

Ha sido una de esas intervenciones que rehúyen el titular fácil y prefieren dejar poso. Y precisamente por eso, en el recorrido de un discurso extenso y meditado, han quedado algunas frases que van a perdurar más allá de la sesión. Estas son diez de ellas.
A las 10:30 de la mañana, en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, el Papa se ha dirigido a los representantes de las instituciones del Estado. Su intervención, de tono reflexivo y sostenido, más pendiente de los fundamentos que de la urgencia del momento, ha concluido con una ovación de siete minutos, la más larga que se recuerda en la historia reciente de la Cámara.
Entre referencias a la historia, al derecho y a los desafíos de nuestro tiempo, el paso del Pontífice por el Congreso ha introducido una pausa poco habitual en la vida parlamentaria. La luz caía desde lo alto del hemiciclo -como él mismo ha señalado durante su discurso- y el silencio adquiría por momentos una densidad especial, como si la Cámara aguardara algo más que una intervención institucional.
No ha sido un discurso concebido para la ovación inmediata. Avanzaba despacio, apoyado en la memoria, en las referencias históricas y en una reflexión constante sobre las raíces de la convivencia democrática. Sin embargo, terminó provocándola. Al concluir, los diputados se pusieron en pie y el aplauso se prolongó durante siete minutos.
Fue una de esas intervenciones que rehúyen el titular fácil y prefieren dejar poso. Y precisamente por eso, en el recorrido de un discurso extenso y meditado, han quedado algunas frases que van a perdurar más allá de la sesión. Estas son diez de ellas:
1.- De las diferencias a decisiones compartidas
“Aquí las diferencias se escuchan, se ordenan y, cuando es posible, se convierten en decisión compartida. Por eso, más allá de la legítima diversidad de posiciones, toda tarea legislativa acaba encontrándose con una pregunta decisiva: qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye esas leyes”
2.- La Historia de España es la de los encuentros fecundos entre fe y razón
“España posee una memoria particularmente rica. Su identidad geográfica y política se ha ido entretejiendo con una historia en la que la fe y la razón, el arte y el derecho, la tradición y el pensamiento han sabido encontrarse fecundamente. En sus catedrales y universidades, en su literatura inmortal, en sus instituciones jurídicas y en el ánimo mismo de su pueblo, permanece viva una herencia que ha dado forma a un modo de vivir la libertad, practicar la justicia y ordenar la vida común”
3.- El ser humano: criatura abierta a la verdad
“España ha sabido mirar al ser humano como algo más que una pieza del orden social, económico o político: lo ha reconocido como criatura abierta a la verdad, dotada de libertad y movida por una sed de eternidad que ninguna realidad temporal logra extinguir”
4.- Una de las grandes herencias de España: unir la acción histórica con la lucidez de la razón moral
“Una de las grandes herencias de España: haber unido la acción histórica con la lucidez de la razón moral. Aquella contribución, nacida a orillas del Tormes, trascendió las aulas y las bibliotecas, y llegó a formar parte de una conciencia más amplia, compartida por la comunidad internacional que sigue preguntándose cómo construir la paz sobre el reconocimiento de la persona y no sobre la imposición de la fuerza. (…) Ese legado vive también en estas Cortes, cada vez que el legislador se pregunta cómo hacer que lo posible sea justo, que lo legal sea verdaderamente humano y que la voluntad de la mayoría custodie aquellos bienes que pertenecen a todos y respete aquello que ninguna mayoría puede legítimamente vulnerar”
5.- La defensa de la vida, meta de civilización
“Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades? ¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás? La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización”
6.- La dignidad de la persona como termómetro de la grandeza de las leyes
“Una ley no alcanza su verdadera grandeza por el mero hecho de haber sido formalmente aprobada; la alcanza cuando, además de ser válida en su forma, puede comparecer ante la dignidad de la persona y salir de ese examen sin avergonzarse”
7.- Invitación a una renovación moral
“La altura de miras consiste precisamente en mirar con más hondura aquello que está en juego en cada decisión pública. Por eso, junto a las respuestas técnicas y las reformas legales, hace falta también una renovación moral”
8.- Educación de la conciencia
“Reconocer que la libertad moderna ha sido preparada también por una larga educación de la conciencia, profundamente marcada por la tradición cristiana”
9.- Toda decisión de las autoridades toca personas de carne y hueso
“Les invito a alzar, pues, la mirada: no para alejarse de la realidad, sino para recordar que toda decisión de las autoridades públicas toca personas de carne y hueso, especialmente a quienes tienen menos fuerza para hacerse oír. Porque la altura de miras consiste precisamente en mirar con más hondura aquello que está en juego en cada decisión pública. Por eso, junto a las respuestas técnicas y las reformas legales, hace falta también una renovación moral”
10.- No perder la memoria de las raíces y mantener la audacia de mirar al futuro
“Que esta noble nación jamás pierda la memoria de sus raíces ni la audacia de mirar al futuro. Que España continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza. Y que su vida pública sepa unir siempre la firmeza de las convicciones con la nobleza del diálogo y la grandeza del servicio”














