Tu ayuda también es necesaria

Carta de D. Antonio Dorado, Obispo de Málaga, con motivo de la celebración del Día de Manos Unidas Manos Unidas, organización católica de ayuda al desarrollo, se ha convertido en una especie de observatorio que pone ante nuestra mirada los problemas más sangrantes de los pueblos pobres.

Pero la conciencia evangélica de sus miembros no le permite limitarse a analizar los problemas y a darlos a conocer, sino que los lleva a implicarse en presentar estas situaciones a todo el que los quiera escuchar y a buscar soluciones a su alcance.
Este año, en que celebra su XLIX campaña, ha centrado la mirada en las madres de los países empobrecidos. No sólo por los graves problemas que padecen (muertes, lesiones y discapacidades de todo tipo relacionadas con el embarazo), sino especialmente porque las mujeres son el centro de la vida y de la precaria economía de sus países. Ellas se tienen que hacer cargo de los miembros de la familia que no pueden valerse por sí mismos (niños, ancianos, enfermos y discapacitados) y mantienen en pie el tejido social. Por eso, además de que tienen el derecho a la atención básica, ocuparse de la salud de las madres y de su fortaleza significa mantener sana la sociedad de sus pueblos. Es natural que Manos Unidas haya elegido para su campaña de este año el lema: “Madres sanas, derecho y esperanza”.

En mis visitas a las parroquias y en las entrevistas con las personas responsables de esta organización nacida en España, he constatado la gran imaginación que derrochan para dar a conocer las situaciones dramáticas en las que centran cada año su atención, y también para recaudar todos los fondos posibles. ¡Siempre dentro de unos cauces evangélicos, pues saben que el dinero no lo es todo ni todos los medios de recaudar fondos son acordes con el Evangelio de Jesucristo!

Ante el drama que supone la muerte de madres, a veces casi niñas, por hemorragias, infecciones, abortos y otros problemas relacionados con el embarazo y con la maternidad, se han marcado como meta crear en los países en que resulte posible lugares de formación sobre la maternidad, organizaciones de mujeres, equipos de trabajadoras sanitarias, centros médicos básicos, programas de educación sobre la maternidad y allegar los medios necesarios para cuidar la alimentación y la salud de los recién nacidos.

Aunque su aportación es una gota de agua ante la situación dramática de pobreza y de abandono que sufren los pueblos del hemisferio sur, está cargada de vida como el grano de mostaza del que nos habló Jesús de Nazaret, porque abre nuevos caminos, despierta la esperanza e indirectamente, al tiempo que denuncia la situación de injusticia, señala el horizonte por el que se puede y se debe avanzar. Sabemos que se necesitan soluciones políticas de gran envergadura, como nos enseña la doctrina social de la Iglesia y nos recuerda cada semana el papa Benedicto XVI, pero mientras acaban de movilizarse los responsables de la UNESCO, entre todos podemos salvar muchas vidas. A través de estas reflexiones, quiero manifestar mi gratitud y admiración a los miles de personas que trabajáis en la organización Manos Unidas, y animar a todos los miembros de nuestras comunidades a que apoyen económicamente vuestras iniciativas. Que cada uno dé lo que esté a su alcance, porque el Señor no se fija en las cantidades, sino en la generosidad del corazón, como nos puso de manifiesto ante aquella mujer pobre que echó su humilde óbolo en el tesoro del templo.

Al final, los beneficiados somos cada uno de nosotros, pues al compartir parte de nuestros bienes con los pobres, el Espíritu del Señor llena el corazón de cada uno de ese amor que nos hace más humanos y que alegra nuestra existencia.

+ Antonio Dorado Soto
Obispo de Málaga

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