Inicio Blog Página 2101

Huelva da inicio a la Semana Santa con la Misa de Ramos presidida por el obispo Santiago Gómez

0

Huelva da inicio a la Semana Santa con la Misa de Ramos presidida por el obispo Santiago Gómez

La Santa Iglesia Catedral de Huelva se llenó de fe y devoción la mañana del domingo, 24 de marzo, con la celebración de la Misa de Ramos en la Pasión del Señor. El obispo de Huelva, Santiago Gómez, presidió la solemne ceremonia que marca el comienzo de la Semana Santa, un periodo de profunda significación para la comunidad cristiana.

La misa contó con la concelebración de varios sacerdotes diocesanos y la presencia de notables figuras de la ciudad, incluyendo a la alcaldesa Pilar Miranda, miembros del Ayuntamiento de la capital, del Cabildo Catedral, así como representantes del Consejo de Hermandades y Cofradías de Huelva y hermanos mayores, entre otras autoridades.

Durante su homilía, monseñor Gómez enfatizó que la Semana Santa trasciende la mera representación teatral, convirtiéndose en una participación sacramental y existencial en la Pascua de Jesús. Citando las Escrituras, recordó la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y la posterior reflexión de san Pablo sobre la humildad y sacrificio de Cristo, que culminó en su exaltación divina. “Para la Iglesia el Domingo de Ramos no es una cosa del pasado. Así como entonces el Señor entró en la Ciudad Santa a lomos del pollino, también la Iglesia –nosotros en esta Santa Misa- lo vemos llegar siempre de nuevo bajo la humilde apariencia del pan y el vino. Por eso antes de la Consagración cantamos el Benedictus: “Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.”

El obispo también hizo eco de las palabras de Jesús sobre la conversión y la inocencia infantil como requisitos para entrar en el reino de los cielos, y concluyó su mensaje instando a los fieles a dejar de lado la soberbia y los prejuicios para acompañar verdaderamente a Jesús en su camino pascual.

“Jesús ha querido entrar en Jerusalén de manera solemne, rodeado por una manifestación popular, que le acoge y le aclama como el Mesías, enviado por Dios para salvar al pueblo. Sin embargo, incluso esta entrada triunfal presenta una forma que da a entender de la salvación que trae, no triunfalista, no de orden militar o político, sino en la línea anunciada por el profeta Zacarías: humilde y pacífico, montado en un pollino.”

Puede leer la homilía íntegra a continuación:

La Eucaristía del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, precedida por la evocación de la entrada solemne de la procesión de las palmas nos introduce en la Semana Santa. No es un espectáculo, es la celebración –memorial- de nuestra salvación, que debe incidir en nuestra vida personal, no como una emoción puntual al contemplar las estaciones de penitencia (posibles o no según las condiciones meteorológicas), sino como acontecimiento que nos ofrece un sentido y una esperanza cierta para vivir.

La liturgia de estos días nos invita a participar de verdad en la Semana Santa. Para la Iglesia el Domingo de Ramos no es una cosa del pasado. Así como entonces el Señor entró en la Ciudad Santa a lomos del pollino, también la Iglesia –nosotros en esta Santa Misa- lo vemos llegar siempre de nuevo bajo la humilde apariencia del pan y el vino. Por eso antes de la Consagración cantamos el Benedictus: “Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo”. La Iglesia saluda al Señor en la Santa Misa como el que ahora viene, el que ha hecho su entrada en ella. Como peregrinos, vamos hacia Él; y como peregrino, Él sale a nuestro encuentro y nos incorpora a su entrada en Jerusalén, que es camino hacia la cruz y la resurrección, hacia la Jerusalén del cielo. Cuando recibimos el Cuerpo de Cristo en la sagrada comunión, ya estamos viviendo sacramentalmente unidos al Señor en medio de este mundo su camino hacia el Padre.

En esta mañana se ha proclamado dos veces el Evangelio. La primera al comenzar la procesión de las palmas, la segunda el relato de la Pasión según san Marcos, que acabamos de escuchar.

Jesús ha querido entrar en Jerusalén de manera solemne, rodeado por una manifestación popular, que le acoge y le aclama como el Mesías, enviado por Dios para salvar al pueblo. Sin embargo, incluso esta entrada triunfal presenta una forma que da a entender de la salvación que trae, no triunfalista, no de orden militar político, sino en la línea anunciada por el profeta Zacarías: humilde y pacífico, montado en un pollino. La salvación que manifiesta Aquel que viene en nombre de Dios no corresponde al éxito, a la fama o a la popularidad, no es una manifestación grandiosa de poder seguida de aplausos del público.

Acompañando a Jesús en este Domingo de Ramos, podemos preguntarnos: ¿Cuál es el camino que deseo para mí, para mi vida, que sueño para mi futuro? ¿Es el éxito económico, el poder sobre otros, el aplauso de los demás? ¿O el camino del servicio humilde y desinteresado, el camino de quien no se cansa de amar, el camino del perdón, confiado de que este es el camino de la vida auténtica y verdadera que me enseña Jesús, y el modo de dar testimonio del amor de Dios en el mundo?

Jesús nos salva amando hasta el extremo, hasta dar la vida. Por eso, el relato de la Pasión se ha de interpretar como la historia real, los acontecimientos concretos en los cuales Jesús manifiesta al máximo el amor de Dios, ofreciéndonos el perdón y la vida divina.

En esta Semana Santa estamos invitados a redescubrir que la cruz de Jesús no es una derrota ni un fracaso de un proyecto o de una persona –el Reino de Dios que Jesús proclamó y encarnó-. Por el contrario, la Pasión, la Muerte y la Resurrección del Señor, que celebramos esta Semana Santa, es la manifestación definitiva y permanente del amor de Dios, “porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16).

Que la Virgen María, que participó con la intensidad única de una Madre en el camino de la Muerte y Resurrección de su Hijo, nos ayude a vivir con verdadera devoción cristiana los Misterios que celebramos estos días santos.

La entrada Huelva da inicio a la Semana Santa con la Misa de Ramos presidida por el obispo Santiago Gómez se publicó primero en Diócesis de Huelva.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Domingo de Ramos: “Lo que da valor redentor a la muerte en cruz de Cristo es el amor inmenso de Dios”

0

Domingo de Ramos: “Lo que da valor redentor a la muerte en cruz de Cristo es el amor inmenso de Dios”

La Catedral de Sevilla ha acogido esta mañana la celebración del Oficio de Lecturas, rezo de Laudes, procesión de Palmas y la celebración de la Eucaristía, presidida por el arzobispo hispalense, monseñor José Ángel Saiz Meneses.

La procesión de palmas en torno a la Catedral ha contado en el cortejo con los niños carráncanos, el Cabildo catedralicio y una representación de la Archicofradía de la Sacramental del Sagrario.

Ya en el interior de la Seo, cientos de fieles han acompañado al prelado en el inicio de la Semana Santa, en una celebración extensa y llena de signos que invitan a vivir estos días con gran hondura espiritual.

Monseñor Saiz ha comenzado su homilía con las siguientes palabras: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel!”. El Domingo de Ramos comienza la celebración de la Semana Santa. Es un itinerario espiritual que estamos llamados a vivir con toda la profundidad e intensidad de nuestra fe”.

El arzobispo ha explicado que la bendición de las palmas y la procesión “nos recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y aquella acogida entusiasmada que tuvo por parte de la gente buena y sencilla. Nosotros actualizamos aquel evento y también aclamamos y acompañamos al Señor con sentimientos de entusiasmo y de alegría”.

En este sentido, ha señalado que “la celebración del Domingo de Ramos contiene dos elementos contrapuestos entre sí: la acogida entusiasta de Jesús en Jerusalén, y el drama de la Pasión; el Hosanna festivo y el grito de ¡crucifícalo!; la entrada triunfal y la muerte en la cruz”. La misma contraposición se encuentra en el mundo, que “ha de ser renovado”, ha dicho. “Así -continúa-, en un mundo que se rige habitualmente por el deseo de riqueza, de poder y de placer, él viene a instaurar un Reino de verdad, de amor, de paz, de justicia, de fraternidad”.

Una llamada a vivir con profundidad espiritual esta Semana Santa

El arzobispo de Sevilla ha centrado su homilía en invitar a vivir la Semana Santa como los días principales para el cristiano. Al respecto, ha insistido en que “cada uno de los días que vienen está cargado de salvación, de misterio, de sentido, de espiritualidad, de vida nueva. Procuremos vivirlos con atención, con profundidad, contemplando el amor inmenso de Dios a cada uno de nosotros, que se manifiesta especialmente en la Cruz, expresión de un amor inefable que vence para siempre el pecado y la muerte”.

En esta línea, ha asegurado que “el Señor hace nuevas todas las cosas, y siempre nos sorprende. Por eso estos días hemos de leer y releer los textos que la liturgia nos va presentando, dejando que vayan empapando el corazón y el entendimiento”. “Lo que da valor redentor a la muerte en cruz de Cristo es sobre todo el amor inmenso de Dios que no se detiene ante el sufrimiento extremo. Lo que salva a la humanidad es el amor infinito de Dios, expresado en esa muerte”, ha sentenciado monseñor José Ángel Saiz en su homilía.

Finalmente, ha concluido su exhortación recordando a la Virgen María: “María Santísima, que al pie de la cruz nos fue dada como madre en el apóstol San Juan, será la maestra que nos enseñe, que nos lleve de la mano. Jesús en esta Semana Santa nos pide que la acojamos como madre, en nuestra casa, en nuestro corazón, en nuestra vida”.

Fotografías de Miguel Ángel Osuna y Alejandro del Castillo

Ver este artículo en la web de la diócesis

Homilía del Domingo de Ramos (24-03-2024)

0

Homilía del Domingo de Ramos (24-03-2024)

Catedral de Sevilla

“¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel!”. El domingo de Ramos comienza la celebración de la Semana Santa. Es un itinerario espiritual que estamos llamados a vivir con toda la profundidad e intensidad de nuestra fe. Lo iniciamos hoy acompañando al Señor en su subida a Jerusalén y le aclamamos como aquella multitud que gritaba: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel! ¡Hosanna en el cielo!” La bendición de las palmas y la procesión nos recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y aquella acogida entusiasmada que tuvo por parte de la gente buena y sencilla. Nosotros actualizamos aquel evento y también aclamamos y acompañamos al Señor con sentimientos de entusiasmo y de alegría.

Jesús es aclamado como Mesías al entrar en Jerusalén, pero llevará a cabo su mesianismo por el camino del servicio, de la entrega hasta dar la vida, de la inmolación de sí mismo en la cruz. Así lo hemos contemplado desde el inicio de la Cuaresma. La celebración del domingo de Ramos contiene dos elementos contrapuestos entre sí: la acogida entusiasta de Jesús en Jerusalén, y el drama de la Pasión, el Hosanna festivo y el grito de ¡crucifícalo!; la entrada triunfal y la muerte en la cruz. En nuestra celebración coinciden los sentimientos de alegría rememorando su entrada triunfal en Jerusalén y el dramatismo de la lectura de la Pasión.

“¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”. Al acoger a Jesús, Jerusalén se llena de alegría; es la ciudad de David, la ciudad de los profetas; es la ciudad de la paz, que a lo largo de los siglos ha pasado por episodios de violencia, de guerra y deportación. Es símbolo de la misma humanidad. Hoy, celebramos la entrada en Jerusalén de Jesús, el Rey de la paz. El mundo entero ha de ser renovado, y así, en un mundo que se rige habitualmente por el deseo de riqueza, de poder y de placer, él viene a instaurar un Reino de verdad, de amor, de paz, de justicia, de fraternidad. Los niños y los jóvenes de Jerusalén salieron al encuentro del Señor aclamando y agitando con júbilo ramos de olivo y de palmas. Nosotros hoy acogemos con fe y con júbilo a Cristo, que es el Rey de nuestra vida.

Hoy abrimos la puerta de la Semana Santa. En los próximos días centraremos nuestra mirada en la conmemoración de aquel momento en el que Jesús instituyó la Eucaristía, el memorial de su pasión, muerte y resurrección; estaremos atentos a cada detalle de su camino hacia la cruz, y celebraremos el gozo, la plenitud y la belleza de la Resurrección. Cada uno de los días que vienen está cargado de salvación, de misterio, de sentido, de espiritualidad, de vida nueva. Procuremos vivirlos con atención, con profundidad, contemplando el amor inmenso de Dios a cada uno de nosotros, que se manifiesta especialmente en la Cruz, expresión de un amor inefable que vence para siempre el pecado y la muerte.

Hemos escuchado la narración de la Pasión del Señor según san Marcos. En ella está la descripción completa de los acontecimientos que se irán sucediendo en el curso de esta semana. Aunque sepamos casi de memoria el relato, siempre que los volvemos a leer, a escuchar, a meditar, encontraremos algo nuevo, porque el Señor hace nuevas todas las cosas, y siempre nos sorprende. Por eso estos días hemos de leer y releer los textos que la liturgia nos va presentando, dejando que vayan empapando el corazón y el entendimiento.

Jesús viene a Jerusalén para que se cumplan en El las profecías sobre el Siervo de Yahvé, el descendiente de David; se cumple la aclamación gozosa del pueblo sencillo, pero después será sometido a la prueba más terrible: “al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto lo quiere»”. Llevará a cabo la obra de la salvación mediante la obediencia hasta la muerte, mediante la cruz, para realizar un misterio grande, un designio eterno de amor. Esta es la verdadera figura del Mesías, del Ungido, del Hijo de Dios, del Siervo de Yahvé, la de Jesús, que entra en Jerusalén, y es aclamado por la multitud.

San Pablo es el mensajero de la Cruz de Jesucristo. La cruz y la resurrección son dos aspectos esenciales en su mensaje. Este misterio tiene una dimensión universal, ya que Jesucristo dio la vida por todos, y también una dimensión subjetiva y personal, puesto que murió por cada uno de los redimidos. Desde la contemplación de la cruz percibimos el inmenso amor de Dios. Un amor infinito, encarnado en la actuación misericordiosa de Jesús, que alcanza en la cruz su máxima realización. Lo que da valor redentor a la muerte en cruz de Cristo es sobre todo el amor inmenso de Dios que no se detiene ante el sufrimiento extremo. Lo que salva a la humanidad es el amor infinito de Dios, expresado en esa muerte.

En estos días santos, hagamos el ejercicio de subir hasta el Calvario, y permanecer junto a Jesús. María santísima, que al pie de la cruz nos fue dada como madre en el apóstol san Juan será la maestra que nos enseñe, que nos lleve de la mano. Antes de morir nos la dio como madre en el Apóstol san Juan: “Ahí tienes a tu Madre” (Jn 19, 27). Aceptando este testamento de amor, él la acogió a María en su casa, es decir, la acogió en su vida, compartiendo con ella una cercanía espiritual completamente nueva. Jesús nos dirige de nuevo, en esta Semana Santa, estas palabras a cada uno de nosotros, y nos pide que la acojamos como madre, en nuestra casa, en nuestro corazón, en nuestra vida.

De su mano nos disponemos a vivir estos días santos. Así sea.

 

Ver este artículo en la web de la diócesis

Con la bendición de las palmas recibe la Iglesia e Jaén al que viene en nombre del Señor

0

Domingo de Ramos. Inicio de la Semana Santa que culminará con la alegría de la resurrección. Antes, un recorrido por la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo que la Iglesia de Jaén vivirá con la celebración de los actos litúrgicos en los templos y desde la piedad popular en las calles. Con la mirada puesta en un cielo que amenazaba lluvia, y que a la vez es tan necesaria para los campos y los cultivos.

A las 10 de la mañana, en la iglesia del Sagrario ha tenido lugar la bendición de las palmas. Congregados por el Pastor diocesano, se han dado cita numerosos fieles que han querido participar en este tradicional acto. Junto al Obispo, algunos canónigos y los seminaristas. Con la lectura del Evangelio de la entrada de Jesús en Jerusalén, que proclamaba el canónigo D. Juan García Carrillo, daba comienzo la celebración. El Obispo ha bendecido las palmas  y las ramas de olivo, para después procesionar con ellas hasta la Catedral, mientras se entonaba “Bendito el que viene en nombre del Señor”.

En las lecturas han participado cofrades de la Buena Muerte y los seminaristas, del mismo modo que en la proclamación del Evangelio, que junto al Rector del Seminario, los seminaristas Fernando Ruano y Jesús Marchal han puesto voces a los distintos personajes que aparecen en la lectura de la Pasión y Muerte del Señor, según Marcos, que es la que se ha proclamado el Domingo de Ramos. El acompañamiento musical ha corrido a cargo del canónigo, D. Alfonso Medina y también del canónigo, D. Emilio Samaniego.

En su homilía, Monseñor Chico Martínez ha comenzado recordando la entrada de Jesús en Jerusalén: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna al Hijo de David! Esta entrada de Jesús en Jerusalén, popular, alegre, espontánea, parece que tenía que haber ido seguida de una acogida y convivencia amable y tranquila. La historia nos dice que, a los pocos días, en aquella misma ciudad, Jerusalén, Jesús se vería condenado a muerte, rechazado y crucificado”.

Después ha hecho referencia a las tres lecturas de este Domingo de Ramos. En un primer momento, el Obispo ha subrayado que lo que queda de manifiesto “es la gran bondad de Dios que nos entregó a su Hijo para que nos quedara abierto el camino de la salvación y de la vida verdadera. ¡Demos gracias a Dios por todo ello”. Para después abundar sobre el misterio de la redención, “La muerte de Jesús fue una muerte prevista y anunciada por Él, una muerte aceptada por fidelidad, por amor, como el ejercicio supremo de su obediencia a Dios y su amor hacia nosotros. No nos salvan propiamente sus muchos dolores, sino su obediencia al Padre y su amor a la humanidad, mantenidos hasta la saciedad, a pesar de los muchos sufrimientos físicos y morales, en el momento culminante de su muerte”.

Por último, ha querido alentar a los fieles congregados a vivir este tiempo con profundo sentido evangélico, que los acerque al corazón de la fe y que le sirva para renovarse desde dentro: “Queridos hermanos, haced que esta Semana santa sea para todos nosotros un tiempo de acercamiento a Jesús, que el recuerdo de su Pasión y de su Muerte por nosotros nos lleve a vivir más cerca de Él durante todos los días del año, nos lleve sobre todo a recordar más a Dios, a amarle más sinceramente, a vivir más intensamente nuestra vocación cristiana como verdaderos discípulos de Jesús y como verdaderos hijos de Dios”.

Al igual que en años anteriores, el Obispo compaginará su agenda de celebraciones cultuales con la participación en algunas procesiones de Jaén y de la provincia.

Galería fotográfica: «Domingo de Ramos 2024»

The post Con la bendición de las palmas recibe la Iglesia e Jaén al que viene en nombre del Señor first appeared on Diócesis de Jaén.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Comunicado del Obispado de Huelva ante la posibilidad de lluvia durante el Domingo de Ramos y el Triduo Santo 2024

0

Comunicado del Obispado de Huelva ante la posibilidad de lluvia durante el Domingo de Ramos y el Triduo Santo 2024

• Exhortamos a los párrocos y Hermandades que prioricen las celebraciones litúrgicas, dada la importancia de la Misa del Domingo de Ramos y el Triduo Santo.

• Pedimos que la organización de los cortejos procesionales en los templos no alteren los horarios ni el ritmo propio de las celebraciones litúrgicas más importantes del año cristiano.

• Recordamos que se deben observar las normas litúrgicas tal y como las recoge el Calendario Litúrgico de la Conferencia Episcopal Española y las rúbricas de los rituales.

La entrada Comunicado del Obispado de Huelva ante la posibilidad de lluvia durante el Domingo de Ramos y el Triduo Santo 2024 se publicó primero en Diócesis de Huelva.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Domingo de Ramos. Ciclo B. 24 de marzo de 2024

0

Domingo de Ramos. Ciclo B. 24 de marzo de 2024

Después de semanas viviendo el camino cuaresmal en esa búsqueda de Dios, con el deseo de procurar nuestra conversión personal y comunitaria como Iglesia, mostrando arrepentimiento por nuestras faltas y pecados, llegamos a la cima de la montaña, a la meta, a la plenitud con la celebración de la Semana Santa, en la que podremos orar vivencialmente con los misterios centrales de nuestra fe: la Pasión, la Muerte y la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Al inicio de la celebración litúrgica de la Eucaristía del Domingo de Ramos se proclamará el pasaje del evangelio de Marcos en el que se nos narra la solemne entrada de Jesús en Jerusalén con motivo de la celebración de las fiestas pascuales judías, y de su propia pascua, nuestra pascua.

Marcos junto a Mateo y Lucas hablan de una única subida de Jesús en su vida para celebrar la Pascua en Jerusalén. Juan nos habla de varias más. Los primeros evangelistas sitúan esta subida y estancia en la Ciudad Santa coincidiendo con la última semana de la vida de Jesús y coincidiendo con la fiesta judía de la Pascua, con la cual Israel conmemora su liberación de la esclavitud de Egipto acontecida muchos siglos antes. Esta fiesta tenía lugar en primeva, coincidiendo con la primera luna llena de esta estación, y todo el pueblo de Dios se congregaba en Jerusalén, que por esos días triplicaba su población. El templo era el lugar del encuentro y del culto a Dios, para ellos era el lugar más sagrado de toda la tierra. La ciudad estaba llena de un ambiente festivo y de alegría. Al estar dominada la nación de Israel por el imperio romano, en esos días estaban más calientes los sentimientos de liberación del pueblo judío. Ante esta dominación romana nos encontramos con un grupo de rebeldes nacionalistas, los zelotas, que de manera violenta querían conseguir esa liberación política y militar a la que se sentía sometido el pueblo israelita, y así, siendo libres, poder imponer el Reino de Dios.

Con todo este ambiente, la entrada de Jesús en Jerusalén va más allá de un mero recibimiento, porque es más una manifestación masiva de quienes están hambrientos de un Dios que es el Libertador de su pueblo y de la humanidad que espera la llegada y actuación de su Mesías. Cada uno en este momento de Jesús pudo ver intereses diferentes, por lo que no lo podemos ver como una procesión ordenada de gente religiosa con palmas y ramos de olivo, sino como una manifestación de masas y envuelta en un verdadero bullicio.

Una palabra clave en este relato es «Hosanna», que significa «Sálvanos, por favor». Con ella el pueblo le pedía ayuda a Dios para conseguir la victoria. Palabra que era aclamada y acompañada del gesto de echar los mantos al suelo a modo de alfombra y adornar con ramos el camino, teniendo similitud con el acto de entronización de los reyes de Israel. Pero para que su entrada no se tratase de un acto provocador, Jesús toma medidas para que sea lo más discreta y no alertase a las autoridades, por lo que le preparan un borrico, se hospeda fuera de la ciudad…

Ya el lugar de Jerusalén es muy importante porque no es sólo la Ciudad Santa o la capital de Israel, sino que en el Evangelio Jerusalén es el lugar donde se encuentran los enemigos más peligrosos de Jesús: los sacerdotes, escribas y fariseos. Así pues, Jesús se introduce en el terreno de sus enemigos y se pone a la mano de ellos. Podría haber eludido esta visita para evitar riesgos, pero al mismo tiempo, al hacerlo, su lucha por cambiar el mundo e implantar el Reino de Dios no hubiera sido auténtica ni plena sin el enfrentamiento con aquellos que oprimen al pueblo y lo excluyen de la salvación. En Marcos no es la ciudad la que sale a recibir a Jesús, pues Él atraviesa sus calles y parece que sus habitantes ni se enteran, porque los que reciben a Jesús son los discípulos, los peregrinos, los venidos de fuera: lo aclaman y vitorean.

Jesús decepciona como Mesías porque el pueblo de Israel esperaba la entrada del Mesías en Jerusalén como lo hiciera el rey David que la conquistó violentamente siglos antes, por lo que esperaba la entrada espectacular de un Mesías poderoso, guerrero y triunfador. Jesús no entra montado en un animal, el caballo, que usaban los ricos, los militares y los poderosos, sino que entra en un asno o borrico, que usaban los campesinos y la gente humilde como instrumento de transporte y de trabajo. Jesús ha escogido este animal y no lo ha hecho de manera improvisada, sabía bien quién era y lo que quería, y la imagen que trataba de comunicar. No es un Mesías guerrero sino un Mesías humilde y pacífico. Es un Mesías de paz y no de triunfo. Éste es nuestro Señor y a éste es al que seguimos.

Jesús llega hasta la meta de la entrada de todo peregrino que visita Jerusalén, y dicha meta es el templo. Un templo que más que estar dedicado para el culto se ha convertido en un lugar de negocios y de poder político, donde sólo unos pocos se sienten privilegiados; y donde la mayoría se sienten excluídos y marginados. Y en los días siguientes lo visitará para denunciar allí toda esta corrupción e injusticias y predicar la misericordia de un Dios que es amor para el rechazado, fortaleza para el débil y compasión para el pecador. Al hacer esto, Jesús se ha enfrentado y expuesto al dejar en evidencia a sus enemigos, y no es una actuación imprudente sino de compromiso por defender a aquellos que le importan y que esperan de Él su ayuda. Por ellos ha venido a Jerusalén y de allí no saldrá ya vivo. Allí termina su proyecto, pero allí nacerá de nuevo a una nueva vida y en la que su salvación se hará universal, para toda la humanidad.

Esta escena la vive la Iglesia en nuestro presente y la actualiza como la comunidad que recibe a Jesús, el cual es profesado desde la fe como su Señor y como el verdadero Mesías. La Iglesia lo aclama y bendice, y manifiesta públicamente a los cuatro vientos su fe en Jesús, en el Mesías que padeció pero que fue glorificado con su resurrección. Jesús es para nosotros el Príncipe de la Paz y de la Humildad porque es el Hijo del Rey del Amor y de la Misericordia, del Padre de todos los hombres y mujeres de todos los tiempos, del nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, que hoy, igual que ayer, grita: «Hosanna», «Sálvanos, por favor», instantes antes de la consagración eucarística en la que viene y nos visita con su humildad y paz en un poco de pan y en un poco de vino.

Emilio José Fernández, sacerdote.

Después de semanas viviendo el camino cuaresmal en esa búsqueda de Dios, con el deseo de procurar nuestra conversión personal y comunitaria como Iglesia, mostrando arrepentimiento por nuestras faltas y pecados, llegamos a la cima de la montaña, a la meta, a la plenitud con la celebración de la Semana Santa, en la que podremos orar vivencialmente con los misterios centrales de nuestra fe: la Pasión, la Muerte y la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Al inicio de la celebración litúrgica de la Eucaristía del Domingo de Ramos se proclamará el pasaje del evangelio de Marcos en el que se nos narra la solemne entrada de Jesús en Jerusalén con motivo de la celebración de las fiestas pascuales judías, y de su propia pascua, nuestra pascua.

Marcos junto a Mateo y Lucas hablan de una única subida de Jesús en su vida para celebrar la Pascua en Jerusalén. Juan nos habla de varias más. Los primeros evangelistas sitúan esta subida y estancia en la Ciudad Santa coincidiendo con la última semana de la vida de Jesús y coincidiendo con la fiesta judía de la Pascua, con la cual Israel conmemora su liberación de la esclavitud de Egipto acontecida muchos siglos antes. Esta fiesta tenía lugar en primeva, coincidiendo con la primera luna llena de esta estación, y todo el pueblo de Dios se congregaba en Jerusalén, que por esos días triplicaba su población. El templo era el lugar del encuentro y del culto a Dios, para ellos era el lugar más sagrado de toda la tierra. La ciudad estaba llena de un ambiente festivo y de alegría. Al estar dominada la nación de Israel por el imperio romano, en esos días estaban más calientes los sentimientos de liberación del pueblo judío. Ante esta dominación romana nos encontramos con un grupo de rebeldes nacionalistas, los zelotas, que de manera violenta querían conseguir esa liberación política y militar a la que se sentía sometido el pueblo israelita, y así, siendo libres, poder imponer el Reino de Dios.

Con todo este ambiente, la entrada de Jesús en Jerusalén va más allá de un mero recibimiento, porque es más una manifestación masiva de quienes están hambrientos de un Dios que es el Libertador de su pueblo y de la humanidad que espera la llegada y actuación de su Mesías. Cada uno en este momento de Jesús pudo ver intereses diferentes, por lo que no lo podemos ver como una procesión ordenada de gente religiosa con palmas y ramos de olivo, sino como una manifestación de masas y envuelta en un verdadero bullicio.

Una palabra clave en este relato es «Hosanna», que significa «Sálvanos, por favor». Con ella el pueblo le pedía ayuda a Dios para conseguir la victoria. Palabra que era aclamada y acompañada del gesto de echar los mantos al suelo a modo de alfombra y adornar con ramos el camino, teniendo similitud con el acto de entronización de los reyes de Israel. Pero para que su entrada no se tratase de un acto provocador, Jesús toma medidas para que sea lo más discreta y no alertase a las autoridades, por lo que le preparan un borrico, se hospeda fuera de la ciudad…

Ya el lugar de Jerusalén es muy importante porque no es sólo la Ciudad Santa o la capital de Israel, sino que en el Evangelio Jerusalén es el lugar donde se encuentran los enemigos más peligrosos de Jesús: los sacerdotes, escribas y fariseos. Así pues, Jesús se introduce en el terreno de sus enemigos y se pone a la mano de ellos. Podría haber eludido esta visita para evitar riesgos, pero al mismo tiempo, al hacerlo, su lucha por cambiar el mundo e implantar el Reino de Dios no hubiera sido auténtica ni plena sin el enfrentamiento con aquellos que oprimen al pueblo y lo excluyen de la salvación. En Marcos no es la ciudad la que sale a recibir a Jesús, pues Él atraviesa sus calles y parece que sus habitantes ni se enteran, porque los que reciben a Jesús son los discípulos, los peregrinos, los venidos de fuera: lo aclaman y vitorean.

Jesús decepciona como Mesías porque el pueblo de Israel esperaba la entrada del Mesías en Jerusalén como lo hiciera el rey David que la conquistó violentamente siglos antes, por lo que esperaba la entrada espectacular de un Mesías poderoso, guerrero y triunfador. Jesús no entra montado en un animal, el caballo, que usaban los ricos, los militares y los poderosos, sino que entra en un asno o borrico, que usaban los campesinos y la gente humilde como instrumento de transporte y de trabajo. Jesús ha escogido este animal y no lo ha hecho de manera improvisada, sabía bien quién era y lo que quería, y la imagen que trataba de comunicar. No es un Mesías guerrero sino un Mesías humilde y pacífico. Es un Mesías de paz y no de triunfo. Éste es nuestro Señor y a éste es al que seguimos.

Jesús llega hasta la meta de la entrada de todo peregrino que visita Jerusalén, y dicha meta es el templo. Un templo que más que estar dedicado para el culto se ha convertido en un lugar de negocios y de poder político, donde sólo unos pocos se sienten privilegiados; y donde la mayoría se sienten excluídos y marginados. Y en los días siguientes lo visitará para denunciar allí toda esta corrupción e injusticias y predicar la misericordia de un Dios que es amor para el rechazado, fortaleza para el débil y compasión para el pecador. Al hacer esto, Jesús se ha enfrentado y expuesto al dejar en evidencia a sus enemigos, y no es una actuación imprudente sino de compromiso por defender a aquellos que le importan y que esperan de Él su ayuda. Por ellos ha venido a Jerusalén y de allí no saldrá ya vivo. Allí termina su proyecto, pero allí nacerá de nuevo a una nueva vida y en la que su salvación se hará universal, para toda la humanidad.

Esta escena la vive la Iglesia en nuestro presente y la actualiza como la comunidad que recibe a Jesús, el cual es profesado desde la fe como su Señor y como el verdadero Mesías. La Iglesia lo aclama y bendice, y manifiesta públicamente a los cuatro vientos su fe en Jesús, en el Mesías que padeció pero que fue glorificado con su resurrección. Jesús es para nosotros el Príncipe de la Paz y de la Humildad porque es el Hijo del Rey del Amor y de la Misericordia, del Padre de todos los hombres y mujeres de todos los tiempos, del nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, que hoy, igual que ayer, grita: «Hosanna», «Sálvanos, por favor», instantes antes de la consagración eucarística en la que viene y nos visita con su humildad y paz en un poco de pan y en un poco de vino.

Emilio José Fernández, sacerdote

https://elpozodedios.blogspot.com/

Ver este artículo en la web de la diócesis

Domingo de Ramos en Canal Sur Radio

0
Noticia

Publicado: 24/03/2024: 59

<!–

–>

Escucha el Evangelio de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén en el programa de las diócesis andaluzas en la radio pública de Andalucía.

Más noticias de:

Ver este artículo en la web de la diócesis

Celebrado el XII Encuentro Diocesano de Niños en la Santa Iglesia Catedral

0

El sábado, 23 de marzo, los niños de la Diócesis se preparan para Semana Santa en un encuentro con el pastor de la Diócesis en la Catedral

Numerosos niños de catequesis, procedentes de distintas parroquias de toda la Diócesis, han participado esta mañana en el Encuentro Diocesano de Niños organizado por Acción Católica General. El encuentro ha comenzado con la acogida, a las 9:45 horas, en la parroquia de Nuestra Señora de la Paz, del barrio de San Basilio, desde donde han partido en procesión portando una borriquita hasta la Santa Iglesia Catedral. Al llegar han celebrado la santa misa, a las 10:45 horas, que ha estado presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández.

Después de la santa misa, los chicos han participado en las actividades y juegos preparados en el Seminario Mayor San Pelagio.



















La entrada Celebrado el XII Encuentro Diocesano de Niños en la Santa Iglesia Catedral apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

En la puerta de la Pasión

0

La mirada no puede ser más que contemplativa. Los silencios, un enjambre de preguntas. Los pasos, arrastrando desventuras. Penumbras tenuemente iluminadas. Olor a cera y a incienso. Sonido acompasado de notas hermanadas. Ritmos cadenciosos. Latidos contenidos. Espacios místicos de luces en penumbras. Agudeza visual. Silencio de una respuesta callada. Luego una voz que manda. Arriba el misterio. Hasta el cielo con la fuerza costalera. Ojos profundos rasgados tras la tela. No hay solitarios soliloquios. Nada es igual que otro día. Solo hermandades abriendo los senderos. Y en los márgenes, miradas compasivas. Los niños, absortos, mientras la procesión discurre como el agua mansa. Almería se apasiona en Semana Santa.

Ante la Catedral, un brote de quinientos años. En la puerta ¡Escucha! El Cristo, te mira a ti, hacia la calle. Espera a que se aproxime el paso. Todos somos prójimos. Todos nos aproximamos. Frente a frente, se hace de nuevo el silencio. Las bandas callan. Se frenan las filas y todo para. Momento para sentir el corazón. Solo el tintineo de las velas y las nubes de incienso. Espacio para la cordura. Y la pregunta primigenia de todo un Dios sorprendido: ¿Dónde está tu hermano? Y una respuesta evasiva. Y los sufrimientos del mundo se hacen imagen, embellecida. Pena, dolor, prendimiento, cautiverio, angustia, flagelación, desamparo, lágrimas, amargura, muerte, sepulcro, soledad… y abandono, mucho abandono. Almería escucha el latido comunitario de la Casa Madre.

Tenemos muchos frentes abiertos. No son de acogida, de puertas abiertas, son de guerras interiores y exteriores. En la soledad, en el silencio, el vuelo del Espíritu irrumpe en humildad, paciencia, unidad, paz, misericordia, amor, esperanza, oración, redención, consuelo, fe, caridad y vida. Una estrella que ilumine nuestra oscuridad, un rosario de buenos propósitos para cambiar este mundo que agoniza.

Comenzó todo con palmas y ramos. Una apoteosis de entusiasmo proclamando al ungido, al rey de reyes, al que viene en el Nombre del Señor. Y el clamor popular se silencia para volver a los negocios de cada día. Son estrellas fugaces que enardecen el corazón arrastrado por las masas. Y llegan las noches, una tras otras, que barruntan la tragedia. Los que le seguían aún no entendían nada. Y les pide preparar en intimidad una cena. Adelantar la memoria de la Pascua. Hacer realidad en un cáliz de vino y en un trozo de pan, el verdadero paso de la esclavitud a la libertad. Una Nueva Alianza, un nuevo Cordero entregado para siempre. Todo se ha cumplido. La historia de la salvación se fragua en el silencio de la oquedad de un huerto.  Almería espera los cielos nuevos y la tierra nueva.

Y amaneció aquel día… el primero de la semana. Preparaban las mujeres ungüentos de mortajas. Se reunieron los que habían huido y traicionado en la sala de arriba. La misma de la última cena, la del amor, hecho servicio y entrega. Se convirtió en escondrijo para el miedo. Y no volvió ya nunca más uno de ellos. Algunas mujeres nos alborotaron, dijeron. Estallaron los almendros. La vida floreció en primavera. El surco del huerto donde enterraron su cuerpo engendró el más hermoso fruto de la historia. Y la Vida Resucitada salió por los caminos a su encuentro. Volvió la luz a sus ojos y a los nuestros. Descubrimos el sentido de tanto dolor y sufrimiento. Y como una ráfaga de fuego se extendió a los cuatro vientos. Cómo ardía nuestro corazón, comentaban entre ellos. Y fueron luz y palabra viva, y amor derramado, y perdón y ternura…  Almería, para el que comprenda, ¡esto hay que celebrarlo!

¡Ánimo y adelante!

+ Antonio, vuestro obispo

EN LA PUERTA DE LA PASIÓN, por Antonio Gómez Cantero

0

La mirada no puede ser más que contemplativa. Los silencios, un enjambre de preguntas. Los pasos, arrastrando desventuras. Penumbras tenuemente iluminadas. Olor a cera y a incienso. Sonido acompasado de notas hermanadas. Ritmos cadenciosos. Latidos contenidos. Espacios místicos de luces en penumbras. Agudeza visual. Silencio de una respuesta callada. Luego una voz que manda. Arriba el misterio. Hasta el cielo con la fuerza costalera. Ojos profundos rasgados tras la tela. No hay solitarios soliloquios. Nada es igual que otro día. Solo hermandades abriendo los senderos. Y en los márgenes, miradas compasivas. Los niños, absortos, mientras la procesión discurre como el agua mansa. Almería se apasiona en Semana Santa.

Ante la Catedral, un brote de quinientos años. En la puerta ¡Escucha! El Cristo, te mira a ti, hacia la calle. Espera a que se aproxime el paso. Todos somos prójimos. Todos nos aproximamos. Frente a frente, se hace de nuevo el silencio. Las bandas callan. Se frenan las filas y todo para. Momento para sentir el corazón. Solo el tintineo de las velas y las nubes de incienso. Espacio para la cordura. Y la pregunta primigenia de todo un Dios sorprendido: ¿Dónde está tu hermano? Y una respuesta evasiva. Y los sufrimientos del mundo se hacen imagen, embellecida. Pena, dolor, prendimiento, cautiverio, angustia, flagelación, desamparo, lágrimas, amargura, muerte, sepulcro, soledad… y abandono, mucho abandono. Almería escucha el latido comunitario de la Casa Madre.

Tenemos muchos frentes abiertos. No son de acogida, de puertas abiertas, son de guerras interiores y exteriores. En la soledad, en el silencio, el vuelo del Espíritu irrumpe en humildad, paciencia, unidad, paz, misericordia, amor, esperanza, oración, redención, consuelo, fe, caridad y vida. Una estrella que ilumine nuestra oscuridad, un rosario de buenos propósitos para cambiar este mundo que agoniza.

Comenzó todo con palmas y ramos. Una apoteosis de entusiasmo proclamando al ungido, al rey de reyes, al que viene en el Nombre del Señor. Y el clamor popular se silencia para volver a los negocios de cada día. Son estrellas fugaces que enardecen el corazón arrastrado por las masas. Y llegan las noches, una tras otras, que barruntan la tragedia. Los que le seguían aún no entendían nada. Y les pide preparar en intimidad una cena. Adelantar la memoria de la Pascua. Hacer realidad en un cáliz de vino y en un trozo de pan, el verdadero paso de la esclavitud a la libertad. Una Nueva Alianza, un nuevo Cordero entregado para siempre. Todo se ha cumplido. La historia de la salvación se fragua en el silencio de la oquedad de un huerto.  Almería espera los cielos nuevos y la tierra nueva.

Y amaneció aquel día… el primero de la semana. Preparaban las mujeres ungüentos de mortajas. Se reunieron los que habían huido y traicionado en la sala de arriba. La misma de la última cena, la del amor, hecho servicio y entrega. Se convirtió en escondrijo para el miedo. Y no volvió ya nunca más uno de ellos. Algunas mujeres nos alborotaron, dijeron. Estallaron los almendros. La vida floreció en primavera. El surco del huerto donde enterraron su cuerpo engendró el más hermoso fruto de la historia. Y la Vida Resucitada salió por los caminos a su encuentro. Volvió la luz a sus ojos y a los nuestros. Descubrimos el sentido de tanto dolor y sufrimiento. Y como una ráfaga de fuego se extendió a los cuatro vientos. Cómo ardía nuestro corazón, comentaban entre ellos. Y fueron luz y palabra viva, y amor derramado, y perdón y ternura…  Almería, para el que comprenda, ¡esto hay que celebrarlo!

¡Ánimo y adelante!

+ Antonio, vuestro obispo

Ver este artículo en la web de la diócesis

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.