

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
Y JORNADA DE VOCACIONES NATIVAS
LUNES: EL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO
Elegir bien también es vocación: Gn 3, 1-5
La serpiente era el animal más astuto de cuantos el Señor Dios había creado; y entabló conversación con la mujer: —¿Con que Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?
La mujer contestó a la serpiente: —¡No! Podemos comer de todos los árboles del jardín; solamente del árbol que está en medio del jardín nos ha prohibido Dios comer o tocarlo, bajo pena de muerte.
La serpiente replicó: —¡Nada de pena de muerte! Lo que pasa es que Dios sabe que, en cuanto comáis de él, se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal.
Dios puso al hombre en un jardín. Un jardín de amistad. De confianza. De plenitud. Pero también puso un límite. Porque amar es elegir.
El árbol del conocimiento nos recuerda algo clave: no somos dioses. Somos hijos. Y cuando queremos ocupar el lugar de Dios, nos rompemos por dentro.
La vocación empieza aquí:
- cuando elijo confiar.
- cuando acepto que Dios sabe más.
- cuando dejo de vivir solo para mí.
Cada domingo las campanas nos llaman. No es ruido. Es invitación. Es Dios diciendo: “Ven. Tengo algo para ti.”
La Misa nos entrena para elegir vida. Jesús transformó el árbol de la cruz —que parecía fracaso— en árbol de vida. Por eso, cerca del altar de la Misa siempre hay una cruz que nos recuerda esta vocación: ¡Dar la vida!
Preguntas que despiertan
- ¿Voy a Misa porque quiero encontrarme con Jesús o por costumbre?
- ¿Rezo por los demás cuando escucho una campana por un difunto?
- ¿Empiezo a vivir de verdad la vida como vocación?
Iluminación
- El árbol del Edén nos recuerda algo clave: somos criaturas amadas.
- Cuando intentamos ser “dioses”, nos rompemos.
- Cuando confiamos, crecemos.
- Jesús transforma el árbol de la cruz en árbol de vida.
- La vocación empieza en decisiones pequeñas.
Oración vocacional
Oh Dios, Padre bueno,
Señor y dueño de la mies,
escucha la oración de tu Iglesia,
«asamblea de llamados».
Concédenos abundantes y santas vocaciones
sacerdotales, consagradas y contemplativas,
al matrimonio y vida familiar,
misioneras, apostólicas y laicales,
garantía de vitalidad para el porvenir de tu Iglesia,
aquí y en cualquier parte del mundo.
Haz que vivamos «la vida como vocación»,
a la que Tú nos llamas.
Para que respondamos a tu llamada
en la variedad de vocaciones y carismas.
Danos sabiduría para anunciar
el Evangelio de la vocación;
discernimiento para acompañar a todos
en su camino vocacional;
y generosidad para servirte
en una renovada «pastoral de la llamada». Amén.

























