Misa, bingo y cena en el jardín para celebrar el día de los abuelos

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

El 26 de julio es la fiesta de santa Ana y san Joaquín, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús. Es la fiesta de los abuelos. El papa Francisco, recientemente, escribía en uno de sus «tuits»: «A veces descartamos a los ancianos, pero ellos son un tesoro precioso: descartarlos es injusto y una pérdida irreparable». Las Hermanitas de los Pobres son una de las congregaciones que dedican su vida al cuidado de los ancianos con menos recursos y en el siguiente reportaje nos abren sus puertas para que conozcamos el día a día de la residencia situada en Calle Héroe de Sostoa, en Málaga capital.

Cada mes organizan una pequeña fiesta para celebrar los cumpleaños de ese mes. En julio lo harán coincidir con el día de san Joaquín y santa Ana, por ser un día relevante para los abuelos. Por la mañana, celebrarán la Eucaristía, y, por la tarde, tienen previsto hacer un bingo en el jardín y una merienda-cena. Hasta puede que cuenten con un grupo de baile y una coral de las que suelen acudir a la casa para animar a los residentes.

Sor María Monserrat llegó a la residencia de las Hermanitas de los Pobres de Málaga hace escasos dos meses, pero lleva más de 40 dentro de la congregación.

La lista de espera para entrar en esta residencia es larga y aumenta por semanas y es que este hogar tiene un sello especial: «el espíritu de familia que reina y la sencillez de relaciones que se establece entre residentes, hermanitas y cuantos trabajan con nosotras o nos visitan. Los ancianos que acogemos son pobres, y cuando solicitan el ingreso realmente lo hacen motivados por la necesidad y la imposibilidad de acceder a otro lugar. Cuando llegan, procuramos que se sientan acogidos y queridos por todos. Les facilitamos pequeñas responsabilidades de distracción y ocupación que les hacen considerar su nueva residencia como su propia casa. Fácilmente se integran en el nuevo ambiente y se ven contentos y serenos. La lista de las peticiones de ingreso es larga. En la sociedad actual se acrecienta el número de los ancianos, y las condiciones sociales y económicas que vivimos no favorecen que puedan recibir la atención que necesitan en su propio domicilio. Cuando acuden a nuestra casa, solicitando poder ingresar un día, la mayoría presentan un grado importante de dependencia. A quienes aún son relativamente válidos les animamos a que tomen esa decisión lo más pronto posible para asegurar su ingreso. Las plazas de que disponemos para las personas dependientes y con cuidados especiales son limitadas y debemos asegurar su ocupación con los que lo necesiten de nuestra propia casa. Por ello, es más fácil y rápido el ingreso de ancianos válidos que de ancianos dependientes».

El papa Francisco ha hablado en varias ocasiones de los ancianos y de la riqueza que suponen para la familia y para la sociedad en sí. Sor María Monserrat afirma que «las palabras del Papa nos dan ánimo para seguir nuestra misión de servicio a los ancianos y tomar una mayor conciencia del valor de toda persona, en cualquier etapa y condición de salud en que se encuentre. Nos recuerda que «nuestros abuelos han tenido un papel heroico en la transmisión de la fe» y debemos agradecérselo».

La vida de esta casa no cambia demasiado en verano, pues los ancianos siguen su día a día. Es más, invitan a los jóvenes a que, durante sus vacaciones, se acerquen a prestar unos días de servicio en campo de trabajo. Este año ya han confirmado su asistencia dos grupos de jóvenes. «La sabiduría y la experiencia de los ancianos puede enriquecer mucho a los más jóvenes y estos aportan alegría y juventud a los ancianos», concluye Sor María Monserrat.

EL VOLUNTARIADO, UN PILAR DE ESTA CASA

«Hay muchas personas que prestan servicio de voluntariado en nuestra casa y que aportan su apoyo en el bienestar de los residentes, de manera totalmente desinteresada: acompañan en las manualidades y talleres de terapia ocupacional, pasean a los residentes por el jardín, colaboran en el servicio de mesa y dando de comer a quienes tienen dificultad para hacerlo solos, visitan a los ancianos enfermos y les acompañan, apoyan en lavandería, ropería, portería etc. Hay un abanico de posibilidades de colaboración de los voluntarios, cerca de los ancianos y para la buena marcha de la casa, que agradecemos mucho. Así como también agradecemos a todas las personas que colaboran económicamente y con productos. Son la Providencia hecha persona».

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