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“Juan de Dios es un ejemplo vivo del testimonio de Cristo”

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Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la Eucaristía celebrada en la basílica de san Juan de Dios, en la fiesta litúrgica del santo copatrono de Granada, san Juan de Dios, el 8 de marzo de 2026.

Querido padre Juan José, querido paisano y condiscípulo (es de mi curso en el seminario, aunque lo ficharon en Granada y aquí está);
querida comunidad, hermanos de San Juan de Dios;
queridos sacerdotes concelebrantes;
queridas damas y caballeros de San Juan de Dios;
queridas autoridades;
queridos amigos, hermanos y hermanas:

Nos reúne en este día este homenaje de la Iglesia de Granada a este santo tan significativo, tan importante para nosotros, a este modelo y protector de nuestra ciudad. Pero, los santos son los amigos de Dios y son nuestros amigos. Aprendemos de su vida y, sobre todo, de su testimonio y los tenemos por intercesores, para que intercedan hasta el Señor por nosotros. Pero son modelo.

Y qué puede enseñarnos Juan Ciudad, este loco de Dios, este loco que anduvo por nuestras calles conocidas para nosotros; este loco que pedía en la puerta del Sagrario; este loco de Dios que vendía la poca leña que recogía para socorrer a los ancianos, a los enfermos especialmente, para ir derramando, como nos dice la liturgia, la misericordia de Dios, hecha obra de caridad concreta, de estilo inteligente, hasta transformar con su Orden el sistema hospitalario. ¿Qué nos enseña este loco de Dios? Nos enseña, sobre todo, que el amor de Dios es inseparable del amor al prójimo, que el amor al prójimo testifica y manifiesta el amor a Dios. Esa unidad del mandamiento nuevo de Jesús, que incorpora también el mandamiento central del pueblo de Israel, Shema Israel: “El Señor es solamente uno. Amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas”. Y Jesús señala “y al prójimo como a ti mismo”. Es más, Jesús nos señala que “os améis los unos a los otros como Yo los he amado”.

Y en el amor no hay término medio. Dicen los moralistas que la virtud está en el medio, no en la medianía, no en la mediocridad, sino en el medio. Sin pasarse y sin quedarse corto. Pero eso para un cristiano no sirve plenamente. Porque en el amor tenemos que excedernos. Y es lo que hizo Juan de Dios. Este hombre que llega a Granada buscándose la vida después de un recorrido realmente de aventuras. Este hombre que había servido en los Tercios, que había sido pastor, que había llegado desde Galicia a la vuelta del cerco de Viena, que llega y que baja por Sevilla hasta Gibraltar, y de Gibraltar a Ceuta, y llega a Granada y abre una librería y tiene ese fracaso junto a la puerta de Elvira. Este Juan -Juan Ciudad- que oye a otro de los grandes santos, a san Juan de Ávila; que oye su sermón en aquel mes de marzo, y oye en el campo de los mártires al patrón del clero español, al Doctor de la Iglesia, y oye que Dios le toca el corazón, hasta el punto de enloquecer. Un loco de amor, un loco de Dios.

Podemos decir que esto se ha puesto tan alto el listón que nos es imposible. Pero el Señor nos muestra en la locura, en la grandeza, en el extremo, en la radicalidad, en la fortaleza de este hombre, un ejemplo a seguir. Pero no un ejemplo que se nos queda en el pasado, en una época de carencias, de miseria, a pesar de la grandeza del imperio, sino que nos muestra un deber permanente para el cristiano. Algo de lo que el Señor nos va a examinar. “Venid benditos de mi Padre. Heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui peregrino y me acogisteis, enfermo y en la cárcel y me visitasteis”. “¿Cuándo lo hicimos, Señor? Cuando lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”.

Y ese es el examen final de la vida, queridos amigos. No nos va a mirar el carnet de identidad. No nos va a mirar nuestros títulos. No nos va a mirar la cuenta corriente. No nos va a mirar los papeles de la notaría. No nos va a mirar los aboringos. Nos va a mirar el amor que hayamos puesto en nuestra vida. Ese es el activo de Dios. Ese es lo que Dios va a esperar de nosotros.

Queridos amigos, le hemos pedido al Señor, precisamente, que ejercitemos las obras de misericordia, acordaros. En el Catecismo decíamos que hay “corporales y espirituales”. Esas obras de misericordia que nos recordó el Papa Francisco precisamente en el Año de la misericordia y nos ha dicho esa oración colecta que nos ha puesto a san Juan de Dios como intercesor, que aprendamos de él, porque él se despidió, en él la misericordia de Dios se manifestó en el amor a los enfermos y a los pobres. Y amor a los enfermos y a los pobres lo necesitamos hoy, porque la enfermedad forma parte de la vida humana. No queremos ver el dolor. Ocultamos el dolor y no tengamos la muerte. Nos parece cosa de lejanía, nos parece cosa de ciencia ficción o de película. Y el amor nos ha de llevar a abrir los ojos del corazón y descubrir a nuestro alrededor, como Juan de Ciudad, como Juan de Dios, como Juan de Granada, descubrir las deficiencias, las miserias, las carencias de nuestros hermanos. Un amor que para Juan de Dios no es algo teórico, que es fácil teorizar. Incluso, hemos devaluado la palabra amor: se le llama amor a cualquier cosa. Y hemos devaluado incluso la palabra caridad, como si fuera dar ropa usada o lo que nos sobra, o ponerlo sensible. Lo hemos cambiado por la palabra solidaridad.

Juan de Dios no vivió la caridad de Cristo, no amó con el amor de Cristo una temporada; no habló y no vivió la caridad sólo en tiempo de Navidad, en que se enternece el corazón y que concluye el día de Reyes, sino que ese amor lo vio concreto en quienes más lo necesitaban.

Nuestro mundo, queridos hermanos, dicen los sociólogos, dicen los especialistas, y a poco que abramos los ojos lo percibimos, este mundo y esta sociedad postmoderna ha perdido el sentido de las referencias sociales. Vivimos un profundo individualismo, un porcentaje alto de personas viven solas, ya por opción de vida. Se han perdido las referencias en la familia. Lo decía un filósofo, Julián Marías, “cuando sólo se tiene un hijo, ¿qué experiencia de fraternidad va a haber?”. O cuando no se tienen, cuando los abuelos han sido perdidos del horizonte y los ancianos son relegados, cuando los espacios arquitectónicos en las viviendas son inaccesibles, no hay espacio para los ancianos, para los abuelos. En un mundo así, en un mundo de apartamento, en un mundo de vivienda solitaria, son expresiones físicas del concepto de sentido social y de compromiso social de las personas. Un individualismo, que obedece a un materialismo de “comamos y bebamos, que mañana moriremos” y que lo que hay, no pueden venir otros, que tenemos que repartirlo entre los que estamos, generando egoísmos colectivos, frutos de un individualismo personal.

Y entonces, el mensaje de Juan de Dios se hace grandemente actual. El mensaje de Juan de Dios es un legado para Granada, es un legado, es un estilo, es una manera de ser, es una apertura al otro, es un salir a dar la mano a quien lo necesita, y no conformarnos con encerrarnos en nosotros mismos, en un bienestar egoísta. Claro que hay gente que tenemos que incorporar a un bienestar, y también en nuestra ciudad, superando las brechas que todavía existen. Pero ese amor hemos de descifrarlo y hemos de concretarlo, hemos de conjugarlo en lo concreto, en la familia. Hemos de concretarlo en los más necesitados a nuestro alrededor, en nuestra ciudad.

Hemos de concretarlo en un estilo de vida que nos lleve a no considerar, a pesar del ambiente social y político, como adversarios, ni tan siquiera como compañeros de destino, sino como hermanos, en un mundo de divisiones y de guerras, por intereses, en un mundo donde las ideologías se imponen, son por encima del respeto a los derechos fundamentales de la persona y del orden internacional.

Queridos amigos, como veis, Juan de Dios no está ocioso, Juan de Dios no podemos encerrarlo en su urna o en una vitrina, Juan de Dios no es alguien del pasado, es un ejemplo vivo del testimonio de Cristo. Y esto vale para nuestra vida, vale para la familia, vale para los amigos, vale para romper las divisiones cercanas que tengamos, sean familiares, sean sociales, sean laborales, para que generemos en torno a nosotros una civilización del amor como nos pedía el Papa san Juan Pablo II. Para que generemos en torno a nosotros un mundo mejor.

En definitiva, para que anticipemos, como él hizo con la caridad de Cristo, el Reino de Dios. Para tantas personas que sintieron en su cercanía, en su obra, como siguen haciendo los hermanos de San Juan de Dios, la cercanía de esa Iglesia samaritana que como Cristo, que es el buen samaritano, sale al paso de cada uno de nosotros y como nos dice la liturgia, se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo, en su espíritu y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza. Pues que así hagamos nosotros.

Que nuestra devoción a san Juan de Dios pase de nuestra cabeza y de nuestro corazón, de nuestros sentimientos y emociones a nuestro compromiso y a nuestras obras, porque, no lo olvidemos, el examen más importante de nuestra vida, el que es ya para siempre, va a consistir en esto y el Señor nos ha pasado las preguntas, el temario, y nos juzgará con misericordia, pero, al mismo tiempo, nos juzgará de amor.

Que la Virgen, Madre de Dios y Madre nuestra, Madre de Misericordia, nos ayude a querer con el cariño, con el amor de Dios, que, como dice la segunda lectura que se proclama en este domingo tercero de Cuaresma, de San Pablo de los Romanos, nos dice que “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado”.

Juan de Dios estaba lleno de ese Espíritu de Dios, la tercera persona de la Trinidad.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

8 de marzo de 2026
Basílica de San Juan de Dios (Granada)

Apuntes de vida espiritual: La oración y la penitencia en unión con Cristo (Por monseñor León)

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Apuntes de vida espiritual: La oración y la penitencia en unión con Cristo (Por monseñor León)

La Cuaresma se nos ofrece cada año como un umbral espiritual, un tiempo en el que Dios nos invita a detener el paso, a entrar en lo esencial y a volver a mirarlo todo desde Él. No es un paréntesis en la vida cristiana, sino una oportunidad privilegiada para dejar que el Señor vuelva a ocupar el centro. En este camino, la oración y la penitencia no son prácticas aisladas, sino dos movimientos del corazón que nos introducen en una comunión más profunda con Cristo.

El Evangelio nos presenta a Jesús llevado por el Espíritu al desierto. Allí no busca el sufrimiento por sí mismo, sino el encuentro silencioso con el Padre. El desierto es lugar de pobreza, de soledad, de verdad. También para nosotros, la Cuaresma es un desierto interior donde caen las seguridades falsas y quedan al descubierto nuestros miedos, nuestras incoherencias y nuestras resistencias a Dios. Pero es precisamente ahí donde el Señor sale a nuestro encuentro.

La oración cuaresmal nace de esta experiencia de desierto. No es una oración cómoda ni superficial, sino una oración que brota del corazón que necesita ser salvado. Orar en Cuaresma es presentarse ante Dios tal como somos, sin máscaras, sin excusas. Es reconocer que no nos bastamos a nosotros mismos, que necesitamos su palabra para vivir, su luz para discernir, su misericordia para recomenzar. En la oración, Cristo nos enseña a confiar, a permanecer, a dejarnos conducir incluso cuando no comprendemos el camino.

Esta oración, cuando es verdadera, nos lleva inevitablemente a la penitencia. Pero la penitencia cristiana no es castigo ni desprecio del cuerpo, sino un gesto de amor. Penitencia es aprender a renunciar a aquello que endurece el corazón, a lo que nos hace vivir encerrados en nosotros mismos. Es una pedagogía espiritual que educa el deseo, ordena las prioridades y nos hace más libres. Ayunar, moderar el consumo, reducir el ruido exterior, dedicar tiempo al silencio, son formas concretas de decirle a Dios que Él es más importante que todo lo demás.

En unión con Cristo, la penitencia adquiere un sentido nuevo. Jesús no se priva para demostrar fortaleza, sino para vivir en total obediencia al Padre. Su ayuno es expresión de confianza, su renuncia es apertura a la voluntad de Dios. Cuando nosotros asumimos pequeñas penitencias unidas a las suyas, participamos de su entrega y dejamos que nuestra fragilidad sea transformada por la gracia. No se trata de grandes gestos, sino de fidelidad en lo pequeño, vivida con amor.

La Cuaresma nos recuerda también que la penitencia no puede quedarse en el ámbito individual. Convertirse es volver a Dios y, al mismo tiempo, volver al hermano. La oración que no conduce a la caridad se vacía de sentido, y la penitencia que no se traduce en misericordia se convierte en un ejercicio estéril. Cristo nos invita a una conversión integral: del corazón, de la mirada, de las relaciones. Perdonar, escuchar, acompañar, compartir, son formas concretas de vivir la penitencia evangélica.

En este tiempo santo, la Iglesia nos propone caminar juntos. Nadie se convierte solo. La oración comunitaria, la liturgia, el sacramento de la Reconciliación, nos recuerdan que somos un pueblo en camino hacia la Pascua. Unidos a Cristo y sostenidos por la comunidad, aprendemos que incluso nuestras caídas pueden convertirse en lugar de encuentro con la misericordia de Dios.

La Cuaresma no termina en la cruz, sino en la resurrección. La oración y la penitencia no tienen como fin el sacrificio, sino la vida nueva. Al caminar con Cristo, descubrimos que el amor de Dios es más fuerte que nuestro pecado, que su gracia precede y sostiene todo esfuerzo sincero. Dejarnos reconciliar, volver a empezar, confiar de nuevo, es ya participar de la victoria pascual.

Que este tiempo de Cuaresma nos conceda la gracia de orar con mayor verdad, de vivir la penitencia con humildad y de permanecer siempre unidos a Cristo. Solo así nuestro camino será fecundo, y nuestro corazón podrá abrirse a la alegría nueva que brota del encuentro con el Señor resucitado.

+ Teodoro León Muñoz

Obispo Auxiliar de Sevilla

 

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Serón abre las puertas de su Semana Santa 2026 con un emotivo pregón

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La parroquia de Serón celebró el pasado domingo 8 de marzo, coincidiendo con el III Domingo de Cuaresma, el tradicional pregón que marca el inicio de la Semana Santa 2026. La jornada reunió a numerosos vecinos, fieles y representantes de las mayordomías en un acto que combinó celebración litúrgica, música y reflexión sobre el significado de estos días centrales para la comunidad cristiana.

La programación comenzó con la celebración de la Santa Misa, presidida por Juan Antonio Ácien Mayor, cura párroco de Overa y capellán del Hospital La Inmaculada de Huércal-Overa, quien estuvo acompañado en la concelebración por el párroco de la villa, José Antonio Rodríguez Castaño. La Eucaristía sirvió como punto de partida espiritual para una jornada dedicada a preparar el corazón de la comunidad para la próxima celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Tras la misa tuvo lugar la presentación del cartel de la Semana Santa de Serón 2026, una imagen que este año está dedicada a la Santa Cruz de la parroquia, símbolo central de la fe cristiana y de las celebraciones pascuales que tendrán lugar en el municipio durante los próximos días.

A continuación dio comienzo el pregón de la Semana Santa, pronunciado por Juan Antonio Ácien Mayor, quien fue recorriendo con sus palabras los distintos momentos y celebraciones que conforman la semana grande de la parroquia. Durante su intervención, el pregonero fue desgranando el significado de los días festivos y de las procesiones que recorrerán las calles de la localidad.

El acto contó además con el acompañamiento musical de la Asociación Musical El Castillo, que interpretó diferentes marchas procesionales que ayudaron a crear un ambiente solemne y emotivo, acompañando el desarrollo del pregón y evocando la atmósfera propia de la Semana Santa.

Tras la intervención del pregonero tomó la palabra el párroco de Serón, José Antonio Rodríguez Castaño, quien dirigió unas palabras finales a los presentes invitando a vivir estos días con profundidad espiritual. En su mensaje recordó que las procesiones que recorrerán lugares emblemáticos del municipio, como el Calvario, el castillo o la plaza, no son únicamente una tradición cultural, sino la expresión visible de una fe que nace en la liturgia y en la celebración de los oficios sagrados. El párroco animó a los vecinos a caminar juntos como comunidad, con compromiso, generosidad y valentía para vivir el Evangelio en la vida cotidiana.

La jornada concluyó con una comida de convivencia, en la que los asistentes pudieron compartir un momento fraterno que puso el broche final a una mañana marcada por la fe, la música y el sentimiento comunitario.

Con este acto, Serón da oficialmente comienzo al camino hacia su Semana Santa 2026, una celebración que volverá a llenar las calles del municipio de tradición, devoción y encuentro entre vecinos y visitantes.

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Monseñor Saiz Meneses en la función principal de la Hermandad de la Hiniesta: “La conversión comienza cuando dejamos que la luz de Cristo entre por nuestras grietas”

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Monseñor Saiz Meneses en la función principal de la Hermandad de la Hiniesta: “La conversión comienza cuando dejamos que la luz de Cristo entre por nuestras grietas”

El convento de Santa Isabel de Sevilla acogió la mañana de este domingo, 8 de marzo, la función principal de instituto en honor a María Santísima de la Hiniesta. La Eucaristía fue presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, y concelebrada por Amador Domínguez, párroco de San Julián y Santa Marina y director espiritual de la Hermandad de la Hiniesta.

Durante la función principal, los hermanos hicieron protestación pública de fe. “No es un mero formulario que se cumple ni una tradición rutinaria. Es un profundo acto eclesial: confesáis públicamente que pertenecéis a Cristo, que vivís en la fe de la Iglesia, que queréis caminar según el Evangelio”.

El arzobispo vertebró su homilía sobre el evangelio de la samaritana, proclamado este tercer domingo de Cuaresma. “El Evangelio de hoy nos presenta un itinerario de fe que desemboca en confesión. La samaritana comienza con preguntas, sigue con una apertura interior y acaba anunciando a sus paisanos que se ha encontrado con Cristo. La fe, cuando es auténtica, es diálogo, que se convierte en testimonio y fructifica en la misión”.

Sobre la Cuaresma, monseñor Saiz destacó que “es tiempo de autenticidad, de verdad. Jesús le dice a la samaritana la verdad profunda de su vida. La conversión comienza cuando dejamos de maquillar nuestra vida, de justificarlo todo, y permitimos que la luz de Cristo entre por nuestras grietas”.

A los hermanos de la Hiniesta los animó a vivir “con intensidad y alegría”. “Escuchemos la Palabra, acerquémonos al sacramento de la Penitencia, participemos en la Eucaristía. Purifiquemos el corazón y también el lenguaje. Renovemos la protestación de fe no sólo con los labios, sino con la vida”.

 

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Clausurado el Año Jubilar de la Orden de San Juan de Dios

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Con la Eucaristía presidida por nuestro arzobispo en la Basílica, en cuya homilía  habló del “legado” de amor que el copatrono de la ciudad deja entre nosotros.

En su fiesta litúrgica, con la asistencia de numerosos fieles, entre ellos las Damas y Caballeros de la Orden de san Juan de Dios, así como la familia religiosa de dicha Orden, devotos y autoridades civiles y militares de la ciudad, han participado en la tarde del domingo día 8, en la Eucaristía con la que ha concluido el Año jubilar concedido por la Santa Sede a la Orden en el 475 aniversario de la muerte del santo y copatrono de la ciudad de Granada.

La Eucaristía ha sido presidida por nuestro arzobispo y concelebrada por distintos sacerdotes, entre ellos el Rector de la basílica y sacerdotes de la Orden. Con ella termina también el año de gracia, por el que ha sido posible obtener la indulgencia plenaria desde que se iniciara también en la fiesta litúrgica del copatrono de Granada, el 8 de marzo de 2025.

Mons. José María Gil Tamayo ha hablado de la locura en el amor a Dios a la que llegó el santo y de su testimonio que hoy llega a nosotros: “El mensaje de Juan de Dios es un legado para Granada, es un legado, es un estilo, es una manera de ser, es una apertura al otro, es un salir a dar la mano a quien lo necesita, y no conformarnos con encerrarnos en nosotros mismos, en un bienestar egoísta”.

Sin obviar la existencia de la enfermedad en nuestra vida, nuestro arzobispo subrayó cómo en san Juan de Dios “la misericordia de Dios se manifestó en el amor a los enfermos y a los pobres”.

ESCUCHAR HOMILÍA

La Eucaristía con la que concluye el Año jubilar viene precedida de una novena que se ha venido celebrando días atrás ofrecida al santo por su intercesión ante Dios. Asimismo, su imagen ha recorrido las principales calles de la ciudad en la víspera a esta clausura del Año Jubilar, en la tarde del sábado, desde la Basílica que lleva su nombre.

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El seminario «San Pelagio» participa en la reunión de formadores y rectores de Andalucía

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Formadores y rectores de las diócesis del Sur de España se han reunido este domingo 8 de marzo en Málaga  tras el nombramiento del nuevo obispo delegado  para los seminarios  del Sur

Fotos.- Diócesis de Málaga 

El rector del Seminario «San Pelagio» de Córdoba, Carlos Jesús Gallardo Panadero, ha participado hoy en la reunión de rectores y formadores del Sur de España. En este encuentro, Mons. Sebastián Chico Martínez, obispo de Jaén, se ha presentado  como nuevo obispo delegado para los Seminarios del Sur, nombramiento que recibió el pasado 26 de enero en la Asamblea de Obispos del Sur de España. D. Sebastián es también miembro, desde 2020, de la Comisión Episcopal para el Clero y los Seminarios.

La profundización en la Carta Apostólica “Una fidelidad que genera futuro” del papa León XIV, con motivo del 60 aniversario de los decretos conciliares “Optatam Totius” y “Presbyterorum Ordinis”, y en la formación de los seminaristas y los sacerdotes, ocupó gran parte de la mañana, poniendo en común también cómo están viviendo la actual reforma de los seminarios puesta en marcha por el papa Francisco.

 

Tras la celebración de la Eucaristía, los formadores y rectores mantuvieron una mañana de reunión y trabajo que comenzaron con una ronda de presentación para conocer a las nuevas incorporaciones.

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“Educar con amor desde el Evangelio”

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Número de esta semana, correspondiente al 8 de marzo de 2026.

Disponible el Semanario Fiesta de las Diócesis de Granada y Guadix. Dedicamos nuestras páginas a la Fundación San Juan de Ávila, con una entrevista para conocer esta institución de la Iglesia en Granada que aglutina a 11 colegios diocesanos, tanto en la provincia, en la ciudad como en la costa. 

También informamos de la Nota doctrinal de la CEE sobre las emociones en el acto de fe, la próxima firma del Convenio entre la Catedral y la Real Fábrica de Tapices, o la petición del Papa para que se detenga la guerra y la urgencia de trabajar por la paz. 

Y más contenidos en el número del Semanario Fiesta disponible EN ESTE ENLACE  

LEER SEMANARIO FIESTA

INSCRIPCIONES AL SEMANARIO FIESTA 

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Actualidad diocesana en “Iglesia Noticia”, del 8 de marzo

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Programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el 8 de marzo de 2026.

Disponible el informativo diocesano “Iglesia Noticia”, emitido en COPE Granada y COPE Motril el 8 de marzo de 2026. Hablamos del perdón de los pecados y del examen de conciencia, especialmente en el tiempo litúrgico actual de Cuaresma. Entre otras noticias de actualidad diocesana, también recordamos la matriculación en los colegios diocesanos, aglutinados en la Fundación san Juan de Ávila.

ESCUCHAR PROGRAMA

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Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado. Córdoba

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Centenares de fieles acuden a venerarlo todos los viernes del año en su capilla, especialmente el primer viernes de marzo

La Hermandad del Señor de Córdoba fue erigida en 1941 en la Iglesia de Nuestra Señora de Gracia y San Eulogio, perteneciente a la comunidad de Padres Trinitarios  de  Córdoba.
Los antecedentes más remotos de la Hermandad del Rescatado se remontan a principios del siglo XVIII, tras la llegada a la ciudad de Córdoba, en 1713, de la talla de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado, salida de las gubias del imaginero D. Fernando Ruiz-Díaz de Pacheco. La imagen está inspirada en el Cristo de Medinaceli de Madrid, históricamente ligado a la Orden Trinitaria, dedicada al rescate de cautivos cristianos. Desde su llegada, la talla comenzó a gozar de gran devoción popular, hasta el punto de ser conocida, con el paso de las décadas, como el Señor de Córdoba.

A lo largo del siglo XVIII y parte del XIX, la profunda devoción a la imagen propició la formación de diversas asociaciones de fieles dedicadas a su culto en torno al convento trinitario. No obstante, estas tuvieron una vida intermitente y, en ocasiones, quedaron debilitadas debido a prohibiciones e interrupciones de las prácticas cofrades, especialmente en épocas de reformas eclesiásticas y convulsiones  políticas.

El impulso definitivo para la constitución de la Hermandad como institución canónica se produjo en 1941, cuando un grupo de devotos cordobeses, liderado por

D. Francisco Fernández de Córdoba, solicitó su erección oficial, aprobada el 10 de agosto de ese mismo año por el obispo de la diócesis, D. Adolfo Pérez Muñoz. La corporación procesionó por primera vez en 1942, inicialmente en Jueves Santo, aunque desde 1944 realiza su Estación de Penitencia cada Domingo de Ramos. En ese mismo periodo se incorporó a la Hermandad la imagen mariana de María Santísima de la Amargura, obra de D. José Callejón y D. Rafael Díaz Peno.

Durante las décadas posteriores, la Hermandad consolidó su patrimonio, incorporando nuevos pasos procesionales y enriqueciendo sus enseres, al tiempo que estrechó lazos con distintas entidades locales y otras instituciones, entre ellas la Casa Ducal de Medinaceli o el Regimiento de Infantería «La Reina» n.º 2, así como con la sociedad cordobesa en general. Actuaciones destacadas, como la restauración de las imágenes y la actualización del hábito nazareno y del patrimonio material, han marcado su evolución cofrade.

Durante todo este tiempo, la talla de Jesús Rescatado ha continuado siendo objeto de intensa devoción: centenares de fieles acuden a venerarlo todos los viernes del año en su capilla, especialmente el primer viernes de marzo, cuando es expuesto en solemne y devoto besapiés. Esta extraordinaria afluencia de fieles se hacía, hasta hace pocos años, especialmente patente en la propia Estación de Penitencia del Domingo de Ramos, cuando miles de personas desfilaban tras la imagen cristífera en cumplimiento de promesas.

 

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EL AÑO JUBILAR FRANCISCANO LLEGA A ALMERÍA

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En toda la Iglesia se está celebrando un Año jubilar con motivos del octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís. Con este motivo, el Papa León XIV ha concedido, a través de la Penitenciaría Apostólica, la Indulgencia plenaria en las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del Santo Padre), aplicable también en forma de sufragio por las almas de los fieles difuntos,

Esta concesión no sólo alcanza a los religiosos de todas las Familias Franciscanas, Clarisas y Terciarios, y a otros miembros de Vida Consagrada o de asociaciones de fieles que siguen la Regla de San Francisco o se inspiran en su espiritualidad o perpetúan su carisma de cualquier forma, sino que llega a todos los fieles cristianos en el mundo entero.

Por ello, en nuestra diócesis también pueden ganar estas indulgencias todos los que visiten cualquier iglesia conventual franciscana, como es el caso del Monasterio de las Hermanas Clarisas en Almería capital o peregrinen a cualquier lugar de culto en cualquier parte del mundo dedicado a San Francisco o relacionado con él por cualquier motivo, y allí sigan devotamente los ritos jubilares o pasen un tiempo en oración para que, «siguiendo el ejemplo de San Francisco, broten en los corazones sentimientos de caridad cristiana hacia el prójimo y auténticos votos de concordia y paz entre los pueblos, concluyendo con el Padrenuestro, el Credo y las invocaciones a la Santísima Virgen María, a San Francisco de Asís, a Santa Clara y a todos los santos de la Familia Franciscana».

De igual modo «los ancianos, los enfermos y quienes los cuidan, así como todos aquellos que por motivos graves no puedan salir de casa, podrán obtener igualmente la indulgencia plenaria, siempre que se desprendan de cualquier pecado y tengan la intención de cumplir lo antes posible las tres condiciones habituales, si se unen espiritualmente a las celebraciones jubilares del Año de San Francisco, ofreciendo al Dios Misericordioso sus oraciones, los dolores o los sufrimientos de su vida».

Son muchas las parroquias de la diócesis cuyo titular es San Francisco, localidades que lo veneran como patrón o iglesias que tienen una capilla dedicada al Santo de la Paz, por lo que nuestro Obispo diocesano nos anima a aprovechar esta gracia del jubileo franciscano en todo el año 2026.

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