Como es tradición en torno a la solemnidad de San Pedro y San Pablo, la Iglesia diocesana de Jaén celebra las ordenaciones sacerdotales. En esta ocasión, la Catedral de Jaén se ha llenado de gozo para acoger la ordenación presbiteral del marteño José Extremera Aguayo, de la parroquia de Santa Marta.
Para la solemne celebración se han dado cita en la Seo jiennense los familiares, amigos, así como su comunidad parroquial del neopresbítero. Asimismo, las religiosas del Seminario y otras llegadas desde su localidad natal no han querido perderse este día tan importante para él y para todo el pueblo de Dios que peregrina en Jaén.
El presbiterio diocesano, representado por alrededor de un centenar de sacerdotes; el Rector, los formadores y el claustro del Seminario, en el que durante estos años se han formado el hasta hoy diácono; y el Consejo de Gobierno han participado en esta Eucaristía presidia por el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez.
El Secretario Canciller ha llamado al aspirante al presbiterio para presentarlo como idóneo ante el Prelado, algo que ha hecho el Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz. En ese momento, el Obispo ha dado el plácet a su ordenación y José Extremera ha vuelto hasta su lugar, situado junto a su familia: sus padres, hermano y abuela.
Las lecturas han sido participadas por familiares y amigos del joven. El salmo lo ha cantado un compañero del Seminario, Salvador Ruiz, y el Evangelio lo ha proclamado el diácono, Jesús Marchal. EscuchArte, ha puesto, con sus voces, la nota musical a la ordenación sacerdotal.
Homilía
Durante la homilía, el Obispo de Jaén, Monseñor Sebastián Chico Martínez, subrayó que la ordenación sacerdotal de José Extremera constituye “un don de Dios para su Iglesia”, recordando que “el Señor sigue llamando, sigue consagrando y sigue enviando pastores para su pueblo”.
Dirigiéndose de manera especial al nuevo presbítero, el Prelado jiennense le recordó que su vocación nace en el corazón de Dios y no en las propias capacidades, asegurándole que “tu seguridad como sacerdote no serán tus cualidades, ni tus planes, ni tus éxitos, sino la fidelidad de Dios”.
Asimismo, evocó el itinerario vocacional del ordenando, destacando cómo el Señor fue conduciendo su vida a través de distintas circunstancias. En este sentido, señaló que Dios “suele actuar así: sin ruido, pero con claridad; sin forzar, pero insistiendo; sin quitar libertad, pero mostrando el camino”, invitándole a volver siempre a las raíces de su llamada cuando lleguen las dificultades del ministerio.
A lo largo de su predicación insistió en que el ministerio sacerdotal solo puede entenderse desde el amor a Cristo y el servicio a la Iglesia. En este sentido afirmó que “el sacerdote no anuncia un Evangelio propio, no se predica a sí mismo, no actúa en nombre propio. Es enviado por Cristo y por la Iglesia”, al tiempo que recordó que “no eres ordenado para ocupar un puesto, sino para servir una misión”.
Reflexionando sobre el pasaje evangélico del diálogo entre Jesús y Pedro, Monseñor Chico Martínez señaló que “el sacerdocio nace del amor a Cristo y se vive cuidando al pueblo que Él nos confía”, añadiendo que “el pueblo no es nuestro, la parroquia no es nuestra, los fieles no son nuestros, la misión no es nuestra. Todo es de Cristo”.
El Obispo exhortó, también, al nuevo sacerdote a no perder nunca el centro de su vida espiritual, recordando que “cuando se separa de Cristo, se endurece. Cuando pierde la oración, se vacía. Cuando descuida la Eucaristía, se desorienta”, animándole a vivir siempre sostenido por la oración, la celebración de la Eucaristía y la fraternidad sacerdotal.
En la parte final de la homilía ofreció al ordenando tres recomendaciones para su ministerio: “cuida tu identidad sacerdotal”, “cuida el orden de tu vida” y “cuida la fraternidad sacerdotal”, animándole a permanecer siempre unido a Cristo, a sus hermanos sacerdotes y a su obispo.
Finalmente, el Obispo quiso dirigirse a los jóvenes presentes para invitarles a abrirse a la llamada del Señor, asegurando que “Dios sigue llamando. Y cuando llama, no quita la alegría; la llena de sentido”, concluyendo su homilía con una oración para que la Virgen María, San Eufrasio y San Juan de Ávila acompañen el ministerio del nuevo presbítero y susciten nuevas vocaciones en la Iglesia de Jaén.
Rito de la ordenación
Al finalizar la homilía se ha llevado a cabo el ritual de la ordenación, que ha comenzado con las promesas ante el Obispo. Así, José Extremera ha prometido obediencia a él y a sus sucesores; a desempeñar siempre el ministerio sacerdotal; a presidir con piedad y fielmente la celebración de los misterios de Cristo, y santificación de pueblo cristiano; y a unirse cada día más a Cristo, sumo Sacerdote.
Uno de los momentos más emotivos de la celebración ha sido cuando se ha postrado ante el altar mientras se entonaban las letanías.
Otro de los momentos significativos de la ordenación ha sido cuando se ha arrodillado ante el Obispo quien le ha impuesto las manos: el gesto esencial del sacramento, ya que es a través de él como el orden es conferido. Cuando el Obispo ha terminado la imposición de manos, todos los sacerdotes concelebrantes, han hecho el mismo gesto sobre la cabeza del joven.
Más tarde, su párroco, D. Manuel García, junto al Rector del Seminario, D. Juan Francisco Ortiz, y su director espiritual, D. Raúl Contreras, han revestido con la estola y casulla. A continuación, el Pastor de la Iglesia de Jaén le ha ungido con el Santo Crisma como instrumento del Espíritu Santo, para bendecir, consagrar y santificar, “haciendo de él un nuevo ministro del altar”. Seguidamente, se le ha hecho entrega de los grandes dones de la Iglesia: el pan y el vino, “para que unidos al sacrificio pascual de Cristo puedan ser para su pueblo signo e instrumento de su amor y entrega, reflejo del alimento que nos da la vida eterna”.
Después, José Extremera, ya como sacerdote, ha participado en la mesa del Señor. También ha sido él, como nepresbítero, quien ha dado la comunión, primero a su familia y, después, a el pueblo fiel congregado en el templo Catedral.
Al culminar el Obispo anunciaba el nuevo destino pastoral de José Extremera, nombrándolo formador del Seminario, Vicario parroquial de la Inmaculada y San Pedro Pascual, a la vez que continuará en Salamanca con sus estudios de Derecho Canónico.
En el acción de gracias el recién ordenado a tomado la palabra para dar gracias a Dios por tanto bien.
“Gracias por todo el bien que ha hecho en mi vida. Yo no lo conocía, pero Él sí me conocía a mí, y siempre ha tenido conmigo un amor y una misericordia infinita. Ojalá todo lo que Él ha hecho en mí, pueda yo transmitirlo a los demás. Me siento profundamente afortunado por la vocación que me ha regalado y por la posibilidad de servir a los demás”, ha afirmado José Extremera. De igual modo, ha hecho extensivo su agradecimiento al Obispo, al Seminario, del que ahora será parte como formador; a su comunidad parroquial y a la comunidad parroquial de Cristo Rey donde ha desarrollado su ministerio diaconal y, por supuesto, a su familia.
La celebración de ordenación ha culminado con un canto a María y una foto de familia.
El lunes, 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, José Extremenara cantará su primera Misa en su parroquia de Santa Marta de Martos, a las 20 horas.
Galería fotográfica: “Ordenación sacerdotal de José Extremera Aguayo”

