
La S.I. Catedral de Jaén acogió, en la tarde de este domingo, la celebración de las bodas de plata sacerdotales del Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez. Con motivo de los veinticinco años de su ordenación presbiteral, la Iglesia diocesana se reunió en torno a su Pastor para participar en una Eucaristía de acción de gracias por el don de su vocación y de su ministerio sacerdotal.
La celebración estuvo presidida por Don Sebastián Chico Martínez y concelebrada por el Obispo emérito de Jaén, Don Ramón del Hoyo López; y el Obispo de Zamora, Don Fernando Valera Sánchez. Junto a ellos participaron alrededor de medio centenar de sacerdotes, entre ellos el Provicario General, D. José Antonio Sánchez Ortiz; los vicarios episcopales y otros presbíteros de la Diócesis. También estuvieron presentes los seminaristas.
Asimismo, quisieron acompañar a Don Sebastián su familia, los miembros de la Curia diocesana, religiosas de distintas congregaciones y numerosos fieles llegados desde diferentes parroquias y comunidades de la Diócesis.

Diversos miembros de la Iglesia diocesana participaron en las lecturas y en la oración de los fieles. El Evangelio fue proclamado por el diácono permanente D. Manuel Rico. Además, los sobrinos de Don Sebastián presentaron las ofrendas ante el altar. Y el acompañamiento musical corrió a cargo del Coro Diocesano, dirigido por Fernando J. Camacho.
El lema elegido por Don Sebastián para el día de su ordenación sacerdotal, «Por tu palabra, echaré las redes» (Lc 5,5), estuvo presente durante toda la celebración, recordando la confianza en el Señor con la que ha vivido estos veinticinco años de ministerio.
Don Sebastián comenzó su homilía expresando su profunda gratitud a Dios por la vocación recibida y por la fidelidad con la que ha sostenido su ministerio durante estos veinticinco años. “El protagonista de la vocación no es uno mismo, es el Señor: Él llama, acompaña, corrige, perdona y vuelve a empezar con nosotros”, afirmó.

Recordando su propia historia vocacional, Monseñor Sebastián Chico explicó que Dios fue entrando en su vida con discreción y cercanía, especialmente a través del encuentro con el sufrimiento de los más necesitados. “La vida se entiende cuando se entrega. El sacerdocio no nace de un deseo de ser importante, sino de una llamada a ponerse «de rodillas ante Dios y al servicio de los hermanos»”.
Al recordar el lema de su ordenación sacerdotal, destacó que su ministerio ha estado siempre sostenido por la confianza en el Señor. “Veinticinco años después puedo decir que esa Palabra no me ha fallado”, manifestó. A continuación, recordó que, como explicó el propio Obispo, ha habido momentos de alegría, cansancio, miedo, sufrimiento y también etapas en las que no ha visto frutos, pero siempre con la certeza de la fidelidad de Dios. “Lo decisivo no es lo que uno hace por Dios, sino lo que Dios va haciendo en uno y, a través de uno, en su Iglesia”.
El Prelado recordó, también, que el ministerio sacerdotal se sostiene únicamente por la gracia divina. “No caminamos solos. No nos sostienen nuestras cualidades ni nuestras fuerzas, nos sostiene la Gracia”, afirmó. Asimismo, confesó haber llevado el ministerio “en vaso de barro”, conociendo la fragilidad, el cansancio, las limitaciones y los errores, pero también la alegría y el gozo de servir al Pueblo de Dios.
En un momento especialmente emotivo, pidió perdón por sus limitaciones y errores. “Perdón al Señor por no haber sido siempre el sacerdote que Él soñó. Perdón a vosotros, sacerdotes y fieles, si alguna vez no he estado a la altura de lo que necesitabais o esperabais de mí”, expresó, recordando que la misericordia de Dios siempre levanta y renueva.
Al comentar el Evangelio, subrayó que Cristo es el verdadero descanso para quienes viven el peso del ministerio y de la vida. “Jesús no dice: venid los perfectos. Dice: venid los cansados. Y eso nos incluye a todos. También al sacerdote y al obispo”, señaló, insistiendo en que la oración constituye la fuente permanente del ministerio sacerdotal. “Cuando uno se aleja de Cristo, se seca por dentro. Cuando vuelve a Él, aunque sea pobremente, vuelve a respirar”, afirmó.

Monseñor Sebastián Chico quiso expresar, también, su gratitud a todas las personas que han formado parte de su camino vocacional: su familia, los sacerdotes que le acompañaron, la Diócesis de Cartagena y, de manera muy especial, la Iglesia de Jaén. “Jaén me ha dado mucho más de lo que yo he podido ofrecer. Me siento orgulloso y agradecido por esta ‘esposa’ que Dios me ha confiado, a la que amo y estoy dispuesto a amar hasta dar la vida”.
Finalmente, compartió su oración para esta nueva etapa de su ministerio, pidiendo permanecer siempre unido a Cristo y servir con humildad. “Le pido ser un sacerdote que no le estorbe, que dé descanso y no peso; que abra caminos y no cierre puertas; que escuche, acompañe y sirva con alegría”. Y concluyó, poniendo toda su vida y su ministerio bajo la protección de la Virgen de la Cabeza y terminando con una sencilla acción de gracias: “Señor, gracias por haberme llamado. Gracias por haberme sostenido. Gracias por tu paciencia conmigo. Gracias por tu Iglesia, este pueblo que me has confiado”.
Al término de la Eucaristía, el Provicario General, D. José Antonio Sánchez Ortiz, dirigió unas palabras de felicitación y agradecimiento en nombre de la Iglesia de Jaén. Así, quiso poner voz al sentir de toda la Diócesis, unida a su Obispo en la acción de gracias por estos veinticinco años de ministerio sacerdotal. “«En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno». Estas palabras, que se encuentran al inicio de la plegaria eucarística, recogen el sentir más profundo que brota hoy de la Diócesis de Jaén, al celebrar el veinticinco aniversario de la ordenación sacerdotal de su padre y pastor, Don Sebastián Chico Martínez. Hoy la Iglesia jiennense se une a usted, Don Sebastián, en su acción de gracias a Dios por el don de su vocación sacerdotal y por estos años de ministerio al servicio del Pueblo de Dios”.

A continuación, quiso agradecer la generosa respuesta de Don Sebastián a la llamada del Señor y su dedicación a la Iglesia durante estos años de ministerio. “Gracias a Dios por su “sí” incondicional, su incansable celo apostólico, su permanente tenacidad, su predilección por las vocaciones sacerdotales, su cercanía a los jóvenes y los ancianos, su corazón paternal… En definitiva, por todos sus desvelos y por todo cuanto hace por esta Iglesia de Jaén”.
Asimismo, expresó el deseo de toda la Iglesia particular del Santo Reino de seguir caminando junto a su Pastor. “Que Dios, en su divina providencia, le permita seguir siendo el pastor de esta Diócesis durante muchos años y que podamos celebrar juntos más aniversarios tanto de ordenación presbiteral como episcopal. Así se lo pedimos al Señor y se lo encomendamos al Sagrado Corazón de María, en sus advocaciones de las Maravillas y de la Cabeza, a quien un día se consagró. Cuente siempre con nuestra oración. ¡Feliz aniversario!”.
Como recuerdo de esta efeméride, el Provicario General hizo entrega a Don Sebastián de una imagen de san Sebastián, su santo patrono, en nombre de toda la Diócesis. Asimismo, anunció que próximamente recibirá una cruz pectoral con reliquias de san Eufrasio y de varios mártires de la Iglesia de Jaén, entre ellos el Obispo Manuel Basulto, un obsequio cargado de significado por su vinculación con la historia y la fe de esta Iglesia de Jaén.

La celebración culminó con la bendición con el Santo Rostro, impartida por el Obispo, con la que concluyó una Eucaristía de acción de gracias en la que la Iglesia de Jaén dio gracias a Dios por los veinticinco años de sacerdocio de su Pastor.
Galería fotográfica: “Misa de acción de gracias 25 aniversario presbiteral del Obispo”
Homilía del Obispo de Jaén
Palabras de acción de gracias

