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Vuelven las peregrinaciones a Tierra Santa

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Un nuevo grupo de peregrinos malagueños viajará a Tierra Santa en marzo para sumergirse en la experiencia de pisar la tierra en la que nació, vivió, murió y resucitó el Señor. Una vivencia de fe que será acompañada por el sacerdote José López Solórzano, párroco del Santísimum Corpus Christi, de Málaga capital, y canónigo de la S. I. Catedral.

La peregrinación será concretamente del 20 al 27 de marzo y la organización técnica corre a cargo de la agencia Savitur (Teléfono 952229220. Whatsapp 608692239).

Los peregrinos podrán conocer los lugares por los que discurre la historia sagrada como las ciudades de Jerusalén (Monte de los Olivos, Cenáculo, Vía Dolorosa, Calvario, Santo Sepulcro), Cafarnaúm, Nazaret o Caná de Galilea, entre otros lugares santos como el Mar de Tiberíades, el Río Jordán o el Monte de las Bienaventuranzas.

El precio por persona compartiendo habitación doble, tomando como referencia un grupo de 32 personas, es de 2.243 euros, con un suplemento de 600 euros en caso de optar por una habitación individual

El precio incluye: Traslado en autocar hasta el aeropuerto; billete de avión clase turista; vuelo regular desde Málaga con las compañías Lufthansa y Wiss, Málaga / Munich /Tel Aviv / Zurich / Málaga; autobús con aire acondicionado, asientos reclinables, wifi, etc. para los transportes terrestres, hoteles de cuatro estrellas en Jerusalén y Tiberiades, pensión completa desde el desayuno del día 21 hasta la cena del día 27 de marzo, guía local de habla española, subida en Taxi al Monte Tabor y paseo en Barco por el Mar de Galilea, entradas a los monumentos, visitas especificadas en el programa, seguro de Viaje con cobertura de anulación si está dentro de alguna de las causas contempladas y tasas de aeropuerto.

Más información, en www.savitur.com

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Los atributos de la pura y limpia

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Coincidiendo con la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, traemos a las páginas de DIÓCESISMÁLAGA una de las tantas representaciones sobre esta iconografía que atesora nuestra Catedral.

En este caso, es una pintura dieciochesca sobre cristal que, hace unos años, regaló el canónigo D. José León Carrasco. Ubicada en la sala capitular, se trata de una composición que recrea los principales símbolos inmaculadistas, que no está de más recordar. En torno a su cabeza, las doce estrellas de la mujer apocalíptica, que representan las tribus de Israel, aunque los artistas en ocasiones modifican arbitrariamente este número. El manto es azul, haciendo alusión al mar del que la Virgen es estrella (Números, 24, 17).

Además, esta prenda que la envuelve es trasunto de la Madre que protege y cobija, en este caso, al mismo Dios humanado. A sus pies, la luna, justificada por versículos del Apocalipsis y del Cantar de los Cantares: «¿Quién ese esta que surge cual aurora, bella como la luna…?» (6,9), atributo inmemorial asociado a lo femenino y a la fecundidad, para la óptica cristiana la Virgen es la luna que refleja a su Hijo que es el sol, siendo un modelo para los creyentes al irradiar al hombre nuevo instaurado por la Redención. Igualmente, mencionemos que a raíz de la batalla de Lepanto la media luna pasó a significar el triunfo del cristianismo, concepto que, curiosamente, la Iglesia ortodoxa rusa también posee, situándola en el basamento de las cruces.

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La Inmaculada Concepción de María y el privilegio español

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Aunque las normas litúrgicas exigen que la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, el 8 de diciembre, al caer como este año en domingo, se traslade al lunes 9; en España contamos con una dispensa de la Congregación para el Culto Divino por la especial vinculación de esta advocación mariana con la Iglesia de nuestro país.

Patrona de España, la implicación de nuestros teólogos y nuestro pueblo fue fundamental para la proclamación del dogma de la Inmaculada en 1854. Así pues, este domingo II de Adviento en todas las diócesis españolas celebraremos, con todas las de la ley, el también conocido como día de la Purísima Concepción. Un total de 12 parroquias de nuestra diócesis están dedicadas a esta advocación y es patrona de muchas localidades. Numerosas congregaciones e instituciones religiosas de Málaga y Melilla la llevan en su nombre. Es el caso del Centro de Magisterio María Inmaculada de Antequera en cuya capilla se venera la imagen que ilustra esta página.

Oración a la Inmaculada del Papa Francisco*

Virgen Santa e Inmaculada,
a Ti, que eres el orgullo de nuestro pueblo
y el amparo maternal de nuestra ciudad,
nos acogemos con confianza y amor.

Eres toda belleza, María.
En Ti no hay mancha de pecado.

Renueva en nosotros el deseo de ser santos:
que en nuestras palabras resplandezca la verdad,
que nuestras obras sean un canto a la caridad,
que en nuestro cuerpo y en nuestro corazón brillen la pureza y la castidad,
que en nuestra vida se refleje el esplendor del Evangelio.

Eres toda belleza, María.
En Ti se hizo carne la Palabra de Dios.

Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor:
que no seamos sordos al grito de los pobres,
que el sufrimiento de los enfermos y de los oprimidos no nos encuentre distraídos,
que la soledad de los ancianos y la indefensión de los niños no nos dejen indiferentes,
que amemos y respetemos siempre la vida humana.

Eres toda belleza, María.
En Ti vemos la alegría completa de la vida dichosa con Dios.

Haz que nunca perdamos el rumbo en este mundo:
que la luz de la fe ilumine nuestra vida,
que la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos,
que el ardor entusiasta del amor inflame nuestro corazón,
que nuestros ojos estén fijos en el Señor, fuente de la verdadera alegría.

Eres toda belleza, María.
Escucha nuestra oración, atiende a nuestra súplica:
que el amor misericordioso de Dios en Jesús nos seduzca,
que la belleza divina nos salve, a nosotros, a nuestra ciudad y al mundo entero.

Amén.

Acto de veneración a la Inmaculada en la Plaza de España (8 de diciembre de 2013)

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Entramos en Adviento

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Nuevamente, iniciamos el periodo de Adviento como preparación espiritual al nacimiento de Cristo, y qué mejor que ilustrarlo con el simbolismo mariano de la Puerta. Aunque la podemos rastrear en varias partes de la Catedral, escogemos la que aparece pintada en el arcosolio del altar de la Asunción que pintara, en 1756, Juan Coronado Ruiz.

Tomado este símbolo de la letanía lauretana, es una invocación a María a considerar en dos vertientes. Ella es la verdadera puerta del Cielo por donde nos ha llegado el Salvador y, al mismo tiempo, la que podemos utilizar para acceder a Él. Ezequiel, el profeta, aludía  en sus textos a la puerta oriental de Jerusalén, la única de la ciudad que conducía al monte del Templo y cuya apertura relacionaban los judíos con la llegada del Mesías.

Es este un pasaje que los tratadistas han aplicado a la maternidad virginal de Nuestra Señora.

A tenor de ello, san Jerónimo escribió: «Ésta es en Ezequiel la puerta oriental, siempre cerrada y brillante, que oculta en sí o saca fuera al Santo de los Santos, por la que entra y sale el Sol de justicia». Por su parte, el franciscano Diego de Vega, en una obra compuesta en 1616, explica: «La Virgen fue palacio real de aquel supremo rey de los siglos. Por allí entró en su concepción y salió en su nacimiento, quedándose siempre entera porque, por donde ha entrado y salido la gloria de Dios, su Hijo unigénito, no es razón que entre ni salga por ella hombre alguno».

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El Papa mira a san Manuel González en su mensaje al Congreso Internacional de Cofradías

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El papa Francisco toma al santo obispo de Málaga Manuel González como centro de su mensaje a los participantes en el II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular celebrado en Sevilla del 4 al 8 de diciembre.

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
AL II CONGRESO INTERNACIONAL DE HERMANDADES Y PIEDAD POPULAR

[Sevilla, 4 – 8 de diciembre de 2024] 

_________________________________________

Queridos hermanos y hermanas:

A través de estas líneas quisiera unirme a las jornadas de estudio sobre las hermandades y la piedad popular que celebran en esa ciudad de Sevilla, cuna de santos y de un pueblo que vive con fervor las expresiones de su fe hasta hacerlas consustanciales a su tejido social.

Quisiera destacar tres retos que se plantean en vuestro programa, proponiéndolos como un trisagio, una súplica que elevamos a Dios, pidiéndole al Padre la eficacia evangelizadora de nuestro esfuerzo, al Hijo la belleza de nuestro testimonio de vida y al Espíritu Santo un corazón lleno de caridad escondida que nos permita llegar a los hombres, aún de forma silenciosa.

Nuestra vida es un peregrinaje, una continua estación de penitencia que en la feliz expresión de san Manuel González podemos proponer como «un viaje de ida y vuelta, que empieza, el de ida, en Cristo y termina en el pueblo, y empieza en el pueblo, el de vuelta, y termina en Cristo» (Obras completas II, n. 1884). La eficacia evangelizadora de vuestra propuesta está en ese nacer de Cristo, de la fe recibida en familia; de la experiencia de vivir y compartir esa fe en la hermandad; de ese salir unidos a vuestros sacerdotes, desde la parroquia, desde el templo de vuestro titular, hacia la Santa Iglesia Catedral, junto a las demás Hermandades, manifestando ser Pueblo en camino hacia Dios.

Todos distintos y todos unidos, de ahí una sublime belleza. Qué entrañable ver a los niños con sus trajes de niño, haciendo los trabajos de niños: llevar el agua, las cestas del incienso, sintiéndose importantes en lo que hacen, y a la vez anhelando poder crecer, y vestir el traje de los grandes, para poder cargar la cruz, para poder ponerse bajo el manto de su Santísima Madre. La belleza de esta diversidad es también escuela, es camino: san Manuel empezó bailando como seise ante el trono del Corpus Domini y toda su vida de obispo y de santo la dedicó a servirlo.

Por otro lado, su belleza se percibe en esa perfecta unión que nace de la combinación de tantas peculiaridades, ministerios, trabajos, que con tesón y paciencia se van compenetrando. Es sobre todo la belleza de Cristo que nos convoca, nos llama a ser hermanos y nos impulsa a sacar a Cristo a la calle, a llevarlo al pueblo, para que todos puedan contemplar su hermosura. Qué gozo ver caminar el cortejo acompasado por el ritmo de una oración silenciosa, que sobrecoge el corazón de quien lo ve. Sea que uno cargue, o que simplemente acompañe, que lleve un hábito de penitencia, o un rosario, es el mismo fervor, el mismo amor, notas de una misma partitura que sólo juntas trazan un canto de alabanza.

Cuántas lágrimas se derraman en esos momentos, «llorando con Cristo que llora, acompañando a Cristo abandonado, poniendo su corazón muy cerca del Corazón de Cristo» (ídem, n. 1891) hasta parecer diría san Manuel «chiflados», chiflados de amor. Así seguramente les llaman muchos que los ven, pensando que no tiene sentido tal esfuerzo. Pero son locos de amor por Dios, tanto de tocar el corazón de su pueblo, para llevarles a Dios.

Un viaje de vuelta, desde ese pueblo que hemos encontrado en la calle, al que le hemos mostrado la belleza de Jesús, de su Iglesia, de ese amor «chiflado», para volver a Dios. San Manuel nos asegura: «Ay, señores, que el pueblo […] tiene hambre de verdad, de cariño, de bienestar, de justicia, de cielo y, quizás, sin que se dé cuenta, de Dios» y «las lágrimas de su corazón» (ídem, n. 1900), las desgarradoras lágrimas de su alma, no nos pueden dejar impasibles. Nuestra imaginaria estación de penitencia sigue su camino hasta la Santa Iglesia Catedral, hasta el Sagrario donde el Señor nos espera, ante Él presentamos esos corazones, para que Dios Padre haga crecer la semilla que hemos intentado sembrar. Este Pan vivo es el único que puede saciar el hambre de nuestra sociedad, un Pan que nació para entregarse, para ser consumido, y que desde el altar nos llama para que dialoguemos con Él, para ser nuestro consuelo y nuestro reposo.

Como pueblo en camino, en orden casi marcial, sea llevando su cruz, sea bajo el manto de su bendita Madre, sentimos que somos el campo de Dios, semilla del reino, y es en su presencia que volvemos a nuestras casas, para seguir transparentando ese regocijo, esa belleza, ese amor desbordante, que se comunica a nuestros hijos, a nuestras familias, amigos, vecinos. Es en ese momento íntimo, que pedimos a Jesús que les dé la fuerza de unirse a nosotros en este peregrinaje, de la procesión y de la vida, juntos seguiremos llevando a Cristo, sacándolo a la calle para que entre en todos los corazones.

Queridos hermanos y hermanas, debo confesarles algo, el texto que he propuesto a su meditación de san Manuel González, no habla de devoción, de liturgias públicas o de oración contemplativa. En realidad, habla de la obra social de la Iglesia, del compromiso laical por la trasformación del mundo, de la necesidad de acercar la ternura de Dios a los hombres que sufren en el cuerpo y en el alma. Pero sus palabras reflejan un mismo amor, pues “cargar” el paso del Cristo en la procesión, cargar cada día con la cruz que el Señor nos propone o cargar sobre nuestros hombros al hermano que encontrarnos postrado en el camino, como lo haría el Buen Pastor, es el mismo amor, es la misma caridad escondida que encontramos en el Sagrario de la Santa Iglesia Catedral, y en el de nuestro templo titular. Es ese amor que tomamos de Cristo y llevarnos al pueblo, que traemos a Cristo junto a ese pueblo, en un continuo viaje de ida y vuelta que conforma nuestra existencia terrena. Sea este nuestro deseo y nuestra súplica ante Dios tres veces santo.

Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide, y por favor no se olviden de rezar por mí.

Fraternalmente,

FRANCISCO

Roma, San Juan de Letrán, 9 de mayo de 2024, solemnidad de la Ascensión del Señor.

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Círculo de Silencio con el foco en la vivienda

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La Delegación de Migraciones convoca al Círculo de Silencio de diciembre con la mirada puesta en la dificultad de amplios sectores sociales para disfrutar del derecho a una vivienda, también las personas migradas.

»El acceso a la vivienda se ha convertido en un problema estructural que afecta a toda la sociedad, pero que golpea con mayor intensidad a las personas migrantes y refugiadas», afirman desde la Delegación de Migraciones. Por eso, el próximo encuentro en torno a los migrantes y refugiados, en el contexto del día internacional de los migrantes y el de los Derechos humanos, se centrará en la dificultad de acceso a la vivienda que encuentran, también, estas personas.

El Círculo de Silencio de diciembre en la capital de Málaga es el miércoles 11 de diciembre a las 20 h. en la Plaza de la Aduana.

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La Diócesis y la Parroquia de San Paulino ofrecen la cesión gratuita del cementerio al Ayuntamiento de Barbate

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La Diócesis de Cádiz y Ceuta y la Parroquia de San Paulino han registrado en el Ayuntamiento de Barbate un borrador de convenio para la cesión gratuita del cementerio parroquial y la subrogación del personal del mismo, actuando con generosidad y salvaguardando el interés general de la ciudadanía.

La decisión ha sido adoptada después de los distintos ofrecimientos realizados al equipo de Gobierno desde agosto de 2023 tanto de la cesión de la finca propiedad de la Iglesia como de la explotación económica del camposanto.

En el transcurso de las conversaciones, ni la Parroquia ni la Diócesis han solicitado retribución por la ampliación del cementerio, si bien por parte del Ayuntamiento a día de hoy, todavía no ha podido determinarse -según el contenido del principio de acuerdo alcanzado- algún local u otra propiedad que pudiera ser de utilidad a la Parroquia o a Cáritas, y con el que poder compensar de algún modo a la Parroquia de San Paulino, por la cesión que llevará a cabo de aquélla parte del cementerio, cuyo dominio le pertenece.

Pese a ello, la Parroquia y la Diócesis consideran, dada su vocación de servicio, que es preciso permitir que el Ayuntamiento pase a administrar la totalidad del cementerio concebido como una unidad y cementerio propio en su totalidad, de manera que la ciudadanía pueda visitar a sus difuntos enterrados tanto en la parte antigua como en la nueva. De este modo también se da solución a la compleja situación jurídica del suelo que se anexionó con la ampliación de 2010.

Cabe recordar que, en los años 1997 y 1998, la Parroquia, con la autorización de la Diócesis, ofreció la cesión al Consistorio, lo que fue rechazado por el entonces alcalde por motivos económicos.

En el año 2000, los ayuntamientos de Vejer y Barbate presentaron a los párrocos y el Hermano Mayor de la Oliva un proyecto para construir un cementerio mancomunado que finalmente no se llevó a cabo.Ante la acuciante falta de espacio que motivó aquel proyecto, el Ayuntamiento de Barbate se comprometió a ceder a la Parroquia de San Paulino 5.500 metros cuadrados para la ampliación del cementerio en 2004, y posteriormente autorizó la ampliación del cementerio. La Parroquia, con buena fe y confianza legítima, afrontó la obra con fondos propios y concertó un préstamo bancario, contando siempre con el acompañamiento del Consistorio, al igual que en la obra, que se ejecutó con la máxima urgencia.

La Iglesia ha gestionado el cementerio parroquial de Barbate desde hace un siglo, siempre con sus propios recursos y ajustando al máximo los precios de los servicios, que fueron congelados en 2013, en plena crisis económica y actualizados en 2015 y 2023 ante el incremento de los costes. Los ingresos, en cualquier caso, se han destinado íntegramente al personal, los servicios prestados y la conservación, mantenimiento y ampliación del camposanto.

Con el interés de profesionalizar la gestión, el Administrador Parroquial solicitó el nombramiento de un administrador parroquial con experiencia y formación económica, responsabilidad que asumió Rvdo. P. D. Antonio Diufaín Mora.
Con el borrador presentado ahora para que el Ayuntamiento se haga cargo de la gestión, la Parroquia y la Diócesis renueva su compromiso con la feligresía y la totalidad de los vecinos de Barbate mantenida durante estas décadas.

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Mons. Edgar Peña: “Dios está con nosotros y no nos abandona nunca”

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Mons. Edgar Peña: “Dios está con nosotros y no nos abandona nunca”

La primera jornada del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular se ha cerrado con la celebración de la Eucaristía en la nave del Crucero de la Catedral de Sevilla. Una misa que ha presidido el legado pontificio para este acontecimiento, monseñor Edgar Peña Parra, y que han concelebrado el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz; el nuncio apostólico en España, monseñor Bernardito Auza; junto a monseñor Lozano, nuncio apostólico emérito; monseñor Madila, arzobispo emérito de Kananga; monseñor Ulloa, arzobispo metropolitano de Panamá; monseñor Garciandía, obispo de Palencia; monseñor Catalá, obispo de Málaga; monseñor Zornoza, obispo de Cádiz; y los obispos auxiliares de Sevilla, monseñor León y monseñor Valdivia.

El sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano ha comenzado su homilía destacando la “imponente grandiosidad de la catedral hispalense, crisol de culturas y fusión de estilos”. Seguidamente se ha instalado en el tiempo de preparación de la Navidad, el Adviento, que ha de servirnos para “prepararnos, reconocer la presencia del Señor cuando tantas veces sale a nuestro encuentro”.

“Vivir como discípulos de Cristo en medio del mundo”

Ha recordado que nos encontramos en “un tiempo de gracia para renovar nuestra fe, fortalecer nuestra esperanza y acrecentar nuestra caridad, y, a la vez, para acoger la llamada a vivir como discípulos de Cristo en medio del mundo”. “Es necesario preguntarnos sobre la disposición de nuestros corazones para recibirlo, porque Jesús no irrumpe con fuerza, no obliga a nadie a abrirle la puerta, Jesús invita, espera pacientemente a que cada uno de nosotros lo deje entrar en la propia vida”, ha añadido.

Más adelante ha lanzado una pregunta: “¿Tratamos de ser compasivos como lo fue Jesús?”. Al respecto ha afirmado que “Jesucristo demuestra que la compasión no es un sentimiento de lástima o de simple solidaridad”. En definitiva, “Jesus nos exhorta a vivir con el corazón elevado hacia la eternidad, pero sin apartarlo de la realidad humana que nos rodea”.

El legado pontificio se ha dirigido a los congresistas con un deseo: “que sea un momento importante para vivir el espíritu del Adviento, un camino de conversión”. Y ha concluido su homilía animando a los presentes a seguir adelante “sin olvidar que mientras hacemos frente a dificultades y tribulaciones en este mundo, lo hacemos con la certeza de que no estamos solos, y esto les pido que no lo olviden: no estamos solos. Dios está con nosotros y no nos abandona nunca”, ha concluido.

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Monseñor Fisichella: “Es necesario anunciar la fe a la luz de la belleza”

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Monseñor Fisichella: “Es necesario anunciar la fe a la luz de la belleza”

‘La misión evangelizadora, alma de las hermandades’, ha sido el título de la ponencia impartida la noche de este miércoles por monseñor Salvatore Fisichella, pro Prefecto del Dicasterio para la Evangelización. La primera ponencia del II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular que se celebra en Sevilla del 4 al 8 de diciembre.

Monseñor Fisichella ha iniciado su alocución citando la constitución dogmática Dei Verbum, del Concilio Vaticano II, “es necesario crear un contexto teológico sobre la importancia de la piedad popular y sobre las cofradías en la enseñanza del Concilio Vaticano II”. La presentación ha corrido a cargo de monseñor Jesús Catalá, obispo de Málaga. “Han elegido a un buen ponente que, sin duda, la nueva evangelización la lleva en el alma”.

El pro Prefecto del Dicasterio para la Evangelización dijo que “si fuésemos capaces de mirar la historia de las cofradías con ojos que tienen intención de recordar la riqueza de la tradición del pasado para hacer más humano nuestro presente, entonces seríamos capaces de la auténtica revalorización histórica y teológica”.

En este sentido, expresó “que las cofradías y hermandades pertenecen a un pasado que han marcado nuestra historia de fe”, por tanto, “recuperar el tejido histórico donde nacieron y reconstruir el horizonte eclesial que ha propiciado su origen permitiría hacer surgir los motivos que impulsaron su nacimiento y consentiría encontrar las plenas motivaciones para su existencia”. En esta línea refirió que diversos intentos han sido realizados en este sentido, sin embargo, subrayó que “parece faltar aun el horizonte teológico que permitiría tener una visión más coherente con el desarrollo de la vida de fe y el testimonio que se deriva”. No ha dudado en remarcar que las cofradías “deberían insertarse dentro de ese proceso de tradiciones que marcan la gran tradición de la Iglesia”.

Advirtió que la “Iglesia debe ir al mismo ritmo que los tiempos, porque si faltan las bases racionales todo se reduce a devocionismos… La fe, queridos hermanos, exige entrar en profundidad, no a detenerse en las repetidas investigaciones sociológicas sobre la religiosidad, que de vez en cuando muestra una tendencia de crisis, de abandono de la práctica religiosa, sin mostrar otras manifestaciones de la fe presentes, más allá de la participación en la Eucaristía dominical y de la catequesis sacramental que es tan importante”.

Continuó su ponencia argumentando que esta consideración puede ser extremadamente útil para los cristianos hoy día “cuando se vive la tentación de descartar todo lo que ha marcado el pasado porque es incapaz de responder a las diversas cuestiones que surgen en el presente. Qué gran arrogancia se ha manifestado en los presentes años al constatar que se desechan tradiciones solo porque son fruto de los siglos pasados, si se tuviese al menos la humildad de retomar el significado que fue puesto en algunos signos, entonces se podría comprender el sentido que impulsó realizarlos, este proceso favorecería una compresión más profunda y nos haría más cautos al clasificar todo demasiado rápido como tradiciones pasadas. No se puede estar movido por sueños nostálgicos de restauración, pero tampoco ceder apresuradamente y privarse del necesario sentido histórico que favorece la comprensión de las culturas y de cómo se expresan. El tiempo escapa, pero la historia permanece2.

Regla de la continuidad

Esta dimensión, ha resaltado monseñor Fisichella, requiere que “haya siempre discípulos dispuestos a escuchar y disponibles a dejarse fascinar por las conquistas realizadas por un período histórico”. Reflexionó sobre la regla de la continuidad. “La discontinuidad como regla del progreso no tiene raíces profundas y quererlas seguir lleva a la esterilidad; la regla de la continuidad, en cambio, hace fecundad la obra del investigador, porque lo introduce en un proceso más fatigoso, pero necesario para entrar en el espíritu del tiempo y comprender el sentido del movimiento en acto”.

Subrayó que “la tradición es la fe viviente de los muertos, el tradicionalismo es la fe muerta de los vivos. La tradición, por tanto, es condición de vida, sin la cual no existe futuro, deberían estar bien convencido de esto, al menos, los creyentes”.

Humanización de la tecnología

Así, “no podemos negar que estamos frente a una nueva cultura, la cultura digital que hace propia la inteligencia artificial, mostrando que estamos solo al inicio de un proceso que no conocemos aún, y que modifica radicalmente nuestro modo de pensar y actuar. Eso supone el desafío de la evangelización y la humanización de la tecnología. Es necesario descubrir con estupor y maravilla la belleza”.

Belleza, vía de evangelización

En referencia a Sevilla dijo que “aquí en esta tierra que ha visto el nacimiento y la conservación de obras únicas en el mundo fruto de la espiritualidad popular, se pueda con mayor convicción hablar de la belleza como vía privilegiada de la evangelización. Sin belleza no hay amor y no tendríamos el inicio del cristianismo”.

El cristianismo comprendió inmediatamente la importancia de la belleza “para transmitir los contenidos de la fe. Lo que atrae durante la Semana Santa a millones de personas a Sevilla es la belleza de la tradición que se transmite de padres a hijos, fruto de la fe de una comunidad que se identifica con algunos signos como expresión de identidad y sentido de pertenencia”.

Lamentó que “la belleza corre el riesgo de no encontrar audiencia en ninguna parte”, es una cita que con tono de tristeza el teólogo von Balthasar escribía. “Sin embargo, “es el término que debe marcar el inicio de la reflexión sobre la fe y el anuncio del Evangelio. Cuando el misterio se revela, lo hace asumiendo la belleza”.

Sobre este mismo asunto añadió que la belleza “ha creado una forma de contemplación que conduce al amor, pero que podría desaparecer lentamente, con el peligro de caer en la desesperación, si desgraciadamente esto sucediese, el vacío sería enorme y no podría ser sustituido por nada. Es necesario anunciar la fe a la luz de la belleza, porque nos permite superar la fragmentariedad”.

El pro prefecto del Dicasterio para la Evangelización ha destacado que el camino de la hermandades y cofradías “se puede insertar dentro del camino de la belleza, que ha sido percibida como un llamado a vivir de cerca la vía del discipulado cristiano”. Sobre este aspecto resaltó que “la cantidad de imágenes que recorren las ciudades con los símbolos de la fe de una manera encarnada e inculturada no hacen otra cosa  sino provocar maravilla y suscitar los interrogativos que están en la base de la conversión del corazón”.

Contemplación del misterio

Continuó diciendo que “las cofradías conducen a la contemplación del misterio de la fe y a la necesidad de despertar y reavivar la fe personal. Esta expresión del arte cristiano lleva consigo la tarea irrenunciable de anunciar la belleza de nuestra fe, aunque lleva consigo la belleza del crucifijo, como referencia constante del rostro maltratado e indescriptible de la muerte en cruz, nosotros aplicamos las palabras del salmo 45: ‘Tú eres el más hermoso de los hijos de los hombres‘”.

Asimismo, “el arte de nuestras cofradías ha acogido esta enseñanza y tanto en la representación como en el uso de los materiales han dado voz a este misterio de amor. El oro, la plata, la madera más valiosa y las telas más finas, todo ha sido utilizado para hacer bello el sufrimiento fruto del amor. El paso de generación en generación que caracteriza la transmisión de la piedad popular permite a cada generación crecer en la fe permaneciendo ligada a sus raíces”.

Al término de su intervención dijo que le gusta pensar en las cofradías “como enanos en hombros de gigantes, capaces de ver más lejos que sus maestros, porque estos han impreso en las tradiciones los signos indelebles de la manifestación popular de la fe, que se convertirán a su vez en nuevos gigantes que hagan subir sobre sus hombros a nuevos jóvenes que vivirán con el deseo de transmitir de manera siempre viva las tradiciones de sus padres”.

 

 

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Monseñor Edgar Peña inaugura el congreso internacional destacando el papel de las hermandades frente al individualismo y la creciente secularización

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Monseñor Edgar Peña inaugura el congreso internacional destacando el papel de las hermandades frente al individualismo y la creciente secularización

Monseñor Edgar Peña, sustituto de la Secretaría de Estado y legado pontificio para el congreso internacional, ha inaugurado esta tarde las sesiones que se celebrarán hasta el próximo sábado en la Catedral de Sevilla, dando traslado del “saludo afectuoso del Santo Padre, asegurándoles también su acompañamiento espiritual en estos días de reflexión”. Además, ha aprovechado para dar, en nombre del papa Francisco, “la más cordial bienvenida a todos los que participan en este segundo Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular, bajo el lema inspirador ‘Caminar en esperanza”.

Mensaje del Papa

Previamente, el nuncio apostólico en España, monseñor Bernardito Auza, dio lectura al mensaje enviado por el papa Francisco a los participantes en este encuentro cofrade internacional. El pontífice recordó la figura de san Manuel González con varios pasajes: “qué gozo ver caminar el cortejo acompasado por el ritmo de una oración silenciosa”. “Nuestra imaginaria estación de penitencia -añadió- sigue su camino hasta la Santa Iglesia Catedral, hasta el Sagrario donde el Señor nos espera (…) Este pan vivo es el único que puede saciar el hambre de nuestra sociedad”, añadió. El Papa puntualizó en su mensaje que el texto que había propuesto a la meditación “en realidad habla de la obra social de la iglesia, del compromiso radical por la transformación del mundo”, y de acercar “la ternura de Dios” a los hombres que sufren.

Al inicio de su alocución, monseñor Edgar Peña afirmó que “como miembros de una comunidad de fe, nos adentramos en un tiempo de encuentro, reflexión, oración y comunión, en busca de una comprensión más profunda del significado y la importancia de las hermandades y cofradías en la Iglesia de hoy, mientras vamos avanzando por los senderos de la vida espiritual, confiando en el Señor Jesús y bajo la mirada de la Madre de Dios”.

Monseñor Edgar Peña elogió la “riqueza de siglos de historia, fe y tradición” que atesora Sevilla, y el “crisol de culturas y fusión de estilos” que se aprecia en “su majestuosa Catedral”.

Aludió al lema del congreso –Caminar en esperanza– para subrayar que “la esperanza no defrauda” y formular sus “sinceros votos a fin de que el testimonio de las grandes figuras de la historia de la salvación sean para ustedes ejemplo y estímulo, de tal manera que estos días de Congreso lleguen a ser un tiempo de verdadera renovación espiritual, así como de fortalecimiento comunitario; y apoyados en el Dios de la esperanza, encuentren juntos los recursos necesarios para seguir adelante con certeza y determinación en el común camino de fe”.

Afirmó que “el fundamento de la vida de todo cristiano y, por tanto, de cada hermandad y cofradía es el Señor”, una idea que reforzó señalando que “es el Señor quien da orientación y sentido a la pertenencia a las cofradías y hermandades, que deben cimentarse siempre en Jesucristo, piedra angular, para que no pierdan su identidad y cometido”.

La llamada a la santidad fue otro aspecto abordado por el legado pontificio en su discurso. Definió la santidad como “un don de Dios que nos introduce en la intimidad de la vida trinitaria y nos permite unirnos a Cristo, para vivir, con la gracia del Espíritu Santo, como hijos de Dios, dispuestos a cumplir a fondo su voluntad. Este camino -añadió- no se recorre apoyados en el propio esfuerzo, sino en la gracia de Dios”. Así, “es esta vocación bautismal a la santidad de cada uno de sus miembros, la que permite a las hermandades y cofradías, ayudadas por la piedad popular hecha vida concreta, llevar adelante la misión de ser testigos creíbles de la santidad de Dios en medio de la sociedad”. Monseñor Edgar Peña subrayó el hecho de que “muchos de sus hermanos y hermanas, con valentía y fe”, se han distinguido a lo largo de los siglos como “sinceros y generosos obreros del Evangelio, llegando, en no pocos casos, hasta el sacrificio de la propia vida”. “Los invito a que sigan sus pasos”, apuntó.

Seguidamente, incidió en la necesidad actual –“hoy es más necesario que nunca “- de cultivar “un verdadero impulso ascético y misionero para afrontar los numerosos desafíos de la época moderna y contrarrestar los límites de la cultura contemporánea”.

Como contrapeso, señaló algunas actitudes “que permiten reflejar la imagen de Cristo en el seno de las hermandades y cofradías”. la primera de ellas es la fraternidad, a la que presentó como “el antídoto al aislamiento contemporáneo”. Al respecto valoró positivamente cómo las hermandades han desempeñado un papel fundamental en la cohesión social, en el apoyo mutuo y en la promoción de valores morales cristianos. “Con la vida en hermandad se supera el aislamiento y la soledad, porque la santificación es un camino comunitario”, añadió. En este contexto, afirmó que “es importante recordar cómo la pertenencia a una cofradía o a una hermandad no es algo aleatorio, sino un hecho que está íntimamente ligado a la pertenencia familiar”. Subrayó que los padres son “los primeros anunciadores de la fe para sus hijos”, y recordó que “en países donde la fe ha sido perseguida durante mucho tiempo, esta ha sido preservada y transmitida gracias a los padres”. Para monseñor Peña Parra, las cofradías “no son simples sociedades de ayuda mutua o asociaciones filantrópicas, tampoco conglomerados sin enganche sobrenatural ni grupos que buscan favorecer y proteger intereses personales y corporativos. Son un conjunto de hermanos que, queriendo vivir el Evangelio con la certeza de ser parte viva de la Iglesia, se proponen poner en práctica el mandamiento del amor que impulsa a abrir el corazón a los demás, especialmente a los que están atravesando dificultades y carencias”.

“Testimonio de esperanza”

Entre los desafíos más significativos en la actualidad, el ponente señaló “el individualismo, la creciente secularización y los cambios culturales que afectan a nuestras sociedades”. En este sentido, afirmó que las hermandades y cofradías “afrontan hoy el reto de mantener relevancia y atractivo para las generaciones más jóvenes, al igual que para aquellos que se alejaron de la vida de la comunidad eclesial”. “En este sentido, las hermandades y las cofradías, en la vivencia fraterna de la piedad popular, pueden constituir un testimonio de esperanza, especialmente cuando, a través de sus prácticas de piedad, del ejercicio concreto de la caridad y de la capacidad para construir puentes de entendimiento y reconciliación, cumplen con su misión de ser signos auténticos de la presencia del Señor en medio de su pueblo santo; contribuyendo, además, en un tiempo fracturado, a la instauración de una cultura del perdón y de la fraternidad, en la que nadie resulta excluido”.

Por otra parte, señaló la amistad con Cristo como “fuente de verdadera alegría”, y que es “a través de la adoración a Dios en la liturgia, de la participación en los sacramentos, especialmente en la Santa Misa de los domingos, de la dedicación a la oración y del compromiso de vivir de acuerdo con los principios de la fe como las hermandades y cofradías siguen encontrando alegría, inspiración y fortaleza para enfrentar los desafíos de la vida y ayudar al crecimiento de la relación de los hermanos con Dios”. Por eso, subrayó la importancia de que la Eucaristía “tenga un lugar preeminente en la vida de sus asociaciones”.

La piedad popular fue otro eje de la vida del cofrade subrayado por monseñor Edgar Peña, porque “es una realidad viva en la Iglesia y de la Iglesia”. En este punto recordó que el papa Francisco tiene “gran estima por la piedad popular y sus manifestaciones”, y que “ha llamado la atención a los que la ignoran, la descuidan o la desprecian, para que tengan una actitud más positiva ante ella y consideren sus valores; no ha dudado, en presentarla como un verdadero tesoro del pueblo de Dios”.

En la parte final de su alocución reiteró la importancia del papel de los padres en la transmisión a sus hijos de la fe, “viviendo su relación con Dios en todas las circunstancias de la existencia, no sólo extraordinarias, sino también en las de cada día”. Además, hizo hincapié en la relación cofradías-sociedad, al afirmar que las prácticas y celebraciones de la piedad popular son “una manera de expresar la fe en una amplia gama de expresiones”, y que éstas han ejercido y ejercen “una gran influencia en la identidad de los pueblos y en la expresión externa de la fe profesada, y se han convertido en la manera con la que, desde tiempo inmemorial, el pueblo de Dios ha manifestado su amor y devoción al Señor, ha enriquecido su vida espiritual y fortalecido su identidad cristiana en medio de cada cultura, convirtiéndose en un ámbito privilegiado para el encuentro personal con el Señor”.

“Pilares fundamentales de la identidad del pueblo sevillano”

Llevado a la realidad local de Sevilla, señaló que “desde hace siglos, las hermandades y cofradías han sido también pilares fundamentales de la identidad del pueblo sevillano”. Además, apunto que las hermandades y la piedad popular pueden ofrecer hoy un consuelo espiritual y un sentido de pertenencia “para que aquellos que buscan significado y trascendencia en sus vidas puedan encontrarse con Jesucristo, fuente de la verdadera alegría, porque cuando estas manifestaciones se traducen en expresión social, se convierten en un testimonio gozoso de la propia fe a los ojos de los no creyentes y en un estímulo para los débiles”.

Finalmente, valoró que las hermandades “siguen atrayendo a muchos a la fe, por la vía de la belleza y del amor eclesiales, al mismo tiempo que van entretejiendo una red de devoción, fraternidad y compromiso social que involucra cada aspecto de la vida de la comunidad”. De esta manera, estas corporaciones se han convertido en “faros constantes de la confesión de fe en tiempos de oscuridad y ejemplos vivos de compasión cristiana”. Así, “como organizaciones de la Iglesia, las cofradías han fortalecido los lazos comunitarios, pero también continúan todavía hoy desempeñando un papel importante en la vida cultural y política”. Puso el ejemplo de las hermandades en América Latina, que han ejercido “un papel crucial en la evangelización y en la preservación de la identidad cultural de las comunidades locales”.

Las hermandades ante los cambios sociales

Dirigiéndose a los congresistas, el legado pontificio señaló la adaptación de las hermandades a los contextos social y cultural: “han experimentado cambios significativos, debido a la influencia cultural y a la globalización. Si bien algunas tradiciones se han mantenido intactas, otras han ido incorporando nuevas formas de expresión y participación. Pues la piedad popular «se trata de una realidad en permanente desarrollo, donde el Espíritu Santo es el agente principal»”. “Su capacidad para expresar la fe a lo largo del tiempo es un testimonio de su relevancia perdurable en la vida de la Iglesia y en la experiencia religiosa de los cristianos. Estas instituciones han resistido la prueba del tiempo, manteniendo viva la llama de la fe y del amor en un mundo en constante cambio”, concluyó.

Finalizó su intervención tendiendo las manos a los cofrades: “en medio de estos cambios y desafíos contemporáneos, la Iglesia los necesita especialmente a ustedes, queridos amigos y amigas, para llevar el anuncio del Evangelio de la caridad a todos, recorriendo caminos antiguos y nuevos”. “Es crucial, para ello, recordar y reafirmar los valores fundamentales que han definido la piedad popular a lo largo de los siglos; valores que no son meros principios abstractos sino los cimientos sobre los cuales se construye la propia misión como comunidad cristiana de fe, llamada permanentemente a la santidad”.

Monseñor Saiz: “Las hermandades están llamadas a salir al encuentro de los hombres y mujeres de hoy”

Tras el legado pontificio intervino el arzobispo de Sevilla, que recordó al cardenal Amigo vallejo, organizador hace veinticinco años del primer congreso internacional. Monseñor Saiz Meneses afirmó que “las hermandades están llamadas a salir al encuentro de los hombres y mujeres de hoy para descubrir sus gozos y esperanzas, sus tristezas y angustias, en especial de los más pobres y necesitados, y entablar con ellos un diálogo verdadero y profundo, y propiciar un encuentro con Cristo que sea el comienzo de una vida nueva, de una relación personal con el Señor”. “Esta debe ser su alma, y su identidad más profunda, que comporta una entrega decidida a la evangelización y a la pastoral de la Iglesia”, añadió.

En esta línea, planteó la necesidad de que la piedad popular se sitúe en relación estrecha con la misión de la Iglesia y la transmisión de la fe, “de manera que las hermandades puedan ofrecer un itinerario que contribuya a que muchas personas abran la mirada a la belleza de la experiencia cristiana”. Además, señaló que las hermandades han de ofrecer un “testimonio creíble de la fraternidad que les da nombre”.

El arzobispo de Sevilla finalizó su intervención en este acto inaugural insistiendo en la “llamada a ser faros de caridad en un mundo cargado de luces y sombras, de oscuridades y desafíos”. Así, situó la compasión como “un camino privilegiado para cimentar la justicia, ya que, ponerse en el lugar del otro, no sólo nos permite conocer sus sufrimientos, dificultades y miedos, sino también descubrir su valor único y precioso, en una palabra: su dignidad”. “Estas actitudes y convicciones -concluyó- serán objeto de estudio, análisis y reflexión durante el congreso que nos reúne, con el fin de poder dar respuesta a los desafíos del mundo de hoy, y de llevar a cabo nuestra misión con lucidez y eficacia”.

Juanma Moreno: “Una misión que no es flor de una semana”

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ha subrayado “el importante papel que nuestras hermandades desempeñan en nuestra sociedad todos los días del año”. “Una misión que no es flor de una semana, por extraordinaria que sea nuestra Semana Santa, sino que es el sostén y la esperanza para numerosas personas y familias vulnerables”, ha afirmado.

Moreno ha destacado a las hermandades como “semillero de valores y acciones ejemplares que nos ayudan a construir una sociedad mejor” y ha expresado la voluntad de su Gobierno de mantener las líneas de colaboración abiertas con ellas y con la Iglesia, “especialmente a la hora de proteger, mantener y divulgar el riquísimo patrimonio que atesoran”, para lo que se ha reactivado recientemente la Comisión Iglesia-Junta de Andalucía.

“Epicentro de la cristiandad”

Por su parte, el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, dio la bienvenida a los congresistas en nombre de una ciudad que “como define nuestro arzobispo, es la capital mundial de las hermandades”. Destacó la importancia de estas corporaciones en el tejido social: “son las entidades más vertebradoras de toda la sociedad en nuestra ciudad y en cada rincón de la provincia, donde se suman más de 700 corporaciones de esta índole en toda nuestra geografía”, explicó.

Sanz definió el II Congreso Internacional como un acontecimiento “único”, que tendrá un colofón especial, la procesion de clausura, “en la que el Ayuntamiento ha puesto todos sus esfuerzos para contribuir a que sea un éxito”. “Un despliegue sin precedentes en el que trabajarán todos los servicios municipales a los que ya agradezco de antemano su esfuerzo”, añadió. Tras recordar las dos visitas del papa Juan Pablo II a Sevilla –“que marcaron un antes y un después en este tipo de acontecimientos”-, el alcalde concluyó su intervención afirmando que Sevilla será durante estos días “el epicentro de la cristiandad y espejo donde se mirarán todos”.

Importantes avances desde el primer congreso internacional

Cerró el turno de intervenciones el presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, Francisco Vélez, que subrayò la finalidad última del congreso: “poner de relieve la importancia de la religiosidad popular en nuestra tierra, auténtica muestra de realidad eclesial que constituye un verdadero dique de contención frente a la ola de relativismo y consumismo que atravesamos, males de nuestro tiempo, ante los que repetidamente nos han alertado los últimos pontífices: san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco”.

Vélez reivindicó la “forma característica” que tiene  las hermandades de celebrar “unos cultos que, afortunadamente, hacen que nuestros templos se llenen de cofrades, que expresan así su fe y su amor a Dios y a la Santísima Virgen a través de la honda devoción que profesan a sus titulares”. Destacó también los “importantes avances” experimentados en la vida de las hermandades durante los veinticinco años que han mediado entre los dos congresos internacionales, y señaló que este encuentro cofrade huye de la autocomplacencia para, en cambio, “profundizar en nuestras raíces y en nuestro quehacer”.

Tras agradecer la colaboración de todas las instituciones que han hecho posible este congreso, Francisco Vélez expresó su deseo de que el congreso proporcione “abundantes frutos y que los mismos perduren en el tiempo”.

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