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Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar,
Por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica Obispo de Guadix
Decreto
El próximo día 19 de marzo celebraremos la solemnidad de San José, fiesta de precepto en el calendario católico y día laborable en nuestra comunidad autónoma Andaluza. En consecuencia, y para conocimiento de los fieles, procede dar las siguientes normas:
Dado en Guadix, a veintisiete de febrero del año dos mil veinticuatro.
+Francisco Jesús Orozco Mengíbar, Obispo de Guadix

El Monasterio de la Cartuja ha acogido en la jornada de hoy la Eucaristía de acción de gracias y despedida por los 22 de años de presencia de las Hermanas de Belén.
Asidonia-Jerez se ha unido en la jornada de hoy en el Monasterio de la Cartuja de Jerez para dar gracias a Dios por la presencia de las Hermanas de Belén durante 22 años. Tras vivir ayer un momento emotivo en la conferencia que tenían como protagonistas a las propias Hermanas, donde contaban su carisma y testimonio, igual o incluso más especial ha sido la celebración de la Eucaristía llevada a cabo hoy. Una Santa Misa que ha contado un con gran número fieles que ocupaban por completo el atrio de la Iglesia, además de sacerdotes, diáconos y la Vida Consagrada, la cual quería unirse a las Hermanas de Belén en este momento de acción de gracias.

Toda la familia diocesana se ha congregado en esta celebración que ha estado presidida por el pastor de la Diócesis, Monseñor José Rico Pavés, quien ha pronunciado las siguientes palabras en su homilía :
Pero otros decían: «¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?». Y así surgió una discordia por su causa (Jn 7, 42).
Muy queridas Hermanas de Belén; muy queridas consagradas de los diferentes conventos de clausura y de institutos y congregaciones de vida activa de nuestra Diócesis de Asidonia-Jerez; queridos miembros de la familia grande de las Hermanas de Belén (seglares, personas consagradas, seminaristas, diáconos y sacerdotes); estimada Sra. Alcaldesa, miembros de la Corporación municipal y autoridades de nuestra ciudad de Jerez; hermanas y hermanos todos en el Señor.
En el camino de la Cuaresma la Palabra de Dios que se proclama viva en la liturgia nos sorprende evocando, en medio de una discordia por causa de Jesús, el linaje del Mesías, que vendrá de Belén, el pueblo de David. Esa discordia anticipa los momentos trágicos de la pasión de Cristo que el profeta Jeremías anunció: El Señor me instruyó y comprendí, me explicó todas sus intrigas (Jer 11, 18). A medida que nos vamos acercando con Jesús a Jerusalén en el tiempo cuaresmal, vamos siendo introducidos en un contraste creciente: por fuera, en torno a Jesús, surgen las discusiones, los enfrentamientos y las maquinaciones traidoras; por dentro, Jesús a través de sus palabras nos desvela la mansedumbre y humildad de su corazón.
El discípulo amado da testimonio de ese contraste llevado al extremo cuando, en el relato de la última cena, refiere al mismo tiempo la traición de Judas (cf. Jn 13, 30) y las palabras de Cristo: es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo (Jn 14, 31). El camino de Jesucristo hacia la cruz no es la expresión de un fracaso sino la proclamación del amor llevado hasta el extremo; un amor que vence definitivamente al Maligno y el pecado, sanando las heridas de las discordias.
Con gran acierto San Gregorio Magno, el primer monje elegido Papa en la historia de la Iglesia, afirmaba que «el libro de la Sagrada Escritura está escrito por dentro alegóricamente y por fuera históricamente; por dentro, en sentido espiritual, y por fuera, en el sentido corriente y llano de la letra» (Hm Ez I, 9, 30: CCL 142,139). Para leer con provecho la Escritura es necesario prestar atención a lo que refiere por fuera (el texto, la historia, los acontecimientos) para recibir por dentro la Palabra de vida que toca el corazón y nos hace partícipes de la bondad gustosa del amor de Dios.
Conducirse en este mundo a la luz de la Palabra de Dios requiere poner en práctica ese mismo ejercicio: lo que se vive por fuera (gozos y sufrimientos), amasarlo por dentro, en el horno del corazón que se deja inflamar por el fuego del amor del Corazón de Cristo. ¿No es acaso esa la lección perenne que se aprende en la escuela de Belén?
Belén fue testigo de que en Cristo se concilian los contrarios (Pascal, P. 241 [257]): la oscuridad de la noche y la luz de la Gloria, la evidencia del desprecio de los hombres y la manifestación de la Bondad de Dios, la ignorancia de los poderosos y la sabiduría de los sencillos. En Belén encontramos el descanso salvador del Niño Dios, el silencio obediente de san José, la mirada acogedora y contemplativa de María Santísima, que conserva todo meditándolo en su corazón (cf. Lc 2, 19). Belén fue lugar de paso para el Redentor, pero su paso por Belén inaugura el tiempo de la redención. Evocar Belén en el camino hacia Jerusalén es invitación a volver a mirar a los orígenes para no perder el paso de Cristo que nos lleva a la Pascua: necesitamos la compañía escondida e imprescindible del bendito San José, para aprender de él a amar a María y custodiar al Redentor; necesitamos la mirada, los brazos y el corazón de María Santísima para ver con su ojos purísimos, experimentar el abrazo materno sin el cual no hay vida y aprender a guardar con amor todos los acontecimientos de la vida. Sin el regalo de Belén no llegaremos a la Pascua.
¡Bendita Providencia que nos recuerda la necesidad de la experiencia de Belén cuando damos gracias a Dios por el carisma monástico de las Hermanas de Belén que nos ha acompañado durante 22 años en nuestra Diócesis! Damos gracias por muchísimo más de lo que hoy somos capaces de expresar. En este lugar bendecido por la presencia plurisecular de los monjes cartujos damos gracias a Dios e imploramos su misericordia haciendo nuestras las palabras proféticas que Él mismo, en su Sabiduría infinita, nos regala en este día:
Señor del universo,
que juzgas rectamente,
que examinas las entrañas y el corazón,
deja que podamos ver
el fruto de la semilla que las Hermanas de Belén
han sembrado en nuestra Diócesis, sobre el terreno fértil de esta Cartuja;
que su presencia visible entre nosotros vuelva,
pues a Ti y solo a Ti hemos confiado esta causa.
Ahora y siempre, recordando la Defensión de Nuestra Madre Santísima:
¡Nada sin María! ¡Todo con Ella!
+ José Rico Pavés
Obispo de Asidonia-Jerez
Por último, cabe mencionar la presencia de distintas autoridades civiles de la ciudad, como la alcaldesa, María José García Pelayo. Asimismo, tras la celebración se ha llevado a cabo un pequeño ágape para compartir entre los presentes junto a las Hermanas de Belén.
La entrada Asidonia-Jerez celebra la Eucaristía de homenaje y acción de gracias con motivo de la marcha de las Hermanas de Belén se publicó primero en Diocesis de Jerez.

REZO DEL SR. OBISPO JUNTO A LA PREGONERA
En la jornada de hoy, a pocas horas de la celebración del pregón de la Semana Santa de Jerez en el Teatro Villamarta, Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, ha recibido la visita de la pregonera, Eulalia Prieto. Momento especial donde la oración ha estado presente, comenzando este encuentro en la capilla del Obispado de Asidonia-Jerez. En este instante, el prelado ha pedido tanto a Cristo como a María que sostengan y ayuden en la tarea como pregonera a Eulalia, para que así también sus palabras sean portadoras de la Palabra del Señor y nos ayuden a vivir la Pasión, Muerte y Resurrección.
Por último, cabe destacar, que durante todo el tiempo de Cuaresma, se ha celebrado el pregón de la Semana Santa de las distintas localidades de Asidonia-Jerez. Teniendo en cuenta que durante este fin de semana se celebran los que todavía no se han realizado.
La entrada Monseñor Rico Pavés recibe la visita de la pregonera de la Semana Santa de Jerez se publicó primero en Diocesis de Jerez.
DIA DEL SEMINARIO 2024
En torno a la fiesta de san José, la Iglesia en España celebra el Día del Seminario, para
tomar conciencia de esta gran necesidad, la de tener pastores que apacienten el rebaño
del Señor, pastores según el corazón de Cristo, pastores que prolonguen a Jesucristo en
medio de su Iglesia. Este año, con este lema, que se convierte en oración: Padre,
envíanos pastores.
La Iglesia es del Señor, no es una empresa humana, y por eso recurrimos en primer
lugar a la oración para pedirle a Dios que nos dé pastores. Él los ha prometido y
nosotros los necesitamos. Por eso, los pedimos con enorme confianza. “La mies es
abundante y los obreros son pocos, rogad por tanto al Dueño de la mies que envíe
trabajadores a su mies” (Mt 9,37). Además de la oración, pongamos todos los medios a
nuestro alcance para dar pastores a la Iglesia.
Considero que esta es una de las necesidades básicas de la Iglesia en todo tiempo, tener
pastores suficientes para las necesidades de las parroquias, de las diócesis, del mundo
entero al que hay que evangelizar. Porque si no hay pastores, no hay Iglesia. Jesucristo
al fundar su Iglesia, la fundó sobre el fundamento de los Apóstoles y los envió al mundo
entero. Aquellos doce representan a toda la Iglesia, como primera comunidad en torno a
Jesucristo. Pero representan sobre todo a los pastores, porque ellos a su vez
constituyeron sucesores (los obispos) y colaboradores (los presbíteros y diáconos) para
hacer presente a Jesucristo y su Evangelio. Y fueron implantando la Iglesia por el
mundo entero.
Hoy como ayer necesitamos pastores para las comunidades cristianas. Sólo el sacerdote
ordenado puede celebrar la Eucaristía y administrar el perdón de Dios, que tanto
necesitamos. Esto no es clericalismo, esto es voluntad de Cristo, que ha constituido a su
Iglesia de esta manera. Nosotros recibimos del Señor esta Iglesia, constituida
jerárquicamente, en la que los ordenados por el sacramento del Orden, representan a
Jesucristo personalmente. Y donde no hay sacerdotes o escasean, las comunidades
cristianas languidecen hasta llegar a desaparecer.
Pidamos con insistencia al Padre celestial que nos mande pastores. Que en las familias
cristianas esta sea una petición constante: Señor, envíanos pastores, y si tú lo quieres
haz que alguno de nuestra familia sea llamado para este servicio en tu Iglesia santa. Las
familias cristianas han tenido siempre a gala que alguno de sus miembros sea llamado
para este ministerio. No decaigamos en esta petición. Y si alguno de nuestra familia
expresa algún indicio de llamada, apoyémosle entre todos para que discierna en la
verdad y verifique si esta es la llamada de Dios para él.
En las catequesis parroquiales y en cualquier otro ámbito católico, también en los
colegios y en las clases de religión, presentemos continuamente esta necesidad,
hablemos con entusiasmo de esta vocación tan necesaria para la Iglesia y no nos
cansemos de pedirle a Dios que nos mande pastores. Que los sacerdotes tengan como
tarea primordial proponer a todos, y especialmente a los que manifiestan alguna
inclinación al sacerdocio, la alteza de esta vocación y acompañen a los llamados,
participando en las jornadas de monaguillos o en las distintas actividades de la pastoral
vocacional diocesana.
Nuestro Seminario de Córdoba tiene vocaciones, funciona bien, prepara con esmero
para el sacerdocio. Pero necesitamos más, muchos más seminaristas, porque las
necesidades de la Iglesia son abundantes y no llegamos a todos.
Oremos por el Seminario, oremos por los jóvenes que se lo están planteando, oremos
por los sacerdotes y por su fidelidad al Señor. Es una necesidad de primer orden, que
nadie puede suplir. Padre, danos pastores según el corazón de Cristo, Amén.
Recibid mi afecto y mi bendición:
+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba
Celebramos el Día del Seminario. El lema de este año, “Padre, envíanos pastores”, es una oración de súplica a Dios por las vocaciones. No hemos de olvidar que la principal actividad de la pastoral vocacional de la Iglesia es la oración, con la que reconocemos que las vocaciones son don de Dios y como tal se lo pedimos. La Iglesia pide al Dueño de la mies que envíe obreros a los campos. Cuando en 1963 san Pablo VI instituyó la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, y no simplemente la «Jornada de las Vocaciones», subrayó, precisamente, que la Iglesia no es la fuente de las vocaciones, sino que su tarea fundamental es orar por las vocaciones, como don de Dios que son. En la oración se manifiesta fundamentalmente la solicitud del Pueblo de Dios por las vocaciones. Todos los miembros de la familia diocesana hemos de tener la humildad, la confianza, la valentía de rezar incesantemente por las vocaciones.
El Evangelio de este V Domingo de Cuaresma narra que algunos peregrinos de cultura griega, que habían subido a Jerusalén, manifiestan interés por ver a Jesús, desean conocerlo personalmente. En la petición de estos griegos percibimos la sed de ver y conocer a Cristo, el anhelo interior de salvación que experimenta todo ser humano en lo profundo del corazón. La respuesta del Señor se orienta al misterio de la Pascua; en primer lugar, refiriéndose a sí mismo, les dirá que ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre, lo cual significa la hora de su Pasión, Muerte y Resurrección; seguidamente, explicita ese camino pascual con tres elementos conectados entre sí: el grano de trigo, el seguimiento del discípulo y la obediencia al Padre.
El Señor utiliza una imagen de la vida diaria que es a la vez muy sugerente para explicar su muerte, ya cercana, su Misterio Pascual: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24). Se compara a sí mismo con un grano de trigo que muere y da un fruto abundante. Mediante la muerte en cruz, dará un fruto de salvación universal. Cristo muere para resucitar; desde la cruz alcanza una vida nueva y abundante para todos los hombres; desde la cruz, que en apariencia es un fracaso, escándalo para los judíos y necedad para los griegos, Cristo se convertirá en el centro de la Historia, en el salvador de la Humanidad. Su Muerte y Resurrección son la victoria definitiva del amor sobre el egoísmo, del bien sobre el mal.
Jesús señala este camino exigente de la cruz para todos sus discípulos, y lo describe con la imagen del grano de trigo que muere para propiciar una nueva vida. Esta es la paradoja de la cruz de la que nos habla el Evangelio de hoy: “El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna” (Jn 12,25). Es la radicalidad y totalidad que caracteriza a los discípulos de Cristo, que, por amor a él, se entregan al servicio de los hermanos, que pierden la vida y, de ese modo, la encuentran. Dar la vida, este es el camino de la verdadera alegría y de la fecundidad más grande, en la entrega desinteresada a los demás, sobre todo a los más pobres y pequeños.
Pedimos hoy especialmente por las vocaciones sacerdotales, y por todos nuestros sacerdotes, para que sigan haciendo de su existencia una ofrenda agradable al Padre, un don total de sí mismos a Dios y a los hermanos, siguiendo el ejemplo de Jesús, que cumple la voluntad del Padre dando su vida en la cruz para la salvación del mundo, que «no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por la multitud» (Mc 10, 45).
+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla
IV domingo de Cuaresma
Conforme vamos avanzando en la Cuaresma los temas que nos presenta la Palabra se hacen más intensos y dinámicos a medida que se acerca la Pascua. El profeta Jeremías nos anuncia en la segunda lectura una nueva alianza, fruto del amor de Dios, que siempre ha permanecido fiel, mientras que su pueblo Israel se fue alejando poco a poco con un «no» a Dios. Pero el Señor le ha abierto siempre los brazos para volver a acogerlo y espera de ellos una verdadera conversión, porque no puede olvidarse de su pueblo: «Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo». Juan, en el evangelio, nos habla de la hora de agitación y angustia de Jesús en el Huerto de los Olivos, cuando le pedía al Padre que lo librara de la muerte. Es más, en la segunda lectura de este domingo se añaden datos al subrayar la condición humana de Jesús y dice que esta petición la hizo Jesús con gritos y lágrimas en los ojos. El autor de la Carta a los Hebreos dice que Jesucristo es mediador y pontífice, que sabe comprender nuestros peores momentos, porque los ha experimentado él mismo antes en su propia carne; su obediencia, que es solidaridad con el hombre hasta las últimas consecuencias, fue total, hasta la muerte y se ha convertido en causa de salvación para todos. He aquí cumplida su Palabra al decir lo del grano de trigo que, al morir, da fruto.
La aplicación de este mensaje a nuestras vidas se puede hacer en varias direcciones. Por una parte, se trata de que la Pascua de Cristo sea también nuestra pascua, o sea, el paso a la nueva vida, que está hecho de renuncia y novedad: «El que se ama a sí mismo, se pierde», «donde esté yo, allí también estará mi servidor»… Y, por otra parte: Pascua significa lucha y victoria contra el pecado y el mal. Como Cristo ha pasado a la nueva existencia, nosotros estamos comprometidos a luchar contra el «hombre viejo» y somos invitados a pasar a la nueva alianza, renunciando al mal: «Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera», «y atraeré a todos a mí». La conciencia de pecado la tenemos, pero en la Pascua se nos proclamará la victoria de Cristo contra todo mal, tal como dice el profeta Jeremías: «Cuando perdone sus pecados y no recuerde sus pecados».
Este tiempo de Cuaresma nos ayudará a fortalecer nuestra fe cristiana y a librarnos de caer en la rutina o en el formalismo, por eso la insistencia del mensaje de Jeremías tiene mucho sentido para nosotros: lo que nos enseña Jesús es a entender que la ley debe ser escrita en el corazón, personalizada y seguida con autenticidad. El salmo nos ha hecho repetir varias veces: «Crea en mí un corazón puro». El mejor fruto de la Pascua es que nuestra fe, tanto a nivel personal como comunitaria, se haga más profunda y convencida, tiene que ser tan fuerte como la de nuestro Señor Jesús.
Recordemos las palabras que se nos dijeron al comienzo de la Cuaresma, en el Miércoles de Ceniza: «Conviértete y cree en el Evangelio». Hoy se nos pide la conversión del corazón, la personalización tanto del sentido del pecado como de la vuelta a Dios y de la experiencia de su perdón, sin negar sus aspectos sociales y comunitarios. Es una invitación seria y muy útil para la Cuaresma y la Pascua, sobre todo para los que han recibido en la Iglesia la misión de animar a sus hermanos en la fe.
El delegado diocesano de Medios de Comunicación, Leonardo Sánchez, ha entrevistado al pregonero de la Semana Santa de Sevilla 2024, el periodista Juan Miguel Vega, para la edición de El Espejo de la Iglesia. A continuación, reproducimos sus palabras llenas de gratitud. Juan Miguel Vega anunciará la llegada de la Semana Santa, el domingo 17 de marzo, justo una semana antes del Domingo de Ramos. El lugar en el que se celebrará el pregón organizado por el Consejo General de Hermandades y Cofradías, no es otro que el Teatro de la Real Maestranza, en el paseo Cristóbal Colón, como el año pasado.
Juan Miguel ¿cómo te encuentras?
Muy bien, muy bien, feliz e ilusionado.
¿Cómo has vivido estos meses de preparación?
Pues la verdad es que lo he vivido con mucha intensidad. Es una experiencia que contiene otras experiencias muy, muy diversas al mismo tiempo. La verdad es que te producen un cúmulo de emociones y un cúmulo de vivencias, tanto exteriores en la experiencia del pregonero, en visitas, en actos; también interiores como la propia experiencia de escribir el pregón es ya un recorrido, un proceso muy hermoso y emotivo.
¿Qué debe contener un pregón?
Creo que un pregón debe contener sobre todo emoción, testimonio y básicamente debe contener cariño por la Semana Santa, por la ciudad, por esta celebración nuestra. El pregón no es más que el anuncio que llega la Semana Santa. Yo creo que es una especie de comunión afectiva, de emociones, la que se produce en el pregón. El pregonero es el portavoz de toda la ciudad, que de alguna manera lo que hace es anunciar no la Semana Santa, sino la felicidad que tiene la ciudad de recibirla.
¿Cuáles son las devociones más profundas?
Yo soy una persona que, en los últimos años, especialmente fruto de mi reflexión personal, estoy enamorado de Jesucristo. Me parece que es una figura esencial. Cada vez lo valoro más y cada vez me reafirmo más en su grandeza. Yo a Él lo veo en muchos sitios y a través de muchas imágenes: mi Cristo de la infancia es el Cristo de la Salud de San Bernardo, también el Cristo del Amor, el Señor del Gran Poder y luego, por supuesto, está la Virgen de la Esperanza Macarena, que es también muy grande para mí, y la Virgen del Refugio de San Bernardo.
Ya nos estás abriendo el corazón porque las experiencias y las devociones dicen mucho de la esencia de cada persona. ¿Cómo lo vive también tu familia? porque el pregonero no está solo.
Eso ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado y de las grandes fortunas que he tenido en la vivencia del pregón, haber estado acompañado por mi familia todo el tiempo; desde el momento de la designación que estábamos todos en casa cuando recibí la llamada que hubo un instante de una emotividad inmensa que guardaré entre mis mejores recuerdos, hasta hoy. Mi mujer ha sido mi correctora principal, la que me ha estado acompañando. Ella y yo llevamos formando un equipo desde que teníamos 17 años. Entonces siempre nos gusta decir eso, que somos un equipo. Y entonces bueno, pues en el pregón también lo ha sido.
Y mirando a las personas que rodean también a la familia. ¿Qué buenos consejos has recibido?
El pregonero (y esto me ha llamado mucho la atención) no recibe muchos consejos. Recibe no exactamente un consejo, digamos que recibe una especie de aval, un cheque en blanco. La gente, el pueblo, los amigos, todo el mundo te repite y además coinciden en hacerlo: “Sé tú mismo, sé tú mismo”, y eso, es decir, confianza máxima que te da todo el mundo. Ese es el único consejo. Es curioso, es curioso, pero es lo que me ha pasado.
¿Te ha quedado algo por decir en el Pregón?
Supongo que sí, que siempre quedan cosas. Tienes un tiempo limitado. Tendrías que decir tantas cosas de algo que ha marcado tu vida, de algo tan importante, de algo que te ha llenado tanto, que sería inacabable, evidentemente. El pregón lo que hace es destacar y aunque es un rato grande hablando, no deja de ser un resumen, de lo que para ti es la Semana Santa. Entonces, se quedan cosas fuera, pero lo esencial va a estar dentro.
Algunos consejos prácticos que estás teniendo en cuenta al prepararte para ese momento ¿pequeños ritos, alguna oración particular?
Yo rezo todas las mañanas antes de desayunar, tengo al Señor del Gran Poder, y a la Macarena allí en un sitio de la cocina y les rezo, antes de arrancar el día. Esa mañana me imagino que haré exactamente lo mismo. Lo que sí que añadiremos son las visitas previas que hace el pregonero a algunos sitios, a la Hermandad de las Aguas, que es la última visita que hace siempre, y yo luego antes voy a hacer una visita a la iglesia de San Bernardo, donde voy a depositar el pregón el día antes, mañana sábado, donde pasará la noche con la Virgen del Refugio. ¿Qué mejor compañía para ese pregón? que Ella lo esté corrigiendo esa noche.
No sé si a lo mejor podemos definirla como una etapa dorada de la religiosidad popular ¿Cómo ves este momento que estamos viviendo?
Creo que la religiosidad popular siempre ha estado ahí, lo que no se le ha dado es el sitio que merece, pero creo que al final se ha descubierto la importancia, el valor, la necesidad y el servicio que ha prestado la religiosidad popular, porque vemos que aquí en Andalucía y en Sevilla, en concreto, está siendo una salvaguarda de la práctica religiosa. En otros sitios que además habían tenido un vínculo grande con la religión, estamos viendo un abandono de la fe masivo. Aquí en Andalucía, creo que la religiosidad popular ha frenado todo eso y creo que es bueno que ahora mismo se esté dando cuenta, sobre todo básicamente el clero, de que la religiosidad popular es muy importante.
Sobre la marcha que has elegido. ¿De dónde vino esa selección?
Sí, la marcha ‘Macarena’. Sabes que el pregonero puede elegir la primera marcha que se toca en el acto. Yo elegí la marcha ‘Macarena’ (de Abel Moreno) de inmediato. Lo tuve clarísimo y mira que hay muchas marchas que me gustan y que podía haber elegido para el pregón, pero fue algo que decidí sobre la marcha por varias razones. Primero, porque es una marcha que está vinculada a mi etapa profesional. Es la sintonía de ‘El Llamador’. Luego es una marcha muy bonita una marcha alegre, yo creo que el pregón tiene que empezar con alegría, porque a fin de cuentas es un día de felicidad ¿no? yo quiero una marcha reconocible. Luego está dedicada a la Virgen de la Esperanza Macarena. Es decir, que yo creo que ahí sobran los aditamentos para justificar que se interprete esta marcha, que además no se había interpretado nunca en el en el pregón de la Semana Santa.
Nuestra oración y estamos deseando escucharte, que sepas que hay muchas personas contigo y que para nosotros será un momento inolvidable vivir un año más el pregón que nos abre ya las puertas de la Semana Santa. Muchas gracias.
Muchas gracias, Leonardo, a ti y a todo tu equipo por abrirme las puertas de este espejo que refleja la realidad de la Iglesia aquí en Sevilla.
Fotos: Alejandro del Castillo

El sabioteño, Don José Cobo, Cardenal Arzobispo de Madrid, presidirá, el próximo 28 de abril, la misa en honor a la Virgen de la Cabeza, patrona de la Diócesis y de la ciudad de Andújar.
Respondiendo a la invitación del Obispo de Jaén, Don José Cobo ha mostrado su alegría por poder presidir la Eucaristía de la romería más antigua de España. Será esta su primera visita a Jaén, su tierra natal, desde que fuera nombrado Arzobispo de Madrid y poco después Cardenal.
El ahora vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española tiene una gran vinculación con Jaén y en concreto con su pueblo, Sabiote, dónde en breve presidirá una Eucaristía junto a sus paisanos.
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