La ermita de Santa Ana de Torredelcampo acoge una Eucaristía a favor de la Vida

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La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

El pasado martes, en la Ermita de Santa Ana de Torredelcampo se celebró la Eucaristía, presidida por el Vicario Parroquial, D. Manuel Ceacero, a favor de la vida.

A la luz del Evangelio según San Juan (Jn. 5,1-16), D. Manuel destacó «la alegría de ver cómo a pesar de estar enfermos -pues a nosotros también nos dice Jesús: «coge tu camilla.. camina y no peques mas»- hemos tenido unos padres que apostaron por la vida y gracias a la semilla del amor que Dios sembró en ellos, nosotros pudimos venir al mundo, y hoy estar aquí junto a San Ana, y sentir que Jesús nos sana, nos da aliento para caminar y para ser más fuertes».

Durante la celebración se oró, especialmente, por las personas que defienden el derecho a la vida de los niños no nacidos y de nuestros enfermos y mayores, para que encuentren en la Iglesia el apoyo y la energía necesaria para su lucha. Por las madres y padres que han decidido quitar la vida a sus hijos; especialmente por aquellos que se arrepienten de su error y buscan caminos de sanación, y por aquellos que los acompañan para que les ayuden a encontrar el perdón y la misericordia de Dios, como nuestros hermanos colaboradores del Proyecto Raquel. Por aquellas personas que se creen en el derecho de privar de la vida a un enfermo o mayor y, especialmente se tuvieron presentes las víctimas del atentado terrorista de Londres, y a todas las víctimas del horror y de la injusticia provocadas por el fanatismo.

Al finalizar el rito de la comunión se elevó una acción de gracias en nombre de todas aquellos padres y madres que enfrentaron cualquier dificultad para poder acoger la vida. Acción de gracias que reproducimos:

«Un día Padre sembraste la semilla del amor entre mis padres, y gracias a ello yo pude venir al mundo.

Fueron muchas las dificultades que mis padres encontraron en el camino: «que no estamos casados», «que somos muy jóvenes», «que yo soy dueña de mi cuerpo y no quiero afearlo con un embarazo», «que no tengo trabajo o lo voy a perder por quedarme embarazada», «que no estamos preparados para ser padres»… Pero tu Señor estuviste siempre a su lado, les alentaste y les distes fuerzas; ellos tuvieron fe, te escucharon; y gracias a ello, hoy estoy aquí.

Poco a poco fui creciendo, y gracias a esa valentía y a esa fuerza que Jesús les dio a mis padres, hoy he podido jugar con mis amigos, estudiar en el colegio, formarme en la catequesis, ir de campamentos y sentir el calor y el cariño de unos padres, de unos abuelos, de unos hermanos y de unos amigos.

Mi vida continuó su camino y llegó la adolescencia, y aquella madre que se sentía insegura, que posiblemente no quería afear su cuerpo, o aquel padre que decía que era muy joven para hacerse cargo de un hijo, hoy me dan consejos sobre cómo formar una familia con mi novia, y lo hacen Padre gracias a ti, porque en ese caminar mío siempre he ido cogido de tu mano y tú nunca has salido del corazón de mis padres.

Hoy estoy nervioso en la sala de espera del Maternal; dicen que será un niño, que vendrá con cesárea. Una vez más te doy las gracias porque no estoy solo, porque tú estás sentado a mi lado y también al lado de mi mujer.

Cuánto camino hemos andado juntos, Señor. Y ahora, cuando mi cuerpo no puede más, cuando el dolor es casi insoportable, te siento todavía cerca de mí, y me siento reconfortado, tanto, que me sigo apegando a esta vida; porque tú, Padre mío, no dejaste que esta oveja se perdiera, que el fruto de la semilla que sembraste fuese destruido. Este dolor que ahora siento, no es nada Padre, con todo lo que hemos vivido juntos en este largo camino de la vida. Y es que, gracias a ti una vez más, mis hijos, mis amigos y mis nietos, pueden verte en mi lecho cada vez que me miren a los ojos; porque mi dolor, mi sufrimiento, es parte de la vida, y yo te la debo a ti.

Gracias Padre por la vida que me has regalado».

Esther Parras
Delegación de Familia y Vida

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