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La noche más importante del año litúrgico

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La noche más importante del año litúrgico

Hoy, Sábado Santo, se cierra el triduo sacro con al celebración de la vigilia pascual, poco antes de la finalización del día. Se trata, sin duda, de la celebración más importante del año litúrgico, y tiene una carga simbólica que conviene explicar.

De ello se encarga Luis Rueda, delegado diocesano y prefecto de Liturgia de la Catedral de Sevilla, que explica el significado, trascendencia y simbología de una misa solemne donde las haya.

La Catedral de Sevilla acogerá esta celebración, hoy jueves a las once de la noche, presidida por el arzobispo, monseñor Saiz Meneses.

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Sábado Santo, vigilia pascual

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Sábado Santo, vigilia pascual

Luis Rueda, delegado diocesano y prefecto de Liturgia de la Catedral de Sevilla, explica la celebración con la que se cierra el triduo sacro, la cita más importante del católico: la vigilia pascual.

La Catedral de Sevilla acogerá esta celebración, hoy jueves a las once de la noche, presididas por el arzobispo, monseñor Saiz Meneses.

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Sábado Santo – Vigilia Pascual (Catedral-Málaga)

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Homilía del Sr. Obispo de Málaga, Mons. Jesús Catalá, en la vigilia pascual 2024

SÁBADO SANTO – VIGILIA PASCUAL

(Catedral-Málaga, 30 marzo 2024)

Lecturas: Gn 1, 1-2,2; Ex 14, 15-15,1; Is 55, 1-11; Ez 36, 16-28; Rm 6, 3-11; Sal 117; Lc 24, 1-12.

La vida nueva en Cristo, en los sacramentos

1.- Muy queridos hermanos en el episcopado, sacerdotes, diáconos, ministros del altar y fieles todos. En esta Noche Santa de la Vigilia pascual hemos escuchado en las lecturas bíblicas la historia de la salvación y las hazañas que Dios ha realizado en favor de la humanidad.

Dios ha hecho su gran obra de la creación en favor del hombre, que es su centro y su meta. Como hemos escuchado, Dios creó en el día sexto al ser humano, como culmen de la creación, dándole poder y dominio sobre todos los demás seres creados.

La historia de la salvación es el entramado de toda la revelación de Dios eterno, quien creó el mundo de la nada; ninguna criatura pudo venir a la existencia sin la palabra omnipotente del Creador.

La vida del cosmos ha tenido un inicio en el tiempo; aunque haya ciertas teorías que quieren explicar la existencia del cosmos desde presupuestos pre-científicos o falsamente científicos. El cosmos es creado por Dios de la nada y en el tiempo; ésta es una verdad revelada.

Esta obra ha sido coronada por el hombre, como imagen de la divinidad que, teniendo un elemento terreno, tiene también otro componente divino que le ennoblece y lo abre a la trascendencia, porque el ser humano ha sido creado a imagen de Dios (cf. Gn 1, 26-27).

La creación es el primer acto salvífico en el tiempo, que parte de la iniciativa divina; y es modelo de otras acciones salvíficas posteriores. Después de la lectura de la creación hemos escuchado otras hazañas salvíficas, que Dios hace en favor de su pueblo Israel. Cada acto salvífico se considerará una nueva creación, referida a la salvación definitiva.

Dios creó al hombre para la vida, para la felicidad y para la libertad. Y el hombre será feliz en comunión con su Creador, pero no si se separa de él; y disfrutará de una vida sin límites y sin muerte, si come solo de aquello que gratuita y generosamente se le ofrece. Dios hizo al hombre para la vida eterna.

Esta historia universal de salvación la vivimos también como historia particular de salvación, puesto que Dios nos ha creado a través de nuestros padres; nos ha hecho hijos suyos en el bautismo; y ha realizado tantas cosas buenas y bellas en la vida de cada uno de nosotros.

Dios hizo alianza con el pueblo de Israel y la hace con cada uno de nosotros; es una alianza de amor. El pueblo de Israel rompió muchas veces la alianza: la de Noé, la de Moisés, la de Abrahán. Hasta que, en la plenitud de los tiempos (cf. Gal 4, 4-5), el Hijo de Dios realiza la alianza definitiva. Y nosotros, ¿cómo vivimos la alianza de amor con el Señor?

2.- Esta es la noche bautismal por excelencia, queridos hermanos, porque en las aguas del bautismo somos sepultados en la muerte de Cristo, para que muertos al pecado (cf. Rm 6, 8), por el don de la fe renazcamos a una vida nueva. Como dice san Pablo: «Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva» (Rm 6, 4).

La Pascua nos invita a vivir esa vida nueva; una vida en la que hemos de procurar dejar a un lado todo lo que nos aparta de Dios, teniendo la mente y los sentimientos de Cristo (cf. Flp 2, 5) y rechazando todo pecado.

San Pablo explica el misterio Pascual al que somos incorporados por medio del bautismo, y la vida de unión con Cristo a la que nos introduce: «Si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección como la suya» (Rm 6, 5). Para resucitar es preciso primero morir.

La Pascua es el paso de la muerte a la vida; de las tinieblas a la luz, como hemos hecho en la primera parte de la liturgia de esta noche, acompañados de la luz del Cirio pascual, signo de Cristo resucitado.

3.- El agua simboliza la muerte en la cual se reconquista la vida: el agua «que salta hasta la vida eterna» (Jn 4, 14). Es necesario “sumergirse” en esta agua, en esta muerte, para emerger después de ella como hombre nuevo, como nueva creatura; es decir, vivificado por la potencia de la resurrección de Cristo.

Este es el misterio del agua, que esta noche bendecimos y que será  penetrada por la “luz de Cristo”, cuando introduzcamos el Cirio pascual en el agua; el agua es símbolo de la potencia de la resurrección y de la vida nueva.

Esta agua llega a ser, en el sacramento del bautismo, el signo de la victoria sobre el mal, sobre satanás, sobre el pecado; el signo de la victoria que Cristo ha traido mediante su muerte en cruz, como nos recuerda san Pablo: «Nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado» (Rm 6, 6).

Con san Juan Pablo II decimos: “Esta es la noche de la gran espera. Esperamos en la fe, esperamos con todo nuestro ser humano a Aquel, que al alba ha roto la tiranía de la muerte y ha revelado la divina potencia de la vida: Él es nuestra esperanza” (Homilía en la misa de la Vigilia Pascual, La nueva vida en la luz de Cristo, 5, Vaticano, 14.IV.1979).

4.- La vida nueva en la que Cristo nos ha introducido se nos comunica de modo real en los sacramentos, en los que Cristo resucitado y vivo está presente entre nosotros todos los días hasta el fin del mundo (cf. Mt 28, 20).

Su presencia real brilla de modo eminente en la eucaristía, a la que se ordenan todos los demás sacramentos, pues en ella se nos da Cristo mismo todo entero, y por ella entramos en comunión viva y personal con Él.

En esta noche de Pascua los catecúmenos reciben el bautismo, mediante el cual son incorporados a la muerte y a la resurrección del Señor. Y después participan por primera vez del cuerpo sacramental de Jesucristo: la eucaristía. Recibirán, por tanto, los dos sacramentos principales: bautismo y eucaristía. También recibirán la confirmación, que es el perfeccionamiento del bautismo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1316).

5. Los sacramentos han brotado de la cruz de Cristo, como dice Juan Crisóstomo, y su fuente fue el costado del Señor: “Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los soldados se acercó con la lanza, y le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre: agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía” (Catequesis 3, 15).

Del costado de Jesús se formó la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva. Con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia. Cristo se ha unido a su esposa y la nutre con su propio cuerpo y alimenta con sangre a aquellos a quienes él mismo ha hecho renacer (cf. Ibid. 3, 19).

Queridos hermanos, celebremos esta Pascua dejándonos renovar por los sacramentos y aceptando la vida nueva en Cristo resucitado. Dejemos que nuestro “hombre viejo” sea destruido con Cristo en su muerte (cf. Rm 6, 6), para vivir con él resucitados (cf. Rm 6, 8). Como dice el apóstol Pablo: «Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús» (Rm 6, 11).

Cantemos con gran alegría el cántico del “Aleluya”, propio del tiempo pascual. Y pidamos a la Virgen Santísima que nos acompañe en esta Pascua de resurrección y nos proteja con su amor maternal. Amén.

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Palabra de Dios: evangelio y lecturas de la Vigilia Pascual

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Lee la Palabra de Dios que la liturgia nos ofrece hoy.

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 1, 1 – 2, 2

Salmo 103

Segunda lectura

Lectura del libro del Éxodo 14, 15 – 15, 1

Tercera lectura

Lectura del libro de Isaías 54, 5-14

Cuarta lectura

Lectura del libro de Isaías 55, 1-11

Quinta lectura

Lectura del libro de Baruc 3, 9-15. 32 – 4, 4

Sexta lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 36, 16-28

Séptima lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 3-11

Salmo

R/. Aleluya, aleluya. aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa».
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 16, 1-7

Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras:
– «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?»

Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande.

Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo:

– «No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron.

Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo.»

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Los jiennenses adoran la Cruz de Cristo, símbolo de la salvación del mundo, en este Viernes Santo

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El Viernes Santo ha comenzado, en la Catedral de Jaén, con el rezo solemne de Laudes. Ya por la tarde, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, ha presidido la celebración de los Santos Oficios de este Viernes Santo, en el primer templo de la Diócesis. Una ceremonia solemne, pero con el templo en penumbra, y marcada por la sobriedad en la ornamentación del presbiterio y la mesa de altar desnuda ante la muerte del Crucificado.

Don Sebastián ha estado acompañado por el Provicario General de la Diócesis, D. José Antonio Sánchez; el Canónigo y Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz;  y otros miembros del Cabildo catedralicio, como D. Juan García, D. Emilio Samaniego, D. Antonio Lara, y D. Manuel Carmona. Asimismo, han participado en la celebración los seminaristas.

Tras la procesión de entrada, al llegar al presbiterio, el Prelado, el Provicario General y el Rector se han postrado ante el altar. Los demás concelebrantes, seminaristas y pueblo fiel se han arrodillado.

Las lecturas han sido participadas por miembros de la Cofradía de la Buena Muerte y el salmo por el seminarista Guillermo Pérez.

Después, el relato de la pasión y muerte de Cristo ha sido cantado por el canónigo D. Emilio Samaniego; y los seminaristas Daniel Cano y Salvador Ruiz.

Homilía
El Obispo ha realizado su predicación sentado y sin mitra. Ha comenzado recordando que la  Iglesia nos invita hoy “a contemplar la pasión y la muerte del Señor, a entrar dentro de estos momentos tan intensos en la vida de Jesús, estos sentimientos de Jesús que constituyen el centro de la historia de la humanidad y del mundo. ¿Cómo podemos acercarnos al interior de estos acontecimientos? Nada mejor que intentar acercarnos a la persona de Jesús con el amor y la cercanía de su Madre, la Virgen María”. Y en este sentido ha añadido:  “Ella y el apóstol Juan, siguiendo de cerca los pasos de Jesús, acompañando a Jesús en la terrible soledad de la cruz, representan a la Iglesia entera, y son los modelos de todos los que a lo largo de los siglos queremos acercarnos a la pasión y a la muerte de Jesús”.

Del mismo modo, Don Sebastián ha subrayado que la pasión y muerte de Jesús fue la consumación de su amor. “Él aceptó con serenidad y entereza aquellos sufrimientos físicos y morales que se le vino encima para mantenerse del todo fiel en el cumplimiento de la voluntad salvadora de Dios, para mantener claro y firme su testimonio sobre la bondad de Dios, para mostrarnos y abrirnos el camino de la vida verdadera en la comunión de fe y de amor con Dios por encima de todas las tentaciones y de todas las dificultades que podamos encontrar en nuestra vida”. 

El Prelado jiennense, además, ha apelado a la adoración y gratitud de los cristianos, de manera particular, en este Viernes Santo. “Acerquémonos, esta tarde y siempre, a la Cruz de Jesús, al Jesús de la Cruz, con el amor de María y del apóstol Juan, con un corazón agradecido, porque sus sufrimientos nos han curado, porque sus dolores han iluminado nuestra vida, porque su fidelidad, su comunión amorosa con el Padre nos limpian de nuestros pecados y nos permiten vivir en paz con Dios y con los hermanos”.

Monseñor Chico Martínez ha concluido su homilía pidiendo al Señor “valentía para ir por la vida con la señal de tu Cruz marcada en nuestra frente”. “Danos valentía ante el sufrimiento, libertad ante el juicio de los que no te aceptan a ti, fuerza para multiplicar en el mundo las obras de tu misericordia que son las obras de Dios y las obras de nuestra salvación”.

Adoración de la Cruz
Uno de los momentos de mayor recogimiento ha sido la adoración a la Cruz. El Rector del Seminario y Canónigo, D. Juan Francisco Ortiz,  acompañado por dos seminaristas, han llevado el Crucificado desde el coro hasta el presbiterio. Mientras se acercaban al altar mayor han pronunciado tres veces, “Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavado la salvación del mundo”. Posteriormente, el Obispo se ha descalzado y se ha quitado la casulla, para arrodillarse ante la Cruz. Más tarde presbíteros, seminaristas y pueblo fiel han hecho lo propio ante el símbolo de la salvación. Después se ha dado la Comunión de la reserva de ayer.

Bendición con el Santo Rostro
Al concluir la celebración litúrgica el Obispo ha procedido a la bendición del pueblo diocesano con el Santo Rostro, desde los cuatro puntos cardinales. En esta ocasión, y debido a las inclemencias meteorológicas, no ha podido hacerlo, como es tradición,  desde los balcones de la Catedral, pero sí lo ha hecho desde el interior del templo. Finalmente, se ha expuesto a los pies del altar, para la veneración de todos los fieles.

Mañana la Catedral acogerá la Solmene Vigilia Pascual a las 22.30 horas, presidida también, por Monseñor Chico Martínez.

Galería fotográfica: «Viernes Santo»

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Homilía del Viernes Santo de 2024

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Homilía del Viernes Santo de 2024

Mons. José Ángel Saiz Meneses

29 de marzo de 2024. Catedral de Sevilla

  1. Queridos hermanos y hermanas presentes en esta celebración: Arzobispos, Deán y Cabildo catedral, dignísimas autoridades, presbíteros y diáconos, miembros de la vida consagrada y del laicado; queridos todos en el Señor.
  2. Hoy contemplamos la pasión y muerte de Jesús en la cruz. Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, tal como proclama el texto del profeta Isaías que hemos escuchado: “fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron” (Is 53, 5). Su muerte en cruz es un misterio de amor. El Hijo se entrega hasta la muerte por amor al Padre, -“se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz” (Flp 2,8)- y por la redención de todos, y el Padre entrega al Hijo por amor a los hombres. Contemplamos en la pasión y muerte de Jesús este amor hasta el extremo.
  3. Fijémonos en la última palabra de Jesús del relato de la pasión que hemos escuchado: “Está cumplido” (Jn 19, 30). ¿Qué significa esta expresión? Significa que todo ha llegado a su término, a su total cumplimiento. La misión que el Padre le confió ha sido llevada a término: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1); “siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna (Heb 5, 8-9). Se ha llevado a cabo la prueba suprema de su amor, un amor más fuerte que la muerte, más fuerte que nuestras fragilidades y pecados. No se trata de la muerte de alguien que ha caído en manos de sus enemigos; al contrario, “este extremo cumplimiento del amor, se cumple ahora, en el momento de la muerte. Él ha ido realmente hasta el final, hasta el límite y más allá del límite. Él ha realizado la totalidad del amor, se ha dado a sí mismo” (Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret, p. 260). Se han cumplido plenamente las Escrituras.
  4. “Está cumplido”. En esta palabra de Jesús podemos percibir también como una especie de sensación de victoria, porque ha llevado a cabo el encargo recibido del Padre. Con el amor del Padre ha podido recorrer el camino desde Getsemaní, momento en el que pidió: “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú” (Mt 26,39), hasta dar la vida en la cruz. Ha cumplido la misión que el Padre le había confiado, que en la hora culminante ha consumado. Jesús ha vivido su misión en la tierra en el dinamismo del amor del Padre y en la culminación de la historia de la salvación. Si el misterio de la Eucaristía que contemplábamos ayer nos sobrepasa absolutamente, del mismo modo nos supera este misterio del amor de Dios que se expresa en el dolor y la muerte de Jesús en cruz.
  5. La culminación de la obra realizada por Jesús no es solo la victoria de una persona extraordinaria que resistió todas las pruebas y torturas sin flaquear ni desdecirse de lo que había enseñado. La plenitud de su obra de salvación nos incluye a todos, nos incorpora a todos, porque tiene un valor infinito por el hecho que Jesús no es simplemente una persona excepcional, un hombre extraordinario; es el Hijo de Dios hecho hombre, y su muerte redentora tiene un valor infinito. En la muerte de Jesús admiramos su firmeza inquebrantable, y sobre todo que su costado traspasado por la lanza del soldado se ha convertido en fuente de salvación, de vida y esperanza.
  6. En este Viernes Santo, vamos a adorar la cruz una vez más. Hagámoslo con todo el amor, con todo el fervor, con todo el agradecimiento de que seamos capaces. El Hijo de Dios se hizo vulnerable, tomando la condición de siervo, y, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de Cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el “Nombre sobre todo nombre” (cf. Flp 2,2 8-9). Por su cruz hemos sido salvados. El instrumento de suplicio que mostró aquel Viernes Santo el juicio de Dios sobre el mundo, se ha transformado en fuente de vida, de perdón, de misericordia, en signo de reconciliación y de paz. Fijemos la mirada en Cristo crucificado. Al levantar los ojos hacia el Crucificado, adoramos a Aquel que vino para quitar el pecado del mundo y darnos la vida eterna.
  7. “Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”. La Iglesia nos invita a adorar la cruz gloriosa y a llevarla con firmeza, sin miedo, sin complejos, para que el mundo vea hasta dónde ha llegado el amor del Crucificado por nosotros, por todos los hombres. Nos invita a dar gracias a Dios porque de un árbol que portaba la muerte, ha surgido de nuevo la vida. “Venid a adorarlo”, porque en medio de nosotros se encuentra Aquel que nos ha amado hasta dar su vida por nuestra salvación, derramando hasta la última gota de su sangre. Acerquémonos con confianza y entreguémosle nuestro corazón.
  8. María santísima se mantuvo firme al pie de la cruz; participó en el misterio desconcertante de la humillación de Jesús, de su despojamiento total; participó en la muerte del Hijo que tanto quería, en su muerte redentora. Ella es maestra de fidelidad y fortaleza; ella nos enseña y nos acompaña tanto en los gozos como en las pruebas de la vida. Madre querida, enséñanos a mantenernos firmes en nuestra peregrinación de fe, enséñanos a creer, a esperar y a amar como tu; llévanos de la mano en el camino que nos conduce a tu Hijo Jesús, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

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Monseñor Saiz: “Fijemos la mirada en Cristo crucificado, Aquel que vino a darnos la vida eterna”

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Monseñor Saiz: “Fijemos la mirada en Cristo crucificado, Aquel que vino a darnos la vida eterna”

Viernes Santo en la Catedral de Sevilla. El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha presidido esta tarde la celebración de la Pasión del Señor, en la que se contempla la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y se adora su Cruz.

La ceremonia ha sido concelebrada por el nuncio apostólico en Marruecos, mons. Alfred Xuereb; el arzobispo emérito de Monreale (Sicilia), mons. Michele Pennisi; el deán del Cabildo catedralicio, Francisco José Ortiz, y una representación tanto del clero como del Seminario metropolitano. Asimismo, por parte de las autoridades civiles han participado el Subdelegado del Gobierno en Sevilla, Francisco Toscano Rodero; la embajadora de Estados Unidos en España y Andorra, Julissa Reinoso, y el comendador en Andalucía de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lorenzo de Jerusalén, Rafael Álvarez y Álvarez, así como representantes municipales.

“Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”

El segundo día del Sagrado triduo Pascual es una celebración sin Eucaristía. En un primer lugar, tiene lugar una Liturgia de la Palabra, en la que se proclama y medita la Pasión según el evangelista San Juan. A continuación, la atención se ha centrado en pedirle al Señor que su salvación se extienda por todos los hombres, por lo que la oración de los fieles se ha realizado de una manera más extensa y solemne. Posteriormente, se ha llevado a cabo la entronización y adoración de la Cruz, momento cumbre de estos oficios. Finalmente, ha tenido lugar la Sagrada Comunión, con el Santísimo Sacramento reservado ayer jueves en el Monumento de la Capilla Real.

“Está cumplido”

En su homilía, monseñor Saiz ha subrayado que “si el misterio de la Eucaristía que contemplábamos ayer nos sobrepasa, también nos supera este misterio del amor de Dios que se expresa en el dolor y la muerte de Jesús en cruz”. “Contemplamos en la Pasión y muerte de Jesús este amor hasta el extremo”.

Asimismo, el arzobispo de Sevilla se ha detenido en las últimas palabras del Señor en la Cruz: “Está cumplido“. “Todo ha llegado a su término, a su cumplimiento- ha explicado monseñor Saiz Meneses-. Se ha llevado a cabo la prueba suprema de su amor, un amor más fuerte que la muerte, más fuerte que nuestras fragilidades y pecados”.

“La plenitud de su obra de salvación nos incorpora a todos- ha añadido el arzobispo- porque tiene un valor infinito por el hecho que Jesús no es simplemente una persona excepcional, un hombre extraordinario. Es el Hijo de Dios hecho hombre, y su muerte redentora tiene un valor infinito”.

Monseñor Saiz Meneses ha instado a los presentes a fijar la mirada en Cristo crucificado: “Al levantar los ojos hacia el Crucificado, adoramos a Aquel que vino para quitar el pecado del mundo y darnos la vida eterna”. “El instrumento de suplicio que mostró aquel Viernes Santo el juicio de Dios sobre el mundo, se ha transformado en fuente de vida, de perdón, de misericordia, en signo de reconciliación y de paz”.

El arzobispo ha finalizado recordando a María Santísima, quien se mantuvo firme al pie de la Cruz: “Madre querida, enséñanos a mantenernos firmes en nuestra peregrinación de fe, enséñanos a creer, a esperar y a amar contigo; llévanos de la mano en el camino que nos lleva a tu Hijo Jesús, que vive y reina por los siglos de los siglos”.

Mañana, Sábado Santo, la Vigilia Pascual comenzará a las once de la noche con el rito del fuego en la Puerta del Príncipe de la Catedral de Sevilla.

GALERÍA de la celebración (Fotos de Miguel Ángel Osuna)

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Monseñor Gómez Sierra destaca el amor sacrificado en la celebración del Viernes Santo en la Catedral de Huelva

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Monseñor Gómez Sierra destaca el amor sacrificado en la celebración del Viernes Santo en la Catedral de Huelva

La Santa Iglesia Catedral de Huelva ha sido testigo hoy, 29 de marzo, de una conmovedora celebración de la Pasión del Señor, presidida por monseñor Santiago Gómez Sierra, obispo de la diócesis. En este Viernes Santo, la comunidad cristiana se ha reunido para reflexionar sobre el significado del sacrificio de Jesús y su amor supremo por la humanidad.

Durante la homilía, monseñor Gómez Sierra ha enfatizado la importancia de contemplar la Cruz y ser testigos de Cristo Crucificado, invitando a los fieles a orientar su mirada y corazón hacia el Crucificado como hiciera María “su madre” así como las “piadosas mujeres“.

Hoy, el amor sacrificado, hecho servicio desinteresado, y éste es el único verdadero, cuenta poco; aunque sabemos muy bien que la felicidad o la infelicidad no dependen tanto de saber más, tener más o disfrutar más, sino de amar o no amar, de ser amado o no ser amado”, expresó el obispo.

La ceremonia ha continuado con la oración universal, un momento solemne en el que se ha pedido por la Iglesia, la unidad de sus miembros, la conversión y evangelización de los no cristianos, los gobernantes de las naciones y todos los que sufren. Este acto ha resaltado la universalidad del sacrificio de Jesús y su relevancia para todos los ámbitos de la vida.

Uno de los momentos más destacados ha sido la adoración de la Cruz, llevada a cabo por miembros de la Hermandad de los Judíos de la parroquia de Ntra. Sra. de La Merced. La sagrada imagen del Cristo de Jerusalén y Buen Viaje ha sido portada en hombros al canto del diácono, invitando a los presentes a venerar el símbolo del triunfo de Jesús.

Los fieles han mostrado su devoción acercándose al presbiterio para adorar la Cruz. El altar, despojado de ornamentos en señal de luto por la muerte de Cristo, se ha preparado sencillamente con un mantel blanco para la comunión, trasladando el Santísimo desde el monumento donde se había reservado tras el oficio del Jueves Santo.

Homilía íntegra de Monseñor Santiago Gómez Sierra en la celebración del Viernes Santo en la Pasión del Señor

La celebración de esta tarde nos invita a poner toda nuestra atención en la Cruz del Señor. Hemos escuchado el relato de la Pasión y después haremos la adoración de la Santa Cruz. La liturgia del Viernes Santo nos lleva “al sitio llamado “de la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron” (Jn 19 17 s.).

¿Quién nos encontramos al pie de la Cruz? Responde el Evangelio “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María, la Magdalena” (Jn 19, 25). La presencia de María, su madre, no necesita muchas explicaciones. Era “su madre” y esto lo dice todo; las madres no abandonan a su hijo, aunque sea despreciado por todos, incluso condenado a muerte.
También las otras, que llamamos “las piadosas mujeres”, son mucho más que “piadosas mujeres”: son además mujeres valientes. Desafiaron el peligro que implicaba mostrarse en aquella hora abiertamente a favor de un condenado a muerte. A ellas se les puede aplicar las palabras que Jesús había dicho: “¡Bienaventurado el que no se escandalice de mí!” (Lc 7, 23). Estas mujeres son las únicas que en la hora de la Pasión no se escandalizaron de Él.

Esta conducta que muestran las mujeres sobresale de un modo extraordinario cuando se la compara con la ignominiosa historia de miedo, huida, y negación que protagonizaron los Apóstoles. Ellas fueron las últimas en abandonar a Jesús muerto, e incluso después de la muerte acudían a llevar aromas a su sepulcro (cf. Mc 16, 1).

¿Cuál es el motivo de este hecho? ¿Por qué las mujeres resistieron al escándalo de la cruz? ¿Por qué permanecieron cerca de Jesús cuando todo parecía acabado e incluso sus discípulos más íntimos lo habían abandonado?

La respuesta la dio anticipadamente Jesús cuando, saliendo al paso del escándalo de Simón, el fariseo que le había invitado a su casa, dijo acerca de la mujer pecadora que le estaba lavando y besando los pies: “porque ha amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco” (Lc 7, 47). Sí, esta es la razón para resistir al pie de la cruz: porque han amado mucho. Las mujeres habían seguido a Jesús por él mismo, por gratitud del bien recibido de él, no por la esperanza de hacer carrera siguiéndolo a él.
Ellas no preguntaron a Jesús como Pedro: “Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?” (Mt 19, 27). Ellas tampoco han pedido como los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan: “Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda” (Mc 10, 37). Por el contrario, las mujeres, cuando Jesús “iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios, acompañado por los Doce… (ellas) les servían con sus bienes” (Lc 8, 1-3). Las mujeres lo seguían “para servirle”. Además de María, su Madre, eran las únicas que habían asimilado el espíritu del Evangelio, entendieron antes que los Apóstoles que todo se encerraba en Amar y Servir.

Así, la presencia de estas mujeres junto al Crucificado contiene una enseñanza vital para nosotros en este Viernes Santo. La podemos expresar como lo hace san Pablo: “Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles…Si tuviera el don de profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; y si tuviera fe como para mover montañas…Y si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; y si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, (no sería nada) de nada me serviría” (1 Cor 13, 1-3).

La gran crisis de fe en nuestro mundo consiste en que sabemos mucho y amamos poco. Por desgracia, nuestro extraordinario progreso de los conocimientos científico y técnicos no van acompañados del desarrollo de nuestra capacidad de amor. Hoy, el amor sacrificado, hecho servicio desinteresado, y éste es el único verdadero, cuenta poco; aunque sabemos muy bien que la felicidad o la infelicidad no dependen tanto de saber más, tener más o disfrutar más, sino de amar o no amar, de ser amado o no ser amado. El motivo es muy sencillo: hemos sido creados a imagen de Dios y Dios es amor.

Mientras Jesús pendía de la cruz, las miradas de las “piadosas mujeres” fueron las únicas que se posaron con amor y compasión en él. Debemos admirarlas y, también, imitarlas. San León Magno dice que “la pasión de Cristo se prolonga hasta el final de los siglos” (Sermón 70, 5: PL 54, 383) y Pascal ha escribió que “Cristo estará en agonía hasta el fin del mundo” (Pensamientos, n. 553 Br). La Pasión se prolonga en los miembros del cuerpo de Cristo. Imitemos a las “piadosas mujeres”, permaneciendo al lado de los ancianos, de los enfermos, de los pobres, de los que sufren, de los encarcelados, de los rechazados de cualquier tipo. Cristo nos repite hoy: “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40).

A la primera de las “piadosas mujeres” y su incomparable modelo, la Madre de Jesús, pidámosle que interceda por nosotros.

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VÍDEO | Monseñor Saiz ante el Viernes Santo: “Adoremos la cruz”

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VÍDEO | Monseñor Saiz ante el Viernes Santo: “Adoremos la cruz”

Al igual que hiciera ayer, Jueves Santo, monseñor José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla, ha compartido hoy un nuevo vídeo en sus redes sociales en el que reflexiona sobre lo que hoy, Viernes Santo, vivimos los cristianos.

Hoy, dice, “ponemos el acento en la Pasión y en la Muerte del Señor y nos centramos en su sacrificio redentor por toda la humanidad”. Esta entrega entrega voluntaria del Señor “por amor a la humanidad es un memorial de la misericordia divina y la redención”, explica el arzobispo hispalense.

Por este motivo, añade “hoy adoraremos la Cruz, con solemnidad, con devoción y respeto. La cruz, símbolo del sacrificio de Jesús, nos es presentada para que podamos venerarla y meditar sobre su significado. Que sea un momento de humildad y gratitud”.

Puede ver el vídeo completo a continuación:

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Decreto de dispensa de ayuno y abstinencia en el Viernes Santo a los fieles que participen devotamente en las procesiones de Semana Santa

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Prot 01/14/24

Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a
los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin
techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos (Is 58, 6-7)

En uso de mi jurisdicción ordinaria y de las facultades de las que
dispongo, por el presente Decreto,

DISPENSO
a los fieles de la Diócesis de Asidonia-Jerez que devotamente participen
en las Procesiones de Semana Santa, del ayuno y abstinencia prescritos para
el Viernes Santo de esta Semana Santa de 2024.

Para poder disfrutar de dicha dispensa los fieles guardarán la debida
austeridad y moderación, y deberán realizar una obra de caridad en favor de
los más pobres y necesitados.

Para que así conste, lo firmo y sello en Jerez de la Frontera, a 28 de marzo
de 2024.

+José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

Luis Salado de la Riva, pbro.

Secretario General-Canciller

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