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El Obispado de Asidonia-Jerez da la bienvenida a España al Papa León XIV

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El Obispado de Asidonia-Jerez da la bienvenida a España al Papa León XIV

La Diócesis de Asidonia-Jerez ha instalado una lona de bienvenida en la fachada de su Obispado y en la torre de la Santa Iglesia Catedral. En ella vemos la imagen del Santo Padre acompañada del mensaje «¡Bienvenido!», convirtiéndose en un signo visible de la alegría e ilusión con la que la Iglesia Asidonense espera la llegada del Sucesor de Pedro a nuestro país.

Con esta iniciativa, la Diócesis se une a toda la Iglesia en España ante un acontecimiento que será vivido como una oportunidad para fortalecer la fe, la comunión eclesial y el impulso evangelizador de nuestras comunidades.

La visita del Santo Padre, que dará comienzo este fin de semana, contará además con una destacada participación de fieles de Asidonia-Jerez. Más de doscientos jóvenes de la Diócesis viajarán para participar en los encuentros programados con el Pontífice, mientras que numerosos sacerdotes, religiosos y laicos se desplazarán también de manera particular para vivir este momento histórico para la Iglesia española.

Asimismo, Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, acompañará al Santo Padre durante los distintos actos previstos en su viaje apostólico por España.

De este modo, la Diócesis de Asidonia-Jerez expresa también a través de este sencillo gesto su deseo de recibir al Papa León XIV con afecto filial y de acompañar espiritualmente los frutos de su visita a España.

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Mensaje del arzobispo, en el Corpus Christi 2026

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Mons. Gil Tamayo felicita esta gran festividad e invita a seguir celebrando el Cuerpo y Sangre de Cristo cada domingo en la Eucaristía.

Queridos amigos, queridos todos:

Os felicito las fiestas del Corpus, el día más grande de Granada, el Día del Señor.

Así lo decimos y así es, efectivamente. El Señor se ha quedado con nosotros en la Eucaristía, con su Presencia real y verdadera, con Su cuerpo, con Su sangre, con Su alma y con Su divinidad.

Está en medio de nosotros, nos sirve de alimento, que así acudimos a comulgar con fe. Nos sirve también de consuelo en los momentos en que vamos a echar un rato con Él y, sobre todo, vamos a adorarLe, porque es Dios con nosotros.

Pero en este día, y Granada lo valora tanto, sale a nuestras calles y quiere meterse en nuestras casas, pero, sobre todo, en el corazón de los granadinos y las granadinas. Quiere meterse en nuestra vida.

Y una manera que yo les invito es que después de ese Corpus -el Día del Señor- lo prolonguemos en lo que es el Día del Señor también, que son los domingos, con la participación en la Eucaristía dominical. Qué bueno sería, qué bonito sería que recuperemos con fuerza esa Presencia en la Eucaristía, en la Santa Misa, el domingo, la familia, para dar gracias al Señor, para pedirLe ayuda.

Queridos amigos, que tengáis una feliz fiesta del Corpus Christi. Que el Señor nos bendiga a todos, especialmente a quienes más nos necesitan.

Y este día es el Día también de la caridad. El Día del Amor Fraterno es el Jueves Santo. Y este es el otro jueves en que se nos invita a vivir ese mandamiento nuevo del Señor y ayudar a una institución de Iglesia como es Cáritas, que se desvive por los más necesitados. Necesita la ayuda de todos, y la caridad empieza por los más próximos, por los más prójimos.

+José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

3 de junio de 2026, Granada

Mensaje del arzobispo, en el Corpus Christi 2026

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Mons. Gil Tamayo felicita esta gran festividad e invita a seguir celebrando el Cuerpo y Sangre de Cristo cada domingo en la Eucaristía.

Queridos amigos, queridos todos:

Os felicito las fiestas del Corpus, el día más grande de Granada, el Día del Señor.

Así lo decimos y así es, efectivamente. El Señor se ha quedado con nosotros en la Eucaristía, con su Presencia real y verdadera, con Su cuerpo, con Su sangre, con Su alma y con Su divinidad.

Está en medio de nosotros, nos sirve de alimento, que así acudimos a comulgar con fe. Nos sirve también de consuelo en los momentos en que vamos a echar un rato con Él y, sobre todo, vamos a adorarLe, porque es Dios con nosotros.

Pero en este día, y Granada lo valora tanto, sale a nuestras calles y quiere meterse en nuestras casas, pero, sobre todo, en el corazón de los granadinos y las granadinas. Quiere meterse en nuestra vida.

Y una manera que yo les invito es que después de ese Corpus -el Día del Señor- lo prolonguemos en lo que es el Día del Señor también, que son los domingos, con la participación en la Eucaristía dominical. Qué bueno sería, qué bonito sería que recuperemos con fuerza esa Presencia en la Eucaristía, en la Santa Misa, el domingo, la familia, para dar gracias al Señor, para pedirLe ayuda.

Queridos amigos, que tengáis una feliz fiesta del Corpus Christi. Que el Señor nos bendiga a todos, especialmente a quienes más nos necesitan.

Y este día es el Día también de la caridad. El Día del Amor Fraterno es el Jueves Santo. Y este es el otro jueves en que se nos invita a vivir ese mandamiento nuevo del Señor y ayudar a una institución de Iglesia como es Cáritas, que se desvive por los más necesitados. Necesita la ayuda de todos, y la caridad empieza por los más próximos, por los más prójimos.

+José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

3 de junio de 2026, Granada

Elige amar. Elige comunidad

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Celebramos en este domingo la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. En Sevilla, como es tradición venerable y arraigada en nuestra tierra, la hemos celebrado solemnemente el pasado jueves, día 4 de junio, con la Eucaristía en la Catedral y la procesión del Corpus por nuestras calles. Hoy, domingo 7 de junio, esta misma solemnidad adquiere un significado especialmente eclesial, pues me encuentro acompañando al Santo Padre León XIV en su visita apostólica a España, que lo lleva a Madrid, Barcelona y Canarias. En Madrid, la Santa Misa en la Plaza de Cibeles y la procesión del Corpus Christi hacen visible, ante España y ante el mundo, que Cristo sigue caminando con su pueblo.

El Corpus Christi nos sitúa en el centro mismo de nuestra fe: Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, se queda con nosotros en el Sacramento de la Eucaristía. No se trata de un símbolo vacío o de un simple recuerdo piadoso. Es presencia real, viva y eficaz del Señor, que se nos da como Pan de vida para sostenernos en el camino, fortalecer nuestra esperanza y convertirnos en testigos de su amor. La Eucaristía es el sacramento de la caridad. En ella contemplamos al Señor que se parte y se reparte por la vida del mundo. Por eso, quien comulga el Cuerpo de Cristo no puede vivir encerrado en sí mismo, ni permanecer indiferente ante el sufrimiento de los hermanos. San Juan Pablo II recordaba que la Eucaristía “crea comunión y educa a la comunión” (Ecclesia de Eucharistia, n. 40). Y el Concilio Vaticano II enseña que la Eucaristía es “fuente y culmen de toda la vida cristiana” (Lumen gentium, n. 11). De esa fuente nace la misión, la fraternidad, el servicio y la caridad concreta.

Por eso, en el día del Corpus celebramos también el Día de la Caridad. El lema de la campaña de este año, “Elige amar. Elige comunidad”, nos recuerda que la vida cristiana no se reduce a buenas intenciones. Amar es una elección diaria. Elegir comunidad es salir del aislamiento, superar la indiferencia, tender puentes, compartir el pan, acompañar al que sufre y reconocer en cada persona la dignidad de hijo de Dios. El Papa León XIV, en su exhortación Dilexi te, nos recuerda con fuerza que no estamos “en el horizonte de la beneficencia, sino de la Revelación”, porque “el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Señor de la historia” (n. 5). Son palabras que iluminan profundamente esta solemnidad. El mismo Cristo que adoramos en la custodia es el que sale a nuestro encuentro en el pobre, en el enfermo, en el anciano solo, en el migrante, en el descartado, en quien ha perdido la esperanza.

La procesión del Corpus no es un desfile religioso ni una tradición meramente cultural. Es una confesión pública de fe. Es Cristo que bendice nuestras calles, nuestras familias, nuestros trabajos, nuestras heridas y nuestras esperanzas. Pero también es una llamada: si Cristo sale a la calle, la Iglesia no puede quedarse encerrada. Si Cristo se hace Pan partido, también nosotros hemos de hacernos pan compartido. San Juan Crisóstomo lo expresó con palabras severas y luminosas: “¿Quieres honrar el Cuerpo de Cristo? No permitas que sea despreciado en sus miembros, es decir, en los pobres” (Homilías sobre Mateo, 50,3). No hay verdadero culto eucarístico sin caridad. No hay adoración auténtica si cerramos los ojos ante el hambre, la soledad o la injusticia. No hay comunión plena con Cristo si vivimos de espaldas a los hermanos.

Queridos diocesanos: en este día os invito a renovar vuestra fe eucarística. Volvamos al Sagrario. Participemos con fidelidad en la Santa Misa dominical. Adoremos al Señor con gratitud y reverencia. Pero, al mismo tiempo, dejemos que la Eucaristía transforme nuestra vida. Que nuestras parroquias, comunidades, hermandades, movimientos y familias sean hogares de comunión, escuelas de fraternidad y talleres de caridad. Elige amar. Elige comunidad. Elige a Cristo. Porque quien elige a Cristo no pierde nada; lo encuentra todo. Él es el Pan vivo bajado del cielo, el que sacia el hambre más profunda del corazón humano y nos envía a ser testigos de su amor en medio del mundo. Que María Santísima, mujer eucarística y Madre de la Iglesia, nos enseñe a recibir a Cristo con fe, a adorarlo con humildad y a servirlo en los hermanos con alegría.

+José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

“La Eucaristía es la muestra del amor grande e infinito de Dios por nosotros”

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Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la Eucaristía del jueves de Corpus Christi, celebrada en la Catedral el 4 de junio de 2026, previa a la procesión con el Santísimo Sacramento por las calles de Granada.

(…), querida Junta de Cofradías, Federación de Cofradías de Granada;
queridos Hermanos Mayores y representantes de las Hermandades y Cofradías de Granada;
queridos hermanos y hermanas, todos en el Señor:

Feliz día del Corpus, feliz día del Señor.

Y en este día tan grande que lo manifestáis con vuestra presencia en este templo y, sobre todo, con vuestro respeto y con vuestro cariño en nuestras calles, le pido al Señor que os bendiga, que salga en ayuda de vuestras necesidades. Pido especialmente por los enfermos, por los ancianos, por los que nos han dejado y viven en otras partes buscándose mejores medios de vida. Pido también por quienes llegan para que les acojamos. En este día grande, damos culto y honor especial a Cristo presente en la Eucaristía.

La Reina Isabel trae dos devociones esenciales en Granada. Por una parte, el amor a Nuestra Señora, que se centra en la Virgen Santísima, la Virgen de las Angustias, que también saca a la calle, porque la llevamos en el corazón de manera profunda e imborrable, a todo el pueblo de Granada. Pero también la Eucaristía, el centro y la cumbre de la vida cristiana, la raíz fundamental de lo que somos y donde Dios se nos hace presente en el memorial de Su muerte y Resurrección.

Anunciamos Tu muerte, proclamamos Tu Resurrección. “Ven, Señor Jesús”, le decimos. Cristo, presente en la Eucaristía con Su Cuerpo, con Su Sangre, con su alma y con su divinidad.

Cristo, que, como hemos escuchado, es el verdadero pan de vida, el pan que nos da la vida cristiana, que nos da la vida de la Gracia, que inhabita en nuestros corazones, que hace realidad el saludo litúrgico de que el Señor esté con vosotros.

Cristo, que se queda en medio de nosotros como Presencia, al que acudimos en nuestra oración confiada, en nuestras iglesias, especialmente las abiertas para la adoración, donde vamos como verdaderos remansos de paz a abrirle nuestro corazón al Señor, mostrarle nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras contrariedades, pero también a dar gracias; donde vamos a adorar a Dios en medio de nosotros. Pero Cristo se queda como alimento, el alimento que nos ayuda a caminar en los caminos de la vida, como alimento con Su Cuerpo y con Su Sangre, el que nos da la vida eterna y anticipa en nosotros la Resurrección.

Cristo se queda en medio de nosotros. Pero, se queda como pan partido, como sangre ofrecida, como sacrificio, como presencia, como alimento. Pero Cristo nos invita a la unidad y yo quiero fijarme, después de escuchar la Carta del apóstol Pablo que ha sido proclamada. Pidamos al Señor la unidad. Pidamos al Señor la concordia, en medio de una sociedad muchas veces polarizada. Pidamos al Señor que formemos cada uno en la pluralidad y en la diversidad de sus dones, de sus opciones, pero, sobre todo, esa opción por el bien común, que está más allá de lo que se llaman los intereses generales o los intereses particulares o los intereses con apellidos, sino el bien común que busca, sobre todo, la felicidad, el progreso y los verdaderos valores y el respeto a la dignidad fundamental de la persona humana.

Pidamos que nuestra sociedad sea una sociedad donde la convivencia y la concordia sea posible, donde la unión entre todos sea una realidad. Esto le pido al Señor especialmente en estos momentos y creo que el Papa Ben León XIV, al que recibiremos pasado mañana ya en España, traerá este mensaje de llamada a la concordia, a la unidad, al respeto y realmente lo necesitamos.

“Como estaba el pan disperso por las tierras de labor, así haz uno en esta ofrenda, haznos uno en ti, Señor”. La Eucaristía es unidad. No puede uno acercarse a la Eucaristía teniendo en su cuenta enfrentamientos, teniendo en su cuenta falta de paz, teniendo en su cuenta violencia. Al contrario, la Eucaristía nos lleva a la unidad, a la caridad, a la paz.

Y la Eucaristía es también la muestra del amor grande e infinito de Dios por nosotros. Nadie tiene amor más grande, dice Jesús, que el que da la vida por sus amigos. “Vosotros sois mis amigos”, nos dice. Y antes de la Cena, en que Él se pone a lavarle los pies a sus discípulos, enseñar de la humildad de Dios que se abaja, Cristo nos dice que nos ama. Nos da el mandamiento nuevo del amor. Este es mi mandamiento, que “os améis los unos a los otros como Yo os he amado. En esto reconocerán que sois mis discípulos”. Es el distintivo de los cristianos y es la exigencia fundamental de nuestra vida. Cristo, que nos dice el evangelista, que habiendo amado los suyos, que Dios los amó hasta el extremo, nos muestra que este es el camino. Porque la fe esencial es que Dios es Amor. Nosotros hemos conocido el amor de Dios y hemos creído en Él, nos dice San Juan en su Primera Carta.

Pero, queridos amigos, la Eucaristía nos tiene que ayudar a ser mejor cada uno, como cristianos y también como fieles de la Iglesia, pero también como ciudadanos que respetan este Misterio. Yo veo ese respeto por las calles, veo el cariño, veo la oración, veo la devoción del pueblo de Granada, pero veo también el respeto exquisito de quienes no comulgan con nosotros, pero viven ese respeto heredado de sus mayores hacia el que es el centro, el culmen, al que es el alfa y la omega, el principio y el fin, el Señor. Por eso, en este Día del Señor, pidamos la unidad, la concordia, la colaboración entre todos, el buscar el bien común, la paz en nuestro mundo. Vamos a pedir eso hacia el Señor y seguro que nos escucha.

Y hoy, al salir de nuestras calles, que nuestra oración de alabanza lleve también la de gratitud por tantos favores recibido. Y pidamos que el Señor entre en nuestros corazones por la Gracia. Pidamos que entre en nuestras casas, que dé salud a nuestros enfermos, que dé alivio a los que sufren, que dé prosperidad a quienes carecen de ella, porque Cristo en la Eucaristía demanda justicia.

Y en este día es el día también de la caridad. Es el día en que Cáritas nos pide que colaboremos y ayudemos como organización de la Iglesia que sale en socorro de los más desvalidos, de los más pobres. No se puede separar caridad de Eucaristía. La caridad nos lleva a vivir la Eucaristía. La Eucaristía nos lleva a fortalecer la caridad entre todos como expresión de nuestro amor a Dios.

Que la Virgen Santísima de las Angustias nos acoja, nos acompañe, nos proteja y nos ayude a querer a su Hijo como Ella que lo tiene ante sí, como oferente la tiene ante sí, dándonos a Jesús el fruto bendito de su vientre.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

Catedral de Granada
4 de junio de 2026

Alrededor de 500 fieles diocesanos participarán en Madrid en la visita del Santo Padre a España

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La Diócesis de Jaén se prepara para vivir con alegría la visita del Santo Padre a España. Nuestro Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, acompañará al Papa León XIV durante las distintas etapas de su viaje, que lo llevará a Madrid, Barcelona y Canarias durante los próximos días.

Asimismo, cerca de 500 diocesanos se desplazarán hasta Madrid para participar en los actos programados, especialmente en la celebración de la Santa Misa del Corpus Christi en la plaza de Cibeles y en los encuentros convocados con jóvenes y fieles de toda España. También viajarán hasta Madrid otros muchos jiennenses con viajes organizados a través de colegios o particulares.

Entre los peregrinos jiennenses figuran dos autobuses organizados desde Linares, promovidos por la parroquia de Santa Bárbara, con participantes procedentes de Linares y Jaén. Jóvenes, familias y personas mayores compartirán esta experiencia de fe y comunión eclesial.

A ellos se suman las 120 personas que viajarán en los autobuses coordinados por la Delegación de Peregrinaciones. Proceden de distintos puntos de la Diócesis, entre ellos Baeza, Linares, Jaén, La Guardia, Cárchel, Jódar, Cazorla, Alcalá la Real, Mengíbar, Bailén o Mancha Real. En este grupo participarán también dos sacerdotes, un diácono de Andújar y religiosas de Baeza.

Por su parte, la Delegación Episcopal de Juventud ha organizado una peregrinación con 140 jóvenes y cinco sacerdotes, que viajarán durante el fin de semana para participar en los actos previstos en la capital. También estarán presentes los seminaristas diocesanos.

La amplia representación de la Iglesia de Jaén pone de manifiesto el afecto de nuestra Diócesis hacia el Sucesor de Pedro y el deseo de vivir junto a él unos días de intensa experiencia de fe y comunión eclesial.

Mientras tanto, nuestro Obispo continuará acompañando al Santo Padre durante las etapas de Barcelona y Canarias. Desde Jaén nos unimos en la oración para que esta visita dé abundantes frutos para toda la Iglesia.

Medio centenar de fieles reciben el Sacramento de la Confirmación en la Parroquia de Cristo Rey de Jaén

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El pasado viernes, día 29 de mayo, la comunidad parroquial de Cristo Rey de Jaén celebró el Sacramento de la Confirmación a 51 adolescentes, jóvenes y adultos, completando de ese modo su particular Iniciación Cristiana.

La celebración estuvo presidida por el Vicario General de la Diócesis, D. Juan Ignacio Damas, y concelebrada por el párroco, D. Jesús M. Millán.

Con un templo abarrotado de fieles, que desearon acompañar a los confirmandos, el Vicario General comenzó su homilía dirigiéndose personalmente a los que iban a recibir, pasados unos momentos el sacramento, contándoles el relato de Samuel y cómo su respuesta a Dios: “Aquí estoy”, ahora ellos la habían repetido, unos instantes antes, al ser llamados por su nombre.

Les habló de la importancia del Espíritu Santo y lo que supone en la vida de todo cristiano. Entre otras reflexiones, les recordó el compromiso que adquirían, pues ahora, a diferencia de cuando fueron bautizados, eran plenamente conscientes de lo que implicaba el ser cristiano y el seguimiento a Jesús, así como la responsabilidad que asumían de llevar el Evangelio al medio del mundo.

Al finalizar, el Vicario General felicitó a los recién confirmados, a padres y padrinos, y a los catequistas que los habían ido acompañando en su proceso de maduración de la fe. Reseñar que, si bien la inmensa mayoría de los confirmandos provenían de la comunidad parroquial de Cristo Rey, también había un nutrido grupo que se habían preparado en el colegio de las Hijas de Cristo Rey, y en otras comunidades parroquiales.

Comunidad parroquial de Cristo Rey de Jaén

Los trabajadores de Cáritas celebran en Arjona el día de la caridad con una reflexión sobre la Eucaristía

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El sacerdote Luis María Salazar aborda en una ponencia las tres grandes tensiones teológicas y pastorales que ha habido en la historia de la Iglesia en torno a la Eucaristía.

En vísperas de la celebración del Corpus Christi, Día de la Caridad, cerca de medio centenar de trabajadores de Cáritas Jaén, encabezados por su equipo directivo, han celebrado una jornada de reflexión y convivencia en Arjona. La cita comenzó con un desayuno de acogida por parte de los agentes de Cáritas Arjona y el párroco, Juan Mena, celebrado en la sede de la Fundación Angustias Verdejo-Santísima Trinidad.

La jornada continuó con una charla a cargo del sacerdote diocesano Luis María Salazar, párroco de San Félix de Valois, canónigo de la Catedral de Jaén y profesor del Centro de Estudios San Eufrasio de Jaén y de la Facultad de Teología de Granada (Universidad Loyola-Andalucía). La ponencia giró en torno a las tres tensiones teológicas y pastorales que ha habido a lo largo de la historia de la Iglesia.

La primera de ellas fue el conflicto sobre la presencia, a comienzos del segundo milenio. «Surgen en los siglos XII y XIII ante la necesidad de resolver quién está en ese trozo de pan», señaló Salazar. Así, desgranó las teorías que se abordaron desde un punto de vista teológico para explicar cómo el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo. «La primera de ellas fue la de la aniquilación, que defiende que la sustancia del pan desaparece y solo queda su apariencia», explicó el sacerdote. La segunda, la consubstantación, consideraba que Jesucristo está «abrazo al pan», pero coexisten ambas sustancias. Finalmente, en tercer lugar, abordó la transubstanciación, que fue la postura adoptada, que determina que «la sustancia del pan no se destruye ni se anula, sino que se transforma profundamente». «El pan sigue estando ahí, pero su realidad más profunda ahora es Cristo», concretó Luis María Salazar. Aplicado a los pobres o a la acción social, argumentó que esto significa que «la presencia de Dios no anula la identidad, las circunstancias, ni la humanidad de la persona, sino que las potencia y las eleva». «La gracia no destruye la naturaleza», apostilló.

El segundo conflicto fue en torno al sacrificio, que se desata principalmente con la llegada de la reforma protestante de Martín Lutero. El debate se centró en discutir si la Eucaristía es o no el sacrificio de la cruz, y qué significado tiene el sacrificio dentro de la vida cristiana. «La Iglesia respondió y fijó su postura en el Concilio de Trento», explicó el sacerdote.

Finalmente, el conflicto de hoy se centra en la comunión. «Mientras que el problema de la presencia se cerró en la Edad Media y el del sacrificio en Trento, al cristiano de hoy le corresponde resolver el problema de la comunión. Abordó la realidad la Eucaristía como banquete e hizo hincapié en la reflexión sobre que la Eucaristía es un banquete comunitario, una experiencia de unidad. «El conflicto de la comunión es la lucha por evitar que la Eucaristía se convierta en un rito estéril, estético o puramente intimista, devolviéndole su fuerza original: ser el motor que crea una comunidad unida, solidaria y comprometida con el sufrimiento del mundo», defendió. En esta línea, señaló que debe haber coherencia entre «el altar y la calle». «El conflicto actual es que se ha disociado la fe de la justicia social. Comulgar compromete radicalmente con los más vulnerables. Si compartimos el pan del cielo, es incoherente no compartir el pan de la tierra. La verdadera comunión eucarística obliga al creyente a salir del templo con la mirada transformada para ver las necesidades del prójimo, especialmente de los excluidos», concluyó Luis María Salazar.

Celebración eucarística

Al término de la charla, los participantes se trasladaron a la parroquia de San Martín de Tours, donde tuvo lugar la celebración de la Eucaristía. Estuvo presidida por Luis María Salazar y concelebrada por el vicario de Caridad y delegado de Cáritas, Juan Raya, y por el párroco de Arjona, Juan Mena. En la homilía, Salazar abordó la comunión y la Eucaristía como unión familiar. Recordó que San Pablo defendió que esta solo tiene sentido si es capaz de convertir a la comunidad en un solo cuerpo y una sola familia. La vida verdaderamente valiosa es aquella que se entrega y se derrama por los demás, en lugar de retenerla por miedo a perderla», argumentó.

También profundizó en la Eucaristía como memorial. Explicó que este no es simplemente recordar el pasado, sino el lugar donde el tiempo se concentra. Utilizó el ejemplo de la Pascua judía para ilustrar que, en el memorial, los acontecimientos de la salvación ocurren en el aquí y el ahora. «El maná del camino pasado es el mismo pan que sostiene al caminante de hoy. La Eucaristía es, por tanto, el alimento esencial para cuando el camino supera las fuerzas humanas», reflexionó. «El memorial también anticipa la justicia futura y el cielo nuevo que se anhelan. Aunque el mundo sea injusto, cometer ese pan permite vivir, aunque sea por un instante, la certeza de que esa sed de justicia será saciada», añadió.

Finalmente, definió la Eucaristía como el momento del presente y del amor. Citando una reflexión atribuida al Padre Pío, concluyó con una guía para vivir el instante actual: «Poner el pasado en manos de la misericordia de Dios, el futuro en manos de la Providencia, y el presente vivirlo con caridad, servicio y amor mutuo».

Visita religiosa

Al término de la celebración, los participantes en la jornada realizaron un recorrido por los templos de Arjona, guiados por el párroco, Juan Mena, y el coordinador de Animación en el Territorio de Cáritas y urgavonense, Cristóbal Barranco. Así, conocieron los aspectos más significativos de San Martín de Tours, la Santuario de los Santos y de las Sagradas Reliquias, Santa María del Alcázar y San Juan Bautista. Durante el recorrido, profundizaron en las principales expresiones de religiosidad, su historia y sus curiosidades. Un almuerzo de convivencia puso fin a la jornada de celebración en Arjona.

Cáritas Diocesana de Jaén

La Diócesis de Jaén y su comunión con el Santo Padre a través de la Rosa de Oro de la Virgen de la Cabeza

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La próxima visita apostólica de León XIV aviva en la Iglesia jiennense el vínculo de comunión con el Sucesor de Pedro, expresado de modo singular en la Rosa de Oro concedida a la Patrona diocesana.

La Diócesis de Jaén vive con especial sentido eclesial la próxima visita apostólica del Papa León XIV a España, que dará comienzo mañana, sábado 6, de junio y que se desarrollará hasta el próximo viernes, día 12 de junio, con actos previstos en Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife.

La Iglesia diocesana del Santo Reino se une espiritualmente a este acontecimiento como parte viva de la Iglesia que peregrina en España y en comunión con el Sucesor de Pedro. Este vínculo con el Papa tiene en Jaén una expresión especialmente significativa en la Santísima Virgen de la Cabeza, patrona de la Diócesis. En 2009, el Papa Benedicto XVI concedió a la imagen de la Virgen de la Cabeza la primera Rosa de Oro, a una advocación mariana de España. La gracia fue solicitada por el entonces Obispo de Jaén, Don Ramón del Hoyo López, con ocasión del Año Jubilar celebrado en honor de la Patrona diocesana, en el centenario de su coronación canónica, teniendo en cuenta la hondura de su devoción popular y la antigüedad de su romería.

La Rosa de Oro, colocada a los pies de la Virgen de la Cabeza en nombre del Santo Padre, permanece como un signo visible de la estima de la Sede Apostólica hacia esta devoción mariana tan arraigada en la vida cristiana de Jaén. No se trata solo de una distinción honorífica, sino de un reconocimiento eclesial a una historia secular de fe, peregrinación, evangelización popular y amor filial a la Madre del Señor. La propia Diócesis interpretó esta concesión como reconocimiento al patronazgo de la Virgen de la Cabeza sobre Jaén, a la profunda devoción con que es venerada y a la historia de su romería.

Por ello, la visita de León XIV, sucesor de Pedro a España encuentra en Jaén una resonancia particular. La Diócesis se suma a este acontecimiento no como mera espectadora, sino desde una memoria viva de comunión pontificia. La Rosa de Oro recuerda que la devoción a la Virgen de la Cabeza no pertenece solo al ámbito local o sentimental, sino que ha sido reconocida por la Iglesia universal como un cauce de fe para generaciones de cristianos.

En este contexto, parroquias, comunidades, cofradías, jóvenes y fieles de la Diócesis están llamados a vivir la visita del Papa como una ocasión para renovar la comunión eclesial, intensificar la oración por el Santo Padre y fortalecer el compromiso evangelizador. La Virgen de la Cabeza, venerada en Sierra Morena y honrada con la Rosa de Oro, se convierte así en el signo mariano desde el que Jaén acoge espiritualmente la presencia del Papa en España.

Durante su visita, el Papa León XIV hará entrega de la Rosa de Oro a la patrona de Madrid, la Virgen de la Almudena, convirtiéndose ésta en la cuarta advocación mariana española con esta condecoración pontificia. Primero, la Virgen de la Cabeza; en el año 2023, la Virgen de Montserrat, coincidiendo con el 800 aniversario de su monasterio; y la Virgen de la Esperanza Macarena de Sevilla la recibió en el año 2024, de manos del Papa Francisco.

Desde la Diócesis de Jaén, el Obispo Monseñor Chico Martínez felicita a los madrileños por esta concesión pontificia con la que el Santo Padre reconoce en la advocación de la patrona de Madrid.

Las parroquias de Cristo Rey y San Eufrasio de Andújar celebraron la confirmación de 35 jóvenes y adultos

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El pasado día 2 de junio, un grupo de 35 cristianos, entre jóvenes y adultos, de las Parroquias de Cristo Rey y San Eufrasio de Andújar recibieron el Sacramento de la Confirmación tras finalizar el periodo de formación catequética.

La celebración, que estuvo presidida por el Vicario Episcopal D. Jesús Millán, tuvo lugar en el templo parroquial de Cristo Rey, y en el marco de las conmemoraciones del centenario de la institución de la fiesta litúrgica de Cristo Rey en 1925 por el Papa Pío XI, “El Papa Misionero”.

Los confirmandos, procedentes de ambas comunidades parroquiales, estuvieron acompañados por el párroco D. Ángel Sánchez Hernández, el diacono permanente adscrito a las mismas, D. Andrés Borrego Toledano, y los catequistas que han seguido el proceso catequético.

El coro parroquial de San Eufrasio intervino en la celebración a la que asistió una numerosa representación de feligreses y de familiares y amigos de los confirmandos.

En su homilía, el Vicario Episcopal animó a los confirmandos a vivir con fidelidad el compromiso que adquieren con la recepción de este sacramento, dejándose guiar por la acción del Espíritu Santo para ser testigos de Cristo en su vida cotidiana.

A continuación, tuvieron lugar los ritos propios de la Confirmación: la renovación de las promesas bautismales, la imposición de las manos y la crismación de cada uno de los confirmandos, que estuvieron acompañados por sus padrinos. De este modo, recibieron el don del Espíritu Santo, que los fortalece para vivir y anunciar la fe con mayor plenitud.

Parroquias de Cristo Rey y San Eufrasio de Andújar

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