«La religión no es causa de la guerra sino antídoto contra toda violencia»

Diócesis de Málagahttps://www.diocesismalaga.es/
La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

«La fe no se vive igual si cada día te estás jugando la vida por otros, como hace el militar para defender la libertad de sus conciudadanos y la independencia de su patria». Así de contundente se muestra Mons. Juan del Río (Ayamonte, 1947), Arzobispo castrense de España, en una entrevista para la Diócesis de Málaga, en referencia a la especial atención espiritual que requieren los miembros de las Fuerzas Armadas, lo que justifica la existencia de una sede episcopal que data de 1668, y que por lo tanto «tiene una jurisdicción más antigua que muchas diócesis españolas».

–Iglesia y ejército. Hay gente que opina que son términos incompatibles.

–No son incompatibles en absoluto. Los militares cristianos son los servidores de la paz entre las armas. Son aquellos que sirven a la patria y están dispuestos a entregar su vida para que otros tengan seguridad, otros tengan libertad y para que otros puedan, precisamente, opinar sobre todo lo que quieran opinar. Porque si no hay independencia, libertad ni seguridad, simplemente no existimos.

–Algunos cristianos abolirían directamente los ejércitos. ¿Tiene justificación desde el Evangelio?

–Les diría que lean la Pasión y que vean que fue un soldado romano el primero que hizo una profesión de fe en el Dios crucificado: «verdaderamente éste era el Hijo de Dios»; y que Jesús curó al criado del centurión romano. A lo largo de la historia, la Iglesia siempre ha estado con los hombres que han defendido su patria.

–O sea, que la vocación militar no está reñida con la vocación a la santidad.

–Se puede ser santo con la gracia de Dios, lo demás es añadido, coyuntural, para la legítima defensa.

–También hay quien dice que la existencia de capellanes es un «privilegio» de la Iglesia Católica.

–La asistencia religiosa es un derecho del militar creyente, sea de la confesión que sea. Y eso está reconocido como un derecho fundamental de la persona. No es una concesión de los estados. Lo mismo que los militares tienen derecho a ser atendidos médicamente o psicológicamente, pues también tienen derecho a ser atendidos en el orden espiritual. La libertad religiosa debe ser respetada por todos. Un ejemplo de ello es vuestra diócesis, concretamente en Melilla, donde hay soldados y civiles de diversos credos, dándose una gran convivencia pacífica, que es una demostración de que la religión no es causa de la guerra, sino todo lo contrario: antídoto contra la violencia; cuando verdaderamente se vive la sana religión, sea musulmana, cristiana, judía, etc. Solamente cuando se manipula y se utiliza el nombre de Dios en vano surge el fanatismo.

–Usted ha dicho que el catolicismo popular es un gran freno contra las sectas.

–No sólo contra las sectas, sino contra la secularización. Yo ahora, como Arzobispo castrense, tengo que viajar mucho y veo la gran suerte que tiene Málaga del fenómeno de la religiosidad popular porque es como una pequeña llama humeante en medio del frío invierno de la secularización. Donde hay una cofradía, la gente sabe que Cristo murió en la cruz, que la Virgen se llama María y los grandes momentos existenciales de su vida los vive con referencia a lo sagrado, cosa que en otros sitios no se da.

–Y sobre la presencia del ejército en las procesiones, ¿qué nos dice?

–Es algo que reclama el mismo pueblo, porque la institución militar es muy querida, lo mismo que son muy queridas las grandes devociones a Cristo y a la Virgen. Aquello que se quiere es aquello que se expresa. Si se ama al ejército, se quiere que en los días grandes esté presente.

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