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En torno a la festividad de San Joaquín y Santa Ana, la Iglesia celebra este domingo el Día de los Abuelos y Mayores

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«Yo no te olvidaré» (Is 49,15) es el tema elegido por el Santo Padre para la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, con el cual se pretende subrayar que el amor de Dios por cada persona nunca falla, ni siquiera en la fragilidad de la vejez.

Tomado del libro del profeta Isaías, el versículo elegido es un mensaje de consuelo y esperanza para todos los abuelos y personas mayores, especialmente para aquellos que viven en soledad o se sienten olvidados. Al mismo tiempo, es un llamamiento a las familias y a las comunidades eclesiales para que no los olviden, reconociendo en ellos una presencia valiosa y una bendición.

La Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, instituida por el papa Francisco en 2021, se celebra cada cuarto domingo de julio y pretende ser una ocasión para hacer llegar a las personas mayores la cercanía de la Iglesia y valorar su contribución en las familias y en las comunidades. Este año, la fecha coincide con la fiesta de San Joaquín y Santa Ana, el domingo 26 de julio, y el Santo Padre invita a celebrar la Jornada con una liturgia eucarística en la iglesia catedral de cada diócesis.

El Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida exhorta a las Iglesias particulares, a las asociaciones y a las comunidades eclesiales de todo el mundo a encontrar la manera de valorizar la Jornada en su propio contexto local y, para ello, pondrá a disposición algunos instrumentos pastorales específicos.

Un kit pastoral al servicio de las comunidades de todo el mundo

Con motivo de la difusión del Mensaje, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida pone a disposición un kit pastoral para apoyar a las diócesis, parroquias, congregaciones y asociaciones de todo el mundo en la celebración de esta Jornada. El material —que contiene el Mensaje del Santo Padre, la oración oficial, las orientaciones pastorales, un material litúrgico y el logotipo de la Jornada— ofrece instrumentos y sugerencias para poner en práctica el deseo expresado por el Papa en el Mensaje: «Que esta Jornada sea, por lo tanto, un estímulo para todos, en particular para los más jóvenes, y así retomar la bella costumbre de visitar a los propios abuelos, los mayores de la familia y también a aquellos que no reciben ninguna visita. Llévenles, junto con este mensaje y su presencia, la cercanía y el afecto del Papa. Háganlo de tal modo que las palabras del profeta “Yo nunca te olvidaré” adquieran la forma de un tierno y afectuoso encuentro».

Una celebración eucarística y la visita a los ancianos solitarios

Como es habitual, se propone que la celebración de la Jornada se articule en torno a dos gestos fundamentales: una liturgia eucarística dedicada a los ancianos y la visita a los más solitarios de la propia comunidad, a quienes entregar el Mensaje del Santo Padre junto con un gesto de cercanía. En esta sexta edición se subraya con especial énfasis la dimensión de la cercanía hacia quienes viven solos y quienes no reciben visitas: cuando se visite una institución, se recomienda acercarse también a los ancianos postrados en sus habitaciones, para que a nadie le falte el mensaje de consuelo que la Jornada quiere expresar.

La facultad de cambiar la fecha de la celebración

En el documento se da a conocer además la disposición del Santo Padre, ya comunicada a todas las conferencias episcopales: la fecha habitual de la celebración de la Jornada sigue siendo el cuarto domingo de julio, cerca de la memoria litúrgica de los santos Joaquín y Ana, abuelos de Jesús; sin embargo, si las necesidades pastorales específicas lo sugieren, las conferencias episcopales tienen la facultad de cambiar la celebración a una fecha diferente. En cada diócesis, se invita al obispo a celebrar la Jornada en la Iglesia catedral.

Farrell: en cada edad somos hijos, miembros vivos de la comunidad cristiana

El cardenal Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, invita a las personas mayores a celebrar la Jornada con la alegría de sentirse hijos amados por Dios y subraya que «redescubrirse como hijos a cualquier edad es un llamado para que todas las personas mayores profundicen en su vocación y se sientan —en cada etapa de la vida— miembros vivos de la comunidad cristiana y corresponsables de su misión».

Materiales para compartir con el fin de promover la Jornada en las Iglesias locales

El kit pastoral está disponible en el sitio web del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Todos los materiales se pueden descargar gratuitamente y son útiles para compartir y promover la Jornada de cara a la celebración en las parroquias y diócesis, a nivel local, nacional o internacional.

El Dicasterio invita además a las comunidades a dar a conocer las iniciativas organizadas para la ocasión escribiendo a la dirección anziani[at]laityfamilylife.va o compartiéndolas en las redes sociales con el hashtag #AbuelosyMayores.

MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV PARA ESTA JORNADA

Jornada Mundial de los Abuelos y Mayores 2026: «Gratitud colmada de gestos de ternura»

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El sol de julio entra, oblicuo y dorado, por los balcones entornados de la vieja casa. Las maderas crujen levemente. En la penumbra del cuarto reposa un libro con las hojas gastadas y un reloj de pared desgrana su tictac parsimonioso. Todo en la estancia respira quietud, permanencia, memoria. El tiempo, para la persona mayor, no corre veloz como el agua de los torrentes; se remansa, se vuelve contemplación, se torna sabiduría silenciosa. Vemos al abuelo sentado en su sillón de siempre, con las manos nudosas descansando sobre las rodillas. Esas manos han labrado la tierra, han acariciado cunas, han escrito cartas que el tiempo fue amarilleando. Miramos al anciano y comprendemos la hondura de las pequeñas cosas cotidianas. La vejez no es una ausencia de vida, sino una plenitud callada.

La VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores se celebra el próximo 26 de julio, coincidiendo con la festividad litúrgica de San Joaquín y Santa Ana. Esta conmemoración eclesial, consolidada en el calendario, nos invita a situar la vejez en el centro de nuestras comunidades y hogares. Fue el Papa Francisco quien, con mirada providencial, instituyó esta cita anual para recordarnos que la marginación de los mayores corrompe todas las estaciones de la existencia. Bergoglio insistió con fuerza en que los ancianos representan las raíces vivas de nuestra historia, ese hilo invisible que une el pasado con el porvenir. La Iglesia, bajo su guía, nos enseñó a no dejar solas a las personas mayores, a combatir la cultura del descarte con la calidez del encuentro familiar.

Hoy el testigo de esa dulce preocupación pastoral lo recoge con idéntica ternura León XIV. En el horizonte de la VI Jornada Mundial, el Santo Padre, el pasado 15 de junio, nos dirigió su mensaje para advertirnos sobre la dolorosa experiencia del olvido que atenaza a tantos ancianos. El Papa nos llama a descubrir la fuerza de la fragilidad, recordándonos que las limitaciones físicas no disminuyen la dignidad humana, sino que abren cauces para una misión espiritual altísima: la oración perseverante por la paz del mundo.

El magisterio de la debilidad se alza así frente al orgullo de una sociedad desbocada. Nos viene a la memoria el verso preclaro de José María Pemán, que supo cantar con hondura lírica e hidalguía los misterios de las cosas entrañables de nuestra patria. Decía el gran poeta con sutil sabiduría: «La juventud es un soplo; la vejez es una cumbre donde el alma reposa mirando al cielo con la paz de la tarde cumplida». ¡Qué exacta verdad encierran estas palabras si las miramos a la luz del atardecer! Los abuelos son esas cimas iluminadas por los últimos rayos del sol. No hay en ellos la prisa del sembrador, sino la sosegada paz del recolector que contempla el grano limpio. No se puede mirar a un anciano sin sentir el respeto sagrado que infunden los templos antiguos. No bastan, sin embargo, los discursos bellos ni las palabras solemnes escritas sobre el papel. La jornada del 26 de julio debe traducirse en la menudencia de la vida ordinaria, en la geografía íntima de nuestros barrios y escaleras. La verdadera piedad cristiana y humana se demuestra con pequeños detalles palpables.

Cuidar de nuestros mayores implica detener el paso apresurado del día para regalarles lo más valioso que poseemos: nuestro tiempo. Pongamos nombres concretos a las intenciones: una visita pausada, sentándose a la vera de la cama o del sofá, simplemente para escuchar una historia mil veces repetida. Una llamada telefónica a mitad de la tarde, rompiendo el espeso silencio de un piso solitario. El gesto de acompañar a la abuela al parque, sujetando su brazo tembloroso con paciencia infinita. Preparar la mesa compartiendo el pan cotidiano, trayendo la risa de los nietos al comedor del anciano. Estos actos mínimos, aparentemente insignificantes, son los que verdaderamente sostienen el edificio de la civilización. Cuando besamos la frente de un anciano, estamos rescatando nuestra propia humanidad.

Vuelve el silencio a la estancia. La luz de la tarde va declinando lentamente tras los cerros lejanos. El anciano cierra los ojos con placidez, mecido por el susurro de la brisa que a veces nos regala el estío. En su rostro arrugado se dibuja la paz de quien lo ha dado todo. No permitamos que esa paz se trueque en amargura por culpa de nuestra indiferencia. Celebremos esta VI Jornada Mundial acudiendo al encuentro de nuestros abuelos. Hagámoslo con la certeza de que, al cuidar de sus vidas frágiles, estamos custodiando el tesoro más limpio y noble de nuestra propia alma.

Mons. Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

‘Yo no te olvidaré’

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Celebramos el domingo 26 de julio la fiesta de los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús según la tradición cristiana. En esta fecha tiene lugar también la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, que el papa León XIV ha querido poner bajo una promesa de Dios llena de consuelo: «Yo no te olvidaré» (Is 49,15). Son palabras dirigidas a quienes experimentan el peso de los años, la enfermedad, la pérdida de autonomía o la soledad. Pero son también una llamada a las familias, a las comunidades cristianas y a toda la sociedad. Dios no olvida a ninguno de sus hijos. Tampoco nosotros podemos olvidar a quienes nos han precedido, nos han cuidado y han entregado su vida para que nosotros pudiéramos avanzar.

El profeta Isaías presenta a Dios con entrañas maternales. Aunque una madre llegara a olvidarse del hijo de sus entrañas, el Señor nunca se olvidaría de nosotros (cf. Is 49,15-16). Cada persona posee ante Dios una dignidad que nada puede borrar. El Santo Padre recuerda que estas palabras responden al dolor de quien llega a pensar: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado» (Is 49,14). Este sentimiento puede aparecer con especial intensidad durante la ancianidad, cuando disminuyen las fuerzas, se pierden seres queridos y parece que la sociedad continúa sin contar con quienes ya no pueden seguir su ritmo. Frente a esta tentación, Dios repite personalmente a cada uno: «Nunca te olvidaré».

Nuestro mundo se caracteriza por la rapidez, la productividad y la búsqueda del beneficio inmediato. Se valora a las personas por lo que producen o pueden aportar materialmente. Desde esta lógica, los mayores corren el peligro de ser considerados una carga. En ocasiones, su singularidad queda reducida al número de una habitación o a una patología. El Papa denuncia este anonimato que cubre las vidas con el velo del olvido. La dignidad de una persona no depende de su salud, de sus capacidades ni de su rendimiento. Procede de haber sido creada a imagen y semejanza de Dios, redimida por Cristo y llamada a la vida eterna. Una sociedad verdaderamente humana se reconoce por el modo en que cuida a sus miembros más frágiles.

Por eso, esta Jornada debe llevarnos a revisar nuestra conducta. No basta con manifestar afecto a los mayores una vez al año. Hemos de acompañarlos, escucharlos, visitarlos y permitirles ocupar el lugar que les corresponde en la familia y en la comunidad cristiana. Una visita puede parecer un gesto pequeño, pero es capaz de transformar una jornada y aliviar una soledad prolongada. En medio de una cultura digital que multiplica las conexiones, seguimos necesitando la presencia concreta, la mirada atenta y la palabra afectuosa. Los abuelos son memoria viva de la familia. Transmiten historias, valores, costumbres y experiencias que ayudan a las generaciones jóvenes a conocer sus raíces. Muchos han sido y son verdaderos catequistas en el hogar: han enseñado las primeras oraciones, han llevado a sus nietos a la iglesia y han mantenido encendida la fe durante tiempos difíciles.

Queridos mayores: la Iglesia os necesita. Necesita vuestra experiencia, vuestra paciencia y vuestra capacidad para distinguir lo esencial de lo secundario. Necesita especialmente vuestra oración. Cuando las fuerzas disminuyen, la misión cristiana no termina. Puede comenzar una fecundidad más silenciosa. La oración de una persona anciana sostiene a su familia y fortalece a la Iglesia. No tengáis miedo de la fragilidad. La ancianidad puede convertirse también en una etapa privilegiada para reencontrarse con Dios. Nunca es demasiado tarde para volver a la oración, recibir los sacramentos, reconciliarse con una persona o retomar una vida de fe. En esta Jornada deseo agradecer a las familias que cuidan con amor a sus mayores, con generosidad. Agradezco a los sacerdotes, religiosos, profesionales sanitarios, cuidadores, voluntarios y trabajadores de residencias que los atienden con delicadeza. Invito a nuestras parroquias a intensificar una pastoral de acompañamiento que no permita que ninguna persona mayor permanezca abandonada.

Encomendamos a todos los abuelos y mayores a los santos Joaquín y Ana. Que ellos protejan a nuestras familias y nos enseñen a tender puentes entre las generaciones. Pidamos a la Virgen María que acompañe a quienes viven la última etapa de su peregrinación terrena. Queridos mayores, gracias por vuestra vida, vuestro testimonio y vuestra oración. El Señor os renueve en la fe, en la esperanza y en la caridad. Él permanece a vuestro lado y hoy os dice con ternura: «Yo no te olvidaré».

† José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

“Hemos nacido para el cielo y nuestro bebé está en manos de Dios”

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Iñigo Prieto y su esposa esperan que su bebé sea trasplantado por una patología a la solo sobrevivieron 7 niños en el mundo

Iñigo y Diana tienen seis hijos. Justo antes de nacer el sexto, el día 30 de abril de 2025, su vida dio un giro de 180º al conocer que su esposa no tenía nada de líquido amniótico en la barriga y que su bebé corría peligro. Iñigo, que es profesor de Secundaria en Córdoba, se encontraba trabajando cuando recibió la llamada de Diana llorando porque, cuando ambos pensaban que todo iba normal y que el embarazo seguía su curso, los médicos le pidieron una nueva cita en medicina fetal para realizar unas pruebas y valorar qué ocurría. El diagnóstico no se hizo esperar: el bebé padecía agenesia renal bilateral, una malformación congénita grave caracterizada por la ausencia de ambos riñones al nacer. Se detecta habitualmente mediante ecografías de rutina durante el embarazo. Lamentablemente, la agenesia renal bilateral no es compatible con la vida extrauterina debido a la grave insuficiencia respiratoria derivada de la hipoplasia pulmonar y la falta de función renal. La mayoría de los fetos fallecen antes de nacer o pocas horas o días después del parto. En el caso de Iñigo, no ha sido así y once meses después, mantiene su lucha por vivir gracias al Hospital de la Paz de Madrid que se puso en contacto con la familia para “apostar por la vida”, como destaca el padre del bebé quien a su vez muestra un profundo agradecimiento a todos los profesionales que durante estos once meses se han volcado “valientemente” con su hijo.

“Cuando nos dijeron el problema que tenía nuestro hijo, nos pusimos a llorar y salimos un rato al pasillo para poder respirar un poco, pero seguidamente entramos para hablar con el médico que nos comentó que teníamos dos opciones, esperar a que el bebé falleciera en el vientre o después de nacer o abortar, algo que como cristianos no contemplamos en ningún momento”, confiesa Iñigo, quien también reconoce que el colapso que sufrieron duró unos días gracias a la fe y a la confianza plena en Dios que la familia tiene.

Justo cuando estaban analizando la situación, Iñigo encontró en internet el caso de una niña de Estados Unidos que estaba vive y que tenía ya siete años. Indagó en esto, se puso en contacto con la familia y con profesionales con los que, tras muchas reuniones, llegó un programa de amnioinfusiones. Se trata de pinchazos periódicos en el vientre de la madre para depositar suero con antibiótico en sustitución del líquido amniótico. Como en Córdoba no tenían esta alternativa, una amiga ginecóloga lo expuso en un grupo que tenía con otros colegas y fue un ginecólogo quien se ofreció a realizar el seguimiento de esta madre en el hospital de La Paz de Madrid. “Decidieron iniciar el procedimiento de amnioinfusiones y seguir adelante con el parto. Cuando Iñigo nació, lo llevaron a la UCI, lo intubaron directamente y le cogieron unas cánulas en el cuello para conectarlo a un hemofiltro, que saca y devuelve la sangre”, recuerda su padre. Al día siguiente vivieron el primer momento crítico. El recién nacido saturaba al 50% y las probabilidades de que falleciera eran muy altas, por lo que sin tiempo para esperar que llegara el capellán, decidieron bautizarlo en la propia UCI, en un momento que, según Iñigo, fue muy íntimo y de gran recogimiento. Su hijo sobrevivió, aunque aún quedaba camino por delante cargado de operaciones e intervenciones muy duras que todavía hoy permanecen, porque el bebe está 14 horas al día conectado a la máquina. Mientras tanto, sus padres han permanecido todo el año a caballo entre Córdoba y Madrid, cada semana estaba uno de los dos con el resto de niños para mantenerle su rutina y alterarles su vida lo menos posible ante la situación. Una situación que a pesar de la dureza, a ellos les ha servido para afianzar más aún su matrimonio y saber que la fe y el abrazo a la Cruz todo lo puede. “Hemos llorado juntos, nos hemos abrazado, nos hemos apoyado y esta situación nos ha unido mucho tanto como matrimonio como en la oración. Hemos vivido y estamos viviendo algo muy duro, pero hemos recibido una paz del Señor muy grande de la mano del Espíritu Santo, que nos ha hecho comprender que hemos nacido para el cielo y solo Dios sabe cuándo y cómo iremos al cielo. Por lo tanto, estamos enormemente agradecidos a toda la Iglesia porque sabemos que hay conventos, misioneros, comunidades, vecinos, compañeros de trabajo y gente altruista que reza cada día por nosotros y por nuestros hijos, a los que esto les ha servido para conocer el cielo y las circunstancias. Estamos muy agradecidos y queremos contarlo para ayudar a otros padres que pasen por esto”, explica Iñigo. Su hijo es uno de los ocho bebés en todo el mundo que sobrevive a su patología. Ahora aguarda un trasplante de riñón que le otorgue condiciones normales, pero tendrá que esperar hasta alcanzar un mínimo de diez kilos y aproximadamente dos años. Mientras tanto, su familia lo describe como un niño risueño, al que le rodea una gran comunidad rezando día tras día por él y por toda su familia.

Lecturas del Domingo XVII del Tiempo Ordinario (ciclo A)

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Lecturas del Domingo XVII del Tiempo Ordinario (ciclo A)

Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 3, 5. 7-12

Pediste para ti inteligencia

En aquellos días, el Señor se apareció de noche en sueños a Salomón y le dijo:

«Pídeme lo que deseas que te dé».

Salomón respondió:

«Señor mi Dios: Tú has hecho rey a tu siervo en lugar de David mi padre, pero yo soy un muchacho joven y no sé por dónde empezar o terminar. Tu siervo está en medio de tu pueblo, el que tú te elegiste, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento para juzgar a tu pueblo y discernir entre el bien y el mal. Pues, cierto, ¿quién podrá hacer justicia a este pueblo tuyo tan inmenso?».

Agradó al Señor esta súplica de Salomón.

Entonces le dijo Dios:

«Por haberme pedido esto y no una vida larga o riquezas para ti, por no haberme pedido la vida de tus enemigos sino inteligencia para atender a la justicia, yo obraré según tu palabra: te concedo, pues, un corazón sabio e inteligente, como no ha habido antes de ti ni surgirá otro igual después de ti».

Salmo

Salmo 118, 57 y 72. 76-77. 127-128. 129-130

R/. ¡Cuánto amo tu ley, Señor!

– Mi porción es el Señor; he resuelto guardar tus palabras. Más estimo yo la ley de tu boca que miles de monedas de oro y plata.

– Que tu bondad me consuele, según la promesa hecha a tu siervo; cuando me alcance tu compasión, viviré, y tu ley será mi delicia.

– Yo amo tus mandatos más que el oro purísimo; por eso aprecio tus decretos y detesto el camino de la mentira.

– Tus preceptos son admirables, por eso los guarda mi alma; la explicación de tus palabras ilumina, da inteligencia a los ignorantes.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 28-30

Nos predestinó a reproducir la imagen de su Hijo

Hermanos:

Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los cuales ha llamado conforme a su designio. Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos.

Y a los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52

Vende todo lo que tiene y compra el campo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Habéis entendido todo esto?».

Ellos le responden: «Sí».

Él les dijo: «Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

Comentario bíblico de Antonio J. Guerra

El mensaje de Jesús sobre Dios se resume en la figura de un Padre que se preocupa de nosotros y que nos quiere procurar el bien y la felicidad. En la segunda lectura de hoy se concreta este proyecto de Dios: estamos predestinados a alcanzar la semejanza con Jesús. Esto indica que es un proyecto abierto a todo el que quiera acogerlo, pero que de ningún modo se impone a nadie. Precisamente, las parábolas del tesoro y de la perla refieren que esta realidad no se impone así misma, sino que tiene que ser descubierta y comprendida en su significado.

Estas dos parábolas presentan el valor sin igual del Reino de los Cielos (de Dios) y del gozo ilimitado que implica el descubrimiento del mismo y el compromiso que exige su posesión. En ambos casos aparecen dos protagonistas que encuentran algo de gran valor y belleza, y como llenos de alegría, sacrifican los demás intereses y emplean todos los medios disponibles con tal de alcanzarlo: “Se va a vender todo lo que tiene y lo compra”.

Con la parábola de la red, Jesús nos invita a mirar al futuro y al destino completamente diverso de los buenos y de los malos. Parece que aquí en nuestro mundo no importa que nos interesemos o no por Dios, como si hacer el mal o el bien sea indiferente; sin embargo, Jesús nos avisa: “¡No os dejéis engañar! ¡Comportaos hoy de tal modo que al final podáis ser acogidos por Dios!”. En el juicio final separarán a buenos de malos, por tanto urge comportarse como Dios quiere, urge emplear todas nuestras fuerzas por lo verdaderamente importante: SEGUIR A JESÚS.

Para la reflexión:

  1. ¿Qué significa la felicidad para ti? ¿Crees que podrás alcanzarla algún día?
  2. Según nuestro mundo, ¿cómo se alcanza esa felicidad? ¿Está Dios dentro de esa felicidad?
  3. Salomón pide un corazón atento (literalmente “corazón que escucha”) para saber discernir. ¿Recurres a la oración para saber lo que verdaderamente te conviene?

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La Catedral de Córdoba acoge este domingo la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores

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El Obispo recuerda que la Iglesia está llamada a cuidar especialmente de quienes más necesitan afecto

La Catedral de Córdoba celebrará este domingo, 26 de julio, la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, una cita convocada por la Iglesia con motivo de la festividad de san Joaquín y santa Ana, abuelos de Jesús. La celebración estará presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, y podrá seguirse en directo a través de 13TV, a partir de las doce de la mañana.

Con motivo de esta jornada, el obispo ha dirigido una carta a los fieles en la que invita a toda la Diócesis a vivir esta celebración como una oportunidad para reconocer el valor de las personas mayores, acompañarlas y agradecer el testimonio de fe y vida que han transmitido a lo largo de los años. Asimismo, anima a todos los fieles a participar en la Eucaristía y a hacer de esta jornada un signo visible de cercanía hacia los abuelos y las personas mayores.

Bajo el lema «Yo no te olvidaré» (Is 49,15), elegido por el papa León XIV, el prelado recuerda que muchas personas mayores experimentan hoy la soledad y el abandono, incluso cuando viven rodeadas de gente en hospitales o residencias. Frente a esa realidad, destaca el mensaje de esperanza que Dios dirige a su pueblo a través del profeta Isaías: «Yo no te olvidaré», una promesa que, subraya, sigue siendo actual para quienes se sienten solos o invisibles.

En su carta, monseñor Jesús Fernández recoge también la invitación del Santo Padre a recuperar gestos sencillos pero profundamente evangélicos, como visitar a los abuelos, dedicarles tiempo y combatir los prejuicios que los presentan como una carga para la sociedad. Al hilo de esto, recuerda que la Iglesia está llamada a cuidar especialmente de quienes más necesitan afecto, compañía y consuelo espiritual.

Además, pone de relieve que la vejez puede convertirse en un tiempo privilegiado para reencontrarse con Dios y fortalecer la vida espiritual. En este sentido, anima a las personas mayores a no tener miedo a la fragilidad, sino a descubrir en ella una oportunidad para abrirse a la ayuda de los demás y confiar más plenamente en el Señor.

 

Tiempo de descanso esta semana en Al Trasluz

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El sacerdote diocesano, Antonio Gil, nos desea unas felices vacaciones en la última columna del curso

 

Dos grandes fiestas cierran litúrgicamente el mes de julio: la de Santiago Apóstol, patrono de España, y la de los santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María, en la que celebramos el “día de los abuelos”. “Patrono”, bien lo sabemos es “defensor”, pero también “modelo, muestra, molde, guía, pauta…”.

San Juan Pablo II nos dejó una bellísima exaltación de Santiago: “Ábrenos, predicador de las Españas, a la verdad que aprendiste de los labios del Maestro. Danos, testigo del Evangelio, la fuerza de amar siempre la vida. Ponte tú, Patrón de los peregrinos, al frente de nuestra peregrinación. Contigo, Santiago Apóstol y Peregrino, queremos enseñar a las gentes de Europa y del mundo, que Cristo es hoy y siempre, el Camino, la Verdad y la Vida”.

Y celebrando el “día de los abuelos”, recordamos algunos anhelos, del “Canto del anciano”, que nos ofreció el papa Francisco. Es muy hermoso y emotivo, identificándose él mismo con los ancianos: “Dichosos los que me miran con simpatía. Dichosos los que comprenden mi lento caminar. Dichosos los que hablan en voz alta para minimizar mi sordera. Dichosos los que estrechan con calor mis manos temblorosas. Dichosos los que me regalan parte de su tiempo. Dichosos los que se acuerdan de mi soledad. Dichosos los que alegran los últimos años de mi vida”.

¡Felices vacaciones, “combinando descanso con gestos pastorales”, como nos ha sugerido el papa León XIV!

Hay “Picota” en nuestras propias casas

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Como cada verano misioneros de distintas parte de la Diócesis ponen rumbo a Perú para participar en la Misión diocesana. Los primeros llegaron a tierras peruanas la semana y el resto, irán llegando en los próximos días

El día 12 de octubre de 2010 partieron hacia Perú los sacerdotes Francisco Granados y Juan Ropero, acompañados por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández. En estas casi dos décadas han sido ocho los sacerdotes diocesanos que han sido misioneros en Picota: Francisco Granados, Juan Ropero, Leopoldo Rivero, Francisco José Delgado, Rafael Prados, Antonio Javier Reyes, Nicolás Rivero y Borja Redondo. Habitualmente, todo aquel que participa en la misión reconoce que es mucho más lo que recibe que lo que da y que se aprende una gran lección: no es más feliz el que más tiene pero si el que más confía en el Señor porque Dios nunca falla. Jóvenes, seminaristas, formadores y sacerdotes vuelven a dedicar este verano parte de su descanso estival a los más necesitados.

Esta semana, en la última entrega de Iglesia en Córdoba del curso, conocemos el testimonio de Mateo y Clara, padres de siete hijos y desde hace más de un año están de misión en Guinea Ecuatorial. Consulte toda la actualidad diocesana a través del siguiente documento iec984

El Obispo recuerda a los misioneros que “sin Cristo no podéis hacer nada”

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Monseñor Jesús Fernández ha presidido la misa de envío a los seminaristas y formadores que partirán hacia Picota, Perú

En el marco del curso de verano, el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, ha presidido este jueves, 23 de julio, en el Seminario Mayor San Pelagio la misa de envío de los misioneros que van a participar a partir de la semana que viene en la misión diocesana de Picota. El grupo, formado por nueve seminaristas, el vicerrector del Seminario, Guillermo Padilla, y el recién ordenado sacerdote, Ángel González, van a participar en la misión del 27 de julio al 27 de agosto.

En su homilía, el prelado ha animado a los futuros sacerdotes a vivir esta experiencia como una oportunidad para fortalecer su vocación, crecer en la fe y anunciar el Evangelio allí donde Cristo es menos conocido.

Al comienzo de su intervención, el Obispo ha destacado la importancia de este encuentro en pleno verano como un tiempo de descanso, convivencia y renovación espiritual. “Es una parada muy oportuna para volver a ponerse a punto, encontrarse y disfrutar del regalo que es siempre el hermano”, ha señalado al tiempo que ha recordado que la misión expresa “el ser de una Iglesia misionera”, una diócesis abierta al mundo y comprometida con llevar el mensaje de Jesucristo a los lugares donde aún no es suficientemente conocido, celebrado y vivido.

Mons. Jesús Fernández ha recordado también que la vocación sacerdotal consiste en configurarse cada vez más con Cristo, Buen Pastor, una obra de la gracia de Dios que requiere también la colaboración de cada persona. En este sentido, ha insistido en la necesidad de permanecer unidos a Cristo. Recordando las palabras de Jesús: «Sin mí no podéis hacer nada», ha instado a los seminaristas a no confiar únicamente en sus capacidades, sino a sostener toda su labor evangelizadora en la oración, la Eucaristía y la escucha constante de la Palabra de Dios.

Dirigiéndose especialmente a quienes parten hacia Picota, les ha animado a preparar bien la mochila con la que afrontarán esta misión. “Tiene que ir la Palabra de Dios, porque es lo que vamos a anunciar; tiene que ir la Eucaristía, que nos alimenta y nos da la savia para dar fruto; y tiene que ir también la comunidad”, ha subrayado el prelado asegurándoles que la comunidad reza por ellos y los acompaña espiritualmente durante toda la experiencia misionera.

Antes del Encuentro de Laicos, Málaga acoge la V Asamblea General de ACG, en la que participan más de 300 personas

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La Casa Diocesana ha acogido hoy la V Asamblea General de la Acción Católica General (ACG), en la que han participado más de 300 fieles de diversos puntos de la geografía nacional: laicos, religiosos, religiosas, sacerdotes, seminaristas y obispos.

De Málaga ha participado un grupo de representantes y el obispo, D. José Antonio Satué, quien dirigió unas palabras a los presentes al comienzo del acto.

Mons. Satué dio la bienvenida a todos los presentes a una ciudad que “sus títulos de Muy Noble, Muy Leal, Muy Benéfica y Siempre Denodada, se honra especialmente de llamarse Muy Hospitalaria. Recibió este título en 1901, en reconocimiento a la solidaridad de sus habitantes al socorrer a los náufragos de una fragata alemana. Os aseguro que los malagueños y malagueñas son verdaderos catedráticos en la ciencia de acoger: lo hacen con un corazón generoso y con una palabra amable y graciosa, también con quienes llegan de lejos buscando pan, paz y futuro. Tan acogedoras son las gentes de esta ciudad, amante de la exuberancia barroca, que son capaces de abrazar incluso a personas como yo, más identificadas con las formas sobrias del románico”.

Y recordó a los santos relacionados con esta tierra del sur: “nuestros patronos, San Ciriaco y Santa Paula, dos jóvenes cristianos del siglo IV que se jugaron y entregaron la vida por Cristo. Su martirio nos invita permanentemente a preguntarnos a qué y a quién dedicamos nuestro tiempo, nuestros talentos y nuestra existencia. Veneramos también a San Manuel González, que alimentó su cercanía a los pobres con un amor constante a la Eucaristía (de algún modo, esta mañana él nos acoge en su casa, en su Seminario). Honramos a la beata Madre Petra de San José, a la beata Madre Carmen del Niño Jesús y al beato Tiburcio Arnaiz, misionero de los sencillos de corazón. En el ámbito seglar, recordamos a tantos mártires que entregaron su vida por fidelidad al Evangelio, así como a quienes han dejado un testimonio de servicio público inspirado por una fe viva, como el siervo de Dios José Gálvez Ginachero. Que todos ellos nos inspiren para seguir impulsando una Acción Católica más viva, con hombres y mujeres comprometidos para que nuestras parroquias y diócesis construyan su presente y su futuro más cerca de Dios, con espíritu comunitario y sinodal, y con el deseo de compartir el pan y el Evangelio con tantas personas hambrientas de dignidad y sedientas de esperanza”.

 

Equipo de representantes de la Diócesis de Málaga
Mientras se ultimaban los detalles en los diversos lugares del Encuentro de Laicos de Parroquia y la acogida a las más de 1.200 personas que iban llegando a la ciudad, la Casa Diocesana iba calentando motores con la celebración de la Asamblea general de representantes de ACG, en la que han estado presentes dos miembros del FIAC (Foro Internacional de Acción Católica), las presidentas de Malta y Rumanía.

También han participado en la Asamblea D. Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española; D. Carlos Escribano, presidente de la Comisión Laicos, Familia y Vida de la CEE y Mons. Santos Montoya, obispo consiliario de la Acción Católica.

A lo largo de la jornada, han compartido una mesa de diálogo dirigida por el periodista David López, director de la oficina de comunicación de la Iglesia en Aragón. Tres invitados con mucho que contar: la presidenta general de ACG, Eva Fernández Mateo; Mons. Santos Montoya y un adolescente, han mostrado y puesto al día la identidad de la ACG hoy.

 

La noche acabó con una oración de acogida a los jóvenes, en la que ha colaborado la Delegación de Infancia y Juventud y participado el obispo de Albacete, Mons. Ángel Román Idígoras. Bajo el lema “Entre arena y mar”, tuvo lugar en la playa de la Misericordia y ofreció un tiempo reposado, ante la Cruz y el Icono de los Jóvenes, para orar frente al mar y celebrar, concluyendo con un picnic.

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