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Elige amar. Elige comunidad

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Celebramos en este domingo la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. En Sevilla, como es tradición venerable y arraigada en nuestra tierra, la hemos celebrado solemnemente el pasado jueves, día 4 de junio, con la Eucaristía en la Catedral y la procesión del Corpus por nuestras calles. Hoy, domingo 7 de junio, esta misma solemnidad adquiere un significado especialmente eclesial, pues me encuentro acompañando al Santo Padre León XIV en su visita apostólica a España, que lo lleva a Madrid, Barcelona y Canarias. En Madrid, la Santa Misa en la Plaza de Cibeles y la procesión del Corpus Christi hacen visible, ante España y ante el mundo, que Cristo sigue caminando con su pueblo.

El Corpus Christi nos sitúa en el centro mismo de nuestra fe: Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, se queda con nosotros en el Sacramento de la Eucaristía. No se trata de un símbolo vacío o de un simple recuerdo piadoso. Es presencia real, viva y eficaz del Señor, que se nos da como Pan de vida para sostenernos en el camino, fortalecer nuestra esperanza y convertirnos en testigos de su amor. La Eucaristía es el sacramento de la caridad. En ella contemplamos al Señor que se parte y se reparte por la vida del mundo. Por eso, quien comulga el Cuerpo de Cristo no puede vivir encerrado en sí mismo, ni permanecer indiferente ante el sufrimiento de los hermanos. San Juan Pablo II recordaba que la Eucaristía “crea comunión y educa a la comunión” (Ecclesia de Eucharistia, n. 40). Y el Concilio Vaticano II enseña que la Eucaristía es “fuente y culmen de toda la vida cristiana” (Lumen gentium, n. 11). De esa fuente nace la misión, la fraternidad, el servicio y la caridad concreta.

Por eso, en el día del Corpus celebramos también el Día de la Caridad. El lema de la campaña de este año, “Elige amar. Elige comunidad”, nos recuerda que la vida cristiana no se reduce a buenas intenciones. Amar es una elección diaria. Elegir comunidad es salir del aislamiento, superar la indiferencia, tender puentes, compartir el pan, acompañar al que sufre y reconocer en cada persona la dignidad de hijo de Dios. El Papa León XIV, en su exhortación Dilexi te, nos recuerda con fuerza que no estamos “en el horizonte de la beneficencia, sino de la Revelación”, porque “el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Señor de la historia” (n. 5). Son palabras que iluminan profundamente esta solemnidad. El mismo Cristo que adoramos en la custodia es el que sale a nuestro encuentro en el pobre, en el enfermo, en el anciano solo, en el migrante, en el descartado, en quien ha perdido la esperanza.

La procesión del Corpus no es un desfile religioso ni una tradición meramente cultural. Es una confesión pública de fe. Es Cristo que bendice nuestras calles, nuestras familias, nuestros trabajos, nuestras heridas y nuestras esperanzas. Pero también es una llamada: si Cristo sale a la calle, la Iglesia no puede quedarse encerrada. Si Cristo se hace Pan partido, también nosotros hemos de hacernos pan compartido. San Juan Crisóstomo lo expresó con palabras severas y luminosas: “¿Quieres honrar el Cuerpo de Cristo? No permitas que sea despreciado en sus miembros, es decir, en los pobres” (Homilías sobre Mateo, 50,3). No hay verdadero culto eucarístico sin caridad. No hay adoración auténtica si cerramos los ojos ante el hambre, la soledad o la injusticia. No hay comunión plena con Cristo si vivimos de espaldas a los hermanos.

Queridos diocesanos: en este día os invito a renovar vuestra fe eucarística. Volvamos al Sagrario. Participemos con fidelidad en la Santa Misa dominical. Adoremos al Señor con gratitud y reverencia. Pero, al mismo tiempo, dejemos que la Eucaristía transforme nuestra vida. Que nuestras parroquias, comunidades, hermandades, movimientos y familias sean hogares de comunión, escuelas de fraternidad y talleres de caridad. Elige amar. Elige comunidad. Elige a Cristo. Porque quien elige a Cristo no pierde nada; lo encuentra todo. Él es el Pan vivo bajado del cielo, el que sacia el hambre más profunda del corazón humano y nos envía a ser testigos de su amor en medio del mundo. Que María Santísima, mujer eucarística y Madre de la Iglesia, nos enseñe a recibir a Cristo con fe, a adorarlo con humildad y a servirlo en los hermanos con alegría.

+José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

“La Eucaristía es la muestra del amor grande e infinito de Dios por nosotros”

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Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la Eucaristía del jueves de Corpus Christi, celebrada en la Catedral el 4 de junio de 2026, previa a la procesión con el Santísimo Sacramento por las calles de Granada.

(…), querida Junta de Cofradías, Federación de Cofradías de Granada;
queridos Hermanos Mayores y representantes de las Hermandades y Cofradías de Granada;
queridos hermanos y hermanas, todos en el Señor:

Feliz día del Corpus, feliz día del Señor.

Y en este día tan grande que lo manifestáis con vuestra presencia en este templo y, sobre todo, con vuestro respeto y con vuestro cariño en nuestras calles, le pido al Señor que os bendiga, que salga en ayuda de vuestras necesidades. Pido especialmente por los enfermos, por los ancianos, por los que nos han dejado y viven en otras partes buscándose mejores medios de vida. Pido también por quienes llegan para que les acojamos. En este día grande, damos culto y honor especial a Cristo presente en la Eucaristía.

La Reina Isabel trae dos devociones esenciales en Granada. Por una parte, el amor a Nuestra Señora, que se centra en la Virgen Santísima, la Virgen de las Angustias, que también saca a la calle, porque la llevamos en el corazón de manera profunda e imborrable, a todo el pueblo de Granada. Pero también la Eucaristía, el centro y la cumbre de la vida cristiana, la raíz fundamental de lo que somos y donde Dios se nos hace presente en el memorial de Su muerte y Resurrección.

Anunciamos Tu muerte, proclamamos Tu Resurrección. “Ven, Señor Jesús”, le decimos. Cristo, presente en la Eucaristía con Su Cuerpo, con Su Sangre, con su alma y con su divinidad.

Cristo, que, como hemos escuchado, es el verdadero pan de vida, el pan que nos da la vida cristiana, que nos da la vida de la Gracia, que inhabita en nuestros corazones, que hace realidad el saludo litúrgico de que el Señor esté con vosotros.

Cristo, que se queda en medio de nosotros como Presencia, al que acudimos en nuestra oración confiada, en nuestras iglesias, especialmente las abiertas para la adoración, donde vamos como verdaderos remansos de paz a abrirle nuestro corazón al Señor, mostrarle nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras contrariedades, pero también a dar gracias; donde vamos a adorar a Dios en medio de nosotros. Pero Cristo se queda como alimento, el alimento que nos ayuda a caminar en los caminos de la vida, como alimento con Su Cuerpo y con Su Sangre, el que nos da la vida eterna y anticipa en nosotros la Resurrección.

Cristo se queda en medio de nosotros. Pero, se queda como pan partido, como sangre ofrecida, como sacrificio, como presencia, como alimento. Pero Cristo nos invita a la unidad y yo quiero fijarme, después de escuchar la Carta del apóstol Pablo que ha sido proclamada. Pidamos al Señor la unidad. Pidamos al Señor la concordia, en medio de una sociedad muchas veces polarizada. Pidamos al Señor que formemos cada uno en la pluralidad y en la diversidad de sus dones, de sus opciones, pero, sobre todo, esa opción por el bien común, que está más allá de lo que se llaman los intereses generales o los intereses particulares o los intereses con apellidos, sino el bien común que busca, sobre todo, la felicidad, el progreso y los verdaderos valores y el respeto a la dignidad fundamental de la persona humana.

Pidamos que nuestra sociedad sea una sociedad donde la convivencia y la concordia sea posible, donde la unión entre todos sea una realidad. Esto le pido al Señor especialmente en estos momentos y creo que el Papa Ben León XIV, al que recibiremos pasado mañana ya en España, traerá este mensaje de llamada a la concordia, a la unidad, al respeto y realmente lo necesitamos.

“Como estaba el pan disperso por las tierras de labor, así haz uno en esta ofrenda, haznos uno en ti, Señor”. La Eucaristía es unidad. No puede uno acercarse a la Eucaristía teniendo en su cuenta enfrentamientos, teniendo en su cuenta falta de paz, teniendo en su cuenta violencia. Al contrario, la Eucaristía nos lleva a la unidad, a la caridad, a la paz.

Y la Eucaristía es también la muestra del amor grande e infinito de Dios por nosotros. Nadie tiene amor más grande, dice Jesús, que el que da la vida por sus amigos. “Vosotros sois mis amigos”, nos dice. Y antes de la Cena, en que Él se pone a lavarle los pies a sus discípulos, enseñar de la humildad de Dios que se abaja, Cristo nos dice que nos ama. Nos da el mandamiento nuevo del amor. Este es mi mandamiento, que “os améis los unos a los otros como Yo os he amado. En esto reconocerán que sois mis discípulos”. Es el distintivo de los cristianos y es la exigencia fundamental de nuestra vida. Cristo, que nos dice el evangelista, que habiendo amado los suyos, que Dios los amó hasta el extremo, nos muestra que este es el camino. Porque la fe esencial es que Dios es Amor. Nosotros hemos conocido el amor de Dios y hemos creído en Él, nos dice San Juan en su Primera Carta.

Pero, queridos amigos, la Eucaristía nos tiene que ayudar a ser mejor cada uno, como cristianos y también como fieles de la Iglesia, pero también como ciudadanos que respetan este Misterio. Yo veo ese respeto por las calles, veo el cariño, veo la oración, veo la devoción del pueblo de Granada, pero veo también el respeto exquisito de quienes no comulgan con nosotros, pero viven ese respeto heredado de sus mayores hacia el que es el centro, el culmen, al que es el alfa y la omega, el principio y el fin, el Señor. Por eso, en este Día del Señor, pidamos la unidad, la concordia, la colaboración entre todos, el buscar el bien común, la paz en nuestro mundo. Vamos a pedir eso hacia el Señor y seguro que nos escucha.

Y hoy, al salir de nuestras calles, que nuestra oración de alabanza lleve también la de gratitud por tantos favores recibido. Y pidamos que el Señor entre en nuestros corazones por la Gracia. Pidamos que entre en nuestras casas, que dé salud a nuestros enfermos, que dé alivio a los que sufren, que dé prosperidad a quienes carecen de ella, porque Cristo en la Eucaristía demanda justicia.

Y en este día es el día también de la caridad. Es el día en que Cáritas nos pide que colaboremos y ayudemos como organización de la Iglesia que sale en socorro de los más desvalidos, de los más pobres. No se puede separar caridad de Eucaristía. La caridad nos lleva a vivir la Eucaristía. La Eucaristía nos lleva a fortalecer la caridad entre todos como expresión de nuestro amor a Dios.

Que la Virgen Santísima de las Angustias nos acoja, nos acompañe, nos proteja y nos ayude a querer a su Hijo como Ella que lo tiene ante sí, como oferente la tiene ante sí, dándonos a Jesús el fruto bendito de su vientre.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

Catedral de Granada
4 de junio de 2026

Alrededor de 500 fieles diocesanos participarán en Madrid en la visita del Santo Padre a España

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La Diócesis de Jaén se prepara para vivir con alegría la visita del Santo Padre a España. Nuestro Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, acompañará al Papa León XIV durante las distintas etapas de su viaje, que lo llevará a Madrid, Barcelona y Canarias durante los próximos días.

Asimismo, cerca de 500 diocesanos se desplazarán hasta Madrid para participar en los actos programados, especialmente en la celebración de la Santa Misa del Corpus Christi en la plaza de Cibeles y en los encuentros convocados con jóvenes y fieles de toda España. También viajarán hasta Madrid otros muchos jiennenses con viajes organizados a través de colegios o particulares.

Entre los peregrinos jiennenses figuran dos autobuses organizados desde Linares, promovidos por la parroquia de Santa Bárbara, con participantes procedentes de Linares y Jaén. Jóvenes, familias y personas mayores compartirán esta experiencia de fe y comunión eclesial.

A ellos se suman las 120 personas que viajarán en los autobuses coordinados por la Delegación de Peregrinaciones. Proceden de distintos puntos de la Diócesis, entre ellos Baeza, Linares, Jaén, La Guardia, Cárchel, Jódar, Cazorla, Alcalá la Real, Mengíbar, Bailén o Mancha Real. En este grupo participarán también dos sacerdotes, un diácono de Andújar y religiosas de Baeza.

Por su parte, la Delegación Episcopal de Juventud ha organizado una peregrinación con 140 jóvenes y cinco sacerdotes, que viajarán durante el fin de semana para participar en los actos previstos en la capital. También estarán presentes los seminaristas diocesanos.

La amplia representación de la Iglesia de Jaén pone de manifiesto el afecto de nuestra Diócesis hacia el Sucesor de Pedro y el deseo de vivir junto a él unos días de intensa experiencia de fe y comunión eclesial.

Mientras tanto, nuestro Obispo continuará acompañando al Santo Padre durante las etapas de Barcelona y Canarias. Desde Jaén nos unimos en la oración para que esta visita dé abundantes frutos para toda la Iglesia.

Medio centenar de fieles reciben el Sacramento de la Confirmación en la Parroquia de Cristo Rey de Jaén

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El pasado viernes, día 29 de mayo, la comunidad parroquial de Cristo Rey de Jaén celebró el Sacramento de la Confirmación a 51 adolescentes, jóvenes y adultos, completando de ese modo su particular Iniciación Cristiana.

La celebración estuvo presidida por el Vicario General de la Diócesis, D. Juan Ignacio Damas, y concelebrada por el párroco, D. Jesús M. Millán.

Con un templo abarrotado de fieles, que desearon acompañar a los confirmandos, el Vicario General comenzó su homilía dirigiéndose personalmente a los que iban a recibir, pasados unos momentos el sacramento, contándoles el relato de Samuel y cómo su respuesta a Dios: “Aquí estoy”, ahora ellos la habían repetido, unos instantes antes, al ser llamados por su nombre.

Les habló de la importancia del Espíritu Santo y lo que supone en la vida de todo cristiano. Entre otras reflexiones, les recordó el compromiso que adquirían, pues ahora, a diferencia de cuando fueron bautizados, eran plenamente conscientes de lo que implicaba el ser cristiano y el seguimiento a Jesús, así como la responsabilidad que asumían de llevar el Evangelio al medio del mundo.

Al finalizar, el Vicario General felicitó a los recién confirmados, a padres y padrinos, y a los catequistas que los habían ido acompañando en su proceso de maduración de la fe. Reseñar que, si bien la inmensa mayoría de los confirmandos provenían de la comunidad parroquial de Cristo Rey, también había un nutrido grupo que se habían preparado en el colegio de las Hijas de Cristo Rey, y en otras comunidades parroquiales.

Comunidad parroquial de Cristo Rey de Jaén

Los trabajadores de Cáritas celebran en Arjona el día de la caridad con una reflexión sobre la Eucaristía

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El sacerdote Luis María Salazar aborda en una ponencia las tres grandes tensiones teológicas y pastorales que ha habido en la historia de la Iglesia en torno a la Eucaristía.

En vísperas de la celebración del Corpus Christi, Día de la Caridad, cerca de medio centenar de trabajadores de Cáritas Jaén, encabezados por su equipo directivo, han celebrado una jornada de reflexión y convivencia en Arjona. La cita comenzó con un desayuno de acogida por parte de los agentes de Cáritas Arjona y el párroco, Juan Mena, celebrado en la sede de la Fundación Angustias Verdejo-Santísima Trinidad.

La jornada continuó con una charla a cargo del sacerdote diocesano Luis María Salazar, párroco de San Félix de Valois, canónigo de la Catedral de Jaén y profesor del Centro de Estudios San Eufrasio de Jaén y de la Facultad de Teología de Granada (Universidad Loyola-Andalucía). La ponencia giró en torno a las tres tensiones teológicas y pastorales que ha habido a lo largo de la historia de la Iglesia.

La primera de ellas fue el conflicto sobre la presencia, a comienzos del segundo milenio. «Surgen en los siglos XII y XIII ante la necesidad de resolver quién está en ese trozo de pan», señaló Salazar. Así, desgranó las teorías que se abordaron desde un punto de vista teológico para explicar cómo el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo. «La primera de ellas fue la de la aniquilación, que defiende que la sustancia del pan desaparece y solo queda su apariencia», explicó el sacerdote. La segunda, la consubstantación, consideraba que Jesucristo está «abrazo al pan», pero coexisten ambas sustancias. Finalmente, en tercer lugar, abordó la transubstanciación, que fue la postura adoptada, que determina que «la sustancia del pan no se destruye ni se anula, sino que se transforma profundamente». «El pan sigue estando ahí, pero su realidad más profunda ahora es Cristo», concretó Luis María Salazar. Aplicado a los pobres o a la acción social, argumentó que esto significa que «la presencia de Dios no anula la identidad, las circunstancias, ni la humanidad de la persona, sino que las potencia y las eleva». «La gracia no destruye la naturaleza», apostilló.

El segundo conflicto fue en torno al sacrificio, que se desata principalmente con la llegada de la reforma protestante de Martín Lutero. El debate se centró en discutir si la Eucaristía es o no el sacrificio de la cruz, y qué significado tiene el sacrificio dentro de la vida cristiana. «La Iglesia respondió y fijó su postura en el Concilio de Trento», explicó el sacerdote.

Finalmente, el conflicto de hoy se centra en la comunión. «Mientras que el problema de la presencia se cerró en la Edad Media y el del sacrificio en Trento, al cristiano de hoy le corresponde resolver el problema de la comunión. Abordó la realidad la Eucaristía como banquete e hizo hincapié en la reflexión sobre que la Eucaristía es un banquete comunitario, una experiencia de unidad. «El conflicto de la comunión es la lucha por evitar que la Eucaristía se convierta en un rito estéril, estético o puramente intimista, devolviéndole su fuerza original: ser el motor que crea una comunidad unida, solidaria y comprometida con el sufrimiento del mundo», defendió. En esta línea, señaló que debe haber coherencia entre «el altar y la calle». «El conflicto actual es que se ha disociado la fe de la justicia social. Comulgar compromete radicalmente con los más vulnerables. Si compartimos el pan del cielo, es incoherente no compartir el pan de la tierra. La verdadera comunión eucarística obliga al creyente a salir del templo con la mirada transformada para ver las necesidades del prójimo, especialmente de los excluidos», concluyó Luis María Salazar.

Celebración eucarística

Al término de la charla, los participantes se trasladaron a la parroquia de San Martín de Tours, donde tuvo lugar la celebración de la Eucaristía. Estuvo presidida por Luis María Salazar y concelebrada por el vicario de Caridad y delegado de Cáritas, Juan Raya, y por el párroco de Arjona, Juan Mena. En la homilía, Salazar abordó la comunión y la Eucaristía como unión familiar. Recordó que San Pablo defendió que esta solo tiene sentido si es capaz de convertir a la comunidad en un solo cuerpo y una sola familia. La vida verdaderamente valiosa es aquella que se entrega y se derrama por los demás, en lugar de retenerla por miedo a perderla», argumentó.

También profundizó en la Eucaristía como memorial. Explicó que este no es simplemente recordar el pasado, sino el lugar donde el tiempo se concentra. Utilizó el ejemplo de la Pascua judía para ilustrar que, en el memorial, los acontecimientos de la salvación ocurren en el aquí y el ahora. «El maná del camino pasado es el mismo pan que sostiene al caminante de hoy. La Eucaristía es, por tanto, el alimento esencial para cuando el camino supera las fuerzas humanas», reflexionó. «El memorial también anticipa la justicia futura y el cielo nuevo que se anhelan. Aunque el mundo sea injusto, cometer ese pan permite vivir, aunque sea por un instante, la certeza de que esa sed de justicia será saciada», añadió.

Finalmente, definió la Eucaristía como el momento del presente y del amor. Citando una reflexión atribuida al Padre Pío, concluyó con una guía para vivir el instante actual: «Poner el pasado en manos de la misericordia de Dios, el futuro en manos de la Providencia, y el presente vivirlo con caridad, servicio y amor mutuo».

Visita religiosa

Al término de la celebración, los participantes en la jornada realizaron un recorrido por los templos de Arjona, guiados por el párroco, Juan Mena, y el coordinador de Animación en el Territorio de Cáritas y urgavonense, Cristóbal Barranco. Así, conocieron los aspectos más significativos de San Martín de Tours, la Santuario de los Santos y de las Sagradas Reliquias, Santa María del Alcázar y San Juan Bautista. Durante el recorrido, profundizaron en las principales expresiones de religiosidad, su historia y sus curiosidades. Un almuerzo de convivencia puso fin a la jornada de celebración en Arjona.

Cáritas Diocesana de Jaén

La Diócesis de Jaén y su comunión con el Santo Padre a través de la Rosa de Oro de la Virgen de la Cabeza

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La próxima visita apostólica de León XIV aviva en la Iglesia jiennense el vínculo de comunión con el Sucesor de Pedro, expresado de modo singular en la Rosa de Oro concedida a la Patrona diocesana.

La Diócesis de Jaén vive con especial sentido eclesial la próxima visita apostólica del Papa León XIV a España, que dará comienzo mañana, sábado 6, de junio y que se desarrollará hasta el próximo viernes, día 12 de junio, con actos previstos en Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife.

La Iglesia diocesana del Santo Reino se une espiritualmente a este acontecimiento como parte viva de la Iglesia que peregrina en España y en comunión con el Sucesor de Pedro. Este vínculo con el Papa tiene en Jaén una expresión especialmente significativa en la Santísima Virgen de la Cabeza, patrona de la Diócesis. En 2009, el Papa Benedicto XVI concedió a la imagen de la Virgen de la Cabeza la primera Rosa de Oro, a una advocación mariana de España. La gracia fue solicitada por el entonces Obispo de Jaén, Don Ramón del Hoyo López, con ocasión del Año Jubilar celebrado en honor de la Patrona diocesana, en el centenario de su coronación canónica, teniendo en cuenta la hondura de su devoción popular y la antigüedad de su romería.

La Rosa de Oro, colocada a los pies de la Virgen de la Cabeza en nombre del Santo Padre, permanece como un signo visible de la estima de la Sede Apostólica hacia esta devoción mariana tan arraigada en la vida cristiana de Jaén. No se trata solo de una distinción honorífica, sino de un reconocimiento eclesial a una historia secular de fe, peregrinación, evangelización popular y amor filial a la Madre del Señor. La propia Diócesis interpretó esta concesión como reconocimiento al patronazgo de la Virgen de la Cabeza sobre Jaén, a la profunda devoción con que es venerada y a la historia de su romería.

Por ello, la visita de León XIV, sucesor de Pedro a España encuentra en Jaén una resonancia particular. La Diócesis se suma a este acontecimiento no como mera espectadora, sino desde una memoria viva de comunión pontificia. La Rosa de Oro recuerda que la devoción a la Virgen de la Cabeza no pertenece solo al ámbito local o sentimental, sino que ha sido reconocida por la Iglesia universal como un cauce de fe para generaciones de cristianos.

En este contexto, parroquias, comunidades, cofradías, jóvenes y fieles de la Diócesis están llamados a vivir la visita del Papa como una ocasión para renovar la comunión eclesial, intensificar la oración por el Santo Padre y fortalecer el compromiso evangelizador. La Virgen de la Cabeza, venerada en Sierra Morena y honrada con la Rosa de Oro, se convierte así en el signo mariano desde el que Jaén acoge espiritualmente la presencia del Papa en España.

Durante su visita, el Papa León XIV hará entrega de la Rosa de Oro a la patrona de Madrid, la Virgen de la Almudena, convirtiéndose ésta en la cuarta advocación mariana española con esta condecoración pontificia. Primero, la Virgen de la Cabeza; en el año 2023, la Virgen de Montserrat, coincidiendo con el 800 aniversario de su monasterio; y la Virgen de la Esperanza Macarena de Sevilla la recibió en el año 2024, de manos del Papa Francisco.

Desde la Diócesis de Jaén, el Obispo Monseñor Chico Martínez felicita a los madrileños por esta concesión pontificia con la que el Santo Padre reconoce en la advocación de la patrona de Madrid.

Las parroquias de Cristo Rey y San Eufrasio de Andújar celebraron la confirmación de 35 jóvenes y adultos

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El pasado día 2 de junio, un grupo de 35 cristianos, entre jóvenes y adultos, de las Parroquias de Cristo Rey y San Eufrasio de Andújar recibieron el Sacramento de la Confirmación tras finalizar el periodo de formación catequética.

La celebración, que estuvo presidida por el Vicario Episcopal D. Jesús Millán, tuvo lugar en el templo parroquial de Cristo Rey, y en el marco de las conmemoraciones del centenario de la institución de la fiesta litúrgica de Cristo Rey en 1925 por el Papa Pío XI, “El Papa Misionero”.

Los confirmandos, procedentes de ambas comunidades parroquiales, estuvieron acompañados por el párroco D. Ángel Sánchez Hernández, el diacono permanente adscrito a las mismas, D. Andrés Borrego Toledano, y los catequistas que han seguido el proceso catequético.

El coro parroquial de San Eufrasio intervino en la celebración a la que asistió una numerosa representación de feligreses y de familiares y amigos de los confirmandos.

En su homilía, el Vicario Episcopal animó a los confirmandos a vivir con fidelidad el compromiso que adquieren con la recepción de este sacramento, dejándose guiar por la acción del Espíritu Santo para ser testigos de Cristo en su vida cotidiana.

A continuación, tuvieron lugar los ritos propios de la Confirmación: la renovación de las promesas bautismales, la imposición de las manos y la crismación de cada uno de los confirmandos, que estuvieron acompañados por sus padrinos. De este modo, recibieron el don del Espíritu Santo, que los fortalece para vivir y anunciar la fe con mayor plenitud.

Parroquias de Cristo Rey y San Eufrasio de Andújar

Jaén celebra con éxito la Fiesta de la Caridad en apoyo al Hospital Casa Alivio del Sufrimiento

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El pasado domingo se celebró en Jaén la Fiesta de la Caridad, organizada por el Grupo de Oración Padre Pío con sede canónica en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Merced. La Fiesta comenzó con una comida benéfica en un restaurante de la capital, congregando a más de medio centenar de asistentes, devotos del Padre Pío y comprometidos con su acción social que todavía perdura en la localidad donde vivió durante cincuenta y dos años.

La iniciativa tuvo como finalidad recaudar fondos para la compra de una cama quirúrgica destinada a la Sala de Cirugía Ocular del Hospital Casa Alivio del Sufrimiento, centro sanitario fundado por San Pío de Pietrelcina el 5 de mayo de 1956 en San Giovanni Rotondo y que este año cumple su 70º aniversario. Este hospital es reconocido por su labor médica y asistencial al servicio de los más necesitados.

La jornada estuvo marcada por un ambiente de fraternidad, convivencia y compromiso social, en el que los participantes compartieron no solo una comida solidaria, sino también el deseo común de colaborar con una obra que continúa siendo referencia de caridad cristiana en todo el mundo y que ahora más que nunca necesita ayuda. La recaudación total ascendió a 3.746 €.

Durante el encuentro se puso de relieve el especial significado que está teniendo este año para la familia espiritual de San Pío. Los asistentes recordaron la reciente visita al hospital del Secretario de Estado de la Santa Sede, Cardenal Pietro Parolin, así como el reciente nombramiento por el Papa León XIV de una Comisión de orientación y supervisión sobre la Fundación «Casa Sollievo della Sofferenza», hechos que han supuesto un importante respaldo institucional y espiritual a la misión que desarrolla el centro hospitalario. Estas visitas han contribuido a reforzar la proyección internacional de la obra y a reconocer el valioso servicio que presta a miles de pacientes cada año.

Desde el directorio del Grupo de Oración queremos agradecer la generosidad de todos los participantes, colaboradores y voluntarios que hicieron posible el éxito de la convocatoria. Especialmente debemos destacar la ayuda de dos hijos espirituales del Padre Pío, que, aunque residentes en Cartagena son naturales de Linares y no se olvidan de su tierra y de su grupo de oración. La comunión entre los grupos de oración es muy importante y necesaria, y en nuestra Diócesis tenemos un claro ejemplo de ello con la inestimable y siempre pronta colaboración del Grupo de oración del Padre Pío de Frailes, así como de los grupos que se están creando en Alcalá la Real y Castillo de Locubín. Y por último y no menos importante tenemos que dar las gracias a dos artistas de Martos, José Domínguez y Sonia Fernández, que con sus obras artísticas colaboraron en una reñida rifa que celebramos al finalizar el almuerzo. Dos obras pictóricas impresionantes que reflejaban nuestra Catedral de Jaén y a San Pío de Pietrelcina.

Desde el Grupo de Oración Padre Pío de Jaén se subrayó la importancia de seguir impulsando iniciativas que permitan sostener proyectos sanitarios y sociales inspirados en el legado de San Pío, cuyo mensaje de fe, servicio y caridad continúa plenamente vigente tal y como afirmó el P. Franco Moscone, Arzobispo y Presidente de los Grupos de Oración a nivel internacional: “La profecía de la Casa Sollievo no ha terminado, aún tiene muchas páginas por escribir, muchas vidas que cuidar y salvar”.

Sergio Ramírez Pareja
Vice-responsable del Grupo de Oración Padre Pío de Jaén

Cuarenta fieles de las parroquias de San Juan Bautista y San Isidoro de Úbeda reciben el Sacramento de la Confirmación

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El pasado sábado 30 de mayo, las parroquias de San Juan Bautista y San Isidoro de Úbeda vivieron una jornada de especial alegría con la celebración del Sacramento de la Confirmación de 40 fieles de ambas comunidades parroquiales.

La celebración eucarística estuvo presidida por D. Juan Ignacio Damas López, Vicario General de la Diócesis, y concelebrada por D. Sebastián Guerrero, párroco de ambas parroquias.

Junto a los confirmandos estuvieron presentes sus familiares, padrinos, catequistas y numerosos fieles que quisieron acompañarlos en este día tan importante para su vida cristiana.

Coincidiendo con la solemnidad de la Santísima Trinidad, los confirmandos recibieron el don del Espíritu Santo con mayor plenitud, quedando fortalecidos para crecer en la fe y asumir con responsabilidad su compromiso cristiano.

Durante su homilía, el Vicario General recordó que, al recibir la Confirmación y ser marcados con la cruz de Cristo, se manifiesta que somos de Señor y estamos llamados a compartir su misma misión. Asimismo, animó a los confirmandos a dar testimonio de la verdad con sus palabras y sus obras, siendo fermento de santidad en los distintos ámbitos de su vida.

Posteriormente, los confirmandos renovaron las promesas bautismales y, acompañados por sus padrinos, recibieron el Sacramento de la Confirmación.

Jesús Sánchez
Úbeda

Día mundial del Medio Ambiente: “Inspirados por la creación: custodiar la casa común para las generaciones futuras”

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Cada 5 de junio celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente. Este año lo haremos bajo un lema que, leído con atención, contiene una relevante propuesta: “Inspirados por la naturaleza. Por el clima. Por nuestro futuro.”

En una época acostumbrada a pensar que el progreso consiste únicamente en dominar, acelerar y transformar, la jornada introduce una palabra inesperada: inspirarse. No habla primero de controlar la naturaleza, ni de explotarla más eficientemente, ni siquiera solamente de protegerla. Nos invita a dejarnos enseñar por ella.

Puede parecer una idea sencilla. Sin embargo, encierra una intuición radical: la creación no es únicamente un conjunto de recursos disponibles para el ser humano. Es también una maestra.

Durante siglos, muchas tradiciones comprendieron que el mundo creado posee un orden interno y una capacidad de ilustrar algo esencial sobre nuestra condición humana. Los Padres de la Iglesia comentaban textos como el salmo 19, en el que se pondera la sabiduría divina que ha producido la naturaleza. San Agustín escribía: “Mira la belleza del mundo y alaba el designio del Creador: mira lo que hizo y ama al que lo hizo” (Sermones 68). Pero quizá ninguna figura expresa esta intuición con tanta fuerza como san Francisco de Asís.

En un tiempo lacerado por guerras, desigualdades y vaivenes económicos profundos, san Francisco eligió una relación distinta con la creación. No la contempló como una amenaza, sino como una comunidad de vida. El hermano sol, la hermana luna, el hermano viento, la hermana agua. No era poesía ingenua. Era una revolución espiritual. Nombrar como hermanos a los elementos entraña reconocer que el ser humano no ocupa el lugar de dueño absoluto del mundo, sino el de criatura entre criaturas, llamada a servir y custodiar.

No es casualidad que Jorge Mario Bergoglio eligiera precisamente ese nombre como Sucesor de Pedro, ni que comenzara una de sus encíclicas retomando un precioso canto del pobrecillo de Asís. En Laudato si’ el papa Francisco recordaba que la tierra “clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella” (n. 2), y que el deterioro ambiental nunca es solamente un problema ecológico: es también una herida social y moral.

Hoy esa herida se manifiesta de muchas maneras. La pérdida de biodiversidad artificialmente inducida, la contaminación del aire y del agua, la degradación de los suelos, la sobreexplotación marina o la destrucción de ecosistemas no son fenómenos aislados. Son expresiones de una misma lógica que rompe relaciones: entre seres humanos, entre generaciones y entre humanidad y naturaleza.

Sin embargo, sería un error pensar que esta crisis afecta a todos por igual. Existen pueblos y comunidades que sostienen una relación con el territorio muy distinta de la dominante y que, paradójicamente, suelen ser quienes más padecen sus consecuencias. Los pueblos indígenas, los pequeños agricultores, los pastores, los pescadores artesanales y las familias rurales han protegido durante siglos una parte inmensa de la diversidad biológica del planeta. Han conservado semillas, regenerado paisajes, gestionado bosques, mantenido sistemas alimentarios resilientes y transmitido conocimientos que ninguna innovación tecnológica ha logrado sustituir. No son guardianes románticos de un pasado idealizado. Son custodios solícitos de un patrimonio vivo del que depende el futuro de todos. Y, sin embargo, demasiadas veces siguen enfrentándose al despojo de sus tierras, la pérdida de acceso al agua, la devastación de sus territorios, el debilitamiento de sus formas de vida, el menoscabo de sus conocimientos y, en algunos lugares, incluso la violencia y la persecución por defender aquello que salvaguarda la vida.

Cuando desaparece una comunidad indígena, expoliada de su entorno natural, no desaparece solo una población, desaparece una forma de entender el mundo. Cuando un pequeño agricultor abandona el campo por falta de condiciones dignas, no perdemos únicamente producción: perdemos memoria ecológica. Cuando se unifican dietas, paisajes y semillas, se empobrece también nuestra capacidad colectiva para adaptarnos y sobrevivir.

Por eso el cuidado del medio ambiente exige ampliar la mirada. No basta con hablar de emisiones, tecnologías o eficiencia. Debemos preguntarnos también qué relaciones queremos construir con el territorio, quién toma decisiones, quién soporta los costos y quién tutela aquello que sostiene la vida. La cuestión ambiental es inseparable de la dignidad humana.

La Doctrina Social de la Iglesia lleva décadas subrayando que el destino universal de los bienes no desaparece por el hecho de que existan derechos de propiedad. La tierra, el agua y el aire no pueden reducirse a mercancías desvinculadas del bien común. Como recordó san Juan Pablo II, en Sollicitudo Rei Socialis, existe una hipoteca social sobre toda propiedad (n. 42). Benedicto XVI insistió en que el ambiente es un don para todos. Y Laudate Deum nos recuerda que retrasar decisiones urgentes ya no es neutralidad: puede convertirse en una forma de irresponsabilidad.

Pero el mensaje de este día mundial no es de resignación. La historia demuestra que los grandes cambios comienzan muchas veces en lugares pequeños y discretos: en una comunidad que recupera un humedal; en una escuela que educa para reducir desperdicios; en una política pública que preserva semillas locales; en una ciudad que recobra espacio para árboles y personas; en una empresa que no se olvida del desafío ambiental; en una familia que aprende nuevamente que cuidar vale más que consumir.

La presente edición de esta jornada internacional no nos pide admirar la naturaleza desde fuera. Inspirarse en la naturaleza significa asombrarse por la paciencia de los bosques, la diversidad de los ecosistemas, la sobriedad de los ciclos naturales y la capacidad de regeneración que sustenta la vida. Conlleva reconocer que el futuro no se abrirá paso ignorando los límites del planeta, sino aprendiendo nuevamente a habitarlo. Alienta a percibir el mundo no con ojos colmados de avidez, sino como una herencia recibida y una responsabilidad compartida. Porque custodiar la creación no significa retornar al pasado. Significa hacer posible el futuro. Inspirados en San Francisco de Asís se puede plantear que el cuidado de la creación no nace del miedo ni de la obligación, sino del respeto. Quizá esa sea también nuestra tarea hoy.

Mons. Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

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