

El curso 2024-2025 ha iniciado su andadura en el Centro de Estudios «Pedro Suárez» con un brillante acto académico, que tuvo lugar el miércoles 6 de noviembre, en la Fundación Pintor Julio Visconti, de Guadix.
Tras las palabras de bienvenida y presentación de monseñor Orozco Mengíbar, obispo de Guadix y presidente del Consejo Rector, y de José Manuel Rodríguez Domingo, presidente de la Junta de Gobierno, tuvo lugar la lección inaugural a cargo de la Dra. Inmaculada Arias de Saavedra Alías, catedrática emérita de Historia Moderna de la Universidad de Granada y presidenta del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino.
Inmaculada Arias ofreció una conferencia centrada en la personalidad del infante D. Luis de Borbón y Farnesio, hijo de Felipe V y hermano de Carlos III, protector de Francisco de Goya y Luigi Boccherini. Algún legado de su etapa como arzobispo de Toledo conserva Huéscar y Castril cuando ambas localidades pertenecían a la sede primada. El recorrido pormenorizado, además, por su fabulosa biblioteca -que incluía una «Historia del Obispado de Guadix y Baza» de Pedro Suárez- despertó el interés del numeroso público asistente.
Tomado del Centro de Estudios Pedro Suárez











Los galones clericales o civiles y los amplios ropajes frente a los que nos alerta Jesús afloran en toda sociedad como un arma farisea de doble filo donde la entrega fiel y silenciosa al ministerio o al servicio público puede desnaturalizarse si uno descuida la dación desinteresada a cuenta de la gloria propia: «Al cielo voy a subir y por encima de las estrellas voy a establecer mi trono», nos recuerda Isaías. Es por ello que quien desvirtúe su servicio o su ministerio en pos del reconocimiento social padecerá, dice Jesús, una sentencia más rigurosa. El alarde del ropaje que, a cuenta de nuestro ego, sólo sirve para alimentar soberbias, bien pudiera propiciar que el Señor nos reprenda con dureza, como también dice Mateo, a pesar de profetizar, echar demonios y hacer milagros en su nombre: «No os conozco», dirá el Señor. Poco valdrán en ese cara a cara los ropajes, «los alamares, las sedas y los oros», que diría Machado.









