El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses concluyó anoche su trilogía audiovisual en la que medita sobre el Triduo Pascual y que ha ido compartiendo en sus redes sociales durante estos días de Semana Santa.
Tras la celebración de la Vigilia Pascual, el arzobispo subió un vídeo en el que felicitaba la Santa Pascua a todos los sevillanos: “Que en todos los corazones y en todos los hogares resuene el anuncio gozoso de que Cristo ha resucitado; que renazca la esperanza, que renazca la alegría”, instaba el prelado.
En su mensaje hace referencia a María Magdalena, “la primera persona que se encontró con Jesús resucitado y fue a anunciarlo a los apóstoles” y a la Virgen, María Santísima, que “durante la Pasión y Muerte del Señor se mantuvo firme en la fe, conservó encendida la llama de la esperanza. Ella vivió como nadie el gozo del encuentro con su Hijo resucitado”.
“La resurrección del Señor es luz que ilumina la vida de todo ser humano, que da sentido a su existencia, que disipa sus zonas de oscuridad e incertidumbre. Vivamos la alegría pascual de sabernos amados por Dios Padre, redimidos por Cristo, llamados a vivir una vida en el Espíritu. ¡Santa Pascua!”, concluye.
Hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos
Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37‑43
En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
«Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».
Salmo responsorial
Salmo 117, 1‑2. 16ab‑17. 22‑23 (R.: 24)
R. / Éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo
Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
«La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa». No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor.
La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.
Segunda lectura
Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo
Carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4
Hermanos: Por tanto, si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.
SECUENCIA
Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta.
«¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso, la tumba abandonada,
los ángeles testigos, sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea, allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos la gloria de la Pascua.»
Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.
Rey vencedor,
apiádate de la miseria humana
y da a tus fieles parte en tu victoria santa.
Evangelio según San Juan (20, 1-9)
Él había de resucitar de entre los muertos
El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
Comentario bíblico de Antonio J. Guerra
Celebramos la fiesta más importante del año litúrgico, la fiesta de la luz: la Resurrección del Señor ilumina el corazón de los que creen en Jesús y los llena de una inmensa esperanza.
El Evangelio nos delata que la Resurrección fue un acontecimiento inesperado para los discípulos que creían que con la muerte había acabado todo: no bastaron las predicciones que el propio Jesús hizo. La explicación más plausible era que habían robado el cuerpo, piensa la Magdalena ante esa losa quitada del sepulcro. Los personajes del Evangelio muestran una gran preocupación por el cuerpo de Jesús, y con esto manifiestan su amor hacia Él. Las acciones que siguen a la noticia del “robo” del cuerpo tienen que ver con el ponerse en camino. Pedro y el discípulo amado, con el fin de comprobar la veracidad de la información, se dirigen al sepulcro. Buscando a su Señor, los discípulos están adentrándose por un camino que ya su Maestro recorrió y que le llevó a entregar la vida. La visión del sepulcro vacío añade más suspense y desconcierto, porque no es razonable que el “ladrón” deje los lienzos del cadáver y los coloque hasta plegados. Pedro constata, pero no comprende todavía el signo. Sin embargo, el discípulo amado ve y cree. Estamos aquí en los albores de un cambio radical, de hecho el episodio ocurre en la madrugada “cuando todavía era oscuro”: La noche se aleja, el horizonte clarea; quien no ha visto nunca el sol, no puede saber lo que viene después. “Este es el día en que actuó el Señor”, “Aleluya, Aleluya”.
Orar con la Palabra
Los discípulos no reconocieron la Resurrección de Jesús a partir de la Escritura, sino que fue la Resurrección la que iluminó lo que decía la Escritura.
¿Qué recorrido deben realizar los discípulos desde el conocimiento de la muerte hasta la fe en la Resurrección?
Nos dice san Pablo que la vida de Cristo resucitado es un germen que nos transforma, ¿vivimos de una manera verdaderamente digna de Cristo, que dio su vida por nosotros?
«Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él» Col 3,4
Queridos fieles diocesanos:
Desde hace veinte siglos la Iglesia viene anunciando esta gran noticia: el mismo que expiró en la cruz, el que fue envuelto en lienzos y sepultado, cumplió su palabra: «Al tercer día resucitaré» (Mt 27,63). La muerte ha sido vencida y ha triunfado la vida. Su nueva vida ya no es vida terrena sino vida en plenitud, propia de Dios. Pero más allá de este hecho histórico, el triunfo de Cristo trasciende las leyes de la historia y es la parte central del mensaje cristiano. Es el triunfo del Nuevo Adán sobre el poder del pecado y de la muerte. Abre las puertas a una nueva humanidad que camina con Él hacia la eternidad. El mensaje cristiano, como escribe san Pablo, carecería de sentido sin este triunfo definitivo del Hijo de Dios (cf. 1Co 15, 14-17).
Para nosotros, los cristianos, la Resurrección de Cristo es un verdadero acontecimiento de gracia, porque en Él hemos resucitado todos sus discípulos: Él es la Cabeza y el primero de los hermanos; Él es la vid en la que nosotros fuimos injertados como sarmientos vivos. «Los que por el Bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con Él en su muerte para que, así como Cristo fue sepultado de entre los muertos, por la gloria del Padre, así nosotros andemos en una vida nueva» (Rm 6, 3-5). En el Bautismo, y luego en los demás Sacramentos, somos regenerados y reengendrados en el triunfo de Cristo. La Resurrección de Cristo, por tanto, no solamente es el triunfo personal de Jesús, lo es de toda la humanidad. Solamente desde una fe viva podemos comprender y gozar del alcance trascendental universal y eterno de este gran misterio, base y motor de la vida cristiana.
La Resurrección de Cristo no es solamente un dogma, sino el motivo y supremo principio de una nueva forma de vida. La Pascua es plenitud de vida, alegría perfecta, esperanza segura, purificación profunda, compromiso renovado, amor desbordante. La Pascua de Cristo es el punto culminante de la historia y el principio de una nueva historia; es la clave para interpretar la vida y la razón de ser de todas las cosas.
Pero celebrar la Pascua es poco; la Pascua hay que vivirla, hay que asumir su mensaje y llegar a “ser pascua” para nuestro mundo. Que la Pascua no sea solo una fiesta del calendario, un rito, sino un talante, un espíritu, una manera de ser y de vivir. No basta únicamente con creer que Cristo es la Vida, sino que hemos de esforzarnos para que Cristo sea vida en mí, en cada uno de los que nos llamamos cristianos. Y esto quiere decir, entre otras cosas, que:
Cristo, nuestra vida, nos sonríe y no hay lugar para la tristeza.Déjate llenar por su gozo que es inagotable, y que nada ni nadie nos puede quitar. Sí, todavía habrá pasión y sufrimiento, pero ya están redimidos. «Vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría» (Jn 16,20). Recordemos cómo iba llenando de alegría a Magdalena, después de la búsqueda y el llanto; a Pedro y Juan, después de las carreras nerviosas o la noche con fatiga inútil; a los de Emaús, después del camino desesperanzado y amistoso; a Tomás, después de sus dudas y su soledad; y a todos los discípulos, después de sus miedos e incredulidades. Era alegría recién estrenada, una fuente que el Resucitado introdujo en sus entrañas, y ya no se secaría nunca. Una alegría que era compatible incluso con las persecuciones y los sufrimientos. Una alegría que nada ni nadie les podría quitar. Eso es la Pascua: sé tú también sonrisa y alegría de Cristo para los demás.
Cristo, nuestra vida, nos sostiene y no hay lugar para la desesperanza.Él es tu sentido, tu ilusión y tu esperanza. No faltarán problemas, fracasos y desengaños, pero todo tiene ya una razón y una orientación; todo se orienta hacia la Pascua, todo se ilumina desde la Resurrección de Jesucristo. La respuesta de Dios es siempre «al tercer día». Hay un día de muerte y un día de espera. Siempre al tercer día resucitamos. La Resurrección de Cristo es un sí a la vida y a todas nuestras más profundas aspiraciones. Eso es la Pascua: sé tú también un signo de esperanza.
Cristo, nuestra vida, nos acompaña e ilumina y no hay lugar para la soledad.Él es la luz en medio de nuestras tinieblas, la compañía en nuestras soledades más profundas. «Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan» (Sal 23,4). Aunque todos te abandonen, nunca te sientas solo. Incluso, aunque tú olvidaras a Cristo, Él no te olvida. Eso es la Pascua: sé tú también presencia de Cristo para los demás, mano tendida a todos.
Cristo, nuestra vida, es nuestra justificación y no hay lugar para el pecado.Cristo cargó con todos tus pecados, los clavó en la cruz y te purificó con su sangre. Ahora te repite: yo te perdono, no temas; yo te perdono y te quiero; hoy estarás conmigo en el paraíso. Él es nuestra justificación ante Dios, nuestro puente hacia la salvación. Eso es la Pascua: perdónate también a ti mismo, ten paciencia con tus limitaciones y tus fallos; y después extiende a los demás el perdón y la paz. Sé presencia misericordiosa para todos.
Cristo, nuestra vida, nos ama y no hay lugar para el desamor. Cristo Resucitado es la victoria del amor. Al dar la vida por nosotros, la recuperó renovada, porque el amor no muere. Jesús nos ama con un amor completo, eterno y sin condiciones. No importa quiénes somos, de dónde venimos o qué hemos hecho en el pasado, su amor por nosotros nunca disminuye. Él te ama, aunque tú no lo merezcas; te capacita para amar, derramando todo su amor en ti. Eso es la Pascua: ser capaz de amar hasta el extremo.
Cristo, nuestra vida, resucita en ti y no hay lugar para la muerte.Es verdad que la muerte nos rodea y no para de conseguir victorias: ahí están las violencias de la guerra o el terrorismo, la muerte de inocentes, el hambre y las enfermedades. Pero Cristo ha resucitado y nos ofrece semillas de inmortalidad. Todas las muertes pueden ser redimidas, superadas y resucitadas. Eso es la Pascua: sigue esparciendo tú esas semillas de Cristo, sigue sembrando la vida, sigue luchando contra la muerte, sé testigo de la resurrección.
Jn 20, 1-9. Él había de resucitar de entre los muertos.
Vio y creyó. ¡El amor ha vencido a la muerte! ¡Jesús vive! ¡Aleluya!
Celebremos que Cristo ha vencido el mal, hoy ha resucitado y estará con nosotros para el resto de los días: El pasaje del Evangelio de hoy narra el momento en el que María Magdalena descubre el sepulcro de Jesús vacío, y tras ello corre a informar a los discípulos. ¡Cristo ha resucitado!
Lo extraordinario de este acontecimiento es que al resucitar Cristo, él nos está resucitando también a nosotros. A través de Jesucristo, su gloria se convierte en nuestra gloria. Este fragmento bíblico nos invita a reflexionar sobre lo que sintieron estas personas al ver tan grandioso acontecimiento de salvación:
En primer lugar, María Magdalena nos demuestra un amor desinteresado y un profundo apego a Jesús. Su devoción la lleva a levantarse temprano para servir al Señor, sin esperar nada a cambio. Su amor puro la convierte en la primera testigo de la resurrección. Por otro lado, Juan -quien representa la valentía- demuestra tal amor por Jesús que lo hace permanecer firme junto a él en la Cruz y luego a correr hacia el sepulcro en su búsqueda. Para nosotros, Juan simboliza la fuerza del amor inquebrantable que nos lleva a buscar a Dios incluso en los momentos más difíciles. Por último, Pedro. Más lento en asimilar lo que había ocurrido, también experimenta la Resurrección. A pesar de sus dudas y su pasado de negación, representa la lucha interna entre la fe y las dudas, pero su amor persistente finalmente lo lleva a la verdad.
La evidencia física del sepulcro vacío plantea la pregunta sobre lo que realmente sucedió con el cuerpo de Jesús. Este hecho lleva a una reflexión más profunda sobre la resurrección, que se convierte en el punto central de la fe cristiana. La ausencia de Jesús en el sepulcro no solo sorprende a sus discípulos, sino que también los impulsa a cuestionar y a intentar comprender lo que significa esta ausencia en relación con lo que Jesús les había enseñado. Ahora, comprendemos que la escritura nos habla del amor de Dios y de la alegría que contagiaba en vida, pero también tras su resurrección, que sigue perdurando hasta nuestros días: Cuando él pasaba «toda la gente se alegraba» (Lc 13,17). Después de su resurrección, donde llegaban los discípulos había una gran alegría (cf. Hch 8,8).
En nuestro día a día vemos a muchas personas que hallan en la resurrección de Jesús un motivo para encontrar un rumbo a su vida y la felicidad plena. Esta alegría no es solo un sentimiento efímero, sino un estado del corazón arraigado en la fe. Es una alegría que trasciende las circunstancias externas y las pruebas de la vida, porque está fundamentada en una esperanza que no decepciona. Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección[1]. El Domingo de Resurrección nos invita a reflexionar sobre la naturaleza transformadora de la fe y a celebrar la victoria definitiva de la luz sobre la oscuridad, el bien sobre el mal.
Hermanos, disfrutemos de la presencia salvadora de Cristo. Él ha resucitado por todos nosotros.
Feliz Pascua de Resurrección.
Freddy Enrique Uzcátegui Rodríguez, Delegado Diocesano para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado.
La Vigilia Pascual ha reunido en la noche santa a numerosos fieles en la Catedral de Jaén, para celebrar que la luz ha vencido a las tinieblas; que nuestro Señor Jesucristo pasa de la muerte a la vida.
Debido a las inclemencias meteorológicas, en el interior del templo, junto a la puerta del Perdón, se encontraba el brasero que contenía el fuego nuevo que bendecía el Obispo, Don Sebastián Chico Martínez. Posteriormente, tras la incisión de la cruz, del alfa y el omega y de los otros signos en el Cirio, incrustó los cinco granos de incienso, en recuerdo de las llagas del Señor. Culminaba el rito encendiendo el Cirio Pascual, símbolo de la vida y la resurrección.
Con el Cirio encendido, el Canónigo y Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz, encabezó la procesión hasta el presbiterio, con el templo totalmente a oscuras. Lo seguía un seminarista con el báculo, el Obispo, algunos Canónigos de la Catedral, los seminaristas, los ministros y los niños que iba a recibir las aguas del bautismo, junto con sus padres y padrinos. Cerraba la comitiva los fieles reunidos en esta solemne celebración.
De camino hacia el altar mayor se entonaba tres veces «Luz de Cristo», mientras se levantaba el Cirio. En el primer canto, el Obispo encendía su candela. Tras entonar el segundo, uno a uno, todos los congregados encendieron las suyas. Una vez en el presbiterio, se pronuncia el tercer «Luz de Cristo», mientras se encendían algunas luces del templo y el Cirio Pascual se instalaba junto al ambón.
El Canónigo D. Emilio Samaniego fue el encargado de cantar el pregón Pascual. Le siguieron siete lecturas, con sus salmos. A continuación, con el canto del Gloria se encendieron todas las luces del templo y varios miembros de la Cofradía de la Buena Muerte vistieron la mesa del altar. Después, las campanas volteraron, anunciando que Cristo ha resucitado. Tras la lectura de la Epístola, se ha entonado el Aleluya. Y, finalmente, D. Emilio Samaniego proclamaba el Evangelio de San Marcos.
Homilía
El Obispo quiso comenzar su predicación recordando que hemos acompañado a Jesús en la soledad y el dolor de su pasión. “El camino del Calvario es el itinerario de su fidelidad y de su amor. Un camino que cruza los sufrimientos de este mundo hasta alcanzar la gloria de la resurrección”.
Asimismo, Don Sebastián subrayó que el sábado santo es “el símbolo de algo que vivimos intensamente en el mundo de Dios. Tanto en los días de éxito y de alegría, como en medio de las grandes catástrofes, Dios calla y espera. En este silencio de Dios hay muchos que dudan de la verdad de la fe, otros que se alejan resueltamente, otros muchos que sufren y esperan”. Para añadir: “Os invito a que, en este proceso de discernimiento sobre la conversión pastoral que estamos realizando en nuestro Plan Pastoral diocesano, vivamos esta noche especialmente cercanos a los alejados, a los desconcertados, a los incrédulos, a los cristianos decepcionados. Vamos a rezar fraternalmente por los que no conocen la verdad de la Iglesia o por tantos que crecieron en ella y hoy están lejos de nosotros, porque se han afincado en la incredulidad, de los mesianismos efímeros y vacíos que ofrecen los ídolos modernos”.
Del mismo modo, el Pastor diocesano recordó que, también, nosotros necesitamos “que nos ilumine y nos conforte el esplendor de la resurrección. Nuestra fe necesita fortalecerse con la aparición gloriosa de Cristo Resucitado”. “Como ese fuego nuevo que hemos encendido al comienzo de esta Vigilia, tiene que nacer una vida nueva en nosotros, en nuestra Iglesia entera”.
“Que esta noche marque para nosotros, como marcó para los discípulos y para las santas mujeres, el principio de un gran amor, de una vida diferente, libre de los poderes de este mundo, sostenida por la presencia cercana del Resucitado, renovada por la acción profunda de su Espíritu. Cada vez más parecida a la vida de los santos en el cielo, hecha de amor verdadero a Dios y a los hermanos. Esta es la nueva creación. Como la Virgen María, acojamos al resucitado con fe y alegría”, culminaba.
Sacramento del Bautismo
Al término de las palabras del Prelado, D. Juan Francisco Ortiz portó el Cirio Pascual hasta la pila bautismal, donde Don Sebastián bendijo el agua. Allí se bautizó a los dos pequeños: Martín y María de la Vega.
A continuación, los fieles que estaban participando en la Vigilia Pascual renovaron las promesas bautismales. Y, con las candelas encendidas, al igual que el día de su Bautismo, el Obispo fue asperjando a todos los presentes.
Las ofrendas fueron presentadas ante el Obispo por los familiares de los dos niños que acababan de ser bautizados.
Además, Martín y María de la Vega subieron al Presbiterio, junto a sus padres y padrinos que rezaron por ellos el Padre Nuestro. Su primera vez como hijos de Dios.
Tras la bendición final, el Obispo ha querido desear una feliz Pascua de Resurrección a los fieles y felicitar a las familias de Martín y María de la Vega, por el sacramento recibido. Tras una foto de familia, con los niños bautizados y sus familias, todos los fieles pudieron compartir un chocolate en la Sacristía.
“¡Jesús ha resucitado y vive entre nosotros; va por delante a Galilea, y allí lo veremos! ¡Santa y Feliz Pascua!” De esta forma felicitó el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, la Pascua a todos los fieles que abarrotaron las naves de la Catedral de Sevilla durante la celebración de la vigilia pascual. Junto al prelado hispalense, con celebraron el nuncio apostólico en Marruecos, mons. Alfred Xuereb; el deán del Cabildo, Francisco José Ortiz; el decano de la Facultad de teología San Isidoro de Sevilla, Manuel Palma; o el párroco del Sagrario de la Catedral, Manuel Cotrino, entre otros sacerdotes.
Tras relatar la secuencia de la resurrección, el arzobispo destacó que “esta noticia cambió sus vidas como ha cambiado la historia humana, y desde entonces se sigue transmitiendo de generación en generación. Un anuncio antiguo y siempre nuevo que ha resonado una vez más en esta Vigilia Pasqual, y se difunde por toda la tierra en esta noche gozosa y santa”. La celebración comenzó con la bendición del fuego en la Puerta de San Miguel, del que se ha encendido el cirio pascual. Tras encenderse las velas que portaban los participantes en esta vigilia, se ha procedido al anuncio de la Pascua, con el canto del pregón, “un cántico impregnado de gozo por la resurrección de Cristo”. Seguidamente, se han leído las lecturas de la Palabra de Dios que presentan la historia de la salvación.
En su homilía, el arzobispo ha afirmado que “la Resurrección de Jesús hace nuevas todas las cosas”. “La Resurrección nos revela el sentido de la muerte de Jesús como cumplimiento del designio del Padre, muestra a Cristo como instrumento de redención universal y como el camino que lleva a la vida. La Resurrección ha transformado la situación del hombre y del mundo, la situación de la historia universal y de cada historia personal”, ha añadido. Más adelante ha recordado que con la renovación de las promesas bautismales “tenemos que ser conscientes de nuestra condición de hijos de Dios, de miembros de Cristo y templos del Espíritu Santo”.
En esta celebración han participado miembros de varias comunidades del Camino Neocatecumenal: 6ª Comunidad de Santa María la Blanca de Los Palacios y Villafranca; 1ª Comunidad de Ntra. Sra. de la Victoria de Morón de la Frontera, y 1ª Comunidad de San Juan Bautista de Las Cabezas de San Juan. Monseñor Saiz ha destacado que “durante años han recorrido un camino de redescubrimiento de la fe, de la fe que un día recibieron de pequeños. Han caminado a la luz de la Palabra de Dios y de la Eucaristía y, acompañados por la Iglesia, han seguido el itinerario de fe que nos propone el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos”.
“Cristo ha resucitado. Él es la respuesta a todos los interrogante”, ha reiterado. En esta línea, ha señalado que Cristo resucitado “nos da la fuerza para madurar y crecer como hijos de Dios, para renovar la Iglesia y para construir un mundo nuevo. A pesar de que somos pobres y débiles, su presencia en medio de nosotros día tras día, hasta el fin del mundo, es nuestra fortaleza y esperanza. Él es salvación y vida nueva, y esta buena noticia la tenemos que comunicar a través de un estilo de vida gozoso, solidario, esperanzado”.
Homilía en la Vigilia Pascual. Mons. José Ángel Saiz Meneses. Catedral de Sevilla. 30-03-2024
1. Saludos: Queridos hermanos y hermanas presentes en esta celebración: sr. arzobispo, cabildo catedral, presbíteros y diáconos, miembros de la vida consagrada y del laicado; Comunidades neocatecumenales que habéis finalizado el Camino: 6ª Comunidad de Santa María la Blanca de Los Palacios y Villafranca; 1ª Comunidad de Ntra. Sra. de la Victoria de Morón de la Frontera y 1ª Comunidad de San Juan Bautista de Las Cabezas de San Juan; queridos todos en el Señor. ¡Jesús ha resucitado y vive entre nosotros; va por delante a Galilea, y allí lo veremos! (cf. Mc 16, 6-7). ¡Santa y Feliz Pascua!
2. Este es el mensaje del joven vestido de blanco que María Magdalena, María la de Santiago y Salomé, encuentran en el sepulcro, que les anuncia la resurrección de Jesús. Ellas acudieron muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol. Habían sobrevivido emocionalmente a la tragedia de la muerte en cruz del Señor en el Calvario, a la tristeza y el desconcierto. Ellas, en la hora de la prueba más difícil, no habían abandonado a su Maestro; al contrario, habían resistido firmes, con María y el apóstol Juan, al pie de la cruz.
3. Van muy temprano con aromas para a embalsamar el cuerpo de Jesús. El amor las impulsa; aquel mismo amor que las llevó a seguirlo por las calles de Jerusalén hasta el Calvario. No podían pensar que aquel sería el amanecer del día más importante de la historia, no podían imaginarse que ellas serían los primeros testigos de la resurrección de Jesús. Cuando llegan al sepulcro, encuentran que la piedra había sido retirada, el sepulcro está vacío y reciben el anuncio de que Jesús ha resucitado. Esta noticia cambió sus vidas como ha cambiado la historia humana, y desde entonces se sigue transmitiendo de generación en generación. Un anuncio antiguo y siempre nuevo que ha resonado una vez más en esta Vigilia Pasqual, y se difunde por toda la tierra en esta noche gozosa y santa.
4. Ha comenzado nuestra celebración con la bendición del fuego nuevo, del cual hemos encendido el Cirio Pascual. Después hemos entrado en la Catedral siguiendo al Cirio Pascual, símbolo de Cristo Luz del mundo, que disipa las tinieblas del corazón y del espíritu, y de él hemos ido encendiendo los cirios que llevábamos en nuestras manos. Después hemos escuchado el Anuncio de la Pascua, con el canto del Pregón, un cántico impregnado de gozo por la resurrección de Cristo. Gozo del cielo y de la tierra, de la creación entera y de la Iglesia.
5. Seguidamente, hemos escuchado las lecturas de la Palabra de Dios que presentan la historia de nuestra salvación. Una historia de amor desde la creación primera hasta la nueva creación en Cristo Jesús. Estas lecturas han sido un resumen de las maravillas que Dios ha realizado en favor de los
hombres, culminando con la resurrección de Jesús. En primer lugar, Dios lleva a cabo la obra de la creación, que culmina con la creación del hombre y la mujer, a su imagen y semejanza. Más adelante, la llamada a Abraham, que será padre de todas las naciones; después, la liberación del pueblo de Israel, que es conducido por Mar Rojo, imagen de la fuente bautismal. Y a pesar de las infidelidades de este pueblo elegido, Dios pactará con ellos una Alianza eterna, los llamará por el camino que lleva a la luz y les dará un corazón nuevo. Y, finalmente, por el Bautismo, nos concede morir con Cristo y resucitar con él para empezar una existencia nueva.
6. La Resurrección de Jesús hace nuevas todas las cosas. Él vive victorioso a la derecha del Padre y nos ofrece la vida eterna, la eterna salvación. La Resurrección nos revela el sentido de la muerte de Jesús como cumplimiento del designio del Padre, muestra a Cristo como instrumento de redención universal y como el camino que lleva a la vida. La Resurrección ha transformado la situación del hombre y del mundo, la situación de la historia universal y de cada historia personal. El encuentro con el Señor resucitado transformó la vida de los apóstoles. Del miedo y la huida en el momento de la pasión llegarán a dar la vida después del encuentro con el Resucitado y de recibir el Espíritu Santo. Ellos predicaron a Cristo resucitado y lo testimoniaron con su vida y la de sus comunidades. San Pablo recuerda también el impacto que el encuentro con Cristo resucitado tiene en su vida y como transforma radicalmente su existencia.
7. Hoy renovaremos las promesas del Bautismo. Renovando las promesas bautismales tenemos que ser conscientes de nuestra condición de hijos de Dios, de miembros de Cristo y templos del Espíritu Santo. Renovamos también nuestro agradecimiento al don de Dios y nuestro compromiso de vivir esta vida de gracia y, por tanto, de ser portadores de la Buena Nueva. Entramos a formar parte del pueblo de los redimidos mediante el Bautismo. En virtud del Bautismo, sumergidos con Cristo en su muerte, resucitamos con Él a la vida eterna. Es un nuevo nacimiento que nos incorpora a la Santa Madre Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza.
8. En esta celebración participan miembros de varias comunidades del Camino Neocatecumenal: 6ª Comunidad de Santa María la Blanca de Los Palacios y Villafranca; 1ª Comunidad de Ntra. Sra. de la Victoria de Morón de la Frontera, y 1ª Comunidad de San Juan Bautista de Las Cabezas de San Juan, que en esta noche renuevan con nosotros, solemnemente, las promesas bautismales. Ellos, durante años, han recorrido un camino de redescubrimiento de la fe, de la fe que un día recibieron de pequeños. Han caminado a la luz de la Palabra de Dios y de la Eucaristía y, acompañados por la Iglesia, han seguido el itinerario de fe que nos propone el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos.
9. Queridos miembros del Camino: Hoy, ante vuestro pastor renovaréis solemnemente las promesas del Bautismo después de este largo periodo de
formación. En el seno de la Iglesia habéis descubierto a Jesucristo, muerto y resucitado por vuestra salvación. Lo habéis podido experimentar vivo y presente en vuestras vidas. Después de este camino de conversión habéis entendido qué significó el bautismo que recibisteis un día: el despojamiento del hombre viejo y la regeneración en Cristo como criaturas nuevas; la túnica blanca que lleváis os lo recordará siempre. Cómo decimos en el ritual del Bautismo: «que este traje blanco sea para vosotros signo de vuestra dignidad; guardad esta dignidad sin mancha hasta la vida eterna».
10. Cristo ha resucitado. Él es la respuesta a todos los interrogantes, a las dudas, a las crisis personales y comunitarias, a la necesidad de sentido y plenitud del ser humano. Él nos da la fuerza para madurar y crecer como hijos de Dios, para renovar la Iglesia y para construir un mundo nuevo. A pesar de que somos pobres y débiles, su presencia en medio de nosotros día tras día, hasta el fin del mundo, es nuestra fortaleza y esperanza. Él es salvación y vida nueva, y esta buena noticia la tenemos que comunicar a través de un estilo de vida gozoso, solidario, esperanzado.
11. Recordamos, finalmente, que esta noche de alegría y esperanza es una noche especialmente de María, la Madre. No hay palabras para expresar el gozo y el amor del encuentro de Jesús resucitado y María. Ella, que al pie de la cruz recibió una nueva misión, la de ser Madre de los creyentes, nos ayudará a vivir como a hombres y mujeres nuevos, coherentes con la vida nueva que hemos recibido de Cristo. ¡Santa Pascua!
El Domingo de Pascua el Evangelio que se proclama es el de Juan. Nuevamente aparece el relato de la tumba vacía, pero añadiendo el estado en el que se encontraron las vendas y el sudario para salir al frente de los rumores que se circulaban en los días posteriores con los que se acusaba a los discípulos de haber escondido el cuerpo de Jesús.
El Discípulo Amado es el primero en descubrir las vendas y el sudario y echar en falta el cuerpo. Este discípulo es modelo del verdadero discípulo: aquel que cree más por la ausencia de Jesús que por la prueba de la presencia de la mortaja. Pedro no reacciona de la misma manera, sigue sin fe, por lo que él y los otros necesitarán de las apariciones para poder creer.
Aparecen tres personajes fundamentales de la vida de la Iglesia: el Discípulo Amado (al que tradicionalmente se ha identificado con Juan), Pedro y María Magdalena. Cada uno con su historia personal pero todos ellos de una u otra forma han constituido el grupo íntimo de Jesús.
La mujer María Magdalena es la primera que aún de noche, sin haber salido el sol todavía, es decir, sin fe, llega al sepulcro. El amor, la tristeza y el dolor por la ausencia de Jesús la hacen madrugar.
Dos discípulos llegan los primeros. Pedro representa la autoridad dentro de la primitiva comunidad cristiana y Juan es el que amaba al Señor. Esto nos enseña que la autoridad, el poder, ser el destacado en la comunidad no es lo que nos hacer creer y tener fe, sino que es el amor, el corazón, el camino para la fe.
¿Y qué supuso para Juan ver y creer? Pues supuso descubrir que con la resurrección de Jesús se llega a entender a Dios como el Padre que nos ama y que es dador de vida, y que donde los humanos ponemos muerte y tristeza Él pone vida y alegría.
Sin el Dios de la Vida la humanidad se pierde en las oscuridades de las guerras, del hambre, de las miserias… a las que nos conducen el egoísmo, las envidias, las ansias de poder, las ansias de dominar…
El que cree siente pasión por la vida y lucha por la construcción de un mundo mejor como el que Dios ha soñado. Y el cristiano ha de hacerse presente en los escenarios de dolor y de desolación humana para poner amor y alegría que dan la nueva vida que todos necesitamos. El amor y la alegría que nos regala el Resucitado y que nos proporciona la fe verdadera, la que no necesita pruebas ni evidencias sino la que nos hace fuertes y la que nos hace sentir a Jesús vivo entre nosotros cuando hay amor en nuestras relaciones y alegrías en medio de las escenas humanas de sufrimiento y de muerte.
El Jueves Santo la Santa Iglesia Catedral acogía el inicio del Triduo Santo con la celebración de la Cena del Señor, la cual estuvo presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. Tras las distintas celebraciones litúrgicas propias de la Semana Santa como la Misa con bendición de ramos y palmas y la Misa Crismal, todo el Pueblo de Dios que peregrina en la Iglesia Asidonense estaba invitada a participar junto a nuestro pastor de la celebración en la que recordamos la Última Cena del Señor.
En la homilía, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha recordado la importancia de lo que celebramos con este comienzo de la Pascua, donde Cristo lleva el amor hasta el extremo, y cuya misión nuestra en las distintas celebraciones es estar atentos al Espíritu Santo, tomando de ejemplo a María la cual es dócil a la voluntad del Señor. Asimismo, ha destacado que en este día le pedimos al Señor «alcanzar plenitud de caridad y de vida para que nuestro amor sea pleno, para que vivamos los días en este mundo como antesala de la vida eterna». Igualmente, es fundamental acompañar a Cristo en este caminar hasta su entrega, y así en cada gesto de la liturgia seamos capaces de adentrarnos en el misterio del encuentro con el Señor para llenarnos de su amor.
Por otro lado, ha subrayado tres palabras que nos regala liturgia en este día. En primer lugar, «la sangre será la señal, será este un día memorable», donde tenemos que captar como el Señor se entrega por nosotros por amor infinito, haciendo que seamos capaces de llevar a cabo tareas por amor que sin el Señor no haríamos, ya que Él sana nuestras heridas. En segundo lugar, destaca la palabra Eucaristía, ya que participar en ella es hacernos partícipes de su entrega por amor y así experimentar como entra a nuestro corazón, siendo fuente y cumbre de nuestra vida de fe. Y en tercer lugar, ha mencionado la idea clara de que el Señor nos regala antes lo que luego necesitaremos en nuestra vida, y así tener como pilar el amarnos cada uno de nosotros como Él nos amó.
Por último, se vivió, como es propio de esta celebración litúrgica, la reserva de la Eucaristía en la Capilla del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral, donde los fieles presentes pudieron orar ante el Señor.PINCHA AQUÍ PARA VER EL MOMENTO DE LA RESERVA DE LA EUCARISTÍA
Tras el primer día del Triduo Sacro con la Misa de la Cena del Señor, llegaba el segundo día con la celebración de la Pasión, presidida por Monseñor José Rico Pavés, en la que el símbolo de la cruz y su adoración era la protagonista.
En la homilía, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha recordado que en la cruz esta la luz de la salvación, y por ello para llegar a esa salvación es fundamental recibir a María primero como madre, entrando así en el misterio del costado traspasado de Cristo para experimentar su amor infinito. Asimismo, ha mencionado la idea de que los anhelos y heridas de nuestro corazón encuentran solo respuesta en el corazón traspasado de Cristo.
Por otro lado, destacando la liturgia de esta celebración, debemos fijarnos en los distintos gestos que la Iglesia nos invita a vivir. En primer lugar, la escucha, ya que a través de la Palabra de Dios y el silencio podremos oír la voz de Cristo que es lámpara para nuestros pasos. En segundo lugar, ha destacado la adoración de la cruz, momento que nos recuerda a no avergonzarnos de nuestra cruz, la cual llevaremos con la ayuda del Señor, siendo así capaces de estar también con aquellos que no quiere llevarla. Y en tercer lugar, vivir la comunión que Él nos regala, ya que así con la Eucaristía participaremos con Él de su entregar de amor infinito.
Tras la Pasión del Señor vivimos en el primer templo de la Diócesis la Vigilia Pascual, la celebración de la Resurrección de Cristo. Comenzábamos en la entrada a la Santa Iglesia Catedral, para una vez encendido el Cirio Pascual, todos los presentes junto al Sr. Obispo de Asidonia-Jerez, Monseñor José Rico Pavés, que presidía la Vigilia, entraban en el templo madre de la Diócesis para seguir con la liturgia propia de la Vigilia Pascual. Asimismo, esta celebración ha estado marcada por la gran alegría, como ha mencionado en la predicación Mons. Rico Pavés, de poder acoger en el primer templo de la Diócesis el momento donde 12 personas han recibido los distintos Sacramentos de la Iniciación Cristiana.
En la homilía, el Sr, Obispo de Asidonia-Jerez ha recordado la importancia de lo que hemos vivido estos tres días en el Triduo Santo, destacando la palabra Pascua, que significa paso. Asimismo, ha subrayado como la luz de la Pascua es capaz de hacernos comprender aquello que supera la razón humana, luz con la que comenzamos la Vigilia Pascual y que nos introduce en el misterio del amor de Cristo que ensancha nuestro corazón y lo llena de plenitud. Igualmente, mencionando la luz, ha destacado a los catecúmenos, los cuales se han dejado acompañar por la Iglesia y así entran en el misterio de la presencia de Cristo que es capaz de sacarlos de la oscuridad.
Por otro lado, ha destacado las ideas que nos propone la Iglesia en esta Vigilia. En primer lugar, la luz de Cristo, la cual ordena nuestra vida al guiarnos por ella y así ser luz para nuestros contemporáneos. En segundo lugar, la Palabra de Dios, donde nos damos cuenta que somos partícipes de lo que nos dice el Antiguo y Nuevo Testamento, dándonos cuenta que sin la escucha no seremos capaces de seguir la voluntad del Señor y contemplar su rostro. En tercer lugar, el Bautismo, que ha recibido los catecúmenos y que renuevan los ya bautizados, teniendo siempre presente nuestro origen que nos hará darnos cuenta de nuestra misión en la Iglesia, y así maduramos en cada paso en nuestra fe.
Por último, ha destacado la importancia de que los que han recibido los Sacramentos de la Iniciación Cristiana, se dejen llevar por la Iglesia con sus padrinos y así encontrar su sitio en ella para servir a Cristo en la misión a la que estén llamados. Asimismo, ha subrayado que los dones que Cristo les ha regalado es para darse, ya que estamos hechos para servir a los demás entregando el amor que el Señor nos ha regalado, es decir evangelizar. Igualmente, ha destacado la Eucaristía, pilar fundamental de nuestra vida cristiana, ya que sin la Misa nuestra vida de fe se desmorona.
La hermana Rosario López Herrera, que tenía 94 años, ha vivido la mayor parte de su tiempo entre China e India, como Misionera de Cristo Jesús, siempre al cuidado de los más necesitados
Ha fallecido en Tura (India) la religiosa Rosario López Herrera, natural de Beas de Guadix, donde nació hace 94 años. La hermana Rosario pertenecía a la congregación de Misioneras de Cristo Jesús y ha estado buena parte de su vida en China y en India, donde permanecía desde hace bastante tiempo y donde ha fallecido como misionera en aquel país. Es tía del sacerdote Juan Manuel Romero, también natural de Beas de Guadix.
Sor Rosario ha fallecido en Tura, donde residía desde hace décadas y donde será enterrada, por expreso deseo suyo. De está manera, permanecerá en India para siempre, junto a los que ha dedicado buena parte de su vida. El cuerpo ha sido velado durante el Viernes Santo y será enterrado este Sábado Santo.
Como recogen las crónicas de los medios locales, la hermana Rosario era muy querida, sobre todo por la labor que realizó siempre en favor de las personas con discapacidad, tanto niños como mayores, para los que creó un colegio y un centro – la Sociedad Betania- donde poder vivir y trabajar, a pesar de sus limitaciones. Por eso, cuando se ha producido su muerte, los medios de comunicación locales se han hecho eco de la noticia y han comentado la pérdida que supone su muerte y la gran labor que realizaba como misionera.
Con estas palabras se hacía eco el periódico digital www.hubnetwork.in de la muerte de la religiosa Rosario López, natural de Beas de Guadix, pero que ha vivido en India como misionera:
La hermana Rosario, fundadora de la Sociedad Betania, fallece dejando un rico legado de servicio social
Tura, 28 de marzo : La monja misionera de España, la hermana Rosario López Herrería, que pasó décadas en Garo Hills ayudando a niños, hombres y mujeres con discapacidades especiales y también estableció el mayor instituto para su bienestar: la Sociedad Betania en Tura, falleció este tarde mientras recibía tratamiento en el Hospital Nazareth de Shillong. Ella tenía 94 años.
Miembro de la congregación de la Iglesia Católica Misioneras de Cristo Jesús (MCJ), la hermana Rosario era una misionera muy conocida en Garo Hills que tomó la iniciativa de establecer un hogar para niños discapacitados y brindarles educación de calidad mediante el uso de Braille y signos. idioma, mientras que los hombres y mujeres adultos fueron capacitados en diversas artesanías y prácticas agrícolas para ayudarlos a mantenerse económicamente fuertes en la sociedad.
También recibió el premio Pa Togan Nengminja de Meghalaya por Servicio Social.
Su cuerpo será llevado a Tura y permanecerá en la escuela St. Xavier el Viernes Santo para que los simpatizantes presenten sus últimos respetos. Su funeral está previsto para el sábado.
La hermana Rosario (centro) celebra el cumpleaños de la hermana Carmen (sentada) de 93 años en Shillong hace unos meses.
Amiga cercana de la difunta hermana Guadalupe de St. Xavier, quien fue pionera en el trabajo con los leprosos de Garo Hills, la hermana Rosario comenzó su trabajo en Mendal en Garo Hills y luego se mudó a Khasi Hills. Fundó la Sociedad Betania en Tura en 1986.
A través de la sociedad, abrió el instituto Marian de Educación Integrada para Ciegos en Kamipara, Araimile en Tura, donde se alojaba y educaba a niños con discapacidad visual. Posteriormente, la escuela pasó a manos de los Hermanos Montfort de San Gabriel, quienes establecieron el instituto de educación para niños especiales más grande de todo el estado: el Centro de Educación Montfort en Tura.
“La hermana era una monja muy dedicada y trabajadora que tenía un inmenso amor por los niños y los discapacitados. A pesar de la edad y las condiciones de salud, nunca dejó de trabajar. La extrañaremos muchísimo”, se lamentó Michael K Sangma, quien fue uno de los primeros miembros en unirse a la hermana Rosario en su trabajo en Garo Hills para los discapacitados especiales.
Habiendo sido testigo de las extremas dificultades que enfrentaban las personas que vivían en la remota región de Gabil en East Garo Hills, donde las carreteras y las instalaciones médicas eran literalmente inexistentes en la década de 1990, abrió una guardería para niños y una escuela llamada Kamino Pringprang, que ha convertirse ahora en un instituto autosuficiente.
Se establecerían dos complejos permanentes de la Sociedad Betania en Garo Hills: uno en New Tura, cerca de la sede de MBOSE, y el otro en la aldea de Tebronggre bajo Rongram.
Hoy, el instituto de la Sociedad Bethany en Veronica Lane en Shillong es también un testimonio de la dedicación y el celo de la hermana Rosario. Los Hermanos Cristianos del instituto de St. Edmund donaron el terreno, que alguna vez se conoció como campo Dhobi o campo de división D para los internos, para que la sociedad estableciera su instituto.
Pasó sus últimos años estableciendo instalaciones educativas para niños en China antes de que la mala salud la trajera de regreso a sus raíces en Garo Hills.