«Y sonó la música», a beneficio de Cotolengo y «Chavorrillos»

Diócesis de Málaga
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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

La exposición «Y sonó la música», abierta en el Palacio Episcopal hasta el 2 de noviembre, destinará íntegramente sus entradas a la Casa del Sagrado Corazón y la Asociación por la Igualdad de los niños gitanos «Chavorrillos».

El Centro Cultural Fundación Unicaja expone un centenar de piezas recorriendo cinco siglos de historia del arte en torno a la iconografía musical. Comisariada por el historiador del arte José Luis Romero Torres y coordinada por Gonzalo Otalecu, la exposición reúne más de un centenar de piezas entre pinturas, esculturas, grabados, fotografías y piezas documentales que dialogan con instrumentos musicales históricos para ofrecer una experiencia que conecta arte, historia y música. En la presentación estuvo el Obispo, D. José Antonio Satué. En su saludo, Mons. Satué dio las gracias por esta exposición, «ue aúna dos de los lenguajes más bellos que el ser humano ha sido capaz de crear: la pintura y la música. A través de ellos se nos ha invitado desde siempre a contemplar el mundo y el misterio de Dios». «Para la tradición cristiana, la música no es un simple adorno de la Liturgia, sino una forma privilegiada de oración. El Concilio Vaticano II lo expresa con claridad al afirmar que la tradición musical de la Iglesia constituye un tesoro de valor inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, es parte necesaria e integral de la Liturgia», continuó diciendo.

En dicha exposición pueden verse obras de maestros como Picasso, Murillo, Alonso Cano, José de Ribera, Enrique Simonet o Romero de Torres, entre otros muchos. Mons. Satué afirmó que «la belleza de la música y de la pintura nos invita a abrir el corazón del ser humano a Dios, porque el Dios de Jesucristo no nos aparta de lo engrandece al ser humano, antes bien inspira y se manifiesta en aquello que nos hace más humanos: la verdad, la bondad, la justicia y, por supuesto, la belleza. Como tantas veces nos recordó Benedicto XVI, la belleza hiere el corazón del hombre y lo abre al misterio, conduciéndolo a la Verdad y al Bien». Y añadió: «Esta exposición nos recuerda que la fe ha inspirado durante siglos muchas de las obras más extraordinarias del patrimonio artístico y musical. Hace apenas un mes escuchamos a un artista malagueño universal, Antonio Banderas, decir ante el papa León: la relación entre la Iglesia católica y el arte no ha sido solo fructífera, sino determinante. No tememos equivocarnos al afirmar que la Iglesia ha sido el mayor productor de arte de la historia de la humanidad».

Mons. Satué terminó con la invitación a aprovechar esta muestra, que nos da la oportunidad, «de superar dicotomías, de contemplar el maravilloso encuentro entre la música y las artes plásticas: entre lo que oímos y lo que vemos, entre la creatividad del ser humano y la fe que ha modelado buena parte de nuestra cultura. Espero que, en nuestra sociedad crispada y polarizada, esta muestra sea un lugar de encuentro entre la fe y la cultura; un espacio donde creyentes y no creyentes puedan compartir la admiración por la belleza, que siempre nos une y nos hace mejores».

«Que, en nuestra sociedad crispada y polarizada, esta muestra sea un lugar de encuentro entre la fe y la cultura; un espacio donde creyentes y no creyentes puedan compartir la admiración por la belleza, que siempre nos une y nos hace mejores»
“Y sonó la música” puede visitarse de lunes a sábado de 10.00 a 14.00 h. y de 17.00 a 20.00 h.; y domingos y festivos, solo de mañana. La entrada, de 3 euros, se destina al Cotolengo de Málaga y Chavorrillos por la igualdad de los niños gitanos.

COTOLENGO, LA CASA DE TODOS

La Casa del Sagrado Corazón sigue siendo un hogar de puertas abiertas para aquellas personas que agotan todas las posibilidades. El Cotolengo de Málaga ha vivido como una gracia ser templo jubilar e invita a los malagueños a seguir poniendo rostro a la Providencia, «que nunca falla»

En total 42 personas, adultos y también familias con menores, son acogidas actualmente en el Cotolengo de Málaga. Su director, Patricio Fuentes, explica que «son muchísimas las nacionalidades que tenemos entre los residentes. En el caso de familias, muchas de ellas han sido desahuciadas por no poder hacer frente al coste de una vivienda, y vienen un tiempo con nosotros hasta poder salir adelante. Algunos encuentran luz en la Mesa del Mundo Rural, en proyectos fuera de Málaga o logran la independencia en otro lugar».

La Casa del Sagrado Corazón siempre intenta que respondan los servicios a los que los ciudadanos tienen derecho. Pero cuando se cierran todas las puertas, se abren las de la casa. El Cotolengo colabora con numerosas entidades, como CEAR, Casa Betania, Cáritas parroquiales o los recursos dePuerta Única. «La realidad social más dura es la que viene a la Casa del Sagrado Corazón -explica Fuentes-. Los residentes son personas con una gran vulnerabilidad económica o social, algunos con problemas de salud que, tras una hospitalización, no pueden vivir solos, o que por edad necesitan este apoyo en un momento concreto mientras encuentran una residencia acorde a su situación. Esta casa sigue siendo absolutamente necesaria, y lo demuestra la cantidad de llamadas que recibimos. Somos un hospital de campaña en ternura, en primera acogida, para que desde ahí se pueda ir a otro lugar mejor que donde estaban antes, y seguimos acompañándolos. Intentamos decir que aquí caben todos, todos y todos».

La realidad social se va sorteando en esta casa con la ayuda de la Providencia. «Acogemos, cuidamos, y cuando haya una opción más adecuada, la persona sale para mejorar su situación, dejando la plaza a otro que lo necesita». Esta gran familia la componen la comunidad de Franciscanas Clarisas de Kerala (India), los voluntarios y trabajadores, los propios acogidos, que se cuidan mutuamente, y muchos benefactores, que logran que, a pesar de las estrecheces, siempre se sale adelante.

«Acogemos, cuidamos, y cuando haya una opción más adecuada, la persona sale para mejorar su situación, dejando la plaza a otro que lo necesita»
El tiempo jubilar en el que el Cotolengo ha sido elegido lugar para ganar la indulgencia, junto a la Catedral y al templo del Sagrado Corazón de Melilla, ha traído también muchas gracias a la casa, «especialmente en lo espiritual, y también en ayudas de muchos movimientos y asociaciones que se han acercado a ganar aquí el Jubileo y nos han aportado su granito de arena y su cariño», detalla el director. Próximamente, el Cotolengo iniciará una nueva etapa: tendrá una nueva ubicación «aquí cerquita, en un edificio más adecuado a las circunstancias actuales, en un proyecto precioso en el que siempre hemos defendido que las familias que hay cerca nuestra también tengan un techo digno gracias a esta transformación», termina Fuentes.

Ana María Medina

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