Colegio Sagrada Familia El Monte (Málaga)

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Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la bendición de la imagen de la Virgen de Nuestra Señora de Lourdes tras ser restaurada y colocada en la capilla del colegio de la Sagrada Familia El Monte en Málaga, celebrada el 24 de septiembre de 2021.

COLEGIO SAGRADA FAMILIA EL MONTE

(Málaga, 24 septiembre 2021)

Lecturas: Ap 12, 1-6; Sal (Lc 1, 46-54); Jn 19, 25-27.

1.- Resulta una celebración hermosa y gozosa la bendición de una imagen de la Virgen, concretamente, bajo la advocación de Nuestra Señora de Lourdes.

En el marco de las lecturas que hemos escuchado y en lo que significa la figura de Lourdes quiero en tres palabras, a través de tres elementos de la naturaleza, ofreceros una reflexión sobre la Virgen y la repercusión que tiene sobre cada uno de nosotros.

2.- En primer lugar, el agua. Bendeciremos a la Virgen con agua bendita de Lourdes. Antes pasaré bendiciéndoos con esa misma agua a las personas.

El agua es importante en la aparición a Bernadette Soubirous, porque la Virgen le señala que tenía que sacar agua, pero ella solo veía fango; hasta que, a base de escarbar, al final aparece el agua más nítida. Aparte, y a cierta distancia pasa el caudaloso río Gave.

El agua significa para el cristiano nuestro bautismo. El agua es un elemento de regeneración, de limpieza, de purificación y de vida. El agua fecunda, además de limpiar. Nuestro bautismo limpia, purifica el pecado original y los pecados cometidos durante la vida si el bautizando es adulto. El agua es fuente de vida.

3.- La Virgen María es como el agua, un manantial de vida que ayuda a sus hijos, hermanos del Hijo de Dios. Por eso Jesús nos la regaló en la cruz, como hemos escuchado en el texto del evangelio (cf. Jn 19,26-27). Con el signo del agua la Virgen nos recuerda el bautismo en el que hemos sido regenerados, naciendo a una nueva vida.

Estamos en un monte. Podemos imaginar que desde aquí surge un manantial que va bajando y fecundando por donde pasa. Todo lo contrario de lo que estamos viendo en estos días en el volcán de la isla de La Palma: desde la cumbre de la isla baja la lava ardiendo y el dióxido de azufre, que traen muerte y destrucción.

Vamos a imaginar todo lo contrario: desde este monte baja un manantial de agua limpia que purifica y va haciendo crecer vida por donde pasa.

Ese río de gracia es Jesucristo, que nace del seno de María. Y esta tarde la Virgen nos pide que seamos como esa agua que limpia, purifica y fecunda. Os invito a que propaguéis el evangelio desde este monte, cada uno desde su situación concreta: familia, trabajo, lugar de residencia, amistades; como la Virgen hizo al regalarnos el manantial de Cristo.

4. La segunda imagen es la de la luz. Hemos escuchado en el libro del Apocalipsis que la Virgen es la mujer nimbada de luz, resplandeciente, porque tiene al Sol dentro de ella (cf. Ap 12, 1). Y, por tanto, despide Luz, ilumina el camino de los peregrinos que caminamos en la tierra. Nos ofrece a Jesucristo que es la luz verdadera que alumbra a todo hombre (cf. Jn 1, 9).

De la misma manera que la Virgen es Aurora de la Luz y nos la ofrece, nos pide esta tarde que también seamos como Ella, portadores de Luz.

Vivimos en una sociedad con muchas oscuridades, con formas de vivir, de pensar y hasta con leyes que van en contra de la vida del ser humano; van contra el respeto de la libertad humana. Si no hubiera cristianos, la sociedad sería más caótica. Gracias a vuestra presencia, a la presencia de tantos cristianos que son como pequeñas luces, que alumbran y hacen desaparecer muchas oscuridades.

Le pedimos a la Virgen que, al igual que Ella llevó el Sol en su alma y en su seno y nos lo regaló, que nosotros seamos portadores de luz en medio de muchas tinieblas que nos rodean.

5.- Y, finalmente, nos detenemos en el elemento sangre. En la escena del evangelio de hoy, Jesús, clavado en la cruz, ofrece a María como Madre de Juan (cf. Jn 19,26-27). Jesús está en la cruz entregando su vida; apenas le quedan unas gotas de sangre. Un soldado al clavarle la lanza en el pecho hace que le salga hasta la última gota.

Cristo nos ha redimido ofreciendo su sangre, que significa amor, entrega, donación. Eso nos impulsa a ser testigos del amor de Jesucristo. La Virgen padeció, sufrió la pasión; por eso hay tantas imágenes de la Virgen como “dolorosas”. Aunque ella no murió físicamente, vivió la pasión de Jesús espiritualmente y con gran profundidad y grandísimo dolor. Ella es corredentora, porque com-padece con Jesús. Y Ella es la primera testigo de la resurrección de Jesucristo.

En esta tarde Ella nos invita también a ser testigos. El Señor no nos pide quizás derramar la sangre física, pero nos pide amor, nos pide el color rojo de testimonio, el color de sangre, de pasión, de amor.

6.- Resumiendo. Hemos visto tres elementos de la naturaleza, que nos han ayudado a reflexionar. En primer lugar, el agua como manantial que fecunde la ciudad y el lugar donde vivimos. No seamos como la lava o el magma de un volcán que arrasa y mata. En segundo lugar, hemos dicho que debemos ser luz como la Virgen, que trae la Luz al mundo; nosotros también debemos ser reflejo de la Luz de Cristo. Y, en tercer lugar, nuestro testimonio valiente.

El colegio de la Sagrada Familia de El Monte debe ser todo eso. Deber tener esas expresiones que significan la acción de la Virgen de Lourdes.

Ahora vamos a bendecir la imagen rehabilitada de la Virgen. Aunque en su interior está la imagen y el material de la imagen anterior, ha sido renovada de tal manera que merece una bendición. Nuestra felicitación y enhorabuena por la rehabilitación de la imagen. Entre todos habéis hecho posible la rehabilitación.

En esta celebración damos gracias a Dios y le pedimos que nos ayude y nos bendiga a cada uno de nosotros. Que así sea.

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