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Cursillos de Cristiandad celebran en Martos una emotiva Ultreya de verano diocesana bajo el lema «alzad la mirada»

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El pasado 26 de julio de 2026, el Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC) celebró su tradicional Ultreya de verano en la ciudad de Martos. El encuentro diocesano se convirtió en un vibrante epicentro de fe, comunión eclesial y reencuentro fraterno para multitud de cursillistas procedentes tanto de la propia ciudad de Martos como de distintos puntos de la provincia, quienes acudieron con la alegría característica del carisma «De Colores» y con el deseo colectivo de enfocar las prioridades del nuevo curso pastoral.

La intensa jornada de gracia comenzó a las 18:30 horas con una cálida acogida en el emblemático Santuario de la Virgen de la Villa. En este sagrado templo mariano se vivió una oración inicial que invitó a los asistentes a romper con el individualismo, profundamente marcados por el lema «Alzad la mirada», la inspiradora consigna evangélica que el Papa León XIV regaló a los fieles durante su reciente e histórica visita apostólica a España.

Posteriormente, en el mismo Santuario mariano, tuvo lugar uno de los momentos más característicos y emotivos del encuentro: el compartir de los testimonios de vida. Diversos miembros del movimiento subieron al ambón para relatar sus vivencias cotidianas de evangelización, abordando distintos temas cruciales para el carisma. Se reflexionó profundamente sobre qué supone para los cursillistas formar parte de un grupo de discipulado como espacio de acompañamiento, y sobre cómo se vive el cuarto día en medio del mundo. Asimismo, un testimonio más conmovió a los presentes al relatar cómo le cambió la vida tras vivir la experiencia de su cursillo. El broche de oro de este bloque lo puso D. José Extremera, quien compartió su vibrante testimonio tras haber sido ordenado sacerdote el pasado mes de junio, inundando el templo de una profunda acción de gracias.

Con el corazón encendido por estos testimonios, la asamblea se trasladó a la Real Parroquia de Santa Marta para celebrar el eje central de la jornada: la Santa Misa. La celebración coincidió fielmente con el séptimo día de la solemne novena a la patrona de la localidad, cuya fiesta se conmemora este próximo 29 de julio.

La Eucaristía estuvo presidida por nuestro viceconsiliario, Don Carlos Moreno Galiano, y contó con una significativa concelebración que manifestó la profunda unidad y el respaldo pastoral al movimiento. Junto a él, concelebraron Don Sebastián Guerrero Fernández, consiliario de Cursillos, el actual párroco de la comunidad, Don Manuel García Pérez, y el recién ordenado presbítero D. José Extremera.

La provechosa jornada prosiguió con el rezo conjunto de la novena a Santa Marta, uniendo la devoción secular de la patrona al espíritu cursillista. Al finalizar la novena, Don Carlos hizo una emotiva referencia y homenaje a la historia del movimiento en la localidad, recordando los orígenes de la «Ultreya de la amistad». Hubo un recuerdo emocionado del sacerdote D.Robustiano Gallego Muñoz, fallecido hace unos días y su incansable trabajo a favor de Cursillos en Martos, en su etapa de coadjutor en la parroquia.Recordar sus vivencias hace tantos años, su siembra en esta primera etapa de Cursillos nos emocionó y nos hizo ver la grandeza del Espíritu obrando en unos y otros.

Este fruto espiritual ha ido creciendo desde sus humildes comienzos gracias también al impulso del propio Don Carlos como antiguo párroco, quien sembró la primera semilla de la fraternidad en Martos. Aquellos iniciales lazos humanos han madurado hoy en una comunidad diocesana unida y en constante expansión.

Finalmente, la Ultreya culminó por todo lo alto con un compartir fraterno entre los diferentes cursillistas asistentes y los feligreses de la parroquia de Santa Marta, reforzando los lazos comunitarios en una tarde inolvidable.

Con las fuerzas renovadas y la mirada puesta en el futuro inmediato, la comunidad ya mira con ilusión el próximo gran encuentro del movimiento. Se recordó a todos los presentes que el Cursillo número 342 nos espera para el próximo mes de octubre, concretamente durante los días del 9 al 12 de octubre, una nueva oportunidad de gracia para seguir transformando ambientes. Los asistentes se despidieron con el firme compromiso de seguir caminando bajo el grito de «¡Ultreya!», sabiendo que el Señor Jesús guía cada paso de la escuela y del discipulado.

¡De colores!

‎Aurora Castillo

Fuego y tristeza

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El paisaje es agrio, duro, de una aridez que estremece. Quien recorra hoy los campos del sur o las laderas que antaño lucían el verde oscuro del pino y el roble, encontrará vastas zonas que asemejan a un esqueleto de ceniza. La península se nos va volviendo calva, reseca, como el cráneo de un viejo labriego que ya no espera nada de la lluvia. Es una geografía aciaga, de adustas parameras y cerros pelados que el sol agrieta sin misericordia. Un drama silencioso se desarrolla ante nuestros ojos: el avance inexorable del desierto.

Yo siempre he sentido una secreta simpatía por el árbol, ese ser estático y noble que aguanta el vendaval sin quejarse. Ver un bosque arder no es solo asistir a una catástrofe económica; es presenciar una agonía moral. Los incendios de estos últimos años no tienen nada de poéticos; son brutales, desgarradores, nacidos casi siempre de la codicia o de la zafiedad humana. El fuego pasa, devora la maleza, calcina los troncos centenarios y deja tras de sí un mutismo de cementerio. Luego viene el viento, arrastra la poca tierra fértil que quedaba y el páramo gana una legua más. Es la marcha triunfal de la nada.

Observamos esta ruina con una indiferencia pasmosa, la misma indiferencia con la que el burócrata contempla el paso de los días tras la ventanilla. Nos hemos vuelto una sociedad urbana, inconsciente, que cree que la naturaleza es solo un decorado para el veraneo. No se comprende que la deforestación es una mutilación del alma de los pueblos. Un monte baldío es un pueblo condenado a la miseria y a la emigración.

Frente a esta dejadez colectiva, frente a la desidia que solo reacciona cuando el humo llega a las ciudades, ha habido voces que han señalado la gravedad del abismo. No son voces de visionarios románticos, sino de vigías que miran la realidad con una lucidez superior.

Las enseñanzas de Juan Bautista Montini
Fue el papa Pablo VI quien, ya en 1971, en su carta apostólica Octogesima Adveniens, supo anticipar con acierto profético la crisis hacia la que nos empujaba el industrialismo salvaje. Escribió entonces unas palabras que hoy, ante las fotografías de los satélites que muestran los bosques convertidos en carbón, resuenan con trágica exactitud: «Debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, [el hombre] corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación» (n. 21).

El riesgo ya no es una hipótesis de laboratorio; es una realidad que muerde. El hombre moderno, engreído con sus máquinas y sus números, consideró la tierra como un botín que saquear. Cortó el árbol, desvió el río, quemó el monte para abrir paso al pasto rápido o al negocio turbio. Pensó que el planeta era inagotable y ahora se encuentra con que el clima se vuelve loco, las fuentes se secan y el suelo se disuelve en polvo. La víctima de la degradación, como bien dijo Montini, somos nosotros mismos, atrapados en ciudades sofocantes mientras la periferia rural se convierte en un erial.

Joseph Ratzinger toma la palabra
Pasaron los años y la ceguera no disminuyó. La técnica prosperó, pero el sentido común pareció retroceder en la misma proporción. Los desiertos continuaron su marcha lenta pero implacable por el mapa. Benedicto XVI, un hombre de pensamiento vigoroso y desprovisto de toda retórica inútil, volvió a poner el dedo en la llaga. En su encíclica Caritas in Veritate (2009), analizó esta quiebra de la relación entre el ser humano y su entorno. Ratzinger no hablaba como un ecologista de salón; hablaba como quien ve romperse las leyes más fundamentales de la existencia: «El acaparamiento de los recursos, especialmente del agua, puede provocar graves conflictos entre las poblaciones afectadas. El desarrollo pacífico de los pueblos requiere que todos compartan de manera justa los bienes de la tierra» (n. 51).

El avance del desierto es, en el fondo, el avance del egoísmo. Cuando un bosque desaparece pasto de las llamas en el norte o cuando la deforestación arrasa las selvas amazónicas, se está robando el agua y la vida de las generaciones futuras. Los conflictos de mañana no serán por fronteras ideológicas, sino por un palmo de tierra cultivable, por un trago de agua limpia. La deforestación no es un hecho aislado; es una cadena. Se arranca un árbol, desaparece la humedad, disminuyen las lluvias, aumenta la arena y los hombres tienen que huir, abandonando sus casas para engrosar los suburbios del mundo.

El pensamiento del papa Francisco
Llegamos así a nuestros días, días de calor extremo, de veranos infernales donde los camiones de bomberos no dan abasto y el cielo se tiñe de un color cobrizo insoportable. El papa Francisco supo levantar su voz con una urgencia que ya no admite dilaciones. En su encíclica Laudato si’ (2015), dedicada por entero al cuidado de la «casa común», Bergoglio clama contra la destrucción de los ecosistemas con una contundencia que sacude las conciencias más perezosas: «Cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos no podrán ver, perdidas para siempre. La gran mayoría se extinguen por razones que tienen que ver con alguna actividad humana» (n. 33). Esta pérdida irreparable es el precio de nuestra soberbia. El incendio intencionado, el descuido criminal del dominguero, la tala indiscriminada autorizada por funcionarios complacientes, son síntomas de una misma enfermedad moral. Hemos perdido la capacidad de admiración. Ya no sabemos mirar un bosque sin calcular cuántos metros cúbicos de madera produce o cuánto terreno urbanizable deja libre tras el fuego. Nos falta la atinada sabiduría del labriego de antaño que, aunque rudo, sabía que con la tierra no se jugaba y que al monte había que respetarlo si se quería tener pan en invierno.

La hora de la acción
No sirve de nada lamentarse en las tertulias ni llenar las revistas de estadísticas frías si no hay una reacción enérgica. La lucha contra los incendios no se hace solo en agosto, cuando el fuego ya lame las casas; se lleva a cabo en invierno, limpiando la maleza, ordenando el monte, devolviendo la vida a los pueblos abandonados. Un campo habitado, con pastores y labriegos que obtienen su sustento de él de manera racional y digna, es la mejor barrera contra las llamas. El abandono del medio rural ha sido el gran aliado del desierto. Hay que repoblar, pero no con esa prisa absurda que busca solo el crecimiento rápido para la industria papelera, introduciendo especies exóticas que arden como la pólvora. Hay que volver al ciprés, al encinar, al alcornocal, al hayedo; a los árboles autóctonos que saben defenderse del fuego y que sujetan la tierra con raíces fuertes.

La tarea es ingente y el tiempo apremia. La deforestación y el fuego están cambiando la faz de nuestra tierra, afeándola, volviéndola estéril y yerma. Si no somos capaces de defender nuestros bosques, si permitimos que la codicia de unos pocos y la incuria de la mayoría sigan incinerando el paisaje, acabaremos viviendo en un orbe gris y sabuloso. Un entorno hostil donde el espíritu humano terminará por secarse igual que las fuentes. Es hora de dejar las discusiones bizantinas y ponerse a trabajar con la azada en la mano. De ello depende que nuestros hijos conozcan el verde de los valles o la negra tristeza del descampado infecundo.

Mons. Fernando Chica Arellano
Observador permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

Iglesia en Jaén 727: «Sígueme»

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CARTA DE NUESTRO OBISPO
Homilía en la Eucaristía de acción de gracias por el XXV aniversario de ordenación sacerdotal.

ACTUALIDAD DE LA IGLESIA DIOCESANA
En el repaso a la actualidad que se produce en la Diócesis podrán leer noticias como: las bodas de plata sacerdotales de Don Sebastián Chico Martínez; el convenio de colaboración entre el Obispado de Jaén y Banco Sabadell; la recepción de las reliquias del Beato Antonio del Peral Bustos en Cabra del Santo Cristo; o la celebración de Nuestra Señora del Carmen en La Puerta de Segura.

TAMBIÉN FUE NOTICIA…
¿Y si Dios te está llamando a ser sacerdote?

ESTE MES HABLAMOS DE…
La Iglesia de Jaén celebra, con gozo, la ordenación sacerdotal de José Extremera.

CARIDAD ES AMOR
En esta página se pueden leer las noticias: Proyecto Social 2025 de la Basílica-Santuario Virgen de la Cabeza y Cáritas Española aumenta a un millón de euros los fondos para la emergencia humanitaria en Venezuela.

CATEDRAL DE JAÉN
En esta sección se ofrece la crónica de la peregrinación de más de 200 cehegineros hasta Jaén, acompañando a su patrona, la Virgen de las Maravillas, para celebrar junto al Obispo su 25 aniversario sacerdotal.

AMAR DE COLORES
Se trata de una sección en la que los miembros de Cursillos de Cristiandad de Jaén ofrecen un artículo de reflexión y testimonio, en esta ocasión: «Un encuentro con Cristo que transforma la vida».

GAVETA LIBRESCA
En esta sección en la que el sacerdote diocesano, escritor y periodista Juan Rubio Fernández ofrece un artículo, en este número: «Las “Sinsombrero” del feminismo cristiano que abrieron el VII Centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza».

FAO
En este número se recoge un artículo de Fernando Chica Arellano, Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA: «Tierra, redes y rebaños: La Encíclica Magnifica Humanitas a la luz del sector primario».

MIGRACIONES
En esta sección se recoge el artículo «Soñando juntos el Proyecto Pastoral de Migraciones».

ATRIO DE LOS GENTILES
Como cada número, D. Juan Jesús Cañete Olmedo, sacerdote y profesor de filosofía, ofrece un artículo que lleva por título «John Henry Newman XI. De León XIII a León XIV, un doctor para nuestro tiempo».

Para suscripciones:
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John Henry Newman XI: De León XIII a León XIV, un doctor para nuestro tiempo

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La historia de la Iglesia está tejida por hilos de continuidad que el paso del tiempo permite descubrir con mayor claridad. Algunos acontecimientos adquieren un significado nuevo cuando se contemplan desde una perspectiva más amplia. Uno de esos hilos acaba de hacerse. En 1879, el papa León XIII consagró cardenal a John Henry Newman, reconociendo públicamente la talla intelectual, espiritual y pastoral de un hombre dedicado a la búsqueda sincera de la verdad. Casi siglo y medio después, otro pontífice que lleva el mismo nombre, León XIV, lo propone a toda la Iglesia como Doctor. El simbolismo resulta elocuente: el mismo nombre pontificio que acompañó el reconocimiento de Newman en vida acompaña ahora la proclamación de la fecundidad permanente de su pensamiento.

No se trata de una simple coincidencia histórica. Entre ambos momentos se extiende un largo proceso de recepción eclesial que demuestra que Newman no pertenece únicamente al siglo XIX. Su influencia ha atravesado generaciones, ha iluminado el desarrollo de la teología contemporánea, ha inspirado aspectos importantes del Concilio Vaticano II y continúa ofreciendo respuestas a desafíos del siglo XXI. La decisión de León XIV manifiesta que la Iglesia reconoce en Newman a un maestro cuya enseñanza conserva actualidad.

La vida de Newman estuvo marcada por una búsqueda apasionada de la verdad. Profesor en Oxford y figura destacada del Movimiento de Oxford, gozaba de una posición de prestigio que pocos habrían estado dispuestos a abandonar. Sin embargo, después de años de estudio, oración y discernimiento, llegó a la convicción de que la plenitud de la fe cristiana se encontraba en la Iglesia católica. Su conversión en 1845 supuso importantes renuncias personales y profesionales, pero puso de manifiesto una característica admirable: la certeza de que la verdad merece cualquier sacrificio. No es casual que el epitafio elegido para su tumba resuma toda una existencia: Ex umbris et imaginibus ad veritatem, “de las sombras y las imágenes hacia la verdad”. Estas palabras expresan la trayectoria interior de un hombre que comprendió que la fe no exige renunciar a la inteligencia, sino permitir que alcance su plenitud en el encuentro con la verdad.

Precisamente aquí encontramos una de las razones por las que Newman resulta tan necesario para nuestro tiempo. Buena parte de su obra estuvo dedicada a superar una falsa oposición que continúa presente en la cultura contemporánea: la supuesta incompatibilidad entre fe y razón. Frente al racionalismo que pretende reducir la realidad a lo que puede demostrarse experimentalmente, y frente al irracionalismo que reduce la fe a una experiencia subjetiva, Newman defendió una concepción más amplia del conocimiento humano. Comprendió que las decisiones más importantes de la existencia nacen de la convergencia de experiencias, razonamientos e intuiciones que conducen a una certeza razonable. La fe no es enemiga de la razón, sino una forma de ampliarla en su apertura a la verdad. Esta enseñanza resulta especialmente valiosa en una época marcada por el cientificismo y el relativismo. Newman recuerda que existen cuestiones fundamentales —el sentido de la vida, la libertad, el sufrimiento, la justicia, el amor o la existencia de Dios— que no pueden resolverse únicamente mediante procedimientos experimentales. El ser humano es más grande que aquello que puede medirse o cuantificarse.

Otra de sus aportaciones más relevantes es su reflexión sobre la conciencia. En una cultura que con frecuencia identifica la conciencia con la autonomía absoluta del individuo, Newman ofrece una visión más profunda. La conciencia no inventa la verdad ni la determina arbitrariamente; la descubre y la reconoce. Es el ámbito interior donde resuena una llamada al bien que precede a la voluntad humana. Cuando definió la conciencia como el “primer vicario de Cristo”, recordaba que la auténtica libertad consiste en responder con fidelidad a la verdad conocida.

También fue profética su comprensión de la Iglesia y del papel de los laicos. Mucho antes del Concilio Vaticano II, subrayó la importancia de un laicado bien formado y comprometido con la misión evangelizadora. Intuyó que la presencia cristiana en la cultura, la política, la economía y la educación dependería en gran medida del testimonio de los fieles laicos.

Por todo ello, la proclamación de Newman como Doctor de la Iglesia por parte de León XIV trasciende el homenaje a una figura histórica. Constituye una invitación a redescubrir un pensamiento capaz de dialogar con la modernidad sin someterse a ella, de defender la verdad sin caer en el fanatismo, de afirmar la fe sin despreciar la razón y de vivir el cristianismo con confianza en medio del mundo. Cuando León XIII reconoció a Newman como cardenal, honró a un hombre fiel a la verdad; cuando León XIV lo proclama Doctor de la Iglesia, confirma que esa misma búsqueda sigue siendo un camino seguro para los cristianos del siglo XXI.

Juan Jesús Cañete Olmedo
Sacerdote diocesano y Profesor de Filosofía

Las “Sinsombrero” del feminismo cristiano que abrieron el VII Centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza

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Josefa Grosso, profesora de la Normal de Madrid y pionera de la Institución Teresiana; Carmen Arteaga, doctora en Filosofía y Letras y una de las primeras mujeres en enseñar en la Universidad Central; María Perales y María Nieto, presidenta y tesorera de la Confederación Nacional de Obreras Católicas; Dolores de Cortázar, directora general de Publicaciones del Ministerio de Educación; Sacramento Carrascosa, escritora, propagandista y una de las tres concejalas del Ayuntamiento de Madrid; y María Echarri, articulista, conferenciante y una de las voces más firmes del social-catolicismo femenino.

Siete mujeres. Siete trayectorias sólidas, cultas, influyentes. Siete pioneras del feminismo cristiano que, en noviembre de 1926, fueron llamadas a inaugurar los actos del VII Centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza en Andújar. No era lo habitual. Ni en la Iglesia española ni en la sociedad del momento. Pero aquí, en esta ciudad de Sierra Morena, se tomó una decisión que hoy sorprende por su lucidez: abrir una gran celebración mariana con una Semana Social protagonizada íntegramente por mujeres.

Mientras en otros lugares la Iglesia seguía aferrada a inercias decimonónicas, en Andújar se apostó por un discurso que hablaba de educación femenina, dignidad obrera, presencia pública de la mujer y compromiso social. No fue un gesto simbólico, sino una declaración de principios: el Centenario no sería un ejercicio de nostalgia, sino una oportunidad para situar a la Iglesia local en sintonía con los debates más avanzados de su tiempo.

UN PÓRTICO DE LUJO DEL VII CENTENARIO. La celebración del VII Centenario —desarrollada entre noviembre de 1926 y agosto de 1928— fue el acontecimiento religioso más relevante de la diócesis de Jaén en las primeras décadas del siglo XX. Así lo reflejan las hemerotecas: el Boletín Eclesiástico Oficial de la Diócesis de Jaén, el periódico Pueblo Católico y numerosas publicaciones locales y nacionales que siguieron con atención el desarrollo de los actos.

En menos de dos años, por una ciudad que apenas superaba los 20.000 habitantes, pasaron alrededor de 250.000 personas, más de la mitad de la población total de la provincia. Pero la magnitud del Centenario no se explica solo por la devoción mariana. Su fuerza residió en un programa poliédrico, cuidadosamente preparado durante años, que combinó celebraciones litúrgicas con iniciativas sociales, culturales y artísticas. Y, sobre todo, en la voluntad explícita de recuperar una devoción que había decaído desde las políticas desamortizadoras del siglo XIX.

Puede decirse que 1927 fue el año de la cosecha de una siembra iniciada en 1909, cuando la Virgen de la Cabeza fue proclamada patrona de Andújar y coronada canónicamente. Las fuentes de la época —la revista Mirando al Santuario y el periódico El Guadalquivir— dan cuenta del auge devocional de aquellos años, los más intensos en la historia religiosa de la ciudad y de la diócesis en la primera mitad del siglo XX.

Sin embargo, lo que convirtió aquel Centenario en una efeméride distinta, adelantada a su tiempo, fue precisamente lo que lo inauguró: una Semana Social dirigida por mujeres, que situó en el centro del debate temas como la educación, el trabajo femenino, la protección obrera, la participación pública y la responsabilidad social del catolicismo. Un gesto que, en 1926, no era frecuente… y que en Andújar se asumió con naturalidad y convicción.

EN EL CONTEXTO Y CON EL MISMO ESPIRITU de las Semanas Sociales nacidas en España en 1906, en Madrid, como un experimento audaz: llevar la doctrina social católica fuera de los despachos y convertirla en una formación itinerante, viva, capaz de llegar allí donde estaban los problemas. En pocos años pasaron por Valencia (1907), Sevilla (1908), Santiago de Compostela (1909), Barcelona (1910) y Pamplona (1912). Y después… silencio. No volverían a celebrarse a nivel nacional hasta 1933.

Pero aquel parón no significó el final. Al contrario: las Semanas Sociales se transformaron en universidades ambulantes que, sin el sello oficial, siguieron funcionando en ciudades, provincias y regiones gracias a la iniciativa de quienes habían participado en las primeras ediciones. Allí donde alguien había escuchado una conferencia, tomado apuntes o descubierto la fuerza de la doctrina social, surgía la necesidad de repetir la experiencia.

Durante casi dos décadas, España se llenó de encuentros locales y provinciales que mantuvieron vivo el espíritu original: formar conciencias, iluminar problemas y despertar el sentido social del catolicismo. La idea se extendió como una convicción compartida: la Iglesia no podía limitarse a la sacristía; tenía que intervenir en la vida social con criterio y responsabilidad.

El Instituto de Doctrina Social Cristiana, centro promotor de estas iniciativas, lo expresó con una claridad que hoy sigue sorprendiendo. En 1920 publicó un manifiesto que decía: “Los problemas sociales, como los problemas individuales que la conturban, significan principalmente ausencia u olvido de las solemnes verdades del catolicismo. […] Necesaria debe ser la acción de los católicos; pero no debe ser instintiva, no conviene que sea rutinaria e inconsciente, sin saber bien a dónde vamos, de dónde partimos y por qué hacemos lo que hacemos”.

Ese era el clima intelectual del país cuando Andújar decidió inaugurar su Centenario con una Semana Social. Y lo hizo, además, con un gesto que la distinguió de todas las demás: poner a siete mujeres al frente.

UNA CONFLUENCIA DE VOLUNTADES CON EL PADRE POVEDA DE MEDIADOR. La Semana Social celebrada en Andújar en noviembre de 1926 no fue un acontecimiento improvisado, sino el resultado de una confluencia de voluntades que Pedro Poveda supo reconocer y articular. La comisión del VIII Centenario había aprobado su celebración meses antes, a propuesta del párroco de San Bartolomé, don Ildefonso Galán Cruz. Desde ese momento, Galán —recién llegado a la ciudad y en su primera parroquia— se entregó a la tarea de organizarla, recurriendo de inmediato a su antiguo compañero del seminario de Baeza y del claustro del Seminario de Jaén: el sacerdote linarense Pedro Poveda, ya entonces residente en Madrid y dedicado plenamente a la Institución Teresiana.

Don Ildefonso Galán, asesinado en agosto de 1936 por odio a la fe y recientemente beatificado, había dedicado más de dos décadas a la docencia y a la ampliación de estudios, especialmente en el ámbito de la doctrina social de la Iglesia. Asistente habitual a las Asambleas Nacionales, contaba con una red de contactos amplia y activa. Su llegada a Andújar lo situó ante una comunidad marcada por la desigualdad: familias acomodadas frente a familias muy pobres. Galán comenzó a trabajar entre estas últimas, especialmente en las viviendas de Mestanza y en las huertas del norte, alrededor de Dulce Jesús. Ese contacto directo con la realidad social de la ciudad reforzó su convicción de que la Semana Social debía ser algo más que un ciclo de conferencias: debía convertirse en un espacio de conciencia y de palabra.

Fue entonces cuando Pedro Poveda lo puso en contacto con una figura decisiva: María de Echarri, estrechamente vinculada a la Institución Teresiana y recién llegada del VIII Congreso de la Asociación Católica Internacional de Obras de Protección a las Jóvenes, celebrado en Luxemburgo. De aquella conversación surgió el programa de conferencias que daría forma a la Semana Social. Echarri permaneció en Andújar durante todo el evento, actuando como apoyo constante y organizadora discreta, pero con una influencia evidente en el enfoque y en el tono de las intervenciones.

A sus 48 años, María de Echarri era una figura ampliamente reconocida en España: escritora, articulista, conferenciante y una de las voces más firmes del social-catolicismo femenino. Defensora de las mujeres obreras, impulsó sindicatos femeninos, promovió mejoras salariales y laborales, y como inspectora de trabajo abogó por la igualdad salarial y por el derecho de las mujeres casadas a administrar su propio salario. En 1918 formuló un feminismo “posible”, razonable y católico, basado en la presencia de la mujer en la educación, la beneficencia y la acción social. Fue una de las primeras concejalas del Ayuntamiento de Madrid (1924) y una de las trece mujeres representadas en la Asamblea Nacional Consultiva (1927). Vinculada a la Acción Católica de la Mujer, solía afirmar: “militamos todas bajo la bandera del feminismo católico”.

EL TEATRO PRINCIPAL, FORO DE LA SEMANA SOCIAL, Entre el 14 y el 21 de noviembre de 1926, el Teatro Principal de Andújar se transformó en un espacio insólito: un lugar donde se escucharon palabras que nunca antes habían resonado en la ciudad. Las sesiones congregaron a un público numeroso, hasta el punto de que muchos seguían las intervenciones desde el exterior. Allí se pronunciaron afirmaciones que, para la sensibilidad cristiana local, resultaban tan novedosas como necesarias: “Los cristianos debemos defender no solo los deberes de las madres, también sus derechos” (Grosso).“Los políticos, en la defensa de los derechos de los obreros, no han de olvidar que en conciencia son también los derechos de las mujeres obreras” (Echarri). “No descansaremos hasta que logremos protección legal para las amas de casa” (Carmen Arteaga). “Hombres y mujeres cristianos, en lo que se refiere a la igualdad entre trabajadores, debemos ser más fieles a León XIII y a su Rerum Novarum que a otros poderes que lo limiten” (Mercedes Quintanilla). “El absentismo escolar de las niñas es una lacra para toda conciencia cristiana” (Carrascosa). No eran frases aisladas: eran la expresión de un pensamiento social católico que, por primera vez, se hacía audible en Andújar con voces femeninas, formadas y conscientes de su papel en la transformación social.

EL CIERRE QUE QUEDÓ GRABADO EN LOS ASISTENTES. En el acto de clausura, María de Echarri volvió a tomar la palabra. Advirtió que la crisis de las familias comienza cuando hay crisis de madres que convierten sus hogares en simples casas de huéspedes. Y cerró su intervención con una frase que levantó al público de sus asientos, evocando a las heroínas católicas de la Revolución francesa: “De rodillas para orar, pidiendo al Sagrario luz y fuerza para luchar, y de pie para combatir y para vencer”. Aquella Semana Social no cambió de inmediato la estructura social de Andújar, pero dejó una huella: la certeza de que la palabra —cuando se pronuncia con convicción, conocimiento y sentido cristiano de justicia— puede abrir espacios que parecían cerrados. Y que, a veces, basta con que una ciudad escuche voces nuevas para que empiece a mirarse de otro modo.

Juan Rubio Fernández
Sacerdote, escritor y periodista

San Juan Bosco despide a su párroco, el salesiano D. Juan Carlos Macías

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La comunidad salesiana y parroquial de San Juan Bosco de Jaén ha despedido al sacerdote y párroco salesiano Juan Carlos Macías con una eucaristía profundamente marcada por la gratitud, la emoción y la esperanza. Más que una despedida, la celebración se convirtió en una acción de gracias por una forma de vivir el sacerdocio como rezaba una frase que presidió la celebración ”La buena gente deja huella y la gente de Dios deja vida”

El momento más significativo llegó con la homilía del propio Juan Carlos, quien prefirió no hacer un balance de los 7 años vividos en Jaén, sino compartir el camino interior que el Señor ha ido realizando en él. Para ello volvió al evangelio que eligió el día de su ordenación sacerdotal: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré… Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11, 28-30). Un texto que, según confesó, ha sido el horizonte de toda su vida sacerdotal y que sigue dando sentido a su ministerio.

Con la sencillez que le caracteriza, explicó que el mayor aprendizaje de estos años no ha consistido en hacer más cosas, sino en dejarse transformar por el Espíritu Santo. Reconoció que ha aprendido a dejarse querer, descubriendo que el amor de Dios también llega a través del cariño, la confianza y el afecto de las personas. Y desde esa experiencia, crecer en la capacidad de querer más y mejor, aprendiendo cada día del corazón de Dios: un corazón manso, humilde, paciente y siempre disponible para quienes llegan cansados y agobiados por la vida.

Quizá el fruto más fecundo de estos años no pueda medirse por los proyectos impulsados ni por las responsabilidades desempeñadas, sino por las innumerables confidencias sagradas que tantas personas han puesto entre sus manos. Historias de sufrimiento y esperanza, de duelo y reconciliación, de miedo y de nuevos comienzos. Vidas compartidas en el silencio de un despacho, al terminar una eucaristía, durante una conversación serena o en el sacramento de la reconciliación. En ese ministerio silencioso de la escucha ha descubierto que Dios sigue hablando en la vida concreta de las personas.

En una sociedad donde abundan las palabras y escasea la escucha verdadera, su testimonio recordó que escuchar es mucho más que oír. Escuchar es prestar el corazón. Es regalar tiempo, ofrecer acogida, crear un espacio donde el otro pueda expresar su verdad sin sentirse juzgado. Solo quien se siente verdaderamente escuchado puede volver a encontrarse consigo mismo, con los demás y con Dios. Quizá por eso el ministerio más fecundo no siempre es el que más se ve, sino el que sostiene en silencio la esperanza de quienes llegan con el alma cansada.

Su formación como psicólogo ha enriquecido esa capacidad de acompañar, pero él mismo quiso dejar claro que el verdadero protagonista de este crecimiento ha sido siempre el Espíritu Santo. Es Él quien ha ido modelando su corazón, haciéndole crecer pastoral, profesional y humanamente. Porque el Espíritu nunca deja de trabajar en quien permanece disponible para aprender del corazón de Cristo.

Otro de los mensajes que quiso dejar a la comunidad fue profundamente esperanzador: Dios nos quiere felices. No una felicidad superficial o pasajera, sino la que nace de saberse amado, de vivir reconciliado con uno mismo y de ponerse al servicio de los demás. Una felicidad que crece cuando el Espíritu nos hace cada vez más semejantes a Jesús, manso y humilde de corazón.

La comunidad respondió a estas palabras con una entrañable acción de gracias en nombre de toda la familia salesiana. Se agradecieron estos años de entrega generosa en la parroquia, el Centro Juvenil, la Fundación Don Bosco, el Programa Buzzetti, la comunidad educativo-pastoral, la catequesis, Salesianos Cooperadores, ADMA, la HOAC, las antiguas y antiguos alumnos y tantas personas que han compartido con él el sueño de Don Bosco.

Las palabras de agradecimiento subrayaron precisamente aquello que el propio Juan Carlos había presentado como el centro de su vocación: haber sido una persona sencilla y cercana, «de las que escuchan antes de hablar, acompañan antes de dirigir y construyen familia con la naturalidad de quien sabe que todas las personas tienen su lugar». Recordaron también su especial dedicación a los jóvenes, especialmente a quienes viven situaciones de mayor vulnerabilidad, y cómo su labor como psicólogo en la Fundación Don Bosco ha hecho de la escucha una auténtica forma de anunciar esperanza.

La celebración concluyó poniendo su nueva misión bajo la protección de María Auxiliadora y de Don Bosco, con la certeza de que los destinos cambian, pero el amor sembrado permanece. Jaén seguirá siendo para Juan Carlos una casa donde siempre encontrará una familia agradecida por el bien recibido.

Más allá de un cambio de destino, la despedida dejó una enseñanza que permanecerá en la memoria de la comunidad. Tal vez el mundo necesite cada vez más personas capaces de escuchar de verdad. Personas que sepan detenerse ante el cansancio ajeno, ofrecer un corazón disponible y custodiar con respeto esas confidencias sagradas que tantas veces encierran el misterio de una vida. Ese ha sido, quizá, el legado más hermoso de Juan Carlos Macías: recordar que el Evangelio comienza cuando alguien, siguiendo a Jesús, se acerca al hermano cansado y le ofrece el descanso de una escucha que acoge, sana y devuelve la esperanza.

Parroquia de San Juan Bosco de Jaén

Los seminaristas concluyen el curso con un verano de formación, misión y servicio

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Los seminaristas concluyen el curso con un verano de formación, misión y servicio

Los seminaristas concluyen el curso con un verano de formación, misión y servicio

Tras la finalización del curso académico, los seminaristas del Seminario Diocesano de Huelva han participado durante el mes de julio en distintas iniciativas que han enriquecido su proceso de formación humana, espiritual y pastoral, viviendo experiencias que complementan el itinerario vocacional que desarrollan a lo largo del año.

Una parte de ellos ha participado en la Jornada Eucarística Mariana Juvenil (JEMJ), celebrada en Covadonga y organizada por los Siervos y Siervas del Hogar de la Madre. Durante varios días, los jóvenes han compartido una intensa experiencia de fe marcada por la adoración al Santísimo Sacramento, la celebración de la Eucaristía, la formación y la devoción a la Santísima Virgen, junto a miles de jóvenes procedentes de distintos lugares.

Asimismo, otros seminaristas han asistido a los cursos de verano organizados por la Conferencia Episcopal Española en Málaga. Estas jornadas ofrecen una valiosa oportunidad para profundizar en diferentes aspectos de la formación sacerdotal, al tiempo que favorecen el encuentro y la convivencia con seminaristas de otras diócesis españolas, fortaleciendo los lazos de comunión entre los futuros presbíteros.

El periodo estival también ha permitido a algunos de ellos colaborar en el campamento Talitacum, promovido por el Colegio Diocesano. Esta experiencia les ha acercado a la realidad educativa de la diócesis, permitiéndoles compartir la vida del campamento con niños y jóvenes, conocer de cerca la labor del centro y vivir un tiempo de servicio y acompañamiento.

Especialmente significativa ha sido la experiencia misionera de uno de los seminaristas, que ha viajado hasta Calcuta para colaborar con las Misioneras de la Caridad. Allí ha compartido la vida y el servicio con las personas más vulnerables y abandonadas de la sociedad, viviendo de primera mano el testimonio de entrega y caridad inspirado por santa Teresa de Calcuta.

Con estas experiencias concluye el curso formativo del Seminario Diocesano de Huelva. Tras unas semanas de descanso y renovación, los seminaristas retomarán su actividad el próximo mes de septiembre con el inicio de un nuevo curso, continuando su camino de discernimiento y preparación para el ministerio sacerdotal.

Que el Señor siga acompañando a nuestros seminaristas en su vocación y suscite en nuestra diócesis nuevas llamadas al sacerdocio al servicio del Pueblo de Dios.

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La Catedral acogerá la solemnidad de la Asunción, con la tradicional bendición secular con el Santo Rostro

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Cuando se cumple el septuagésimo sexto aniversario de la declaración del dogma de la Asunción de la Virgen María a los cielos, la Catedral de Jaén se prepara para celebrar esta solemnidad mariana a la que está dedicado el primer Templo diocesano.

Las celebraciones darán comienzo en la víspera, el 14 de agosto, a las 12 del mediodía, habrá un repique general del campanas de la Catedral de Jaén, que

El día 15 de agosto, solemnidad de la Asunción, como es tradicional, y durante la Eucaristía de las 11:30 horas, se presentarán ante la Virgen de la Antigua a los recién nacidos y niños que acudan ese día a la Santa Iglesia Catedral.

La celebración eucarística comenzará con una procesión claustral con la imagen de la Virgen de la Antigua por las naves del Templo mayor. Al término, se cumplirá con la tradición de la bendición secular con el Santo Rostro desde los cuatro puntos cardinales de la Catedral, a través de los balcones del Templo catedralicio. Una bendición a los jiennenses y a los campos con el paño que, según la tradición, enjugó el rostro de Cristo camino del calvario.

Esta celebración, a pesar de tener lugar en plena canícula, cada año reúne a más fieles jiennenses que quieren ser testigos privilegiados de la bendición secular y de la bendición de los bebés, además de participar en la mesa del Señor. La talla de la Virgen de la Antigua es la patrona del Cabildo Catedral y se trata de una obra anónima de estilo gótico, datada a principios del siglo XVI. La imagen representa a la Virgen amamantando a su Niño y se caracteriza por su rica policromía. Según la tradición oral, esta talla de la Virgen llegó a Jaén tras la reconquista de la ciudad por Fernando III el Santo. Ubicada en la Capilla Mayor del templo de Vandelvira, justo encima del lugar que custodia al Santo Rostro.

El dogma asuncionista, proclamado por el Papa Pío XII en 1950, establece que la Virgen María, al finalizar su vida terrenal, fue asunta (llevada) en cuerpo y alma a la gloria celestial. Este dogma, considerado revelación divina, afirma que María no experimentó la corrupción del sepulcro como el resto de la humanidad.

La exposición fotográfica «Virgen del Alcázar, la Gloria Coronada» mostrará la riqueza devocional y artística de la Patrona de Baeza

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Con motivo de la Coronación Canónica Pontificia de Nuestra Señora del Alcázar, patrona de Baeza, la ciudad acogerá durante el mes de agosto la exposición fotográfica «Virgen del Alcázar, la Gloria Coronada», una muestra que reúne el trabajo de varios fotógrafos baezanos para acercar al público la belleza artística y la profunda devoción que despierta la imagen mariana.

La exposición podrá visitarse del 1 al 23 de agosto de 2026 y nace como una de las iniciativas culturales organizadas con motivo de la coronación, ofreciendo un recorrido visual por algunos de los momentos, detalles y símbolos que rodean a la Virgen del Alcázar.

La muestra reúne fotografías realizadas por José Delgado, Curro Galiano, Antonio J. García, Juan García, Pedro Narváez, José Quesada, Pedro Salcedo, Cristóbal Tornero y Nono Tornero, integrantes de la Asociación Fotográfica «Cristóbal Cruz», quienes, a través de sus objetivos, presentan una mirada artística sobre la patrona baezana y el patrimonio religioso vinculado a su culto.

El cartel de la exposición está protagonizado por una fotografía en blanco y negro de la Virgen del Alcázar con el Niño Jesús, enmarcada por su característico resplandor, una imagen que refleja la solemnidad y el valor histórico y espiritual de esta advocación mariana, tan arraigada en la ciudad.

La exposición cuenta con la colaboración de la Fundación Caja Rural de Jaén, la Real Archicofradía de Santa María del Alcázar, el Ayuntamiento de Baeza, la Comisión Organizadora del 800.º aniversario de Baeza (1226-2026), la Asociación Fotográfica Cristóbal Cruz y la Diputación Provincial de Jaén.

El horario de visita será los sábados, domingos y festivos de 10:00 a 14:00 horas, y de martes a sábado de 17:00 a 21:00 horas, facilitando así que vecinos, peregrinos y visitantes puedan contemplar esta propuesta cultural que une arte, fe y tradición.

Con esta iniciativa, Baeza continúa preparando uno de los acontecimientos religiosos más importantes de su historia reciente, poniendo en valor el patrimonio artístico y devocional que rodea a la Virgen del Alcázar y ofreciendo una oportunidad única para descubrir, a través de la fotografía, la grandeza de una imagen que ha acompañado la fe del pueblo baezano durante siglos.

Nuestra Diócesis presente en el Encuentro de Laicos de Parroquia

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El pasado fin de semana, del 24 al 26 de julio, en la ciudad de Málaga, 42 miembros de nuestra diócesis, provenientes de las parroquias de S. Félix de Valois y Cristo Rey de Jaén, de El Salvador de Bailén, y de la Inmaculada de Arroyo del Ojanco, acompañados por el Vicario General D. Juan Ignacio Damas y por el párroco de San Félix de Valois D. Luis María Salazar, participaron en el Encuentro de Laicos de Parroquia que cada cuatro años convoca la Acción Católica General.

El día anterior al inicio del Encuentro, propiamente dicho, en la Casa Diocesana se celebró la V Asamblea General de ACG, a la que asistieron más de 300 personasde diversos puntos de la geografía nacional: laicos, consagrados, sacerdotes, seminaristas y obispos, entre los que se encontraban: D. Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española; D. Carlos Escribano, presidente de la Comisión Laicos, Familia y Vida de la CEE y Mons. Santos Montoya, obispo consiliario de la Acción Católica. Igualmente, estuvieron presentes miembros del FIAC (Foro Internacional de Acción Católica), así como las presidentas de Malta y Rumanía.

D. José Antonio Satué, obispo de Málaga, dio la bienvenida a los presentes asegurando que “los malagueños y malagueñas son verdaderos catedráticos en la ciencia de acoger: lo hacen con un corazón generoso y con una palabra amable y graciosa, también con quienes llegan de lejos buscando pan, paz y futuro”. Y, tras recordar a los santos relacionados con la tierra malagueña, pidio que: “todos ellos nos inspiren para seguir impulsando una Acción Católica más viva, con hombres y mujeres comprometidos para que nuestras parroquias y diócesis construyan su presente y su futuro más cerca de Dios, con espíritu comunitario y sinodal, y con el deseo de compartir el pan y el Evangelio con tantas personas hambrientas de dignidad y sedientas de esperanza”.

La jornada fue intensa de trabajo, pues se trataba de revisar el camino recorrido y definir las prioridades de la asociación para los próximos años, es decir, decidir juntos el futuro. Así, tras la oración inicial presidida por Mons. Escribano, se comenzó el trabajo con una mesa de diálogo sobre la identidad de la ACG hoy.

La Asamblea acabó mostrando una manera muy concreta de vivir la Iglesia, en la que caben todas las edades: discernir juntos, asumir responsabilidades y poner los propios dones al servicio de una misión común, incluso con diferentes puntos de vista.

Jaén estuvo representada por cuatro de sus asociados, encabezados por el presidente diocesano.

La jornada acabó con una Eucaristía presidida por Mons. Santos Montoya, al tiempo que en otro lugar de la ciudad, en la playa de la Misericordia, preparada por la Delegación de Infancia y Juventud de Málaga, se celebraba una Oración de acogida a los jóvenes, bajo el lema “Entre arena y mar”, presidida por el obispo de Albacete, Mons. Ángel Román.

La “calurosa” bienvenida al Encuentro de Laicos

A la mañana siguiente, más de 1200 personas, de 50 diócesis, más de 900 llegados desde fuera de Málaga, se desplazaban, desde distintos lugares, al pabellón de “Ciudad Jardín” donde se hizo la acogida e inauguración del Encuentro bajo el lema “Compartiendo caminos, acompañando esperanzas”. El calor que padecieron en el polideportivo no fue impedimento para que los participantes mostraran su alegría y sus ganas de compartir vida y fe.

Con su acreditación, además de abanico, agua, mochila, camiseta y libro de celebraciones (destacar que en la mochila todos los participantes llevaban una estampa de nuestro “Beato Lolo”), los participantes tomaron asiento en el pabellón, siendo saludados por el alcalde de la ciudad y el obispo de Málaga. Posteriormente, fue Mons. Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española, quien subió al escenario, como representante de todos los obispos y sacerdotes “que nos acompañan en nuestra vida espiritual”.

Seguidamente, Eva Fernández, como presidenta de ACG en España, destacó el trabajo en común realizado para hacer realidad este encuentro y deseó a todos que “ojalá nos vayamos con el corazón lleno de alegría y renovado nuestro amor por el Señor, para poder transmitirlo y acompañar a tantas personas que se encuentran a nuestro alrededor y en nuestro mundo. Tenemos una misión preciosa, ojalá seamos capaces de seguir tejiendo redes y construyendo esta familia de la ACG para que nuestro mundo pueda conocer al Señor y sean tan felices como lo somos nosotros”.

Llegó el momento de la presentación de las diversas diócesis, un momento distendido que mostró que bajo todas las banderas autonómicas, estamos unidos en una misma fe, con una fraternidad que no sabe de distancias, ni de edades, pues en nuestras parroquias todos caben.

Una vez inaugurado el Encuentro se pasó a celebrar la Eucaristía, presidida por Mons. Argüello y concelebrada por más de cuarenta sacerdotes que habían acudido acompañando a sus comunidades parroquiales, y ocho obispos. Además participaron los Vicarios generales de las diócesis de Almería, Jaén y Málaga, y algunos otros cargos de la CEE como Raúl Tinajero, director de la Comisión Laicos, Familia y Vida. También estuvo presente Francisco Ramírez, de la Subcomisión de Infancia y Juventud de la CEE.

Con la celebración de la Eucaristía, cuyos cantos estuvieron dirigidos por un coro formado por miembros de diversas diócesis, entre las que se encontraba Jaén, se dio por finalizado el acto de inauguración del Encuentro, que continuaría en la Universidad de Comercio, Márketing y Gestión, hasta donde los participantes se trasladaron en autobús.

Tras el almuerzo se retomó la actividad con una entrevista en el hall de la Universidad a María Ángeles Ciudad, presidenta de ACG en Zaragoza, y a Mons. Argüello, quienes profundizaron en el acompañamiento, recordando que “la parroquia es el lugar donde aprendemos a caminar juntos, discernir la voluntad de Dios y unir la fe con la vida”; que “el discernimiento nos ayuda a escuchar esa llamada y a responder con fidelidad a lo que el Señor espera de nosotros” y que “nadie sustituye la acción de Dios ni la libertad de la persona, pero todos necesitamos hermanos que nos ayuden a discernir, perseverar y crecer en la fe”.

Después de un descanso, los participantes se distribuyeron en los talleres que se habían preparado para niños, jóvenes y adultos, talleres centrados en el Acompañamiento desde distintas perspectivas y ambientes.

La jornada concluyó con la tradicional Cena de productos típicos.

El 25 de julio, fiesta de Santiago apóstol, el Encuentro comenzó con la celebración de la Eucaristía en parroquias cercanas a los lugares en los que se hospedaban los participantes. El Acompañamiento y el compromiso social centraron la mañana.

A las 10:30 comenzó el trabajo por sectores (niños, jóvenes y adultos) en la Facultad. Al tiempo que los más pequeños realizaban diversas actividades con las que profundizar en el acompañamiento, los adultos compartían el testimonio de diversos miembros de la ACG sobre la importancia de los equipos de vida, los itinerarios de formación y las celebraciones. “La formación no es llenar el tiempo de conocimientos, sino dejar que Cristo nos transforme con su Palabra, de ahí la importancia de los itinerarios formativos que propone ACG, que son un recorrido para toda la vida. La comunidad es el lugar en el que la fe madura y se fortalece”.

Perseverancia, presencia, implicación social, capacidad de adaptación y generosidad son los rasgos que se destacaron en un posible perfil del laico de parroquia.

En la segunda parte de la mañana tuvo lugar una nueva tanda de talleres, mientras los jóvenes de mayor edad compartieron un tiempo de diálogo con el obispo de Málaga, D. José Antonio Satué, a quien pudieron preguntarle sobre sus inquietudes. El Obispo les animó a plantearse el acompañamiento, a valorar lo mucho que tienen que aportar a la sociedad y a descubrirse amados por Dios.

Tarde y noche de cultura, oración y música

En la tarde del sábado, los participantes en el Encuentro de Laicos dispusieron de tiempo libre, pudiendo disfrutar de las actividades culturales programadas por la organización.

A las 20:30 horas, todos estaban convocados en la Plaza del Santuario de la Victoria para compartir una Vigilia de oración y un concierto pensado para los jóvenes.

La Vigilia de oración, en la que participó la Comisión de Músicos Católicos de Málaga con los cantos, tuvo como hilo conductor la figura de María en el pasaje en el que visita a su prima Isabel. Tras la lectura, diversas peticiones realizadas por las distintas realidades del Encuentro, en nombre de todos los presentes, pidieron porque se hiciera de ellos y ellas “un acompañante en el camino de la fe”. Mons. Sergi Gordo, obispo de Tortosa, que presidió la celebración, invitó a esta “familia de familias de la ACG” a adorar al Señor “aquí y ahora, y en las personas más necesitadas”.

Silencio y cantos se turnaron durante la Adoración al Santísimo que concluyó con la bendición y envío a la misión. La jornada concluyó con una barra solidaria organizada por la Cofradía del Amor mientras el grupo malagueño “Vancouver” interpretaba temas clásicos de los 80 y 90. El broche final, corrió a cargo del DJ Grilex, una sorpresa que cautivó a los más jóvenes.

Clausura y Misa de envío del Encuentro

La Catedral malagueña acogió, en la mañana del domingo, la celebración del acto de clausura y de la Misa de envío.

En el acto de clausura, cuatro escenas recordaron cuatro aspectos en los que profundizó el Encuentro que concluía en Málaga en esos momentos, escenas tomadas de la cultura malagueña. Biznagueros que nos cuestionaron sobre si somos nosotros bizangueros en nuestra tierra y la necesidad de ofrecer el buen aroma de Cristo. La jábega que nos invitaba a remar juntos. Echar las redes, organizarnos, recoger… al igual que la pastoral del acompañamiento, que integrada en la vida ordinaria de la comunidad cristiana, nos llama a centrarnos en procesos. Finalmente, los cenacheros que nos recuerdan que hemos de anunciar a voces el Pan vivo, la Buena Nueva capaz de alimentar, liberar y sanar.

El mensaje fue claro: «Cristo necesita tus manos», y es que la Iglesia queda incompleta cuando los laicos permanecen como espectadores y no se remangan para participar en la misión. El acompañamiento, además, no puede reducirse a una actividad ocasional, sino que ha de integrarse en la vida ordinaria de las parroquias.

Tras el acto de clausura, tuvo lugar la celebración de la Misa de envío, presidida por el Obispo de Málaga, D. José Antonio Satué, y concelebrada por cinco obispos.

En su homilía, Mons. Satué destacó cuatro actitudes importantes ante la misión de “acompañar las esperanzas de la gente con la gran esperanza que nos ofrece Jesucristo: la certeza de que nunca estamos solos, de que su amor incondicional nos salva y de que su Espíritu hace posible que vivamos como hijos e hijas del Padre, como hermanos y hermanas de la gran familia humana”. Esas cuatro actitudes fueron las de buscar, discernir, apostar y confiar.

«El encuentro no acaba aquí, seguimos caminando juntos»

Con esta cita, la Acción Católica General quiso fortalecer una Iglesia en salida, capaz de caminar junto a otros y ofrecer esperanza desde la vida en comunidad. Después de tres días, los participantes lo tenían claro: «el encuentro no acaba aquí, seguimos caminando juntos, compartiendo caminos, acompañando esperanzas», y es que ACG no propone vivir la fe al margen de la realidad, sino que nos invita a llevarla a la familia, al trabajo, a los centros educativos, a la política, a las asociaciones, a los barrios y a todos aquellos lugares en los que se construye la sociedad.

ACG ofrece un camino para niños, jóvenes y adultos que no quieren limitarse a recibir actividades o acudir ocasionalmente a la iglesia, sino que es una propuesta para quienes desean conocer mejor a Jesús, encontrar una comunidad con la que caminar y comprometerse en la transformación de su entorno.

La participación de nuestra diócesis fue notoria, desempañando diversas labores de voluntariado cuando se nos requería desde la organización. Para nosotros fue una gran alegría ver como los pastores de la Iglesia acompañaban a los miembros de su comunidad allí presentes, tanto párrocos como obispos, al tiempo que supuso no solo alegría, sino también esperanza, el encontrarnos con hermanos nuestros que, estando alejados de la Iglesia, ahora eran miembros activos de sus comunidades, tras pasar por esa experiencia de Primer Anuncio llamada “cuatro40” que promueve la ACG. Laicos y laicas que se encontraron con Jesús y su vida se transformó.

No podemos finalizar sin felicitar desde ACG Jaén, a la nueva Comisión Permanente presentada durante la Asamblea y el Encuentro, pues este año coincide con un cambio importante dentro de la misma. Desde ahora oramos para que el Espíritu guie su camino en la generosidad que han mostrado al ponerse al servicio del Señor y de su Iglesia.

Comisión Diocesana ACG Jaén

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