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Veladas de Cámara: Cuarteto Atlas Axix

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Jueves, 24 de septiembre

Veladas de Cámara

Concierto del cuarteto Atlas Axis 

David Mata, Ana Uribarri, Andoni Mercero y Aldo Mata 

Lugar: Claustro del Edificio de la Curia metropolitana, Plaza Alonso Cano, nº1

Hora: 19’30 h.

Patrocina: Atlas Comercial Industrial, S.A.

Entrada libre hasta completar aforo

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Programa Concierto de Órgano Pablo Márquez

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Juan Bautista CABANILLES (1644-1712)

LOS OCHO TONOS

1º TONO. Noble y solemne 

Tiento lleno 1º tono (E-Bbc, M. 386/23) 

Tiento lleno 1º tono (E-Bbc, M. 386/14) 

2º TONO. Triste y compasivo

Tiento partido de dos tiples 2º tono por G sol re ut (E-Bbc, M. 386/9) 

3º TONO. Severo

Tiento de 3º tono (E-Bbc, M. 386/12) 

4ºTONO. Suplicante

Tiento 4º tono lleno (E-Bbc, M. 387) 

5º TONO. Alegre y templado

Tocata de mano izquierda de 5º tono (E-Bbc, M. 386/83)

6º TONO. Devoto

Tiento lleno de 6º tono (E-Bbc, M. 386/57)

Tiento al buelo de 6º tono (E-Bbc, M. 386/50)

7º TONO. Majestuoso y heroico

Tiento lleno 7º tono por Alamire (E-Bbc, M. 386/4) 

8º TONO. Contemplativo y espiritual

Tiento de 8º tono de Contras (E-Bbc, M. 386/36) 

Tiento de batalla de 8º tono (E-Bbc, M. 386/3)

PABLO MÁRQUEZ CARABALLO

Organista titular de la Catedral de Valencia y catedrático de clavecín del Conservatorio Superior de Música de Castellón, Pablo Márquez Caraballo desarrolla una intensa y polifacética actividad como concertista internacional, investigador, docente y compositor.

Formado en órgano, clavecín y composición en los conservatorios de Valencia, Toulouse, Ámsterdam y La Haya, ha sido discípulo de reconocidos maestros como Michel Bouvard, Pieter van Dijk, Fabio Bonizzoni, Patrick Ayrton y Ton Koopman. Durante su etapa formativa fue distinguido con becas del Instituto Valenciano de la Música y con la Huygens Scholarship Programme del Ministerio de Educación de los Países Bajos.

Ha sido premiado en diversos concursos internacionales de órgano y composición, entre los que destaca el Concurso Internacional de Órgano “Buxtehude” de Lübeck. Colabora regularmente como solista con la Orquesta de Valencia, con quien acaba de grabar la Sinfonía n.º 3 con órgano de Camille Saint-Saëns, bajo la dirección de Alexander Liebreich, para el sello Accentus Music. 

Doctor en Historia por la Universitat de València, obtuvo la calificación de sobresaliente cum laude con la tesis “Los órganos de la Catedral de Valencia durante los siglos XVI–XXI. Historia y evolución”. Su labor investigadora se centra especialmente en la figura y la obra para tecla de Juan Cabanilles y en los criterios históricos de interpretación.

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Concierto de Órgano a cargo de Pablo Márquez

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Sábado, 12 de septiembre

Ciclo “Armonías del viento”El Órgano de la Epístola de la Catedral restaurado 

Concierto a cargo de Pablo Márquez, organista titular de la S. I. Catedral de Valencia

Lugar: S. I. Catedral de Granada

Hora: 20’00 h.

Colabora: Excmo. Ayuntamiento de Granada

Entrada libre hasta completar aforo

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«Humildes, agradecidos y fieles, como María»

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«Humildes, agradecidos y fieles, como María»

La imagen de la patrona de la diócesis ha protagonizado los cultos centrales de la solemnidad de la Natividad de la Virgen. El Obispo de Málaga ha presidido la Misa estacional por el día de Santa María de la Victoria, que ha estado precedida por la ofrenda floral de las instituciones a la imagen mariana. Esta tarde, será la procesión de regreso a su santuario.

«Humildes, agradecidos y fieles, como María»

A. MEDINA

Sigue aquí en directo, por Canal Málaga, la procesión de Santa María de la Victoria.

En la Misa estacional, presidida por D. José Antonio Satué y concelebrada por el obispo emérito D. Jesús Catalá y el arzobispo emérito de Pamplona, D. Francisco Pérez, así como por una numerosa representación del presbiterio diocesano, han participado muchos fieles, acompañados por las autoridades locales, convocados todos por el amor a la patrona de Málaga. 

En su homilía, el Obispo de Málaga, ha destacado tres actitudes que imitar de María: la humildad, la gratitud y la fidelidad. En referencia a la primera, el Obispo ha citado a María Zambrano, ya que, como ha afirmado, «la humildad no es una virtud exclusivamente religiosa; es un valor profundamente humano. Leyendo a María Zambrano encontré una cita que ilumina su importancia, incluso en el ámbito intelectual: «Nunca creí en la razón como poder, sino como claridad que se alcanza con humildad. Y esa humildad no era sumisión, sino respeto profundo por lo real, por lo que no se deja poseer»». De esta virtud ha dicho: «insisto en la urgencia de cultivar la humildad, porque, si la hiciéramos vida, mejorarían notablemente tanto nuestra convivencia social como nuestra propia experiencia de fe». De la gratitud, el prelado ha expresado que es el mejor antídoto contra la negrura de la negatividad, tan extendida hoy en nuestro mundo. «También nosotros estamos invitados a prolongar la alabanza de María y a recitar con ella el Magnificat, componiendo nuestro propio canto de agradecimiento. La fiesta que hoy celebramos nos convoca a «alzar la mirada» hacia Dios para darle gracias por el don de la vida y por todo el bien que nos concede; pero también a extender esa gratitud hacia nuestros hermanos, de quienes siempre recibimos más bienes que males». Como ejemplos de ella, ha destacado a la beata antequerana Madre Carmen del Niño Jesús y a la beata Madre Petra de San José, de Valle de Abdalajís. 
Y, por último, de la fidelidad el Obispo ha afirmado: «Hoy es necesario exaltar el valor de la fidelidad, una virtud con la que Dios ha querido definirse ante nosotros». De ella ha resaltado ejemplos cotidianos como el de los matrimonios que cumplen bodas de plata y oro, los padres dedicados al cuidado de los hijos especialmente débiles, la de tantas instituciones dedicadas a atender a los más pobres o la de tantos sacerdotes, religiosos, misioneros y laicos al servicio del Evangelio. Esta virtud le ha llevado a mencionar como ejemplo al beato Tiburcio Arnaiz, de quien se celebra un Jubileo por el centenario de su fallecimiento.

La eucaristía, acompañada por la Coral Santa María de la Victoria, en la que miembros de la hermandad han realizado las lecturas, las ofrendas y las preces, ha finalizado con la bendición solemne. Tras ella, la Asociación Pro-Tradiciones Malagueñas “La Coracha” ha celebrado su tradicional ofrenda floral, en el atrio del templo mayor malacitano, a la que se unen, tradicionalmente, el Obispo, el deán de la Catedral, el predicador de la  novena y la hermandad. En ella se ofrecen bailes a la patrona de Málaga. Este año han participado la Banda Musical MIraflores-Gibraljaire, Jacaranda de Afibroma, la profesora Celia Alarcón, Aire Flamenco, la Asociación de Vecinos Parque Mediterráneo, la profesora María Pérez, la Academia de baile Juan Reina, José Lucena y los Coros Son de Málaga y Almendrales.

PROCESIÓN

Por la tarde, a partir de las 19.30 horas, los malagueños acompañarán a su Madre en la procesión desde la Catedral hasta su santuario.

En esta ocasión, el trono que porta la imagen mariana, sale en la procesión ya terminado, con los remates de los arbotantes, unos faroles que son réplica del templete de la Catedral, diseño de Juan Antonio Sánchez López, y las jarras para el ornamento floral.

La novena, predicada por el sacerdote Gonzalo Martín Fernández, puede escucharse íntegra en este enlace.

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Homilía de Mons. Satué en la solemnidad de Santa María de la Victoria

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Homilía de Mons. Satué en la solemnidad de Santa María de la Victoria
Homilía de Mons. Satué en la solemnidad de Santa María de la Victoria

A. MEDINA


Homilia de Mons. Satue en la solemnidad de Santa Maria de la Victoria

Queridos sacerdotes y diáconos, autoridades, hermandad de nuestra Patrona, hermanas y hermanos en el Señor:

Hoy celebramos una fiesta entrañable. Muchos de nuestros pueblos detienen sus afanes de cada día, sus trabajos y preocupaciones, para congregarse en torno a la Virgen, con esa multitud de nombres que la piedad popular ha dado a la Madre del Señor y Madre nuestra. Los malagueños invocamos a María con el título de Santa María de la Victoria: es la Patrona de nuestra Diócesis, de nuestra ciudad y de Melilla.

La fiesta de hoy conmemora el nacimiento de María, una mujer destinada desde siempre a concebir y dar a luz al Hijo de Dios. El nacimiento de María recibe su grandeza del Hijo de sus entrañas. La natividad de María alza nuestra mirada hasta el Nacimiento del Hijo de Dios.

En esta solemnidad, las lecturas que hemos proclamado nos regalan mensajes muy sugerentes.

En la primera, hemos escuchado un oráculo del profeta Miqueas. Miqueas nació en el Reino del Sur en el siglo VIII a.C. Le tocó vivir la dolorosa caída de Samaria, capital del Reino del Norte, en poder asirio y la terrible deportación de sus habitantes en masa.

¿Por qué aquella nación cayó en desgracia? Los profetas no entran a explicar lo sucedido recurriendo a análisis socio-políticos del momento, que seguramente les ofrecerían datos relevantes. Los profetas buscan, más bien, el origen de los males que afligen a los pueblos en el comportamiento de sus habitantes. De hecho, el profeta denuncia al pueblo, porque va tras los ídolos, y a los poderosos de la sociedad, porque no piensan más que en su propia ganancia, provocando desigualdades sociales abismales.

A pesar de la distancia cultural y temporal que nos separa de aquella sociedad, ¿no os parece que algunos de los males que actualmente padecemos como sociedad tienen su origen en el culto a nuevos ídolos, que debilita la vivencia de los verdaderos valores espirituales y morales, y también en la voracidad de unos pocos que resquebraja la fraternidad humana? Sin caer en un profetismo de calamidades, el mensaje profético nos hace caer en la cuenta de la necesidad de armarnos espiritual y moralmente, para que la bondad natural que Dios ha sembrado en el corazón de las personas –de todas las personas– produzca buenos frutos y abra caminos de esperanza al futuro. Este rearme del corazón me parece prioritario.

Amparándome en las lecturas que hemos proclamado y en la devoción de nuestro pueblo a la Virgen de la Victoria quisiera subrayar –volver a subrayar en algunos casos– tres valores tan archiconocidos como arrinconados en la práctica. Son valores profundamente humanos y, a la vez, de hondas raíces cristianas.

Primer valor: la humildad.

Las lecturas proclamadas subrayan con fuerza esta virtud. El profeta Miqueas anuncia que Dios se ha fijado en Belén de Efratá; no en la ciudad más grande del reino, sino en una pequeña y humilde aldea de Judá, profetizando que de ella saldrá el Mesías esperado por Israel. Asimismo, el pasaje evangélico nos muestra cómo Dios elige a una mujer sencilla, desconocida, sin fama ni poder alguno, para ser la Madre del Hijo de Dios, el «Dios-con-nosotros».

Dios no solo elige a los sencillos, como María, sino que Él mismo recorre el camino del abajamiento, desde el pesebre de Belén hasta la cruz del Calvario. Por eso, el Papa León, comentando la constitución Gaudium et spes, ha afirmado: «en la Iglesia, en todos los niveles y en todas las épocas, debe realizarse la kenosis misericordiosa [el abajamiento] de Cristo, que no consideró un privilegio ser como Dios, sino que se despojó de sí mismo asumiendo la condición de siervo».

La humildad no es una virtud exclusivamente religiosa; es un valor profundamente humano. Leyendo a María Zambrano encontré una cita que ilumina su importancia, incluso en el ámbito intelectual: «Nunca creí en la razón como poder, sino como claridad que se alcanza con humildad. Y esa humildad no era sumisión, sino respeto profundo por lo real, por lo que no se deja poseer».

Siento la necesidad de insistir en esta virtud —de la que suelo hablar con frecuencia— porque estoy convencido de que la soberbia está en la raíz de nuestros enfrentamientos y de la idolatría. Nos lleva a creer que siempre tenemos la razón absoluta y, por tanto, a juzgar y condenar a quien no se alinea con nosotros, viviendo como si no necesitáramos de nadie, ni siquiera de Dios. La soberbia rompe los dos lazos que nos sostienen y nos dan vida: la filiación con Dios y la fraternidad con las personas. Además, la falta de humildad en los creyentes es, a mi modo de ver, una de las razones de peso que explican ciertos fracasos en la transmisión del Evangelio.

Insisto, en definitiva, en la urgencia de cultivar la humildad, porque, si la hiciéramos vida, mejorarían notablemente tanto nuestra convivencia social como nuestra propia experiencia de fe.

Segundo valor: la gratitud.

El Salmo responsorial nos invita a vivir la gratitud. Se introduce con un versículo de Isaías (61,10): Desbordo de gozo con el Señor… Y continúa con el salmo 13: Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.

Podemos imaginar a María, como judía piadosa, recitando este salmo con frecuencia. La meditación constante de la Palabra en su corazón la llevó a regalarnos su propia alabanza en una de las páginas más hermosas del Evangelio, el Magnificat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador…». La Virgen Santa, nuestra patrona, alabó a Dios porque el Poderoso hizo grandes maravillas en ella y en la historia, de generación en generación. Sin embargo, su canto está impregnado de esa elegante humildad que siempre reviste su rostro: María hace derivar toda su grandeza de la generosidad del Padre, que la eligió y la colmó de dones, brotando de ella una honda gratitud.

También nosotros estamos invitados a prolongar la alabanza de María y a recitar con ella el Magnificat, componiendo nuestro propio canto de agradecimiento. La fiesta que hoy celebramos nos convoca a «alzar la mirada» hacia Dios para darle gracias por el don de la vida y por todo el bien que nos concede; pero también a extender esa gratitud hacia nuestros hermanos, de quienes siempre recibimos más bienes que males.

La gratitud es el mejor antídoto contra la negrura de la negatividad, tan extendida hoy en nuestro mundo, incluso entre los niños y los jóvenes. Ser agradecidos nos permite sentirnos afortunados a pesar de las dificultades, afianzándonos en la esperanza y en la alegría de vivir.

El verdadero creyente es constitutivamente agradecido, pues el don de la fe reclama una gozosa gratitud. No en vano nuestra celebración más sublime es la Eucaristía y, como bien sabéis, la palabra Eucaristía significa precisamente Acción de Gracias.

Así lo proclamó María, Madre de los creyentes, y así lo vivieron todos los testigos de la fe a lo largo de la historia. La beata antequerana Madre Carmen del Niño Jesús solía repetir a menudo: «¡Bendito sea Dios que tanto nos quiere!». Y la beata Madre Petra de San José, de Valle de Abdalajís, rezaba agradecida: «Dios mío, bastante me contento con lo que me dais».

Siguiendo estos ejemplos, me permito sugerir que incorporemos, en nuestras rutinas saludables, la costumbre de acabar cada jornada con una oración sentida de acción de gracias, reconociendo los dones recibidos de Dios o el bien que, gracias a Él, nosotros hemos hecho a otras personas.

Tercer valor: la fidelidad.

«Dios es fiel». La Historia de nuestra salvación esta hilvanada con el hilo de la fidelidad de Dios, a pesar de los desaires del pueblo.  San Pablo escribe a su discípulo Timoteo: «Si fuéramos infieles, él permanece fiel: Él no puede negarse a sí mismo» (2Tim 2,13). Miqueas testimonió la fidelidad de Dios, anunciando la salvación que Él está preparando para su pueblo, a pesar de su infidelidad. Así, lo canta también el Salmo, reafirmando la fidelidad de Dios a su misericordia. Y el Evangelio nos recuerda que la fidelidad amorosa de Dios con la humanidad ha llegado a su culmen al hacerse humano en el seno de una mujer: María de Nazaret, para compartir nuestra historia y darnos la salvación.

Vivimos tiempos de compromisos líquidos, contrapunto quizá de aquellos otros en los que había que mantener la fidelidad aunque se quebraran las personas. Hoy se pretende reducir todo a contratos temporales que pueden romperse a voluntad; se disuelven los vínculos con cierta frivolidad, dejando a la intemperie heridas dolorosas. La fidelidad de Dios es un reclamo para cultivar nuestra fidelidad en todos los compromisos serios de la vida, más allá de la moda de lo efímero. Una sociedad que no cultiva sus vínculos, una persona que no cuida su fidelidad, se hace vulnerable.

Nuestros mayores nos han dado ejemplo de fidelidad, cultivando este valor en el ámbito familiar, y en el entorno social, cuando los contratos se sellaban con un apretón de manos.

Hoy es necesario exaltar el valor de la fidelidad, una virtud con la que Dios ha querido definirse ante nosotros. Y resaltar los hermosos ejemplos de fidelidad que nos rodean: matrimonios que cumplen bodas de plata y oro; madres y padres delicadamente fieles en el cuidado de hijos especialmente débiles; fidelidad al Evangelio de tantas instituciones y personas dedicadas a la atención y promoción de los más pobres; fidelidad a su carisma de tantos sacerdotes, religiosos, misioneros y laicos, mujeres y hombres dedicados al servicio del Evangelio en las situaciones y realidades más diversas.

Permitidme que señale el ejemplo de un sacerdote humilde y agradecido, que se entregó con fidelidad a su misión, evangelizando muchos de nuestros pueblos: el P. Tiburcio Arnaiz, del que celebramos un Año Jubilar, que se clausurará en octubre.

Concluyo ya, queridos hermanos y hermanas. Seamos humildes, agradecidos y fieles. A pesar de las dificultades de hoy, la fe nos afianza en la esperanza y hace expandir el amor. Porque, como dice el apóstol: Sabemos que «a los que aman a Dios todo les sirve para el bien» (Rom 8,28).

Invocamos a Santa María de la Victoria y ponemos bajo su protección a nuestra diócesis, a nuestra ciudad, a la ciudad hermana de Melilla y a la de Ceuta, que está pasando momentos complicados. Que su manto protector cubra a toda la humanidad:

«Oh Virgen de la Victoria,
 Madre y Abogada nuestra, rogad por nos, rogad por nos, rogad por nos».

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“Amamos con el amor de Cristo”

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Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en el XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, en la S.A.I Catedral, en el primer día de celebraciones litúrgicas tras el cierre temporal a causa de los terremotos.

Queridos hermanos, sacerdotes concelebrantes;
queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Estamos de nuevo en nuestra Catedral. Y estamos reunidos, como nos dice Jesús, “donde dos o tres están reunidos en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos”. Con lo cual cobra realidad esas palabras que hemos escuchado en el Evangelio, donde el Señor nos invita, precisamente, a ese sentido de fraternidad; a ese sentido y qué mejor reunión que la reunión eucarística, la Eucaristía, donde celebramos el memorial del Señor muerto y Resucitado.

Él está en medio de nosotros. Ese saludo litúrgico del Señor –“esté con nosotros”-, claro que está con nosotros. Está en la Eucaristía, que es Su cuerpo y Su sangre, está en la Palabra de Dios que hemos escuchado y está en el encuentro con los hermanos.

Y precisamente, ese encuentro con los hermanos, expresión del amor fraterno, es inseparable del amor de Dios y es esencial en el Evangelio. Por eso nos ha dicho San Pablo en la Carta a los Romanos, que ahí se resume precisamente la ley entera, el amor a Dios y en el amor al prójimo. Y esto lo deja muy claro Jesús en el Evangelio, a propósito de preguntas puestas precisamente para manifestar esta enseñanza por parte de nuestro Divino Maestro. ¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley? Y Jesús responde que es el amor a Dios y el amor al prójimo. Y cuando aquel doctor de la Ley le pregunte ‘¿quién es mi prójimo?’, Jesús sale con la parábola del buen samaritano; y le pregunta ‘¿quién te parece a ti que fue prójimo?’. Y dice ‘el que practicó misericordia’.

Luego, queridos hermanos, con el asunto del amor no podemos jugar en la vida cristiana. Es fundamental, es la ley suprema. Lo decíamos en el Catecismo: estos diez Mandamientos se encierran en dos: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. No se trata de un amor desencarnado que excluya a los demás. Nos dice el evangelista San Juan en su primera carta “quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo va a amar a Dios a quien no ve, si no ama a su hermano a quien ve?”. Luego, son inseparables. Tampoco podemos tener un amor de pura ONG, sino que lo hacemos porque vemos a Jesús en los demás. Con el amor de Dios que, como nos dice también San Pablo en la Carta a los Romanos, se nos ha dado el Espíritu Santo. “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado”.

Luego, amamos con el amor de Cristo. Por eso, el mandamiento nuevo de Jesús es que “os améis los unos a los otros como Yo os he amado”. Es ahí, precisamente, donde está el secreto. Y ese amor de Jesús no tiene exclusiones. Ese amor de Jesús abraza a todos. Ese amor de Jesús nos hace verla y un día nos examinará Dios precisamente de ese amor. Y es lo que en definitiva vale en la vida. Ese es nuestro activo. Es nuestro ahorro para la eternidad. Aparte de hacernos felices, solo quien ama es feliz y quien se siente amado. Pero, sobre todo, quien ama es feliz, porque el ser humano está hecho para amar. Es más, está hecho para Dios. Y Dios -nos dice también san Juan Evangelista en su Primera Carta- es Amor. Y el credo fundamental cristiano es precisamente ese. “Nosotros hemos conocido -dice Juan- el amor de Dios y hemos creído en él”. Luego, ahí está el credo fundamental cristiano.

Queridos hermanos, esto es lo que hoy nos trae la Palabra de Dios que, por otra parte, es archiconocido. No os digo nada nuevo. Luego tenemos que ir desgranando ese amor de Dios en obras concretas. San Pablo en la Primera Carta a los Corintios, en el llamado himno de la caridad, que suelen escoger los novios para las bodas, pero no es una lectura para las bodas, es una lectura para todo cristiano, cuando dice San Pablo que “os voy a mostrar un camino mejor, ya pudiera yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor de nada me sirve. Ya podía entregar mi cuerpo al fuego. Ya podía dar todo lo que tengo en limosna, si no tengo amor, no soy nada”, no sirve. Y San Pablo, después, desgrana lo que es el amor cristiano; “en obras, son amores y no buenas razones”, decimos en el refranero. El amor es comprensivo, el amor es servicial, el amor no es envidioso, no tiene envidia, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, disculpa sin límites, crees sin límites, esperas sin límites, es el amor hasta el extremo. Y ahí puedes hacer el tonto. Pues, humanamente visto, muchas veces sí. Pero el Señor a los cristianos nos pide más. Nos pide más. Nos pide que incluso cuando vamos a presentar nuestra ofrenda ante el altar nuestro hermano tiene algo contra nosotros vayamos a reconciliarnos con nuestro hermano.

Luego, no vale la simple lógica humana en nuestras relaciones con Dios y con los demás. “Sabéis que se dijo, pero yo os digo”, “no así entre vosotros”. El Señor nos pide mucho más a los cristianos. Pero, claro, con nuestras fuerzas, queridos amigos, no podemos.

Necesitamos la ayuda del Señor, sus sacramentos. Necesitamos la fuerza de la Eucaristía. Necesitamos el perdón de Dios, porque muchas veces no estamos a la altura de lo que Dios nos pide. Necesitamos la ayuda de los demás y aquí es donde quiero llegar también, en el comentario de la Palabra de Dios este domingo. Porque nos habla de algo que forma parte de las obras de misericordia, esas que aprendimos en el Catecismo, si las recordáis o ya se pierden en la noche de los tiempos; las obras que son corporales y espirituales: enseñar al que hierra, decíamos de pequeños en el Catecismo. Y entonces, son la corrección fraterna, ayudar a los demás, corregir, ver si uno ha caído en aquello que está viendo que fallan los demás, examinarse e ir con cariño y corregir, no para humillar, sino para ayudar, porque tenemos una responsabilidad de la santidad de los demás, que, lógicamente, va en función de nuestro estado de vida, va en función de nuestras responsabilidades sociales, familiares, no es lo mismo la obligación que tiene un padre y una madre de corregir a sus hijos, que la que tiene un amigo. Pero, cuando no corregimos, queridos amigos, sale al paso la crítica malévola, el chisme, el enredo, la trapisonda, el bulo, y eso no puede ser, ¿me entendéis?

Y entonces, decía el apóstol Santiago en su carta, que a los caballos se les gobierna por la boca. Y dice: “Pero a nosotros también nos hace falta que nos gobernemos por la boca”, porque hay que ver los trajes que hacemos para los demás muchas veces. Y si no podemos hablar bien de una persona, más vale callarse. De nuestras palabras, no las controlamos. En cambio, de nuestro silencio, sí somos señores, sin caer en el silencio cómplice, sino corregir, ayudar, decir las cosas, y no esperar a que las cosas exploten. Cuántas veces en la vida matrimonial, en la vida familiar, se llega al límite. Y cuando antes no se ha sido sincero, no se han dicho las cosas, no se ha hablado a la cara, no se ha buscado el momento oportuno, y hay que hacerlo con cariño, con amor a la verdad, pero con cariño, sin humillar, no con frescura, no para para quedar encima, no para mostrar lo santo y lo bueno que somos nosotros.

Queridos amigos, como veis la caridad no se queda en una cosa abstracta, sino que se declina en obras concretas, y en esta vez el Señor nos habla de la caridad fraterna. Pero quiero terminar, ahora que hemos pasado todos estos momentos, y todavía queda ahí, eso que estamos percibiendo, o apenas percibiendo, de los terremotos; cuando hay gente que ha sufrido y sigue sufriendo; cuando hay tantos daños materiales, necesitamos pedirle ayuda al Señor, porque esto no está en nuestras manos. Necesitamos pedir ayuda, porque somos necesitados, dependientes, como cuando nos viene una enfermedad incurable. Ponemos los medios, pero hay un momento, y esto nos cuesta, ‘mire usted, ya no se puede hacer nada’. Y entonces, nos damos cuenta que, como lo vimos en la pandemia, no somos dioses: necesitamos pedir ayuda al Señor, necesitamos confiar en Él. Y por eso, el Señor nos dice ‘cuando dos o más de vosotros se ponen de acuerdo en pedir algo, mi Padre se lo concederá’.

Ese es el sentido de las rogativas. Por eso, vamos a sacar para darle gracias al Cristo de san Agustín. No porque hagamos cosas de magia, ni mucho menos, no porque tengamos una fe infantil, no porque no creamos en el poder de la ciencia. Claro que lleguemos al conocimiento. Gracias que tenemos que darle a Dios, porque la construcción se ha ido avanzando con normativas que impiden que nuestros edificios se caigan, aunque, por desgracia, siempre resulta que le toca a los más pobres.

Y tenemos que lograr que todos lleguemos a un bienestar en que esto vayamos evitando, como se evita ante las dificultades médicas la aparición de vacunas o los avances de la ciencia.

Luego, queridos hermanos, con esa confianza en el Señor, “cuando dos o más de vosotros se ponen de acuerdo en pedir algo a mi Padre, mi Padre se lo concederá”. Con esa confianza acudimos a la intercesión de la Virgen.

A Ella le decimos, “ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

S.A.I Catedral de Granada
6 de septiembre de 2026

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Canal Sur retransmite la Misa desde Torredonjimeno

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Canal Sur TV retransmitió este domingo la Santa Misa desde la Parroquia de Santa María de Torredonjimeno, con motivo de la celebración de la Novena en honor a la Patrona de la ciudad, Nuestra Señora de Consolación. El Obispo de la Diócesis de Jaén, D. Sebastián Chico Martínez presidió la Eucaristía que llegó a los hogares andaluces para transmitir la devoción y la fe de las comunidades parroquiales de la localidad acogidas bajo el amparo maternal de la Virgen de Consolación.

En el templo parroquial de Santa María, el Obispo fue recibido por el Párroco, Ildefonso Rueda Jándula, y por el alcalde de la localidad D. Enrique Castro Tárraga junto a miembros de la Corporación municipal, Junta de Gobierno de la Cofradía de la Patrona y colaboradores parroquiales.

En esta ocasión, Don Sebastián Chico Martínez ha podido constatar la enraizada devoción de los tosirianos por la que es Consuelo de este pueblo, que, en estos días previos a la Fiesta de la Natividad, recibe las oraciones y plegarias a lo largo de una multitudinaria novena en las dos celebraciones matutina y vespertina.

En su homilía, el Obispo de Jaén subrayó la unidad entre Torredonjimeno y esta devoción maternal de Consolación, que hunde sus raíces en el siglo XV, cuando hacia el año 1450 fue hallada la imagen en una cueva por el cazador Miguel Díaz. “Desde entonces, generaciones y generaciones de tosirianos han acudido ante ella buscando protección, fortaleza, esperanza y consuelo. Hay advocaciones de la Virgen María que parecen recoger en una sola palabra aquello que el corazón humano busca y necesita. Nuestra Señora de Consolación nos congrega como hijos, nos enseña a reconocernos como hermanos, y nos lleva hasta Cristo porque sabe que solamente él puede ofrecer al corazón humano el Consuelo verdadero”, fueron las palabras que el Pastor de la Iglesia de Jaén dirigió a los presentes y a los televidentes.

En la Eucaristía concelebró el Párroco, el Misionero Claretiano Anthny Vu, predicador en la novena y el secretario particular del Obispo, Francisco J. Cova Martínez. La participación litúrgica estuvo a cargo de los colaboradores parroquiales y el Coro de Santa María mostró para todos su unión con esta devoción patronal, de la que ellos son todos unos embajadores. El Coro estuvo compuesto por los adultos y los niños, que ofrecieron al finalizar la celebración el canto de la Salve que anualmente dedican a la Virgen de Consolación en las vísperas de su celebración. Durante esta semana, Torredonjimeno continuará con los días grandes en torno a su Patrona, centrados en el día 8 de septiembre, festividad de la Natividad, la gran ofrenda floral el próximo viernes, y romería en su Santuario durante todo el fin de semana.

Comunidad parroquial de Santa María de Torredonjimeno

Los seminaristas comienzan el curso con Ejercicios Espirituales

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En la tarde de este pasado domingo, los seminaristas de Jaén comenzaban una tanda de Ejercicios Espirituales, que se extenderán hasta el próximo sábado y que son, como en años anteriores, el inicio del curso académico, que comenzará la próxima semana.

Desde el Seminario piden y esperan que «nos tengáis, especialmente en este tiempo, muy presentes en vuestras oraciones». Y añaden, «rezad por nosotros para que sea un tiempo de gracia, de encuentro profundo con el Señor y de renovación en nuestra vocación».

A la vez, los seminaristas explican que «también os llevaremos en nuestra oración al Señor. ¡Muchas gracias y un abrazo a todos!»

Seminario diocesano de Jaén

Apostolado Seglar reanuda su actividad

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El pasado 19 de agosto de 2026, se reunió la Delegación de Apostolado Seglar de nuestra Diócesis para evaluar el curso pastoral concluido y proyectar el porvenir que nos aguarda durante el curso 2026/27.

El encuentro tuvo lugar en Jódar, comenzando con una eucaristía sencilla y fraterna en la Iglesia del Santo Cristo de la Misericordia, presidida por el consiliario de la Delegación, D. Antonio José Morillo Torres.

A continuación, se procedió a la reunión propiamente dicha en la que el delegado diocesano, Antonio José Campos Martínez, retomó algunos puntos de «Fijos los ojos en Jesús» (Hb 12,12) la formación en formato virtual sobre Presencia Publica de los laicos con la que clausuramos el curso en junio a cargo de Serafín Béjar Bacas.

En el diálogo fraterno de los miembros de la Delegación se atajaron temas de diversa índole como las debilidades y fortalezas, retos y acompañamiento de las diferentes realidades de parroquias, asociaciones y movimientos en nuestra Diócesis. De igual manera, se hizo latente la importancia de promover la interrelación de la Delegación con otros ámbitos diocesanos al igual que en otros cursos pastorales para trabajar en red y comunión como Iglesia que camina en Jaén.

En el encuentro hubo espacio para el testimonio misionero de Alberto de Castro, miembro de la Delegación que ha estado un mes en El Carmen (Ecuador) junto a las Hijas de Cristo Rey. En su testimonio, el laico destacó la situación de desigualdad social así como la sensación de violencia e inseguridad que se vive en el país latinoamericano. De igual manera, destacó la enorme huella que ha dejado la Diócesis de Jaén en la Arquidiócesis de Portoviejo en la que ha estado colaborando.

Tras el éxito de «SONRIE. Laicos en la vida pública» la Delegación está trabajando en la organización del próximo encuentro diocesano, así como en la participación en las XLVII edición de las Jornadas Nacionales de delegados de Apostolado Seglar y Responsables de Movimientos y Asociaciones, organizadas anualmente por la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida y que se celebrarán en Madrid el 24 y 25 de octubre de 2026.

Delegación diocesana de Apostolado Seglar

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