Con tristeza hemos conocido en estas horas que ha fallecido nuestro querido sacerdote D. Luis Serrano Alcaina, tras un breve periodo de enfermedad. La misa exequial será mañana sábado 2 de diciembre a las 16,30h en la Parroquia de San Urbano de La Cañada, a la que con tanto cariño y entrega atendió, siendo reflejo e imagen de Jesucristo Buen Pastor. El velatorio será en el Tanatorio de La Cañada.
D. Luis fue un sacerdote fiel e infatigable, con un inmenso amor a María Santísima, y que siempre predicó la esperanza en que la misericordia del Señor nunca se acaba, y su amor nunca se agota (Cf. Lam 3, 23ss). Con esta misma esperanza lo encomendamos a las manos misericordiosas del Padre y lo tenemos presente en nuestras oraciones y celebraciones.
Este primer día de diciembre, ha fallecido, a los 78 años de edad, el sacerdote diocesano D. Francisco de la Torre Tirado.
Nacido en la capital en septiembre de 1945, fue ordenado sacerdote por Monseñor Peinado Peinado el 11 de julio de 1971.
Desde su ordenación ha desempeñado numerosos cargos pastorales a lo largo de sus más de cincuenta años de presbítero y ha sido muy querido por los fieles de las parroquias a las que ha sido destinado en este más de medio siglo de dedicación pastoral.
Su primer destino fue en la parroquia de Higuera de Calatrava en la que fue nombrado ecónomo, entre los años 1971 y 1972. Más tarde, fue destinado como párroco a La Puerta de Segura, donde permaneció seis años, labor que compaginó durante algún tiempo con la de encargado de la parroquia de Torres de Albanchez.
Entre los años 1978 a 1981 fue enviado a Roma donde se licenció en Ciencias Bíblicas y Sagrada Teología.
A su regreso fue párroco de Jimena y encargado de la parroquia de Albanchez de Úbeda, durante dos años.
Desde el año 1986 y el año 1991 fue párroco en Santa María Magdalena de Jaén capital, tarea que concilió con su cargo como Delegado de Pastoral de familiar (1989-1994).
Es designado como profesor del Seminario Mayor diocesano en el año 1989 y entre los años 1991 y 1994 desempeña también la labor de vicerrector, mientras es, a la vez, vicario parroquial en Las Infantas.
Desde el año 1994 es nombrado párroco de Santa María de Torredonjimeno, labor que terminar en 2008 cuando es destinado a la Parroquia de San Juan de la Cruz de Jaén capital, su último destino pastoral, que ejerció como párroco hasta septiembre de este año, donde a partir de esa fecha quedó como adscrito.
Su labor como párroco la ha compaginado con otros cargo dentro de la Curia diocesana como son el de miembro del Consejo Presbiteral, Colegio de Consultores y profesor del Seminario en el que ha permanecido hasta su jubilación por edad, en 2020.
También ha ejercido como profesor del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y miembro de la Fundación Familia Cristiana. De nuevo volvió a ser nombrado Delegado de la Pastoral Familiar en el año 2008, cargo que desempeñó hasta 2017. Entre los años 2015 y 2022 fue también, Arcipreste de Arciprestazgo Ntra. Sra. del Valle de la capital y Consiliario de la Cofradía de El Rocío de la capital.
El pasado lunes sufrió un infarto que no ha podido superar y ha partido hacia la Casa del Padre, este viernes al mediodía.
El funeral de entierro y misa de córpore in sepulto tendrá lugar el sábado, 2 de diciembre, a las 11 de la malana en la parroquia de Cristo Rey de Jaén. El cuerpo se vela en el Tanatorio de San José.
Que el Señor le premie la dedicación incansable por el Reino de Dios que como sacerdote ha desarrollado en la Iglesia de Jaén. Descanse en Paz.
En este doble número del semanario Fiesta digital os traemos como tema central un comentario bíblico del I Domingo de Adviento, realizado por la Pastoral Bíblica.
Junto a las noticias de actualidad, en “Textos” os ofrecemos un extracto de la meditación que hizo el cardenal Mons. Cantalamessa en el encuentro de los obispos españoles con el Papa en Roma.
En “Testimonio” os traemos la semblanza de la beata granadina Maria Emilia Riquelme, cuya fiesta litúrgica es el próximo 10 de diciembre.
Estos y muchos otros contenidos podrás leer en el número de la revista de esta semana.
Emitido en COPE Granada y COPE Motril, el 1 de diciembre de 2023.
Coincidiendo con el nuevo tiempo litúrgico –Adviento- que comenzamos el domingo 3 de diciembre, conocemos el nuevo Secretariado de Pastoral Bíblica en la Archidiócesis de Granada. Entrevistamos a su director, el padre Ignacio Rojas osst., que nos habla de la Biblia, la importancia de conocerla y nos adelanta las actividades que llevará a cabo este Secretariado este curso. Asimismo, nos anuncia la publicación, semanalmente, del comentario al Evangelio del domingo, que está disponible en www.archidiocesisgranada.es
Celebrado el pasado 24 de noviembre, en la Casa Diocesana de la familia.
El pasado jueves 24 de noviembre, tuvo lugar la primera reunión del Delegado Episcopal de Educación Católica y Enseñanza Religiosa, D. Ildefonso Fernández-Fígares Vicioso, con los Directores y Titulares de los centros concertados y privados de ideario católico de nuestra Archidiócesis de Granada, en el salón de actos de la Casa diocesana de la familia.
En primer lugar, nuestro Delegado, presentó los rasgos fundamentales que nuestro Arzobispo D. José María Gil Tamayo desea para el mundo educativo católico de nuestra diócesis. La importancia de mostrarnos plenamente en comunión para que así resalten más las preciosas diferencias y riquezas de carismas, instituciones, y personas que conforman la escuela concertada en nuestra tierra.
Acto seguido, el Delegado les relató el pasaje evangélico de Mt 23, 1-12, donde dice: ”Que el mayor entre vosotros sea vuestro servidor”. Subrayando su disposición a escucharlos, servirlos, y aprender también de ellos. Les agradeció el servicio maravilloso que hacen a los niños y jóvenes de Granada y su deseo de visitarlos personalmente en sus centros en próximas fechas.
Por último, el Delegado les emplazó para después de Navidad, para la presentación del Plan Pastoral 2024-2028 para que cada institución y toda la familia educativa desde la Delegación podamos empezar a trabajarlo lo antes posible.
Pedimos a Dios Padre a las puertas del Adviento, que este primer encuentro sea el inicio de una relación cada vez más fructífera y cercana.
Delegación de Educación Católica y Enseñanza Religiosa
En Adviento ponemos nuestros ojos en la noche santa de la Navidad y emprendemos, con esperanza, el camino hacia Belén. Son semanas de preparación para celebrar la incomparable alegría de la presencia del Dios-con-nosotros, pues «tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo único, para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).
En Adviento hacemos memoria de las dos grandes venidas del Señor: la Encarnación y la Parusía. Vivimos, por tanto, en estas semanas, un tiempo propicio para reavivar en nuestro corazón el deseo y la espera del que viene a nosotros, y que va a venir (cf Ap 1,18). Cierto es que el Niño Dios ya nació en Belén hace veinte siglos, pero vendrá al final del tiempo para «juzgar a vivos y muertos», como recitamos en el Credo. Por eso, el verdadero creyente está siempre vigilante, animado por su íntima esperanza de encontrarse con el Señor.
«A medianoche se oyó una voz: ¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!» (Mt 25,6). Este tiempo nos urge a estar vigilantes, atentos. Nos llama a preguntarnos qué será de cada uno de nosotros en la venida del Señor, cuál será nuestra respuesta a su palabra que me pide velar, estar dispuesto, actuando como si Él estuviera a la puerta: porque, de hecho, ¡Él ya está a la puerta!: «Mira que estoy a la puerta y llamo» (Ap 3,20).Adviento es una nueva llamada del Señor. Llama a las puertas de la Iglesia, como fue llamando a las puertas de Belén. Llama a las puertas de tu corazón, como llamó a las puertas de María; quiere nacer de nuevo en ti, en los creyentes, en cada comunidad, en el corazón del mundo.
Porque hay una venida del Señor en el hoy de nuestras vidas; es el Señor que viene con su gracia en cada momento, con su fuerza en cada instante, viene en ayuda nuestra; o, sencillamente, a pedir, a buscar fruto en nuestras vidas. San Bernardo llamaba a este Adviento «la venida intermedia». Dios viene hacia el hombre, pero para poder encontrarlo hay que buscarlo, y, sobre todo, desearlo. «Te encuentra el que te busca», decimos en la liturgia (Plegaria Eucarística IV). Nosotros siempre vamos de camino, y Dios siempre está viniendo a nuestro encuentro. Dios es adviento y nosotros éxodo, pero ambos estamos llamados a encontrarnos.
Adviento es esforzarnos en reconocer que Dios es ciudadano del mundo, que mora en mi interior y camina a mi lado, que cada día se cruza con nosotros, aunque no nos demos cuenta. Adviento es contemplar y acercarnos desde esa intimidad, tan nuestra, al misterio insondable del amor divino y verlo, así, reflejado en tantos rostros de hermanos con cruces muy pesadas, para hacer de cirineos y de samaritanos con los que se encuentran al borde del camino. Adviento es abajarnos, como Dios lo hizo, al hacerse hombre en las entrañas de una Virgen; para nacer donde viven los que no tienen posada o donde reclinar la cabeza. Él bajó a nuestro mundo desde el más alto pedestal y se dignó nacer en una gruta, porque no había sitio para él en la posada (cf Lc 2,7).Sólo, por estos caminos encontramos a Jesús, como un día lo descubrieron y adoraron los Magos, después de largas caminatas, porque buscaron con fe y empeño una nueva luz para su existencia.
En esta época contemplamos la belleza de las calles inundadas de luz, porque el que viene es Luz de Luz, resplandor de la gloria del Padre. Con los villancicos descubrimos la expresión popular de esa alegría desbordante, que brota del misterio de la Navidad, del Niño, de la Madre, de los pastores que se acercan con ofrendas, de los Magos que llegan trayendo regalos. Ahora bien, no debemos dejarnos aturdir ni deslumbrar por todo lo exterior.
En medio de una sociedad que, en ocasiones vive desorientada y confusa, envuelta en la mentira y el engaño, necesitamos agua fresca de verdades, de sentimientos profundos, de ganas de ser de otra manera. Nosotros lo tenemos a nuestro alcance, pues Dios se hizo carne para habitar con nosotros, para iluminar nuestras oscuridades, aunque más de una vez, preferimos mirar para otro lado y apoyarnos en otros “diocesillos”, en vez de intimar con ese Dios que se hace pequeño para engrandecer al hombre. Aún sin saberlo, Jesucristo es el gran esperado por el corazón de todo hombre que viene a este mundo, porque sólo Él puede darle lo que el corazón humano desea y ansía.
En este tiempo, en el que nuestra Diócesis está inmersa en una profunda transformación que nos acerca a los orígenes, y en el que, de modo particular este curso reflexionamos como Iglesia diocesana sobre el «Primer Anuncio», seamos Navidad para nuestro mundo. Somos conscientes de las necesidades de la gente de nuestra tierra. Y queremos serlo más aún. Nos sentimos llamados, cada vez más, a «pasar a la otra orilla» para hacer nuestros los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren» (GS 1)[….] Estamos convencidos de que nuestro Señor Jesucristo puede, en su misericordia, sanar todos los corazones y calmar la sed que se esconde en cada entraña humana. Y también de que es él el que nos urge a ser sus testigos y, como a los primeros discípulos, nos envía por delante a los lugares y a los pueblos a donde él quiere ir (ver Lc 10,1). Es Jesús el que salva; es él el que cura los corazones desgarrados y el que, con su esperanza, dibuja una sonrisa en los rostros entristecidos; pero el encargo que nos hizo es que le abramos camino, que posibilitemos su llegada.(Plan de Pastoral 2023 «Mira, hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5))
Adviento, especialmente, es tiempo de María, tiempo para aprender de su esperanza. Nadie como la Virgen María ha buscado y ha abierto las puertas de su ser a Dios. Ella nos enseña a ser de Dios y a esperar siempre en Él. «La Virgen es ella misma el camino real por el cual ha venido a nosotros el Salvador. Debemos buscar ir hacia nuestro Salvador por el mismo camino por el cual Él ha venido hasta nosotros» (San Bernardo, Sermón de Adviento, 5). Desde la necesidad que tenemos de Jesús y de su salvación, vayamos a Él por medio de ella.
Que María nos obtenga la gracia de un tiempo de Adviento en el que quitemos obstáculos a la venida del Señor a nuestra vida y le demos a Él la llave de nuestra entrega. Vayamos, pues, al encuentro del Señor, sabiendo que viene, y, por ello, viviendo despiertos y preparados, tengamos bien encendida la luz de la esperanza cristiana, y así, seamos capaces de poner su luz en medio de tanta oscuridad.
Con nuestra Madre del cielo, caminamos hacia Belén y le decimos:
Con la participación de la Delegación Episcopal de Educación Católica y Enseñanza Religiosa.
Del 27 al 29 de noviembre, han estado reunidos los Directores y titulares de las Fundaciones y de los colegios diocesanos de toda España. Contó también con la presencia de nuestro Delegado Episcopal de Educación Católica y Enseñanza Religiosa, D. Ildefonso Fernández-Fígares Vicioso como presidente Delegado de la Fundación San Juan de Ávila que aglutina nuestros colegios diocesanos.
El IV encuentro de colegios diocesanos ha tenido lugar en la Diócesis de Málaga. En estos tres días, además de poder compartir experiencias y aprender unos de otros, la temática que ha centrado el encuentro ha sido los criterios de selección del personal de nuestros centros. El énfasis principal sobre el profesorado, y el personal de administración y servicios, ha sido recordar el carácter netamente evangelizador de los colegios diocesanos y la importancia del acompañamiento para todos ellos.
La Eucaristía del martes en la catedral de Málaga, fue presidida por nuestro Arzobispo emérito, D. Javier Martínez, en sustitución de D. Jesús Catalá, Obispo de Málaga, y de D. Alfonso Carrasco, Obispo de Lugo y presidente de la Comisión de Educación y Cultura de la Conferencia Episcopal Española, que estaban reunidos con el Papa Francisco en Roma.
Por último, todos los presentes, incidieron en la importancia de aunar fuerzas para defender los intereses de los colegios diocesanos en el mundo educativo como marca propia de calidad e identidad católicas.
El quinto encuentro tendrá lugar, si Dios quiere, los días 6, 7 y 8 de mayo en Lugo.
Delegación de Educación Católica y Enseñanza Religiosa
Andrea Mardegan se asoma con esta novela a la privacidad de la relación entre María y José para descubrir las pruebas que hubieron de afrontar en su vida y la ternura con la que, con toda seguridad, trataron de superarlas. A través de estas páginas, José y María se ceden recíprocamente la palabra para contar de primera mano las expectativas, esperanzas, miedos, alegrías, pruebas y el amor que marcaron sus vidas junto a Jesús. Siguiendo los Evangelios de la infancia, y con total fidelidad a los datos bíblicos, el autor da paso a la introspección espiritual y psicológica de los personajes, que se hacen totalmente cercanos a nosotros. Al leer esta novela que imagina lo que el Evangelio no relata, la familia de hoy puede reflejarse en la normalidad, en las dificultades cotidianas y también en la belleza de la familia de Nazaret.
Comenzamos este domingo un nuevo Año litúrgico, comenzamos con el domingo
primero de adviento. El cristiano vive lanzado al futuro, pero no lanzado al vacío de un
futuro desconocido, sino en la espera gozosa de la venida del Señor. El futuro para el
cristiano es una Persona, que ha anunciado su venida y no fallará en su promesa:
“Vengo pronto. Maranatha (ven, Señor)!” (Ap 22,20).
El primer sentido del adviento es prepararnos para esa venida última y definitiva del
Señor. Vendrá glorioso para llevarnos consigo y hacernos partícipes de su gloria para
siempre. Él vendrá al final de la historia para juzgar a vivos y muertos, y su reino no
tendrá fin. Pero en el caso de cada uno, él viene a por nosotros cuando acaba nuestra
etapa en la tierra, cuando nos llega la muerte. El tiempo de adviento nos prepara para
ese encuentro personal con Cristo, de cada uno, cuando él nos lleve consigo y glorifique
nuestras almas, hasta la venida final en que esa gloria sea comunicada también a
nuestros cuerpos, que resucitarán en el último día.
La comunidad cristiana, desde el comienzo hace dos mil años hasta el final de la
historia, ha vivido, vive y vivirá en esa continua invocación: Ven, Señor Jesús
(Maranatha), porque vive volcada hacia la unión plena con su Esposo y Señor
Jesucristo. El tiempo de adviento aviva en nosotros el deseo de salir al encuentro de
Cristo, que viene. Y deseamos salir a su encuentro, acompañados por las buenas obras.
Se trata de un encuentro esponsal, alimentado a lo largo de la vida personal de cada uno
en la comunidad eclesial, y que en la Eucaristía tiene su anticipo, su alimento y su
estímulo. Deseamos encontrarnos con Jesucristo cara a cara, sentir su abrazo eterno que
nos llenará de gozo y nos purificará definitivamente de nuestras impurezas, y pasar de la
esperanza a la plena posesión. Este es el primer sentido del adviento.
Y además, el adviento nos prepara de manera inmediata a las fiestas de Navidad, en las
que celebramos año tras año el nacimiento en la carne del Hijo de Dios hecho hombre
de las entrañas virginales de María, madre y virgen. El adviento es un tiempo de alegría
y de gozo, que estimula la espera y el ansia del encuentro. La Navidad es la llegada de
ese Hijo esperado, que por los sacramentos viene hasta nosotros realmente.
Las calles están inundadas de luz, porque el que viene es Luz de Luz, resplandor de la
gloria del Padre, es la lámpara que ilumina la ciudad santa. Con él ya no habrá más
noche, todo será más resplandeciente que la luz del mediodía. Los villancicos son
expresión popular de esa alegría contagiosa, que brota del misterio de la Navidad, del
Niño, de la Madre, de los pastores que se acercan, de los Magos que llegan trayendo
regalos.
Ahora bien, no debemos dejarnos aturdir ni deslumbrar por todo lo exterior. En una
sociedad de consumo como la nuestra, mucho de todo eso es agitado para estimular el
gasto, incluso el derroche. Hemos de aplicar nuestro sano juicio para mantener la
templanza, puesto que sólo en el silencio interior podremos captar y saborear los
misterios que celebramos. Sólo en el desprendimiento podremos salir al encuentro de
todos los que sufren por cualquier motivo, y para los cuales también es Navidad. Más
aún, el Hijo de Dios en su primera venida ha venido en pobreza y desnudez, en
humildad y desprecio. No podremos conectar con él si nos instalamos en la
extroversión, en el consumo y en el bullicio. No podremos sentir las necesidades de
nuestros hermanos más necesitados, si sólo buscamos satisfacer nuestros sentidos.
La Navidad es una fuerte llamada a la solidaridad, porque el Hijo de Dios por su
encarnación se ha unido solidariamente con cada hombre, cargando con sus penalidades
y dándoles su salvación. Qué admirable intercambio.
El tiempo de adviento nos abre un panorama esperanzador. Entremos en este tiempo
santo con deseo y esperanza de recibir abundantemente para repartir a raudales. Viene el
Señor y trae para todos la gracia generosa de su salvación.
Recibid mi afecto y mi bendición:
+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.
“Te busco Señor para encontrarte, te encuentro para seguir buscándote”. Estas palabras de san Agustín expresan de forma maravillosa el dinamismo de la vida cristiana y la riqueza del encuentro con el Señor. “Crecer” en cristiano significa buscar; buscar implica desear; y desear es posible para quien descubre que ha sido encontrado. Jesús, que me conoce y me ama, pone en mí –aunque yo no siempre lo reconozca- el deseo de salir a su encuentro. Lo hace cuando mi entendimiento busca la verdad, cuando mi voluntad anhela el bien, cuando mis afectos reclaman la ternura de la belleza, cuando mi libertad aspira a la comunión. Comenzar un Año litúrgico es estrenar una nueva oportunidad de seguir buscando a quien ya he encontrado. Con el primer Domingo de Adviento se inaugura un nuevo ciclo de celebraciones que me permitirán acompañar a Cristo en los misterios de su vida, para que yo pueda caer en la cuenta de que, en realidad, es Cristo mismo quien se ha hecho mi compañero en el camino de la vida. Quien encuentra al Señor descubre con asombro que Él le encontró primero.
En este primer Domingo del nuevo año litúrgico la Iglesia pone en nuestros labios una sorprendente petición: “aviva en tus fieles el deseo de salir al encuentro de Cristo que viene, acompañados por las buenas obras”. Sabemos que la oración de la Iglesia, realizada en nombre de Jesucristo, es eficaz. El Señor nos mueve a pedir aquello que nos quiere conceder, a fin de que nuestro corazón se disponga a recibir el don. En las lecturas de este primer domingo de Adviento tenemos la orientación que nos lleva a recibir un aumento del deseo confiado, es decir, un aumento de la esperanza. Escuchando aprendemos y aprendiendo nos preparamos. Cristo viene -nos recuerda la Liturgia- y el encuentro con Él no puede ser improvisado. El tiempo de Adviento es ocasión propicia para preparar el encuentro con Cristo y aprender a estar con Él.
Jesucristo nos recuerda en el pasaje evangélico del primer Domingo de Adviento que su venida acontecerá cuando menos lo esperemos. Sus palabras son invitación a la vigilancia. La esperanza nos hace vigilantes: porque sabemos que Cristo nos espera, preparamos ahora el encuentro definitivo con Él reconociendo su presencia velada y saliendo a su encuentro para permanecer en Él. Cristo viene. Salgamos a su encuentro. El mismo que nos espera, aumenta en nosotros el deseo de encontrarnos con Él.