El próximo 11 de febrero se celebra la Jornada Mundial del Enfermo con el lema ‘Cuidémonos mutuamente’

El próximo 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, se celebra la Jornada Mundial del Enfermo, este año bajo el lema “Cuidémonos mutuamente”.

El departamento de Pastoral de la Salud, dentro de la Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social, ha editado los materiales para esta Campaña que en España tiene dos momentos: el 11 de febrero, es el Día del enfermo, de carácter mundial. La Iglesia en España celebra el 9 de mayo la Pascua del enfermo.

El mensaje del Papa Francisco, destaca la importancia de este momento para brindar una atención especial a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, tanto en los lugares destinados a su asistencia como en el seno de las familias y las comunidades. En particular, señala, a las personas que sufren en todo el mundo la pandemia del coronavirus, así como a los más pobres y marginados.

Artículo de María Ferrer Milán, directora del secretariado de Pastoral de la Salud de la Diócesis de Huelva:

Como nos dice el lema de esta jornada – “Cuidémonos mutuamente”– es importante reconocer la responsabilidad que tenemos los unos con los otros, ya que cuidándonos, cuidamos también a los demás.

En éste año tenemos que ser conscientes de la soledad de las personas y acompañarlas. En esta pandemia se han producidos miles de defunciones, enfermos que no estuvieron acompañados en los hospitales por sus familias, ni si quiera al final de la vida, enfermos solos, aislados en sus habitaciones, en sus casas, en residencias; viviendo la soledad de forma dramática.

Los agentes de pastoral de la Salud tienen aquí su misión. Sabemos que ahora no podemos ir a los domicilios ni residencias pero los equipos parroquiales de Pastoral de la Salud siguen atendiendo a las personas en soledad, a enfermos en sus domicilios, a las familias por teléfono o video llamadas; seguimos atentos al cuidado integral de la persona. Y lo hacemos desde diferentes frentes:

  • El equipo de capellanía de nuestra diócesis, atentos a las necesidades espirituales, e impartiendo los sacramentos de los enfermos ingresados.
  • El Centro de Escucha San Camilo de nuestra diócesis continua con su labor atendiendo a las personas “en duelo” vía telemática, o por teléfono.
  • El piso de enfermos sigue activo, aunque hemos tenido que reducir el número de acogida  respetando la normativa. 

Tenemos que ser creativos en nuestra misión. Busquemos nuevas formas para poder estar con las personas, sentirlas, amarlas, “cuidarlas”…

Y celebremos…

Este próximo jueves, 11 de febrero, día del enfermo y festividad de la Virgen de Lourdes, celebraremos una eucaristía a las 12 de la mañana presidida por nuestro querido Obispo D. Santiago, que emitirá  en directo Teleonuba.

Así no sentiremos cercanos  a las personas que están solas en su casa o que viven en residencias, a los enfermos de los hospitales, a todos los que quieran compartir en este momento de comunión y esperanza.

Otros años también hemos recibido el sacramento de la unción a los enfermos, pero este año por la pandemia lo realizaremos, si es posible, en la Pascua del Enfermo, VI domingo de Pascua.

El Papa Francisco, en las Catequesis con motivo de la pandemia nos decía:

“Ante la pandemia y sus consecuencias sociales, muchos corren el riesgo de perder la esperanza. En este tiempo de incertidumbre y de angustia, invito a todos a acoger el don de la esperanza que viene de Cristo. Él nos ayuda a navegar en las aguas turbulentas de la enfermedad, de la muerte y de la injusticia, que no tienen la última palabra sobre nuestro destino final” (26 de agosto de 2020).

“Para salir de una pandemia, es necesario cuidarse y cuidarnos mutuamente”.

Artículo de Sebastián Bravo Redondo, celador en el Hospital Universitario Juan Ramón Jiménez de Huelva:

A finales de septiembre trabajando, tuve un contacto estrecho con un paciente COVID positivo que no estaba identificado como tal.

A la semana empecé a tener mal cuerpo, perdí el gusto y el olfato, me hicieron PCR y el resultado fue positivo. Yo estaba seguro que sería así por los síntomas que presentaba .

Mi mayor agobio era haber contagiado a mi familia. Me diagnosticaron un lunes y mi hijo hacía la comunión el siguiente sábado. Les hicieron PCR y todos fueron negativos, ¡Qué alivio sentí Dios mío!, aunque mi hijo tenía que estar confinado 14 días al menos sus compañeros podrían celebrar su comunión (él aún está a la espera de poder hacerla).

Me encerré en una habitación en casa y pasé las que creí que serían las dos peores semanas de mi vida, fiebre alta, dolor de cabeza , dolor de todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo. No podía con mi cuerpo, sólo me levantaba para ducharme y así intentar aliviar la fiebre un poco.

Los días pasaban y comenzaba a mejorar. A los 10 días me citan para nueva PCR (por ser sanitario ), y ahí es cuando empieza lo malo de verdad. Tras el esfuerzo de ir a realizarme la prueba al llegar casa, comienzo con dolor en el costado y dificultad respiratoria importante. Me llevan a urgencias y me diagnostican de tromboembolismo pulmonar bilateral, que asociado a la neumonía que había pasado en casa hacía que no pudiera respirar bien. Me ingresan, ver la preocupación en los ojos de mis compañeros, leer en sus ojos el miedo que sentían por mí, saber que la cosa no era sencilla (porque yo he estado en el otro lado y lo he vivido así muchas veces), sentir sus palabras de ánimo, sentir que estaban ahí debajo del EPI, mis compañeros, esos con los que tantas horas había compartido trabajando estaban ahora luchando por mi, hacía que a pesar de todo tuviera esperanza que todo iba a ir bien.

Los días en el hospital pasan uno tras otro, la soledad pesa, escuchar por las noches tantos ruidos familiares, pero desde el otro lado, el ruido de mis compañeros con el EPI puesto, ese “crujir”, aún lo escucho a veces.

Afortunadamente voy mejorando y recibo el alta y me marcho a casa. Llegar y escuchar “¿Papá ya te podemos abrazar?” casi me rompe el corazón. Mis hijos me devolvieron parte de la energía que me había quitado el COVID en ese abrazo.

No podía andar, me agotaba a cada paso que daba, sentía como si hubiese envejecido de golpe, perdí 15 KG , a partir de ahí me tocaba trabajar en la recuperación, ejercicios respiratorios combinados con pequeños paseos al principio y más largos poco a poco.

Aún no estoy como antes del COVID, sigo con dificultad para subir escaleras, coger peso…

Es cierto que mucha gente lo pasa asintomático o de manera leve, yo no tenía ningún factor de riesgo, y sin embargo lo pasé fatal, e incluso puede que igual no estuviera contando esto ahora si la cosa se hubiera complicado algo más. Con esto quiero decir que no debemos confiarnos en que somos jóvenes, que no tenemos factores de riesgo… nadie está a salvo de que su situación se complique y pueda acabar en la UCI intubado.

Protejámonos para proteger a nuestra familia , a nuestros mayores que son más vulnerables, no pasa nada por no poder celebrar unas fiestas cuando está en juego la salud de todos, no hay nada mejor que poder celebrar la VIDA.

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