha quedado con nosotros en el “Pan de Vida” (Jn 6,48) que fortalece y transforma la vida [4].

Nos habla de su cuerpo como comida y su sangre como bebida (cf. Jn 6,55), con palabras que nos recuerdan las fórmulas eucarísticas presentes en San Pablo y San Lucas: “Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros” (1Cor 11,24; Lc 12,19). Este Pan bajado del cielo no es solo palabra que viene de Dios, sino también víctima de sacrificio, que se hace don por amor para la salvación de la humanidad. Jesús no es sólo una idea, un mensaje, sino una persona con carne y sangre que se entrega. “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el ultimo día” (Jn 6,53-54).

Nada tan necesario como acoger el maravilloso don de la Eucaristía, “sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual” [5], “sacramento del Amor” –lo llamaba San Juan de Ávila—, y, desde ella, desarrollar sus frutos de santidad, profundamente identificados con nuestro Salvador que nos alimenta. Con la gracia de Dios podremos impulsar este año una decidida renovación de nuestra vida eucarística personal y comunitaria, acogiendo el Cuerpo de Cristo, con toda su fuerza dinamizadora del amor y la entrega, cuya caridad nos envía a amar también a nuestros hermanos necesitados en quienes se hace presente, y que tenemos tan cerca de nosotros en este momento de tantas urgencias económico-laborales y sociales, de tantas heridas personales.

Escuchemos la voz del Esposo que nos dice, como a las vírgenes de la parábola, “¡salid a su encuentro!” (Mt 25,1-12). En la Última Cena Jesús se entregó por completo a nosotros. El don de Cristo es realmente Él mismo, con toda su persona y su obra. Cada vez que celebramos la Eucaristía nos unimos a Jesús en su propio sacrificio, acogemos su comunión y su misión, que se establece en su cuerpo y su sangre. Nada puede sustituir esta entrega al Padre y a nosotros, que nos adhiere a su obediencia y nos incorpora a su sacrifico. No cabe más que la admiración y la gratitud por este amor que se hace contemporáneo nuestro y nos llena del gozo de la salvación, y corresponder con una entrega similar. Os exhorto, pues, a caminar junto al Resucitado, atraídos por Él en la Eucaristía, en un fecundo encuentro que transforme más y más nuestra vida y nos lleve a la conversión, a la misión, a la comunión, al acompañamiento y al compromiso. Salgamos al encuentro del Resucitado e iniciemos de nuevo un camino de resurrección, una vida cristiana eucaristizada y misionera, en el Pan que transforma la vida.

J E S Ú S   E S   E L   P A N   D E   V I D A : M I S T E R I O  P A R A  C R E E R ,  C E L E B R A R Y  V I V I R .

Han pasado más de veinte siglos desde la Última Cena y unas generaciones de cristianos han sucedido a otras, con distintos estilos, vicisitudes y retos. Sin embargo, La Eucaristía, panis filiorum –el alimento de los hijos de Dios—, ha unido a todos y sigue siendo la misma, pues nos reunimos para celebrar “la fracción del pan”, como los primeros cristianos, la acción de gracias por excelencia, la Santa Misa. La liturgia, enriquecida por el tiempo y los ritos de distintas culturas, celebra hasta hoy, con solemnidad y belleza, el mismo sacramento instituido por Cristo [6]. La Iglesia se edifica a través de la comunión sacramental con el Hijo de Dios inmolado por nosotros [7].

La Eucaristía es el alimento de este pueblo peregrino, el cibus viatorum de los cristianos que caminan por el mundo con la mirada puesta en la meta final. Como dice el Concilio Vaticano II: “El Señor dejó a los suyos prenda de tal esperanza y alimento para el camino en aquel sacramento de la fe en el que los elementos de la naturaleza, cultivados por el hombre, se convierten en el cuerpo y sangre gloriosos con la cena de la comunión fraterna y la degustación del banquete celestial” [8]. La presencia del Señor en el Santísimo Sacramento contiene algo único, absolutamente sagrado, a Jesucristo vivo y real, persona divina con su cuerpo y alma humana, y no solo su fuerza o gracia. “En la Sagrada Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo en persona, nuestra Pascua y pan vivo que, con su Carne, vivificada y vivificante, por el Espíritu Santo, da vida a los hombres” [9]. La explicación de la presencia real de Cristo en las especies eucarísticas sobrepasa toda capacidad humana. Ante este milagro que realiza el Espíritu Santo a través de las palabras de la consagración del sacerdote en la Misa brota el asombro del creyente que hace profesión de fe, con la cercanía de Dios y su absoluta confianza en Él. Esta forma de presencia escogida por el Señor para quedarse con nosotros garantiza su presencia en medio de la historia. No podemos dejar de anunciar esta profunda verdad, el don de la Eucaristía, que nos identifica como cristianos, contemporáneos de Jesús, a quienes Jesús ha amado hasta el extremo entregándonos su cuerpo y su sangre.

L A  V I D A  C R I S T I A N A  T I E N E  F O R M A  E U C A R Í S T I C A

La Eucaristía, fuente y cumbre de la vida cristiana, nos une y configura con el Hijo de Dios. También construye la Iglesia, la consolida en su unidad de Cuerpo de Cristo. Cuando recibimos a Cristo, el amor de Dios se expande en nuestra intimidad, modifica radicalmente nuestro corazón y nos hace capaces de gestos que, por la fuerza difusiva del bien, pueden transformar la vida de aquellos que están a nuestro lado. “Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros”, son las palabras de Cristo que podrían ser el lema de una vida de discípulo de Jesús, núcleo de la Eucaristía y forma creyente de ser, de vivir y de orar. La Eucaristía no solo es un sacramento que nos da la gracia, sino al autor mismo de la gracia. Es asombroso que Dios se ofrezca como alimento a sus criaturas poniéndose humildemente a nuestra disposición, algo que solo se explica por el amor excesivo con el que Dios nos ama hasta el punto de querer transformarnos a cada uno en otro Cristo.

La Eucaristía nos permite acoger a Jesús como contemporáneos suyos, no solo tocando la orla de su manto (cf. Mt 14,36), sino abrazando a Cristo entero para ofrecernos con Él al Padre como una ofrenda agradable. El primer efecto de la comunión es, ante todo, una unión más íntima con Jesús quien nos estrecha fuertemente, nos transforma desde dentro y establece una intimidad permanente: “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él” (Jn 6,56). Es la garantía de una vida fecunda, como nos enseña en la alegoría de la vid: “El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante, porque sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5).

Recibir el “cuerpo entregado” de Cristo en el sacrificio de la Cruz, entregado por nuestros pecados, nos asocia a su renuncia, nos educa en su escuela, nos da la libertad. En cada celebración eucarística nos unimos al “sí” de Cristo al Padre que supera todos los “no” inspirados por el pecado. Participar dignamente en el memorial de la pasión nos exige “vestir el traje de boda” (Mt 22,11) que obtenemos por el sacramento de la reconciliación, fuente de vida nueva, donde recibimos su perdón, un abrazo más de su misericordia. Su cuerpo y su sangre entregados a nosotros como comida y como bebida nos vivifican con el poder de su resurrección y nos proporcionan la alegría que supera las tristezas de la vida, y la dureza de las pruebas y de los sufrimientos humanos.

La Eucaristía impulsa nuestra transformación moral y nos conduce a una vida coherente con los sentimientos y mandamientos de Cristo, con las propuestas del evangelio. En la comunión en el cuerpo y la sangre de Cristo experimentamos la alegría de las bienaventuranzas, las del Señor bienaventurado que supera la prueba y recibe la recompensa de Dios. La Eucaristía es el alimento espiritual que nutre y da fuerza al cristiano para su peregrinación en la vida cotidiana, cultiva un corazón compasivo y nos hace capaces de ir contracorriente. La Eucaristía es el origen de toda forma de santidad, y todo cristiano está llamado a ella. ¡Cuántos santos han hecho auténtica la propia vida gracias a su piedad eucarística! La recepción frecuente de la Eucaristía, por la que somos colmados de toda bendición y anticipa la gloria celestial [10], brinda la gracia y la fuerza necesarias para enfrentar los desafíos de la vida diaria y vivir de acuerdo a los valores del Evangelio amando a Dios y a los demás.

L A  E U C A R I S T I A  D O M I N I C A L , L U G A R  N E C E S A R I O  D E

E N C U E N T R O  P E R S O N A L  Y  C O M U N I T A R I O

El domingo, “el Día del Señor”, o “Día de Cristo”, o “Día de la Iglesia”, llamado también por los cristianos “la Pascua Semanal” o “Día de la Eucaristía”, ha unido a los bautizados en memoria de Cristo Resucitado desde el comienzo de la Iglesia [11]. Es esta celebración eucarística semanal, el día de la fiesta, de la familia, del encuentro fraterno, de la santificación del descanso dispuesto por Dios en sus mandamientos. “Es el día de la asamblea litúrgica por excelencia, el día de la familia cristiana, el día del gozo y de descanso del trabajo. Él es «fundamento y núcleo de todo el año litúrgico» [12]. No hizo falta durante siglos establecer ni siquiera un mandato, pues resultaba evidente su oportunidad, algo necesario para la fe personal y de la comunidad. Quien hoy vive en Cristo siente también esta exigencia interior, que el precepto le recuerda. No obstante, en la secularización imperante de la vida contemporánea donde se vive como si Dios no existiera, es necesario recuperar el sentido del Día del Señor como una de las mayores riquezas, y para no diluirnos en medio del ritmo estresante de un mundo global y líquido. Este año dedicado a la Eucaristía en la diócesis constituye una fuerte llamada a vivir la fe a la luz del día del Señor –Dies Domini— la pascua semanal, cuando toda la familia cristiana se reúne en torno a la Mesa del Pan de la Palabra y del Pan eucarístico, como testimonio de fe en la presencia del Resucitado en el mundo, algo que nos une en la iglesia en comunión y transmite al orbe entero el testimonio del amor. “La Eucaristía transforma un simple grupo de personas en comunidad eclesial: la Eucaristía hace Iglesia. Por tanto, es fundamental que la celebración de la santa Misa sea efectivamente la cumbre, la “columna vertebral”, de la vida de cada comunidad parroquial. Exhorto a todos a prestar más atención, entre otras cosas con grupos litúrgicos, a la preparación y celebración de la Eucaristía para que cuantos participen puedan encontrar al Señor” [13].

 

L A  A D O R A C I Ó N  E U C A R Í S T I C A

Nunca agradeceremos bastante el Señor el regalo de haberse querido quedar en la Eucaristía, en el sagrario o expuesto en la custodia. Eso nos permite poder adorarlo y contemplarlo constantemente experimentando su presencia. Ante Jesús Sacramentado percibimos interiormente el profundo misterio de su presencia divina, de su entrega total, de su amor constante con que nos acompaña y consuela. La experiencia del adorador de Cristo en la Eucaristía proclama que está verdadera, real y sustancialmente presente en la Hostia Consagrada, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. El cristiano que adora le reconoce presente y experimenta con fuerte convicción lo que afirma el famoso canto eucarístico: “Dios está aquí”. En efecto, esta experiencia profundamente cristiana configura su vida, la llena de su presencia y cercanía, acoge su fuerza para hacer la voluntad de Dios y evitar el pecado, recibe un impulso mayor para corresponder al amor de Dios y amar a los hermanos. Dios mismo hace que renazca en el corazón del adorador la caridad más generosa, la certeza de la vida eterna, la satisfacción de las esperanzas más profundas del corazón, la liberación del peso de lo material en la contemplación del mismo Dios, el deseo de permanecer siempre en Él. Ante el Santísimo Sacramento experimentamos de manera totalmente particular ese “permanecer” de Jesús, que él mismo, en el Evangelio de Juan, pone como condición necesaria para dar mucho fruto (Cf. Jn 15, 5) y evitar que nuestra acción apostólica quede reducida a un estéril activismo, convirtiéndose más bien en testimonio del amor de Dios.

H A C I A  U N A  V I D A  E U C A R Í S T I C A  D E  E N T R E G A  Y  C O M P R O M I S O S O C I A L

La Eucaristía atrae todo hacia sí, pues lleva al altar nuestro corazón y nuestra vida, para después enviarnos al mundo, como pan partido que se reparte a los demás. Se desvela en ella el misterio del amor de Dios por la humanidad, un amor que se entrega de manera total y transformadora, que nos introduce en el océano de la misericordia divina. El Señor eligió la Última Cena para anunciar el precepto del amor. Con la Eucaristía hace capaces a sus discípulos de amarse los unos a los otros como Él nos ha amado. Este misterio “se convierte en el factor renovador de la historia y de todo el cosmos. En efecto, la institución de la Eucaristía muestra cómo aquella muerte, de por sí violenta y absurda, se ha transformado en Jesús en un supremo acto de amor y de liberación definitiva del mal para la humanidad” [14]. Por ser fuente de unidad y fuente de caridad, es también una efusión del Espíritu Santo en nuestros corazones que ha de empujarnos a promover la fraternidad en un mundo dividido, dando testimonio de la paternidad amorosa de Dios. Quiere comunicarnos el amor que inspiró el sacrificio donde alcanzó la cumbre del heroísmo. La Eucaristía nos llama a trabajar por un mundo más justo y fraterno. En la Eucaristía, nos comprometemos a amar a los demás, especialmente a los más necesitados. «La Iglesia –dice Francisco—, guiada por el Evangelio de la misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor por la justicia y quiere responde a él con todas sus fuerzas. En este marco se comprende el pedido de Jesús a sus discípulos: “¡Dadles vosotros de comer!” (Mc 6,37) lo cual implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos» [15]. Hay pues una “mística social” de la Eucaristía. Benedicto XVI enseñó: «La “mística” del sacramento tiene un carácter social, porque en la comunión sacramental yo quedo unido al Señor como todos los demás que comulgan: «El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan», dice san Pablo (1 Co 10, 17). No puedo tener a Cristo sólo para mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los que son suyos o lo serán. La comunión me hace salir de mí mismos para ir hacia Él, y, por tanto, también hacia la unidad con todos los cristianos. Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma.» [16].

Los santos son el mejor ejemplo de los frutos de “amor social” más duraderos, pues inmolaron sus vidas con Cristo en el altar del Sacramento del Amor. En la Misa, los cristianos experimentan el amor de Dios, que se entrega por ellos y reciben la fuerza para salir al mundo y anunciar el Evangelio. En este horno de amor se replantean los intereses de la vida, la vocación, las llamadas a una mayor entrega para acudir a las necesidades materiales y espirituales que se nos muestran, el deseo de evangelizar, compartir los bienes con los necesitados, vivir para los demás.

P R O P U E S T A  P A S T O R A L  D I O C E S A N A

Vivir con profundidad la Eucaristía, misterio de fe, como nos proponemos durante este año 2024, intensamente eucarístico, supone un esfuerzo de conversión y las ayudas necesarias para este impulso de renovación. No se puede separar la Eucaristía de un estilo de vida propiamente cristiano y testimonial. Con la colaboración de las Delegaciones Diocesanas –-especialmente de Liturgia, Catequesis, Juventud, Caritas, Secretariado de Oración y Apostolado Seglar— que facilitarán los subsidios necesarios, encuentros y propuestas, nos proponemos:

P R O P U E S T A P A S T O R A L D I O C E S A N A

Los santos son el mejor ejemplo de los frutos de “amor social” más duraderos, pues inmolaron sus vidas con Cristo en el altar del Sacramento del Amor. En la Misa, los cristianos experimentan el amor de Dios, que se entrega por ellos y reciben la fuerza para salir al mundo y anunciar el Evangelio. En este horno de amor se replantean los intereses de la vida, la vocación, las llamadas a una mayor entrega para acudir a las necesidades materiales y espirituales que se nos muestran, el deseo de evangelizar, compartir los bienes con los necesitados, vivir para los demás.

01 LITURGIA. Impulsar una liturgia más expresiva, con la ayuda de los equipos parroquiales. Hagamos un esfuerzo para mejorar las celebraciones tanto en el arte de celebrar –ars celebrandi— como en las disposiciones interiores para hacerlo –actuosa participatio—, renovando los aspectos celebrativos y mistagógicos de la eucaristía.

02 DOMINGO. Fomentar la experiencia comunitaria del domingo como Día del Señor, velando por dignificar y enriquecer la experiencia de la Misa Dominical e impulsando la participación en ella de todo el Pueblo de Dios.

03 VIDA EUCARÍSTICA. Promover la Adoración Eucarística en todas las parroquias y comunidades, las catequesis eucarísticas con adultos y jóvenes, los oratorios infantiles, la piedad eucarística y los cultos internos de las Hermandades y Cofradías.

04 CÁRITAS. Dinamizar la comunicación cristiana de bienes, el compartir y la limosna, nuestra colaboración con las Cáritas parroquiales y diocesana, en la atención a los enfermos, emigrantes y presos, así como en nuestro compromiso político y social, como enseña la Doctrina Social de la Iglesia, en la que necesariamente hemos de profundizar.

05 CORPUS CHRISTI y CORAZÓN DE JESÚS. Impulsar la celebración de la solemnidad del Corpus Christi, como momento convergente de nuestra devoción eucarística acrecentada a lo largo del año, y de testimonio público de nuestra fe, preparado intensamente en lo espiritual y material, y celebrado con la participación devota de todos los miembros y asociaciones significativas de la Iglesia – parroquias, consagrados y religiosos, colegios, cofradías, movimientos, etc.—, signo visible de comunión en el Señor y de comunión fraterna entre nosotros. Así mismo, motivar la celebración de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (en la octava), quien nos sacia en la Eucaristía, pues, exaltado en la cruz, fue hecho fuente de vida y amor.

06 SERVICIO. Promover la cultura eucarística del don, el encuentro y servicio al prójimo.

I N T E R C E S I Ó N  M A T E R N A L

Acudamos a nuestra Madre, la VIRGEN MARÍA, que peregrina con nosotros, pidiéndole su maternal intercesión y encomendándole nuestro propósito. Ella puede ser llamada la “Madre de la Eucaristía”, la primera en participar en el banquete eucarístico, quien, en el momento de la Anunciación, recibió en su seno el cuerpo y la sangre de Cristo, al Verbo Encarnado, que es el mismo Cristo que se nos da en la Eucaristía. Asociada siempre a su Hijo, permanece presente en la comunidad que celebra la Eucaristía, como lo estuvo en la primitiva comunidad al inicio de la iglesia, y que continúa junto a él intercediendo por nosotros y nuestras necesidades, como en las bodas de Caná de Galilea (cf. Jn 2).

Ella, la madre del Hijo, es la madre de la Iglesia, su modelo eucarístico, y la Iglesia, sacramento de salvación, es esencialmente eucarística, y, a la vez, profundamente mariana. Por eso María, que guía a los fieles a la Eucaristía [17], nos ayuda a prepararnos para recibirla con fe, nos enseña a contemplar a Cristo, a adorarlo y a comulgar con amor. Ella nos acompaña en nuestra oración y adoración al Santísimo Sacramento y nos ayuda a vivir plenamente su misterio de caridad y comunión. De este modo nos guía a la unión sacramental con Jesús como ofrenda de gracia para que vivamos una vida cristiana auténtica y testimonial.

La Eucaristía nos habla de la “condescendencia de Dios” por nosotros, la elocuencia del Dios cercano cuyo gozo es estar con los hombres, Aquel que nos da su propia vida, que nos invita a acoger su amor redentor. Hemos sido testigos del misterio del amor de Dios. Llenos de admiración, unidos en comunión, salgamos al encuentro de la santa Eucaristía para acoger cuanto brota de su misterio y experimentar y anunciar a los demás la verdad con la que Jesús se despidió de sus discípulos: “Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos” (Mt 28,20). Encomendemos a Cristo Sacramentado los frutos de este año eucarístico en nuestra oración.

Contamos especialmente con los monasterios de vida contemplativa de la diócesis que permanentemente adoran e interceden por nosotros. Invoquemos de nuevo al Señor diciendo: “Danos siempre de este Pan” (Jn 6, 34).

 

+Rafael, Obispo de Cádiz y Ceuta Cádiz, enero de 2024.

Para descargar la Carta Pastoral en pdf

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.