«Un hombre totalmente entregado a la Misión»

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

Ha muerto en Madrid el director nacional de Obras Misionales Pontificias, Anastasio Gil García, tras casi un año de enfermedad.

El hasta ahora director de la Comisión Episcopal de Misiones de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y director nacional de Obras Misionales Pontificias, en los últimos días, recibió la unción de los enfermos y ha estado acompañado de su familia y de las personas con las que ha trabajado en los últimos años.

El delegado de Misiones de Málaga, Luis Jiménez, quien lo ha conocido muy de cerca, lo califica como «un hombre santo, entregado totalmente a la Misión. Como director de las Obras Misionales Pontificas en España, estaba enamorado de la Misión, defendía siempre a los misioneros, ayudándoles siempre. Era un trabajador incansable, quienes le conocían bromeaban de su capacidad para la «ubicuidad»» recuerda con una sonrisa Luis Jiménez, quien añade: «Desde la Delegación de Misiones de Málaga, hemos estado acompañándole durante este último año con nuestra oración, como todos los delegados españoles. Queremos decirle a él, que nos está escuchando desde la derecha del Padre, que no se preocupe, que aquí estamos los que él puso al frente de esta tarea, que oramos por él para que goce de la luz y la paz infinita y tenga por seguro que rezaremos siempre por su alma. Que Dios lo tenga en su descanso».

UN ENAMORADO DE LA MISIÓN

Anastasio Gil era, desde 1999, director de la Comisión Episcopal de Misiones en la CEE. Anteriormente había sido en la CEE, subdirector del Secretariado Nacional de Catequesis, a la que se incorporó en 1988.

Entre 2006 y 2011 dirigió el Fondo Nueva Evangelización de la CEE. En 2011 comenzó a dirigir la cátedra de Misionología de la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid, y desde 2008 era vicepresidente de la ONG Misión América. En el ámbito internacional, colaboró con su experiencia en diversas instituciones misioneras dependientes de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos de la Santa Sede. Por otra parte, a lo largo de su trayectoria publicó numerosos libros y artículos de temática catequética, pedagógica y, por supuesto, misionera.

Su esfuerzo y dedicación han contribuido decisivamente a renovar e impulsar la animación misionera en España. Ha visitado en numerosas ocasiones las 69 delegaciones diocesanas de Misiones, apostando por una labor de concienciación misionera realizada en comunión eclesial. Para esta tarea de animación, Anastasio Gil no contó solo con todos los delegados de Misiones, sino que supo aglutinar también a todas las instituciones y servicios misioneros de la Iglesia católica en nuestro país. En las Asambleas de OMP en Roma era un ejemplo de trabajo bien hecho para todas las OMP del mundo. Aunque él nunca estuvo como misionero en los territorios de misión, ha entregado su vida por amor a la evangelización y al trabajo de los misioneros en toda la Tierra.

Anastasio Gil García había nacido el 11 de enero de 1946 en Veganzones (Segovia). Fue ordenado sacerdote a los 24 años en la diócesis de Segovia, aunque en 1983 se incardinó en la diócesis de Madrid. Licenciado en Teología por la Universidad de Comillas en 1970, completó sus estudios con una diplomatura en Psicología Educativa en 1972, y con un doctorado en Teología por la Universidad de Navarra en 1981. En ese tiempo fue también coadjutor en la parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Algete. En 1987 fue nombrado delegado de Catequesis de Alcalá de Henares, que por aquel entonces era una vicaría de la archidiócesis de Madrid, y pasó posteriormente a ser diócesis, con él mismo al frente de su Delegación Episcopal de Catequesis.

OMP EXPRESA SUS CONDOLENCIAS

En un comunicado, los miembros de las Obras Misionales Pontificias en España han manifestado el dolor ante su fallecimiento. «De don Anastasio hemos aprendido muchas cosas. Nadie, sin duda, puede negar su capacidad de trabajo, su espíritu de servicio y sacrificio, su honradez y preocupación por la transparencia en todos los trabajos y negocios que se han realizado. Pero sobre todo, lo que más nos ha ayudado es su profundo y gran espíritu misionero, que nace de su amor, grande y tierno, a Dios y a la Iglesia» se lee en dicha nota. «Todos los que colaboramos y trabajamos en las OMP, tanto en la sede nacional como en las distintas sedes diocesanas, hemos aprendido a amar con él y de él el deseo de llevar la luz de la fe y el amor de Dios a los hombres y mujeres que todavía no tienen la alegría de conocerle».

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