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PROTESTAR, PERO POQUITO: Entre la vivienda y la propiedad

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PROTESTAR, PERO POQUITO: Entre la vivienda y la propiedad

La crisis de la vivienda en España ha quedado al descubierto durante los últimos días. Las protestas que ha provocado el desalojo de Maricarmen han manifestado que existe un problema real en la sociedad española. Entre las múltiples noticias, una me ha llamado especialmente la atención, “los protestones” de la Puerta del Sol se han quejado del sonido de las campanas del reloj.

Estamos ante una “protesta 2.0”. La polémica por las campanas de la Puerta del Sol va más allá de la anécdota para convertirse en la metáfora de una época que quiere protestas visibles, contundentes, capaces de alterar la normalidad, pero siempre dentro de una burbuja de comodidad. Protestar, sí; pero incomodarnos, poquito.

Vivienda, ocupaciones, desalojos… detrás de los conceptos y las luchas políticas están los que necesitan una casa y los que han invertido sus ahorros en una propiedad. Como siempre, la tendencia es simplificar. La Iglesia defiende el destino universal de los bienes, es decir, que están destinados al conjunto de la humanidad. También defiende que existe el derecho de toda persona a vivir de forma digna, pero esto, no convierte la propiedad privada en un derecho ilegítimo.

La propiedad tiene una función social y es un derecho que debe ser protegido. Esto no convierte al propietario en un malvado especulador, ni transforma al necesitado en un problema que deba ser apartado de nuestra vista. No es razonable convertir a quien posee un piso en responsable directo de solucionar un fallo estructural que corresponde remediar a los poderes públicos. No se trata de hacer cargar a un débil con las necesidades de otro débil.

Entre ambos derechos no puede haber una batalla de buenos contra malos. El derecho a la vivienda requiere respuestas públicas eficaces; y el derecho a la propiedad exige seguridad jurídica, de forma que el propietario no quede abandonado ante una situación que no ha creado. La sociedad justa consiste en que se repartan responsabilidades, se proteja al más vulnerable y se respete a quien, legítimamente, tiene algo que perder.

Jesús Martín Gómez

Párroco de Vera

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Domingo XXVII del Tiempo Ordinario – «Ciclo A»

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Domingo XXVII del Tiempo Ordinario – «Ciclo A»

Domingo XXVII del Tiempo Ordinario – «Ciclo A»

El relato de la parábola de los “viñadores homicidas”, que nos presenta el Evangelio de este domingo, es uno de los más duros que Jesús pronunció. Es un relato contado en el final de la vida pública de Jesús, un tiempo en el que Jesús iba hablando de su final, del final y del destino final para todos.

Jesús invita a escuchar la parábola, hoy es también para nosotros momento de escuchar la Palabra, ya que esta no caduca y está viva, tiene un mensaje actual.

Un señor plantó una viña, la protegió, la surtió de todo lo que se necesitaba para cuidarla, la arrendó a unos viñadores para que cuidaran de ella y se fue de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, los viñadores actúan mal con el dueño de la viña y se niegan a entregarle su parte, llegando a matar a varios de sus criados y hasta a su hijo. Ante esto, se formula una pregunta: ¿Qué hará el dueño de la viña con estos viñadores? Los dirigentes religiosos que escuchaban la parábola dijeron: “Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros viñadores que le entreguen los frutos a sus tiempos”. Jesús les dice: “Por eso os digo que se os quitará a vosotros el Reino de los cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

¿Qué nos está diciendo esta Palabra hoy a nosotros? Si comenzamos por el final, la primera respuesta es clara, se trata de una parábola en la que se nos llama a dar fruto. Ese que nos llama, Dios Padre, nos ha dado todo lo necesario a cada uno de nosotros para que demos ese fruto en su viña, en la Iglesia. Nuestro Padre, nos ha preparado y nos ha puesto en un lugar en el mundo para anunciar el Evangelio y que se vayan sumando trabajadores a la viña.

En la parábola, se nos habla de como el dueño, arrienda la viña, pudiendo entender en el símil, como nos ha hecho corresponsables de la misión.

Sin embargo, los viñadores además de no cumplir, desprecian e incluso matan a los criados e incluso al hijo del dueño.

Con esta parábola, Jesús denuncia la actitud de los dirigentes del pueblo, quienes despreciaron y aniquilaron a los profetas que Dios les envió; y además, denuncia por anticipado el rechazo que iban a hacer del mismo Hijo de Dios, al cual echarán fuera de Jerusalén y lo matarán, como hacen los viñadores, con el hijo del dueño de la viña.

La parábola no solo denuncia la conducta de los contemporáneos de Jesús, sino también la actitud indiferente e incluso hostil que podemos manifestar los hombres ante la acción de Dios en nuestras vidas. A veces, nosotros mismos nos creemos los dueños, olvidando que la viña no es nuestra, en otras ocasiones no dejamos que otros que se acercan nos traigan la voz de Dios. El Evangelio de este domingo es una buena ocasión para parar y que cada uno de nosotros se mire y vea, con que pecado está impidiendo que la tarea que cada uno tiene en sus manos no esté dando el fruto que tiene que dar. En la familia, en nuestra parroquia o movimiento, en nuestros trabajos, cada uno en el lugar que Dios le ha regalado para servir.

Hay que mirar por otro lado, como esta palabra tiene un mensaje esperanzador, el dueño podría haberse vengado, sin embargo, nuestro Padre no actúa así, espera, perdona, ama, e incluso de la muerte de su hijo, un fracaso a ojos del mundo hace el centro de nuestra vida. La muerte no tiene a última palabra, es la resurrección la que la tiene. Todos nuestros fracasos, nuestros pecados, nuestro no saber hacer, no son el final. “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”. En las situaciones de fracaso, debilidad, pecado, Dios sigue derrochándose con nosotros, nos sigue esperando abierto a nuestro arrepentimiento para darnos ese abrazo de Padre.

Feliz domingo a todos.

María N. Macías
Directora de Caritas Diocesana de Huelva

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Mensaje del papa León XIV para la 100ª Jornada Mundial de las Misiones

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Mensaje del papa León XIV para la 100ª Jornada Mundial de las Misiones
Mensaje del papa León XIV para la 100ª Jornada Mundial de las Misiones
Logo del Centenario del DOMUND

MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
PARA LA 100.ª JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES

[18 de octubre de 2026]

Uno en Cristo, unidos en la misión

Queridos hermanos y hermanas:

Para la Jornada Mundial de las Misiones de 2026, que marca el centenario de esta celebración, instituida por Pío XI y tan querida por la Iglesia, he elegido el tema “Uno en Cristo, unidos en la misión”. Después del Año jubilar, deseo exhortar a toda la Iglesia a continuar con alegría y celo en el Espíritu Santo el camino misionero, que requiere corazones unificados en Cristo, comunidades reconciliadas y, en todos, disponibilidad para colaborar con generosidad y confianza.

Reflexionando sobre nuestro ser uno en Cristo y estar unidos en la misión, dejémonos guiar e inspirar por la gracia divina, para «renovar en nosotros el fuego de la vocación misionera» y avanzar juntos en el compromiso de la evangelización, en «una época misionera nueva» en la historia de la Iglesia (Homilía en la Misa por el Jubileo del Mundo Misionero y de los Migrantes, 5 de octubre 2025).

1. Uno en Cristo. Discípulos misioneros unidos en Él y con los hermanos y hermanas

En el centro de la misión está el misterio de la unión con Cristo. Antes de su Pasión, Jesús oró al Padre: «Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn 17,21). En estas palabras se revela el deseo más profundo del Señor Jesús y, al mismo tiempo, la identidad de la Iglesia, comunidad de sus discípulos: ser una comunión que nace de la Trinidad y que vive de y en la Trinidad, al servicio de la fraternidad entre todos los seres humanos y de la armonía con todas las criaturas.

Ser cristianos no es ante todo un conjunto de prácticas o ideas; es una vida en unión con Cristo, en la que participamos de la relación filial que Él vive con el Padre en el Espíritu Santo. Significa permanecer en Cristo como los sarmientos en la vid (cf. Jn 15,4), inmersos en la vida trinitaria. De esta unión brota la comunión recíproca entre los creyentes y nace toda fecundidad misionera. Sí, «la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de la misión», como enseñó san Juan Pablo II (cf. Exhort. ap. Christifideles laici, 32).

Por eso, la primera responsabilidad misionera de la Iglesia es renovar y mantener viva la unidad espiritual y fraterna entre sus miembros. En muchas situaciones asistimos a conflictos, polarizaciones, incomprensiones, desconfianza mutua. Cuando esto ocurre también en nuestras comunidades, se debilita su testimonio. La misión evangelizadora, que Cristo confió a sus discípulos, requiere ante todo corazones reconciliados y deseosos de comunión. En esta perspectiva, será importante intensificar el compromiso ecuménico con todas las Iglesias cristianas, aprovechando también las oportunidades que brinda la celebración conjunta del 1700° aniversario del Concilio de Nicea.

Por último —pero no menos importante—, ser “uno en Cristo” nos llama a mantener siempre la mirada fija en el Señor, para que Él sea verdaderamente el centro de nuestra vida personal y comunitaria, de cada palabra, acción y relación interpersonal, de modo que podamos decir con asombro: «Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí» (Ga 2,20). Esto será posible en la escucha constante de su Palabra y en la gracia de los sacramentos, para ser piedras vivas de la Iglesia, llamada hoy a recoger las instancias fundamentales del Concilio Vaticano II y del posterior Magisterio pontificio, en particular, del Papa Francisco. De hecho, como afirma san Pablo, «no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor» (2 Co 4,5). Reitero, por tanto, las palabras de san Pablo VI: «No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el Reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios» (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 22). Este proceso de auténtica evangelización comienza en el corazón de cada cristiano para extenderse a toda la humanidad.

Por lo tanto, cuanto más unidos estemos en Cristo, tanto más podremos cumplir juntos la misión que Él nos confía.

2. Unidos en la misión. Para que el mundo crea en Cristo Señor

La unidad de los discípulos no es un fin en sí misma: está ordenada a la misión. Jesús lo afirma con claridad: «Para que el mundo crea que tú me enviaste» (Jn 17,21). Es en el testimonio de una comunidad reconciliada, fraterna y solidaria donde el anuncio del Evangelio encuentra toda su fuerza comunicativa.

En esta perspectiva, vale la pena recordar el lema del beato Paolo Manna: “Toda la Iglesia para la conversión de todo el mundo”. Este expresa sintéticamente el ideal que animó la fundación, en 1916, de la Pontificia Unión Misional. A ella, en su 110.º aniversario, le expreso mi reconocimiento y mi bendición por su compromiso de animar y formar el espíritu misionero de los sacerdotes, las personas consagradas y los fieles laicos, favoreciendo la unión de todas las fuerzas evangelizadoras. De hecho, ningún bautizado es ajeno o indiferente a la misión; todos, cada uno según su vocación y condición de vida, participan en la gran obra que Cristo confía a su Iglesia. Como ha recordado en varias ocasiones el Papa Francisco, el anuncio del Evangelio es siempre una acción coral, comunitaria, sinodal.

Por eso, estar unidos en la misión significa custodiar y alimentar la espiritualidad de comunión y colaboración misionera. Al crecer cada día en esta actitud, aprendemos con la gracia divina a mirar cada vez más a nuestros hermanos y hermanas con ojos de fe, a reconocer con alegría el bien que el Espíritu suscita en cada uno, a acoger la diversidad como riqueza, a llevar las cargas los unos de los otros y a buscar siempre la unidad que viene de lo Alto. De hecho, todos tenemos juntos una sola misión recibida de «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo […] un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos» (Ef 4,5-6). Esta espiritualidad constituye la forma cotidiana del discipulado misionero. Nos ayuda a recuperar una visión universal de la misión evangelizadora de la Iglesia, superando la fragmentación de los esfuerzos y las divisiones facciosas —“de Pablo”, “de Apolo”— entre los seguidores del único Señor (cf. 1 Co 1,10-12).

La unidad misionera, obviamente, no debe entenderse como uniformidad, sino como convergencia de los diferentes carismas con el mismo objetivo: hacer visible el amor de Cristo e invitar a todos al encuentro con Él. La evangelización se realiza cuando las comunidades locales colaboran entre sí y cuando las diferencias culturales, espirituales y litúrgicas se expresan plena y armoniosamente en la misma fe. Por lo tanto, animo a las instituciones y realidades eclesiales a fortalecer el sentido de comunión misionera eclesial y a desarrollar con creatividad formas concretas de colaboración entre ellas, para y en la misión.

A propósito, agradezco a las Obras Misionales Pontificias por su servicio a la cooperación misionera, que experimenté con gratitud durante mi ministerio en Perú. Estas Obras —Propagación de la Fe, Infancia Misionera, San Pedro Apóstol y Unión Misional— continúan alimentando y formando la conciencia misionera de los fieles, desde los más pequeños hasta los más grandes, y promoviendo una red de oración y caridad que conecta a las comunidades de todo el mundo. Es significativo que la fundadora de la Obra de la Propagación de la Fe, la beata Pauline Marie Jaricot, idease hace doscientos años el Rosario viviente, que aún hoy reúne a numerosos fieles en grupos a distancia para rezar por todas las necesidades espirituales y misioneras. Cabe recordar que, precisamente a propuesta de la Obra de la Propagación de la Fe, Pío XI instituyó en 1926 la celebración de la Jornada Mundial de las Misiones, cuyos donativos recogidos cada año son distribuidos por ella, en nombre del Papa, para las diversas necesidades de la misión de la Iglesia. Las cuatro Obras, por lo tanto, en su conjunto y cada una en su especificidad, siguen desempeñando un papel valioso para toda la Iglesia. Son un signo vivo de la unidad y la comunión misionera eclesial. Invito a todos a colaborar con ellas con espíritu de gratitud.  

3. Misión de amor. Anunciar, vivir y compartir el amor fiel de Dios

Si la unidad es la condición de la misión, el amor es su esencia. La Buena Nueva que estamos enviados a anunciar al mundo no es un ideal abstracto; es el Evangelio del amor fiel de Dios, encarnado en el rostro y en la vida de Jesucristo.

La misión de los discípulos y de toda la Iglesia es la prolongación, en el Espíritu Santo, de la misión de Cristo; una misión que nace del amor, se vive en el amor y conduce al amor. Tanto es así que el mismo Señor, en su gran oración al Padre antes de la pasión, después de invocar la unidad de los discípulos, concluye de este modo: «Para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos» (Jn 17,26). Los apóstoles evangelizaron impulsados por el amor de Cristo y por Cristo (cf. 2 Co 5,14). De la misma manera, a lo largo de los siglos, multitudes de cristianos, mártires, confesores, misioneros han dado la vida para dar a conocer este amor divino al mundo. Así, la misión evangelizadora de la Iglesia continúa bajo la guía del Espíritu Santo, Espíritu de amor, hasta el fin de los tiempos.

Por eso, deseo agradecer especialmente a los misioneros y misioneras ad gentes de hoy; personas que, como san Francisco Javier, han dejado su tierra, su familia y toda seguridad para anunciar el Evangelio, llevando a Cristo y su amor a lugares a menudo difíciles, pobres, marcados por conflictos o culturalmente lejanos. Siguen entregándose con alegría a pesar de las adversidades y las limitaciones humanas, porque saben que Cristo mismo, con su Evangelio, es la mayor riqueza que se puede compartir. Con su perseverancia muestran que el amor de Dios es más fuerte que cualquier barrera. El mundo sigue necesitando estos valientes testigos de Cristo, y las comunidades eclesiales siguen necesitando nuevas vocaciones misioneras, que debemos tener siempre en el corazón y por las que debemos rogar continuamente al Padre. Que Él nos conceda el don de jóvenes y adultos dispuestos a dejarlo todo para seguir a Cristo en el camino de la evangelización hasta los confines de la tierra.

Al admirar a los misioneros y misioneras, hago un llamamiento especial a toda la Iglesia: unámonos todos a ellos en la misión evangelizadora mediante el testimonio de la vida en Cristo, la oración y la contribución a las misiones. A menudo, como sabemos, «el Amor no es amado», como dijo san Francisco de Asís, a quien miramos de manera especial a ochocientos años de su paso al cielo. Dejémonos contagiar por su deseo de vivir en el amor del Señor y de transmitirlo a los cercanos y a los lejanos, porque, como afirmaba: «mucho ha de ser amado el amor de Aquel que tanto nos amó» (S. Buenaventura de Bagnoregio, Leyenda mayor, cap. IX, 1; Fuentes franciscanas, 1161) Sintámonos también estimulados por el celo de santa Teresa del Niño Jesús, que se propuso continuar su misión incluso después de la muerte, declarando: «En el cielo desearé lo mismo que deseo ahora en la tierra: amar a Jesús y hacerle amar» (Carta al abate M. Bellière, 24 febrero 1897).

Animados por estos testimonios, comprometámonos todos a contribuir, cada uno según su vocación y los dones recibidos, a la gran misión evangelizadora, que es siempre obra del amor. Sus oraciones y su apoyo concreto, especialmente con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, serán de gran ayuda para llevar el Evangelio del amor de Dios a todos, especialmente a los más pobres y necesitados. Cada don, por pequeño que sea, se convierte en un acto significativo de comunión misionera. Por eso renuevo mi sincero agradecimiento «por todo lo que harán para ayudarme a apoyar a los misioneros en todas partes» (Videomensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2025). Y para favorecer la comunión espiritual, les dejo, junto con mi bendición, esta sencilla oración:

Padre santo, concédenos ser uno en Cristo, arraigados en su amor que une y renueva. Haz que todos los miembros de la Iglesia estén unidos en la misión, dóciles al Espíritu Santo, valientes en dar testimonio del Evangelio, anunciando y encarnando cada día tu amor fiel por cada criatura.

Bendice a los misioneros y misioneras, apóyalos en su esfuerzo, presérvalos en la esperanza.

María, Reina de las misiones, acompaña nuestra labor evangelizadora en todos los rincones de la tierra; haznos instrumentos de paz y haz que el mundo entero reconozca en Cristo la luz que salva. Amén.

Desde el Vaticano, 25 de enero de 2026, III domingo del Tiempo Ordinario, fiesta de la Conversión del apóstol san Pablo.
 

LEÓN PP. XIV

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Invitación al Octubre Misionero, por José Luis Pereyra IMC, delegado de Misiones

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Invitación al Octubre Misionero, por José Luis Pereyra IMC, delegado de Misiones

El delegado diocesano de Misiones, el misionero de la Consolata José Luis Pereyra, ante la celebración del Octubre Misionero.

Invitación al Octubre Misionero, por José Luis Pereyra IMC, delegado de Misiones

Queridos hermanos:

Con la celebración de santa Teresita del Niño Jesús, patrona universal de las misiones, el 1 de octubre, iniciamos el Octubre Misionero, un tiempo privilegiado para renovar en nuestra Iglesia diocesana el don y la responsabilidad de la misión.

El lema del DOMUND de este año, «Uno en Cristo, unidos en la misión», nos lleva al corazón mismo de nuestra vocación de bautizados. Hemos sido llamados por el Señor a ser discípulos y enviados, pero no caminamos solos. Pertenecemos a una comunidad de vida y de fe: la Iglesia. En ella recibimos la fe, la celebramos y estamos llamados a compartirla con los demás.

Por todo ello, la Delegación diocesana de Misiones queremos haceros copartícipes de las distintas celebraciones que llevaremos a cabo: Eucaristía de Apertura del Octubre Misionero, vigilias y encuentro diocesano misionero.

Vivamos este mes como una oportunidad para orar, reflexionar y comprometernos con la misión ad gentes. Sintámonos verdaderamente unidos en Cristo y, desde la riqueza de nuestros diferentes carismas, parroquias, comunidades, movimientos y cofradías, caminemos juntos con nuestros misioneros. Ellos han sido enviados a lugares donde quizá nunca podremos estar físicamente, pero podemos acompañarlos con nuestra oración, sostenerlos con nuestra colaboración y hacer nuestra su tarea de llevar el Evangelio hasta los confines del mundo.

Os animamos a participar con todos nosotros para así sentirnos uno en Cristo, unidos en la misión.

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La Delegación para el Clero constituye su equipo al servicio de la diócesis

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La Delegación para el Clero constituye su equipo al servicio de la diócesis

La Delegación para el Clero se ha reunido en la mañana del miércoles 30 de septiembre, en el Seminario Diocesano, para comenzar el curso constituyendo el equipo de las personas que van a estar a su servicio.

La Delegación para el Clero constituye su equipo al servicio de la diócesis

A. DAWID

El delegado, José Emilio Cabra, recuerda que esta Delegación para el Clero colabora con el Obispo en la atención a los presbíteros y diáconos de la Diócesis de Málaga. «La atención al clero es una de las prioridades del Pastor de una diócesis, que delega algunas tareas para el acompañamiento, la formación permanente y los encuentros de los sacerdotes», afirma Cabra.

El nuevo equipo lo conforman:

para la atención a los sacerdotes del decenio: José Luis Bellón.

para la atención a los sacerdotes mayores y enfermos: Ángel Antonio Chacón.

para la atención a los diáconos permanentes y a los candidatos: Emilio López Navas.

Ismael García omi, en representación de los sacerdotes religiosos.

Antonio del Río, en representación de los sacerdotes del decenio.

Antonio Aguilera, en representación de los sacerdotes mayores.

A ellos se suma el delegado, José Emilio, quien explica que «la delegación funciona como un equipo, aunque algunas tareas están repartidas de modo más específico: el aterrizaje de los sacerdotes recién ordenados, la cercanía a los mayores y enfermos, o el discernimiento y la formación de los candidatos al diaconado permanente. Juntos solemos proponer el contenido y organizar los encuentros, retiros y ejercicios espirituales del clero, procuramos ayudar a la inserción de los sacerdotes llegados de otras diócesis y, sobre todo, intentamos estar disponibles para el diálogo con los hermanos».

«La responsabilidad de cuidarnos es de todos, no recae únicamente sobre la Delegación: la buena relación entre los sacerdotes, la ayuda mutua, los encuentros frecuentes, el trabajo en común de los curas, la amistad, la oración y la tarea compartida con los laicos es el primer ámbito donde ese cuidado se hace efectivo. La Delegación pretende ser un signo que haga visible esa relación fraterna, la apoye, la anime. El tiempo siempre se queda corto y las necesidades son muchas. En todo caso, los miembros de la Delegación somos los primeros que nos enriquecemos por el trato con los compañeros y por la posibilidad de conocer mejor y servir al clero de la Diócesis, que es, en definitiva, un modo de servir a toda la Iglesia diocesana», concluye José Emilio.

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El Centro de Magisterio María Inmaculada de Antequera abre el curso

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El Centro de Magisterio María Inmaculada de Antequera abre el curso

El Obispo de Málaga ha presidido la apertura del curso del Centro Universitario de Magisterio María Inmaculada, en Antequera, en la que ha participado también el rector de la Universidad de Málaga, Teodomiro López Navarrete.

El Centro de Magisterio María Inmaculada de Antequera abre el curso

El Sol de Antequera

Este miércoles 30 de septiembre, ha tenido lugar el acto de apertura del curso académico del Centro Cammia de Magisterio en Antequera. Junto al obispo, D. José Antonio Satué, y al rector de la Universidad de Málaga, han participado el delegado territorial de Economía, Hacienda, Fondos Europeos y de Universidad, Industria, Energía e Innovación de la Junta de Andalucía, Antonio García Acedo; el delegado de Desarrollo Educativo y Formación Profesional y de Universidad, Investigación e Innovación, Miguel Briones; el director del Centro, Félix Requena;  el vicerrector de la UMA, Salvador Merino; la superiora de las Hermanas Franciscanas, madre Joaquina González, y Juan Antonio Ojeda, representante de los Hermanos de La Salle y miembro de la Comisión de Educación de la Santa Sede, estos últimos representando al Patronato del Centro.

El acto ha comenzado con la lectura de la memoria del curso pasado por la secretaria del Centro, sor Gracia Palomo, a lo que ha seguido la conferencia titulada “Sostener para promover: el maestro como refugio emocional y motor de movilidad social en el aula diversa”, a cargo de Mercedes Fernández García, catedrática de la Universidad Pontificia Comillas y directora del Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones.

Tras ella, el director del Centro, Félix Requena Santos, ha dirigido unas palabras, a la que han seguido las del rector de la Universidad, y el canto del Gaudeamus igitur para dar por iniciado el curso vigente. Durante el acto se ha tenido un recuerdo especial para el sacerdote fallecido en accidente el año pasado, José Amalio González, quien fue párroco en Antequera de 2004 a 2014.

El obispo, D. José Antonio Satué, con motivo de esta apertura, ha destacado la importancia de la Educación, que es «una de las tareas más importantes desde la Iglesia». Por ello asegura, que contar con esta Escuela de Magisterio es muy importante «para que sea un motor que ayude a los maestros y por tanto a los alumnos, a saber convivir en esta sociedad tan plural en la que estamos; y por otra parte, a tener unos valores trascendentes que les ayuden a afrontar las dificultades».

El rector ha expresado que este centro «tiene identidad de familia», y que además, posee la riqueza de que sus universitarios «tienen igualmente el laboratorio dentro del propio centro, ya que empiezan la docencia con los más pequeñitos, con los de Infantil, y terminan con los estudiantes de Magisterio. «Yo creo que es una enorme fortuna, y que se estén retroalimentando y estén disfrutando desde el principio de la que será su proyección y su carrera profesional después, hace a este centro enormemente singular».

EL CENTRO

El Centro Adscrito de Magisterio María Inmaculada de Antequera (CAMMIA) es un centro universitario de titularidad eclesial adscrito a la Universidad de Málaga. Este proporciona una formación oficial y homologada, de carácter humanista y rigor científico, que facilita a los alumnos el acceso a esta titulación académica con una dimensión europea e internacional y, además, asegura la realización de prácticas a sus alumnos a lo largo de todo el año.

Los alumnos que hayan superado la prueba de Selectividad pueden cursar en el centro estudios universitarios de Grado de Maestro/a en Educación Infantil y Grado de Maestro/a en Primaria, además de los estudios de la DECA (Declaración Eclesiásitca de Competencia Académica) para dar clases de Religión Católica.

Esta institución universitaria es de titularidad de la Diócesis de Málaga y las instituciones religiosas de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones y los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Hermanos de La Salle). Además de una enseñanza de calidad, probada a lo largo de la historia, esto dota al centro de una impronta propia, caracterizada por poner al alumno en el centro del proceso formativo, ofreciéndole un clima de familia arraigado en los valores de Jesús de Nazaret.

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Fano, premio Stella por evangelizar a través de la parroquia, la escuela y la familia

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Fano, premio Stella por evangelizar a través de la parroquia, la escuela y la familia

El Consejo General de la Iglesia en la Educación, de la Conferencia Episcopal Española, ha premiado a Patxi Velasco Fano en la primera edición de los premios Stella. Lo hace en la presentación de tres iniciativas para promover el encuentro y la colaboración entre las distintas realidades en las que la Iglesia está presente en la educación.

Fano, premio Stella por evangelizar a través de la parroquia, la escuela y la familia
Pachi Velasco Fano, en el colegio María de la O, en Asperones

Profundiza en la Palabra de Dios con los dibujos de Fano

El Consejo General de la Iglesia en la Educación (CGIE) ha presentado tres iniciativas que representan un impulso en el encuentro y la colaboración entre las distintas realidades en las que la Iglesia está presente en la educación. Por un lado, la nueva web del CGIE, un espacio común de comunicación, reflexión y participación. Segundo, el Cuaderno 0 del CGIE, destinado a favorecer el conocimiento y la actualización del magisterio de la Iglesia sobre la educación. Por último, la primera edición de los Premios Stella.

Estos premios reconocen a quienes encarnan esta misión de manera inspiradora. La entrega tendrá lugar en el marco del Pleno del Consejo General de la Iglesia en la Educación,  en el Aula Magna de la Universidad Pontificia de Salamanca el miércoles 28 de octubre de 2026, a las 19.00 horas. Quieren descubrir y compartir experiencias capaces de inspirar a otros, abrir caminos y mostrar que la educación continúa siendo un lugar de entrega, creatividad, servicio y esperanza.

Patxi Velasco ha sido reconocido en la categoría de «Parroquia, Familia y Escuela». En su mención se indica que «se reconoce una trayectoria que une vocación educadora, vida familiar y comunitaria, presencia en centros públicos, compromiso social y creación artística al servicio del Evangelio. Sus ilustraciones han creado un lenguaje sencillo y profundo que ha entrados en muchas casas de familias, en muchas escuelas y parroquias siendo utilizados en sus tareas educadoras por docentes, catequistas y familias». 

El dibujante y director del colegio María de la O en Los Asperones, esposo, padre de familia y feligrés de la Amargura, ha expresado a Diocesismalaga su sorpresa al conocer este premio, destacando la ilusión que le hace el nombre del premio “Stella” (estrella), por las constelaciones de las que el Papa habla, en su carta “Diseñar nuevos mapas de esperanza”, en referencia al Pacto Educativo Global: «Entre las estrellas que orientan el camino se encuentra el Pacto Educativo Global […] parte de una más amplia Constelación Educativa Global». En esta realidad es en la que el dibujante y maestro malagueño da testimonio con su vida cada día.

Como expresaba el Papa, «la educación cristiana es una obra coral», y Fano lo ejemplifica con su tarea y sus palabras: «Es un honor compartir este premio con los salesianos, que han sido reconocidos en la categoría de Formación Profesional; con Francesc Torralba como profesor cristiano, alguien a quien admiro muchísimo; con Luis de la Fuente, seleccionador nacional… Estoy muy agradecido de que hayan pensado en mí, viendo en los dibujos que hago, en la escuela y en mi familia una manera de evangelizar. Siento que, como todo ese trabajo, este premio, aunque aparezca mi nombre, es compartido con mucha gente: mi familia, mi junta directiva, mi claustro, mi colegio, mi parroquia, mi comunidad… 

Patxi Velasco Fano ilustró, precisamente con la temática de las estrellas, el libreto editado por el Dicasterio de la Cultura y la Educación de la Santa Sede para sensibilizar e invitar a dar vida a los «Diez Objetivos del Pacto Educativo `Glocal´”, acompañados de la carta apostólica “Diseñar nuevos mapas de esperanza” del papa León y con una presentación para llevar a la práctica cada uno de los objetivos. En esas páginas escribía el Papa: «Educar es un acto de esperanza y una pasión que se renueva». De su obra para esta publicación dice el cardenal Mons. José Tolentino de Mendonça: «con sus dibujos sencillos, luminosos y profundamente educativos ha sabido traducir una visión compleja en imágenes accesibles para todos. Sus ilustraciones no solo acompañan el texto, sino que lo interpretan, haciendo visible el paso del testigo entre el Papa Francisco y el Papa León XIV y mostrando cómo el Pacto continúa caminando en la historia, confiado a las manos y a la creatividad de las comunidades educativas». 

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San Francisco de Arcos clausura su Año de Gracia con la dedicación de un nuevo altar

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San Francisco de Arcos clausura su Año de Gracia con la dedicación de un nuevo altar

San Francisco de Arcos clausura su Año de Gracia con la dedicación de un nuevo altar

Fotografía de la Parroquia de San Francisco de Arcos de la Frontera de la web turismoarcos.es

La Parroquia de San Francisco de Arcos de la Frontera vivirá la clausura del Año de Gracia celebrado con motivo de sus 60 años como parroquia, culminando así este tiempo especial para toda la comunidad parroquial.

La celebración tendrá lugar a las 18:00 horas con una Eucaristía presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, que acompañará a los fieles de San Francisco en esta significativa jornada.

Durante la Santa Misa tendrá lugar, además, la dedicación de un nuevo altar para la parroquia, un momento especialmente relevante para la vida litúrgica de la comunidad y que quedará unido a la celebración de este 60 aniversario.

De esta manera, la comunidad parroquial de San Francisco pondrá fin al Año de Gracia en el que ha conmemorado seis décadas de vida como parroquia en Arcos de la Frontera, reuniéndose en torno a la Eucaristía y a su pastor diocesano.

La celebración de clausura y la dedicación del nuevo altar marcarán así el final de este tiempo conmemorativo y, al mismo tiempo, el comienzo de una nueva etapa en el caminar de la Parroquia de San Francisco.

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Bornos celebra este domingo la festividad de su Patrona, la Virgen del Rosario Coronada

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Bornos celebra este domingo la festividad de su Patrona, la Virgen del Rosario Coronada

Bornos celebra este domingo la festividad de su Patrona, la Virgen del Rosario Coronada

Fotografía : Imagen de archivo sobre la presencia de Monseñor José Rico Pavés en esta festividad.

La localidad de Bornos, perteneciente a la zona de la Sierra de la Diócesis de Asidonia-Jerez, celebrará este próximo domingo 4 de octubre la festividad de su Patrona, la Virgen del Rosario Coronada.

Con motivo de esta celebración, la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán de Bornos acogerá a las 12:30 horas la Solemne Misa Pontifical que estará presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez.

La comunidad parroquial y los fieles de Bornos se reunirán así en torno a su Patrona para celebrar juntos la Eucaristía en una jornada especialmente significativa para la localidad.

La presencia del pastor diocesano permitirá a Monseñor José Rico Pavés acompañar un año más a los fieles de esta zona de la Sierra de la Diócesis en la celebración de la festividad de la Virgen del Rosario, compartiendo con ellos uno de los días señalados de la vida religiosa de Bornos.

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La Archidiócesis de Sevilla participa en el Encuentro Nacional de delegados de Patrimonio Cultural

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La Archidiócesis de Sevilla participa en el Encuentro Nacional de delegados de Patrimonio Cultural

La Archidiócesis de Sevilla participa en el Encuentro Nacional de delegados de Patrimonio Cultural

La Delegación Diocesana de Patrimonio Cultural de la Archidiócesis de Sevilla participó el pasado jueves, 17 de septiembre, en el Encuentro de Delegados de Patrimonio celebrado en Madrid, una jornada de trabajo orientada a compartir experiencias y avanzar en la coordinación de las distintas diócesis españolas en materia de conservación y gestión del patrimonio cultural de la Iglesia.

La convocatoria, realizada por monseñor Francisco José Prieto, arzobispo de Santiago de Compostela y presidente de la Subcomisión Episcopal para el Patrimonio Cultural, reunió a alrededor de cincuenta equipos procedentes de más de medio centenar de diócesis españolas. Durante el encuentro se iniciaron los trabajos para la elaboración del Plan de Gestión del Patrimonio de la Iglesia en España, una iniciativa destinada a establecer líneas de actuación comunes y favorecer una gestión coordinada del patrimonio eclesial.

En representación de la Archidiócesis de Sevilla asistió el sacerdote Antonio Rodríguez Babío, delegado diocesano de Patrimonio Cultural. A lo largo de la jornada, los participantes tuvieron la oportunidad de compartir experiencias, analizar los principales retos que afrontan las delegaciones de Patrimonio y poner en común las oportunidades de trabajo que se plantean en este ámbito.

Una parte importante del encuentro estuvo dedicada al trabajo en grupos, que permitió recopilar información sobre la situación actual de las distintas delegaciones diocesanas, así como identificar necesidades, dificultades y posibles líneas de actuación conjunta. Tras el almuerzo se presentaron las primeras conclusiones y se concretaron los próximos pasos que deberán desarrollarse en cada diócesis.

La jornada abordó también la necesidad de reforzar la comunicación y la coordinación entre los equipos diocesanos, para lo que se planteó el desarrollo de herramientas y de una plataforma común de trabajo que facilite el intercambio de información y experiencias.

Para Rodríguez Babío, la presencia de la Archidiócesis de Sevilla en este encuentro refleja su compromiso con la conservación, gestión y difusión del patrimonio cultural de la Iglesia, así como con la colaboración en las iniciativas promovidas conjuntamente por las diócesis españolas y la Conferencia Episcopal Española.

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