Desde el Miércoles Santo hasta el Domingo de Resurrección, la comunidad del Seminario de Huelva se ha hecho presente en diferentes lugares de la diócesis para celebrar el Triduo Pascual. Las localidades de Bollullos Par del Condado, Aracena, Cortegana, Almonte y la capital, sitios habituales de pastoral de algunos de los seminaristas, han sido algunos de los lugares donde han estado presentes. Allí han celebrado los días del Triduo Sacro con las comunidades de fieles de las diversas parroquias.
En la misma línea, cuatro de los seminaristas, junto con el rector, D. Juan José Feria Toscano, estuvieron en Sanlúcar de Guadiana. En dicho pueblo del Andévalo, pudieron vivir unos días de convivencia, de compartir con los feligreses y participar de las celebraciones de estos días santos. No faltaron los momentos de oración, como la noche de vela ante el Santísimo en el monumento el Jueves Santo o el rezo del viacrucis tras la celebración de la Pasión del Señor el Viernes Santo. Igualmente, se ofreció a los fieles la oportunidad de recibir el sacramento de la penitencia.
Por su parte, el director espiritual, D. Juan J. Alamillos Romero, acudió a la aldea de El Repilado.
Con la presencia de los seminaristas en diferentes lugares de la diócesis durante la Semana Santa, el Seminario Diocesano quiere seguir apostando por la formación de los futuros sacerdotes diocesanos.
Comida y reunión en las Comendadoras de Santiago el 4 de abril, abierta a la participación de todo el mundo que lo desee.
Tras las primeras reuniones celebradas en Granada y Guadahortuna para unirse a la iniciativa de fieles y vecinos para recuperar la torre de la iglesia de este pueblo, se ha convocado un nuevo encuentro para continuar dando pasos hacia este fin.
Para ello, se ha convocado una comida y reunión con las personas interesadas para establecer un plan de trabajo que ponga en relación a las empresas que deseen participar en esta iniciativa que busca la conservación del patrimonio artístico religioso en Guadahortuna.
La comida se celebrará el 4 de abril en las Comendadoras de Santiago. Está abierta a la participación de todo el mundo y es necesaria la inscripción previa en el teléfono 629-42-88-42. También está dirigida a empresarios o personas vinculadas con las administraciones que deseen participar en esta iniciativa local.
El impulsor de esta iniciativa, Faustino Jiménez, ha explicado que en el grupo integrado por más de 200 personas hay mucho entusiasmo y “va por buen camino”.
La iglesia Santa María La Mayor de Guadahortuna data del siglo XVI y requiere de una necesaria intervención para su conservación. Una primera fase del proyecto se centra en la recuperación de la torre, constituida por tres cuerpos, cuya piedra está deteriorada y que “se intentó restaurar con morteros de distinta naturaleza, que está escupiendo ahora los materiales”, explicó Diego Garzón, arquitecto que trabaja en el proyecto.
La Librería Paulinas en Granada ha organizado sendas presentaciones de libros, publicados por la Editorial San Pablo. Por un lado, “Lidia”, escrito por Junkal Guevara, religiosa de Jesús María y Doctora de Teología y Catedrática de este Departamento en la Universidad Loyola Andalucía.
“Lidia”, que forma parte de la Colección “Mujeres bíblicas” de la Editorial San Pablo, es una mujer que aparece en el capítulo XVI del Libro de los Hechos de los Apóstoles. De ella se dice que se desplazó desde Filipo, tiene un negocio de tintorería y forma parte del grupo de mujeres judías que se reúnen en el río y se encuentran con San Pablo, siendo ella una “mujer temerosa de Dios”.
Su autora, Junkal Guevara, explica al Secretariado de Medios de Comunicación Social que la importancia de este personaje de la Biblia y su historia está en ser “la primera mujer evangelizada y evangelizadora de Europa. De alguna manera, es como la que visibiliza la ‘planta de la Iglesia’ en Europa”, señala. Guevara también la señala como una de las mujeres de la Biblia que destacan por su “liderazgo femenino”, con signos distintivos frente a los hombres hasta ese capítulo XVI de los Hechos de los Apóstoles donde aparece su historia. “Lidia da un paso adelante en la Iglesia doméstica de Filipos, encarnando un nuevo liderazgo femenino en las comunidades cristianas”.
La presentación en Granada tendrá lugar el miércoles día 3, a las 19:30 horas, en la Librería Paulinas (C/ Cárcel Baja, 14 – esquina C/ Elvira). La entrada es libre y hay aforo limitado.
“¿COSMOLOGÍA SIN DIOS?”
El segundo libro que se presenta en la Librería Paulinas es un volumen del sacerdote diocesano de Granada y doctorado en Astrofísica por la Universidad de la Laguna D. David Alcalde, con el título “¿Cosmología sin Dios?”. Este libro se presentará el día 8 de abril, a las 19:30 horas.
Según informa la editorial, “en un contexto cultural en que la ciencia moderna ha querido prescindir de la filosofía y la teología, David Alcalde vuelve sobre la cuestión de Dios y la creación, para afirmar que la ciencia ha querido constituirse en filosofía y teología alternativas”. En este libro “el autor no sólo critica las pretensiones excesivas de la ciencia. También afirma que muchos teólogos han querido dialogar con aquella sin criticar antes sus propios presupuestos filosóficos y teológicos”.
Como todas las parroquias, Cúllar celebró la Vigilia Pascual, el Sábado Santo por la noche, para con memorar la resurrección de Jesucristo y vivir la alegría de su triunfo sobre la muerte y su presencia viva. Es lo que se celebra en cada parroquia al finalizar la Semana Santa, como culmen del triduo pascual. Pero, en esta parroquia hay un añadido que hace singular la Vigilia Pascual y que se remonta a más de cuatro siglos: hay como una procesión del encuentro de Jesús resucitado con su Madre, en la que sale la custodia con Jesús Sacramentado, en lugar de una imagen de madera.
Esa procesión, que se conoce como de las tres caídas, porque la Virgen hace tres inclinaciones al encontrarse con Jesús, se realiza nada más terminar la Vigilia Pascual, casi a las dos de la madrugada. La procesión está organizada por la Hermandad de la Virgen del Carmen, que saca a su imagen en andas. Después sale la custodia, bajo palio, y en la plaza de la iglesia se encuentran, realizando esas tres inclinaciones o caídas de la Virgen al ver al Señor. Después, todos regresan a la iglesia.
Es una procesión del encuentro más, como las que hay en la mayoría de las parroquias, pero con la particularidad de que sale la custodia, en lugar de una imagen. Una procesión en la que la iglesia expresa la alegría de la resurrección del Señor, representada con ese encuentro entre Jesús y su Madre. Y una alegría, que la Iglesia vive todo el año, pero de manera particular en este tiempo de Pascua que acaba de comenzar y que se va a prolongar durante 50 días.
Viernes, 5 de abril
Conferencia “La Abadía del Sacro Monte: un legado artístico ejemplar”
Prof. Dr. José Policarpo Cruz Cabrera
Coordinador Académico del Grado en Historia del Arte, Departamento de Historia del Arte, Universidad de Granada
Lugar: Salón de actos de la Curia metropolitana, Plaza Alonso Cano, nº 1
Hora: 19’30 h.
Organiza: Abadía del Sacromonte
“La conferencia del profesor Cruz ofrece un recorrido por el rico legado histórico-artístico de la Abadía del Sacromonte de Granada, tomando como hilo conductor las disposiciones del fundador, el arzobispo don Pedro de Castro. Se analizan las obras de arte por él directamente donadas o encargadas, así como la huella de su legado espiritual en posteriores incorporaciones a su patrimonio”.
Tres internos del Centro Penitenciario de Botafuegos, en Algeciras, participaron en la estación de penitencia del Cristo de las Tres Caídas y Virgen de la Trinidad el Jueves Santo en Algeciras. Portaron la bandera trinitaria, signo de la liberación de cautivos. Participaron también los hermanos honoríficos, los funcionarios de prisiones de Botafuegos y del Centro de Inserción Social (CIS) Manuel Montesinos de Algeciras. Presidió la comitiva el director del C.P. de Botafuegos, Plácido Pérez.
Ha sido la única hermandad de Algeciras que ha realizado su estación de penitencia completa, a pesar de tener el recorrido más largo.
En el centro penitenciario tuvieron lugar los oficios. El Jueves Santo con una preciosa representación de la Última Cena y con el lavatorio de pies a diez internos y dos voluntarios. El Viernes Santo se realizó un Via Crucis en el que los internos emocionados cargaron la cruz de Jesús. Por último, la tarde el Sábado Santo tuvo lugar la Vigilia Pascual, celebrando la resurrección del Señor.
La Pastoral Penitenciaria diocesana sigue implicada en el anuncio de la buena noticia a los últimos de la sociedad y comprometida en su reinserción.
Programa emitido en COPE Granada y COPE Motril, el 31 de marzo de 2024.
En el Domingo de Resurrección el 31 de marzo, el informativo diocesano “Iglesia Noticia” entrevista a la autora del libro “Lidia”, Junkal Guevara. Un libro que, dentro de su Colección “Mujeres bíblicas”, publica la Editorial San Pablo.
Lee la Palabra de Dios que la liturgia nos ofrece hoy, 1 de abril.
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33
El día de Pentecostés, Pedro, poniéndose en pie junto con los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró: «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras. Israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros sabéis, a este, entregado conforme el plan que Dios tenía establecido y provisto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a el: “Veía siempre al Señor delante de mí, pues está a mi derecha para que no vacile. Por eso se me alegró el corazón, exultó mi lengua, y hasta mi carne descansará esperanzada. Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu Santo experimente corrupción. Me has enseñado senderos de vida, me saciarás de gozo con tu rostro”. Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo he derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».
Salmo de hoy
Salmo 15, 1b-2a y 5. 7-8. 9-10. 11 R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios». El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano. R/.
Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. R/.
Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me abandonarás en la región de los muertos ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.
Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 8-15
En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernados, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros». Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.
La S.A.I. Catedral ha acogido esta Semana Santa la celebración de los principales misterios de la salvación: la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Una semana que pasa del silencio y la sobriedad de los días de la pasión y muerte, a la explosión de la alegría por la Resurrección. Una semana en la que el cristiano celebra lo que es ser cristiano: el encuentro con Jesucristo y el haber experimentado el paso de la muerte a la vida, de la tristeza a la alegría.
Anoche culminaba el Triduo Pascual con la Vigilia donde se celebró la Resurrección. La celebración presidida por Mons. Rafael Zornoza, comenzó con el lucernario a las 23 horas, la Iglesia espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la Iniciación Cristiana bautizando en esta ocasión, a ocho catecúmenos adultos.
La bendición del fuego nuevo es un rito que se hace cada noche santa para dar luz a las tinieblas de esa noche. El cirio pascual es encendido con ese fuego y tras el acto, se encienden todas las velas repartidas a los fieles para dar luz al templo y comenzar así el canto del Pregón Pascual. Tras las siete lecturas del Evangelio, y la homilía del obispo diocesano, se celebró el bautismo de los catecúmenos.
Homilía de Mons. Rafael Zornoza en la Vigilia Pascual:
La Catedral ha acogido la celebración de la Vigilia Pascual en la Noche Santa de este 30 de marzo, presidida por el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra.
Numerosos fieles se han acercado al primer templo onubense para participar en esta celebración que se iniciaba con la liturgia de la luz, a las puertas de la Catedral, con la bendición del fuego y la bendición del cirio y encendido del fuego nuevo para simbolizar la nube luminosa del Éxodo y el Cuerpo Glorioso de Cristo.
La Luz de Cristo del Cirio Pascual, en la procesión de entrada, se abrió paso en la oscuridad del templo, disipando las tinieblas del corazón y el espíritu, y guiando al gran acontecimiento de la historia proclamado en el pregón pascual.
Posteriormente, fueron proclamadas las nueve lecturas que recorren la historia de la salvación, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo: la Creación, pasando por el sacrificio de Abrahán, el paso del Mar Rojo, la nueva Jerusalén, la salvación gratuita y universal, la fuente de la sabiduría, el corazón y el espíritu nuevos, el Bautismo como sacramento pascual donde se nos comunica la salvación obrada por Dios en Cristo y el Evangelio con el relato pascual, precedido del canto solemne del aleluya, por primera vez desde el inicio de la Cuaresma, que resonó con una especial belleza en las voces del Coro de la Catedral.
El Pastor de la diócesis empezó su homilía destacando la Resurrección de Cristo. “Las “piadosas mujeres”, que no habían abandonado a Jesús en su Pasión, movidas por el amor, acuden al sepulcro a prestar el último servicio a su Maestro muerto, “compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús”. No muestran ninguna esperanza, sólo recuerdo y gratitud hacia el que ya no está. Y se encuentran con la sorpresa del sepulcro abierto y vacío, y el ángel les anuncia que Jesús el Nazareno, no un espíritu puro, sino el mismo a quien habían seguido y servido, vive, va delante de ellos a Galilea y allí lo verán”, señaló.
Enfatizó monseñor Gómez Sierra en la “práctica de la Resurrección” pues afirmó que no basta con “creer” sólo en la resurrección del Señor con una “fe teórica y nominal, sino de vivirla en la práctica y de hacer una profunda experiencia de ella en nuestra vida de todos los días: en nuestra manera de celebrar los sacramentos, particularmente, la Eucaristía, en nuestra forma de rezar, en la caridad, en nuestro trato con las demás personas.”
Este tercer momento se iniciaba con las letanías de los santos, que daba paso a la bendición del agua, un bellísimo resumen de la teología bautismal, y la renovación de las promesas bautismales, centro de nuestra vida cristiana. Finalmente, la celebración culminó con la liturgia Eucarística, elemento central de esta Vigilia y máxima expresión del Misterio Pascual, pues en ella se renueva la Muerte y Resurrección de Jesucristo.
Homilía de Monseñor Santiago Gómez Sierra en la Vigilia Pascual
¡Ha resucitado! En esta noche santa toda la celebración de esta solemne vigilia habla de la Resurrección de Cristo: las lecturas, las oraciones, la luz en medio de la oscuridad de la noche, el canto, las flores, hasta el mismo sonido festivo de las campanas. ¡Ha resucitado! No está en el sepulcro donde lo pusieron. Dejemos que el anuncio del ángel impregne todo nuestro ser e ilumine nuestra existencia.
A las mujeres que acudieron al sepulcro, la mañana de Pascua, el ángel les dijo: «No temáis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. ¡Ha resucitado!». Sí, verdaderamente ha resucitado Jesús. No se trata de una invención o de una sugestión, es un hecho real, acontecido. En el momento de la muerte de Jesús los discípulos se dispersaron, su caso se da por cerrado, ya no lo esperan.
Las “piadosas mujeres”, que no habían abandonado a Jesús en su Pasión, movidas por el amor, acuden al sepulcro a prestar el último servicio a su Maestro muerto, “compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús”. No muestran ninguna esperanza, sólo recuerdo y gratitud hacia el que ya no está. Y se encuentran con la sorpresa del sepulcro abierto y vacío, y el ángel les anuncia que Jesús el Nazareno, no un espíritu puro, sino el mismo a quien habían seguido y servido, vive, va delante de ellos a Galilea y allí lo verán.
El modo más seguro de que la resurrección del Señor fuera poco creíble para sus contemporáneos era poner a unas mujeres como testigos del acontecimiento, teniendo en cuenta que el testimonio de una mujer no era válido en un juicio. Los mismos Apóstoles, al inicio, tomaron las palabras de las mujeres como “un desatino” y no las creyeron (cf. Lc 24, 11). Sin embargo, el evangelista no lo puede decir de otra manera, porque así ocurrió. Las mujeres, que habían sido las últimas en abandonarlo muerto, e incluso después de la muerte acudían a llevar aromas a su sepulcro (cf. Mc 16, 1), fueron las primeras en recibir la noticia de la Resurrección.
La resurrección de Jesucristo es la piedra fundamental sobre la que se asienta todo el edificio de nuestra fe cristiana y de la Iglesia. El que no acepta la resurrección no puede llamarse cristiano.
Sin embargo, no basta con “creer” sólo en la resurrección del Señor con una fe teórica y nominal, sino de vivirla en la práctica y de hacer una profunda experiencia de ella en nuestra vida de todos los días: en nuestra manera de celebrar los sacramentos, particularmente, la Eucaristía, en nuestra forma de rezar, en la caridad, en nuestro trato con las demás personas.
Nuestros hermanos ortodoxos son ejemplares en su modo de expresar su vivencia espiritual de la resurrección de Cristo. El carisma propio de la Iglesia ortodoxa es el sentimiento fuertísimo que tiene de la resurrección. El puesto central que ocupa el Crucifijo en las iglesias católicas, lo ocupa en las iglesias ortodoxas la imagen del Cristo Resucitado, el llamado Pantocrátor, el Señor Todopoderoso. Ellos tienen esta costumbre durante el tiempo pascual, cuando alguien encuentra a otro amigo por la calle, lo saluda diciendo: “¡Cristo ha resucitado!”, y el otro responde: “¡En verdad ha resucitado!”
No se trata sólo de creer que Cristo resucitó de entre los muertos, sino que tenemos que conocer y experimentar el poder de la resurrección del Señor en nuestra vida. San Pablo nos ha explicado nuestra implicación en la muerte y resurrección de Cristo desde el rito bautismal, entendiendo la inmersión en la muerte del Señor como muerte al pecado, y la incorporación a la resurrección como un nuevo nacimiento a la vida nueva de hijos de Dios.
En el Evangelio, las mujeres son enviadas: “Id a decir a sus discípulos y a Pedro”. Esta misión las constituía primeras testigos de la resurrección, «maestras de los maestros», como las llama San Gregorio de Antioquía (Cf. Homilía sobre las mujeres miróforas).Hermanos, continuemos llevando a todos -hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos- el gozoso anuncio: Jesús vive. Ha resucitado. Os precede en Galilea, o sea, dondequiera que vayáis. No tengáis miedo. Cristo, vencedor de la muerte para siempre, nos has traído la paz, la alegría, el gozo, la vida eterna. Éste es el mensaje del Evangelio de esta noche y de siempre: ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!
Domingo de Pascua
Por otro lado, Mons. Gómez Sierra ha presidido esta mañana de domingo, 31 de marzo, la solemne Misa Estacional del Domingo de Pascua en la Santa Iglesia Catedral. En su homilía refutó el sentido propio de la Resurrección. “Sí, verdaderamente ha resucitado Jesús. No se trata de una invención o de una sugestión, es un hecho real, acontecido. Después de la muerte de Jesús sus discípulos se dispersaron, su caso se da por cerrado; los apóstoles, después de los sucesos del Viernes Santo, ya no esperaban nada.”
El obispo Santiago Gómez Sierra quiso explicar las palabras del apóstol San Pablo sobre la propia Resurrección y celebrar la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad. “El Apóstol se refiere a una antigua costumbre judía, según la cual en la Pascua había que limpiar la casa hasta de las migajas de pan fermentado. Eso formaba parte del recuerdo de lo que había pasado con los antepasados en el momento de su huída de Egipto: teniendo que salir a toda prisa del país, llevaron consigo solamente panes sin levadura. Pero, al mismo tiempo, “los ázimos” eran un símbolo de purificación: eliminar lo viejo para dejar espacio a lo nuevo.”
La celebración ha concluido con la Bendición Papal impartida por el Obispo. Se trata de un privilegio concedido por el Santo Padre y que cumplidos los requisitos acostumbrados lucra la indulgencia plenaria al que la recibe.
Homilía íntegra del obispo de Huelva, monseñor Santiago Gómez Sierra, en la celebración del Domingo de Pascua
“Lucharon vida y muerte/ en singular batalla, / y, muerto el que es la Vida,/ triunfante se levanta” Así proclama la Resurrección del Señor la Secuencia de esta mañana de Pascua. Y en un diálogo hermoso con María Magdalena, también nosotros les preguntamos: “¿Qué has visto de camino,/ María, en la mañana?” Y su respuesta llena de gozo entonces, ahora y siempre, es: “A mi Señor glorioso,/ la tumba abandonada,/ los ángeles testigos, sudarios y mortaja./ ¡Resucitó de veras/ mi amor y mi esperanza!/ Venid a Galilea,/ allí el Señor aguarda; allí veréis los suyos/ la gloria de la Pascua./.
¡Ha resucitado!». Sí, verdaderamente ha resucitado Jesús. No se trata de una invención o de una sugestión, es un hecho real, acontecido. Después de la muerte de Jesús sus discípulos se dispersaron, su caso se da por cerrado; los apóstoles, después de los sucesos del Viernes Santo, ya no esperaban nada. Y he aquí que, de improviso, escuchamos a estos mismos hombres, a Pedro, que lo negó tres veces, diciendo que “resucitó al tercer día” y “dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos”. Este testimonio que Jesús está vivo, lo realizan unánimes los Once, sin ninguna ventaja personal, sino afrontando, por este testimonio, procesos, persecuciones y finalmente, uno tras otro, el martirio y la muerte.
Lo único que puede explicar un cambio tan radical es la certeza de que Jesús de Nazaret, su Maestro y Señor, verdaderamente ha resucitado. No pueden estar engañados, porque han hablado y comido con El después de su resurrección; y además eran hombres prácticos, ajenos a exaltarse fácilmente. Ellos mismos dudan de primeras noticias y oponen no poca resistencia a creer. Ni siquiera pueden haber engañado a los demás, porque si Jesús no hubiera resucitado, los primeros en salir perdiendo ¡la propia vida! eran precisamente ellos. Estaban atónitos, pasmados, y Jesús resucitado va abriendo su entendimiento para que puedan comprender las Escrituras, todo lo que él había anunciado.
Para los primeros discípulos, como para nosotros, hoy, Cristo ha resucitado ¡está vivo! Vivo, no porque nosotros le mantengamos con vida hablando de Él, sino porque Él nos ofrece su vida, nos comunica el sentido de su presencia, nos hace esperar en la vida eterna.
La resurrección de Jesucristo es la piedra fundamental sobre la que se asienta todo el edificio de nuestra fe cristiana y de la Iglesia. Si la Iglesia olvida la fe en la resurrección, todo se apaga, como cuando en una casa se va la luz. “La fe de los cristianos es la resurrección de Cristo”, decía sanAgustín. Y no se es cristiano si no se cree esto. Resucitándole de la muerte, es como Dios ha confirmado la persona y la obra de Jesús, le ha imprimido su sello. Dios ha dado a todos una garantía sobre Jesús, al resucitarlo de entre los muertos (Cf. Hch.17,31).
Pero, ¿qué significa celebrar la Resurrección? En la segunda lectura hemos escuchado estas palabras de san Pablo: “Así, pues, celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad”.
El Apóstol se refiere a una antigua costumbre judía, según la cual en la Pascua había que limpiar la casa hasta de las migajas de pan fermentado. Eso formaba parte del recuerdo de lo que había pasado con los antepasados en el momento de su huída de Egipto: teniendo que salir a toda prisa del país, llevaron consigo solamente panes sin levadura. Pero, al mismo tiempo, “los ázimos” eran un símbolo de purificación: eliminar lo viejo para dejar espacio a lo nuevo. Ahora, como explica san Pablo, también esta antigua tradición adquiere un nuevo sentido, precisamente a partir del nuevo «éxodo» que es el paso de Jesús de la muerte a la vida eterna, también nosotros, sus discípulos —gracias a Él y por medio de Él— podemos y debemos ser “masa nueva”, “ázimos”, liberados de todo residuo del viejo fermento del pecado: ya no más malicia y perversidad en nuestro corazón.
“Así, pues, celebremos la Pascua… con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad”.
Queridos hermanos y hermanas, acojamos la invitación del Apóstol; abramos el corazón a Cristo muerto y resucitado para que nos renueve, para que nos limpie del pecado y de la muerte y nos infunda con la efusión de su Espíritu Santo la vida divina y eterna.
¡Jesús ha resucitado! Propaguemos este anuncio con la boca, con el corazón y con la vida, con un estilo de vida fecundo de buenas obras. El Resucitado nos precede y nos acompaña en el camino de la vida. Él es nuestra esperanza. Amén.