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Luis Carlos, seminarista que recibirá el diaconado : «Después de este tiempo en el seminario puedo decir a ciencia cierta que no hay una vocación más bonita y que te llene más que la vocación al sacerdocio»

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Conocemos como vive estos días, Luis Carlos Vilches, candidato a recibir el diaconado el próximo 29 de junio a las 11hrs en la Santa Iglesia Catedral.

1 – Estamos a pocos días de vivir la ordenación diaconal, lo primero, ¿Cómo te sientes al dar este paso que te acerca al sacerdocio?.

Pues muy ilusionado y con un poco de miedo. Es un cambio de vida completa y muy diferente a la vida que dejé al entrar en el seminario y la que he tenido en el seminario. Esto implica estar ilusionado por la nueva vida que me espera después de la ordenación, pero también con miedo de no ser totalmente fiel a la Iglesia, a preparar una homilía y predicar, …, aunque este miedo se me pasa rápido cuando recuerdo que es Dios el que actúa, el que lo hace todo. A mí sólo me queda confiar en Él y serle fiel, lo demás, lo dejo en manos de Dios.

2 – ¿Da vértigo el dar este paso? ¿Cómo tienes pensado el vivir diaconado?.

Sí que da un poco de vértigo. En los seis años de seminario vivimos como en una burbujita, dedicándonos a la oración y al estudio, a formarnos bien para poder servir a Dios y a su pueblo. Ahora, a las puertas de la ordenación y de salir al mundo de nuevo asusta un poco. Por eso, pienso, que es muy importante poner la confianza sólo en Dios, que es el que nos ha llamado y el que nos sostendrá en los momentos difíciles.

Me gustaría vivir el diaconado sirviendo en la parroquia que el señor obispo me encomiende, sirviendo al modo de Cristo siervo, administrar los sacramentos como manda la Santa Madre Iglesia, poniendo amor y llevando a Cristo en todos los momentos de mi ministerio y sirviendo a la gente como lo que son, hijos de Dios. Le pido al Señor que me conceda también una vida intensa de oración y que me pueda ir configurando cada vez más con Cristo.   

3 – ¿La oración, el servicio y la Palabra de Dios que están siendo para ti a pocos días de la ordenación?.

Pues están siendo los tres pilares de mi vida en estos momentos. Después de acabar con el aspecto académico y habiendo acabado los exámenes, estoy totalmente inmerso en estos tres pilares, dedicando más tiempo a la oración, tratando más con la Palabra de Dios, acercándome a ella no de manera académica sino espiritual, es decir, haciendo oración con ella, también haciendo oración con los rituales, especialmente con el del bautismo y con el de matrimonio, para vivir desde ya lo que dentro de poco viviré siendo ministro de estos sacramentos. En cuanto al servicio estoy, con la gracia de Dios, muriendo a mí mismo, negándome a mis gustos y placeres, a mi comodidad, pues es lo fundamental para poder servir a mis hermanos.

4 – Tras la ordenación diaconal te tocará acompañar a los fieles en celebraciones como el Bautismo, el Matrimonio o el rito de las exequias. ¿Cómo te ves en esos momentos tan importantes para la vida de los fieles?.

Cada vez que pienso en mi primer bautismo o mi primer matrimonio siento una alegría inmensa en el corazón por lo que suponen estos sacramentos y sólo puedo darle gracias al Señor por haberme concedido esta vocación, de cual me siento totalmente indigno, pero teniendo la certeza de que es Él me ha llamado y me da su gracia para poder hacerle presente en estos sacramentos, en los que Cristo derrama su gracia abundantemente.

Sobre todo, estoy muy ilusionado con el primer bautismo, teniendo presente que, es ese momento, está naciendo un nuevo hijo de Dios y de la Iglesia.

5 – ¿Qué es lo que más te está ayudando en tu espiritualidad para prepararte estos días y durante el curso?.

Pues me está ayudando mucho hacer la oración con los rituales de los sacramentos y con unas “fichitas” que nos da nuestro director espiritual sobre elementos imprescindibles en nuestra vida, como la obediencia, el celibato, el trato con el Eucaristía, la preparación de las homilías, etc.

También tengo ahora mismo a tres santos que me están ayudando en estos momentos previos a la ordenación. A santa Teresita de Lisieux, con su confianza plena en Dios y su humildad; a san Josemaría, con su oración y el cómo vivir la santidad en el ministerio; y a san Juan de Ávila, con su espiritual sobre el sacerdocio y el trato con la Eucaristía.

6 – ¿Qué te dice o consejos te da tu familia, amigos, seminaristas, directores espirituales a pocos días de la ordenación diaconal?.

Pues me animan mucho y están muy contentos e ilusionados por la ordenación y con este paso que voy a dar. Para el seminario, una ordenación siempre es un motivo enorme de alegría y se vive con muchas ganas e ilusión ya que, para los que estamos a las puertas de la ordenación vemos nuestro sueño cumplido y los que están en cursos inferiores es, para ellos, un aliciente a seguir perseverando en la vocación a la que Dios nos ha llamado gratuitamente.

7 – Acercándonos ya al sacerdocio ¿Qué le dirías a esas personas que Dios le llama y están indecisos en la decisión?.

Lo primero que les diría sería que fuesen valientes y, si están en un proceso de discernimiento, acudan a su párroco o a algún sacerdote para hablar con él, que les ayude en su proceso de discernimiento. Es muy difícil seguir este camino si no tienes un sacerdote que te ayude, que te guie en la oración y en tu vida. También les diría que tuvieran confianza en Dios, en su llamada, y no tener miedo por perder nada de su vida pues Dios lo da todo y te colma de felicidad. Después de este tiempo en el seminario puedo decir a ciencia cierta que no hay una vocación más bonita y que te llene más que la vocación al sacerdocio. Además, es una vocación en la que tú no tienes que hacer nada, el Señor sólo te pide tu “sí”, lo demás te lo da El, es Jesús el que lleva adelante tu vocación y, después de la ordenación, tu ministerio.

8 – ¿Qué mensaje puedes trasladar un joven como tú que el sábado dará un paso más para seguir a Cristo?.

Solo puedo dar gracias, gracias a Dios por esta vocación tan preciosa que me ha regalado sin yo merecerlo, gracias a mi familia y a mis amigos que siempre me han apoyado y me han animado en mi vocación, gracias al seminario y a mis compañeros, y a tanta gente que ha rezado por mí y por todo el seminario, pues es la oración la que nos sostiene y nos alienta a seguir perseverando en la vocación. Por todo esto doy gracias a Dios y pido que sigáis rezando por nosotros, por los que nos vamos a ordenar el día 29 de junio, para que seamos files al Señor, para que nos vayamos configurando más con su sagrado corazón y para que sea Cristo el único que llene nuestro corazón.

9 – Por último, me gustaría que eligieses el versículo, oración, lectura o salmo que más tienes en mente estos días.

Durante todo este año he tenido presentes dos versículos de la biblia que me han acompañado en este tiempo: uno es de san Pablo “alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos” (Filp. 4,4). Este versículo me ha ayudado mucho en los momentos de bajón, en los momentos de estudio y de exámenes, en las dificultades, pues me ha hecho ver que la felicidad, la verdadera felicidad es estar con el Señor. Es estar con Cristo lo que te llena de alegría, una alegría que irradia a los demás y es, a las puertas de mi ordenación, lo que le pido al Señor en el comienzo de mi ministerio, estar alegre en el Señor y poder contagiar con esa alegría a los demás. Otro versículo es de Mateo “el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redención de muchos” (Mt 20,28). Este versículo resume la vida que debe llevar un ministro ordenado, y me ayuda a tener siempre presente que el Señor me ha llamado a esta vocación para dar la vida, una vida que no me pertenece, y estoy llamado a morir a mis gustos y comodidades para servir a Dios y a los demás.

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Homilía en la Fiesta de san Josemaría Escrivá de Balaguer

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Homilía en la Fiesta de san Josemaría Escrivá de Balaguer

Catedral de Sevilla. 26 de junio de 2024.

Lecturas: Gen 2, 4b-9, 15; Rom 8, 14-17; Lc 5, 1-11.

Saludos al Vicario para la Delegación del Opus Dei en Andalucía Occidental y Extremadura, sacerdotes concelebrantes, hermanos y hermanas presentes en esta celebración. Nos reunimos de nuevo con alegría en nuestra Santa Iglesia Catedral para celebrar nuestra fe y agradecer a Dios el regalo de la santidad en la fiesta de san Josemaría Escrivá de Balaguer, cuya enseñanza y testimonio reavivan nuestro deseo de vivir la santidad en la vida ordinaria, en la familia, en el trabajo, en nuestros ambientes.

El fragmento del Evangelio que hemos escuchado relata aquel pasaje de la vida de Jesús en que después de haber enseñado a la muchedumbre desde la barca de Pedro, le indica que reme mar adentro y eche las redes para pescar. La respuesta del veterano pescador es que habían estado bregando toda la noche sin recoger nada, pero que, por su palabra, echarían las redes. Se produjo entonces tal cantidad de pesca, que fue necesario pedir a los compañeros de la otra barca que les ayudaran, pues corrían peligro de hundirse. Al final de la escena, Pedro se arroja a los pies de Jesús, pide perdón por su incredulidad y se declara un pecador. Jesús entonces, le dice: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”; y entonces ellos, “sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron”.

Contemplamos la llamada a Pedro y a los primeros Apóstoles, y recordamos también nuestra propia vocación, la llamada que cada uno de nosotros ha recibido del Maestro desde el momento del Bautismo; la llamada a la santidad, a vivir en la unión con Cristo y la Iglesia, y la llamada al apostolado, a la evangelización, a anunciar el Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. San Josemaría nos enseña que la santidad no es algo reservado a unos cuantos privilegiados, sino que se puede vivir en todos los caminos, en todos los estados, en todas las profesiones, en todas las tareas. Las consecuencias de ese mensaje son numerosas, y esta es la experiencia de la Obra a lo largo de su historia.

Esta llamada a la santidad, a la vida en Cristo, forma parte de la esencia del mensaje del evangelio y ha estado presente a lo largo de la historia de la Iglesia, aunque es preciso reconocer que no siempre ha sido presentada con el mismo énfasis y universalidad. El Concilio Vaticano II recogió de forma muy explícita la llamada universal a la santidad en la Iglesia, el hecho de que todos sus miembros están llamados a la perfección. La Constitución Dogmática Lumen Gentium, así lo expresa: «todos en la Iglesia, ya pertenezcan a la jerarquía, ya pertenezcan a la grey, son llamados a la santidad, según las palabras del Apóstol: ‘Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación’ (1 Ts 4, 3)». Por lo tanto, «todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad». Esa santidad es la misma para todos; cada uno en su género de vida y ocupación concreta, pero todos han de cultivar la misma santidad. Y ese camino de santidad debe recorrerlo cada uno según el don que ha recibido y la misión que le ha sido encomendada.

San Juan Pablo II recordó al iniciar el tercer milenio en la Carta Apostólica Novo millennio ineunte, que el camino pastoral debía situarse en la perspectiva de la santidad, y que la santidad era el fundamento de la programación pastoral que correspondía al iniciar el nuevo milenio. El papa Francisco ha vuelto a ponerla de actualidad con su exhortación apostólica Gaudete et exultate. La perspectiva que nos propone sobre la santidad y la misión de la Iglesia del siglo XXI se puede sintetizar de esta manera: la misión es el impulso más fuerte que puede encontrar la Iglesia para redescubrir su propia santidad y volver a escuchar la vocación a ser más santa.

La santidad como ideal para todo cristiano debe ser el planteamiento fundamental y prioritario. El discípulo de Cristo no puede refugiarse en las limitaciones personales o en las dificultades ambientales para eludir esta llamada. Tampoco sirve la excusa de que, por tratarse de una meta tan extraordinaria, está reservada a unos pocos privilegiados, y resulta inalcanzable para la gran mayoría de cristianos. Tal como insiste san Josemaría, la llamada a la santidad concierne a todos los bautizados y debemos tener la valentía en primer lugar de escucharla y creerla, y después, de proponerla a los demás con convicción y con esperanza.

El camino de santidad se realiza en primer lugar a través de la vida de fe: el cristiano ha de vivir su unión con Cristo por medio de la oración, de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía, y de la escucha de la Palabra de Dios. En segundo lugar, a través de la formación, siempre necesaria para profundizar y dar razón de la fe y de la esperanza. Y, por último, en virtud de una acción apostólica que deriva de la misma naturaleza del ser cristiano y del envío misionero de Jesús. El cristiano es santificado por Dios las 24 horas del día, porque en todo momento vive unido al Señor: en la oración y en el trabajo, en el estudio, en la sana diversión y también en el descanso, porque como dice el salmista: «Dios lo da a sus amigos mientras duermen» (Sal. 127, 2).

La primacía de la gracia es el principio teológico esencial en todo proyecto de vida cristiana y en toda programación pastoral en el seno de la Iglesia. Hay que superar la posible tentación de pensar que los resultados dependen de nuestras capacidades y esfuerzos. El esfuerzo humano es inútil sin la ayuda de Dios: «Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas» (Sal 127,1). Recordemos también el episodio de la pesca milagrosa que hemos escuchado en la lectura del Evangelio, cuando los discípulos no han recogido nada después de haber estado bregando toda la noche (cf. Lc 5,5). Confiando en la palabra de Jesús, Pedro echa las redes, y se produce la pesca milagrosa. Es el fruto de la humildad y de la fe, de la confianza en el Señor, de la acción de la gracia.

La alegoría de la vid y los sarmientos es particularmente expresiva: «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Como la savia fluye desde la raíz y capacita a los sarmientos para dar fruto, así el discípulo que vive en comunión con Cristo, recibe su gracia y da un fruto abundante. La unión con Jesús tiene la promesa de dar mucho fruto, mientras que la separación de él comporta una radical infecundidad.

En el día del Bautismo fuimos injertados en la persona de Cristo y recibimos la vida divina. Sin él no podemos hacer nada, pero unidos a él, con su gracia, con su amor, lo podemos hacer todo, y, en consecuencia, podemos llegar a la santidad. Eso sí, es indispensable permanecer siempre unidos a Cristo, y dejarse podar por el Padre. María Santísima nos acompaña en este camino, así como intercesión de san Josemaría, que inspira el camino de nuestra vida cristiana. Así sea.

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“Que la fiesta de San Josemaría nos mueva a todos a la conversión”

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El Obispo presidió la misa en honor al fundador del Opus Dei, el miércoles 26, día de su festividad, en la Santa Iglesia Catedral

Un año más, los miembros del Opus Dei se dieron cita en el templo principal de la Diócesis para celebrar el día de su fundador, San Josemaría Escrivá, el miércoles, 26 de junio, coincidiendo con su festividad.

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, presidió la solemne misa en la que comenzó recordando que “celebrar la eucaristía es celebrar a Jesucristo muerto y resucitado por nosotros”. Al hilo de esto, el prelado expresó que celebrar la eucaristía en la fiesta de un santo “nos ayuda a entrar en el misterio de Cristo que se ha completado y que ha llegado a hacer que la persona, como es el caso de San Josemaría, haya llegado a la santidad”.

El pastor de la Diócesis invitó a los presentes a la conversión, “que no solo viene cuando recordamos nuestros fallos o pecados, sino también cuando nos animamos a vivir como vivió Jesucristo o San Josemaría en el seguimiento de Cristo”. “La vida cambia cuando nos dejamos atraer por el bien y el corazón cambia cuando se siente atraído por amor”, afirmó.

“Que la fiesta de San Josemaría nos mueva a todos a la conversión, que nos dejemos enamorar de nuevo de Jesucristo, de su Iglesia, del apostolado que se nos ha encomendado, siguiendo las pautas que el propio Jesucristo nos ha dejado y de cuya espiritualidad os alimentáis todos los del Opus Dei”, dijo el Obispo dirigiéndose a los presentes, a los que además recordó el bien que ha hecho este carisma en la Iglesia, donde ha transformado la vida de muchísimas personas.

Igualmente, instó a los presentes a vivir en la humildad, porque “este don nos ayudará en nuestra propia vida personal, en la convivencia de unos con otros y a recibir los dones de Dios para que den fruto abundante en la Iglesia”. Concluyó pidiendo seguir la estela de santidad de San Josemaría, “a la que todos estamos llamados, hagámoslo en obediencia a Jesucristo y su Iglesia y en disponibilidad”.













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Cáritas invirtió 486,5 millones de euros en 2023 para acompañar a más de 2,5 millones de personas dentro y fuera de España

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La sucesión de crisis económicas y sociales está abocando al 26% de la ciudadanía a situaciones cada vez más complejas de exclusión social. La pérdida de la función protectora del trabajo, el encarecimiento de la vivienda o la irregularidad administrativa que sufren muchas personas migrantes impide que buena parte de la población pueda alcanzar unas condiciones de vida digna.

Así lo constata la Memoria Confederal de Cáritas, que se ha presentado este miércoles en Madrid. Su presidente, Manuel Bretón, y la secretaria general, Natalia Peiro, han sido los encargados de dar cuenta a la sociedad sobre la labor realizada por Cáritas en 2023, durante una rueda de prensa celebrada en la sede de la institución.

Durante 2023, Cáritas invirtió la cifra récord de 486,5 millones de euros -29,3 millones de euros (6,4%) más que el año anterior- en sus diferentes recursos y proyectos dentro de España y en acciones de cooperación internacional en terceros países.

Vuelta a niveles prepandemia

Gracias a estos recursos disponibles, Cáritas logró apoyar a 2.567.680 personas dentro y fuera de nuestras fronteras. De ellas, 1.327.298 dentro de España y 1.240.382 en Cooperación Internacional. Los datos de la Memoria reflejan que el número de personas atendidas en nuestro país volvió a estar en niveles similares de 2019, el año anterior a la pandemia (1.403.299).

“En 2023 hemos constatado en nuestros servicios de acogida y otros recursos que las personas que acuden a nosotros tienen cada vez mayores dificultades de acceso a derechos. Son personas con un cúmulo de necesidades, con una sensación de agotamiento y desgaste por el esfuerzo continuo en la búsqueda de cómo resolver esas necesidades básicas”, explicó Natalia Peiro, durante la presentación del balance de actividades.

A lo largo del año pasado, una de cada tres personas atendidas se encontraba en situación administrativa irregular, mientras que el 50% eran trabajadores pobres o tenían serias dificultades en el acceso o mantenimiento de su vivienda. En los programas de Acogida y Asistencia, el 80 por ciento de las ayudas que solicitaron las familias estaban relacionados con los pagos de los suministros, de los alquileres, es decir, necesidades básicas.

“La mejora de la tasa de actividad y la disminución del paro a lo largo de 2023 no se ha traducido en un aumento de la calidad del empleo, sobre todo para las personas en situación de exclusión social. Con una tasa del 11,9%, España sigue siendo uno de los países de la UE con mayor índice de pobreza laboral debido a la parcialidad, bajos salarios y temporalidad”, apuntó la secretaria general.

La realidad de exclusión y pobreza que viven las personas que acuden a Cáritas no es coyuntural ni, por tanto, asociada a una crisis puntual, sino estructural y generada por desarrollos sociales y económicos, así como por políticas durante décadas. La compleja situación de las personas requiere de periodos de acompañamiento más prolongados. En el caso de las personas en situación administrativa irregular, este proceso puede durar de media entre 1 y dos años. “Estos datos demuestran que hacemos falta para procesos de acompañamiento más complejos, más largos y más caros”, apostilló la secretaria general.

Más fondos para empleo

Conscientes de que el empleo es uno de los principales factores de integración, Cáritas volvió a aumentar una vez más más los fondos invertidos en programas de Economía Solidaria. Con una dotación total de 136,8 millones de euros (21,3 millones más que el año anterior), el esfuerzo financiero realizado sobre los itinerarios de inserción sociolaboral y las empresas de inserción volvieron a superar a los programas de Acogida y Asistencia (96,7 millones de euros). Con estos recursos se consiguió atender a un 4,9% más de personas en busca de empleo que en 2022.

“En nuestro día a día nos topamos con muchas personas haciendo grandes esfuerzos por superarse, por aprender, por adquirir nuevas competencias, por superar la brecha digital y por enfrentarse a sus miedos y a la multitud de obstáculos que encuentran en su camino. Sin embargo, en muchas ocasiones, esto no es suficiente para alcanzar un empleo digno. Y ello es porque nuestro sistema socioeconómico, basado en la rentabilidad económica, la acumulación, el individualismo, la competencia y el consumo desmedido, nos sigue conduciendo a unos índices de desigualdad creciente, una precariedad laboral en aumento y un avance en la degradación del medio ambiente, incompatibles con la justicia social y la igualdad en el acceso a derechos”, señaló Natalia Peiro.

Los otros programas que más recursos utilizaron a lo largo del año pasado fueron los de personas mayores (42,9 millones), personas en situación de sin hogar (41,3 millones), y los de familia, infancia y juventud (28,5 millones), por citar los más relevantes.

Emergencia humanitaria

Dar respuesta a las necesidades humanitarias de miles de personas fuera de nuestras fronteras también ha sido una de las principales tareas de Cáritas a lo largo de 2023. Los distintos proyectos de Cooperación Internacional sumaron una inversión total de 25,2 millones de euros y se atendieron a 1.240.382 personas.

Dentro de la acción humanitaria destaca, sobre todo, el trabajo realizado en Marruecos, Turquía y Siria a raíz de la emergencia producida por los terremotos que afectaron a los tres países, el apoyo en Tierra Santa, así como la continuidad en el trabajo desarrollado en Ucrania. Todo ello sin olvidar la situación en otros países con crisis olvidadas como Mozambique, Etiopía o Líbano.

El importante esfuerzo económico (unos 29,3 millones más que en 2022) realizado por Cáritas el año pasado ha sido posible gracias al generoso apoyo de miles de socios, donantes y colaboradores privados, que han aportado más de 327 millones, un 6,9% más que el año anterior. “Ponemos en valor el compromiso de más de 230.000 personas donantes y socias que colaboran con nosotros en la tarea de construir un mundo más justo”, señaló la secretaria general.

Junto a ello, destaca también el esfuerzo de las distintas Administraciones Públicas, que aportaron a los programas de Cáritas un total de 159,4 millones de euros. Nuestro balance global de ingresos se ha situado este año con un 67,22% de origen privado y un 32,78% proveniente de las administraciones públicas.

Máxima austeridad

Aun cuando en los dos últimos años el conjunto de las Cáritas ha puesto en juego un importante incremento de recursos económicos debido al impacto de la crisis inflacionaria, ha sido posible mantener el objetivo de austeridad en el apartado de Gestión y Administración. Incluso ha descendido al 5,72%. Es decir, de cada 100 euros invertidos en acciones de lucha contra la pobreza, solo se han destinado a gastos de gestión 5,7 euros. “Llevamos 20 años en este porcentaje de gastos de gestión”, subrayó Natalia Peiro.

La Memoria recoge también los datos de las personas que están detrás de toda esta actividad confederal, sostenida gracias a 71.437 personas voluntarias y a 5.871 trabajadores contratados.

 “Espacio de encuentro y concordia”

Durante la presentación del balance de actividades, el presidente de Cáritas Española hizo un llamamiento a toda la sociedad a “sumar voluntades para convertir en lugar de encuentro y espacio de concordia el trabajo a favor de los invisibles y descartados, en estos tiempos de preocupante polarización social y de agravamiento de las condiciones de vida de muchas personas, que ven cómo su acceso a derechos básicos sigue siendo muy precario”.

En su intervención, Manuel Bretón también aprovechó para agradecer el “apoyo incansable” de empresas, donantes particulares, administraciones públicas y miles de voluntarios “en la tarea de garantizar la dignidad de todas las personas, la protección de los derechos humanos y el compromiso por la justicia social”.

“Son muchas las manos que se unen para avanzar en esa tarea. Por ello, quiero agradecer, en nombre propio y en el de Cáritas Española, esta suma de compromisos y solidaridad que tejen una red de apoyos sin la que no habríamos podido acompañar en 2023 a más de dos millones y medio de personas dentro y fuera de nuestro país”, apuntó.

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Monseñor Saiz Meneses: “La santidad no es algo reservado a unos cuantos privilegiados”

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Monseñor Saiz Meneses: “La santidad no es algo reservado a unos cuantos privilegiados”

El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, presidió ayer, 26 de junio, la Eucaristía con motivo de la fiesta de San Josemaría Escrivá en la Catedral hispalense.

La Misa estuvo concelebrada por Javier Yániz, vicario de la Delegación de la Prelatura del Opus Dei para Andalucía Occidental y Extremadura, y por sacerdotes de la Obra. Destacó además la participación de cientos de fieles que llenaron las naves central y laterales del Altar del Jubileo, sumando casi 2.500 personas.

El arzobispo comenzó su homilía agradeciendo a Dios “el regalo de la santidad en la fiesta de san Josemaría Escrivá de Balaguer, cuya enseñanza y testimonio reavivan nuestro deseo de vivir la santidad en la vida ordinaria, en la familia, en el trabajo, en nuestros ambientes”.

Más adelante, hace referencia a la llama que “cada uno de nosotros ha recibido del Maestro; la llamada a la santidad, a vivir en unión con Cristo y la Iglesia, y la llamada al apostolado, a la evangelización”. En este sentido, recuerda cómo san Josemaría insiste en que “la santidad no es algo reservado a unos cuantos privilegiados, sino que se puede vivir en todos los caminos, en todos los estados, en todas las profesiones, en todas las tareas”.

Profundizando en este concepto, el arzobispo hispalense hizo referencia al Magisterio de la Iglesia. En primer lugar, mencionó la Carta Apostólica Novo millennio ineunte, en la que san Juan Pablo II recuerda que “el camino pastoral debía situarse en la perspectiva de la santidad, y que la santidad era el fundamento de la programación pastoral que correspondía al iniciar el nuevo milenio”. Igualmente, cita la exhortación apostólica del papa Francisco, Gaudete et exultate, en la que se asegura que “la misión es el impulso más fuerte que puede encontrar la Iglesia para redescubrir su propia santidad y volver a escuchar la vocación a ser más santa”.

Cómo ser santo

Monseñor José Ángel Saiz Meneses explicó en su homilía cuál era el camino de la santidad: “En primer lugar a través de la vida de fe: el cristiano ha de vivir su unión con Cristo por medio de la oración, de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía, y de la escucha de la Palabra de Dios. En segundo lugar, a través de la formación, siempre necesaria para profundizar y dar razón de la fe y de la esperanza. Y, por último, en virtud de una acción apostólica que deriva de la misma naturaleza del ser cristiano y del envío misionero de Jesús. El cristiano es santificado por Dios las 24 horas del día, porque en todo momento vive unido al Señor: en la oración y en el trabajo, en el estudio, en la sana diversión y también en el descanso”.

Finalmente, apuntó que “el esfuerzo humano es inútil sin la ayuda de Dios”, por eso, “el discípulo que vive en comunión con Cristo, recibe su gracia y da un fruto abundante. La unión con Jesús tiene la promesa de dar mucho fruto, mientras que la separación de él comporta una radical infecundidad”, concluyó.

Imágenes de Guillermo Aguilar

 

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Enhorabuena a los nuevos presbíteros

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En este 29 de junio, solemnidad de los santos Pedro y Pablo, vivimos un día grande para la diócesis de Córdoba, con la ordenación de ocho nuevos presbíteros, en la Santa Iglesia Catedral, presidida por nuestro Obispo, monseñor Demetrio Fernández

Enhorabuena cordial y entrañable, queridos hermanos y compañeros en el sacerdocio, evocando aquellas palabras del santo Cura de Ars: “¡Oh, qué grande es el sacerdote! / Si se diese cuenta, moriría… / Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz /  y se encierra en una pequeña hostia…”.

Enhorabuena cercana y fraternal a vosotros, recordando a san Juan de Ávila, cuando describía las “tareas de los buenos pastores”, con este lenguaje de su tiempo: “El Señor manda a los pastores para que esfuercen lo flaco, sanen lo enfermo, aten lo quebrado, reduzcan lo desechado y busquen lo perdido…”.

Enhorabuena, convertida en un beso a vuestras manos consagradas, dispuestas a la bendición y al perdón, a la misericordia y a la ternura, a la cercanía y a la bondad, con el eco de las palabras del Papa Francisco, haciendo referencia a lo que el Señor dijo a santa Teresa de Jesús, cuando le quitaron los libros de los que ella se fiaba: “Yo te daré el libro vivo”, y recomendando a los sacerdotes cuál es el “libro vivo”: “Cristo es el libro que les recomiendo vivamente, pero hay que buscarlo en la Escritura, en el Evangelio, en la adoración silenciosa…”.

Enhorabuena, queridos nuevos presbíteros, con los versos del poeta: “Vais hacia Dios / mi palabra de amor llevadle entera, / llevadle rosas, frescas rosas claras / y los perfumes de la primavera”.

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Ocho nuevos presbíteros

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Este sábado 29 de junio de 2024, en la solemnidad de san Pedro y san Pablo, último sábado del mes de junio, son ordenados en Córdoba ocho nuevos presbíteros, ocho nuevos sacerdotes para la diócesis de Córdoba y para la Iglesia universal. Paco Aguilar, de Montilla; Álvaro Fdez.-Martos, de Córdoba (Cristo Rey); Paco Flores, de Córdoba (La Esperanza); Javi González, de Córdoba (San Nicolás); Juan Yersin (Neocatecumenal); Javi Montes, de Dña Mencía; Miguel Ángel Moyano, (Neocatecumenal); Javi R. Calmaestra, de Priego.

Es una gran noticia para todos, es un día especialmente señalado. Lo considero un fruto maduro de tantas oraciones de toda la diócesis, pidiendo vocaciones sacerdotales para nuestra diócesis y para la Iglesia universal. Y fruto también del buen trabajo de los sacerdotes y párrocos, de la pastoral vocacional, de las familias cristianas, de la delegación de juventud y del adoremus de cada jueves, etc. Considero que en la diócesis de Córdoba se ha creado una cultura vocacional, por la que los jóvenes que son llamados son inmediatamente acompañados para responder a su vocación. Eso no se hace en un día, ni es obra de personas aisladas. En este campo más que en otros aparece la sinodalidad de la Iglesia, la comunión de los santos, la acción conjunta de una familia unida por el Espíritu Santo. No bajemos la guardia y sigamos pidiendo al Señor que envíe trabajadores a su mies, porque la mies sigue siendo abundante y los obreros son pocos.

Os invito a ver el video reciente en el que cada uno explica brevemente su itinerario vocacional. Son jóvenes de nuestro tiempo, con las muchas cualidades que tienen los jóvenes hoy, y con las debilidades tan características de nuestro tiempo. Son elegidos para representar in persona Christi al mismo Jesucristo en medio de nuestras comunidades, en nuestro mundo contemporáneo. El sacerdote es la presencia viva y personal de Cristo en medio de los hombres de hoy. El sacerdote es un regalo del Corazón de Cristo, repetía el santo Cura de Ars. Tener a mano un sacerdote es una gracia muy grande. Ojála no nos falten los sacerdotes necesarios para nuestra diócesis y para compartir con los lugares de misión más necesitados.

Ellos no han llovido del cielo, han nacido en una familia concreta, son fruto de nuestra tierra, han crecido al calor de un hogar cristiano. Tener una familia cristiana detrás es uno de los resortes más importantes en esta vocación. Familias cristianas, pedid a Dios que os conceda esta gracia de tener un sacerdote entre vuestros vástagos, hijos o nietos. Será un regalo muy especial de Dios a esta familia.

Algunos han recibido la llamada en la niñez, otros en la juventud, otros después de emprender otros caminos, incluso con el proyecto de formar una familia propia, casarse, tener hijos. Son jóvenes normales, que en un momento de sus vidas han experimentado el atractivo irresistible de Jesucristo que los llama y elige para que sean de Él, para que estén con Él y para ser enviados a anunciar el Evangelio. Lo cual ocupa el propio corazón y lo enamora para entregar la vida por amor. Es algo asombroso que un joven hoy, teniendo abiertas todas las posibilidades de su vida, elija este camino. Qué grande es el atractivo de Jesucristo. Esto sólo sucede si el sujeto se siente elegido y llamado por Dios para esto. El Seminario, con todos los medios de que dispone, ha ido verificando esta llamada, hasta certificar que la llamada es verdaderamente de Dios.

Ahora son llamados por el obispo, son incorporados a un presbiterio diocesano, son consagrados por la imposición de manos y la invocación del Espíritu Santo, y son enviados a los distintos lugares de la diócesis donde son necesarios. No se trata de un simple oficio o de un funcionariado, se trata de una consagración de toda la vida y para toda la vida, sólo posible por la gracia de Dios, que hemos de implorar todos en este día sagrado de su ordenación.

A la ordenación de estos ocho nuevos presbíteros, se une el ingreso en el Seminario Mayor de otros diez candidatos que comienzan su formación para el sacerdocio. Sigamos rezando por las vocaciones, sigamos pidiendo por los sacerdotes para que sean fieles a su vocación. Es cosa de toda la diócesis, y es una de las primerísimas necesidades en la Iglesia.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.

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Mariela Martínez en una obra sobre Biblia y ecología

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La profesora de los Centros Teológicos Diocesanos Mariela Martínez Higueras O.P. participa en «Biblia y ecología. Nuevas lecturas en un mundo herido», una monografía de la Asociación Bíblica Española editada por Verbo Divino y que ofrece una visión actualizada de la problemática medioambiental desde múltiples perspectivas bíblicas.

En la publicación participan firmas como David G. Horrell, Katharine J. Dell, José Alberto Garijo Serrano, Ianire Angulo Ordorika, Enrique Gómez García, Nuria Calduch-Benages, entre otros muchos. La aportación de la profesora de Málaga es sobre los «Espacios verdes en el evangelio de Mateo: imaginario e identidad». La obra completa, cuyas editoras son Carmen Yebra Rovira y Estela Aldave Medrano, comprende un elenco de veinte artículos y quiere abordar la problemática medioambiental desde la reflexión y los estudios bíblicos, para «iluminar desde nuevos enfoques la realidad de nuestro mundo herido y proponer vías para una relación más sana con él, un mejor conocimiento de los textos bíblicos, nuevos temas de investigación o perspectivas y diálogos con otras disciplinas y realidades», recoge en la introducción.

Puede adquirirse en librerías religiosas y en la página de la editorial.

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Mariela Martínez, profesora del CESET, en una obra sobre «Biblia y ecología»

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La profesora de los Centros Teológicos Diocesanos Mariela Martínez Higueras O.P. participa en «Biblia y ecología. Nuevas lecturas en un mundo herido», una monografía de la Asociación Bíblica Española editada por Verbo Divino y que ofrece una visión actualizada de la problemática medioambiental desde múltiples perspectivas bíblicas.

En la publicación participan firmas como David G. Horrell, Katharine J. Dell, José Alberto Garijo Serrano, Ianire Angulo Ordorika, Enrique Gómez García, Nuria Calduch-Benages, entre otros muchos.

La aportación de la profesora de Málaga es sobre los «Espacios verdes en el evangelio de Mateo: imaginario e identidad». La obra completa, cuyas editoras son Carmen Yebra Rovira y Estela Aldave Medrano, comprende un elenco de veinte artículos y quiere abordar la problemática medioambiental desde la reflexión y los estudios bíblicos, para «iluminar desde nuevos enfoques la realidad de nuestro mundo herido y proponer vías para una relación más sana con él, un mejor conocimiento de los textos bíblicos, nuevos temas de investigación o perspectivas y diálogos con otras disciplinas y realidades», recoge en la introducción.

Puede adquirirse en librerías religiosas y en la página de la editorial.

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El malagueño Rafael Vázquez coordina la edición del II volumen del Comentario a los documentos del Vaticano II

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Este II volumen del Comentario a los documentos del Concilio Vaticano II, ha sido editado por el sacerdote y subdirector de los Centros Teológicos Diocesanos Rafael Vázquez Jiménez, que es también autor de dos de los documentos: Unitatis redintegratio y Nostra aetate. La obra ha sido publicada por la editorial BAC, en su colección BAC Maior, y se enmarca dentro de la preparación del Jubileo del año 2025, en el que también se conmemorará el 60 aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II.

Como el propio Vázquez, delegado también de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la Diócesis de Málaga, afirma, «después del tiempo transcurrido, es importante releer los documentos del Concilio, que han marcado el rumbo de la Iglesia actual y hacer una reflexión sobre su historia de la recepción. Es un tiempo propicio para que las nuevas generaciones de laicos, sacerdotes, obispos y religiosos se acerquen de nuevo a la riqueza del Concilio Vaticano II, se dejen impregnar por sus grandes intuiciones y el deseo de diálogo con el mundo, con las otras confesiones cristianas y con las otras religiones, que desprenden sus páginas».

La obra en su conjunto cuenta con un comité científico formado por Gonzalo Tejerina, Salvador Pié i Ninot, Vicente Botella Cubells y el mismo Rafael Vázquez Jiménez, coordinado por Santiago Madrigal. Este último falleció tras la publicación del primer volumen, por lo que la coordinación recayó sobre Rafael Vázquez desde entonces.

Rafael Vázquez es, además, director de la Subcomisión de Universidades y Cultura, del Secretariado de la Comisión para la Doctrina de la Fe y del de la Subcomisión para las Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española.

La obra puede adquirirse en librerías religiosas y a través de la editorial.

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