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📖 Reseña literaria: ‘Orar en Semana Santa’ de Cristina González Alba

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📖 Reseña literaria: ‘Orar en Semana Santa’ de Cristina González Alba

Después de estos días de cuaresma entramos en la Semana Santa como entra un navío en el puerto tras un largo viaje. Es hora de descansar en puerto seguro, y el nuestro es Jesús crucificado. La Semana Santa, en particular el Triduo Pascual, es la fiesta central de los cristianos, y en cierto modo, aunque muchos no lo saben, de todos los hombres de todos los tiempos. Jesucristo es el centro y el señor de la historia. Pero para que su semilla dé fruto antes tiene que caer en tierra y morir. La muerte de Jesús da sentido a la nuestra y su resurrección es nuestra primicia de salvación.

La idea de este libro es meditar al pie de la Cruz las Siete Palabras, esas palabras maravillosas, rebosantes de esperanza y eternidad, que dijo Jesús antes de morir; entrando en la Semana Santa con un espíritu abierto, dispuestos a contemplar y a escuchar a Jesús en la Cruz, junto a María, anuncio, presencia y señal de que lo que es imposible para el hombre es posible para Dios.

Fuente: Editorial Desclée de Brouwer.

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Celebraciones litúrgicas de Semana Santa en la Diócesis

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Consulta los horarios de las celebraciones de la Semana Santa 2024 en las distintas parroquias de la Diócesis

A través del siguiente documento se pueden consultar los horarios de las celebraciones litúrgicas en las parroquias de la Diócesis durante la Semana Santa. Los Oficios de la Cena del Señor, los Oficios de la Muerte del Señor y la Vigilia Pascual se celebrarán en todas las parroquias de la Diócesis.

Misas de Semana Santa 2024

 

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El Obispo de Jaén anima a vivir la Semana Santacon profundo sentido espiritual

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Monseñor Chico Martínez, Obispo de Jaén, ha querido desear a los jiennenses, y al pueblo fiel, en particular, una feliz Semana Santa en la que junto a las manifestaciones públicas de fe haya un acercamiento sacramental al misterio de la redención.

Lo ha hecho a través de un vídeo que ha sido publicado este mismo Viernes de Dolores. En el mismo, el Prelado jiennense, recuerda que la Semana Santa, “nos invita a revivir los últimos días de la vida de Jesús en la tierra: desde su entrada triunfal en Jerusalén hasta su sacrificio en la cruz y su gloriosa resurrección. Es un período de intensa meditación sobre el significado del sufrimiento, la redención y la esperanza que emana de la victoria sobre el pecado y la muerte”.

En este sentido, Don Sebastián ha animado a los fieles a “examinar nuestras propias vidas y a renovar nuestro compromiso con los valores del Evangelio. Que esta Semana Santa sea una oportunidad para reconciliarnos con Dios y con nuestros hermanos y hermanas, para perdonar y ser perdonados, para amar y servir a los demás con humildad y generosidad”.

En el mensaje, el obispo diocesano ha insistido la importancia de participar en la liturgia de este tiempo, “Sean cuales sean los planes de estos días, los cristianos debemos subrayar, con nuestra actitud y participación activa en los cultos, que nos sentimos comprometidos con su plan de salvación”.

De igual manera, se ha dirigido a los cofrades, animándoles a ser, a través de las manifestaciones públicas de fe, evangelizadores de las sociedad: “a aquellos que sois artífices de que las manifestaciones públicas de fe luzcan con esplendor por nuestros pueblos y ciudades. Sentíos cauce, río, puente, en definitiva, instrumento para que las imágenes sagradas que portáis sobre vuestros hombros, la puesta en escena del misterio que procesionáis, sean una llamada en el corazón de tantas personas alejadas de la fe, o que aún no han podido descubrir el amor infinito de Dios en la persona de Jesucristo”.

También, ha querido tener presentes a los que sufren y ha finalizado con la mirada puesta en la resurrección que da sentido a la fe cristiana. “Que el Espíritu Santo nos guíe en este camino de conversión y renovación, y que la luz de la resurrección ilumine nuestros corazones y nuestras vidas. Que esta Semana Santa sea para todos nosotros un tiempo de gracia y bendición, y que salgamos de ella fortalecidos en nuestra fe y comprometidos con el servicio al Reino de Dios”.

Don Sebastián compaginará estos días las celebraciones litúrgicas con la oración personal y la asistencia a algunas procesiones, no solo en la capital sino en otros puntos de la geografía del Santo Reino.

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Gran acogida del primer taller de la Pastoral del Mayor

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La Parroquia de San José (Cádiz) ha acogido durante estos días el taller La riqueza de los años, impartido por el Secretariado Diocesano de Personas Mayores.

Ayer, 21 de marzo, los asistentes al taller concluyeron esta primera experiencia, a partir de círculos parroquiales que, junto al equipo del secretariado, han profundizado en la vivencia espiritual de la madurez y la vejez.

En un ambiente de comunión y participación, el círculo ha trabajado a lo largo de tres sesiones los diferentes módulos que conforman el taller, con temas que abordan la primera línea pastoral del Plan del Adulto Mayor: tomar conciencia del don de Dios que representa una larga vida, con su experiencia del límite incluida, su tensión creativa y su propio sentido dentro de la unidad de la vida.

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Palabra de Vida de la 4º semana de marzo

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La Pasión del Señor es escuela de amor. Al comenzar la Semana Santa, la Iglesia presenta a través de la Liturgia una petición en favor de sus hijos: que las enseñanzas de la pasión nos sirvan de testimonio. Las enseñanzas de la pasión son testimonio porque mueven a imitación y graban en la memoria lecciones de vida eterna. A la Pasión se entra para aprender; en ella se permanece para crecer; desde ella se vive para amar.

Se abría el tiempo de cuaresma el miércoles de ceniza con la palabra vigorosa de Cristo que nos llama a la conversión: conviértete y cree en el evangelio. En el itinerario cuaresmal hemos aprendido, acompañando a Cristo, que no hay llamada a la conversión sin acogida misericordiosa. Jesús acoge a todos, todos, todos, y llama a todos, todos, todos a la conversión. Acoge unas veces pidiendo agua, como a la mujer samaritana junto al pozo de Siquén, a quien recordó con palabras de vida eterna, que no es lo mismo juntarse que casarse (cf Jn 4, 16-18). Acoge otras veces inclinándose para ponerse a la altura del pecador, como hizo junto a la mujer sorprendida en público adulterio, para liberarla de quienes la condenaban a muerte y ofrecerle el camino del amor verdadero diciéndole: Tampoco yo te condeno. Anda y, en adelante, no peques más (Jn 8, 11). Acoge en otras ocasiones dialogando y desenmascarando a quienes le ponen a prueba, recordando la verdad del ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, en la diferencia y complementariedad del varón y la mujer, y el carácter indisoluble de su unión esponsal: por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne (Gén 2, 24). De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre (Mt 19, 4-6). Acoge a los niños, recordando que de los que son como ellos es el reino de los cielos (Mt 19, 14). Acoge al joven rico a quien mira con cariño e invita a vender todos sus bienes para distribuirlos a los pobres y luego seguirle (cf. Lc 18, 18-22). Acoge a los publicanos y pecadores con quienes comparte la mesa recordando que no necesitan ser curados los sanos, sino los enfermos, pues, no he venido a llamar a justos, sino a pecadores (Mc 2, 17).

El camino de la cuaresma es escuela de acogida y llamada a la conversión. Aplaudamos sin temor la palabra audaz del Papa que nos llama a acoger a todos, todos, todos, y ayudemos a que la palabra de Cristo que llama a la conversión llegue igualmente a todos, todos, todos. Sin la acogida misericordiosa, la llamada a la conversión se pierde y se trunca la posibilidad de experimentar la fuerza del amor de Cristo, capaz de curar los corazones heridos y poner verdad liberadora en nuestro amor. Por eso, el itinerario cuaresmal desemboca en los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección, escuela del amor más grande.

En la escuela del seguimiento y de la Pasión de Cristo experimentamos el gozo indecible del perdón si no echamos en saco roto su llamada a la conversión, nos dejamos curar por la misericordia divina, abandonamos el pecado y conformamos nuestra vida a la de Cristo. Así sucedió a la samaritana, a la mujer adúltera y a tantos que, viviendo en pecado, fueron acogidos con misericordia, se dejaron perdonar por Cristo, abandonaron el pecado y entraron en su seguimiento. Pero las páginas evangélicas nos desvelan también el drama de quienes, acogidos con misericordia, no se dejaron curar por el Señor y se perdieron, como el joven rico, el apóstol traidor, los fariseos hipócritas o los gobernantes frívolos. La Pasión de Cristo desvela la grandeza y miseria de la condición humana, y pone ante nosotros la decisión que determina la suerte última de la existencia. Así lo recordará el mismo Cristo tras la resurrección al confiar a su Iglesia la misión evangelizadora: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado(Mc 16, 15-16).

El relato de la pasión de san Marcos comienza con la traición de Judas y añade algunos detalles singulares, como la confesión del centurión, cuando Cristo muere. La entrega de Cristo consumada en el Calvario comienza en la última Cena, convertida así en el aula donde el Maestro imparte lecciones de vida: entre los discípulos, el primero es el servidor; Simón caerá, pero, levantado, dará firmeza a sus hermanos; en adelante, Jesús estará con los suyos de otra manera. Tras la promesa de la Cena llega el cumplimiento de la crucifixión. La palabra eficaz del Maestro se verifica en la contradicción: el que enseña, cerrará la boca; el que trae la alegría soportará la angustia; el que siembra confianza recibe traición; el Hijo recibe el desprecio del esclavo; el justo Juez es ajusticiado; el Rey veraz y soberano comparece vituperado y encadenado; el atormentado regala consuelo a su paso; el Autor eterno de la vida, muere a los ojos del mundo derrotado. En la hora del poder de las tinieblas, la sola voz del Hijo amado anuncia la victoria del amor más grande. Para los que le dan muerte, el Hijo pide al Padre el perdón; para los que desvelan su culpa ante el Inocente, el Hijo promete el Paraíso; para el corazón que carga con el pecado del mundo, el Hijo busca el regazo del único que otorga consuelo: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

Los autores de la antigüedad cristiana enseñaban que se adultera el evangelio cuando de él seleccionamos unas cosas omitiendo otras. El amor de Cristo, que cura las heridas del corazón, se recibe acogiendo su palabra plena no seleccionada. La llamada a la conversión requiere acogida misericordiosa y no hay acogida misericordiosa sin llamada misericordiosa a la conversión. Nos engañamos y engañamos a los demás cuando urgimos a la acogida misericordiosa y callamos la llamada de Cristo a la conversión. La misericordia divina se experimenta en la cordialidad de la acogida, en el poder transformador del perdón y en el gozo del corazón curado.

En la escuela de la Pasión del Señor aprende quien acoge las palabras del Hijo Maestro; progresa quien camina detrás del que va primero; aprovecha quien reconoce en las heridas sus propias culpas; crece quien, como niño, se hace pequeño. Lección de amor, corazón requiere. La escucha, atención y disposición del discípulo son actitudes del corazón. En esta escuela el amor está velado: la belleza cubierta de oprobios; la ternura tapada por la crueldad; la verdad negada desde la mentira y la indiferencia; la vida herida por muerte ignominiosa. Para levantar el velo y descubrir el amor que todo lo puede necesario es devolver Amor a quien de forma extrema nos ha amado. Ante la Pasión de Jesucristo, un solo ruego: pedir amor, devolver amor; en todo y con Cristo, reaccionar amando.

 

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

En camino hacia la Pascua

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Hemos llegado a la celebración de la Semana Santa del año 2024, que comienza con el Domingo de Ramos; es un itinerario espiritual que estamos llamados a vivir con toda la profundidad, con toda la intensidad de nuestra fe. Lo iniciamos este domingo acompañando al Señor en su subida a Jerusalén; y le aclamaremos como aquella multitud que gritaba: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel! ¡Hosanna en el cielo!” La bendición de las palmas y la procesión nos recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén y aquella acogida entusiasmada que tuvo por parte de la gente buena y sencilla. Nosotros actualizamos aquel evento y también aclamamos y acompañamos al Señor con sentimientos de entusiasmo y de alegría.

Jesús es aclamado como Mesías al entrar en Jerusalén, pero llevará a cabo su mesianismo por el camino del servicio, de la entrega, de la inmolación de sí mismo en la cruz. Así lo hemos contemplado desde el inicio de la Cuaresma. En el domingo de Ramos se armonizan los sentimientos de alegría rememorando su entrada triunfal en Jerusalén con el dramatismo de la lectura de la Pasión. En cuanto a la alegría de las palmas, hago desde aquí un llamamiento a que mantengamos vivas nuestras tradiciones religiosas, y por eso animo a los niños y jóvenes, a las familias enteras, a vivir ese momento de aclamación, de alabanza y agradecimiento al Señor.

El Martes Santo, a las 11 h., celebraremos en la Catedral la Misa Crismal, en la que se bendicen el santo Crisma, el óleo de los catecúmenos y el óleo de los enfermos. Estos óleos se usarán para los sacramentos del Bautismo, la Confirmación, las Ordenaciones sacerdotal y episcopal, y la Unción de los enfermos. Durante la Misa Crismal tiene lugar también la renovación de las promesas sacerdotales; cada sacerdote renueva los compromisos que asumió el día de su Ordenación, para consagrarse totalmente a Cristo en el ejercicio del sagrado ministerio al servicio de los hermanos. Es muy importante que el pueblo fiel y los miembros de la vida consagrada acompañen a los sacerdotes en esta celebración.

El Jueves Santo nos introduciremos en el Cenáculo, donde el Señor celebra la Cena pascual con sus discípulos. Es el día en que se conmemora la institución de la Eucaristía y del sacerdocio ministerial; también recordaremos el mandamiento del amor fraterno y la actitud de servicio a los hermanos. Repetir el gesto de Jesús de lavar los pies a los discípulos es para nosotros una invitación que nos ha de llevar al compromiso de vivir la actitud y la práctica del servicio, que ha de ser un distintivo del cristiano.

Siguiendo el itinerario, llegamos al Viernes Santo, y nos situamos junto a la cruz de Jesús. Conmemoraremos la Pasión y la Muerte del Señor y adoraremos a Cristo crucificado. Contemplamos cómo Jesús acepta la voluntad del Padre y se entrega por la salvación de todos los hombres; meditamos y agradecemos que Dios mismo ha asumido el dolor humano en su Hijo, haciéndolo instrumento de salvación. Adoramos la cruz, porque es nuestra única esperanza y porque sabemos que la cruz de Cristo y nuestra cruz, no son la última palabra de Dios sobre el mundo, porque la última palabra es la Resurrección, la victoria sobre la muerte y el pecado.

El Sábado Santo es un día para la contemplación y la oración, esperando la noticia gozosa que Jesús vive para siempre y está con nosotros para darnos vida y esperanza. Lo vivimos en la celebración gozosa de la Vigilia Pascual y de la Pascua de Resurrección. Queridos diocesanos: que viváis la Semana Santa con intensidad, con devoción, con amor, de la mano de María Santísima, para recibir todo el fruto que el Señor os quiere conceder.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla        

“Amó más que padeció” (s. Juan de Ávila)

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Se cercan los días santos de la pasión, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo.
Todo está preparado, todo está a punto en el aspecto externo. Las sagradas imágenes
están en sus pasos a falta del exorno floral de última hora, las túnicas y los capuchones
están dispuestos, las bandas de música han dado los últimos toques de ensayo. Hasta los
palcos están montados en la carrera oficial para asistir al gran espectáculo de cada una
de las procesiones.
La ciudad entera se ha puesto en modo Semana Santa, y en la Catedral está todo
dispuesto para acoger con solemnidad cada una de las celebraciones litúrgicas y recibir
a cada una de las Hermandades que hacen el recorrido oficial y su estación de
penitencia en el Templo mayor de la diócesis.
Vayamos a lo interior del corazón. El Domingo de Ramos acompañamos a Jesús que
entra en Jerusalén montado en la borriquita. Viene el rey de la gloria, el señor de los
señores, y son los niños y los jóvenes quienes le aclaman con cantos, portando ramos y
palmas en sus manos: ¡Viva el Rey de Israel, hosanna! Jesús nos da una profunda
lección de humildad. No entra en la ciudad santa a lomos de grandes caballos para
conquistarla por la fuerza, sino a lomos de una borriquita para conquistarnos por el
amor. Y deja que lo aclamen, cuando tantas veces había mandado que callaran. Entra a
pecho descubierto y abiertamente, sabiendo lo que se le viene encima. Salgamos a su
encuentro abiertamente, portando los ramos de la victoria, confesando públicamente
nuestra fe en el que viene a salvarnos.
El martes santo celebramos la Misa Crismal. Todos los sacerdotes de la diócesis se
reúnen con el obispo para consagrar el santo crisma, que repartirá el Espíritu Santo para
ungir a toda la diócesis a lo largo del año en el bautismo, la confirmación, la ordenación
sacerdotal y la consagración de los altares y objetos sagrados. Los sacerdotes renuevan
sus promesas sacerdotales, anticipando aquí la institución del sacerdocio ministerial,
que el jueves santo celebraremos cuando es instituida la Eucaristía.
Y llegamos al Triduo pascual: Jueves santo, con la celebración anual de aquella
institución de la Eucaristía de la que vivimos todo el año, en celebraciones diarias y
dominicales, con el mandato del amor fraterno, representado en el lavatorio de los pies,
y con la adoración eucarística en el Monumento.
El Viernes santo, día de ayuno y abstinencia, celebramos la pasión y muerte del Señor,
levantando la Cruz, de la que cuelga la salvación del mundo: Cristo. Volvemos a
contemplar el amor más grande que se oculta en este corazón traspasado por nuestros
pecados, y del que brota abundante la misericordia y el perdón para todos. Sentimos la
vergüenza de haberle llevado entre todos al patíbulo, y sentimos un amor más grande
que todos los padecimientos sufridos. Queremos sufrir con Cristo sufriente, reparar
nuestros pecados y los del mundo entero, mirar con esperanza el futuro que ha quedado
abierto por este amor más grande.
Sábado Santo, día de silencio junto al sepulcro y de espera. María llena este día y
concentra toda la esperanza de la humanidad, porque la muerte no es la última parada.
Ella espera y nos ayuda esperar la resurrección de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que
es fuente de vida nueva para toda la humanidad.

Domingo de Resurrección, en el que celebramos la victoria sobre la muerte, sobre el
pecado y sobre Satanás. Cristo ha inaugurado una vida nueva, más allá de la muerte y
nos hace partícipes de su victoria, aleluya.
Entremos en la Semana Santa por dentro, sintonicemos nuestro corazón con el Corazón
de Cristo, dejemos que entre en nuestras vidas. Arrepentidos, hagamos una buena
confesión de nuestros pecados para alcanzar el perdón. Y vivamos la alegría de ser
cristianos, renovando la esperanza de llegar a la plenitud, a la santidad.
Feliz Pascua florida a todos.
Con mi afecto y bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

Domingo de Ramos, entrada a la Semana Santa

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Domingo de Ramos

Nos centramos hoy en la entrada de Jesús en Jerusalén montado en un borrico. Con este acto de humildad, nos muestra el camino de abajamiento, que le llevará hasta la muerte en la Cruz. Son dos los aspectos importantes que se resaltan hoy: el anuncio de su Pasión y la victoria sobre la muerte de Nuestro Señor.

Jesús es aclamado a la entrada de Jerusalén; la gente le seguía con admiración, creo que lo aclamaban de corazón, reconociendo su grandeza: «¡Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea!». Jesucristo entró en Jerusalén entre los gritos de alabanza de unos, la indiferencia e ignorancia de otros, y la confesión de fe de los creyentes… Me pregunto: ¿qué ha pasado para que estos que gritan sus alabanzas a los pocos días pidan que lo crucifiquen? ¿A qué se debe este cambio de opinión? La respuesta puede encontrarse en algo sencillo: que aquellos gritos estaban muy influenciados por sus sentimientos de admiración por las obras que hacía Jesús, por la fama que le acompañaba, pero eso es fugaz, ya que cuando vienen los problemas la gente se olvida. Y aquí viene la catequesis que quiere el Señor que aprendamos: Jesús les enseñará a hacer la voluntad del Padre, puesto que hacer la voluntad del Padre es su alimento. En la Sagrada Escritura podemos ver su conciencia clara y decidida a hacer la voluntad del Padre, recordad lo que dijo en otro momento de conflicto con los judíos: «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, entonces conoceréis que “Yo soy”, y no hago nada por mí mismo, sino que, según me enseñó el Padre, hablo. El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que es de su agrado» (Jn 8, 28-29).

Jesucristo es el fundamento de nuestra fe, ha sido la voz del Padre pronunciada para nosotros, para que creamos en él, para que le escuchemos y le sigamos. Su glorificación pasará por la Cruz. Creer hoy en Jesucristo, muerto y resucitado, es una experiencia personal y comunitaria, es dejarse seducir, como dijera Jeremías. Dios, a través de su Hijo, se ha empeñado en ofrecernos la salvación y quiere que abandonemos el mal.

Creer en Jesucristo hoy implica promover la vida; nos lleva a evangelizar, a anunciar el Evangelio; creer hoy en Jesucristo es aceptar que somos, por Cristo, el pueblo de la vida, que hemos sido redimidos por el autor de la vida. Le hemos costado caro a Dios, a precio de sangre, y en estos días veremos cómo Jesús pasa por el sufrimiento, con bofetadas e insultos y no abrirá la boca, porque está experimentado en dolores. El Varón de Dolores nos podrá consolar y confortar. Entró en el camino de la Cruz y escogió como suyos los sufrimientos, no solo físicos, sino morales que le acompañaron hasta la muerte, todo por amor a nosotros, para darnos la prueba decisiva de su amor, para reparar el pecado de los hombres.

Espero que esta sea una Semana Santa entrañable, una Semana Santa en la que Cristo sea el protagonista, que nuestra vida esté totalmente centrada en él y que no nos falte la alegría, porque un cristiano triste no es un cristiano. Que vivamos esta Semana Santa como nos pide la Iglesia: cercanos a los demás, llevando el Evangelio en la mano y viviéndolo en el corazón.

El sacerdote gomero D. José Torres Padilla, declarado Beato

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Luis Herrera Mesa, catedrático emérito

La Santa Sede publicó la semana pasada los Decretos de nuevos beatos y venerables de diferentes nacionalidades, entre los que se encuentra el sacerdote gomero D. José Torres Padilla, cuyas virtudes heroicas fueron reconocidas en mayo de 2022.

D. José Torres Padilla, que fue sacerdote diocesano y cofundador de las Hermanas de la Cruz, será beatificado tras la aprobación en 2018 del milagro que tuvo lugar en Sevilla, atribuido a la curación de una paciente en el Hospital Virgen Macarena. El postulador de la causa ha sido Salvador Aguilera, quien asegura que «es una emoción que siga habiendo sacerdotes santos hoy en día» y recalca la figura de José Torres como un ejemplo para todo el clero. «Del padre Padilla destaco su humildad, oración y pobreza». Y asegura que vivir en pobreza le hizo ser más libre y darse constantemente a los demás.

José nació en San Sebastián de La Gomera el 25 de agosto de 1811. Tras una grave enfermedad de su padre que impresionó mucho a su esposa, mueren los dos el mismo día. Tras esta doble orfandad, un familiar acoge a los cuatro niños y los trató como si fueran sus propios hijos.

Siguiendo su vocación, a los 16 años se trasladó a Tenerife para estudiar en la Universidad de La Laguna, donde cursó el primer año de Filosofía y estudió Lógica y Matemáticas, Latín y Humanidades. Al clausurarse esta universidad, en 1833 viajó a Sevilla para continuar sus estudios; al llegar a Cádiz los estragos del cólera le obligaron a seguir hasta Valencia, donde se matriculó en el segundo año de Filosofía. En 1834, al enterarse de que ya había pasado el rigor de la epidemia en Andalucía, volvió a Sevilla para finalizar sus estudios de Teología. Allí coincidió con otro canario de La Laguna, quien lo tomó bajo su protección: D. Cristóbal Bencomo, arzobispo y preceptor del rey Fernando VII. A los 25 años se ordenó sacerdote y celebró su primera misa.

En 2018 fue aprobado el milagro atribuido a la curación de una paciente en el Hospital Virgen Macarena

Fue catedrático de Teología en el Seminario de Sevilla, canónigo de la Catedral de Sevilla y asistió como teólogo al Concilio Vaticano I, por sugerencia del Papa Pío IX.

No se olvidó de su parroquia de la Asunción de San Sebastián de La Gomera, a la que donó en 1860 dos copias de Murillo que representan a la Santísima Virgen y San Agustín y a la Virgen con el Niño. En octubre de 1928 se le dio su nombre a una calle de Sevilla y en octubre de 2008 se bendijo una estatua de bronce en su honor, junto a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de San Sebastián de La Gomera.

El padre Padilla fue el confesor y director espiritual de sor Ángela de la Cruz, con quien fundó el Instituto de las Hermanas de la Cruz y que fue canonizada por san Juan Pablo II.

En mayo de 2012 la Asamblea de Obispos del Sur de España dio su aprobación para la apertura de su Causa de Canonización. Monseñor Juan José Asenjo, arzobispo de Sevilla, abrió el proceso de beatificación y canonización del Siervo de Dios José Torres Padilla el 5 de mayo de 2014.

Fue declarado por el Papa Francisco como Venerable, el 21 de mayo de 2022, al reconocer las virtudes heroicas del Siervo de Dios. Y en estos días con la promulgación del Decreto correspondiente ha sido declarado Beato, y se procederá a la beatificación, que tendrá lugar en la catedral de Sevilla. Su cuerpo reposa en la Casa Madre de las Hermanas de la Cruz en Sevilla con la devoción de las religiosas y el fervor del pueblo hispalense.

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Los Scouts Católicos de Jaén preparan su encuentro San Jorge

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Dentro del tiempo de preparación del encuentro en torno a San Jorge, su patrón; los Scouts de nuestra Diócesis ya nos encontramos trabajando duro para que el próximo mes de abril todo esté cuidado al detalle.

Es por ello, que en el marco de las múltiples reuniones de trabajo que se han fechado con distintas instituciones colaboradoras, el pasado 27 de febrero ha tenido la primera reunión con el Ayto. de Baeza, donde se celebrarán estas Jornadas.

Allí nos recibió su Alcalde, D. Pedro Javier Cabrera, con el cual tuvimos una reunión de presentación de nuestro Movimiento Scout y donde pudimos intercambiar una fructífera sesión de trabajo donde nos puso a disposición muy amablemente de los medios que el Ayto. pudiera prestarnos.

Dicho encuentro con motivo de San Jorge, tendrá lugar en esta ciudad en el fin de semana del 19 al 21 de abril en Baeza, la cual será culminada con la visita y celebración de la Eucaristía del Sr. Obispo de la Diócesis de Jaén, D. Sebastián Chico Martínez.

La elección de Baeza como sede del próximo encuentro no es casual, ya que cumple con un objetivo de crecimiento que tenemos dentro del Comité Ejecutivo de la Asociación con el fin de poder establecer nuevas comunidades en las que el Movimiento Scout pueda resultar atractivo y poder así crear un nuevo Grupo Scout.

Esta será la primera de muchas reuniones de trabajo que tendremos con distintos colectivos e instituciones para poder llevar a cabo este maravilloso encuentro.

Scouts Católicos de Jaén

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